Después de mucho tiempo (meses), inicio aclarando que los personajes conocidos de esta historia pertenecen a la gloriosa J. K. Rowling, los no conocidos son míos.

La historia es total, completa y absolutamente de mi autoría, sencillamente porque a nadie más se le ocurriría una locura como la que estoy escribiendo.

Sin más que decir, espero que les guste...


Capítulo 5: En el despacho de Dumbledore

—No sé Harry me parece que son ideas tuyas —dijo Ginny mientras caminaban fuera del castillo hacia los jardines.

Había iniciado el fin de semana, así que los cuatro amigos habían decidido salir a los jardines aquella tarde de sábado y luego tal vez ir a tomar el té con Hagrid.

—¡Te digo que no! —exclamó Harry para luego llevar sus manos a su rostro mientras bufaba exasperado—. Mira, realmente no sé porque me pasa esto… no tengo idea pero… después de la última clase definitivamente veo algo en ella que me resulta familiar.

Había decidido finalmente contarles a sus amigos la familiaridad que veía en el rostro de la profesora Griffitts.

—Pero dices que no la has visto antes, ¿no? —preguntó Ron tranquilamente—, tal vez sí la hayas visto en alguna parte y no lo recuerdes.

—Estoy seguro que no la he visto en ninguna parte —respondió Harry exasperado de tener que repetir lo mismo.

—¿Sabes?, ya de por sí hay un misterio rodeando a esa mujer —dijo Hermione pensativamente—, y el hecho de que ella te parezca familiar no me gusta nada. Estoy de acuerdo con Ron, es posible que la hayas visto antes y no lo recuerdes.

—Te digo que… —comenzó Harry pero Ginny lo interrumpió.

—¿Qué estás queriendo decir? —preguntó la pelirroja mirando a su amiga—, ¿acaso piensas que…? —pero la chica no terminó pues se llevó las manos a la boca sorprendida.

—¿De qué están hablando ustedes? —preguntó Ron mirando alternativamente a su amiga y hermana.

—Pienso que Griffitts tal vez haya estado siguiendo a Harry —dijo Hermione con el ceño fruncido—, seguramente Harry la vio en algún momento y por eso ahora su cerebro la registra como alguien familiar.

—¿Siguiéndome? ¿a mí? ¿y más o menos cómo por qué? —preguntó Harry incrédulo.

—Realmente no puedo entender cómo es que has logrado sobrevivir tantas veces a Voldemort, Harry —dijo Ginny sarcásticamente mientras cruzaba los brazos.

—¿Estás queriendo decir que Griffitts pueda estar en componenda con Voldemort para entregarme a él? —preguntó Harry abriendo los ojos al máximo. La respuesta de Ginny fue una mirada que decía a todas luces "es obvio". Harry se llevó las manos a la cara—. Mira no es que esté defendiendo a Griffitts pero si no lo recuerdas ella es hija de muggles, lo dijo Hermione —agregó señalando a su amiga castaña—, es absurdo que esté aliada con Voldemort.

—No creo que esté aliada con él —dijo Hermione pensativamente, los tres amigos la miraron confundidos, ella dio un suspiro—. No sé, como dije antes hay muchos misterios a su alrededor, primero esconde lo que hicieron los amigos de Malfoy a los chicos que lo agredieron en el tren, después resulta que conoce los bichos que "ve" Luna, más tarde El Profeta publica que el ministro no la quiere según y qué por su origen y ahora a Harry le resulta familiar. No sé es muy extraño. Y el hecho que se rehúse a dar declaraciones la hace sospechosa.

—Bueno, la verdad es que yo también me rehusaría a dar declaraciones a esa arpía de Rita Skeeter —dijo Ginny encogiéndose de hombros—, así que la comprendo.

—Estoy de acuerdo con Ginny —dijo Harry mirando a Hermione pero levantó la mano cuando su amiga abría la boca para hablar—. Déjalo así Hermione, mejor vamos a la cabaña de Hagrid.

Pero Hermione no lo dejaría así y él lo sabía bien.


En la oscuridad una sombra se movía caminando rápidamente por los pasillos del castillo mientras tres sombras más le seguían muy de cerca. La primera sombra pasó frente a una ventana esquivando un rayo de luna y dobló una esquina, sin darse cuenta que otras dos sombras le esperaban cortándole el paso. Más allá, detrás de las dos sombras, otro rayo de luna se esparcía por el suelo del pasillo a través de otra ventana.

—¿Qué pasa, Malfoy? ¿huyendo como el cobarde que eres? —preguntó una de las tres sombras que le seguían en un principio.

—Cierra la boca, Baddock —siseó el rubio apretando los puños enfurecido.

—Uhhh!, el hijo de papi quiere dársela de rudo, Malcolm —dijo una de las dos sombras que le habían cortado el paso.

—¿Por qué no le enseñamos al traidor modales? —preguntó otra de las sombras.

—Sí, parece que el correctivo que le dimos en el tren no le sirvió de mucho, ¿no? —dijo otra de las sombras.

—Deberíamos intensificar esta vez la dosis a ver si entiende —dijo la quinta sombra.

—¿Tú qué opinas, Malfoy? —preguntó la primera sombra.

—Opino que se vayan al demonio —dijo el rubio sacando la varita.

