Lunes 13 de septiembre.

Mientras iba en el auto, con la música resonando dentro del vehículo, Hinata no hacia otra cosa que mirar por la ventanilla pensando solamente en lo que le ocurrió horas atrás. No precisamente en el catastrófico almuerzo en la mansión Huyga, sino el desagradable e inoportuno incidente que tuvo a horas de la noche.

La ojiperla soltó un suspiro cargado de dolor mientras cerraba los ojos, recordando todo lo vivido.

"-¡Hinata-chan! –se escuchaba el energico y potente grito de Naruto desde afuera del departamento de la mencionada. El rubio golpeaba con fuerza la puerta, estaba harto de presionar el timbre y que nadie le contestara por lo que empezó a llamarla temiendo que estuviera tan deprimida y que le haya pasado algo estando sola. Se sentía una de las peores escorias porque luego de llevar a la Hyuga a su casa, él se fue a ver a Shion para saludarla antes de juntarse con los demás a jugar al billar.

La puerta fue abierta por un pelirrojo que miraba con molestia a Naruto, y al verse ambos fruncieron el ceño. No eran desconocidos, ambos estaban en contacto por sus respectivas empresas y padres, pero tanto Uzumaki como Sabaku No se tenían un rechazo mutuo el uno al otro.

-Gaara –dijo secamente el rubio mientras achinaba los ojos, intentando entender qué diablos hacía en la casa de su preciada e inocente amiga.

-Naruto-kun –saludo una voz de atrás, haciendo que ambos volteen. Ahí se encontraba la ojiperla de pie, con su largo cabello atado en un alto rodete, y vistiendo de una forma desarreglada como el pelirrojo.

El rubio entró en el departamento y tomó la mano de Hinata, dispuesto a salir para poder hablar con ella. Pero cuando estaba por cruzar la puerta, la mano de Gaara se lo impidió. El pelirrojo estaba bastante sorprendido por la actitud de Naruto, tanto como esa rabia que expresaban esos ojos.

-Quédate aquí con ella –dijo con su tono seco e inexpresivo- ya hemos terminado, Hinata-sama. Nos vemos mañana.

-Hasta luego –fue la seca respuesta que salió de los labios de la muchacha mientras miraba a su amigo nerviosa. Sentía como sus piernas temblaban y más al verlo tan enojado. Ella abrió la boca para hablar pero se calló al ver como Naruto cerraba de golpe la puerta de su casa y volteaba a verla furioso, se acercó a ella y la tomo de los brazos zamarreándola.

-¿Qué hacia él aquí, Hinata? –grito mientras la movía con fuerza, sin importarle la cara de aterrada que ella tenía en su rostro.

-¿Acaso tu eres mi verdadero padre y tengo que darte explicaciones? –repregunto secamente la ojiperla mientras se paraba de golpe con su peso, impidiéndole que la siga zamarreando para todos lados. Vio como una pequeña risa irónica salió en contestación de Naruto y eso la hizo molestarse.

-¿Te acostaste con Gaara? –cuestiono molesto mientras se agarraba la cabeza y comenzaba a moverse en la habitación, cosa que hacia doler a Hinata.

"¿Por qué se comporta de esta manera? Llega a ser tan lindo y dulce pero luego… tiene esta faceta que no tolero. ¿Acaso yo le pregunto cuántas veces se acuesta con la novia?" pensaba ella con lamento.

-¡Mierda! ¡Respóndeme Hinata! –grito Naruto con todas sus fuerzas mientras volteaba a verlo más exaltado que antes, la idea de que el pelirrojo aprovechado haya estado con ella le revolvía el estómago. Lo mataría al condenado.

Hinata abrió los ojos con fuerza y rápidamente bajo la cabeza. No necesitaba que Naruto la vea llorar, no quería que cuando él la quisiera consolar con abrazos ella olvide todo su enojo.

