Los personajes son total propiedad de CLAMP. La historia me pertenece.

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Si te dieran la oportunidad de hacer de tu vida algo totalmente diferente… ¿Lo harías? Una búsqueda que comenzó como una aventura se transformará en el descubrimiento de la fantasía y de la psicodélica vida oculta en el mundo de Clow.

Childhood living is easy to do
The things that you wanted I bought them for you
Graceless lady you know who I am
You know I can't let you slide through my hands

Wild Horses

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Los ojos de mi madre.

- Niña, deja ya de llorar.

La pequeña gimoteaba entre sollozos, como solía ocurrirles a los infantes angustiados por una preocupación. Las lágrimas le corrían por el rosado rostro, imitando una carrera velozmente mortal, para acabar en el precipicio del mentón. Lo único más fuerte que el lloriqueo era la lluvia que inundaba calles y veredas en Tomoeda. La tormenta hacía competencia, los truenos callaban a la niña, y los relámpagos cegaban más su visión, más aún que sus lágrimas.

- Por favor. – le rogaba el muchacho, unos años mayor que ella.

- No puedo.

El chico abandonó su paraguas. Lo dejó sobre una hamaca cercana, y protegió su bolsa de alimentos recién comprados bajo el refugio de la niña llorosa. A continuación, a pesar de que estaba ya bastante alto, se metió bajo el pingüino - tobogán.

Las manos de mi madre.

- ¿Qué sucedió? ¿Dónde vives? Una pequeña no puede estar tan lejos de su casa.

Un mechón húmedo le tapó el ojo derecho unos segundos. La pequeña lo miró. Era pelo grisáceo, ¡qué chico extraño!

- La extraño mucho. – susurró Sakura, distraída con el cabello de su acompañante no pudo evitar expresar lo que la abatía.

- A tu madre, ¿verdad?

¿Cómo lo sabía?

Sakura, sabía que vendrías desde que te conocí.

...

El traqueteo la despertó. No como las películas, dónde el personaje se despierta de un salto, agitado, crispado. Ella se despertó con toda paz, llena hasta el borde de descanso. Realmente, pensó, jamás se había avivado del sueño tan descansada. Dejó escapar un largo suspiro, queriendo abandonar los recuerdos del sueño. Muy en el fondo sabía que lo recordaría, igual que recuerda cada visión mientras duerme, cada detalle que lo conformaba, incluso diálogos y expresiones. Porque, al fin y al cabo, eran sueños de sus recuerdos. El pasado que volvía, y por alguna razón misteriosa, no podía saber la razón.

Algo le corrió por la mejilla. Se llevó la mano al rostro, sorprendida en la penumbra, y sintió su dedo índice algo húmedo. Sakura no lloraba, algo andaba mal. Había dejado el pasado, y con él cualquier sentimiento de lástima hacía ella misma.

Otra vez mojado. Una gota repetitiva era la culpable. Sonrió algo avergonzada de sí misma.

Dejé de sentir, pero no puedo dejar de recordar.

Sakura Kinomoto vivió en la misma casa, en el mismo barrio, en la misma escuela, en la misma cultura, en la misma rutina. Niña despierta, muchacha promedio, adolescente común. Una más del montón, se describiría ante los desconocidos. No era fácil destapar tantos años de cordialidad y automatismo. Realmente, Sakura amaba a todos en su familia y amigos, pero cuando sintió el llamado el sentido común se desdobló, fundiéndose con un calor interior.

Una noche de luna llena…

- Sakura… ¿qué haces? – la voz somnolienta de una de sus acompañantes interrumpió sus cavilaciones.

Kinomoto estaba en cuchillas, con el brazo estirado, intentando llegar al sitio de la pequeña fuga de agua. Al parecer estaba haciendo ruido… no todos tenían el sueño pesado que la caracterizaba.

- Perdón, Chiharu… está goteando el techo del vagón y… ¡Aquí… está! – la encontró.

¡Sí, ahí estaba la maldita! Se estiró aún más para alcanzarla con la palma de la mano, ya de pie, necesitaría cinta adhesiva y…

Traqueteo. Sakura se sacudió hacía delante, aterrizó de lleno sobre las cajas acomodadas contra la pared sin poder hallar punto de apoyo ante la mirada atónita de Chiharu, que sin poder ver enteramente el aterrizaje forzoso, logró imaginarse la cadencia del acto de su amiga. Las demás despertaron, una luz tenue se prendió, y las risas compensaron la torpeza.

- ¡Kinomoto, pareces una obra de arte! – gritó Meiling ahogada en unas carcajadas.

- A-ayuda… - el pedido de piedad de la castaña sólo provocaron más burlas.

Realmente parecía una obra postmoderna de arte, o quizá una expresión dadaísta, digna de un Marcel Duchamp actual; cubierta de telas, plumas y accesorios ridículos de circo, se levantó con lágrimas de risa olvidando por un momento su sueño. Sakura contaba con ellas, pase lo que pase, tal vez incluso si decidía volver. O tal vez no, aún así retornar no era su deseo, sino su último recurso.

Hasta que la muerte nos separe.

