Los personajes son total propiedad de CLAMP. La historia me pertenece.

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Summary: Si te dieran la oportunidad de hacer de tu vida algo totalmente diferente… ¿Lo harías? Una búsqueda que comenzó como una aventura se transformará en el descubrimiento de la fantasía y de la psicodélica vida oculta en el mundo de Clow.

"Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero" - Antoine de Saint-Exupery.


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Sentado donde estaba, poco a poco se iba acostumbrando a los ruidos de su alrededor. Shaoran había despertado en el vagón de tren, aquel tren que los conduciría a un pequeño puerto de una de las costas del país nipón, para luego zarpar a quién sabe dónde. Su despertar, algo brusco debido al traqueteo sobre las vías, lo desorientó y hasta imaginó que seguía soñando.

Descubrió que alguien lo había tapado con un abrigo mientras dormía. A pesar del dolor punzante en la parte baja de su espalda debido a su posición rebuscada, no se movió ni un poco y estudió el vagón. Unos pocos baúles lo rodeaban, junto con unos contenedores más grandes, y a sus oídos le llegaban unas voces provenientes del otro lado.

Cerró los ojos. Dejó de apoyarse contra la pared del vagón para inclinarse hacia delante y taparse la cara con las manos. Si bien lo único latente en aquel momento era su dolor de espalda, los recuerdos y sensaciones afloraban como una película en alta velocidad. Imágenes, rostros…se agolpaban una tras otra en su cabeza para no dejarlo tan fácilmente.

Todavía le costaba relacionar un hecho con el otro, porque si bien ver a su prima en carne y hueso frente a él fue el equivalente a que le quitaran el suelo de sus pies, aún la sucesión de momentos que le sucedieron le eran confusos.

Recordaba haberse separado de ella en el instante en que advirtió la existencia del tiempo y espacio. Recordaba, además, vislumbrar los ojos relampagueantes de Meiling, porque ambos sabían estaban pensando lo mismo: nunca se habían abrazado, o mejor dicho, Shaoran nunca había llevado la iniciativa. Pero entonces, ¿por qué en ese momento? ¿Era la única forma de que le quede claro cuánto la había estado buscando? ¿Valía más que mil palabras de explicación?

Aun así, no podía dejar de admitir que el enojo afloró en él apenas sus miradas se encontraron. Tuvo ganas de gritarle, de agarrarla por los hombros y decirle todo lo que pensaba de ella y su estúpida decisión de huir. Que le parecía cobarde, algo que no entraba en la concepción que tenía de su prima, porque no lo entendería jamás. No sólo se escapó de la familia Li…se alejó de Shaoran por su propia cuenta.

- ¡Eres un idiota, Yamazaki! – exclamó alguien.

El chino abrió los ojos sorprendido por el grito, pero enseguida captó varias risas y el tono burlón de esa voz. Se relajó bajo el abrigo, que lo tapaba hasta la nariz, queriendo estar en cualquier lugar menos en un vagón con un circo ambulante.

- Disculpa… - Shaoran levantó la vista y halló a un joven mirándolo sin disimulo –Eh, ¿quieres una?

Le ofrecía una lata de cerveza.

- Estamos jugando póker para pasar el tiempo…lo siento si te despertamos. Eres…la pareja de…

- Primo.

- Claro, primo de Meiling. – rió incómodo –Si quieres unirte, estas invitado. Soy Takashi Yamazaki.

- Shaoran Li.

Yamazaki se revolvió el pelo oscuro; sin saber que más agregar, dio media vuelta para volver con sus compañeros. Lo conocía, había cruzado con él unas palabras antes de abordar el viaje, pero no se habían presentado. Por supuesto que la mayoría de las palabras no habían salido de su boca, Shaoran se limitaba a asentir o negar según la ocasión.

La lata quedó a medio metro de él. Sintiéndose aún peor, se comportaba como un imbécil con los demás. Ni siquiera un agradecimiento para el chico, seguramente el responsable de que este cubierto con un abrigo.

Antes de quedar profundamente dormido en ese vagón, los sucesos se le presentaron con velocidad. Meiling le había propuesto que la acompañase, sin explicación alguna, en ese viaje. Shaoran no la detuvo. No por el momento. La insistencia de su prima, por primera vez en un largo tiempo, lo convenció. Tenía que conocer el por qué de su elección. A nadie pareció importarle que un desconocido se incorporara en el grupo.

Todo es temporal. Todo es temporal.

Eso se repetía una y otra vez en su fuero interno, al tiempo que abría la lata con un rápido movimiento. Hablaría con Meiling, le diría que dejara sus estúpidos caprichos y volviera a casa. Donde estaría a salvo.

¿Y feliz?

