Edward Cullen se hallaba en su despacho cuando Bella Swan llego puntualmente a la mañana siguiente. Había despertado con una emoción inexplicable…un deseo de saltar de la cama para iniciar el día.

- me agrada ver que es puntual señorita Swan.

Bella lucho contra el sonrojo que comenzaba a cubrir su pálida piel y dijo con fría eficiencia

- le he traído su correo- dijo mientras dejaba unas cartas sobre su escritorio.

- buena chica- el sol entraba cegador cuando el levanto la mirada y sonrió; una verdadera sonrisa que se profundizo en sus ojos verdes.

Se fue a su escritorio aun anonadada por la hermosura de su jefe, y ahí se dio cuenta del desorden. Las Actas no se encontraban, y aunque busco durante media hora no las encontró.

Se levanto y con un suspiro atravesó la puerta. El hablaba por teléfono y no podía ir lo que decía; sin embargo por el suave tono de voz que empleaba adivino que no era con un colega ''debe ser con su novia'' pensó irritada.

Su reloj marcaba las diez y media por lo que decidió irse a tomar un café para tranquilizar un poco sus nervios.

La cafetería estaba llena por lo que se fue a sentar a la mesa más apartada que estaba vacía.

Al poco rato llego una chica joven, con una sonrisa tímida y le pregunto si se podía sentar con ella ya que las demás mesas estaban abarrotadas. Conversaron un rato cosas banales, así supo que la chica se llamaba angula y era secretaria en Finanzas.

- creo que me tomare otra taza de té- dijo sonriendo- lo necesito para relajarme.

- si- respondió Bella poco entusiasta.

- especialmente cuando las cosas salen mal ¿no?- hizo un gesto- todo nuestro esfuerzo tirado por la borda

-¿has perdido algo en tu ordenador?- indago Bella, alerta.

- si, como todo el mundo

- ¿Cómo ha sucedido?

- al parecer hubo un accidente en el departamento de informática, quizá tu trabajo este guardado y salvado en la memoria universal y lo puedas extraer.

Bella emito un suspiro. Al menos, no era la única con problemas. Aunque eso o la podría salvar de Edward Cullen.

Se dirigió hacia su oficina y le llevo un café, quizás eso lo tranquilizaría un poco.

- Gracias- musito cuando Bella dejo la taza sobre su escritorio- ¿Cómo va todo?

- Me temo que hay un problema.

Brevemente Bella le explico lo sucedido. El no lanzo improperios en voz alta, pero Bella vio el movimiento de sus labios. Por un momento cerró los ojos como si no soportara mirarla, se enderezo y pregunto irritado:

- ¿Cuál es la posibilidad de que el trabajo se complete hoy?

- ninguna

Se levanto metiendo papeles a su maletín diciendo frases como ''aplazar reuniones'', ''reordenar mi agenda'' y se marcho del despacho. Se voltio y le dijo con voz dura

- haga lo que pueda, pase las llamadas a recepción, victoria tomara los mensajes.

Después de que su jefe se marcho Bella se sentó frente al ordenador y milagrosamente encontró un archivo con varias lista de documentos y aparecía uno con nombre ''Actas''.

Bella no lo podía creer, y feliz continuo trabajando en el archivo rescatado.

Decidió no traspasarle las llamadas a la recepcionista porque contestar el teléfono rompería la monotonía. No hubo muchas llamadas de interés; sin embargo cerca de las cuatro y media Tanya Denalí llamo y pidió que la pusiera de inmediato con Edward Cullen.

- lo siento pero el señor Cullen no está en la oficina.

- no juegue al dragón custodio. Si Edward está en una reunión o algo así solo sáquelo de ahí. Necesito hablar con el urgentemente.

- el señor Cullen no está en una reunión señorita Denalí, él salió fuera de la oficina.

-eso no me dice mucho- salto la actriz- ¿fuera, dónde?

- me temo que no lo sé- bella se mordió el labio- no lo dijo

- es nueva en el juego ¿verdad?- pregunto Tanya, despectiva- bueno, si esta es su mejor forma de actuar, no creo que vaya a durar mucho.

