Comienzo aclarando que los personajes conocidos de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, los que no pertenezcan a ella me pertenecen a mi, esta historia y total, absoluta y completamente de mi autoría.

Segunda aclaración: Al igual que el capítulo anterior en éste también hay descripciones detalladas de ciertos espacios del castillo, dos para ser precisos, como dije antes soy diseñadora y bla, bla, bla, etc, etc, etc...

Sin más que decir disfruten el capítulo.


Capítulo 3: Agatha Griffitts

Un travieso rayo de sol se coló por entre las cortinas de su ventana aquella mañana y (como no podía ser de otra manera), fue a derramarse justamente sobre sus ojos ahuyentando irremediablemente su sueño. Dio vuelta sobre su cama esquivando el impertinente rayo y tratando de conciliar el sueño nuevamente pero fue totalmente inútil, así que después de bailar sobre el colchón durante casi veinte minutos, se rindió.

Tomó el reloj de pulsera que había dejado sobre la mesita de noche y miró la hora, ¡eran las cinco y media de la mañana!, estúpido sol madrugador. En un movimiento brusco apartó las sábanas y bajó los pies quedando sentada sobre su cama, un bostezo invadió su boca y como un acto reflejo estiro los músculos de su torso dirigiendo sus brazos hacia el techo para luego dejarlos caer sobre la cama en clara señal de fastidio.

Haciendo acopio de toda su aún adormilada energía se puso de pie dispuesta a ir al baño a darse una ducha y quitarse de encima ese endemoniado sueño pero sólo había dado dos pasos cuando sus pies pisaron la nada yendo a estrellar su cara directo al suelo, ¡¿de donde diablos salió ese escalón?!. Hermione se incorporó mirando a su alrededor y entonces comprendió que era lo que pasaba, estaba en su nueva habitación en la torre de Premios Anuales.

La noche anterior no había encontrado la manera de encender las luces de su habitación por lo que no pudo mirar nada y sinceramente el lumus que había convocado no era muy potente que se dijera debido al cansancio que tenía, por lo que tuvo que tantear en la semi-penumbra buscando la cama, para luego con un hechizo convocar su pijama y así poder cambiarse de ropa y dormir. Pero ahora, gracias a la luz que se colaba por entre las cortinas de su ventana, podía ver perfectamente su habitación y la verdad sea dicha, necesitaba saber con urgencia quién había decorado aquella torre, su habitación estaba decorada tan exquisitamente como lo estaba la sala común.

Lo primero que pudo observar era que la habitación tenía la misma forma que la sala común, delimitada por tres paredes rectas y una curva donde se ubicaba la puerta de entrada. Todas las paredes estaban pintadas con un color crema muy delicado, la puerta de entrada y la que supuso daba al baño privado, eran de madera blanca. Al igual que en la sala común el suelo estaba hecho de parquet y en las paredes, distribuidas estratégicamente por toda la habitación, estaban las lámparas con el mismo diseño que las que iluminaban a la sala común.

En la pared recta de la izquierda (tomando como referencia la puerta de entrada), había una larga cortina que cubría toda la extensión de la pared, supuso que detrás de ella había un ventanal parecido al de la sala común. La cortina se dividía en dos tramos muy anchos y era de color blanco.

Delante del ventanal y separado de éste por más o menos metro y medio de distancia, se encontraba la cama donde había dormido toda la noche y tenía una forma bastante extraña pues carecía de patas delanteras, pero precisamente debido a la forma que tenía se mantenía en equilibrio, estaba hecha de metal y pintada de blanco. A ambos lados de la cama estaban las mesitas de noche, eran redondas y constaban de una plancha de vidrio, dispuesta sobre una única pata de metal pintada de blanco que tenía forma de "C", que a su vez estaba sobre otra plancha de metal pulido del mismo tamaño y forma que la plancha de vidrio, no tenían gavetas. Tanto las mesitas como la cama estaban sobre el pequeño escalón que segundos antes le hizo probar la textura del suelo con sus dientes y a su vez éste estaba cubierto por una hermosa alfombra color crema.

En la pared opuesta a la entrada estaba la puerta que suponía daba al baño privado y del lado derecho de ésta estaba el armario totalmente empotrado en la pared. Sus puertas eran dos corredizas de color crema hechas de cristal lacado.

En la pared recta del lado derecho, se encontraba una hermosa peinadora de madera de tres gavetas y un espejo de cuerpo completo y al lado derecho de ésta había un escritorio rectangular, era una plancha de acrílico color crema sostenido por unas patas de metal pulido con su respectiva silla. A un lado de la mesa había una lámpara de piso de color blanco y para Hermione fue un dilema como encender aquella lámpara (al igual que todas las lámparas de aquella torre), si en el castillo no había electricidad. Llevada por la curiosidad se acercó a ella y vio que ni siquiera tenía el espacio donde se debía poner la bombilla, miró el escritorio y vio un pequeño pergamino doblado. Hermione lo tomó y la leyó: "todas las lámparas de ésta torre se encienden conjurando un sencillo lumus siempre y cuando se apunte a una de ellas", la muchacha miró de nuevo la lámpara y luego todas las lámparas que habían en la habitación, tomó su varita de una de las mesitas de noche y conjuró el hechizo apuntando a una de las lámparas, efectivamente todas las lámparas se encendieron, excepto la del escritorio, supuso que debía apuntarle para que se encendiera y así que lo hizo, efectivamente de la lámpara se escapó un haz de luz muy clara que se derramaba sobre toda la superficie del escritorio. La muchacha sonrió deshaciendo el hechizo y dejando el pergamino sobre el escritorio.

