Chicos,
Gracias por sus comentarios!!! Sorry si tardé pero he luchado contra el tiempo y como ya deben suponer siempre me gana... pero ya saben que trato de publicar cada semana, religiosamente, ok? Gracias de nuevo por su paciencia y fidelidad.
Como regalo de noche de brujas, subo la otra mitad de Julio y espero q les guste. Trataré de subir pronto Agosto porque se viene intenso... INTENSO!!!
BUEN VIAJE Y ESPERO QUE LES GUSTE!!!
"¿Por qué todos me miran como si estuviese loco de remate? ¿Es que acaso no entienden lo vital que es para mí saber de mi hija y de la mujer que amo? ¿No ven que Mafalda no es más que una arpía malintencionada?... Ron la alejó de mí lo suficiente como para no alcanzarla si volviera a descontrolarme como lo hice. Hablaba con ella en voz baja al otro lado de la sala de espera y sólo veía los ojos de esa mujer mirándome por sobre el hombro de mi amigo. Apreté mi mandíbula de la frustración al notar un dejo de burla en sus pupilas"
"El agua con azúcar que me había llevado Luna y obligado a beber con la ayuda de Hagrid, estaba trayéndome a la garganta un sabor distinto. Noté que mis manos estaban dormidas como también mi lengua, ligeramente la chasqueé contra mis dientes para poder sentirla… ¿Habían puesto algo más en el agua que sólo azúcar?"
"-¿Lo bebió?- le escuché a Minerva McGonagall preguntarle a Luna. Las voces comencé a sentirlas lejanas y huecas, al tiempo que las energías abandonaban mi cuerpo paulatinamente.
-Sí, por lo menos ahora dormirá un poco…- aquello me molestó sobremanera. No quería dormir, no quería abandonar esa habitación de los ecos sin sentido, no quería perderme ningún detalle de lo que estaba pasando, ¡No quería! ¡Ahora me habían drogado para mantenerme a raya y no pude mover ni un músculo para protestarles! ¡Quería seguir consciente de lo incompetente que había sido y seguir odiándome por imbécil! Sin embargo, mi cuerpo se derribó en esos mullidos sofás, hundiéndome poco a poco en un profundo letargo, soñando casi despierto que a mi lado dormía la castaña de toda mi vida…"
VIII. Julio (Tres meses antes) – La ecografía y el feliz cumpleaños
Parte II
-¡Lumos!- dijeron las muchachas, iluminando el interior de la cámara con sus varitas en alto. Qué tétrico se veía todo bajo la pálida luz de ese hechizo. Los ojos de Luna estaban desorbitados ante la penumbra repentina y Hermione podía sentir sin problemas los latidos de su corazón martillando en su pecho. El eco del golpe estruendoso aún resonaba en sus tímpanos como también el rugido del dragón ahora amortiguado por la enorme puerta cerrada.
El espacio se veía más reducido que con la luz del faro que sostenía siempre el duende entre sus manos. Las jóvenes no sabían si era sugestión, pero el aire dentro de la cámara comenzaba a espesarse en cada inhalación. La castaña pudo experimentar un asco descomunal que le revolvió el estómago sintiendo infinitas ganas de vomitar. Trató de respirar profundo pero el encierro se lo impedía y Luna la sostuvo por el brazo al verla descompuesta. Ambas comprendieron que lo que estaba pasando había sido premeditado por alguien, no cabía duda. La rubia temió por el bienestar de su amiga embarazada. Quién quiera que fuese el responsable, buscaba asustarla y quizás lastimarla… eso no le caería en gracia a Harry cuando lo supiera. Todo aquello pintaba muy feo.
Aquellas cámaras de baja seguridad, gozaban de una libertad mayor que las de alta, ubicadas en las entrañas del banco y que Hermione conocía muy bien. Fue en una de esas de donde extrajo la Copa de Hufflepuff hace años atrás junto a Harry y Ron. El golpe de la añoranza la hizo presa y deseó volver en el tiempo. Tuvo miedo, por unos segundos importantes no supo qué hacer más que tratar de respirar en esa cámara que se volvía hermética. Su corazón palpitaba furiosamente y llevó una mano a su vientre de forma temerosa.
-No puedo respirar- dijo la castaña, sintiendo sus pulmones presionados.