''si tu tuvieras algo que ver, probablemente no'' pensó bella.

- lo siento señorita Denalí, le diré al señor Cullen que llamo.

- sí, ¡hágalo!, si no se lo digo yo primero.

Su jefe entro media hora después, con el entrecejo fruncido, lo que claramente significaba problemas.

- una taza de café- pidió sin preámbulos.

Estaba sentado detrás del escritorio cuando ella regreso con una taza humeante, y observaba el archivo que contenía las actas completas con una expresión de asombro.

-¿ha terminado todo hoy?- pregunto cuando la chica puso la taza encima de sus relucientes escritorio- ¿Qué es usted señorita Swan? ¿Algún tipo de supermujer?

- desafortunadamente no, lo terminado porque la memoria universal apareció de forma mágica en mi pantalla y pude rescatar lo trabajado ayer.

El la observo con un gesto inexplicable, Bella examino la nota de recados.

-la señorita Denalí lo llamo

- lo sé- su tono de voz cambio, de nuevo estaba sombrío- me llamo hace un rato para informarme que usted ha sido de lo más inútil.

Bella se mordió el labio, su minuto de gloria había durado demasiado poco.

- no fue intencionado.

- ¿Por qué no paso las llamadas Vicky de recepción como le dije?

- no tenía sentido cuando yo podía atenderlas

- ese es el problema. Vicky estaba informada de mis movimientos y usted no. La próxima vez siga mis instrucciones y nos ahorrara a ambos muchos problemas.

- lo siento- pareció que siempre estaba disculpándose por algo, pensó, resentida.

La semana estuvo atestada, ni siquiera tuvo tiempo de revisar su correo.

El viernes el señor Cullen salió durante todo el día, cuando estaba en el último periodo de descanso Ángela le llevo un té y le recordó que le avisara al portero si se quedaba hasta tarde. Bella asintió sin detener el vuelo de sus dedos sobre el teclado.

- que tengas buen fin de semana Ang

- lo tendré gracias, ¿tú tienes algo que hacer?

- en realidad no- bella medito un rato- bueno si, mi compañera de piso conseguí entradas para ir a ver el estreno de la última película de Tanya Denalí

- ¿que no las ves suficiente aquí en la oficina?

- ese es el problema- contesto Bella con molestia

La actriz había llamado toda la semana, probablemente estaba en el descansó entre dos películas y luchaba con todas sus fuerza para mantener la atención de Edward Cullen... aunque no sabia porque eso le molestaba demasiado, pero estaba demasiado ocupada para buscar razones.

Mecanografió los últimos documentos y feliz se dispuso a marcharse. Pero cuando intento abrir la puerta esta estaba cerrada.

¿Fue Ángela la que le dijo algo del sistema de seguridad y el portero?

Ahora qué iba a hacer, se había quedado encerrada en la oficina. Un sentimiento de pánico empezó a surgir en su interior, pero lo deshecho con decisión. Quizás todavía hubiera alguien en el edificio. Levantó el auricular y marco esperando que alguien oyera pero nadie contesto.

No le quedo otra que llamar a la única persona que podía sacarla de ahí, su jefe. Sin embargo el teléfono sonaba apagado.

Usaría la lógica para examinar la situación. Lo peor que le podía pasar era quedarse ahí todo el fin de semana. Solo pensarlo era aterrador, pero sofoco el pánico.

Para apartar la mente de su situación se puso a trabajar, así tendría la mente ocupada. Debió quedarse dormida porque despertó asustada, con el corazón en la mano. Estaba en una habitación oscura y de pronto una figura dejo ver su silueta en el umbral. Ella grito y se puso de pie asustada.

Una voz de hombre, alarmada exclamo-

-¡que rayos…!

Una luz se encendió y Edward Cullen estaba ahí parado mirándola estupefacto.

- ¡Señorita Swan! ¿Qué demonios…?

- ¡oh, gracias a Dios! Pensé que nunca saldría de aquí.

Solo cuando el rescate había llegado se permitió sentir pánico y se puso a temblar incontrolablemente.

