Hey!
Gracias a todos, gracias por sus impresiones sobre esta historia, la verdad que cada vez que leo sus comentarios me sonrojo y me siento muy halagada de que me acompañen en una nueva travesía por el mundo fanfiction. Espero que este nuevo capitulo sea de su agrado, nuestra pareja comenzará a vivir nuevas experiencias intensas, sabrán las reacciones despues de esa noche de Marzo, verán consecuencias que serán muy importantes dentro de la trama, así que atentos a las reacciones y todo eso ;)

Un beso enorme y gracias de nuevo por estar conmigo... BUEN VIAJE!!

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Harry no previó que ese recuerdo consumiría el resto del aliento residente en sus pulmones por lo que luchó para volver a respirar. Apretó sus manos entrelazadas volviendo de súbito a esa sala de espera tan molesta. Miró a su costado y en la silla más cercana había un emparedado junto con un refresco que de seguro había sido insistencia de Luna. Sin embargo, no tenía hambre y tenía la impresión que dejaría de tenerlo por mucho tiempo. Aquella última noche de marzo, había hecho el amor con todas sus letras, había roto los límites de una amistad sólida y no supo si alegrarse o entristecerse por ello. Nada de lo que estaban viviendo hubiese ocurrido si su sentido común lo hubiera auxiliado en el minuto justo. No culpaba a Hermione, no se sentía con el derecho de hacerlo, sólo se culpaba a sí mismo y su inmenso descuido de no haber prevenido las obvias consecuencias.

-No se ha querido mover de allí…- el ojiverde oyó una voz familiar a lo lejos. Sabía que estaban hablando de él y alzó un poco la mirada. Luna hablaba con Ginny Weasley a pocos pasos de distancia- Insiste en que todo ha sido culpa suya.

-Pero ella es una mujer adulta, sabía que no debía...

-Se lo he dicho y no escucha a nadie… Harry parece simplemente un envase vacío…

III. Abril (seis meses antes) – Secreta intimidad

Luego de esa noche apasionada, Harry abandonó la cama de Hermione besándola en la frente muy despacio para no despertarla. Había sido una velada alucinante, verla dormir tan cerca de él era algo completamente indescriptible, pero no podía negar el miedo que lo azotaba al no tener idea de lo que pasaría entre ellos a partir de entonces. Temía perder su amistad, temía que todo lo hermoso que les costó forjar se fuera por el drenaje de las malas decisiones. Pensó en Ron, en el evidente amor que aún sentía por la castaña, en la confianza depositada en él para cuidarla y se maldijo lo mal amigo que había sido. Se duchó y vistió sin querer mirar su rostro en el espejo.

El bullicio en el Ministerio aumentaba todos los primeros de mes. Aquello muchas veces molestaba al moreno y se apresuraba para llegar a la tranquilidad de su despacho en el Cuartel General de Aurores; pero esa mañana lo agradeció, fue la única forma de poder dejar de pensar tanta estupidez. Se sentó en su escritorio volteando una fotografía antigua del trío sobre él. No tenía el corazón para mirarla ni mucho menos para sentirse vigilado por esos niños que alguna vez habían sido. Todo se había complicado y frotó sus ojos como un iluso intento de encontrar respuestas.

-Potter…- lo llamó un colega desde la puerta de su oficina interrumpiendo su sutil agonía- Ha llegado correspondencia para ti. Las lechuzas dejaron algunas en la recepción del Cuartel.

-Gracias- contestó el ojiverde, recibiéndole el sobre por encima del escritorio.

Otra vez esa letra desgarbada, esa caligrafía casi infantil que caracterizaba a Ron y al leer sus entrañas se apretujaron de golpe. Esa carta parecía más amenazadora que una bomba de nitroglicerina entre las manos. Harry inhaló hondo, sabiendo que después de ojearla se sentiría todavía peor por faltarle el respeto a la amistad…

"Harry,

No sé si te has enterado, pero Inglaterra pasó a Cuartos de Final,

Por lo tanto, estamos eufóricos por este logro y ansiosos por obtener la Copa.

Me he tomado un momento para escribirte y saber cómo van las cosas en

Grimmauld Place. Pronto volveré para que me cuentes todo lo que me he perdido.

Has sido un gran apoyo durante estas duras semanas, amigo… tal vez no sea

Lo indicado pero trata de recordarle a Hermione que la sigo amando a pesar de todo.

Cuídala mucho y tú también. Nos vemos el próximo mes.

