Capitulo 2

Bella sintió su renacer cuando vio el brillante pelo negro de Alice visible entre la muchedumbre.

- ¡Bella! ¡Bella! – grito saludando con la mano- ¡aquí!

- Ya se, puedo verte-dijo entre risas Bella, tratando de callarla con una mano.- ¿Por qué tanto alboroto?

-¡mira! ¡Oh, ahí está Tanya Denalí!

- ¿La famosa actriz? – Bella dirigió una mirada curiosa hacia el andén-¿Dónde?

-¡Allí!- Alice chilló por la excitación-¡Mira! ¡Allí!

La mirada de Bella siguió la dirección del dedo de su amiga. Realmente era Tanya Denalí, confirmó con cierto interés. Debía haber venido a recibir a alguien a la llegada del tren. La actriz extendía los brazos para abrazar a un hombre alto de pelo broncíneo y de un atractivo y musculoso cuerpo.

- Y ese tipo debe ser el último novio- exclamo Alice, y añadió en éxtasis-: Es fabuloso

El tipo se retiro un poco y Bella vio su rostro. Jadeó por la sorpresa al comprender que el hombre que rodeaba con sus brazos a la hermosa actriz no era otro si no que el extraño que había besado.

Sus mejillas se sonrojaron un poco al recordar lo acontecido hace solo unos pocos instantes, pero sacudiendo la cabeza borró las ilusiones que se creaban en su mente.

El chico se giro y la quedó mirando con una sonrisa entre divertida y burlesca, pero tras unos segundos tomo la mano de la actriz y se dirigieron hacia la salida de la estación.

Eran las 6 de las mañana y Bella estaba realmente nerviosa, se vistió lo más recatada que pudo, con una falda sencilla, recta y negra hasta las rodillas y una blusa blanca con cuello alto y de manga larga, y sobre ella un bléiser negro que hacia juego con la falda y tenia sencillos bordados, dejando ver muy poca piel.

Se maquillo sencillamente y se hizo un moño apretado, que Alice amablemente lo denomino ''moño de vieja y totalmente pasado de moda''.

Salió muy anticipada, ya había escuchado que Edward Cullen era un ogro, que era un jefe increíblemente exigente, y ella deseaba obtener ese trabajo. Sabía que con solo tener en el curriculum un trabajo como ese, se le abrirían muchas puertas.

Llego al gran y moderno edificio y la recepcionista la guio hacia el último piso, donde se estaban realizando las entrevistas. Cuando entro se dio cuenta que la mayoría de las chicas que estaban ahí parecían cualquier cosa menos secretarias, vestían minifaldas, sensuales blusas con escote enorme y unos tacones gigantes.

Espero, y cuando la llamaron entro a la lujosa y gran oficina, donde unos ojos verdes la miraban expectantes.