¡Expelliarmus! —gritó la misma sombra de antes y la varita de Draco salió despedida de su mano—. Tst, tst, tst —dijo la sombra negando con la cabeza—, esos no son modales, Malfoy. Bole amárralo.

Inmediatamente Draco sintió como unas cuerdas le amarraban los brazos al torso y luego era empujado dolorosamente contra una de las paredes del pasillo haciéndolo gemir.

¡Silencius! —exclamó una de las sombras—, no nos arriesgaremos a que tus gritos de nena nos delate.

Draco los fulminó con la mirada, jamás les demostraría miedo a esos imberbes. Vio como las cinco sombras se unían delante de él, todas con las varitas en las manos.

—Es verdad que no podemos llevarte con el Señor Tenebroso ahora mismo porque el vejete de Dumbledore te tiene bajo protección —dijo Baddock mientras todos le apuntaban con sus varitas—, pero eso no significa que no podamos darte un abre boca de lo que te espera cuando logremos llevarte ante nuestro amo.

Y todos juntos agitaron sus varitas comenzando a pronunciar el conjuro más terrible, la maldición de la tortura. Instintivamente Draco cerró los ojos con fuerza esperando el dolor que probablemente impactaría dentro de poco en su cuerpo, sin embargo no sintió nada, lo que si escuchó fue las exclamaciones de los idiotas que iban a torturarlo.

—Ahhhhh!, ¿pero qué pasa? —escuchó que gritaba Flint.

—No tengo idea, aahhhh! —escuchó gritar a otro más.

Draco se atrevió a abrir los ojos y lo que vio casi lo hace soltar una carcajada, lástima que no tuviera voz. Varias sombras se movían descontroladas chocando entre ellas mientras articulaban frases incoherentes, no podía descifrar cuantas porque se mezclaban entre ellas y entonces lo vio, un rayo violeta salido de quién sabe dónde impactaba en el pecho de una de las sombras y ésta caía desvanecida después de lanzar un alarido.

Draco miró hacia los lados tratando de vislumbrar el rostro de su salvador pero no veía nada más que oscuridad y el rayo de luna que entraba por la ventana a un costado de él. Otro rayo, esta vez dorado, impactó en otro pecho dejándolo inconsciente en el acto, fue cuando vio cuatro bultos negros tendidos en el suelo del pasillo.

De repente sintió una mano que lo halaba de los cabellos y lo arrastraba al centro del pasillo mientras una varita se incrustaba en su cuello.

—¿Quién anda ahí? —preguntó la sombra detrás de él. Era Baddock, el líder del grupo de idiotas que pensaban torturarlo—. ¡Sal de donde estés o te juro que le lanzaré un sectumsempra!.

—Suéltalo —dijo una voz femenina entre las sombras.

"Oh, no", pensó Draco desesperado creyendo reconocer la voz, "cualquiera menos ella, por favor Merlín, cualquiera menos ella".

—¡¿Quién eres?, da la cara infeliz! —gritó Baddock fuera de sí y clavando aún más la varita en el cuello de Draco.

"Por favor que no salga", pensaba el rubio al borde de un colapso, "prefiero mil veces el sectumsempra, que no salga".

Vieron como una sombra se movía en la oscuridad.

—Te recomiendo que lo sueltes ahora, Baddock —dijo la sombra sin dejarse ver el rostro.

Baddock rio como enajenado.

"Bueno tal vez no prefiera un sectumsempra lanzado por este chiflado" pensó Draco al escuchar aquella risa retumbar en su oído, "pero sí prefiero que ella sea lo suficientemente inteligente y no se deje ver".

—¿Crees que puedes darme órdenes? —preguntó Baddock con la voz amenazante—, ¿eres alguien de esa orden de idiotas?. Quiero que veas como despedazo a Malfoy con un sectumsempra y tú quedes como un fracasado.

"¿Fracasado?, ¿en serio?, ¿acaso es subnormal?", pensó Draco aun sintiendo la varita clavada en su cuello, "¿no escucha claramente la voz de mujer?, definitivamente que en el mundo hay diferentes clases de cretinos y Baddock".

Sintió como el chico movía la varita y comenzaba a conjurar la maldición, pero como ocurrió anteriormente no pudo terminar. Draco apenas tuvo tiempo de verlo y mover la cabeza a un lado, cuando un rayo de color rojo salió disparado desde las sombras y daba directo en la cara de Baddock aventándolo hacia atrás por la fuerza del hechizo.

Draco estuvo a punto de caer al perder el equilibrio por unos segundos. Después sintió como sus brazos volvían a estar libres y su voz regresaba. Miró hacía la sombra que lo había salvado pero ya no era tal cosa, sino una chica, una deslumbrante mujer parada en el medio de la ventana dejando que el rayo de luna le impactara de lleno en el cuerpo, como había supuesto, era Granger, su salvadora.


Pansy caminaba por los pasillos de castillo, de nuevo las pesadillas la desvelaban esa noche, estaba acostumbrada a no poder dormir, por lo menos estando en Hogwarts se tenía que preocupar solo por las pesadillas, nunca pensó que dentro de esos muros de piedra se sentiría segura pero así era.

Cruzó un pasillo particularmente frío de las mazmorras y llegó a las escaleras que daban al vestíbulo, subió y alcanzó la puerta doble de roble. Se disponía a salir cuando una voz la detuvo.