Ron"

El moreno no pudo más que soltar una breve risa perversa por la situación. "¿Que le cuente todo lo que se ha perdido?", repitió internamente y se sacudió de morbosidad al imaginarse contándole que había tenido sexo con Hermione en la cama que le había brindado para que viviera con él el tiempo que quisiera. Si supiera la cercana relación que estaban manteniendo… Ron se caería de espaldas, pero no sin antes estrellarle el puño en medio del rostro. Dobló la carta cuidadosamente y la guardó, al igual que la anterior, en lo más recóndito de su bolsillo…

En la tranquilidad de Grimmauld Place, Hermione despertó estirando cada músculo de su cuerpo. Miró hacia su costado hallando sólo el espacio vacío que había dejado el moreno al levantarse y una leve decepción la embargó. La muchacha se sentó mirando a su alrededor como si aún estuviese sumergida en un sueño placentero. Una sonrisa surcó sus labios al recordar lo obvio y se incorporó sintiéndose renovada, tranquila. No se arrepentía de lo sucedido, de hecho deseó que pasara, sólo estaba ansiosa por saber qué tanto afectaría lo ocurrido en su antes fraternal convivencia. Un estremecimiento arañó cada poro de su piel. No pudo dejar de temer ante la idea de la cena eventual, porque estaba claro que todo sería diferente, intimidante e incluso excitante al momento de comer juntos como cada noche de la semana, eso no tenía por qué acabar, seguían viviendo juntos; pero la vergüenza y la incertidumbre serían invitadas obligatorias en esa mesa provocando que Hermione se sacudiera de nerviosismo.

-¿Se encuentra bien, señorita Granger?- le preguntó un Auror al verla taciturna.

-Sí, todo está bien, gracias- se apuró en contestar.

La castaña se había dirigido al cuarto de retención en donde confinaban a su cliente Ian McAlister bajo sus órdenes de traslado. En el trayecto de la mansión al Ministerio, Hermione no logró dejar esos asuntos personales en casa, ni siquiera supo cómo ni cuándo llegó hasta allí. Esos asuntos la siguieron como una estela distrayéndola de sus quehaceres como pasó semanas atrás con Ron. Por eso mismo, la voz del Auror la volvió a la realidad de golpe. Se obligó a poner mayor atención a sus actos, controlar su expectación y dejar tranquilo el portafolio entre sus manos inquietas.

Cuando el joven mago entró a la habitación custodiado por dos Aurores, se veía igual de demacrado que la primera vez que lo vio. La joven sentía simpatía por él deseando dar lo mejor de sí para ayudarlo. Aún daban vueltas por su cabeza las palabras que le dijo: "La cámara en la que me encontraron es mía… por lo tanto, soy inocente". Tragó saliva dificultosamente debido a la estrechez que se produjo en su traquea. Ian McAlister tomó asiento de la misma forma que Hermione esperaba. Como si arrojara su peso sobre la silla y quedara inerte sin expresión. No la miró en ningún instante. La castaña les asintió a los oficiales en silencio y éstos volvieron sobre sus pasos para dejarlos solos.

-¿Cómo estás, Ian?- como era de suponer, el chico no contestó. Sólo miraba las esposas relucientes que ataban sus jóvenes manos - ¿Aún no deseas conversar conmigo?- Nada. Ninguna palabra que compensara la endurecida pausa. Hermione suspiró mirándolo atentamente- ¿Quieres contarme bien sobre lo de la cámara?

-¿De qué sirve? No me cree de todas formas- dijo sin previo aviso sonando despectivo.

-¿Cómo esperas que te crea si no me quieres hablar?- con esa pregunta, la muchacha logró su cometido. Ian la miró de otra manera. Tensó la línea de sus labios mostrándose desprovisto de objeciones- Si crees que alguien puede representarte mejor que yo, sólo dilo y me marcho- Nuevamente, el silencio fue el vocabulario del aludido. Hermione empujó su silla hacia atrás para ponerse de pie y salir del cuarto, fastidiada. No estaba en posición de rogarle a nadie.

-Espere…- la detuvo McAlister con los hombros encorvados y a media voz- No se vaya, por favor…

La castaña volvió sentarse lentamente sin quitarle la vista de encima. Fue en ese momento en que el joven hizo contacto visual más de cinco segundos. Hermione supo que era un gran avance y abrió su portafolio para extraer los documentos y fotografías que tenían relación directa con el caso. Ian no tardó en coger algunas para verlas de cerca. Por la torción de sus gestos, la abogada supo que la impotencia lo embargaba poco a poco. No quiso interrumpir sus observaciones porque se esbozaba una seriedad casi temible en la sombra de su ceño. El muchacho paseó sus ojos oscuros por las imágenes para luego negar en silencio. La calma que reinaba en el cuarto de retención era casi tangible. Hermione estaba segura que con sólo un estornudo espontáneo, ambos se sobresaltarían como si hubiese sido una explosión cercana. El joven McAlister compensó la falta de palabras.

-Yo adquirí esa cámara en Gringotts hace unos meses.

-Pero por lo que he investigado, hay mucho dinero en ella- intervino Hermione, revisando las copias de las cuentas bancarias- ¿Cómo es posible que tengas esa exuberante cantidad a tus dieciocho años? ¿Es una herencia?

-Algo así- dijo descuidado- Mi padre es un político bien acomodado en Londres. El dinero no es impedimento para nuestra familia. Cuando cumplí mi mayoría de edad, él y mi madre, me entregaron el poder total de mi cuenta muggle en el cual ellos depositaban mes a mes para mi futuro. Entonces, yo lo invertí en Galleons en el banco de Gringotts para…

-… tu futuro en la comunidad mágica- completó la castaña e Ian asintió con su cabeza, satisfecho por la comprensión inmediata. Hermione continuó- No entiendo por qué alguien querría perjudicarte. No tienes enemigos ¿o sí?