-¿Cómo puedes ser tan regalada, Hinata? ¿Tan fácil eres? –Chillo el rubio- No puedes entregarte así como así ante un hombre, eres una mujer, hazte respetar por el amor de kami. ¡¿Acaso eres estúpida?!

El ruido de una fuerte cachetada silencio todo el discurso del muchacho. Naruto miraba atento y sorprendido a Hinata, quien lloraba con su mano levantada (con la cual le pego). La peliazul comenzó a golpear el pecho del rubio mientras lloraba con más fuerza.

-Si eres tú el que hiciera todo eso, ¿estaría bien, no? –Cuestiono dolida- Porque tú puedes hacer lo que quieras, acostarte con muchas mujeres, hacerlo donde se te cante, pero… ¿Yo no puedo siquiera? ¡Si es por mi consentimiento por algo será, baka! –chillo y luego se mordió la lengua al ver la expresión de Naruto.

-Bien, eso deja claro la persona que eres.

-Vete –chillo ella dolida mientras con sus manos le señalaba la puerta. Su rostro estaba bañado en lágrimas y completamente colorado por la bronca que contenía en su interior. Al ver como Naruto no se movía, Hinata se acercó a la puerta y la abrió- Vete, no quiero verte. No necesito que me juzgues como mi padre. Si tú puedes tener placer, si todo el mundo puede, yo también. Vete.

-Bien –contesto secamente el rubio mientras salía del departamento de Hinata, quien automáticamente cerró la puerta con fuerza. La ojiperla apoyó su cabeza contra la pared y siguió llorando con fuerza, dejando salir sus quejidos y lamentos. Pero de pronto de calló al escuchar unos golpecitos en su puerta. Naruto añadió- Lo siento mucho, Hinata-chan.

-Vete –fue la simple respuesta que ella le dio mientras se alejaba para ir a su habitación, acostarse y taparse para dormir hasta mañana.

Le dolia la pelea con Naruto, pero lo peor de todo era lo que él le había dicho, lo que le daba a entender una cosa: si él supiera lo que hacía, la odiaría. Y eso, la lastimaba a ella."

El auto fue estacionado enfrente a la dirección dada, la cual quedaba a las afueras de la ciudad. Era un complejo nuevo de dúplex, bastante sencillos y lindos. Gaara apagó el auto y sacó la llave, para luego mirar a su acompañante con expresión de dolor.

-No pienses más en lo que paso con Naruto, estamos aquí para trabajar –dijo secamente mientras abría la puerta, luego de ver como Hinata le asentía con la cabeza.

A pesar de la llovizna, ambos caminaron con pocos ánimos hasta el número de dúplex que era, mientras estaban metidos en sus mundos.

-¿Por qué no le dijiste la verdad? –cuestiono el pelirrojo.

-Decir "Naruto pertenezco a una organización donde las mujeres nos vendemos por dinero. Gaara vino para coordinar el horario y arreglar lo que le diremos a la nueva, pero tranquilo hace días no acepto un trabajo y mi paga no es nada mala"… no era buena idea –justifico Hinata tomando grandes bocanadas de aire y añadió- Iba a hacer muchas preguntas si mentía que solo venias por venir, de todas maneras íbamos a pelear.

Gaara se limitó a no decir nada más y tocó el timbre. Ambos al escuchar como la cerradura se abría se pusieron derechos y con miradas inexpresivas, reflejando responsabilidad laboral.

La puerta fue abierta por una muchacha de entre veinte y veintiún años. El cabello lo llevaba corto, justo a la altura de los hombros y era de un color castaño claro, que no llegaba a ser rubio. Su cuerpo era flaco pero con buenas curvas; largas piernas, un buen busto y una pequeña cintura. Llevaba puesto una camisa verde y una pollera negra, con medias del mismo tono al igual que un par de botas. El rostro de la castaña era delicado, con facciones finas pero definidas, una sonrisa tímida lo adornaba, mientras que sus ojos eran negros como la noche.