—¿A dónde cree va, señorita Parkinson? —preguntó una voz profunda detrás de ella.

Pansy dio un respingo más por la sorpresa de escuchar aquella voz que reconoció inmediatamente que por miedo.

—Buenos días, profesor Snape —dijo la muchacha girándose para ver a su interlocutor.

—¿Buenos días? —preguntó el hombre levantando una ceja sarcástico—, Pansy son las tres de la madrugada, ¿por qué no estás en tu cama? —la miró detenidamente, las ojeras que surcaban los ojos grises—, ¿de nuevo las pesadillas?

La pelinegra asintió sin apartar la mirada del pocionista.

Snape suspiró, él mismo había pasado por eso miles de veces, podía entender que la chica no quisiera estar en su cama, miró detrás de ella el negro jardín.

—El frío despeja la mente —dijo mirando de nuevo a su alumna—, intente en lo sucesivo ser más cauta y regrese temprano a su sala común.

Y diciendo esto se dio vuelta y se marchó dejando a Pansy en el umbral de la puerta.

Con una ligera sonrisa en los labios, Pansy salió a los jardines sintiendo el frío en la piel y caminó casi que por inercia a su banca favorita, en una pequeña colina cubierta por la sombra de un árbol, siempre le había gustado esa banca porque de día desde ella se podía ver completamente el lago negro.

El silencio la rodeó y allí, sumida en sus turbulentos pensamientos, el sol comenzó a asomar por el horizonte, miró su reloj, ya casi comenzaba, sólo faltaban unos minutos, quería convencerse que hacía aquello sólo para cumplir su misión autoimpuesta pero no era tan idiota, tal vez al principio ese era el objetivo pero después descubrió que era algo relajante de contemplar.

Unos minutos después escuchó el sonido característico de la puerta de roble abrirse y cerrarse y sonrió, sí el espectáculo ya estaba por comenzar.


—¿Se puede saber a dónde vas a estas horas, Granger? —preguntó Malfoy que estaba sentado en uno de los sillones de la sala común de Premios Anuales.

Hermione dio un respingo del susto. No se había percatado que Malfoy estaba en la sala común. Maldito rubio oxigenado.

—No es que sea de tu incumbencia pero te lo diré —respondió Hermione poniéndose derecha—. Voy al Gran Comedor por mi desayuno.

Malfoy se levantó del sillón y comenzó a caminar hacia la castaña. La noche anterior habían tenido una fuerte discusión porque la chica quería ir a contarle del ataque al director pero Malfoy se había negado en redondo. Tanto fue así que el rubio había tenido que casi arrastrar a Hermione hasta la torre para que no saliera corriendo hasta el despacho de Dumbledore. Pero bien sabía él que la muchacha no se daría por vencida, con lo entrometida que era… Por eso había madrugado ese día por si acaso la chica se le ocurría salir antes que él de la torre para ir con el chisme al director y definitivamente no se había equivocado.

—¿En serio? ¿tan temprano? —preguntó el rubio y miró el reloj—, los elfos son eficientes Granger, pero realmente dudo que tengan el desayuno listo a las cinco y media de la mañana.

Hermione lo fulminó con la mirada. La noche anterior se había preocupado al ver la hora en su reloj y Malfoy no daba señales de aparecer, sabía que a veces iba a la sala común de Slytherin con sus amigos pero siempre regresaba a la torre, así que sin pensarlo más decidió salir a buscarlo dispuesta a reventar la entrada a la sala común de Slytherin si era necesario. Y su preocupación no había sido infundada cuando vio en uno de los pasillos varias sombras moverse y pudo distinguir los cabellos platinados de Malfoy.

—Primero pensaba dar un paseo —dijo la castaña tratando de salirse del paquete.

Malfoy le regaló una mirada amenazante mientras cruzaba los brazos.

—¿Ah sí? ¿un paseo? ¿a dónde? ¿al despacho de Dumbledore? —preguntó con un siseó.

Hermione comenzó a respirar con dificultad y antes de que el rubio pudiera reaccionar salió corriendo de la sala común.

—¡Granger! —gritó Malfoy a su espalda mientras atravesaba la puerta y corría a través del pasillo.

Pudo escuchar los pasos del rubio detrás de ella que también corría tratando de darle alcance, oh!, pero no lo haría, para algo tenía que servir el ser hija de muggles, ella siempre se había ocupado de mantenerse en forma haciendo ejercicios y correr era uno de esos ejercicios.

El problema es que no contó con el cambio de dirección de las escaleras cuando ya estaba llegando al despacho de Dumbledore.

—¡Maldición! —gritó la castaña tratando de mantener el equilibrio pues la punta de sus pies habían quedado justo en el filo donde antes había estado una escalera y habría caído al vacío de no ser porque Malfoy le dio alcance justo a tiempo y la agarró de la cintura, halándola hacia atrás y cayendo los dos a lo largo del pasillo.

Segundos después la barandilla se movió cerrando el espacio donde antes había estado la escalera.

—¡Demonios! —exclamó enojada Hermione.

—Granger esa boca —dijo Malfoy con una sonrisa torcida mientras se levantaba del suelo sacudiéndose la ropa.