-No, es sólo ambición… hay mucho dinero invertido allí- respondió el joven, encogiéndose de hombros - ¿Y qué mejor que culpar a un chico hijo de muggles? Saben que borrando el archivo que dice que esa cámara es mía y modificando cualquier detalle de la memoria de mis padres y algunos empleados, puedo irme directamente a Azkaban sin creerme en lo absoluto… Gringotts es implacable a la hora de enjuiciar a un supuesto asaltante.

Hermione lo sabía. En su corta carrera en Aplicación de la Ley Mágica, la chica tuvo muchos ladrones de banco qué procesar. Sabía que los duendes eran crueles y no escuchaban razones ni excusas. No obstante, estaba parada en un margen distinto, ahora ella defendía al acusado… más encima sería en contra de los argumentos venenosos de Mafalda Weasley. Era un caso bastante complicado, pero estaba dispuesta a dar la pelea.

La puerta del cuarto se abrió para dejar entrar a una pareja de Aurores que venían por Ian McAlister. Hermione no había advertido en el corto tiempo que disponían y lamentó que hubiese acabado tan abruptamente. Tomó las fotografías sobre la mesa y los documentos para guardarlos. Sin embargo, la mano de su cliente la cogió por la muñeca deteniendo su labor tajantemente. Ella lo miró y notó que fruncía el entrecejo como si tratase de entender una compleja fórmula matemática. Ian alzó una de las fotografías de la cámara a la altura de su nariz y la acercó para mirarla mejor.

-Esa silla antigua que está en el rincón derecho no es mía.

-¿Estás seguro?- preguntó Hermione mirando donde señalaba. Entre varios objetos, ordenados en distintas repisas y sobre el suelo, descansaba una silla vieja como parte de las pertenencias. A la joven no le pareció nada extraño ni fuera de lugar- Estas imágenes fueron hechas para tener conocimiento de la escena del crimen. Nada fue movido de allí.

-Pues alguien lo hizo, porque sé muy bien lo que tengo en esa cámara.

-El tiempo terminó, señorita Granger- dijo uno de los Aurores impacientes, apurando a McAlister por el brazo y llevándolo cansinamente hasta la salida…

¿Qué tenía ese detalle de importante? Tal vez dejó esa silla allí y no lo recuerda… tal vez era una antigüedad valiosa olvidándose por completo de ella… existían muchas posibilidades como para mirarla de forma sospechosa, pero su sexto sentido le decía que no lo obviara así como así y guardó esa fotografía en particular, separada de las demás. Cuando estaba reacomodando los papeles en el interior del portafolio rumbo a su despacho, no se dio cuenta que al virar en una esquina otra persona venía por la misma dirección estrellándose de frente. Los papeles cayeron al piso desordenadamente. Hermione alzó la mirada y para su mala suerte, reparó que no era cualquier individuo. Resopló molesta al tiempo que se agachaba para recoger el tiradero.

-¿Acaso no sabes poner atención en el camino?- le espetó Mafalda con su displicente entonación.

-¿Y tú no sabes ser cortés y ayudarme?- la aludida sonrió revelando burla en cada una de sus facciones. Se quedó de pie cruzándose de brazos.

-Así que tú eres la defensora de ese tal McAlister- comentó como si hablara de una película recién vista- Debes estar muy decepcionada de defender una causa perdida- la castaña terminó de guardar todo de nuevo y se incorporó para medirla con la mirada.

-¿Causa perdida?

-No creerás que es inocente ¿verdad?- rebatió con cierta sorpresa en su voz. Hermione apretó las mandíbulas- Lo han atrapado in fraganti en la cámara, con las manos en la masa... ¿Qué mejor prueba que ésa? Creo que será un juicio rápido, sin muchos preámbulos ni deliberaciones… a menos que quieras hacer un trato.

-¿Qué tipo de trato?

-Evitamos la tediosa burocracia de ir ante un juez y lo solucionamos entre nosotras- propuso mientras sonreía soberbiamente- Te ofrezco cuatro años en Azkaban y libertad condicional los fines de semana.

-¿Estás loca?- replicó la castaña sin medir el tono- ¿Cuatro años por un crimen que ni siquiera sabes si cometió?

-No me interesa- dijo de la forma más fría que su dulce voz pudo adoptar- Piénsalo, es una forma de evitar que el chico vaya a la cárcel de por vida. Sabes que los duendes son de lo peor- Hermione se estremeció del miedo. Sintió como si toneladas de responsabilidad se sumaran sobre sus hombros. No quiso demostrar en su rostro el malestar que invadía su interior por lo que alzó el mentón mostrando un aplomo forzado. De pronto, Mafalda cambió su mirada a una más penetrante y cambió de tema- Supe que mi primo Ronnie y tú terminaron.

-No es un asunto que hable en el trabajo- la joven Weasley reparó que dio en un punto sensible. Insistió.

