Los personajes son total propiedad de CLAMP. La historia me pertenece.

-.-.-

Summary: Si te dieran la oportunidad de hacer de tu vida algo totalmente diferente… ¿Lo harías? Una búsqueda que comenzó como una aventura se transformará en el descubrimiento de la fantasía y de la psicodélica vida oculta en el mundo de Clow.

Pobre de aquel que necesita del espejo del mundo para poder verse.

~·oOo·~

Disfrutaba muchísimo la brisa refrescante después de haber sido encerrada en el espantoso vagón de carga. Si bien había estado en compañía de su grupo, el tiempo de viaje pareció alargarse al ritmo que sus cavilaciones daban vueltas dentro de su mente. Sintiéndose demasiado aturdida, demasiado pensante, se alejó del grupo subiéndose al techo del vagón.

Aunque sean un par de metros de altura sobre el suelo la perspectiva de las cosas se veían diferentes.

Su aliento cálido producía un vaho hipnótico. Recordó a su amiga Nakuru, semanas atrás, mientras charlaban entre risotadas durante la medianoche, un poco afectadas del alcohol. Ella producía volutas de humo mientras fumaba, lo curioso eran los colores que producía. Todavía era un misterio para Meiling cómo Nakuru proyectaba esas formas. Había algo mágico…como en todo en ese circo. No se comparaba a su vaho corriente y humano.

Una vez más la joven tuvo la extraña sensación de no estar en su lugar. Desencajada, como una pieza de rompecabezas de otro juego. Pero no era lo mismo que sentía estando en su lugar natal. Éste llegaba a ser ahogante, incluso asfixiante. Porque para Meiling no era un mero acto de rebeldía, no era una escapada de tinte adolescente, no era nada subconsciente y digno de psicoanálisis.

Para Meiling significaba libertad.

Desde que la acogieron bajo su protección, ser una pieza que no encajaba era especial. Esa era la diferencia primordial, lo que marcaría un antes y después en su vida. Ya no se estaba bajo doctrinas, separaciones o diferenciaciones de cargo. Sólo era Meiling Li. Compañera de tantos otros seres únicos e iguales, variantes y notables. Ellos eran la ambigüedad hecha circo ambulante.

El silbato que zumbó la señal de continuar haciéndola sacudir la cabeza. Como era de costumbre, tuvo unas enormes ganas de entrenar su repertorio con Kinomoto, aquella niña japonesa de envidiable habilidad acrobática. Con humor solía considerarla su rival, para darle emoción a sus actos, que varias veces eran coreografiados de esa manera: un enfrentamiento en plena altura.

Sin embargo, reprimió ese deseo de lanzarse con una doble mortal hacía delante desde el vagón en movimiento, y se conformó con bajar desde las escalerillas aún cuando no iniciaba el trayecto. Meiling detestaba su vagón: sucio, repleto de cajones, sin una mínima comodidad. Estaba acompañada por algunas amigas, incluida Kinomoto, pero detestaba viajar kilómetros en esas condiciones.

Se detuvo a observar la larga fila del tren de carga, un transporte que desde ese día ascendía al primer puesto de los peores de su vida. Los que habían bajado a estirar las piernas ya subían nuevamente, saltando los rieles y soltando bufidos de resignación.

Sintió que la temperatura había bajado desde que salió al exterior. Estiró los dedos lentamente. Sus manos estaban protegidas por guantes rojos de lana (un amable regalo de bienvenida de sus colegas), pero decidió quitárselos para confirmar su teoría. Su piel parecía traslucir unas venas y ramificaciones ocultas. El silbato comenzó a sonar más fuerte y prologando.

¿Por qué le costaba tanto formar algún pensamiento sobre Shaoran? Quería estar con él, deseaba compartir la vida que por fin había encontrado como propia, lo quería…Su insistencia impulsiva de que quedase, esas palabras que se le escaparon de los labios antes de poder pensar hicieron confirmar la idea.

Aún así, no se arrepentía. Shaoran estaba en aquel tren, con intenciones obvias de hacerla volver a su hogar, sin entender todavía que su hogar era este…pero con ella al fin. Meiling preveía ese tira y afloja que el futuro le presentaría, esa clara de necesidad de estar con él pero no abandonar la nueva libertad. La pura contradicción del deseo ambiguo hecha realidad.

Se puso los guantes cuando no resistió el frío mucho más. Extrañaba el verano, en realidad. Quizá se deba a los recuerdos de su niñez, cuando no existía presión alguna. De niña podía respirar el aire acostada sobre la hierba recién mojada por los jardineros, cuando creció era infantil y mal visto por sus mayores. Por otro lado, recordaba que Shaoran disfrutaba más del invierno, inclusive de los crudos días helados, estudiando o entrenando dentro de la casa. Siempre opuestos.

Comenzó a caminar arrastrando los pies hasta que una voz la detuvo en seco.

- Un poco más de retraso y quedas en la estación.

Aquellos ojos azules, pensaba Meiling, tenían algo que no sabía describir. Tenía la teoría que al mirarlos directamente, Eriol podía leer sus pensamientos. Sonaba absurdo y nunca se había animado a comentárselo a sus amigos. La brisa pareció convertirse en un viento moderado, pero la joven no se estremeció.

- Este lugar no está tan mal.

Si Meiling tendría que escoger algún lugar para pasar la noche fuera, decididamente no sería ese. La estación pertenecía a un pueblo inhóspito, triste y que al parecer era invierno todo el año.

Eriol Hiragizawa sonrió.

- Siempre positiva. Te vi pensativa, y temí que estuvieras desanimada. El viaje es algo lúgubre.

- Podría ser peor. – Meiling sabía que su preocupación no residía en eso realmente. Así era Eriol: poseía, entre otras capacidades, el poder de hablar en código.

El silbato dio una última llamada. La joven Li saludó con un gesto para dirigirse al tren, pero este ya comenzaba su marcha con lentitud progresiva. Corriendo alcanzó a ponerse al lado de su vagón, dentro divisó a sus acompañantes riendo mientras iban al borde a ayudarla. Logró incorporarse junto a ellas cuando saltó y la tomaron de sus brazos, por poco perdía uno de sus guantes.

Se sentaron riendo, el tren ya marchaba a su velocidad normal, por lo que cerraron el portón para protegerse del frío.

- ¡Por poco te perdemos! – decía Sakura al tiempo que le alcanzaba un vaso de chocolate caliente humeante que llevaba en un termo.

- ¿Y dejarte todo el protagonismo? Ni muerta, Kinomoto. – replicó Meiling con un guiño.

~·oOo·~

Nota de autora: ¡Buenas! En plena época de Mundial de fútbol vengo a actualizar (¡por fin!). Otro capítulo más bien corto, pero va haciendo de puente en este viajecito que van haciendo.

¿Qué les pareció? ¿Eriol esconderá algún interés secreto? Hay algo raro en ese (?).

Por cualquier cosa, dejen un review y estará más que agradecido. Todavía falta más acción y aparición de personajes (¿notan alguna ausencia en especial? Sí que sí).

Saludos mágicos ;)