—¡¿Qué pasa con mi boca?! —profirió Hermione a punto de echar chispas levantándose también del suelo.

—¿Qué demonios te pasa? ¿Hubieses preferido caer al vacío? —preguntó Malfoy mirando a la muchacha con confusión.

—No, por supuesto que no —respondió Hermione refunfuñando—, esa maldita escalera del demonio.

Malfoy no sabía si reír o llorar.

—Granger jamás me imaginé que tuvieras esas palabras en tu diccionario —dijo el rubio mirándola con una media sonrisa.

—Oh!, hay muchas cosas que no imaginas de mí, Malfoy —dijo Hermione sacudiéndose el polvo de la ropa—. Por cierto gracias, ¿por qué lo hiciste?, habría sido más fácil para ti dejarme caer.

—Estás loca, ¿y qué me culpen después por dejar que ensuciaras el suelo? —preguntó Malfoy con un tono que quería hacer ver como sarcástico.

—Que arrogante eres —dijo Hermione sonriendo—, pero que sepas que aún pienso…

—Chist —dijo Malfoy que se había quedado en silencio repentinamente.

Hermione lo miró airada.

—Oye no me…

—¡Chist! —exclamó el rubio y está vez tapándole la boca con la mano.

Entonces Hermione escuchó varías voces que provenían de un pasillo cercano y se acercaban a donde estaban ellos. Malfoy arrastró a Hermione a un aula vacía sin dejar de taparle la boca con la mano pues ésta estaba intentando zafarse cuando reconoció entre las voces la del profesor Dumbledore.

Malfoy estampó la espalda de Hermione contra la puerta cerrada sin destaparle la boca.

—Chist, Granger, escucha es Scrimgeour —dijo el rubio en un susurro pues había reconocido la voz del ministro.

Hermione se detuvo en su forcejeo y Malfoy por fin le apartó la mano de la boca. Ambos se dedicaron a tratar de escuchar lo que hablaban, escucharon como los pasos se detenían muy cerca del aula en la que ellos estaban escondidos.

—Te lo digo Dumbledore no me gusta que una mujer como ella esté aquí —dijo el ministro—, es mejor que hagas algo al respecto.

—Espero que eso no sea una amenaza, señor ministro —dijo Dumbledore pausadamente—, recuerde lo que pasó con Fudge hace dos años cuando intentó meter sus narices en el colegio.

—¿Me está amenazando? —preguntó Scrimgeour con la voz enfurecida.

—Oh! no, no podría, usted es el Ministro de Magia —respondió Dumbledore—, y la verdad no veo el problema que la profesora Griffitts forme parte del personal docente, los alumnos están bastante contentos con ella, piensan que es muy buena en lo que hace, por lo menos eso es lo que he alcanzado a escuchar en los pasillos.

—El problema no es ella, Dumbledore y lo sabes —respondió el ministro—, el problema es de donde viene.

—De donde viene no tiene por qué importarle a nadie, ministro, ni siquiera a usted —dijo Dumbledore tranquilamente—, además debería recordar y evitar olvidar en lo sucesivo —agregó antes de que Scrimgeour dijera algo pues habían escuchado un murmullo como de que había intentado hablar—, que ella es ciudadana inglesa desde su nacimiento, lo que quiere decir que tiene tanto derecho como usted o como yo de estar aquí.

—Dumbledore ella es una amenaza aquí —dijo Scrimgeour—, Voldemort está adquiriendo poder y si se entera que esa mujer…

—Ella no es una amenaza, ministro y créame que tiene más conciencia y sentido de la decencia de lo que usted o incluso yo podríamos tener —dijo Dumbledore calmadamente—. La verdadera razón en todo esto es que se siente intimidado por ella, ministro y no lo culpo, hasta a mí me intimida, de hecho todos ellos tienen esa cualidad, créame estuve allí.

Escucharon como los pasos se reanudaban pasando frente a la puerta del aula donde estaban.

—Olvídese de eso, ministro, y tome el consejo de Fudge, no cometa los mismos errores que él —dijo Dumbledore, la voz apagándose a medida que se alejaba.

Cuando dejaron de escuchar las pisadas se decidieron a salir del aula en silencio. En sus oídos retumbaba la conversación que habían escuchado.

Malfoy miró a Hermione.

—Volvamos a la torre —más que una petición sonó como una orden pero Hermione tenía demasiadas cosas en el cerebro como para darse cuenta de eso, así que sólo se limitó a asentir con la cabeza.

—No pienses que voy a desistir de contarle a Dumbledore lo de anoche —dijo la castaña caminado detrás de Malfoy.

—Y no pienses que te voy a dejar hacerlo —respondió el rubio sin mirarla y caminando con las manos en los bolsillos.

Hermione sonrió aunque su mente era un completo caos, las palabras de Dumbledore daban vueltas en su cabeza.


—¿A Scrimgeour le preocupa de dónde viene? —preguntó Blaise mirando a su amigo en el aula de Encantamientos.

—Sí, eso fue lo que dijo —respondió Draco agitando su varita tratando de volver ilegible lo escrito en el pergamino que estaba en su mesa.

Les había contado a sus amigos lo que él y Granger habían escuchado en el pasillo esa mañana.

—Es un poco raro —murmuro Pansy agitando sin muchas ganas su varita sobre su propio pergamino.

