Los personajes son total propiedad de CLAMP. La historia me pertenece.

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Summary: Si te dieran la oportunidad de hacer de tu vida algo totalmente diferente… ¿Lo harías? Una búsqueda que comenzó como una aventura se transformará en el descubrimiento de la fantasía y de la psicodélica vida oculta en el mundo de Clow.


"Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Y no queráis más. Lo que pasa de ahí, es agobio, no alivio; apesadumbra en vez de levantar."

San Agustín

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Lo rodeaba la blancura, el espesor de la nieve que ocultaba el suelo bajo sus pies. Los finos copos bailaban formando diversos círculos erráticos por encima de él. La frialdad ya no era sólo de su decisión, ahora formaba parte de aquel bosque anónimo, de esa jaula nocturna que lo contenía. No había cielo, no había tierra, no existía elemento que guiase al camino correcto. Porque nevaba como si el mismísimo diablo supiera que un joven está en medio de una búsqueda, porque las copas de los árboles estaban tan lejos de su cabeza igual que una pesadilla tortuosa, porque el dolor físico parecía alcanzar al ápice del sentimental.

Shaoran Li se sostuvo temporalmente del tronco de un árbol. Había varias cosas que no sentía de su cuerpo desde que la tormenta de nieve lo siguió cuesta abajo, pero ahora las piernas se hallaban estancadas en signo de protesta. Sin embargo, el motor que lo impulsó a dejar su casa, kilómetros atrás, seguía bombeando. También su corazón, con algo de dificultad para hacer llegar la sangre a sus extremidades, pero en funcionamiento.

Cayó de rodillas en un intento de restablecerse. Como pudo, se acomodó de espaldas al tronco, apoyado de espaldas y respirando con dificultad cerró sus ojos. No estaba rendido, pero sí exhausto y muy dolorido. Por primera vez en su vida, el chino temió morir. Morir en soledad, de frío, lo encontrarían congelado y nunca sabrían quién fue y qué hacía a mitad de un bosque que no llevaba a ningún lugar. Lo asustó su propia tranquilidad al pensar aquello.

Sabía que seguía vivo por el aliento convertido en vaho flotando en el aire, aún quedaba calor dentro de él, a pesar de que el frío le calaba los huesos en niveles que nunca pudo concebir.

Lo sacudían temblores, pequeños espasmos que intentaban mantenerlo despierto y consciente. ¿Hace cuánto que no comía? Recordó que tenía una manzana, tres barritas energéticas y una botella de agua en su mochila. Hace días que no sentía hambre, pero sabía que alimentarse era fundamental para mantenerse de pie. Ya tendría tiempo de comer hasta hartarse cuando encontrara a Meiling.

Meiling.

Estúpida Meiling.

Abrió los ojos. Se llevó una mano a la cabeza, sacudió los copos acumulados en su cabello y se puso un gorro rojo de lana que guardaba en el bolsillo de su abrigo. El invierno no podía vencerlo, no era enemigo para él, sólo era un obstáculo más. Se alegró al ver que la nevada había cesado, le otorgaba más tiempo para recomponerse y seguir su errático pero seguro recorrido. Le motivaba estar bajo un techo ya que la ropa de abrigo le estaba molestando bastante, pesaba y le incomodaba. Shaoran dejó caer sus brazos a los costados, con los puños cerrados ejerció fuerza suficiente para ponerse de pie. Él seguía en el juego y no lo sacarían tan fácilmente.

El joven continuó así su caminata masoquista, bajo los ojos invisibles de los astros, deseando que alguna estrella se apiade de él y lo condujera por un sendero iluminado en una tierra donde no era dueño. En un lugar donde no era más que un espíritu viajero cargado con algo más que una responsabilidad. Shaoran Li era libre pero a la vez apresado por un objetivo. Valiente, pero asustado. Independiente, pero angustiado.

Era enviado en la búsqueda de su prima, quien para sorpresa de todos los Li escapó a quien sabe dónde y por qué motivo. No dejó pista ni mensaje alguno…o eso creían los mayores. Shaoran sabía que Meiling tomaría alguna clase de decisión tarde o temprano, mejor dicho, de forma inevitable. Conocía mucho a la joven como para no darse cuenta cuánto detestaba las políticas tomadas y la vida en casa. Las normas y el dogmatismo establecidos le asqueaban. Meiling quería tomar otro camino en su propia formación como persona, si bien aún no sabía con seguridad qué haría el resto de su vida. Shaoran admiraba en secreto su rebeldía y su poder de decisión. Le molestaba lo testaruda que podía llegar a ser…pero al fin y al cabo, la quería. De una forma que nunca pudo corresponder.