-Yo tampoco- respondió Luna, acercándose a la gran puerta de esa bóveda y gritó con lo que le quedaba de aliento- ¡Hey! ¿¡Alguien puede oírnos!?
-No creo que puedan- la palidez de Hermione era preocupante. La rubia volvió sobre sus pasos tratando de estabilizar a su mejor amiga. El aliento se restaba tanto que parecía que el pecho les estallaría pidiendo oxígeno. Debían salir de allí.
-Tendremos que ser más drásticas entonces-ambas, con el blandir decidido de sus varitas, las agitaron al mismo tiempo gritando un "Bombarda" que salió disparado hacia la puerta de hierro estrellándose contra ella. Las enormes bisagras cedieron y se desencajó del marco bajo un escándalo terrible. El techo cayeron varios trozos de piedra desprendida por el impacto cayendo muy cerca de las muchachas. De repente, el sonido ensordecedor de una alarma retumbó por todos lados teniendo que cubrirse los oídos. Al parecer, habrían de activar algún mecanismo de defensa. Luna ayudó a Hermione a salir por el hueco de la puerta entreabierta, sintiendo el aire del exterior como un alivio refrescante.
Al otro lado, se encontraron cara a cara con Grikbold, el duende que las había acompañado hasta la cámara, y se mostraba tan asombrado que tenía sus pequeños ojos negros abiertos de par en par. Bill Weasley llegó corriendo para detener el sonido desesperante de la alarma que se había activado. Hermione recordó que su ex cuñado era uno de los Rompedores de hechizos del banco, logrando aplacar la bulla infernal con su destreza. El duende cambió su expresión a una mucho más enfadada como si se le hubiera faltado el respeto al interior de su casa. Ambas jóvenes salieron trastabillando de la cámara ahora dañada, tosiendo sin parar debido a la urgencia de respirar rápidamente.
-¿Por qué han hecho eso?- preguntó el pequeño banquero poniendo las manos en su cintura.
-¿Por qué?- refutó Hermione- ¡Nos encerraron dentro y el aire comenzó a escasear! ¡Debíamos salir de allí pronto!
-¡Lo sabemos, señorita Granger! ¡Por eso mismo había llamado al señor Weasley para que pudiera resolver el problema!
-Si nos sentábamos a esperar pudimos asfixiarnos- dijo Luna- Además, mi amiga está…- su declaración fue interrumpida por un codazo de la castaña en su costilla al adivinar que diría "embarazada". La rubia se quedó callada mordiendo su lengua.
-¿Están bien?- intervino el pelirrojo. Las muchachas asintieron en silencio- Debo admitir que fue despliegue de magia muy impresionante. No muchos magos o brujas pueden sacar de cuajo una puerta del banco Gringotts, aún siendo una cámara de baja seguridad.
-¿Por qué se cerró? Nunca había pasado antes- quiso saber Hermione, viendo que el duende resoplaba de fastidio.
-Algo debió denotar la defensa para que se cerrara tan abruptamente- informó Bill- Una vez cerrada el aire abandona el interior segundo a segundo.
¿Algo debió detonar la defensa?, se volvió a preguntar la joven abogada frunciendo el ceño. Todo era muy confuso, cosas extrañas estaban pasando al interior de ese recinto y debía averiguar qué mierda era. Su impulso natural y aventurero fue menguado al recordarse que no debía ponerse en peligro. Tenía a su hijo en el vientre y debía velar por él, tenía que tener cuidado. ¿Y si ese algo había sido la repentina exasperación del dragón en el subsuelo, aquel rugido que estremeció todo a su alcance? ¿Qué le había pasado a la criatura mágica para que se inquietara de esa manera? ¿Acaso no había un alimentador que estaba a cargo de él? Por el rabillo del ojo, Hermione creyó ver una capa ondear en una lejana esquina perdiéndose entre la penumbra a varios metros de ellos. ¿Imaginó que alguien los espiaba?... Sacudió su cabeza al notarse mareada y prefirió salir de allí que seguir soportando las terribles náuseas que la estaban torturando…
Ron no pudo dejar de pensar en la extraña conversación que había mantenido con Harry. No entendía por qué le había dicho todo eso, ni por qué se había enfadado al mencionar a Hermione. Sus palabras sobre consuelo y mitigación de dolor siguieron rondando su cabeza… ¿De qué manera la habría consolado? Pero más importante… ¿Hermione había sufrido mucho por él? Aquello lo hizo sonreír perversamente. Saber que ella lo había pasado igual de mal que él lo reconfortó de alguna forma. Se convenció de que la historia entre los dos aún no acababa y quería recuperarla. No se negaría ante el ahora famoso Ronald Weasley, muchas darían la vida por tenerlo como Lavender Brown, su ex compañera de escuela que estaba entre sus más fervientes fanáticas.