—Sí, pienso lo mismo —dijo el rubio viendo como las letras de su pergamino intentaban moverse pero sin conseguirlo del todo.

—Por lo que vimos ella conoce bastante de criaturas tenebrosas —dijo Theo dando giros a su varita sobre su pergamino, todos vieron como las letras comenzaban a moverse como un remolino mientras el chico seguía moviendo la varita.

—Presumido —dijo Blaise quien no había logrado ni siquiera hacer temblar el pergamino.

—Así que el lugar de donde debe venir a estar plagado de ellas —siguió Theo, dejó de agitar su varita y las letras en el pergamino regresaron a su lugar—, si yo fuera el ministro también le temería.

—¿A qué te refieres? —preguntó Astoria mirando a su amigo.

—Para combatir criaturas tenebrosas hay que tener un conocimiento muy amplio de magia negra —respondió Theo estirándose en su silla—, por eso el ministro piensa que el Señor Tenebroso podría querer utilizarla para sus fines.

—Pero el Señor Tenebroso ya tiene suficientes conocimientos de magia negra —dijo Daphne—, ¿para qué querría hacerse con los conocimientos de Griffitts?.

—Exactamente —dijo Draco señalando a la gemela—, eso es lo que no me cuadra, dudo que Scrimgeour no sepa de los conocimientos del Señor Tenebroso, así que realmente no creo que sea a eso a lo que le tema.

—¿Y entonces a qué según tú? —preguntó Theo cruzando los brazos mientras miraba a su amigo con una ceja alzada.

—Precisamente al lugar de donde viene —dijo Pansy en un susurro dejando a Draco con la palabra en la boca, todos se voltearon a verla.

—¿Pansy? —preguntó Blaise quien era el que estaba sentado más cerca de ella.

La muchacha los miró.

—La he visto hacer cosas —dijo Pansy mirando sin ver a sus amigos perdida en sus recuerdos—, cosas que no he visto a ningún otro mago hacer —enfocó su mirada gris en Draco—, todas la mañanas… en los jardines…

Y luego se quedó callada perdida en sus pensamientos, Blaise miraba casi con miedo a su amiga.

—¿Pansy…? —pero antes de que pudiera continuar la campana que anunciaba el final de la clase sonó y la muchacha se levantó de su mesa con su mochila y pergaminos en mano y salió corriendo del aula.

Todos se quedaron en silencio tratando de entender lo poco que había dicho su amiga pero definitivamente no habían comprendido nada. Sin decir una palabra recogieron sus cosas y salieron del aula con sus demás compañeros.

—¿Nos van a enseñar magia negra en defensa? —preguntó repentinamente Crabbe que caminaba detrás del grupo.

Draco, Blaise y Theo dieron un suspiro mientras sonreía y Astoria miró a su corpulento amigo.

—¿En serio? ¿de todo lo que hablamos eso fue lo único que te quedó? —preguntó la rubia levantando una ceja.

Crabbe se encogió de hombros sin darle importancia.

—No Astoria —respondió Goyle sonriendo—, eso fue lo único que le interesó.

Y todos lanzaron una carcajada mientras seguían su camino por el pasillo.


"Es ciudadana inglesa desde su nacimiento", eso significaba que había nacido en Inglaterra pero era evidente que venía de otro lugar tomando en cuenta la ojeriza que le tenía el ministro, pero de dónde era la pregunta del millón.

Harry y Hermione pensaban en la conversación que ésta última había escuchado entre Dumbledore y Scrimgeour, esa misma mañana la chica había ido a la Sala Común de Gryffindor a contárselo a sus tres amigos, aunque claro al final del día sólo Harry y Hermione seguían con el cerebro hecho un caos mientras que Ginny y Ron habían decidido jugar una partida de ajedrez mágico.

—Y hay más como ella —dijo Hermione, aunque la realidad era que no veía nada fuera de lo común en la profesora Griffitts, no era como sí en plena luna llena se fuese a convertir en lobo o algo así.

—Más como ella —repitió Harry, pensativo—, eso suena tan absurdo. No creo que Dumbledore haya contratado a otro hombre lobo o alguna criatura por el estilo.

—Yo tampoco lo creo —dijo Hermione de acuerdo.

—Bueno, tomando en cuenta que quien-tu-sabe podría estar interesado en ella si descubre de donde viene probablemente sea de alguna escuela que práctica la magia tenebrosa —dijo Ron moviendo su alfil para proteger su rey—, como Durmstrang.

Hermione negó con la cabeza.

—No lo creo —dijo la chica pensativamente—, Voldemort sabe demasiado de magia oscura, mucho más de lo que cualquiera de esas escuelas enseñaría, además ella es hija de muggles y las escuelas que practican la magia tenebrosa abiertamente no los aceptan.

—¿De verdad? —preguntó Harry mirando a su amiga sorprendido.

—No creo que eso sea así —dijo Ginny moviendo su torre—, sino Victor Krum no se habría fijado en ti.

Hermione enrojeció furiosamente.

—Eso fue distinto —dijo la muchacha completamente abochornada—, nos conocimos aquí, no en su colegio, los hijo de muggles no son llamados a estudiar en Durmstrang, Victor simplemente no tenía las ideologías de su colegio sino la de sus padres.