Al lado derecho de la puerta de entrada y adoptando la forma de la pared curva, había una biblioteca de madera blanca idéntica a las que estaban en la sala común. Allí reposaban algunos libros que cuando los vio mejor descubrió que eran los suyos, los que usaría aquel curso escolar. Entre la biblioteca y la puerta de entrada había un pequeño mueble mullido de una tela aterciopelada y de color blanco con reposabrazos de madera que se veía bastante cómodo.

Hermione se acercó a las cortinas y las abrió, quería ver adonde tenía vista su habitación pero lo que vio la dejó con la boca abierta. El ventanal era en realidad una puerta corrediza hacia un enorme balcón privado, éste estaba compuesto por varios cuadrados de cristal, hecho de metal y pintado de blanco. La muchacha la abrió y salió al balcón respirando profundamente purificando sus pulmones y luego miró la vista. El balcón daba directamente hacia el lago negro dejando ver a plenitud los terrenos del castillo hasta la cabaña de Hagrid, podía verse también parte de los invernaderos y del Bosque Prohibido.

El lado derecho del balcón (tomando de referencia el ventanal), era una pared en toda su extensión, allí habían dos lámparas iguales a las de la sala común y su habitación, supuso que del otro lado de la pared quedaba el baño privado, sólo dos lados del balcón tenían libre vista. El balcón tenía el ancho del ventanal y todo el largo de la pared a su derecha y la única esquina que tenía era redondeada. El piso también era de parquet pero éste no estaba tan pulido como el del interior aunque sí se veía brillante y el barandal era de acero inoxidable el cual adoptaba la curva de la esquina. Arriba del balcón había una especie de pérgola que salía directamente de la losa del techo. Toda la fachada del balcón era de piedra descubierta incluyendo la pérgola arriba de ella, supuso para mantener la armonía con el resto de la fachada del castillo y era con lo único que mantenía armonía.

Hermione miró hacia el lado opuesto a la pared del baño y vio los dos ventanales de la sala común y más allá un balcón exactamente igual al de ella, debía ser el balcón privado del cuarto de Malfoy. La muchacha entró nuevamente en la habitación, rodeó la cama y cogió el reloj para mirar la hora, faltaban quince minutos para las seis, menudo reconocimiento se había tirado de su nueva habitación.

Dejó su reloj nuevamente en la mesita y se dirigió a su nuevo armario para sacar un uniforme limpio y luego ir a ducharse, supuso que así como sus libros ya estaban en la biblioteca, sus uniformes también estarían dentro del armario pero se volvió a quedar con la boca abierta cuando lo abrió, ¿es que acaso creían que ella tenía un centro comercial de pura ropa?, aquel no era un armario, era un vestier, tan grande que Hermione estaba segura que difícilmente llegaría a llenar la quinta parte de él.

La muchacha cogió el primer uniforme que encontró y cerró la puerta del armario antes de que le diera un soponcio de la impresión. Seguramente Malfoy si llenaría sobrado aquel armario. Apuntó la prenda con su varita y con un sencillo hechizo aliso su uniforme mientras caminaba hacia el baño, debía asearse antes de salir a su primera clase del día.

Abrió la puerta del baño y casi se desmaya, ¡aquello ya era demasiado!. El baño era casi del mismo tamaño que la habitación, inclusive tenían la misma forma, tres paredes rectas y una curva. Un enorme ventanal estaba ubicado en la pared curva y opuesta a la entrada y abarcaba toda la extensión de la pared, adoptando también la forma curva de ésta, sin embargo, a diferencia de los otros, el ventanal no tocaba el suelo sino que se levantaba desde un muro de aproximadamente un metro de altura hasta terminar a ras del techo. La parte exterior del muro hacia las veces de jardinera donde había una variedad de plantas, algunas eran meramente decorativas y las demás crecían como enredaderas cubriendo el ventanal otorgando sombra al interior del baño como una cortina pues éste no tenía ninguna, aunque permitiendo la entrada de luz solar.

La puerta de entrada se encontraba en el extremo derecho de la pared recta opuesta al ventanal y pegada a la pared recta de la derecha. Las paredes mantenían el mismo color crema de su habitación y nada, absolutamente nada, se encontraba pegado a ellas, excepto un pequeño armario que se encontraba a su izquierda y por supuesto las lámparas que eran exactamente iguales a todas las demás que habían en la torre, el suelo, por supuesto, también estaba hecho de parquet.

Casi en el centro del baño estaba la ducha que tenía puertas de vidrio, tenía un sobre-techo y sólo una única pared. A un lado de la ducha y considerablemente separada de ésta, estaba lo que reconoció como la bañera pues lo cierto era que bien le habría pasado perfectamente por un féretro de no haber visto el desagüe y los grifos, (sí, tenía como veinte grifos al igual que la piscina del baño de prefectos). Estaba hecha en mármol blanco pulido y era cuadriculadamente rectangular.

Del lado izquierdo (tomando siempre como referencia la puerta de entrada), y separada de la pared había una banca de metal, larga, sin espaldar y rectangular, pintada de blanco, se parecía a las bancas que hay en algunos parques, tenía cuatro cojines cuadrados de cuero también de color blanco. A un lado de la butaca y pegada a la pared de la izquierda, había un pequeño armario de madera blanca donde supuso debían estar las toallas. No veía el lavamanos por ninguna parte y no digamos el retrete así que caminó a través del baño buscándolos para encontrarlos del otro lado de la ducha, pegados a la única pared de ésta.

