Besos en un Tren

Capítulo 22

Bella estaba de pie en el andén de la estación en paciente espera del tren que la alejaría del dolor de su corazón. Una vez había escapado de James Bronte y había terminado en los brazos de un desconocido… ¿Cómo adivinar entonces lo que sucedería cuando llegara a conocer al desconocido? Ahora ella volvía a Bronte con un dolor mucho mayor.

Había unas cuantas personas a esa hora tan temprana del día lunes y noto con satisfacción que el tren que se acercaba al andén venía medio vacío. Encontró un rincón en la parte trasera del tren y se acomodó para mirar por la ventanilla cuando el tren se alejara. Sumida en sus pensamientos, cerró los ojos, fatigada.

Todo le hacía recordarlo. Ahí fue donde todo empezó, en un tren. La chica lo beso, abriendo al mismo tiempo la puerta a la más maravillosa y dolorosa experiencia de su vida. ¿Cómo pudo creer que aunque fuera un momento que los recuerdos la dejarían?

Edward estaba cerca, podía sentir su presencia física…casi creía que el se hallaba junto a ella, con sus labios sobre los suyos, ligeros, tiernos, arrancando el corazón de su cuerpo. Sus dedos corrían por las mejillas y apartaban las lágrimas que fluían descontroladas.

- Bella – susurraba su nombre contra sus labios.

- Edward ¡Oh, Edward! – se sacudió para poder despertar, incapaz de poder soportar más, y se encontró mirando la intensidad del verde de sus ojos, los cuales estaban entornados, inseguros y sin el brillo característico.

- Realmente eres tú – susurró – pensé que soñaba.

- ¿Era un buen sueño?

La realidad la inundó con todas sus barreras. No había forma que se abriera a él de nuevo.

- ¿Qué haces aquí?

Él se enderezo y se apartó de ella en respuesta a su rechazo.

- Busco a una chica que conocí, a una que es muy especial para mí.

- ¿Es esa la única razón?

- La única – confirmo sin dejar de ver sus ojos

- pero has conocido a tantas chicas…

- Es que a esta la debo recompensar, mi dulce señorita impulsiva, pero tengo que besarte de nuevo.

La atrajo a sus brazos, la beso con su fuerte, dura y hambrientos labios. Cuando al fin el levanto la cabeza y miró sus ojos, llenos de confusión, de duda, gimió y enterró su rostro en el cuello de ella y entre su perfumado pelo.

- Bella ¡Como te he echado de menos! – sus ojos se encontraron de nuevo; los de él llenos de tierna desesperación, los de ella brillantes por las nuevas lagrimas.

- Entonces, ¿Por qué te alejaste de mí?

- No lo hice, ni por un momento. Tú siempre estuviste ahí – antes de que ella pudiera comprender su extraña respuesta, el beso de nuevo, con la boca calida y persuasiva, que la inducía, llevándola más y más lejos, hasta que ella jadeo y su corazón latió jubilosamente.

Sin embargo, cierta cordura volvió a la chica cuando las manos de el empezaron a moverse sobre su cuerpo. Sonrojada y sin aliento, lo empujo.

-Edward – susurró – estamos en un tren, y no es un compartimiento vacío de primera clase... Hay gente aquí.

El se retiro y miro entorno los curiosos rostros vueltos en su dirección, pero apartaron la mirada con prisa.

- Vamos – la puso de pie – nos bajamos en la próxima parada

- Pero, Edward – protesto – Llegare tarde a la oficina. El señor Bronte…

El presiono su boca contra la suya brevemente.

- Puede buscarse otra secretaria – declaró con firmeza – Tu me perteneces.

- Pero…

- Sin peros.

Se encontraban en un lindo departamento exquisitamente amoblado, donde Bella se encontraba fuera de lugar. Era todo Tan elegante y sofisticado que se hallaba en un ambiente infra natural. El departamento de Edward se encontraba en un gran edificio, exquisitamente decorado y que mostraba elegancia y prestancia. Cuando llegaron Edward la metió en el ascensor y apretó el botón del ultimo piso, o sea el penthouse.

Cuando llegaron ahí se encontró ante una inmensa puerta de roble, y al entrar se quedo maravillada con la decoración minimalista y moderna. Edward le indico que se sentara y ella obedeció.

- Tienes un departamento adorable, absolutamente maravilloso.

- Estoy de acuerdo – convino, mirando el rostro de ella - ¿Quieres una taza de té o café?

- Té – respondió, pero deseaba que se quedara a su lado en lugar de correr a la cocina. Había muchas preguntas que surcaban su mente y como si leyera los pensamientos, el comento:

- Las preguntas y respuestas después.

El regreso con el te y se lo ofreció. Ella lo bebió tímidamente. En ese instante el era de nuevo muy masculino e intimidante. Ese era su mundo, uno que la joven solo podía imaginar.

Al percibir su estremecimiento, el sonrió.

Este bien ¿Por donde empezamos?

Edward estaba sentado algo lejos de ella en el sofá. Bella, en el otro extremo, de pronto se sintió perdida. ¿Cómo llegar a él desde ahí? ¿Cómo podía volver a confiar en el?

Se bebió la última gota de su té, y espero hasta que el silencio se volvió insoportable, así que intervino.

- ¿Cómo supiste donde encontrarme? – Su voz revelaba lo profundo de su dolor.

- Alice me lo dijo cuando llamé esta mañana, dio que acababas de salir a la estación.

- Debí saber que no podía confiar en ella en lo que a ti concierne. Mi amiga aun piensa que eres maravilloso después de todo.

- Pero he dejado de serlo para ti ¿Es así?