Harry sonrió al ver la cara sonrojada y el bochorno de su amiga, se veía adorable.

—El punto es que todo gira en torno al lugar de donde viene —dijo el pelinegro—, un lugar cuyos habitantes intimidan al ministro y más importante a Dumbledore y realmente no estoy seguro de que eso sea algo bueno o algo malo.

—Lo realmente malo es que seguramente Voldemort ya debe estar investigando a Griffitts gracias al reportaje de Skeeter —dijo Ginny viendo como una de las jugadas de Ron derrumbaban su torre—. Que podría tratarse de cualquier cosa, bien podría ser un colegio como podría ser algún claustro, una secta o qué sé yo.

—Definitivamente es un colegio —dijo Hermione con seguridad, Harry la miró interrogativamente—, ¿recuerdas el primer día de clases que ella nos citó a Malfoy y a mí a su despacho? —Harry asintió—, bueno ese día además de descubrir que era hija de muggles también supe que ella era profesora en otro colegio, se lo pregunté cuando estaba por salir de su despacho pues cuando explicó lo de las clases particulares habló del programa de estudio que siempre usaba.

—Oh, lo que te hizo deducir que era profesora en otro colegio —completó Harry.

—Exacto —dijo Hermione asintiendo—, ella me confirmó que sí era profesora en otro colegio, pero no me dijo de qué colegio se trataba, sólo me dijo que estaba en América.

—¿América? —preguntó Ron abandonando por un momento su partida de ajedrez—, ¿por qué no nos dijiste eso antes?, podríamos investigar los colegios de magia de América y así saber de qué colegio viene Griffitts.

—Ron, ¿sabes siquiera las dimensiones geográficas del continente americano? —preguntó Ginny mirando a su hermano mientras hacía que uno de sus caballos pateara a una de las torres del pelirrojo, aprovechando por supuesto el despiste de su hermano—, deben haber decenas de colegios en América.

—En realidad no —dijo Hermione—, sólo hay cinco, uno en Alaska, otro en Salem, otro en Guatemala, otro en Brasil y el último en la Patagonia —enumeró contándolos con los dedos, sus tres amigos la miraron mudos—, sí, ya investigué y la profesora Griffitts puede ser de cualquiera de ellos.

—Wow! —dijo Ron mirándola asombrado—, realmente no sé porque me sorprende.

Hermione sonrió.

—Tú escuchaste decir al profesor Dumbledore que Griffitts es inglesa —dijo Harry—, por lo que si tomamos en cuenta el idioma debe ser o el colegio de Alaska o el de Salem.

—Según lo que leí, ninguno de esos dos colegios tiene nada de especial —respondió Hermione—, son iguales a Hogwarts, enseñan prácticamente lo mismo que aquí, si la profesora Griffitts viene de alguno de esos dos colegios no representaría nada interesante para Voldemort y el ministro no estaría tan preocupado, así que para mí quedan descartados.

—¿Y los otros tres? —preguntó Ginny dejando el tablero a un lado después de que Ron le hiciera jaque mate con su caballo.

—No investigué a fondo sobre esos pero he leído algunas cosas —respondió Hermione—, y si les soy sincera sólo hay un colegio que podría ser del interés de Voldemort.

—¿Cuál? —preguntó Harry.

—El colegio Amazonia —respondió Hermione.

—¿Por qué? ¿Qué enseñan ahí? —preguntó Ron interesado.

—No estoy segura —respondió Hermione sinceramente—, pero el colegio está ubicado en la selva amazónica, una de las zonas más antiguas del planeta.

Harry la miró con los ojos muy abiertos.

—Magia antigua —dijo en un susurro.

—No sólo magia antigua, Harry —respondió Hermione—, magia milenaria, probablemente ese sea el lugar donde aparecieron los primeros vestigios de magia del mundo.


—¿Se encuentra bien, profesor Snape? —preguntó la mujer mirando al pocionista.

En sus brazos sostenía varios libros que había sacado de la biblioteca e iba caminando por el pasillo cuando se topó con el hombre.

Snape la miró de mala manera.

—Perfectamente —respondió dándole la espalda para alejarse, aunque era evidente que estaba sufriendo un fuerte dolor pues se apoyaba de la pared del pasillo con una de sus manos.

—¿Está seguro? —preguntó nuevamente la mujer sin dejar de mirarlo.

Snape explotó.

—¡¿Quién se cree que es para…?! —exclamó el hombre mientras se giraba enfurecido pero el brusco movimiento le mandó una oleada de dolor más fuerte a su pierna afectada.

Ella lo vio palidecer y buscar con su mano la pared para sostenerse, sin embargo eso no iba a impedir que cayera al suelo estrepitosamente por lo que dejando caer los libros que llevaba en sus brazos corrió hacia a él para sostenerlo.

A pesar de lo que pudiera parecer debido a su delgadez, Snape era tremendamente pesado para ella, así que como pudo sacó su varita y usando uno de los libros caídos lo transfiguró en un banquito. Dejando caer la varita al suelo lo tomó con ambas manos para hacer que se sentara sobre el banquito y ella pudo enderezarse para verlo mejor.

Snape tenía los ojos cerrados y el entrecejo fruncido, estaba mortalmente pálido y sudaba frio mientras se agarraba con fuerza la pierna izquierda, no se quejaba pero era evidente que le dolía horrores.