El lavamanos era relativamente normal, era rectangular y de porcelana blanca, tenía dos grifos cada uno con dos llaves. Hermione abrió el primero, era agua fría para una llave y caliente para la otra y el segundo era de jabón perfumado, uno olía a vainilla y el otro a frambuesa, sus aromas preferidos, ¿cómo lo habían sabido?. Debajo del lavamanos había una plancha rectangular de porcelana blanca con las mismas medidas del lavabo, estaban unidos por unos tubos de metal pulido, allí habían algunas toallas perfectamente dobladas.

Hermione miró el inodoro, lo más visible era que éste no tenía el típico tanque de agua en la parte trasera, era de porcelana blanca y estaba empotrado en la pared por lo que no tocaba el suelo. En la pared arriba del inodoro había un interruptor plateado. El retrete habría pasado el examen de normal de no ser por la tapa, ésta era extrañamente gruesa y a ella se conectaba una manguera que a su vez se conectaba con un grifo que salía de la pared. Hermione levantó la primera tapa para dejar al descubierto un pequeño tablero con ocho botones que tenían varios dibujitos y entonces comprendió que el interruptor que se encontraba arriba del inodoro no era más que el bajante de éste y que además no sólo era inodoro, también era bidet, pues de la parte trasera salía, según se le ordenara gracias al pequeño tablero, una pequeña regadera tubular de donde salía agua caliente y fría, salía jabón con los mismos aromas de los jabones que tenía el lavamanos y además despedía un chorro de aire caliente o frío, ¡pero que cosas inventan!.

Hermione cerró la tapa del retrete y suspiró, se le estaba haciendo demasiado tarde en su reconocimiento de su nuevo baño, colocó el uniforme perfectamente alisado en el asiento de metal y se metió en la ducha. Fue allí que notó que había dos regaderas, una normal y típica que salía de un tubo en la pared con sólo dos llaves que estaban a los lados del mismo tubo de la regadera y otra que estaba empotrada en el sobre-techo de la ducha, se activaba con dos llaves ubicadas en la pared, eran agua caliente o fría, pero entre una y otra habían como mil botones con diferentes aromas, sólo había que elegir los aromas y luego abrir la llave de agua fría o combinada con el agua caliente. Finalmente escogió la regadera normal que sólo tenía dos grifos, (agua caliente o fría), se duchó rápidamente y comenzó a arreglarse para salir a sus clases del día.

Después de media hora Hermione salía de su habitación perfectamente arreglada y con el maletín escolar en su mano para comenzar el día, miró su reloj, eran las siete menos quince, suspiro tranquila, aún era temprano a pesar del tiempo que se tomó reconociendo su nueva habitación.

Antes de salir por la puerta de la torre miró la cartelera, efectivamente como el profesor Dumbledore había anunciado, allí estaba el folleto que el Ministerio de Magia había expedido, lo tomó y lo leyó, había una serie de precauciones y descripciones detalladas de las criaturas que probablemente Voldemort estaría usando, se parecía mucho al folleto que había llegado con El Profeta hacía un año. Lo que si no vio fue la lista con las nuevas responsabilidades para los Premios Anuales que el director había mencionado, supuso que los jefes de casa se los entregarían durante el día.

A un lado del folleto había una convocatoria por parte de la profesora Griffitts para los Premios Anuales, los citaba para ese día al final de la tarde en su despacho. Hermione miró su reloj, su primera clase de ese día era Transformaciones y serían dos horas. Con un hechizo hizo una copia del folleto dejando el original en la cartelera y salió y salió rumbo al Gran Comedor.


—Buenos días Pansy, yo estoy muy bien, ¿tú como te encuentras? —dijo Blaise cuando vio a su amiga sentarse junto a él en la mesa de Slytherin sin decir una sola palabra.

Era temprano por lo que no había muchos alumnos en el Gran Comedor desayunando a esa hora. Pansy salió de sus pensamientos y miró a su amigo.

—¿Te sientes bien? —preguntó el moreno con genuina preocupación cuando vio las ojeras debajo de los ojos grises de su amiga.

Pansy devolvió la mirada a su desayuno para comenzar a comer.

—Lo mismo de siempre —respondió la muchacha llevándose una cucharada de cereales a la boca—, las pesadillas me persiguen.

Blaise suspiró melancólico regresando su atención a su desayuno.

—Ya veo —susurró el moreno revolviendo su comida con el tenedor, su apetito había desaparecido.

Pasaron unos minutos en silencio hasta que un suspiro de Pansy lo sacó de su mutismo. Blaise la miró.

—¿Será que alguna vez pasarán? —preguntó la muchacha en un susurro sin dejar de mirar su desayuno, hace rato que ya no comía.

El moreno soltó su cubierto para poder abrazar a Pansy.

Nadie podría entender la amistad que había entre ellos, eran más que amigos, eran confidentes, se conocían desde niños y desde siempre habían compartido casi como hermanos, pues sus madres habían sido amigas desde la escuela, aunque él estaba seguro que su madre había sido algo más que amiga del padre de Pansy, pero eso jamás se lo diría a su amiga, con bastantes problemas cargaba ya la muchacha como para él agregarle uno más, aunque claro él no tenía idea que clase de problemas tenía la pelinegra que le ocasionaban pesadillas una noche sí y la otra también, ella nunca había querido contarle sobre eso, de un tiempo a esa parte Pansy se había vuelto muy reservada, pero podía imaginarse que clase de cosas había podido ver su amiga teniendo un padre mortífago, seguramente las mismas que él había presenciado.

Sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a derramarse por la mejillas de Pansy mientras se abrazaba a la cintura de su amigo.

—Realmente espero que sí —susurró Blaise acariciando el negro y lacio cabello—. De verdad lo deseo.