-¿En dónde estás alojando ahora? Tía Molly me dijo que la que se fue del apartamento fuiste tú- Hermione trató con todas sus fuerzas de no cambiar la expresión en su ceño. Acarició la idea de atacarla con un par de hechizos bien fundados. Respiró hondo y acomodó el portafolio entre sus manos.

-Me alojo en Grimmauld Place con Harry… - al decir su nombre, la castaña no pudo evitar darse cuenta que su estómago subió y bajó en una fracción de segundo- él siempre ha estado cuando lo necesito. Ahora bien, debo irme… - añadió, dispuesta a reanudar su camino. Se detuvo un momento para voltear sin miramientos- Será mejor que te preocupes de vivir tu vida, al parecer Molly y tú necesitan enfocar su pasatiempo en otras personas para distraerse de su aburrida rutina…- y con esto, se internó a lo largo del pasillo a paso ligero…

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Qué laborioso y complicado fue cruzar el umbral de la mansión de Grimmauld Place. Harry apretaba el pómulo de la puerta con excesiva fuerza comprendiendo que estaba demasiado nervioso de ver a su mejor amiga. Entró paso a paso, colgó su abrigo en el perchero, dejó su maletín en el sofá y suspiró como si fuese rumbo a la guillotina. En ese momento, el placentero aroma de la cena lo acarició de manera agradable calmando su angustia. Todo parecía familiar de nuevo, acogedor… simplemente su hogar. Sonrió unos segundos agradeciendo aquel lapsus de tregua. El tramo entre el recibidor y la cocina no fue lo suficientemente extenso para bajar el rubor de sus mejillas pero aún así no se detuvo. Al llegar a la puerta, se contuvo en el límite del umbral viendo a Hermione sumida en las labores culinarias que tanto la absorbían. Estaba amasando algo sobre la mesa de las alacenas y supo que no advirtió su llegada. Harry quiso retroceder pero ya era tarde, la joven volteó para mirarlo sobresaltada.

-¡Por Merlín! ¡Me asustaste!- exclamó impetuosa.

-Lo siento, no era mi intención- ella le dedicó una mirada cálida que proporcionó un poco de aire en ese tenso ambiente.

-Espero que tengas hambre, la cena está casi lista- Harry asintió y entró de lleno en la cocina caminando despacio alrededor de la mesa.

Observó de reojo los ondulados cabellos de su amiga recogidos por la varita con desorden. Mientras que Hermione amasaba delicadamente, sus cadejos castaños intentaban escaparse del improvisado peinado y acariciar su cuello con las puntas. Esos detalles fueron insoportablemente irresistibles para el moreno y apretó sus ojos de pronto. Debía ordenar su cabeza y pensar bien las cosas, acudir a la escurridiza razón que parecía de vacaciones durante ese corto tiempo. Tocó la nueva carta de Ron en el bolsillo de su pantalón tratando de obtener fuerzas, de absorber sus palabras y tatuarlas en su pecho con fuego. No debía poner en riesgo la amistad de ellos tres. Lo que había pasado no podía repetirse. "Has sido un gran apoyo durante estas duras semanas, amigo… trata de recordarle a Hermione que la sigo amando a pesar de todo", eso fue un golpe directo y certero que lo dejó aturdido luego de acabar la carta. Imaginó que su pelirrojo camarada estaba al tanto de ese desliz aprovechando la ocasión para burlarse con ironías, como una mala broma de su parte. No podía sino confundirse mucho más de lo que ya estaba.

La joven, por otro lado, sentía la mirada del ojiverde sobre ella y amasaba con mayor brusquedad como una niña embodada. Qué incómoda situación era aquella… ¿Y si siempre sería así? ¿La incomodidad había llegado para quedarse definitivamente?... Esa hipótesis abrió un agujero en el centro de su estómago y apretó la masa entre sus manos. No quería perder a Harry como había perdido a Ron, no podía ni imaginarlo… eso le asustaba tanto que estaba convencida que el pulso se le detendría en las venas… ¿Pero qué hacer? ¿Aparentar como si nada hubiese pasado? ¿Como si nunca hubiese gemido desesperada ni acariciado ese cuerpo tan excitante? Negó casi imperceptiblemente. Sin embargo, quería tenerlo nuevamente, quería recibirlo entre sus brazos temblando de placer, sintiendo su incandescente proximidad bajo las sábanas como también el quemante roce de su sexo con el de ella. Todo estaba desatado en su mente sin saber qué decir… pero Harry le ahorraría el rompimiento del silencio oyendo su voz como si fuese la primera vez.

-Hermione… - dijo él, bajo un tono serio y vacilante- Sobre lo que pasó anoche… quiero disculparme… creo que es mejor que no vuelva a suceder- la muchacha dejó la masa unos segundos para mirarlo a los ojos. No entendió la mezcla de emociones que la invadieron en tropel. Por un lado, estaba segura que era lo correcto, era lo más maduro y responsable; pero por otro, se sentía ofendida y enfadada. Secretamente esperaba que Harry quisiera seguir con lo que sea que estaban haciendo. Se llamó idiota para sus adentros.