-Lavender es una rastrera- comentó Ginny sentada en la mesa del comedor almorzando con sus padres. Al escuchar a su hermano hablando tonterías, la comida le supo agria al instante.
-Lo dices porque sientes envidia- reclamó Ron, llevándose un enorme trozo de pollo a la boca.
Las pláticas con el pelirrojo se habían tornado de muy mal gusto. Su fama y talento en los tres aros, seguían fomentando su soberbia como quien no tuvo nada toda su vida para luego tenerlo todo de pronto. Ginny ya no lo aguantaba. Cada vez que visitaban La Madriguera, terminaban discutiendo por su insoportable arrogancia y pedantería. Todo lo que tenía para decir era lo grandioso que era y la cantidad de personas que lo idolatraban. Sería una leyenda del Quidditch como lo había sido alguna vez Víktor Krum. Aunque reía cada vez que los medios lo comparaban, siempre terminaba objetando y denigrando al búlgaro con sus comentarios irónicos de: ¿Víktor quién?
George arrugaba su nariz como si oliera mierda cerca de él. No le gustaba el nuevo Ron que veía en su hermano menor. No sabía en qué momento las cosas habían cambiado, pero sí sabía que cuando estaba viviendo con Hermione, él era mucho más humilde. Por otro lado, la señora Weasley escuchaba a su hijo con los ojos brillantes de orgullo. Estaba eufórica ante su éxito y sólo hablaba con él sobre sus planes futuros, su necesidad de sentar cabeza, de comprometerse, de formar una familia… de darle un nieto. Ante ese comentario, Ron comenzó a reír fuertemente.
-Ser padre hoy no es mi prioridad- habló el aludido, con la boca llena con puré de calabaza- Primero tengo que buscar a la que tendrá el privilegio de ser la madre de mi primogénito, aunque no dudo que muchas lo querrían.
-Muchas pero no Hermione- dijo Ginny sin poder aguantarse. Ron dejó el tenedor suspendido a medio camino. La miró con desagrado.
-¿Qué quieres decir con eso?- su hermana no respondió, mostrándose muy molesta- Para que lo sepas, Hermione todavía me ama, sólo debe dejar su testarudez a un lado para regresar a mí.
-Tendrás que esperar sentado, Ronald. Ella no volverá y me alegro, porque te has convertido en un insufrible engreído.
Hasta ahí había quedado el almuerzo familiar. El pelirrojo salió de la casa de sus padres bufando entre dientes… ¿Qué estaba pasando con todos? ¿Se sentían amenazados ante su progreso? ¿Deseaban que volviera a ser ese roñoso Weasley opacado por la fama de otros, opacado la fama de su mejor amigo y los logros de su ex novia? No estaba dispuesto a hacerlo. Caminó en dirección a Grimmauld Place pateando las piedras. Necesitaba hablar con Hermione, necesitaba escuchar de sus labios que aún existía amor en su corazón, alguna esperanza de retomar su historia y seguir adelante. Ya le había dado su espacio para que pensara mejor las cosas. Desde que rompieron en febrero, no quiso invadirla sino hasta que las aguas dejaran de arremolinarse entre ellos. Estaba seguro que más temprano que tarde la castaña volvería al que fue su apartamento y compartir la armonía que habían construido a lo largo de dos años de convivencia. No obstante, Ron no tenía idea que ese tiempo había sido ensombrecido por los pocos meses que Hermione había vivido con Harry, tres meses que consiguieron lo que veinticuatro no lograron jamás: Un amor tan intenso que su consolidación crecía semana a semana en la seguridad del vientre materno.