Edward Cullen la apretó y movió una mano consoladora por toda su espalda. La joven sentía la fuerza de él, el duro contorno de su cuerpo contra el suyo, la firmeza y ternura de sus brazos que la rodeaban y el temor empezó a desaparecer.

De pronto, se dio cuenta de lo que pasaba y empezó a desprenderse de él.

- por todos los cielos- declaro cuando ella todavía seguía temblando- cálmate y dime que estás haciendo aquí

- me quede encerrada.

- ¿siempre ha sido imposible hacer lo que se te dice?

-¿no se le permite a tu secretaria tener algo de espontaneidad?

- dentro de las reglas y de forma ocasional; pero si ella hace su trabajo de forma competente no debería…

- no me hables de competencia- replico Bella- supongo que no se te ocurrió hablarme sobre el sistema de seguridad. Si lo hubiese hecho nada de esto hubiera ocurrido.

El la sacudió con violencia y entonces, sin advertencia, la tomo entre sus brazos e incrusto sus labios sobre los de ella mientras retenía su esbelto cuerpo con fuerza.

Tomada por sorpresa la chica trato de resistir, pero era inútil. No se trataba de James Bronte, débil y fláccido, sino de un hombre duro como una piedra, contra quien era imposible luchar. Si él quería, podía… sintió indicios del viejo temor.

Un gemido de de miedo surgió en su garganta y casi de inmediato la cabeza masculina se levanto y libero sus labios.

- por favor- susurró Bella. Suéltame.

La respiración de Edward era rápida, su rostro estaba ligeramente sonrojado y en los ojos verdes no había indicios de remordimiento, únicamente ira.

-¿Qué ha en ti, pequeña, que me vuelves…?- con furia la retiro de su lado.

El temor de Bella fue remplazado por una ira que igualaba la de él.

- así que ahora soy yo la culpable de que actúes como bestia- le retó- ¿Por qué os hombres siempre le echan la culpa a las mujeres? Que si no son las faldas cortas, son el sweater ajustado, simples errores de juicio que cualquier persona razonable podría entender.

- no sé que tienen que ver ni las faldas ni los sweaters y tu error no fue razonable- sus ojos verdes llameaban; sus dedos asían con tanta fuerza los pequeños brazos que le hacían daño- fue una simple y maldita obstinación. Tu simplemente no pueden obedecer la más sencilla…

-¿obstinación? – Repitió Bella- por supuesto que sería así como tú lo verías. Tu, arrogante, irrazonable, testarudo…-se quedo sin aliento y sin adjetivos para describirlo- no podrías reconocer la responsabilidad aunque te golpeara, ni el deseo de…

En el calor de su furia pudo controlarse ¿Qué trataba de decirle? Que ella estaba llena de deseo de ¿qué? ¿De impresionarlo, de complacerlo? ¿Por qué? Cuando él era todo lo que ella despreciaba…

¿Y porque temblaba, porque el corazón le ardía igual que su rostro? ¿Y porque le permitía tomarla de nuevo entre sus brazos con suavidad en esta ocasión, apretar su cabeza contra su pecho y pronunciar su nombre con tono desesperado?

- Bella, pequeña tonta ¿Qué voy a hacer contigo?

La chica, con el rostro contra su camisa, no podía darle respuesta. Toda tensión y humillación de los meses pasados se habían unido en un gran nudo en su pechos, contra sus ojos…sintió que tenía que ceder… ¡pero no con él!

Se retiro y con mano temblorosa busco en bolsillo un pañuelo y no lo encontró. El saco el suyo inmaculadamente doblado del bolsillo superior se lo dio

-ten, usa este.

La joven lo tomo y se sonó ruidosamente mirando el piso, mientras él se dirigía a su despacho a buscar unos papeles y darle tiempo para que Bella se tranquilizara.

Bella lo observaba, sintiendo un temblor en respuesta a ese fuerte magnetismo animal, tan potente y natural.

Él camino de nuevo hacia ella y sus ojos verdes ahora mostraban impaciencia.

-¿nunca voy a poder hacerte entender lo que quiero decir? A menos que estés dispuesta a escuchar, nunca vamos a llevarnos bien.