-Estoy de acuerdo- contraatacó orgullosa y giró sobre sus talones para lavar sus manos.

-Creo que nuestra convivencia debe tener sus límites, siento haber…

-No, no te disculpes… fuimos los dos.

-Sólo quiero que estés bien- insistió el moreno acercándose un par de pasos- después de lo que pasó entre tú y Ron, mi papel debió ser el de amigo incondicional... nada más. Aún estás vulnerable y siento que me aproveché de eso.

-Has sido un excelente apoyo, Harry- contestó Hermione, secándose en el delantal de cocina- Y no te preocupes, no volverá a pasar. Olvidémoslo.

Al igual que la castaña, Harry sintió una extraña desilusión al escucharla concordar con él. Esperaba una replica, aunque fuese mínima. En el fondo, un brote germinaba lentamente en su pecho y la decepción de no volver a sentir la suavidad de su piel lo vistió de cierta tristeza. Creyó estar convencido de que era sólo amistad lo que deseaba, pero al final, al oírlo también de los labios de esa chica estupenda, se arrepintió ligeramente de haberlo zanjado. "No, no… es lo mejor, recuerda que Ron volverá en un mes y de seguro la buscará para reconquistarla", se dijo a sí mismo, mordiendo sus ganas de salir en ese preciso minuto por la falta de aire.

Cenaron sin apetito. Hablaron un par de temas pero fue como estirar una soga que estaba a punto de cortarse. Hermione tragó la comida en tiempo récord y se despidió de su amigo para retirarse con la excusa de estar sumamente agotada. Harry, acudiendo a lo que tuviese a su alcance, se ofreció para lavar los platos, así no tendrían que subir juntos las escaleras y dilatar esa condenada plática forzada.

Después de un rato, el moreno fue a su alcoba para acostarse por fin. A pesar de saber que como otras noches su sueño se espantaría por las imágenes inciertas que lo atemorizaban, se quedó estirado sobre su colchón sin mover un músculo. Revivió el exquisito sabor de su mejor amiga en sus labios y la excitación se apoderó de él… ¡Qué débil es la carne, por Dios!... molesto consigo mismo, el joven abofeteó las cobijas para apartárselas de encima y bajó de su cama rumbo al baño. Se mojó la cara con agua fría intentando pensar en otra cosa casi a la fuerza. Se miró al espejo por primera vez desde la pasada noche y se sorprendió. Un nuevo brillo iluminaba sus ojos creyendo que estaba loco de remate. Apretó sus dientes atrapado entre el recuerdo y los sueños escabrosos que le ponían los pelos de punta. Necesitaba la compañía de Hermione para poder dormir tranquilo. Se había acostumbrado a su calor, se había acostumbrado a la perfección de su cuerpo calzado al suyo, no podía negarlo… de hecho, ni siquiera quería hacerlo. Era su droga. De repente, la castaña en persona apareció detrás de él como un ángel guardián. Sus miradas se apresaron a través del espejo y Harry no pudo desviar la vista hacia ninguna otra parte.

-¿Estás bien?- le preguntó la muchacha.

-No puedo dormir- dijo sencillamente.

-Yo tampoco.

Como inmerso en un hechizo desconocido, el ojiverde volteó hacia ella para mirarla de frente, sin obstáculos ni fríos conductos. Ella se sonrojó ante tal atención y perdió el hilo de su aliento cambiando la constancia. La atracción era irresistible. Sus cuerpos demandaban cercanía como dos imanes positivos. Todo lo dicho en la cocina se oía ahora difuso en ese baño. Fue como si en la segunda planta de la mansión viviera otra versión de sí mismos, una versión que no sopesaba consecuencias ni arrepentimientos… seres mucho más libres gracias a la compañía y al deseo irrefrenable que nació a causa de eso. Hermione contuvo un suspiro, reprimirse le resultaba tan difícil como no beber agua en medio de un desierto, y ese sonido ahogado en su garganta fue la señal de partida para que Harry fuera hasta su encuentro como un torpedo. Golpeó sus labios con los suyos ansiosamente, besándola sin detenerse a pensar en nada. El zumbido que los ensordeció devoró cualquier destello de razón. Con agilidad, giraron en ciento ochenta grados y Hermione quedó con la extensa pileta a sus espaldas. El muchacho la elevó con ambas manos, sentándola allí sin importarle el frío del azulejo. Ese contacto hizo que la joven se estremeciera y acercara a Harry con desesperación. Qué agonía deliciosa era el juego previo que encendía los motores.

Con su lengua diestra e inquieta, Harry lamió la línea de su cuello al tiempo que le quitaba el pijama de seda que tan bien conocía. La castaña elevó los brazos para ayudarle en ese trabajo y luego fue ella quien hizo lo propio para desvestirlo sin demora. Parecían dos hambrientos sin intenciones de saciarse con nada ni de hacer caso a la negación. Ella rodeó su cintura con los muslos sabiendo que le permitiría una entrada fácil, un acceso ideal… la corta espera fue terrible. Harry la embistió con tal decisión que la espalda de Hermione chocó contra el espejo. La unión los sofocó apretándose todavía más, internándose por completo hasta recibirse sin que sobrara espacio ni centímetro alguno.