-¡Hai! –Dijo enérgica la muchacha mientras hacia una rápida y tonta reverencia- Mucho gusto, gracias por venir.

-El placer es todo mío –dijo Gaara sonriendo, haciendo que Hinata tragara en seco por el doble sentido que le encontraba a la frase del colorado que estaba a su lado.

-Permiso –fue el simple comentario de la ojiperla mientras avanzaba por la puerta. El lugar no era muy espacioso, era más bien algo pequeño y perfecto para una sola persona. En donde se encontraba era el living, con paredes naranjas y sillones de un tono blanco. La muchacha se sentó en el más espacioso y miraba atenta los cuadros que colgaban de las paredes. Al cabo de unos segundos Gaara se sentó a su lado, y la castaña enfrente de ambos.

-Soy Matsuri, asumo que lo saben –dijo con una voz tímida mientras sonreía tomándose unos mechones del cabello- ¿Ustedes…? –Cuestiono dudosa- No me mencionaron sus nombres exactamente solo…

-Sabaku No, Gaara –se presentó el pelirrojo de una forma coqueta.

-Hyuga, Hinata –sonrió la peliazul mientras tomaba de su bolso una hoja y se la tendía a una castaña atenta. Al ver la mirada de duda de Matsuri, ella aclaro- Son algunas de las reglas que tienes que tener en clara para trabajar en la empresa. Hay algunas más importantes que otras; siempre pide el dinero antes de empezar, puede ser que no te quieran pagar después de todo; saca información de su vida personal, no mucha así no eres tan obvia; nunca le robes algo personal, después de todo no queremos demandas para la empresa; tampoco menciones cosas tuyas, no queremos que luego te busque en la guía telefónica y te venda como prostituta a sus allegados… ¿Me olvido algo?

Matsuri miraba atenta la hoja y luego a Hinata, para negarle con la cabeza.

-También tienes escrito lo que son las normas de la ropa y esas cosas –relato la joven Hyuga de memoria- No uses nada demasiado excesivo, quieres verte linda pero no una cualquiera. Viste seductora pero juvenil, nada de mucho maquillaje estilo payaso de circo, por favor te pido. Usa escote, nada pronunciado al extremo. Tampoco vistas ropa interior infantil, en eso si tienes que lucirte para encantarlo, los mejores encajes o telas de seda. La verdad es que las remeras y polleras vuelan al instante. Luego de la primera vez ya vas a ir entendiendo como es todo.

La castaña asintió con la cabeza rápidamente.

-¿Tu ropero? –Pregunto Hinata mientras se ponía de pie y miraba para las escaleras, donde le indicaba Matsuri- ¿Puedo ir a ver?

-Por supuesto –dictamino rápidamente la castaña.

Al irse Hinata, Gaara se relajó y apoyo su cuerpo contra el cómodo sillón donde se encontraba. Se acomodó perfectamente y luego le dedico una falsa sonrisa a la muchacha, quien se la devolvió de la misma manera.

-¿Y tú que pintas aquí? –inquirió ella cruzándose de brazos.

Gaara gruño al escuchar como ella se dirigía a él de esa manera, así que se acercó a su lado, apoyándose en las rodillas de Matsuri con sus manos.

-Soy quien te guía por este bello sendero de la vida –relataba el pelirrojo como si leyera uno de esos tantos poemas de conquistas de Kakashi.

-¿Eso significa? –inquirió intentando sonar calmada, pero tener a Gaara tan cerca suyo la estaba poniendo incomoda, eso se notaba por su sonrojo.

-Seré quien te enseñara lo que aquellos que pidan contigo quieren… como darles placer, ver a qué nivel estas… cuanto vales… -al ver que ella frunció el ceño, él la imito- ¿Qué?

-No soy una regalada.

-Entonces… ¿Por qué estas participando en esto?