Unos minutos después, cuando la muchacha logró tranquilizarse, se separó de Blaise y sacó su varita para aplicarse un glamour en el rostro y disimular sus ojos hinchados y ojerosos.

Blaise sonrió con nostalgia, su amiga nunca cambiaría, "primero muerta que sencilla", pensó el muchacho regresando su mirada a su olvidado desayuno.

—Primero muerta que sencilla —dijo Pansy guardando nuevamente su varita y Blaise no pudo evitar sonreír de nuevo.

—Buenos días —dijeron unas voces femeninas repentinamente frente a ellos.

Ambos muchachos levantaron la mirada para ver a las gemelas Greengrass mientras se sentaban y tomaban un plato de hojuelas de avenas cada una. No habían notado que el Gran Comedor ya había comenzado a llenarse y el bullicio característico comenzaba a hacerse presente. Por suerte ninguna vio el estado deplorable en el que se hallaba Pansy momentos antes.

Seguidamente, Crabbe y Goyle se sentaron a un lado de ellos y tomaron cada uno tres platos con diferentes contenidos, aunque ya no comían de la misma forma que lo hacían antes eso no implicaba que comieran menos, además su hambre estaba en su máxima expresión pues se habían perdido el banquete de la noche anterior por cierto ajuste de cuentas.

Momentos después vieron a Theo entrar por las puertas de Gran Comedor y detrás de él a Draco, pero éste iba acompañado de Severus Snape, ambos se detuvieron en la entrada mientras que Theo continuó su camino a la mesa de Slytherin.

Todos vieron como Draco y Snape hablaban en susurros, el rubio tenía una expresión de frustración en el rostro mientras que el profesor fruncía cada vez más el ceño mirando al muchacho.

Finalmente terminaron y Snape tomó rumbo a la mesa de profesores mientras Draco, después de uno segundos de vacilación y un suspiro resignado, fue a la mesa de Slytherin.

—¿Te dijo algo sobre tus padres? —preguntó Crabbe cuando su rubio amigo se sentó a la mesa.

—No —respondió Draco dando otro suspiro—, se niega a darme razón de ellos, sólo me dice que están bien y seguros.

—Tranquilo, amigo —dijo Blaise dándole una palmada en el hombro—, ellos están bajo la protección del mismo Dumbledore, no puede pasarles nada malo.

—No están bajo la protección de Dumbledore —respondió Draco con rabia y frunciendo el ceño— están bajo la protección de la orden. Dumbledore está aquí desayunando tranquilamente en la mesa de profesores.

Instantáneamente todos voltearon para efectivamente ver la melena blanca sentada en el medio de la larga mesa, a su derecha estaba Snape diciéndole algo con el ceño fruncido.

—Sí, bueno está aquí —dijo Daphne mirando a Draco—, pero seguramente puso alguna protección sobre tus padres, algún encantamiento. No puede quedarse todo el tiempo con ellos, tiene un colegio que dirigir.

—Y seguramente ese encantamiento es un Fidelio —dijo Theo—, así como él es el Guardián Secreto del cuartel de la orden también debe serlo de tus padres, ¿no crees?.

—Y por eso Snape no puede decirte su ubicación —dijo Goyle.

—Por lo que entonces sólo me quedaría una opción —dijo Draco aún con el ceño fruncido, él ya había pensado en todo eso.

—¿Cuál? —preguntó Astoria.

—Ir directamente con Dumbledore y preguntarle —respondió el rubio.

—¿Y qué te hace pensar que él te lo dirá? —preguntó Pansy desviando la mirada de la mesa de profesores hacia su amigo.

—No tengo la certeza de que me lo diga, pero al menos tengo que intentarlo —respondió Draco mirando fijamente su desayuno.

Pansy lo miró unos segundos y luego centró su mirada nuevamente en su desayuno, nadie dijo nada a la respuesta del muchacho pues aunque les parecía una total tontería lo que pensaba hacer no podían culparlo de querer saber sobre sus padres. Unos minutos después Pansy sintió unas pequeñas palmaditas en su brazo por lo que volteó su rostro hacia Blaise.

Sin apartar la mirada de su desayuno Blaise le preguntó:

—¿Por qué mirabas tanto a la mesa de profesores?

Él había visto que mientras todos hablaban con el rubio, ella no había quitado su mirada de dicha mesa, aunque sabía perfectamente que estaba atenta al intercambio de palabras, lo que efectivamente demostró cuando al final hizo su intervención.

Al no recibir respuesta miró a la pelinegra y vio que nuevamente su mirada estaba puesta en la mesa de profesores. Blaise quiso seguir su mirada pero era difícil saber a cual de los profesores miraba con tanta intensidad.

—Pansy, ¿qué sucede? —preguntó Blaise mirando nuevamente a su amiga con gesto preocupado.

La pelinegra lo miró nuevamente y con una media sonrisa le respondió:

—Nada Blaise, nada —dijo devolviendo la mirada a su plato de cereales—, tonterías mías.

Blaise la miró unos segundos y luego regresó su vista a su desayuno resignado, él sabía que no le sacaría nada más que eso.

Pansy lo miró de soslayo y luego a sus demás amigos, afortunadamente nadie más se había dado cuenta del intercambio de palabras.


Eran quince minutos pasadas de la cinco de la tarde cuando Hermione tocaba a la puerta del despacho de su nueva profesora de Defensas Contra las Artes Oscuras.

—Adelante —escuchó una voz femenina amortiguada por la madera de la puerta.

Hermione abrió pero en lugar de encontrarse con la profesora se encontró con una cabellera rubia y unos ojos grises mirándola.