De acuerdo, retornar a su vida en Tomoeda era su recurso en caso que la muerte la devolviera a la vida, en forma de zombie circense. Quitándose del cabello las plumas teñidas de alguna inocente paloma pensó en el sacrificio más dificultoso que el cambio le había costado. Aquella pérdida que le pasó factura con horas de llanto, ansiedad y pensamientos turbulentos durante un largo tiempo. La soledad del día y noche, mientras intentaba adaptarse a una comunidad de locos y desquiciados, entrenando en solitario a la luz de la luna y la intemperie, pasando prueba tras prueba frente a los juiciosos ojos de Eriol…y sólo en aquellos momentos de superación pensaba en Tomoyo.

A su mejor amiga le escribió una única carta de despedida, rogándole el favor de que no se la enseñe a nadie. Ni familia, ni conocidos, ni autoridades policiales. Una vez leída, quemar. Su desaparición del pueblo que la vio crecer debía ser absoluta, sin pruebas, sin llevar un solo objeto que delate. Sakura no sabía si Tomoyo logró cumplir el pedido, pero sabía con seguridad que no se quedaría de brazos cruzados. La intentaría buscar, tal vez durante un tiempo indeterminado, hasta darse por vencida y hacer la feliz vida que merecía.

Había pasado un tiempo desde el escape, no se interesó en contar días, las semanas pasaron, los meses volaron y perdió la cuenta de su ingreso a la comunidad. Sabía que tenía 22 años, que su cuerpo sufrió los cambios de un entrenamiento pesado, pero sobretodo sentía que se completaba poco a poco.

- ¿…tus neuronas están en orden? – Meiling Li le daba golpecitos en la cabeza.

- Uh…sí. Todo es culpa de la fuga de agua, esas gotas me estaban molestando. ¡No me mires así…! De acuerdo, perdón por el dulce despertar… estaba por amanecer de todas formas.

Sakura señaló unas fisuras en la pared del vagón (que dejaban entrar bastante frío, por desgracia). Unas luces blanquecinas se escurrían anunciando un nuevo día. La chica se frotó los ojos con energía. Aquel sería un buen día para todos: el viaje de tren frío-sucio-incómodo llegaba a su fin.

- ¡Por fin! – soltó de repente Sakura.

- El viaje en sí no acaba… - corrigió Naoko con tono lúgubre, mientras se colocaba sus lentes.

Kinomoto se encogió de hombros, tapándose con su manta. Acobijada allí, en compañía de las muchachas, sentía que podía enfrentar cualquier viaje que se dispusiera.

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- Señora, con su permiso…

La habitación dotada de un excelente gusto minimalista se encontraba iluminada por el sol, anunciante de una vigorosa primavera. Los primeros calores, muy tenues, llenaban de esperanza a cualquiera que sufrió el invierno sin poder salir a realizar actividades. Aquel sol, llenó de blanco la impoluta mesa que servía de centro. Parecía una postal de la simetría misma, un homenaje al equilibrio. El guiño primaveral no hacía sentir bien a la señorita Daidouji, al contrario, le dejaba un hueco en el pecho.

- Pase. – dijo fría como el invierno, aún de espaldas a la puerta.

- Tenemos algo que le podría interesar –. El hombre de traje carraspeó – Aquí… se lo dejo sobre la mesa.

Media vuelta y se retiró, cerrando la puerta con silencio. Un chasquido del cerrojo y Tomoyo se da la vuelta. Era una joven esbelta, naturalmente bella y elegante. Iluminada a contraluz, parecía una santa de visita por la Tierra. Rodeando la mesa, se preguntó cuánto tardaría en llegar la verdadera primavera, y con ella, la desazón.

Tomó el recorte de papel de periódico que su asistente le había dejado. Un periódico que no conocía, de pocos recursos al parecer, de tan sólo una tinta impresa. Databa de la semana pasada. No pudo llegar a leer el titular. El hueco en el pecho se desfiguró, la respiración se entrecortó, el corazón latió con ferocidad. La simetría se vio alterada por un recorte, gracias a la capacidad novata de alguien en la impresión barata y descuidada de un periódico anónimo.

- Sakura…

El sol no fue el único testigo: por la ventana ingresó la brisa, fría para recordar que el invierno no pensaba retirarse tan pronto, y le arrancó de las manos blancas el recorte. La fotografía publicitaria de un circo, una chica de sonrisa sensual y a la vez inocente invitaba a visitar el espectáculo.

- … te encontré.


Nota de autora: A veces la vida nos da vuelta vuelta la cabeza. También nos devuelve la manera de descargarnos cuando las cosas no andan del todo bien, como una soga antes de ahogarte. Volver a este fic me ayudó a vislumbrar una soga en medio del quilombo, hablando en criollo. Cuando terminé de escribir este capítulo empezó a sonar en mi playlist Para No Olvidar, de Los Rodriguez, muy bueno para musicalizarlo. Lol. Muy bonito.

Después de más de un año actualicé, siento el odio flotar en el aire (?). Pequeño capítulo, pero algo al fin.

Déjame un lindo review, críticas constructivas, teorías, detalles, todo será bienvenido y agradecido :)

¡Saludos!