ACLARACIONES: Ni Ao no Exorcist ni este fanfic son míos (ojalá lo fueran, digo). Yo sólo soy una humilde traductora.

+.+ Capítulo 2 : Sentimientos embotellados +.+

-03:32 PM. Academia de Vera Cruz. Japón

Aura nunca había sido buena en la escuela y, desgraciadamente, no parecía que esta vez fuera una excepción. Durante todas las clases, la única cosa que ella podía hacer era mirar, admirada, a cada estudiante del aula, solo porque a diferencia de ella, ellos sí eran capaces de entender lo que el profesor estaba diciendo. Para su alivio, sintió el tañido de las campanas, sonido que indicaba que la lección de ese día (que era Demonología) había llegado a su fin.

-Eso es todo por hoy – había dicho el profesor antes de salir de la sala de clases - ¡Y recuerden que tienen examen en unos pocos días! - Dicho eso, se fue, tal como los otros estudiantes.

-¿...O-Ocurre algo, Shimizu-san?- le preguntó Konekomaru, dándose cuenta de que mientras todos se iban yendo (incluso él, Ryuji y Renzou), ella seguía sentada allí, como si no se hubiera percatado de que la clase ya había terminado.

- Yo... no he entendido nada – admitió Aura, mientras apoyaba su cabeza en su escritorio. Ella había pensado que ser exorcista sería tan difícil como tirar agua bendita a los demonios y aprenderse un par de cosas de la Biblia. Odiaba admitirlo, pero claramente estaba equivocada - ¿Qué demonios es una Mahou, para empezar?

-Es "Mashou", Shimizu – corrigió Ryuji, molesto por la falta de conocimiento y atención de la chica. El significado de Mashou fue dicho en clases hacía apenas unos minutos atrás, así que era obvio que ella no había puesto atención - ¿Qué demonios haces en clases?

-B-Bueno...¿Qué es una Mashou, entonces?- dijo Aura, enfatizando la palabra en la que se había equivocado antes, y tratando de ocultar el hecho de que estaba avergonzada por no saber cosas que al parecer eran básicas para todos.

-Una Mashou es una herida o lesión causada por un demonio – dijo Konekomaru, usando la manera más fácil de explicarle. - Una vez que una persona es herida por un demonio, son capaces de verlos, así que básicamente todos los exorcistas han tenido que pasar por una – dijo con facilidad, cosa que la impresionó.

-¡W-Wow...! ¿Así que eso es? - dijo Aura, mientras sus ojos brillaban con admiración por el hecho de que todos los alumnos de esa clase parecían ser muy inteligentes. "Así que...es una herida causada por un demonio...Entonces...Puedes morir por una de ellas, ¿no?", reflexionó ella, sintiendo una sensación extraña. Su expresión facial cambió repentinamente de una alegre a una un tanto seria, un tanto triste, como si acabara de notar o recordar algo. En efecto, ella no podía evitar pensar en su inminente destino, el cual era la muerte. ¿Y si ella no era lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a ellos? ¿Y si no era capaz de convertirse en exorcista como todos los demás? ...¿Y si los demonios realmente la mataran? Todas estas preguntas resonaban en su mente, una y otra vez.

-Si, eso es. - dijo Ryuji, sin notar siquiera el cambio de ánimo de la muchacha. A diferencia de él, los otros dos sí lo notaron, por la única razón de que ella parecía demasiado obvia, o en otras palabras, alguien incapaz de embotellar sus sentimientos. - Será mejor que dejes de perder el tiempo en clases si de verdad quieres aprender algo.

-S-si...supongo que sí...¡Me voy, entonces! - dijo Aura, fingiendo alegría al final. Ambos, Konekomaru y Renzou, sabían que había algo que la aquejaba, pero ambos sabían, también, que no era una buena idea preguntar sobre eso. Después de todo, parecía que, fuera lo que fuere lo que la chica estaba pensando, era uno aquellos temas intocables. - ¡Nos vemos, chicos!