La castaña palideció por un momento y luego tomo una gran bocanada de aire.

-Me ofendes con que quieras ver mi nivel, no me metería en esto si supiera que no valgo la pena… Quiero placer, y encima obtengo dinero. ¿No es perfecto?

-Entiendo –contesto Gaara mientras volvía a sentarse sobre el sillón.

El ruido de los escalones hizo que ambos volteen a Hinata, quien se encontraba al final de la escalera. La ojiperla les dedico una sonrisa media y luego hablo.

-Matsuri habrá que comprarte un poco más de ropa para el trabajo… así estas cómoda y no usas siempre lo mismo. ¿Te parece? Puedes venir conmigo en la semana, iré con unas chicas de la empresa.

-Claro, gracias Hinata-chan –sonrió entusiasmada la muchacha.

-Prepárala bien –dijo secamente Gaara mientras se ponía de pie mirando solamente a la mujer de cabellera azul- Luego de que te enseñes todo –miro a Matsuri- prepararemos una cita y yo te evaluare. Mira que si no me convences no entraras a la empresa.

-El exagera, será más bien como tu maestro en el arte de seducir –explico Hinata intentando sonar tranquila, no le gustaba como hablaba el pelirrojo.

-Eso mismo –dijo él despreocupado, miro su reloj y añadió- ¿Vamos, Hinata?

-Hai.

Matsuri se puso de pie para ella misma abrirles la puerta a ambos. La primera en salir fue la Hyuga, quien le dedico un saludo carismático a la muchacha, mientras que Gaara le dio un casto beso en la mejilla.

-Gracias por venir, Gaara-sensei.

-Mocosa –fue la simple respuesta que salió de los labios del pelirrojo.

Matsuri, riendo, cerró la puerta luego de haberlos despedido a ambos. En el trayecto hasta el auto, ambos jóvenes estuvieron cayados. Pero al subir al auto, Gaara se quedó pensando un rato largo mientras miraba su celular.

-¿Qué haces?

-No me fio de ella –contesto el pelirrojo mientras negaba con la cabeza y guardaba su móvil con rapidez, para luego prender su vehículo.

-¿Por qué? –cuestiono Hinata extrañada mientras se ponía el cinturón.

"Solo estoy paranoico y con faltas de sexo, es eso." Pensaba el pelirrojo "aunque esa actitud de que es una mujer regalada me llamo la atención. Ninguna mujer que trabaja en la empresa lo vería de esa manera, pero es extraño".

-Es muy simplona –mintió el dueño de los ojos verde agua.

-Seguramente, por eso no dejabas de mirarla de arriba a abajo –contesto riendo Hinata- y no digas nada más, sé que tú la pediste específicamente pasando por encima de los demás.

-¿Quién diablos te dijo?

-Konan, estaba avergonzada porque te trato de caliente enfrente de todos –la sonrisa de Hinata se ensancho, haciendo que el pelirrojo frunza el ceño y se moleste.


-¡Naruto-baka! –chillaba una potente voz mientras con sus altos tacos de color fucsia iba avanzando a través de los pasillos de la empresa Uzumaki, sacando varios suspiros. La mujer, de veintidós años caminaba con un paso decidido, mientras disfrutaba de como todos la miraban por sus grandes caderas y piernas torneadas. Aunque ella no era muy alta, ni llegaba al metro setenta tenia curvas que la favorecían, como sus grandes senos que resaltaban en su pequeño vestido (ajustado) de color fucsia, el cual era de un escote redondo y llegaba hasta un poco debajo de sus glúteos. La chica entro en la oficina de su primo, mientras se sacaba sus lentes de sol oscuro dejando ver esos potentes ojos rojos de toda digna Uzumaki y a la vez, eran del mismo tono que su cabello largo que llegaba hasta media espalda.