Ella convocó su varita con su mano y haciendo una floritura hizo aparecer un paño húmedo en el aire, lo tomó y comenzó a pasárselo al hombre por el rostro, limpiándole el sudor.

—¿Qué fue lo que le hicieron? —preguntó la mujer pero Snape estaba demasiado aturdido por el dolor como para responderle.

Ella se enfocó nuevamente en la pierna que se agarraba tan fuertemente, la tenía rígida como si los músculos estuvieran agarrotados y seguramente eso era precisamente lo que sucedía, era como alguna especie de maleficio que ocasionaba dolor, algo así como el cruciatus pero localizado en algún miembro específico del cuerpo.

Apuntando con su varita la pierna de Snape, pronunció un hechizo de relajación sobre ésta tratando de aliviar el dolor. Tuvo que aplicarlo varias veces hasta que vio como el rostro del profesor se relajaba y su respiración comenzaba a regularizarse.

Cuando estuvo segura que el hechizo había resultado, guardó su varita y caminó hacia los libros que había dejado caer, dejando a Snape sentado en el banquito.

—¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó el profesor con la voz entrecortada debido al reciente dolor que había tenido que padecer y mirando a la mujer recoger los libros.

—Un hechizo de relajación a los músculos —respondió la mujer apilando los libros en el suelo—, supongo que se trata de algún maleficio que agarrota los músculos y causa dolor extremo —miró al hombre—, es repetitivo, ¿me equivoco? —Snape no respondió pero su silencio le confirmó lo que sospechaba, se giró poniendo el último libro en la pila y se levantó para mirar al profesor—, el hechizo también lo es, cada vez que sienta dolor el hechizo se activará para relajar sus músculos.

Snape la miró por unos segundos, estaba de pie a un lado de la pila de libros que acababa de arreglar y le miraba.

—¿Y qué quiere?, ¿qué le agradezca? —preguntó el hombre con arrogancia.

La mujer negó con la cabeza.

—El banquito en el que está sentado es un libro transfigurado y realmente lo necesito —respondió tranquilamente.

Snape la miró sorprendido, ¿es qué esta mujer nunca se enojaba?. Movió la pierna sopesando el dolor, la sentía agarrotada pero bastante aliviada, se puso de pie dejando libre el banquito, sacó su varita y con un finite el banquito volvió a ser el libro.

Ella lo levitó hasta la pila de libros y luego levitó la pila de libros hasta sus brazos.

—Que tenga buenas noches, profesor Snape —dijo dándole la espalda, emprendiendo su caminata por el pasillo.

—¿Qué es eso que haces? —preguntó Snape repentinamente, ella se detuvo y se giró para mirarlo interrogativa—, ¿qué es eso que haces en las mañanas, Agatha?


Una lechuza parda aterrizó frente a su plato de hojuelas, la miró, llevaba una nota atada a la pata, apartó su plato y tomó la nota de la lechuza que inmediatamente extendió sus alas y emprendió el vuelo. Abrió la nota.

Buen día, Harry:

Me gustaría que vinieras a mi despacho hoy al finalizar las clases, quisiera aclarar algunos puntos contigo. Espero que tus estudios estén yendo bien. Atentamente,

Albus Dumbledore

PD.: Tengo plumas de azúcar de postre.

—Debe ser la contraseña —dijo Ron que había leído la nota por encima del hombro de Harry—, ¿crees que te seguirá dando clases particulares este año? —preguntó sentándose de nuevo en su asiento.

Harry se encogió de hombros.

—No lo sé la verdad —respondió el pelinegro sinceramente—. Pensé que ya había visto todos los recuerdos importantes.

—Probablemente ahora te enseñará a defenderte contra ya-sabes-quien —dijo Ron emocionado.

—No lo creo, Ron —repuso Hermione comiendo de su plato de frutas—. Pudo haberle enseñado esas cosas el año pasado y no lo hizo —bajó la voz—. Yo creo que debe tener algo que ver con los horrocruxes.

—¿Crees que haya encontrado otro? —preguntó Ginny preocupada.

Hermione se encogió de hombros.

—La verdad no sé pero nosotros también deberíamos ponernos a trabajar en eso —dijo la muchacha retomando su desayuno.

—Pero es que no sabemos de qué puedan tratarse —dijo Ron.

—Claro que lo sabemos, Ron —repuso Ginny mirando a su hermano—. O por lo menos algunos de ellos, lo que no sabemos es dónde se encuentran —miró a Harry—, crees que ya haya descifrado quién es R.A.B.?

—No tengo idea —respondió Harry—, pero es Dumbledore, seguramente ya lo hizo.


Ya había finalizado la jornada de clases, después de dejar sus libros en su habitación, Harry se dirigía a su cita con Dumbledore mientras pensaba en cómo conseguir más horrocruxes, realmente no había pensado en eso durante el verano. Después de lo que había presenciado en la Torre de Astronomía aquella noche, sinceramente ese tema había quedado arrinconado en algún lugar de su cerebro.