-quizás te gustaría que te presentara mi renuncia

-¡oh, eso sería maravilloso! Y entonces ¿Qué haría yo? ¿Perder más tiempo en busca de alguien que ocupe tu puesto?

-¿no sería mejor que tener que aceptar a alguien que simplemente no puede hacerlo bien?

- podrías hacerlo bien si quisieras- señalo mirándola

-quiero hacerlo y lo intente con tantas ganas…

Sus ojos se encontraron; los de ella, nublados por la incertidumbre; los de él, profundos, buscando algo que parecía eludirlo, y entonces profirió una maldición.

- es hora de que te vayas a casa porque has tenido una experiencia desagradable- su expresión era indescifrable- quizás no sea ni el lugar ni el momento para un motín.

Ella inhalo y empezó a sentirse más ella misma

- vamos, terminemos con el motín.

El rio; y bella lo miro sonriendo y sus aterciopelados ojos oscuros aun seguían nublados por las lagrimas reprimidas.

Edward Cullen gimió como si sufriera un tormento y de pronto la beso de nuevo. Sus largos dedos se deslizaron por el moño de su pelo, apartándolo para acariciar la sensible piel de su nuca.

Ahora en Bella no había resistencia ni temor. Su mente luchaba contra la rendición ¿Por qué le permitía hacer eso? ¿No se había prometido mantenerse al margen?

Gimió e hizo un débil esfuerzo por retirarse, pero él el abrazo con fuerza y sus labios se volvió firmes y exigentes.

El quito las manos de su cuello y la envolvió con sus brazos hasta que sintió el tenso cuerpo de ella arquearse contra él. Entonces sus manos empezaron a acariciarle la cintura, la espalda, el tórax; los largos dedos rozaban ligeramente los costados de sus senos, sin tocarla nunca, pero llenándola del calor de la anticipación.

Sus manos se movieron hacia la espalda y acariciaron la suave curva de su trasero, haciéndola darse cuenta de la fuerza de su excitación que se apretaba contra su estomago. Un pequeño jadeo salió de ella, y por un momento, el vacilo.

Bella sintió la disminución de la fuerza con la que sostenía con una inexplicable sensación de desesperación. El la había llevado hasta el borde de algo muy diferente a lo que ella había experimentado. Seria cruel que ahora la hiciera retroceder.

El se separo de ella y se dio la vuelta

-vamos- avanzo lentamente hacia la puerta del despacho- salgamos de aquí, te llevare a tu casa.

La realidad golpeo Bella y surgió el disgusto por ella misma. Y no había forma de que pudiera viajar a su casa con él en la intimidad de su coche. Apenas sabia como iba a enfrentarse a él de nuevo en la oficina, por lo que declaro tensa

- no hay necesidad de que me lleve a casa. Los autobuses pasan con frecuencia y no tendré que esperar mucho.

- no esperaras nada- replico imperioso- pretendo dejarte a salvo en la puerta de tu casa- y cuando ella abrió la boca para protestar el levanto la mirada con fuerza- no acepto replicas.

Fueron hacia el subterráneo del edificio donde Edward tenía su auto, un resplandeciente volvo plateado. Se subieron a él y Bella se pudo dar cuenta que el interior del auto tenía su aroma y cerró los ojos… respirando su olor.

Fue un alivio cuando llegaron y Bella le dijo apresuradamente.

- aquí está bien- le indico un espacio para que se estacionara- en realidad no tenias que tomarte la molestia, muchas gracias.

- no hay problema- miraba con curiosidad por la ventana- ¿esta es tu casa?

- sí, le pertenece a un amiga y lo compartimos.

-ah…ya veo-dijo mirándola con curiosidad- ¿está tu amiga en casa?

-probablemente

-bien-de pronto pareció distante y fría-recuérdame que el lunes te de las combinaciones del sistema de seguridad.

A salvo en la casa se preparo una taza de té para intentar tranquilizarse…la dejo en la mesa para que se enfriara mientras pensaba. Quizás debía renunciar solo para salvar su orgullo, ya lo decidiría el lunes cuando se enfrentara de nuevo con él.