-¡Zanahoria miope! –saludó Suigetsu mientras se asomaba en donde era la oficina de Naruto y miraba con diversión a la pelirroja, que tenía una mueca de molestia- ¿Y tus lentes? –al preguntar se acercó a ella y movió ambas manos delante de sus ojos riendo.

-¡Teme! –Chillo ella mientras le pegaba una cachetada llamando la atención de todos- ¿Dónde está el idiota de mi primo? ¡Quiero saber dónde esta Sasuke-kun! ¡Lo busque en la empresa y dijeron que está aquí!

-Lo siento pero no se encuentra –contesto Suigetsu mientras se levantaba y se tocaba la cara con gesto lamentoso, suspiro y antes de que ella preguntara algo, añadió- Se fue de viaje, miope, así que no lo esperes por un tiempo –se apoyó contra la pared- ¿Para qué lo quieres si lo engañas cada tanto?

Karin se sorprendió por la pregunta y cerró la puerta de la oficina de una forma brusca. Tomo a Suigetsu de la camisa y lo zamarreo rápidamente. Estaba nerviosa, siempre fue discreta con todo lo que hacía.

-No entiendo como tú te diste cuenta, pescado, pero si le dices a Sasuke-kun yo…

La risa del peliblanco la hizo callar.

-Él lo sabe y si no es así, tampoco le importaría, no vales mucho para Sasuke y lo sabes –bostezo falsamente.

Karin parpadeo incrédula pero luego sonrió.

-Eso lo dices porque nunca estuve contigo ahora –dijo seductoramente cerca de los labios del peliblanco- después de todo no salimos desde adolescentes, no es tu culpa que la empresa Uchiha quiera un matrimonio para aliarse con nosotros los Uzumaki –cerró sus ojos y acercó sus labios hasta tomarse con Suigetsu pero simplemente se tomó con la mano del muchacho, quien le frenaba el paso.

-No me interesa engañar a mi amigo, zanahoria-baka –gruño el peliblanco con desprecio mientras salía de la habitación dejándola sola.

Cuando la puerta se abrió, todos los empleados miraron disimuladamente a la oficina. De allí salió un muy molesto Suigetsu, mientras que Karin estaba parada y con expresión extraña en su rostro, por lo poco que entendía de lo que pasaba. Pero al verse observada sonrió y empezó a seguir a Suigetsu, actuando como haría normalmente.

-Espera baka –chillo- ¡¿Dónde está Sasuke-kun?!

Desde dentro de un armario en su oficina, se encontraba Naruto Uzumaki sonriendo divertido y de forma socarrona. Estaba completamente feliz de que su guardia de seguridad le haya avisado que llego la loca de Karin, así él se escondía y no tenía que soportarla con sus cosas chillonas que no iban a dejarla en paz.

Saco su móvil del saco negro que llevaba puesto y busco en su agenda el contacto "El teme", para luego llamarlo.

-Dobe –hablo Sasuke con un tono de voz ronco y algo perezoso, se lo escuchaba molesto luego de soltar un gran bostezo.

-Tu durmiendo y yo escuchando los gritos de mi prima escondido en un armario. ¿A vos te parece?

-Jodete por la familia de dobe´s que tienes… bueno, tu padre zafa de eso, él no tiene su extraño comportamiento como ustedes.

-Me ofendes, dattebayo –gruño Naruto frunciendo el ceño- Ven a buscar a Karin, no la quiero dando vueltas aquí.

Sasuke rio como un villano de telenovela.

-Jodete, dobe. Me tome el día, mañana capaz viajo y no la quería molestándome.

-No me digas así, teme.

-Dobe –gruño.

-¡Teme, teme, teme, teme! –repetía a los gritos Naruto pero se calló al ver como la puerta del armario en donde estaba era abierta por nada más ni nada menos que Karin, su prima, quien lo miraba molesta con el puño arriba y los ojos brillando (igual a su madre enojada).

-¡Naruto-baka! –chillo ella mientras lo tomaba de la ropa para sacarlo de un tirón.