El moreno arremetió cadenciosamente una y otra vez, como si empujara sus confusiones para extraer seguridades. Convenciéndose que todo estaba bien, que el acoplamiento entre ambos era sólo un consuelo de amigos solitarios pero su mente le gritaba lo contrario. No se trataba de sólo eso. Soportaba el suplicio de la boca de la joven gimiendo cerca de su oído concentrándose en ella, sólo en ella. Se removía en su interior, tanteando recovecos sensibles que la hicieron brincar de sorpresa y placer. Se sumergió con brusquedad, mordisqueando sus erguidos pezones, consiguiendo que los pies de aquella chica lo acercaran todavía más. No quería que escapara a ninguna parte si no eran juntos los dos. Hermione se afirmó de los grifos a sus costados arqueando su cuerpo para contraer sus dimensiones. Ese atrevido movimiento estrechó su cavidad oprimiendo el sexo del ojiverde… eso lo hizo enloquecer. El espasmo de Harry y el desgarrador gemido de la castaña en una lacerante embestida, los transportó al clímax que encendió en llamas sus caricias. El espejo se remeció, el sonido sordo de sus pelvis al tocarse aceleró la velocidad, la invocación del orgasmo fue inmediata y éste los enardeció al punto de liberar palabras incoherentes… murmullos íntimos en un lenguaje diferente. El joven buscó su rostro encendido en el minuto final, robó su mirada insondable para dar un último empuje fuerte que los llevó a enredar sus jadeos y desfallecer creyendo que se quemaban totalmente por dentro…

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-¿Qué supone que hacemos aquí?- preguntó Luna a Hermione, mientras caminaban por el hall central del banco de Gringotts.

-Investigando…

-¿Y por qué querías que viniera?

-Porque eres la mejor periodista que conozco- contestó enseguida- y porque eres mi mejor amiga, necesito de tu compañía leal y tu olfato infalible- esa respuesta no dejó muy convencida a la rubia, quien miraba a su alrededor como si visitara una juguetería. Los duendes despertaban en ella mucho interés.

Habían pasado casi tres semanas en los cuales Hermione se dedicó a examinar la fotografía señalada por Ian McAlister y desmenuzarla para hallar alguna anomalía en ella. Visitó varias veces el cuarto de retención y platicó con el muchacho sobre sus opciones, sus coartadas y probabilidades ante una denuncia despiadada de duendes malhumorados. Como su cliente insistía en que había algo extraño en esa silla antigua que supuestamente no debería estar, la castaña decidió entrar a la cámara para peinar la zona en busca de alguna evidencia que hubiese sido pasada por alto por los Aurores. No hubo resistencia de parte de los duendes, esa cámara estaba habilitada exclusivamente para la investigación y ella era la abogada del joven mago arrestado, por consiguiente, tenía mayores libertades. Cuando el carácter de Hermione hacía acto de presencia, los duendes la miraban con ojos extrañados ante esa hembra humana con voz de mando. Nunca habían recibido órdenes o entablado una conversación de trabajo con una de ellas.

El viaje a la cámara en las entrañas de Gringotts era una verdadera aventura. Después del desconcertante despliegue de elegancia del Vestíbulo, las chicas abordaron uno de los carros en compañía de un odioso duende uniformado. Su ceño fruncido por sobre la nariz ganchuda que sobresalía de su cara, daba muestra clara de su poca paciencia ante la idea de pasearlas como si fuese un guía turista, sin embargo, Hermione había sido muy inflexible en obtener la mayor cooperación por parte del personal del banco.

Arriba del carro en movimiento, ambas muchachas paseaban su mirada por el estrecho pasillo de piedra iluminado por antorchas. Sobre los rieles, rechinaban las ruedas oxidadas en cada curva pasando frente a diversas cámaras cerradas herméticamente. Mientras avanzaban a lo largo del pasadizo con ciertos desniveles, la castaña recordó a Harry y los días que habían transcurrido durante su "nueva" convivencia. Después del último encuentro incandescente en el baño de la mansión, descubrieron que algo más sucedía con ellos que sólo compañía. Se necesitaban. Por esto mismo, el miedo emergió como agua en un géiser. Harry se ocupó lo más que pudo en el Cuartel para llegar tarde en la noche y Hermione se quedaba estudiando el caso llamando al cansancio casi a gritos. No habían vuelto a cenar ni a dormir juntos comprendiendo que lo extrañaba, lo extrañaba demasiado. ¿Qué pasaría con los dos? ¿Qué relación tenían ahora? Estaba asustada… todo estaba cambiando, temía dar un paso en falso que pudiese lamentar como el hecho de perder a su mejor amigo.

Luego de llegar a la cámara confinada, Hermione y Luna descendieron del carro seguida por el duende que sostenía el faro iluminando todo. La castaña miró hacia abajo, viendo a sus pies una fosa profunda que albergaba centenares de cámaras distintas. Su equilibrio se vio afectado, mareándose notablemente. Luna la cogió por el codo para estabilizarla.