Después de su encuentro no hablaron nada más. Se separaron, Shaoran ayudó a transportar las cargas a unas camionetas, que no tendrían más de veinte décadas de antigüedad, hasta la estación de tren más cercana. Esta actividad demoró varias horas, logrando terminar recién al amanecer de un nuevo día.

Además de idiota, mentiroso. ¡Olvídate de que juegue contigo la próxima vez! – más risas le siguieron al comentario.

Aún sin sentir el cansancio, transitaban en su mente recuerdos aleatorios de su infancia, los combinaba con sucesos recientes, con destellos de sueños y pesadillas pasadas, en un vaivén que hacía de conector inservible.

Bebía la cerveza a sorbos, inmerso en sus pensamientos, sintiendo nuevamente el cansancio de la falta de sueño. No dudaba que necesitaría una siesta antes de continuar, la cabeza le daba vueltas y la bebida no estaba ayudando.

Sin embargo, ya se encontraba de pie. Estiró las piernas, cargó al hombro el abrigo prestado y salió de su pequeño espacio hacia donde se escuchaban las voces. Encontró que tres muchachos jugaban al póker sobre una caja desvencijada, uno de ellos era Yamazaki, quien parecía llevarles mucha ventaja a los otros desconocidos.

Sonriendo con suficiencia, el por el momento ganador se giró hacia Shaoran, mientras que éste buscaba las palabras adecuadas para la situación.

- Gracias por esto. – dijo secamente, dejando el abrigo al lado de Yamazaki.

- No hay de qué. Te he visto tiritar mientras dormías, nuestra temperatura baja considerablemente cuando descansamos…incluso, si el clima lo amerita, uno podría llegar a morir del cambio brusco de temperatura. – le explicó al tiempo que le sonreía aún más a sus cartas.

- ¿Podrías dejar de mentir, aunque sea por un momento, y dejarme ganar? – gruñó su compañero.

Estallaron en más risas frente al desconcertado Shaoran. Éste seguía de pie, pero ante la insistencia de los muchachos, se sumó al grupo al sentarse junto a ellos. El que había hablado se presentó como Ren, mientras que el segundo, más introvertido, se hacía llamar Shun.

- Así que…de China. – dijo Ren, levantando las espesas cejas con intriga.

- Nuestro próximo destino. – continuó Yamazaki, mostrando su juego de póker, y llevándose las fichas gastadas nuevamente.

Shaoran sabía muy bien que podría aprovechar ese detalle. Llegar a sus tierras, hacer entrar en razón a Meiling, devolverla a donde pertenece. Sabía cuan testaruda era, rozando el límite de capricho injustificado, pero no tenía opción alguna. No veía la conexión entre vagabundear con un circo y lo que pretendía su prima de ello. Podría llegar a ser excéntrica, sin embargo tomar esa decisión…

¿Cuánto nos llevará llegar a la estación? – Shaoran no podía ocultar su tosquedad y el evidente rechazo a querer hablar demasiado.

Los aludidos se encogieron de hombros mientras daban vuelta tres cartas sobre la mesa improvisada. Shun levantó la vista y habló unas pocas palabras.

- En un par de horas llegaremos seguro…

Tenía profundas ganas de hablar con alguien que supiera más detalles de todo aquello. Los muchachos parecían estar resignados en ese vagón de tren con destino incierto; quién sabe las historias que escondían, sus deseos, sus miedos… Vidas echadas a transitar kilómetros, erráticas, dependiendo de… ¿Dependiendo de qué?

Hasta el momento todas las personas, salvando diferencias, no parecían corrientes. Algo escondían en común, especialmente la cabeza de todo el grupo... ¿En qué se beneficiaban? El tal Eriol parecía mandar y ocultaba algo, de eso seguro.

Sus compañeros retomaron una charla sobre unas reglas modificadas de su juego, porque al parecer Yamazaki no las estaba siguiendo como correspondía.

Shaoran desvió su atención hacía otro punto. Podría estar incómodo, en un vagón de carga junto a unos muchachos desconocidos, rodeado de cajas y baúles andrajosos, pero no podía sino relajarse aunque sea por unos momentos y observar el nuevo día que podía vislumbrar desde el portón semi abierto. La luz del mediodía entraba sin filtros e iluminaba las figuras del interior. Al menos quedaban unas latas de cerveza para acompañar el viaje.

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Nota de autora: Hola! Sí, renací de mis quemadas cenizas D: Pude desempolvar el fic recién estos días. Volví de mis vacaciones y recibí la computadora arreglada con los archivos que tenía. En fin, tarde o temprano volví con una mini continuación de la historia. Lamentablemente (o no) los capítulos se me van a hacer más cortos sino no voy a poder actualizar seguido, y claro todo depende de la inspiración u.u

Ojalá tenga algún lector perdonador de la pecaminosa autora. Cualquier opinión, insulto o amor (se acepta urgente (?) puede dejarse en review y estaré muy agradecida en continuar el fic!

¡Saludos!