Y es que la verdad es que no les había contado todo a sus amigos porque el mismo Dumbledore le había hecho jurar que no contaría nada de lo que había visto. Esa era una escena que se repetía cada noche en sus sueños. Tres encapuchados rodeando a Dumbledore, tres varitas levantadas en su dirección, Snape y Malfoy agazapados en un rincón de la torre viendo aquella grotesca escena sin hacer nada, él inmovilizado debajo de la capa de invisibilidad cerca de la puerta de la torre viendo todo sin poder hacer nada, creyendo que iban a matar al anciano.

Un ritual en un idioma que no conocía, una especie de extraño baile, las varitas siendo agitadas, un hechizo directo al cuerpo del director, una luz blanca cegadora y él no supo de nada más. Cuando fue consciente de sí mismo lo primero que vio fueron los ojos azules de Dumbledore y su sonrisa casi imperceptible debajo de la abundante barba blanca, estaba vivo, fue lo primero que le vino a la mente cuando lo vio, lo segundo que vio fue su mano antes marchita totalmente sanada.

Dumbledore no le explicó nada aunque era evidente que lo que habían hecho los tres encapuchados era sanarlo de lo que sea que tenía en su mano, sólo le pidió casi le exigió que no dijera nada de lo que había visto en la torre a nadie, sólo le explicó lo que había sucedido con Malfoy durante todo el curso pasado y lo que tenía encomendado hacer, era lo único que estaba autorizado a contar pues ese verano el rubio tendría que permanecer escondido en Grimmauld Place junto a todos ellos.

Suspiró, sin darse cuenta había llegado a la gárgola que daba al despacho del director, dijo la contraseña y entró cuando la gárgola se retiró, subió la escalera de caracol y tocó la puerta de madera.

—Adelante —escuchó la voz del director desde adentro.

Al entrar vio a Albus Dumbledore sentado en su escritorio, a un lado del director se encontraba la profesora Griffitts, de pie a un lado de la ventana.

—Hola Harry, qué bueno que ya llegaste —dijo Albus Dumbledore sonriendo al muchacho—, por favor siéntate —agregó señalando la silla frente a su escritorio con su mano.

—Buenos días profesor —dijo Harry mirando al anciano y luego miró a la mujer—, profesora —para luego ir a sentarse donde le había indicado Dumbledore.

—Buenos días, señor Potter —respondió la profesora Griffitts mirando a su alumno.

—Harry, la profesora Griffitts tiene algo importante que decirte —dijo Dumbledore juntado la punta de sus dedos a la altura de su rostro.

Harry miró a su profesora, ella no le había quitado en ningún momento la mirada de encima y se mantenía rígida en su postura.

—Yo me retiro para que tengan más privacidad —dijo Dumbledore después de unos segundos levantándose de su silla.

Harry lo miró sin comprender, pero el director sólo sonrió y le guiño un ojo mientras pasaba por su lado tarareando una canción que Harry no había escuchado nunca y salió del despacho dejándolo sólo con la profesora Griffitts.

Pasaron algunos minutos sin que ninguno pronunciara palabra alguna y Harry comenzaba a sentirse incómodo ante la mirada escrutadora de Griffitts. Al igual que le pasaba con Dumbledore sentía que la mirada de la profesora eran como rayos X y que podían ver lo que pensaba sin necesidad de usar legeremancia, por lo que ya no sabía a donde mirar.

La profesora dio un suspiro y por el rabillo del ojo vio como colocaba sus manos a la espalda.

—Harry —el mencionado dio un respingo del susto al escuchar su nombre y miró a su profesora por primera vez desde hacía un buen rato—, Griffitts es mi apellido de casada —dijo la mujer acercándose al escritorio. Harry la miró sin comprender a que venía esa extraña confesión—, pero mi apellido de soltera es Evans —continuó la profesora—. Mi nombre completo de soltera era Agatha Evans y soy prima hermana de Liliam Evans, tu madre.


Si llegaste hasta aquí, te doy las gracias, si eres de los antiguos lectores, además te pido disculpas por la demora pero es que entre tantas cosas mi cerebro se bloqueó y me tranqué terminando este capítulo. Lo bueno es que tengo adelantado algunos capítulos posteriores aunque igual no prometo que vaya a publicar muy pronto el siguiente capitulo pero intentaré hacer lo que pueda.

too . late503: Yo también me emocioné escribiendo esa parte jejeje, y la idea era esa que quedarán con ganas de más, si fue así se logró el objetivo, no te preocupes más adelante vienen más cosas interesantes, no desesperes.

Naria Glonsporte: No veo porque no puedan ser buenos amigos entre ellos, eso no quiere decir que serán mejores personas con los demás, son Slytherin ese es precisamente el encanto de ellos, lo macabro que pueden llegar a ser, pero entre ellos pueden haber grandes amistades.

adrmil: Creo que respondí tu incognita, jejeje, pero hay más en la profesora Griffitts de lo que te imaginas y no es solamente el misterio que se desató a su alrededor, pero eso vendrá más adelante.

Bueno, destape una pequeña perlita en este capítulo, sí la profesora Griffitts vendría siendo algo así como tía segunda de Harry, más adelante aclararé otros puntos importantes de este tema en particular.

La escena de Snape y Griffitts la tomé prestada, con varias modificaciones, de la historia de Caeria, Pet Proyect, traducida por Rosi12, los que la hayan leído sabrán que escena me fusilé.

Espero les haya gustado el capitulo...

Besos...

gaby_scorpio