Otro ingrediente más para que el joven de los Li se sintiera más culpable aún. Él pudo haber sido capaz de detener la huida…¿acaso eso es peor que haber sido el causal de tal decisión? Porque temía que aquella fuera una gota más del vaso que rebalsó. La perspectiva de suponer una Meiling dolida, atormentada por su culpa…lo enfermaba. La imaginó en su habitación, aquel cuarto que daba frente al floreado jardín posterior, armando un improvisado equipaje. Peinando su largo cabello, sin llorar, despidiéndose del lugar donde ella había crecido. A punto de enfrentar un mundo más cruel que del que había leído en los libros. ¿Creía ella que estaba preparada para aquello?

Lo que Shaoran no lograba conectar era el destino que su prima escogió. Porque antes de partir en su búsqueda debió de elegir por donde comenzar. La pregunta fue ¿eligió un destino fijo o lo fue armando a medida que las oportunidades se le presentaron? Entonces la figura de Meiling se le apareció en una estación de tren londinense, en un aeropuerto concurrido, caminando junto a unas vías infinitas en el oeste desierto, durmiendo en un motel abandonado…miles de imágenes se le cruzaron, fotogramas de la incertidumbre…Meiling varada en una ruta, pidiendo que la alcancen al pueblo más cercano, transeúnte de una ciudad gris, dormitando en un bus hacia ningún lugar…

El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido súbitamente. Shaoran, que había recuperado el ritmo de la caminata nuevamente, se ocultó tras un grueso pino cubierto de nieve. No estaba seguro que había sido, pero algún sentido primario de supervivencia le advirtió esconderse. Últimamente se sentía sensibilizado, lograba percibir más allá del campo visual y auditivo, casi en estado salvaje. En general nunca se equivocaba…y esta vez no fue la excepción.

Por la poca iluminación que provenía de la luna Shaoran en verdad creyó que lo que estaba viendo era un efecto extraño provocado de la combinación del frío y el bosque. Parpadeó varias veces incrédulo. Un cuerpo alto, delgado, cubierto por una túnica blanca y extensa, adornada con dibujos y ornamentos de alguna cultura perdida, se abría paso entre los árboles. El rostro se hallaba cubierto por una capucha puntiaguda…con orejas de conejo. Aquello lo hizo tambalear un poco. Lo misterioso de aquel personaje se perdía con ese detalle estrafalario. Dejó de observar atónito, preocupado por las pisadas en la nieve que lo delatarían.

Algo le dijo que no se moviera de su lugar. Otra vez, ese sentido natural apenas descubierto al comienzo de su viaje parecía hablarle. Obedeció en silencio ante la alarma. Efectivamente, la figura encapuchada pasó frente a sus ojos sin percatarse de su presencia. A partir de este punto, Shaoran podría seguirlo o continuar por otro rumbo. Dudó. Desde el principio nunca tuvo un plan, actuó bajo sus instintos, decidió no desviarse de su propósito de ninguna manera.

La realidad fue que trazó su recorrido de la forma más improvisada. Revisó lo obvio: pasajes de avión comprados a nombre de Meiling Li, boletos de bus, testigos casuales que con cautela fueron interrogados de forma que no sospechasen, pagos en otros mercados o transportistas. Nada surgió de estas investigaciones. Buscarla era estar en constante ceguera. Hasta que Shaoran aceptó el ofrecimiento de su madre.

Se sorprendió cavilando en sus recuerdos. No obstante, eso lo mantenía al corriente de sus reflexiones en algún modo. Ahora debía tomar una decisión, ya que la figura se alejaba con paso seguro.

Avanzó entre la naturaleza helada, hasta visualizar al conejo blanco y mantener una distancia prudencial. Éste seguía caminando como si diera un paseo en un campo primaveral. No alcanzó a ver su rostro oculto cuando pasó delante de él. Si bien durante todo este tiempo el bosque exhibía un silencio espectral, algunas aves y otras criaturas nocturnas emitían sonidos que ayudaban a silenciar los pasos en la espesa nieve.

- Por fin lo aceptas.

- No tengo opción, madre.