—Vaya Granger, hasta que te dignaste a llegar —exclamó Malfoy que se encontraba sentado en uno de los sillones de una mesa redonda y baja dispuesta casi en el centro del despacho y Hermione descubrió finalmente al decorador, o más bien decoradora, de la torre de Premios Anuales, pues éste, a diferencia de los anteriores profesores que lo habían ocupado, ahora se veía elegante y sobrio y con una decoración, que si no era exactamente igual al de la torre, se le parecía mucho.

Todas la paredes estaban pintadas de un crema oscuro que sin embargo le daba al despacho un aspecto luminoso, limpio y espacioso, aunque Hermione tuvo la sensación de que le habían hecho un hechizo de ampliación. El piso, al igual que en la sala común, era de parquet y todas las lámparas eran exactamente iguales a las que habían en la torre.

En la pared del fondo habían tres ventanales rectangulares dispuestos en forma vertical y extendiéndose desde el techo al suelo, abarcaba aproximadamente tres cuartas partes de la pared, la otra cuarta parte la cubría una puerta de caoba oscura pegada a la pared de la derecha (siempre viendo el despacho desde la puerta de entrada) y que se hallaba cerrada. Una persiana vertical de color blanco (que en ese momento se hallaba abierta), cubría los tres ventanales.

En la pared de la derecha y haciendo límite con la pared del fondo, se encontraba una segunda puerta de caoba oscura que también se hallaba cerrada, estaba semi-oculta por tres estantes de caoba que estaban dispuestos uno al lado del otro y pegados a la pared de la derecha, dos de los estantes estaban llenos de pergaminos y el tercero estaba compuesto por gavetas que estaban señaladas alfabéticamente, era como un archivero.

En la pared opuesta a los estantes, (es decir, la pared de la izquierda tomando en cuenta la entrada del despacho), estaba la chimenea que la profesora se había encargado de modificar combinándola perfecta y exquisitamente con el resto de la habitación y color de las paredes y que por cierto se parecía bastante a la que estaba en la torre. A la izquierda de la chimenea había una biblioteca idéntica a la que tenían en la sala común pero un poco más grande y estaba hecha de caoba, estaba repleta de libros y a Hermione se le hizo la boca

En el fondo del despacho, justo frente a las ventanas, estaba el escritorio que también era de caoba, era enorme y tenía forma de "L", estaba pegado a la pared de la izquierda y abarcaba casi toda la extensión del ventanal detrás de él, había una lámpara de piso muy parecida a la que Hermione tenía en su habitación pero ésta era más grande y estaba hecha de metal pulido. El escritorio estaba muy ordenado a pesar de la cantidad de pergaminos que habían sobre él. Entre el ventanal y el escritorio y pegado a la pared de la izquierda había una pequeña mesa donde reposaba algo que estaba cubierto por una tela blanca.

Por último, la puerta de entrada (que también era de caoba oscura como las demás puertas del despacho), estaba a la izquierda de la pared y dejando un pequeño espacio entre el marco y la pared de la izquierda, lo que dejaba a su derecha un espacio considerable para la ubicación de la mesa baja donde se encontraba Malfoy sentado, la mesa era (como todo en ese despacho), de madera de caoba muy pulida, era redonda y le rodeaba aproximadamente unos diez sillones mullidos y de color marrón con reposabrazos de madera, debajo había una alfombra que abarcaba toda la mesa.

El despacho era tan grande que se podía caminar cómodamente por él a pesar de la cantidad de muebles que habían. Parecía más la oficina de algún importante empresario muggles que el despacho de una simple profesora de Defensas Contras las Artes Oscuras de un colegio de magia.

La profesora no se veía por ninguna parte. Miró a Malfoy, era imposible, conocía la voz del rubio, era inconfundible aquel arrastrar de palabras que caracterizaba al tono del joven, ¿entonces quién le había respondido cuando tocó a la puerta?

—Buenos días, señorita Granger—dijo la misma voz femenina que había escuchado a través de la puerta. Hermione levantó la mirada para ver a la profesora Griffitts que salía en ese momento de la puerta que se encontraba a un lado de las tres ventanas y Hermione supo que se trataba de su dormitorio por lo que no quería siquiera imaginarse como era.

La profesora Griffitts era tan elegante como su despacho, en lugar de la usual túnica que la mayoría de los profesores utilizaban en Hogwarts, ella usaba el típico atuendo de la ejecutiva más importante de una multimillonaria empresa, falda negra tipo tubo pegada al cuerpo por arriba de las rodillas, camisa blanca de botones manga larga impecablemente metida por dentro de la falda y encima la chaqueta, del mismo color de la falda, que cerraba con dos botones a la altura de la cintura dejando el cuello y los puños de la camisa por fuera, usaba unos zapatos de tacón de mediana altura también negros. El cabello, de un color castaño oscuro, lo llevaba recogido en una impecable cola de caballo, dejándose un flequillo que caía hacia un lado del rostro cubriéndoselo parcialmente. Los ojos de un color achocolatado estaban enmarcados por unas gafas negras de pasta de montura rectangular.

—Tengo una hora esperando que llegaras —dijo Malfoy cruzando los brazos y recostándose del espaldar del sillón sin dejar de mirar a Hermione—, la profesora no quiso comenzar hasta que tú llegaras.

La realidad es que el rubio tenía la última hora de los lunes libre y había decidido ir más temprano al despacho de la profesora sólo para molestar a Granger.

