Capitulo 16

Edward salía del salón de conferencias y ella se encontró con él.

- Te estaba buscando – Bella se detuvo y lo sujeto por el brazo mientras que de modo visible jadeaba y se estremecía. Él la observo mientras fruncía su atractivo rostro. - ¿Qué rayos sucede? ¿Estás enferma?

La joven negó con la cabeza y respiro profundamente para tranquilizar sus nervios. Lo último que deseaba ahora era que Edward supiera lo que había sucedido. Solo sería aumentar el caos de la mañana.

- Me he dado prisa – le dijo – Pensé que te preguntarías donde estaba.

- Tenias razón – la tomo por el codo - ¡Vamos! Salgamos de aquí para comer algo.

En ese momento James Bronte dio la vuelta a la esquina, tambaleante, con el rostro lívido, y Edward le dirigió una mirada curiosa. Para alivio de Bella, James cojeaba y no lanzo ni un vistazo en su dirección; ella apretó el brazo de Edward para reclamar su atención.

- Creo que es una maravillosa idea porque me muero de hambre. Vamos.

Más tarde, sentada ante una mesa para dos, en un restaurante, Edward se apoyo hacia atrás mirándola interrogante.

- ¿Vas a contarme lo que en realidad sucedió antes o es otro de tus secretos?

Bella, sentada frente a él, sintió que palidecía y lucho por formular su respuesta.

- ¿Fue Bronte un novio formal? – Insistió él, impaciente - ¿Tuviste una pelea de amantes?

- ¡Uf! ¡Claro que no! ¡La simple idea es repulsiva! – Al ver la expresión de él, rió – Lo siento. Bronte hijo siempre me ha producido ese efecto.

- ¿Quieres contármelo? – suspiró irritado.

- En realidad no – pero, resignada continuo – aunque supongo que debo, ya que me salvaste de sus garras. Yo trabajaba para su padre, el Señor Bronte, hasta que su hijo entro en escena y empezó su acoso sexual. Me gustaba mi trabajo, así que hice lo posible por ignorarlo, pero al final fue demasiado, así que lo deje – hizo un gesto – Fue una mala suerte que estuviera en ese tren el día que te conocí. Era a James a quien trataba de evitar cuando yo… cuando yo… - sintió que el rubor teñía sus mejillas. Ahora podía sentir toda la vergüenza por lo que había hecho.

- Cuando me besaste – añadió, burlón – La señorita impulsiva no habría vacilado en decirlo.

- Supongo que no, pero en realidad yo nunca he sido la señorita impulsiva. Ella se apodero de mí en una emergencia.

Él se inclino sobre la mesa y le beso la boca con ligereza.

- Entonces tu emergencia fue mi buena suerte – la chica miraba su fuerte y astuto rostro pensando cuanto lo amaba, deseando que…

- ¿Por qué no me lo contaste antes niña tonta?

Ella se encogió de hombros y aparto su mirada de él.

- Supongo que me sentía avergonzada. El padre de James no me creyó, y de hecho, prácticamente me acuso de provocar a su hijo – él hizo un sonido de disgusto y ella prosiguió – No podía estar segura de que tú me creyeras, especialmente después de ese tonto incidente en el tren. Seamos sinceros, tu no parecías tener una alta opinión de mi en ese momento – lo miro y entonces el asintió.

- De acuerdo, pero todavía pienso que podrías haber tenido fe en mí.

- Después de tu comportamiento en el tren, yo tampoco tenía exactamente una buena opinión de ti.

- Dama, razones aparte, tienes todo lo que te mereces – rió, travieso.

- Esa es solo tu opinión – discutió, ocultando una sonrisa.

La expresión de él de nuevo era seria, extendió la mano en busca de la de ella y, de forma ausente, la apretó.

- Me preguntaba por qué saltabas como gato al que se le arroja agua cada vez que yo me acercaba a ti – movió la cabeza, reprobador – El amigo James es desagradable, pero yo no habría sospechado que sus atenciones te harían asustarte de todos los hombres.

- Sucedió durante mucho tiempo, casi un año, y eso tenía un efecto profundo en mí.

- ¿Por qué soportaste tanto antes de irte?

- Su pongo que por la errónea concepción de lealtad hacia mi viejo jefe. Antes de que el hijo llegara, teníamos una muy feliz relación de trabajo.

- Estiraste la lealtad hasta extremos ridículos ¿No crees?

- Si, ahora lo sé, y desde hoy… - recordó los labios rojos y húmedos que iban a posarse en los suyos y un estremecimiento le recorrió todo el cuerpo.

- ¿Qué sucedió? ¿Intento…?

- No. No tuvo oportunidad. Le di un puntapié – sonrió, pesarosa – Con un poco de suerte, él necesitara ir a revisarse al Hospital.

- Definitivamente necesitara un tratamiento completo en el Hospital si vuelve a acercarse a ti otra vez.

- No lo hará. Tengo el presentimiento de que en esta ocasión ya ha aprendido la lección.

- Esperemos que sí, por su bien.

- ¿Te importa si no hablamos mas de eso?

- Está bien, por ahora lo dejaremos – acepto, aunque su entrecejo fruncido aun no se relajaba por completo – Veamos si podemos conseguir algo de comer.

La camarera llego y pidieron lo que querían comer y gradualmente ambos se relajaron. Cuando el café fue servido, él se recostó y se froto la frente con sus dedos.

- No siento que esta sea la última de esas malditas reuniones de fusión.