- "No hay opción", querrás decir.

- Sí.

- Es tu destino. Estas atado a el, quieras o no.

- Con todo respeto, dudo que funcione.

Pero lo hizo. Iaean Li hizo entrega del tablero mágico familiar. Shaoran, reacio a la creencia de tal naturaleza, rechazó aquel objeto desde que tiene memoria. La sangre mágica corría por sus venas, a pesar de su negativa. Quedó comprobado cuando el tablero encendió su luz emitiendo una singular ráfaga lumínica en una clara dirección. Ante el asombro general, la misión quedó destinada: Shaoran sería el nuevo portador del tablero, y lo emplearía en la búsqueda de su prima.

Porque se suponía que su prima tendría algo vestigio de magia. O eso confiaba. Sino, el tablero lo estaba conduciendo a un destino demasiado incierto. Podría estar llevándolo a su propia perdición, ¿quién sabe si se encontraría con un ser maléfico, algún hechicero perverso en zonas turbias de Japón? Aquel objeto mágico lo había traído hasta el país nipón, donde ahora Shaoran se preguntaba si estaba tras la pista correcta.

A medida que caminaba tras aquel ser misterioso el bosque se hacía menos frondoso. Los árboles escaseaban y corría el peligro de ser visto, por lo que tuvo que dejarle varios pasos de ventaja. A lo lejos llegó a ver un claro cuesta abajo, totalmente blanco, bañado por la luz de la luna. Pero a cada metro que se acercaba avistó algo bastante extraño.

¿Un pueblo? ¿Una concentración de pequeñas casas? El joven Li no podía prestarle suficiente atención, porque el conejo disminuía su velocidad y temía pisarle los talones. Ya podía ver el cielo estrellado, despejado por fin de los nubarrones invernales. El aire escaseaba en sus pulmones, pero no podía permitirse respirar agitado. Cualquier error podría llamar la atención de ese personaje, a menos que…

- Perfecta noche para un reencuentro. – susurró el conejo, perfectamente audible.

Mierda.

Shaoran se ocultó por completo tras el árbol más próximo, pero sabía que ya era tarde. ¿Desde hace cuánto tiempo el sujeto sabía que lo estaba espiando? Lo había traído hasta allí a propósito, sin lugar a dudas. Giró su cabeza a la derecha hasta encontrarse con una gafas y, tras ellas, unos ojos color miel que lo miraban de arriba a abajo. El muchacho se echó atrás del susto y cayó sobre la nieve, amortiguando su caída pero no el espanto causado por su perseguido.

Se recobró velozmente, a pesar de haber echo el ridículo frente a aquella persona, adoptando una pose defensiva, no se dejaría fiar. Sin embargo, el hombre de blanco río entretenido sin ofrecer ataque alguno. Shaoran no detectó en su risa un tono de burla, sino más bien de alguien avergonzado por su intromisión.

- Lo siento mucho, de verdad. Debería haberte llamado la atención antes de aparecerme frente a ti.

- ¿Quién eres? – demandó el chico.

- Claro, mejor me presento. Mi nombre es Yukito Tsukishiro. Estoy esperando a alguien. ¿Quieres acompañarme en la espera? La verdad es que tengo hambre, y estando solo podría ponerme de malhumor sin ninguna distracción. – otra vez, parecía avergonzado diciendo esto.

Le dedicó una sonrisa amable, y Shaoran no pudo decir que no, sin confiar por completo. Lo siguió metros adelante, donde finalmente el bosque terminaba pudiéndose observar el claro entero. . Se sentaron en la nieve, a esperar a quien sabe quién. Lo que allí vio lo dejó boquiabierto.

En la extensión del mismo, pequeñas luces de colores iluminaban lo que al parecer formaba un conjunto de carpas de todos los tamaños y formas. Algunas con rayas, otros con lunares, en total abarcaban alrededor de una manzana en el terreno (o eso llegó a calcular, probablemente podría ser más). Desde donde él se hallaba, llegó a identificar la carpa más grande y mejor iluminada. Parecía desprender una luz cálida. Alrededor, se sorprendió aún más al ver que gente estaba reunida en la entrada e ingresando lentamente en la misma.

- Está por empezar el espectáculo. ¡Siempre hay rezagados! – dijo el joven Yukito con un suspiro. – No sé tu nombre… ¡Pero qué despistado! Olvidé que tenía algo para comer antes de la cena.