Frente al edificio, Ron notó que la mansión se hallaba oculta como siempre. Cerró sus ojos y aprovechando que el inmueble ya no tenía esas extremas medidas de seguridad como en los tiempos de Voldemort, Apareció en medio de la sala silenciosa. Reparó que no había nadie en casa. Llamó un par de veces a Harry y Hermione pero no obtuvo respuesta alguna. Se paseó por el interior recordando los importantes momentos vividos allí, la Orden del Fénix, los días de incertidumbre y terror en busca de los Horrocruxes… todo se le vino a la mente como una avalancha de nieve. Se sintió viejo a pesar de no serlo. Tropezó con un perchero tirado en el piso, como si alguien hubiese cogido un abrigo a la carrera para salir cuanto antes. Quizás había sido Harry. Con su empleo de Jefe de Aurores, siempre andaba atendiendo casos en los momentos más inapropiados. Definitivamente no había nadie y eso decepcionó al joven Guardián. Quería ver a Hermione pero de seguro estaba sumergida en alguna reunión con sus clientes, a mitad de un juicio o en algún alegato frente a la Asamblea de magos. Ella siempre había sido una chica ocupada. Cuando se dispuso a retirarse, sobre la mesa de centro halló un par de fotografías en blanco y negro. Parecían manchas deformes. Ron frunció el ceño cogiendo una de ellas entre sus dedos para acercarla a la vista. En las orillas alrededor de la imagen, se mostraban unos índices, números y medidas… ¿Qué rayos era eso? Agudizó su percepción tratando de desentrañar la extraña forma cuando poco a poco comenzó a tomar sentido. Las líneas indefinidas formaron frente a él el perfil de un niño, era demasiado obvio ahora que lo había deducido. Veía a la perfección una nariz respingada, mentón breve y la curva de la cabeza comenzando por una frente clara y amplia. ¿Era lo que sospechaba? Su padre una vez le había contado lo maravillado que estaba de un aparato muggle que podía visualizar a un bebé en gestación por medio de una pantalla… ¿Lo que tenía en su mano era una fotografía de ese procedimiento? Debía investigarlo. Nunca antes había visto algo así. Una corazonada le sopló al oído le nombre de su prima. Recordó la broma que había hecho aquel día del partido sobre que Harry sería padre y la curiosa reacción en su mejor amigo: una risa extraña que nunca le había escuchado. Guardó la fotografía en el interior de su abrigo y salió de la mansión.
Muchos pensamientos abordaron su cabeza. Si era lo que pensaba, entonces Hermione debía saberlo, era lógico. No hubiesen estado sobre la mesa así de manera tan descuidada. Barajó varias opciones para no dejarse atrapar por la rabia que comenzaba a sentir hacia Harry, debía existir una explicación o sencillamente estaba equivocado y era una imagen artística o algo, aunque esa idea era de lo más estúpida Lo primero que se le vino a la mente fue entrar a un hospital muggle y así lo hizo. No quiso preguntarle a cualquier extraño en la calle, bien podían tomarlo como demente además de sentir que era un tema muy delicado para hacer eso. Ingresó al primer centro asistencial que encontró y buscó con la mirada alguna sanadora muggle que sabía vestían de blanco. A los pocos segundos vio a una, abordándola con la ecografía en la mano. La profesional sonrió ante lo que creyó era la ignorancia de padre primerizo.
-Lo felicito, es una hermosa imagen de su hijo- Ron tragó saliva al escucharla…
------------------------------------
Ver ante sus ojos embelesados la ecografía de quien era su razón de vivir, consiguió en Harry una emoción indescriptible. Allí estaba su hijo o hija, con su perfil perfecto, su nariz pequeña que ya mostraba semejanza con la de Hermione, respingada como si quisiese oler el viento, las nubes, el sol. Ya quería tenerlo entre sus brazos y conocerlo para siempre. Allí estaba el moreno, vencido ante el amor de padre que crecía en su pecho en cada pulsación. Sentado en la alfombra de la sala, jugueteaba con el par de imágenes en blanco y negro que el médico les había obsequiado idealizando, formando en su cabeza la familia que nunca tuvo. Sin embargo, un presentimiento le mordió el estómago. Algo no andaba bien y pensó en Hermione de forma angustiosa. Se incorporó como si adivinara que en cualquier momento una lechuza llegara hasta su ventana con malas noticias pero no fue por ese medio, sino que la llama reluciente en la chimenea con el rostro de uno de sus Aurores, le dio a conocer el incidente en el banco Gringotts. "La abogada de Ian McAlister y la reportera de El Quisquilloso quedaron encerradas en una cámara, por fortuna han salido ilesas", le dijo sin rodeos causando en el moreno un ruido de muerte en sus oídos. El joven dejó todo tirado, cogió su abrigo del perchero que cayó como árbol cortado pero no le importó saliendo con presteza.