Ella lo miro sorprendida.

- Se que esta mañana ha sido un lio, pero hasta entonces tu parecías lleno de entusiasmo, en espera del desafío.

- No te he engañado ¿verdad? Y por supuesto, tienes razón. Esto es algo que esperaba desde hace tiempo. Es lo que mi abuelo siempre deseo; ''La expansión''. Desafortunadamente, tuvo que esperar a que yo creciera para que lo ayudara, y para entonces, era demasiado tarde…para él.

Era la primera vez que él le permitía entrever algo de su vida personal. La hacía sentirse bien, como si hubieran dado un paso hacia adelante.

- ¿Solo eran ustedes dos? ¿No tenía hijos?

- Uno. Mi padre – declaro pesarosamente – pero él no estaba interesado en el negocio – dio un sorbo a su café antes de continuar – Mi madre y él eran médicos y tenían un gran alma altruista, viajábamos mucho cuando era pequeño, pertenecían a médicos sin fronteras. A veces cuando aparecía junto a mi padre, él me miraba como esperando que le dijera que tenía alguna dolencia y estaba enfermo.

Bella se mordió el labio y sofocó su natural compasión porque sabía que él no la apreciaría.

- ¿Y tu madre?

- Eran iguales. Completamente inmersos uno en el otro y en el trabajo que hacían. Estoy seguro de que hasta que tuve edad suficiente para mostrar interés fui más como una carga. Solía estar mucho con mi madre, la ayudaba un poco…sobre todo en los partos, pero al principio me parecía aterrador.

- Debe haber sido excitante, creo, moverte por tantos países, ayudar, conocer otras realidades.

- sí, pero no cuando eres un niño, no podía jugar con los niños de las tribus, no entendía sus idiomas, y cuando ya me estaba acostumbrando y haciendo amigos, debíamos irnos a otro lugar donde necesitaran médicos. Mis padres eran los únicos del grupo que tenían un hijo, y a veces tenia pesadillas…para mí era terrorífico cuando era más pequeño ir a los partos. Yo siempre me quedaba con mamá ya que papá atendía los casos más difícil y eso sería aun mas traumante para mí, me daba un pánico enorme ver como los bebes salían de sus madres…parecían, para mí, algo así como extraterrestres. Me asustaban mucho. Mi educación era única, a los 10 años ya hablaba tres idiomas y algunas lenguas locales africanas, conocía casi toda áfrica y Sudamérica, y mi padre se encargo de enseñarme biología – añadió con una sonrisa – hasta que mi abuelo insistió en que yo regresara y recibiera una educación decente.

- ¿Y fuiste feliz con eso?

- Muy feliz – rió; era un sonido rico y profundo que hizo que en respuesta las entrañas de la chica se estremecieran. – Entonces fue cuando comprendí que los genes de ingeniero de mi abuelo eran más fuertes que los de medico de mi padre y mi madre juntos.

Su expresión era radiante por el entusiasmo, aumentando su atractivo. Atrapado en su propio pasado, él de pronto parecía remoto…de nuevo extraño. Ella apenas se atrevía a continuar.

- Tus padres… - vacilo - … ¿todavía viven?

- Si – sonrió con alegría – Esme y Carlisle están aquí ahora, yo me vine con mi abuelo cuando tenía quince, pase todos los exámenes necesarios y termine el colegio y luego entre a la universidad. Por insistencia de Esme me visitaban una vez cada dos meses, y en todas mamá me trataba de convencer que volviera con ellos… aun me trata como si fuera bebe – añadió riendo, y Bella solo pudo devolverle la sonrisa al verlo tan feliz.

- ¿Y tu abuelo?

- Él…murió hace cinco años, justo cuando mis padres decidieron dejar su loca vida para venir a vivir con él y cuidarlo. Pero murió feliz, porque sabía que alguien de su propia sangre seguiría sus pasos – suspiro y pareció que se apartaba de sus recuerdos – Lo siento, pero tengo que dejarte por un rato. Debo hacer algunas llamadas telefónicas que no pueden esperar.

Bella se quedo sentada, pensando en lo que el acababa de revelarle. De su ser interno. Sus impulsos y motivaciones fueron siempre fuertes, aunque no eran por sí mismo. Aunque no lo supiera, tenía más en común con sus padres de lo que creía, aunque tenía su propia obsesión. Entremezclado con su éxito, su progreso futuro, siempre estaría su gran amor por su abuelo. Con un chispazo de intuición se pregunto un poco triste, si eso le impediría realmente enamorarse de alguien.

N/A: Dije que actualizaría pronto y yo cumplo mis promesas xD. Espero les guste el capítulo y con esto comprendan la actitud de Edward, cuando él era pequeño sus padres estaban más enfrascados en salvar vidas que en su hijo, y cuando uno es pequeño lo que más desea es la atención de sus padres, los mimos y jugar. El tuvo que madurar rápido y vió situaciones difíciles cuando era muy niño. Además está la gran responsabilidad de ser todo lo que su abuelo deseo, por él mismo y por su abuelo.

Trataré de escribir mañana para actualizar en la noche o si no lo haré el viernes .

Espero y se pasen por mis otras historias, recuerden pasarse por Recuerdos de Niñez ya que solo secuela si hay cierta cantidad de rev's, porque o si no, me enfrasco en hacer fics nuevos y continuar los que ya tengo :B ahaha. Chau, que estén bien, cuídense!!