Se acomodó las gafas que amenazaban por caerse, sacó del interior de su túnica un envoltorio trasparente, lo abrió y le ofreció a su acompañante unas galletas. El joven Li dudó por unos instantes, pero tomó una de pura cortesía. ¿Se estaba confiando mucho?

- Mi nombre es Shaoran Li. ¿Qué clase de espectáculo? – preguntó duramente.

- ¡Oh! Ya lo verás. Bueno, no como público, sino que después te explicaré….

La situación le crispaba los nervios. Todavía no entendía como podía sentarse tan tranquilo con un extraño extravagante, aceptaba su comida y charlaban sin problemas en medio de la nieve esperando a otro desconocido.

- …después de todo te estaban esperando. – el chino se atragantó con la galleta, el tal Yukito Tsukishiro sacó del bolsillo interno un reloj dorado y negó preocupado. – Ya debería estar aquí…

Shaoran se recuperó como pudo, ante la mirada preocupada del hombre, pero estaba por recibir el tercer susto de muerte por la noche. Sucedió demasiado rápido. Una sombra cayó (porque juraba que aquello había saltado sobre sus cabezas) frente a ellos, se puso de pie y enseñando una sonrisa curiosa se abalanzó a escasos centímetros del chico.

- ¿Quién es este, Tsukishiro? – preguntó una joven de largo cabello que casi le provoca un infarto.

- Te estuve esperando hace rato… ¡pero no pasa nada! – Yukito le ofreció una galleta, pero la chica le arrebató el paquete que sostenía en la otra mano y se llevó a la boca cerca de cinco.

- ¡No me vengas con eso! – dijo molesta señalándolo con un dedo acusador, difícilmente podía entenderse lo que decía con la comida en la boca. – Te pregunté quien era este chico tan lindo. – pidió guiñándole un ojo al chino.

- Él es Shaoran Li. – le explicó con paciencia – Joven Li, Nakuru Akizuki, acróbata del circo.

Pocas veces en su vida se le presentaron situaciones como éstas. Primero, que dos personajes tan singulares lo trataran en medio de un bosque. Segundo, que uno de ellos afirmara que lo esperaban, aun sin conocerlo. Tercero, que él mismo confiara en ellos, aún autocalificándose como el joven más receloso de China.

- Creo que se confunden con alguien más. – llegó a decir entre los comentarios de Nakuru sobre sus llegadas tarde y que Yukito debería saber de sus ocupaciones.

Ambos lo miraron a los ojos, joviales. No podía evitar pensar que llegado a este punto estaba en peor condición si decidiera interrogarlos…de una manera no pacífica. Dos contra uno. Y por alguna misteriosa razón no quería hacerlo.

- "Ver para creer", ¿eh? – dijo sarcástica la chica mirando a su amigo, quien se limitaba a sonreír amablemente. - Bueno, en ese caso…

Yukito se puso de pie, quitándose la capucha de conejo, descubriendo su cabello. Comenzaron a caminar cuesta abajo, en dirección a las carpas. Nakuru se dio vuelta y le hizo una señal para que lo siguiera. Shaoran se dio cuenta que la chica llevaba una túnica muy parecida a la de su compañero pero en color morado.

- ¡Vamos! ¡Tenemos más galletas! – lo llamó entre risas, como a un perro.

Ovaciones. Aplausos. Llegaban amortiguados por la distancia. Eso escuchó, y observó que la iluminación de la carpa cambió a un color escarlata. ¿Cuánta gente habría allí adentro? La luna llena parecía estar más brillante que hace unos instantes. Sin saber por qué, contrario a todo lo que haría en otro momento de su vida, Shaoran Li los siguió.


Nota de autora: Es difícil de explicar lo que me cuesta subir una historia, en especial porque no sé si será un fracaso o pasará desapercibida. Mientras tanto, seguiré armando este argumento, vale la pena arriesgarse ;). Ya de por si es bastante intrincado, ¿o no? ¡Cualquier duda será respondida! Las cosas se van a ir aclarando a medida que avance.

Nakuru y Yukito, combinación explosiva para el pobre Shaoran. ¿Qué pasará cuando lleguen? ¿Y por qué lo estaban esperando? Eso debe estar preguntándose, me lo juego (?). Cualquier pensamiento pueden dejarmelo en forma de review!

Saludos mágicos (?).