Llegó al banco con una determinación tal que no se preocupó de esquivar a nadie. Montó uno de los carros sin autorización y descendió por los rieles hasta la cámara en cuestión. Un par de sus subordinados quisieron darle detalles pero no los escuchó buscando a Hermione por todas partes.
-Las señoritas Granger y Lovegood se han retirado- informó el duende Grikbold.
-¿Qué ha pasado?- preguntó Harry viendo cómo volvían a poner la enorme puerta de hierro en su lugar.
-El mecanismo de defensa de la cámara actuó en mal momento- dijo Bill Weasley, que apareció a su lado como un fantasma. El ojiverde lo quedó mirando esperando una mejor contestación- Debió ocurrir algo mientras estaban en el interior y la puerta se cerró herméticamente. Ellas reventaron la puerta para poder salir porque el aire dentro de la bóveda se consume con rapidez. De no haberlo hecho, hubiésemos lamentado lo peor- aquello estremeció a Harry por todo su cuerpo. El duende, al escuchar el diálogo, curvó su boca en un gesto de desaprobación.
-Han roto la integridad de nuestro banco- comentó malicioso- No habría sucedido de no ser por su insistencia en este caso ya cerrado. Esa abogada Granger no tiene ética en su trabajo- una vez dicho eso, el moreno se dejó llevar por la furia y cogió Grikbold por las solapas levantándolo hasta la altura de sus preciosos ojos verdes. El duende quedó de piedra sin sentir el suelo bajo sus pies.
-No vuelva a decir eso- le advirtió Harry con un tono reservado pero lleno de rencor- Lo que no es ético es preocuparse más por una puerta maltrecha que por la vida de dos personas, maldito banquero- Bill no dijo nada, es más, sonrió casi imperceptiblemente ante esa escena. Aquel duende nunca le había caído en gracia. Harry lo soltó y Grikbold cayó de regreso a la tierra aterrizando con el culo. Se volvió al pelirrojo ignorando las blasfemias del recién ofendido- ¿Y se encuentran bien?
-Sí, aunque Hermione se vio mucho más descompuesta que Luna.
Eso fue suficiente para que el muchacho reanudara su carrera presurosa. Tenía que ver a la castaña, debía saber si estaba todo bien en verdad, si podía ayudarla en algo. Inconscientemente se molestó un poco con ella por exponerse demasiado. Estaba embarazada y andar por ahí como detective no era algo seguro. Lo que había ocurrido en el banco no era algo común, no era un asunto de rutina… aquello había sido acto de alguien que imponía una cruda advertencia. Moody le había enseñado que ser Auror era sinónimo de suspicacia. El culpable estaba al acecho de Hermione.
-Harry… ¿Qué haces aquí?- preguntó Luna al abrir la puerta de su apartamento
-Supe lo que pasó- respondió el aludido- ¿Cómo está ella?
-Durmiendo.
La rubia lo dejó entrar. Se veía tan preocupado que negarle verla habría sido una crueldad. El moreno cruzó la sala con los pies de plomo comprendiendo que no tenía vida hasta verificar que la de su castaña estaba a salvo. La amaba tanto que se olvidó a sí mismo por sólo recordarla a ella. Allí estaba, recostada en una cama de colores vivos al estilo de Luna Lovegood, en donde respiraba cadenciosamente como una niña. ¿Quién diría que ella sería madre dentro de algunos meses? Se acercó despacio tratando de no despertarla con algún tropiezo idiota. Le acarició la mejilla con movimientos delicados y besó su cabello, expandido por toda la almohada. Cuando vio que no había interrumpido su sueño, acercó su boca al vientre de Hermione controlando el volumen de su voz, "Cuida de mamá", le dijo a su hijo casi susurrando.