-¿Estás bien?

-Sí- respondió Hermione respirando hondo- Creo que la altura me afectó un poco.

-¿Segura? Estás algo pálida- insistió la periodista pero la aludida confirmó con un asentimiento de cabeza.

El duende no les tomó atención. Buscó en sus bolsillos la llave con la que abrió la cerradura generando un ruido metálico que sobresaltó a las chicas. Ese detalle no pasó desapercibido para Hermione mirando a su rubia amiga con el ceño fruncido.

-Disculpe, señor… - habló la castaña recibiendo la mirada del duende- Cuando apresaron a mi cliente ¿Llevaba la llave de la cámara consigo?

-No, ésta es una copia- dijo el pequeño banquero mostrando sus pequeños dientes al hablar- el chico insistía en que la cámara le pertenecía pero no había nada que lo ratificara, no había nada en los registros y ninguno de mis colegas recuerda haberlo visto antes. Él decía que su llave se la habían robado pero como es lógico, nadie le creyó.

-¿Quién más tiene permiso de entrar a las cámaras a excepción de ustedes?- preguntó Luna hurgando sus ariscos gestos.

-Sólo el personal del banco de Gringotts, obviamente- le respondió el duende al tiempo que abría la gran puerta y les cedía el ingreso con una seña de su mano. Ellas entraron maravillándose con los objetos ubicados en las altas repisas. Montículos y montículos de Galleons se veían por doquier como también cofres, cajas de música y artículos muggles como viejos rifles coloniales. No era fácil escatimar el valor exacto en su interior.

-Vaya… sí que hay mucho dinero aquí- comentó Luna, boquiabierta.

-¿A quienes se refiere con "sólo el personal del banco", señor?- insistió Hermione en el último punto.

-Pues, ya sabe… Rompedores de maldiciones, Vigilantes, Alimentadores de dragones… las cámaras están bien protegidas, de eso no hay duda.

-¿Cómo explicaría entonces el asalto de Ian McAlister?- el duende respingó su nariz mirando a la castaña más profundamente.

-Debe ser un excelente mago para corromper toda la seguridad que existe- Luna, al oírlo, dejó de pasear su mirada por el interior de la cámara y tensó los labios poco convencida.

-¿Realmente cree eso?- preguntó.

-Es la única explicación que se puede tener en este caso, señorita- dijo encogiendo sus cortos hombros. Hermione extrajo la fotografía que su cliente había apuntado como extraña y recorrió el lugar como un sabueso. El duende la miró sin comprender manteniendo el farol entre sus manos. Añadió- Esta cámara se ha mantenido igual desde el arresto. Nadie a movido ni sacado nada, no sé qué es lo que busca con tanto esmero.

-Defiendo a mi cliente, señor… debo buscar la forma de demostrar que es inocente.

-¿Cree en su versión de los hechos?- la pregunta del duende sonó incrédula, incluso burlona.

-Estoy convencida. Además… alguien estuvo aquí con otras intenciones- dijo ella con la barbilla alzada. El duende abrió más sus ojos pequeños, como si lo hubiese ofendido con ese supuesto. Hermione extendió el brazo mostrándole la fotografía en sus manos- Aquella silla que ve en esta imagen, no está aquí ahora…

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El interior de Las Tres Escobas era como si el tiempo estuviese congelado. Harry se sentía un adolescente, un estudiante de Hogwarts compartiendo una cerveza de manteca en sus horas libres de clases. Nada parecía diferente… o por lo menos eso trataba de imaginarse. Le resultaba muy complicado sin sus dos mejores amigos a su lado. Ellos siempre estuvieron presentes en ese escenario y no tenerlos le causaba cierta nostalgia.

Sentado en una de las mesas del antro, el ojiverde conversaba en compañía de Ginny Weasley. Con la punta del dedo, rodeaba el borde de su copa siguiendo el hilo de la plática con dificultad. Asentía y negaba cuando debía hacerlo y respondía más de una palabra cuando era oportuno, pero sólo eso… no podía dejar de pensar en Hermione. Deseaba volver a la mansión, cenar de nuevo con ella y retomar la normalidad perdida hacía varios días. Comprendió que se había acostumbrado tanto a la joven, que su cuerpo la anhelaba como a una inyección de heroína. Se sorprendió imaginando que Ron no volvería a Inglaterra, que se había encantado con Luxemburgo y que decidía quedarse allí para siempre. En esos momentos no lo veía más que un estorbo. Sonrió malévolamente.

No sabía por qué había aceptado salir de nuevo con Ginny esa noche, no era donde quería estar, no era con quien deseaba conversar. Se sentía con el cuello apretado, como si usara un nudo de corbata muy ajustado o el aire estuviese viciado. Intentó mantenerse concentrado en la pelirroja pero los gemidos de Hermione, sus caricias, su fervorosa forma de recorrerlo con las manos, sólo lograban mantenerlo con un talante ausente, recreando miles de formas de volver a tenerla entre sus brazos.