—Siento mucho el retraso, profesora —dijo Hermione dirigiendo una mirada furibunda al rubio—, pero es que mi última clase era de Runas Antiguas hasta las cinco y… —se interrumpió cuando la profesora levantó una mano acallándola.

—Lo sé, señorita Granger —dijo la profesora Griffitts sonriendo amablemente—, no le estoy recriminando nada en lo absoluto y el señor Malfoy tampoco debería hacerlo —agregó mirando al rubio—. Ahora comencemos con lo que han venido a hacer aquí —agregó sentándose en uno de los sillones mullidos de la mesa—, señorita Granger —dijo señalando con su mano un sillón justo al lado de ella y mirando a la muchacha que se ruborizó ligeramente para luego sentarse en el sitio que le indicaba la profesora, quedando ésta en el centro de sus alumnos, ambos muchachos quedaron uno frente al otro debido a que el diámetro de la mesa no era tan grande, a pesar de lo que pudiera parecer.

Hermione miró a la profesora Griffitts, la verdad era que la tenía sorprendida… gratamente sorprendida, cuando la vio en el Gran Comedor, la noche anterior, la primera impresión que tuvo de ella era que se trataba de una profesora muy severa, posiblemente tanto como la profesora McGonagall, pero al parecer la severidad se quedaba en su apariencia, pues tenía una voz muy amable y una sonrisa sincera, se preguntó como era que sabía tanto sobre decoración muggle.

—Bien, primero que nada hay algo que quiero hablar con usted, señor Malfoy —dijo la profesora Griffitts mirando al rubio y con los brazos cruzados sobre la mesa—. Sé, que en el tren de camino acá, algunos alumnos de su casa lo agredieron, ¿me equivoco? —Malfoy abrió los ojos sorprendido.

—¿Quién se lo dijo? —preguntó el muchacho, mataría al que le fue con el chisme.

—Oh!, señor Malfoy, los profesores tenemos nuestra manera de saber las cosas que suceden dentro del colegio —respondió la profesora con una sonrisa—, nadie nos dijo nada.

Para el rubio no pasó desapercibido el "nos" que había empleado la profesora, ¿quería decir que todos los profesores lo sabían?, esperaba que no. Sin embargo, no dijo nada, primero muerto antes de que le sacaran una confesión.

—Sí profesora, a Malfoy lo golpearon en el tren… —comenzó Hermione al ver que el rubio no abría la boca.

—¡Cállate, Granger! —le interrumpió el chico con rabia, no permitiría que ella se fuera de soplona, pero Hermione no le hizo caso.

—… fueron alumnos de Slytherin, sus nombres creo que eran… —pero fue interrumpida de nuevo por Malfoy.

—¡Granger, he dicho que te calles! —gritó el rubio dando un golpe en la madera de la mesa.

—Señor Malfoy le agradezco que por favor modere su vocabulario, su conducta y su tono de voz mientras se encuentre en mi despacho —dijo la profesora Griffitts con tranquilidad mirando a Malfoy que respiraba agitado—. Y he de informarle que no necesitaba de su confirmación, señor Malfoy —luego miró a Hermione—, y también tengo pleno conocimiento de los nombres de los agresores, señorita Granger —miró de nuevo a Malfoy—, como también sé que sus amigos se han hecho cargo de ellos.

—¿Qué? —preguntó Hermione estupefacta mientras que el rubio palidecía súbitamente.

"Los vio", pensó Malfoy, "seguramente la profesora vio a Crabbe y Goyle cuando ajustaban cuentas con el imbécil de Baddock, pero serán idiotas", juró que los acribillaría en cuanto saliera de allí.

La profesora Griffitts sonrió como adivinando sus pensamientos.

—¿Saben?, siempre es extraño conseguir personas inconscientes en las orillas de un bosque y más si esas personas son estudiantes y ese bosque está prohibido para dichos estudiantes —dijo la profesora como si hablara del tiempo climático de las nubes mientras convocaba tres pergaminos que estaban sobre su escritorio y los desenrollaba—. Anoche el señor Baddock y sus compañeros llegaron a su sala común sin ningún problema y no hablarán de lo ocurrido, porque por alguna razón no saben lo que les ocurrió ni por qué, un poco extraño la verdad —miró a Malfoy—, pero creo que debería advertirle eso a sus amigos y realmente espero que esto no se repita.

Malfoy y Hermione miraban a la profesora con la boca abierta.

—Ahora bien, éstas serán sus obligaciones durante este curso escolar —prosiguió la profesora cambiando de tema radicalmente y entregándoles dos de los tres pergaminos que acababa de desenrollar a cada uno.

Hermione lo miró, era la lista que había esperado ver en la cartelera esa mañana. Miró a la profesora confundida, ¿no se supone que entregar el listado y dar parte de las obligaciones a los Premios Anuales correspondía a los jefes de casa?

—Sé que no me corresponde a mi hacerles participe de esto —dijo la profesora Griffitts viendo las expresiones de sus dos alumnos—, pero el profesor Dumbledore me ha pedido que les comunique un asunto importante y para ahorrarles tiempo me suplicó que les anunciara sus obligaciones —la profesora se levantó de su asiento y comenzó a caminar alrededor de los muchachos con las manos en la espalda—, así que primero hablaremos de ese asunto importante por el que los he citado hoy, y eso es que el profesor Dumbledore ha estado reflexionando sobre la educación que deberá ser impartida este curso en mis clases.

El programa de estudio que yo siempre uso es totalmente diferente al que voy a tener acá —prosiguió la profesora de pie frente a los dos muchachos—, en primera porque el programa lo establece el ministerio y todos los profesores deben regirse por él y segundo porque al parecer el profesor Dumbledore y otros profesores no creen que sea conveniente que yo imparta en clases los objetivos de mi programa, por lo tanto los profesores hemos llegado a la conclusión de que una buena opción sería impartirles clases particulares.