Al enterarse de lo que pasó, Ian McAlister se puso de pie desde la silla en la que estaba sentado. No le pareció una coincidencia que el dragón hiciera semejante escándalo provocando que la cámara se cerrara con su abogada y la periodista dentro sacando el aire. Las esposas luminosas que ataban sus manos por las muñecas, le comenzaron a doler por la fuerza inconsciente que ejercía contra ellas. Se paseó por el cuarto de retención como león enjaulado. Hermione, aún sentada en la mesa al centro de la habitación, lo miraba sin decir nada. Sabía que debía sentirse culpable de ser el causante de todo aquello. No quería que el muchacho se enterara pero todo al interior del Ministerio se sabía tarde o temprano. Ian seguía resoplando su frustración. Estaba encerrado, tenía su nombre enlodado y ahora intimidaban a su abogada… no tendría un juicio justo ante todo lo que estaba pasando. Habría de rodear la mesa seis veces antes de que Hermione le pidiera que tomara asiento de nuevo. El chico de infantiles facciones, negaba con la cabeza como si se debatiera una discusión en su mente.
-Ian, siéntate, por favor…- le insistió la castaña a media voz. El joven mago detuvo sus pasos perdidos para mirarla con una seriedad diferente.
-Tiene que dejar el caso- soltó de pronto y Hermione frunció el ceño- Tiene que dejarlo, puede sucederle algo terrible por defenderme a mí.
-Claro que no- respondió ella, dejando también su asiento- Dije que te sacaría de aquí y es lo que haré.
-Pero usted está embarazada… no puede llevar un asunto así, es arriesgado.
-Sé lo que hago, Ian.
Al volver a su oficina dentro del Departamento de Aplicación de La Ley Mágica, la joven se dejó caer en la silla tras su escritorio. Se sentía tan responsable de la miseria que estaba viviendo su cliente que se odió por acarrearle ese tipo de noticias. No necesitaba ese saco de ladrillos sobre su espalda, suficiente tenía con estar encarcelado sin remedio. Una de las empleadas del Departamento entró a su despacho para entregarle unos documentos mensuales. En la portada la fecha 31 de julio resplandeció ante sus ojos aunque estuviese escrito simplemente con tinta ordinaria. Ese día era especial, no sólo porque cumplía el cuarto mes de embarazo, sino que Harry estaba de cumpleaños. Recordó que cuando eran niños, siempre le enviaba su regalo por correo debido a esos malvados Dursley y su repudio hacia los magos. Lo hubiese ido a visitar en alguna oportunidad, pero temía que su presencia, por muy inocente que pareciese, causara problemas. Aún sentía la caricia que le había dado pocos días antes mientras fingía que dormía, aún le ardía el beso que depositó en su cabeza y resonaba en sus oídos el dulce: "Cuida de mamá" que había dicho antes de salir. Quiso brincar de la cama, llamarlo, encerrarlo en un abrazo urgente pero se contuvo. Comenzó a llorar en silencio, absorbiéndose las lágrimas en las plumas de la almohada como una ladrona de penas ajenas.
Cuando la empleada se dispuso a salir, al voltear casi se estrella con un pelirrojo que llegaba con una expresión muy compleja en el rostro. Hermione alzó sus cejas al verlo. Hacía mucho tiempo que Ron no ponía un solo pie en su oficina, desde que habían sido novios. Al quedar solos, se saludaron con algo de incomodidad. El chico la besó en la mejilla muy cerca de la boca. Aquel atrevimiento la molestó bastante, tornándose fría y esquiva en un segundo. Hablaron sobre sus actividades actuales con la oficialidad de dos ex compañeros de clases que no se veían en años. Del amor que alguna vez sintió la muchacha, no quedaban ni las cenizas. Se removió en su asiento al pensarlo.
-¿Harry no te ha contado ninguna noticia?- esa pregunta fuera de contexto produjo la miraba intrigada de la castaña- Quise preguntarle a mi prima Mafalda sobre una broma que hizo el otro día pero preferí averiguarlo contigo.
-¿Qué cosa, Ron? No te entiendo…- el pelirrojo sacó del bolsillo interno de su abrigo, la ecografía que había encontrado en Grimmauld Place. Hermione tuvo dos reacciones contrapuestas. Una, fue el brinco de su estómago al ver a su hijo de nuevo tan nítidamente y otra de miedo, al saber que era el momento de decir la verdad. Si Ron debía enterarse, debía ser por ella.