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-04:06 PM. Antiguo Dormitorio de Hombres. Academia de Vera Cruz. Japón.

En ese momento, lo único que quería hacer era ir a la residencia de estudiantes y dormir...dormir por horas.

-...El Antiguo dormitorio de hombres, ¿eh...? ¿Me veo como un hombre, o qué? - se quejó la chica albina, molesta, bajando la mirada hacia su propio cuerpo. No era muy desarrollada o bien dotada, pero aún así...¿Acaso Mephisto no podía escoger mejor lugar que un viejo dormitorio de HOMBRES abandonado? Estaba segura de que sí podía, pero sólo quería molestarla, tal y como todos los demonios que ella conocía.

-Bueno...o duermes aquí o duermes afuera.

-¿Eh? - repentinamente escuchó una voz que hizo que su corazón se detuviera por un segundo. No obstante, de a poco empezó a calmarse, concluyendo que si quisiese matarla, ya lo hubiera hecho.

-¿Qué estás haciendo aquí?- preguntó Rin luego de darse cuenta de que la chica albina estaba a punto de entrar al dormitorio donde residían él y su hermano gemelo. De alguna forma, no le sorprendía su presencia en ese lugar.

En lugar de responder, ella sólo le lanzó y una aguda e hiriente mirada.

-¡Oye! ¡Te hice una pregunta! - gritó el chico de cabello azul marinado, con un tono cargado de rabia.

Tal y como se esperaba, Aura sólo lo ignoró e intentó seguir su camino. Sin embargo, no pudo hacerlo, porque sintió un fuerte apretón en uno de sus brazos. Mientras ella luchaba por soltarse, él la forzaba a voltearse hacia él, agarrando sus hombros y clavando sus ojos en los de ella.

-¿Cuál es tu problema?- gritó finalmente.

"¡No actúes como si no lo supieras, idiota!", pensó Aura, no atreviéndose a decirlo en voz alta. Ella lo sabía. Todos los demonios querían matarla, y él sin duda era un demonio.

-¡Respóndeme, joder! - insistió, persuadiéndola con sus eléctricos ojos azules.

Empezaron a formarse lágrimas en los ojos de Aura, no porque se sintiera amenazada o asustada, sino porque se sentía culpable, porque cuando levantó la mirada para verlo a la cara, no vio los ojos de un demonio. Sus ojos se veían como los de alguien enfadado por haber sido maltratado, no los ojos de una criatura maligna que intentaba matarla.

-E-eso...

-¿¡Qué!?

-¡ESO DUELE, IDIOTA! - gritó desgarradoramente, con lágrimas rodando por las mejillas, lo que provocó que el chico suavizara el agarre con el que le tenía atrapados los hombros.

-¡A-Ah...! L...lo siento. - se disculpó Rin, sintiéndose un tanto culpable. Después de todo, él sabía que era mucho más fuerte que el resto, y temía que le hubiera hecho daño. No podía soportar que ella llorara, y para colmo, que llorara por algo que él había hecho. - ¡Oh, vamos! ¡No llores...!

-¡No estoy llorando, tonto!- gritó molesta, no dejando que terminara lo que iba a decir. Detestaba que estuviera allí, llorando. Después de todo, era demasiado orgullosa como para demostrar emociones como esa. - Suéltame, carajo... - dijo enfadada, mirando avergonzada hacia el suelo. Sin embargo, él no parecía escuchar sus palabras.- ¡Oye-!

-No me has respondido.- dijo Rin con simpleza, sujetando todavía los hombros.

-¿Y por qué debería-?

-¡Porque empiezas a hacerme enfadar, idiota!- dijo, respondiendo su pregunta. Ella, por otro lado, guardó silencio. Era como si la culpabilidad que sentía le impidiera hablar.

-¿...Por qué...?- comenzó, tratando de decir algo.

-¿"Por qué" qué?