—¿Clases particulares? —preguntó Hermione sin comprender—, ¿por qué tenemos que recibir clases particulares?

—Es bien sabido que los profesores siempre han modificado el programa del ministerio para impartir mejor sus clases —dijo Malfoy mirando a la profesora, a lo que Hermione asintió dándole la razón.

—Es verdad —respondió Griffitts sentándose nuevamente en su silla—, pero creo que saben el riesgo que hay ahora dentro del colegio. Hay varios estudiantes que son hijos de los seguidores de Voldemort y que creen firmemente en sus ideales. Mi programa fue estudiado por el personal docente de éste colegio y el resultado fue exitoso, sin embargo, contiene objetivos que no sería conveniente que estos estudiantes conozcan, por eso es que se ha decidido instaurar las clases particulares.

Malfoy miraba a la profesora muy serio.

—Sé lo que está pensando, señor Malfoy —dijo Griffitts mirando al rubio—, espero que tenga claro, al igual que nosotros, que usted ahora no tiene nada que ver con ellos.

—Podría estarlos engañando, ¿no han pensado en eso? —dijo Malfoy con un dejo de rabia en la voz, aunque una vez que las palabras abandonaron sus labios se dio cuenta de lo estúpidas que habían sonado.

La profesora Griffitts sonrió comprensiva.

—No lo está haciendo —dijo como toda respuesta.

Por supuesto que no lo estaba haciendo, pero realmente se había sentido aludido por el comentario de la profesora así que debido al enojo había dicho aquella estupidez.

—Profesora, ¿las clases sólo van a ser para nosotros dos? —preguntó Hermione.

—Eso pretendo —respondió la profesora mirando a su alumna fijamente.

—Bueno… es que… ammm… —balbuceaba Hermione poniéndose colorada.

—¿Está pensando en traer a alguien más? —preguntó la profesora con una ligera sonrisa en los labios.

—Sí, bueno… es que… verá… —Hermione respiró profundo para darse ánimos—, en mi quinto curso la profesora que teníamos de Defensa contra las Artes Oscuras, en realidad no nos estaba enseñando nada…

—… así que ustedes crearon un grupo secreto donde aprendían a defenderse, ¿no? —terminó la profesora—. Sí, algo escuché de eso. La armada de… ¿Dumbledore?

—El Ejercito de Dumbledore —le corrigió Hermione sonriendo.

—Sí… —dijo Griffitts pensativa—, si usted confía en los compañeros que decida integrar a las clases pues serán bienvenidos.

Malfoy escuchaba horrorizado. Oh, no!, él no tenía porque aguantarse sólo a esos zopencos, ya había tenido suficiente con el verano conviviendo con esos pelirrojos.

—¿Yo puedo traer a alguien? —preguntó el rubio mirando a la profesora.

—Como le dije a la señorita Granger, si usted confía en sus compañeros, son bienvenidos —respondió la profesora mirando a su alumno.

Hermione abrió los ojos al máximo.

—¡Malfoy tú sabes que…!

—Señorita Granger, por favor —la interrumpió Griffitts—, si el señor Malfoy confía en sus compañeros los puede traer.

—Pero profesora… —comenzó nuevamente Hermione pero se interrumpió al ver la mano levantada de su profesora y la mirada de advertencia que le dirigía, haciendo que se sonrojara hasta la raíz del pelo.

—El horario de las clases se las haré llegar a su torre —dijo Griffitts—, les daré una semana para que decidan a que compañeros quieren integrar a las clases. Ahora con respecto a sus obligaciones… —dijo tomando el tercer pergamino que había convocado y que permanecía desenrollado en la mesa.

Pasaron la siguiente media hora poniéndose al tanto de lo que debían hacer. Al final de la reunión, cuando Malfoy ya había salido del despacho, la profesora llamó a Hermione antes de que ésta saliera detrás de su compañero.

—Señorita Granger, sé que usted y sus amigos no confían en los amigos del señor Malfoy —dijo la profesora que estaba de pie frente a su alumna con las manos detrás de su cuerpo, Hermione asintió sonrojándose de nuevo al recordar la mirada que le había dado la profesora unos minutos antes—. También sé que están dispuestos a ayudarlo en lo que les sea posible a pesar de que en años anteriores el señor Malfoy y sus amigos les hicieron la vida imposible a ustedes —Hermione volvió a asentir, supuso que todo eso lo sabía gracias a los demás profesores—. Creo que saben que éste año no será nada fácil para él —agregó la profesora Griffitts viendo a la muchacha por encima de sus gafas, Hermione casi podía sentir que la traspasaba con la mirada.

—Sí profesora, lo sabemos —respondió la muchacha asintiendo con la cabeza.

—Entonces le voy a dar un consejo si me lo permite —dijo Griffitts mirando a su alumna aún por encima de sus gafas, la muchacha asintió devolviéndole la mirada a su profesora—, le recomiendo que haga lo que usted crea que debe hacer pero con discreción —agregó la profesora, se giró, caminó hacia su escritorio y mientras se sentaba en su silla regresó la mirada a su alumna—, que piense las cosas antes de hacerlas o de decirlas y muy importante —la profesora agachó un poco la cabeza para mirar a su alumna por encima de sus gafas—, no se deje llevar por las apariencias, ni actúe por impulso —tomó un pergamino que estaba encima de su escritorio y luego dijo:—. Recuerde que es de sabios guardar silencio. Sólo siéntese, mire, escuche y analice —colocó el pergamino abierto sobre el escritorio, tomó una pluma y miró a la muchacha nuevamente por encima de sus gafas—, en silencio.