-¿Te encuentras bien? Pareces distraído- le preguntó la joven.

-Estoy bien… disculpa… debe ser el trabajo el que me absorbe- mintió con descaro apurándose un trago de cerveza.

-¿Has sabido algo de mi hermano?- Harry se removió incómodo en su asiento y suspiró.

-Me envió algunas cartas. Me recalca que cuide de Hermione en cada una de ellas- comentó amargado, rodando sus ojos. El tono hastiado extrañó a Ginny.

-¿Cómo va la convivencia con ella?

-Muy bien- dijo al instante. No supo si era verdad o autoengaño- Nos llevamos bien… no hemos tenido problemas.

-Ha sido difícil para Hermione ¿no?- intervino la pelirroja, mirando su trago con pesadumbre- Vivir con alguien a quien amas para después tener que dejar todo lo construido… debió de ser muy duro. Para ella y para mi hermano- Harry no supo qué decir bebiendo el resto de la cerveza de un sorbo. Tosió al terminarla. Ginny volvió a hablar- ¿Te ha costado mucho consolarla?- el moreno creyó que bromeaba. Recordó las noches que durmieron juntos, aplacando el insomnio y esas pesadillas horribles de sangre y dolor respirando al unísono. Esa intimidad era un secreto de los dos. Nadie tenía por qué enterarse. En ese momento, cuando Harry ideaba una forma de responder sin tener que sentir sus mejillas encendidas, dos chicas hicieron su entrada a Las Tres Escobas congelándole el aliento.

Hermione y Luna se dirigieron desde la puerta hasta la barra para pedir a Madame Rosmerta una ronda de tragos. Ninguna de ellas había reparado en la presencia de sus amigos hasta que la misma castaña giró sobre sí cambiando su rostro por uno mucho más tenso al verlos. Luna, al hacerlo en cambio, agitó una de sus manos saludando cordialmente. Instó a Hermione a caminar hacia ellos notándose un poco la sutil resistencia de su parte. La rubia volvió a saludar, contenta de haber coincidido en ese clásico lugar. Acercó un par de sillas y se sentó con propiedad invitando a la castaña a hacer lo mismo. Ella aceptó evitando la mirada indefinible de su mejor amigo.

No pudo resistir mucho tiempo sentada en ese sitio. Además de la silenciosa rabia que podía sentir bajo su piel al ver a Harry con Ginny platicando, el humo del local la asqueaba con fiereza. Tenía la cabeza agobiada y el estómago revuelto. Ir a ese bar luego de una sesión de intensa investigación no había sido una brillante idea. Aún no se reponía al vértigo que había experimentado en la cámara de Gringotts. La palidez de su rostro alertó al ojiverde, quien la miraba con preocupación. Cuando estuvo a punto de preguntarle si se sentía bien, Hermione empujó la silla hacia atrás y se levantó de la mesa caminando hacia la puerta casi a tropezones. Los muchachos fruncieron sus ceños sin entender qué le sucedía. Harry salió despedido detrás de ella cogiendo los abrigos.

-¿Hermione?- preguntó el muchacho al no hallarla enseguida en las afueras. Miró a su costado izquierdo, viéndola de espaldas con las manos en su cintura, respirando profundamente- ¿Qué ocurre?- ella no respondió volviendo a inhalar por la nariz para expulsar por la boca. Harry se acercó para cubrirla con la capa sobre sus hombros.

-Nada. Estoy bien… sólo fue el humo excesivo- dijo, tratando de sonar firme- Puedes volver adentro, Ginny te espera.

-Me quedo contigo. Déjame acompañarte a casa- pidió Harry, volteándola despacio para mirarla al rostro. Estaba pálida y ligeramente perlada de sudor. Hermione no pudo resistirse ante esos ojos de piedras preciosas refugiándose en su pecho al instante. Fue agradable, familiar y acogedor. Harry la abrazó para Aparecer juntos frente a la puerta de la mansión en Grimmauld Place. Entraron sin separarse ni un centímetro. El joven le quitó la capa, la colgó en el perchero y la llevó escaleras arriba peldaño a peldaño volviendo a abrazarse. Cada uno estaba disfrutando de esa cercanía después de semanas sin sentirla, semanas de extrañarse intensamente.

Al llegar a la habitación de Hermione, esa misma que pintaron y decoraron juntos, ella se recostó con cuidado sobre la cama para que Harry la descalzara y arropara como bien sabía hacerlo. El chico la miró unos instantes preguntándole si necesitaba algo más que pudiese hacerla sentir mejor. Ella asintió. "Quédate esta noche conmigo", dijo en un susurro, haciéndole un espacio a su lado. Harry sonrió dudando unos segundos. No fue una duda infundada, no fue una duda estúpida… resultaba ser una duda temerosa y doliente que le soplaba al oído si era lo correcto o no, si no estaba jugando con fuego de forma muy impetuosa. Finalmente, atraído por ese rostro angelical y hermoso, se acomodó en el colchón, abrazándola por la cintura… uniendo sus frentes hasta conciliar un sueño tranquilo y reponedor.