-¿Esa eco… como se llame… le pertenece a Harry? ¿Es cierto lo que dijo Mafalda en broma? ¿Harry será padre?- la castaña detuvo sus ojos en la fotografía blanco y negro sobre su escritorio. Suspiró.
-Sí, Ron… Harry será padre- confirmó ella solemnemente- Será padre del hijo que estoy esperando. Tengo cuatro meses de embarazo- El pelirrojo sintió una ola de agua fría sobre él. Si no fuera por la silla que aguantaba su peso, hubiese caído de espaldas tan petrificado como el hechizo. Como un reflejo, llevó sus ojos al vientre de la mujer frente a él creyendo que estaba jugándole una broma. No supo qué decir sintiendo sus orejas encendidas- Perdóname, debí decírtelo hace tiempo.
-Espero que estés tomándome el pelo- fue lo único que pudo pronunciar. Hermione negó con la cabeza.
-No fue algo que planeáramos. Vivir juntos nos ayudó a descubrir que había algo más que sólo amistad entre nosotros- el joven resopló como si hubiese escuchado un mal chiste. ¿Qué era la amistad en primera instancia? No veía amistad en ninguna parte… ese sentimiento iluso de seleccionar a los hermanos era sólo un cuento de hadas… ¿Qué era la lealtad? Una maldita manera de derribar los muros necesarios alrededor del corazón dejando expuesto todo. No existían los amigos, no existía el cariño a largo plazo ni los "para siempre" que se juraban los ingenuos. Bastaba un tropiezo para que toda la edificación sólida que se levantaba con dedicación, se cayera en pedazos como castillo de naipes. Ahora lo veía todo con claridad. La amistad no tenía sentido para él y apretó sus ojos un segundo.
-Él jamás no te amará como yo lo hago- dijo finalmente, con el tono más ácido que pudo emitir. La muchacha bajó la mirada sintiendo esas pupilas azules como dos témpanos de hielo.
-Tal vez… pero quiero averiguarlo- Ron frunció sus labios con impotencia- Lo siento, créeme…- y sin poder agregar nada más, el pelirrojo salió del despacho tras un portazo.
La noche de ese 31 de julio no se hizo esperar. Harry volvía a casa cansado de un día laboral ajetreado más los reclamos oficiales que había recibido del duende que levantó de la ropa como muñeco de trapo. No le importó. Tuvo que enfrentar tres casos de violentos atracos a muggles por parte de magos vándalos que gozaban con agredirlos. Lidiar con delincuentes de ese tipo era cosa rutinaria. Muchos en la comunidad se sentían superiores a los demás realizando magia malintencionada, eso lo descomponía. Qué cumpleaños más asqueroso estaba viviendo. Podía estar comiendo un pastel en compañía de sus amigos pero tuvo que perseguir inadaptados por todos lados. Como ese tipo de largo cabello negro que petrificaba a cuanta persona encontraba en su camino. El Cuartel de Desmemorizadores tuvo mucho qué hacer modificando las memorias de todos ellos. Harry estaba muy malhumorado. Cuando por fin pudo atraparlo, aturdiéndolo mientras intentaba desaparecer, lo puso en custodia y decidió volver a la mansión. No tenía la cabeza puesta en nada de lo que estaba haciendo.
Llegar a Grimmauld Place no pudo ser más placentero. Abrió la puerta principal y fue entonces donde un sonoro: "¡Sorpresa!" lo hizo brincar del espanto. Dentro de la sala decorada por globos, estaban casi todos pero dos personas abrían un hueco enorme en el grupo. No estaban Ron ni Hermione. El moreno apretó sus manos invadido por la tristeza. Agradeció a los presentes el detalle de hacerle una cena de celebración pero en su interior sólo quería que se fueran para poder odiar solo y maldecir a sus anchas… ¿Es que Hermione nunca lo perdonaría por lo que había pasado? Y Ron… debía estar muy ocupado maravillándose consigo mismo, aunque sería muy descarado de su parte esperar que estuviese allí después de lo que sucedía entre él y su ex novia.