La albina vaciló, pero luego de una corta pausa, finalmente se decidió a continuar.

-¿...Por qué escondes tu cola?- dijo finalmente, no mostrando emociones al decirlo.

Ante tal pregunta, el cuerpo de Rin se tensó. Aura no lo preguntó directamente, pero era obvio que la pregunta en realidad era "¿Por qué ocultas que eres un demonio?". No pasó mucho hasta que se empezara a preocupar de las cosas que pudieran pasar si otros supieran lo que él realmente era. Había experimentado el ser tratado como un demonio durante toda su niñez, y no era algo por lo que quisiera volver a pasar.

-¡O-Oye! ¡Tranquilízate!- dijo la albina al percatarse de lo tenso y nervioso que estaba el chico demonio. -¡N-No le diré a nadie! ¡Lo prometo!- prometiéndole aquello, trataba de disculparse por haberlo juzgado mal. Aún no lo conocía lo suficiente como para que se hicieran amigos, pero aún así, estaba segura de que era un buen sujeto. Era sólo una corazonada, pero estaba segura de que esa corazonada estaba en lo correcto.

Él no le respondió, pero sus ojos hablaron por él. ¿Cómo podía confiar en ella? No había mostrado ninguna señal de ser una persona agradable ni digna de confianza. Además, era capaz de saber dónde estaba al sentir una extraña atmósfera cuando estaba cerca de ella, y como si fuera poco, no podía entender cómo es que ella supo que no era humano. Todo en ella era...sospechoso.

-¿Qué...Qué eres?- preguntó finalmente, sin saber que aquella pregunta era como un puñetazo en el estómago para ella, quizá por la respuesta.

Aura sólo abrió la boca como si fuese a decir algo, pero luego, la cerró sin haber dicho nada. Luego, empezó a levantar lentamente su guadaña, cosa que alarmó al chico peli-azul marino.

-¡O-Oye! ¿¡Qué estás haciendo!?- gritó Rin al ver que la chica estaba levantando su guadaña.

Por un instante, pensó que iba a matarlo sin piedad, sin embargo, para su sorpresa, ella deslizó la palma de su mano contra el filo del arma haciéndose a sí misma una profunda herida. Lo siguiente que hizo fue mostrarle el corte que tenía en la palma, la cual empezó a desaparecer, sanando completamente sin dejar ningún rastro en cuestión de segundos.

-Supongo...que esto contesta tu pregunta. - dijo mientras hacía una pequeña mueca. Cuando él vio su expresión, no sabía decir si era alegre o triste. Era un hecho: a pesar de que ella no tuviera orejas puntiagudas, dientes afilados o una cola, claramente no era una chica humana. Era duro para ella admitirlo, pero no era diferente de las criaturas malignas que la estuvieron molestando a lo largo de los quince años de su vida. Ella sabía que era una mala persona... tratar mal a alguien como él sólo por ser un demonio, incluso cuando ella no era diferente de él. - L-Lo siento...- dijo Aura, sintiendo un nudo en la garganta. Luego, sólo apretó sus párpados, temiendo que no la fuera a perdonar. Tenía sobradas razones para no aceptar sus disculpas, después de todo.

Para su sorpresa, sintió un suave golpe en la cabeza, haciendo que sus ojos se abrieran de sorpresa (y dolor).

-Vaya idiota.- dijo Rin con una mueca, con su mano todavía reposando en la cabeza de Aura.

Aura no pudo evitar ponerse roja y hacer una meca torpe.- ¿¡Q-Qué!? ¡Tú eres el idiota, idiota! - dijo ella, hinchando sus mejillas de enojo y vergüenza.

A pesar de que él era un demonio, ya no se sentía amenazada, quizá porque se dio cuenta de que no era como los demás demonios que había conocido. Sin embargo, ella no sabía el hecho de que él no era cualquier demonio. Rin Okumura era el hijo de Satán, y muchos demonios lo llamaban Príncipe por su categoría.

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