Hermione se quedó clavada en el suelo mirando impresionada a su nueva profesora por lo que cuando reaccionó, Griffitts había devuelto su vista al pergamino que reposaba sobre su escritorio comenzando a escribir sobre él y entonces supo que era hora de marcharse.

Sin embargo, no pudo evitarlo, tenía demasiada curiosidad, por lo que antes de llegar a la puerta se dio vuelta para enfrentar nuevamente a su maestra.

—Profesora, ¿puedo hacerle una pregunta? —pidió Hermione tímidamente.

—Por supuesto —respondió Griffitts mirándola brevemente para luego posar su vista de nuevo en el pergamino mientras seguía escribiendo.

Hermione se retorció las manos nerviosa.

—Es una pregunta un tanto personal —dijo la muchacha cohibida.

La profesora detuvo el movimiento de la pluma para levantar la vista y mirarla atentamente.

—¿Qué será? —le instó.

—Eh… pues… ¿es usted hija de muggles? —preguntó Hermione de un sólo golpe, antes de perder el valor.

Sólo por unos segundos la profesora se mostró sorprendida por la pregunta pero inmediatamente sonrió, colocó la pluma en el tintero y se puso de pie, caminando hasta posarse delante de la muchacha mirándola interrogante. Hermione enrojeció.

—Lo siento, no quise ofenderla, profesora —dijo la muchacha rápidamente.

—No me ofende, señorita Granger —respondió la profesora sin abandonar la sonrisa—, sólo quisiera saber a qué se debe su pregunta.

—Bueno… es que… usted decoró la Torre de Premios Anuales, ¿verdad? —preguntó Hermione más nerviosa que antes al ver la postura de su profesora.

Griffitts pasó su mirada por su propio despacho y aún sonriendo le preguntó:

—¿Usted que cree?.

—Pues… ¿que sí? —preguntó Hermione dubitativa y la profesora alzó las cejas divertida—, es que ésta decoración es…

Muggle —interrumpió la profesora Griffitts sonriendo aún más—, por eso piensa que soy hija de muggles.

—Perdone, fue una impertinencia de mi parte, profesora —dijo Hermione apresuradamente—, no debí preguntar algo que…

—Sí, soy hija de muggles, señorita Granger, al igual que usted —respondió la profesora señalando a su alumna, Hermione sonrió— y sí, yo decoré la Torre Sur y mi despacho, con decoración muggle. No sé que opine usted, pero prefiero la decoración muggle por sobre la mágica, la mágica es… digamos…

—¿Medieval? —preguntó Hermione tentativamente.

—Iba a decir sombría y anticuada pero medieval le va mejor —respondió la profesora sonriendo—, en cambio la muggle es más fina y elegante, ¿no cree?.

Hermione miró el despacho y asintió.

—Elegante como usted —dijo la muchacha mirando nuevamente a su profesora.

Griffitts levantó las cejas, ésta muchacha era una caja de sorpresas.

—Gracias —dijo sonriendo y haciendo sonreír también a su alumna.

—Profesora, ¿puedo hacerle otra pregunta? —preguntó de nuevo Hermione.

Griffitts sonrió asintiendo con la cabeza.

—¿De qué colegio viene usted? —preguntó la muchacha.

—¿Perdón? —preguntó Griffitts parpadeando varías veces mientras fruncía el ceño claramente desconcertada por la pregunta de la castaña.

Hermione enrojeció.

—Bueno, es que usted mencionó el programa con el que daba clases —aclaró la muchacha—, y yo supuse que había dado clases en otro colegio antes, ¿me equivoqué?

La profesora suspiró, pero que mente tenía ésta muchacha.

—Sí, señorita Granger —respondió la mujer—, di clases un tiempo en un colegio en América —inclinó un poco su cabeza hacia adelante para verla por encima de sus gafas—, y debo confesarle que usted habría resultado ser una buena adquisición para ese colegio.

Hermione se sintió enrojecer aún si es que se podía.

—¿Y qué colegio es ese? —preguntó.

Griffitts sonrió

—De eso se enterará a su debido tiempo, señorita Granger —respondió la profesora—, ahora sería bueno que fuera al Gran Comedor pues la cena debe estar por comenzar.

Y Hermione supo que la conversación había culminado.

—Sí, con su permiso, profesora —dijo la muchacha.

Se despidió con una leve inclinación cuando la profesora le hizo un gesto con la mano dándole el permiso y salió del despacho.


Primero que nada pido disculpas por la tardanza (piensa una buena escusa, piensa una buena escusa), pero es que me quede sin computadora por mes y medio y no puede escribir (¿en serio? ¿eso es lo que se me ocurre?), además yo dije que me tardaría (sigo quedando mal).

No, en serio, me quede sin computadora, no es escusa o bueno sí lo es, mejor me corto los dedos para dejar de escribir.

Quiero darle las gracias a los que han comentado, a los que han leído pero son muy tímidos para comentar, a los que me han puesto en favoritos y alertas, a mi madre, a mi hermana y a mi abuela que me han apoyado en...$%#"&... ok no, estoy exagerando...

too. late 503: Tomaré en cuenta tus consejos y lo pesaré. Besos.

Alma: Gracias bella, sigue leyendo y lo sabrás. Besos.

Espero que hayan disfrutado el capítulo, a partir de aquí creo que los capítulos serán un poco más cortos, no lo sé, no prometo nada.

Con cariño...

Gaby_Scorpio