-¿Por qué no vino Hermione?- preguntó Harry a Luna casi murmurando para que nadie más lo oyese. La rubia se encogió de hombros para luego caminar hacia la chimenea y conversar de manera misteriosa con Ginny. El moreno suspiró bebiendo del jugo de calabaza que la señora Weasley había preparado. No obstante, no importaba lo que consumiera, todo le sabía a cloro.
-Feliz cumpleaños, Harry- saludó Hagrid, elevando la copa que sostenía en su enorme mano. El ojiverde se sonrió falsamente pensando que ese día no tenía nada de feliz.
-¿Qué sucede, querido? Tienes un semblante muy extraño esta noche- comentó Molly, tomándole las mejillas entre sus manos.
-Estoy bien, no se preocupe.
-Traté de avisarle a Ron que estaríamos aquí pero no lo encontré en su apartamento en todo el día- Harry no mostró mucho interés en ello. Su amigo debía de estar entrenando con su equipo de Quidditch o firmando autógrafos.
La cena acabó entre abrazos y estrechamientos de manos en la puerta de la mansión. Después de degustar el pavo horneado de la señora Weasley y platicar de asuntos triviales, todos abandonaron la mansión extrañados por la ausencia las dos personas que conformaban el trío más unido de Hogwarts. Molly no dejaba de excusar el corto tiempo de su hijo ahora tan solicitado, pero lo que había hecho Hermione había sido un agravio y falta de educación. Harry sintió hervir su pecho cuando la mencionó de aquella manera tan insidiosa. La miró serio sabiendo que Luna y Ginny lo miraban con complicidad. Hagrid lo tomó entre sus brazos elevándolo cariñosamente. El moreno recibió su gesto sonriendo de manera honesta. Ese semi gigante tenía además de un gran tamaño, un enorme corazón. Al salir el último visitante, Harry cerró la puerta con amargura… de nuevo en compañía de la soledad.
El muchacho volvió a la sala para sentarse en el suelo como había hecho su costumbre. Mirando el fuego en la chimenea, se compadecía a sí mismo por ser un imbécil. Tuvo la oportunidad de ser feliz y no la había aprovechado, había preferido alejarse de ella por un amigo que estaba tan irreconocible como un extraño. ¿Había valido la pena? ¿Debió contarle a Ron ese día que conversaron caminando por Hogsmeade? Claro que sí, debió hacerlo, pero su enfado ante su alusión a que Hermione volvería a él por su fama, lo llevó a terminar la charla secamente. Tenía que controlarse cada vez que alguien se refería a ella.
El llamado en su puerta lo sacó de sus pensamientos. Sólo imaginar que pudiese ser por trabajo, lo desmotivó antes de caminar al recibidor. Paso a paso, sentía el alma pesada y deseó que el día terminara pronto. Como era tradición, su cumpleaños siempre era motivo de desaliento. Esa noche no era la excepción. Tomó el pómulo y abrió con la mirada cansada. Detenida en el marco, una mujer de cabello castaño estaba de pie con una maleta en su mano. Harry tardó en reaccionar, quedando boquiabierto. Era Hermione y se veía tan hermosa como cuando la tenía entre sus brazos las noches apasionadas de abril. Silencio. Sólo silencio armonizó esos segundos de reconocimiento mutuo. Ninguno quiso siquiera moverse para no romper ese bello momento de comunicación visual. Ambos se observaron entregándose el deber de ser el compañero en una nueva aventura y se sabían aterrados… eran padres por primera vez y ninguno había tenido una clase sobre ello.
-¿Puedo entrar a mi casa?- dijo la castaña, sonriendo tiernamente. Harry supo que esa frase se volvería su hechizo más terrible. Se acercó a ella.
-Una y otra vez y para siempre…- le respondió logrando que Hermione lo abrazara desesperada. El ojiverde amaba la manera que tenía esa mujer de atraparlo entre sus brazos. Se besaron famélicamente, dejando el alma derramada por la emoción de tenerse. Ella comía de él, él comía de ella, sabiendo que esos días oscuros en Grimmauld Place se habían vuelto de sol. Había llegado la estrella de su constelación- Feliz cumpleaños, Harry- le dijo la castaña cuando pudo recuperar el aliento. El aludido sonrió.
-Gracias a ti, éste ha sido el mejor día de mi vida…