- Si, así es. He aprendido algunas lecciones sobre lealtad. Raras veces funciona en ambos sentidos, en tu caso es obvio que Tanya estaba primero. No pude soportar quedarme para averiguar en dónde quedaba yo.

- Debiste esperar Bella, porque iba a regresar. Sólo debía hacer cosas y no quería involucrarte mas de lo necesario, eso solo te habría lastimado.

- ¿Piensas que apresurarte a regresar junto a Tanya no me lastimo? ¿Tan pronto después de lo que compartimos juntos? ¿Te importaba siquiera? – su barbilla parecía desafiante – No, ¡Por supuesto que no! Primero pensaste en Tanya y fuiste a buscarla.

- Si, fui a buscar a Tanya, y por dos razones; una, para decirle que todo había terminado entre nosotros. Sentí que tenia que hacerlo frente a frente porque se lo debía, además ella se había hecho muchas ilusiones, aunque yo no le di pie a ninguna.

- ¿Y la segunda?

- Segundo – repitió – Quería apartar a los periodistas de ti, distraer su atención con algo que encontraran más interesante, con la esperanza de que te dejaran sola.

- ¡Ya veo! – su tono era irónico - ¿No estabas preocupado por ti?

- He pasado por este tipo de cosas antes. No deja marcas en mi – hizo una mueca – Te hubieran hecho pedazos.

- ¿Le…hiciste el amor a Tanya mientras estabas allá?

- ¡Claro que no! No le he hecho nada desde el día que te conocí y presentí que traías algo especial a mi vida.

- Entonces ¿Por qué le propusiste matrimonio? – su rostro mostró sincera ira.

- ¡Eso fue una habladuría de los periódicos y revistas!

- Pero la besaste – añadió – Yo vi la fotografía.

- No la bese, Bella – dijo mirándola a los ojos mostrando la sinceridad de sus palabras – solo la estaba abrazando, es una amiga.

Se quedaron mirando a los ojos y como si fueran dos imanes se acercaron y se dieron un largo y apasionado beso, demostrando todo lo que se extrañaron.

Bella se sentía extasiada. ¡Todo fueron habladurías de la prensa! Sonrío levemente sin pensarlo, hasta que recordó algo.

- Olvide darte un mensaje de Tanya. Al día siguiente después que me llevaste a cenar, me pidió que te dijera que lo sentía, que no había podido cenar contigo la noche anterior, pero que estaba libre esa noche – Edward la aparto y le levanto la barbilla para mirarla con intensidad perturbadora a los ojos.

- ¿Y tú le creiste? Creíste que tu habias sido la segunda eleccion.

- Eso parecía…

- Entonces que poco me conoces – sonrio, sombrio – Yo te invite porque queria cenar contigo, y nunca invite a Tanya. Esa fue probablemente su forma de vengarse por nuestra fotografia publicada de cuando salimos juntos a cenar.

Bella suspiro y sintio que el nudo de su corazon se disolvia.

- Ese dia ella se porto horrible contigo

- Lo siento, cariño. Pro creo que debemos pasar a otro problema… Tu y yo.

- ¿Qué hay sobre tu y yo?

- Una cosa: tu carta de renuncia me ha dejado sin secretaria en un tiempo muy difícil – cerro los labios con expresión pensativa – Aunque supongo que Jessica puede encargarse de lo que queda ahora que su pierna funciona bien.

- ella nunca podrá transcribir mi taquigrafía – comento indignada – ¿Que te detiene a romper mi carta de renuncia?

- Creo que no deseo hacerlo

- ¿Prefieres a Jessica? – añadió con una nota de pánico en su voz

- ¿En mi oficina? Si. Ella es bastante menos conflictiva con la rutina de trabajo. Contigo a mi lado todo el día, encuentro difícil concentrarme y pensar en alguna otra cosa que no sea cuanto te deseo.

- Eso no era obvio – declaro ella con frialdad – No sientes nada más por mi que no sea deseo.

- Amar…desear…en lo que a ti concierne es lo mismo. No puedo desearte sin amarte, y no puedo amarte sin desearte. Te lo he dicho muchas veces.

- Nunca – negó y entonces comprendió. Con sus besos, sus abrazos, su ojos, con todo su ser se lo decia. En su temor e inseguridad ella nunca lo habia entendido – Si lo hubiera sabido…simplemente no lo podia creer.

- Hemos desperdiciado mucho tiempo – dijo el, sonriendo – Tendremos que recuperarlo ¿Qué te parece si empezamos?

- Si, por favor- se arrebujo entre sus brazos.

- No aquí, lo que tengo en mente podría ser bastante fatigoso – dijo tomandola en brazos.

- Voy a echar de menos la oficina ¿Podría seguir hasta…?

El la dejo caer encima de la cama y empezó a desnudarla.

- Cada cosa a su tiempo, en estos momentos te estoy entrevistando para esposa y madre de mis hijos, y te advierto que exijo los mas altos niveles, en cada departamento. ¿Quieres el empleo?

- Si …pero…

- Entonces lo tienes, nos casaremos.

- Pero ¿no quieres ver mi curriculum vitae? – la risa se atasco en su garganta al darse cuenta que el estaba completamente desnudo. Tan bello, tan perfecto…

- Por supuesto – él se sentó en la cama y empezó a desabrocharle la blusa, con una expresión nebulosa en los verdes ojos – Lo haremos juntos, poco a poco. Empezando ahora.

Termino de quitarle la ropa mientras se miraban a los ojos.

- ¡Por dios Bella! Eres algo nuevo cada vez.

- Edward por favor, he esperado mucho tiempo

- Te amo – dijo besándola intensamente.

- Yo también te amo Edward, yo también

Fin