-¡Bruja! –Grito él en respuesta mientras cubría su rostro- ¡Kyaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡La carita no, dattebayo!


Por las calles de la ciudad, exactamente a unas cinco cuadras del gran instituto Hashirama, se encontraba Tara caminando junto a su mejor amiga. Ambas vestían el uniforme de esa prestigiosa escuela, una chomba blanca ajustada la cual en los bordes de la manga y en el cuello tenia detalles en negro, el color de la pollera.

-¡Tenia tantas ganas de empezar el último año de estudio! –grito Tara a los cuatro vientos mientras levantaba ambos brazos desperezándose. La muchacha tenía el cabello sujetado en un rodete desinteresado.

-Yo ni te cuento –contesto irónicamente Hanabi mientras se acomodó mejor su bolso en su hombro mientras miraba despreocupadamente hacia adelante. Hanabi llevaba su cabello suelto, luego de salir del instituto se deshizo de ese rodete que llevaba ahí.

-Baka –gruño la dueña de los ojos rosa mientras la miraba- tuve que ir a despertarte antes porque no querías ir. ¿Te pego el mal de amores?

-No me molestes –sentencio firmemente Hanabi mientras fruncía el ceño.

-Vale, solo bromeaba, lo siento –contesto ella con la cabeza baja- sí que das miedo enojada, Hyuga.

Hanabi negó con la cabeza mientras siguieron caminando. Iban hasta una cafetería que se encontraba en la esquina de esa misma calle. Siempre iban ahí porque era un lugar que le gustaba mucho a la castaña, y con el paso de los años se hacía muy común almorzar, merendar, o cenar ahí.

-Iré a buscar una mesa –sonrió Tara mientras se iba hasta la puerta de entrada, dando muchos saltos a la vez que caminaba.

La castaña se quedó observando el lugar. Afuera tenía muchas mesas negras, con las sillas en el mismo tono junto con almohadones rojos. El lugar, adentro, estaba ambientado exactamente igual pero con mucha iluminación y música bastante tranquila para poder dialogar. En cada mesa habia un lindo jarrón con flores adentro. Hanabi se acercó hasta una mesa para poder ver que eran y se sorprendió al ver que eran lirios.

-Hola, Hanabi –saludó una voz temblorosa a sus espaldas haciéndola sobresaltarse y girarse de golpe, por lo que casi se cae sino se agarraba de la mesa con sus manos.

-¿Qué haces aquí, Konohamaru? –pregunto ella secamente mientras se enderezaba y se sacudia su pollera del uniforme, para después mirar de forma intimidante al muchacho quien se rascaba la nuca nervioso. El castaño vestía una ropa normal, jean azul oscuro y una remera manga corta de color verde.

-Es tu lugar favorito –contesto mientras se acercaba más a ella para tomarle las manos- Mira, siento lo que paso. Hable un poco con mi tío y me di cuenta… -suspiro- capaz, esto lo de tu casamiento nos da a entender que nunca tuvimos que estar juntos.

-Konohamaru… yo… -murmuro Hanabi mientras suspiraba, estaba atónita ante sus palabras y sentía como el pecho le dolía bastante.

-Sos una de las personas más importantes para mí, Hanabi, y sabes que no tengo a muchas –rio con amargura- pero, no quiero perderte. No vamos a oponernos a tu familia, no es lo que quieres y yo tampoco. Con ser amigos, estamos bien… ¿no es así?

El castaño reía intentando aparentar que no estaba nervioso, pero abrió los ojos sorprendido al ver como las manos de ellas temblaban, en el agarre con las de él.

-Si es por el casamiento, enserio quiero dejarlo –murmuro Hanabi con la cabeza baja, mordiéndose los labios para no gritar y menos llorar.

-No, Hanabi, es tu deber por tu familia y… -dejo de hablar al sentir como ella soltaba sus manos con brusquedad.

-Dime, Konohamaru –hablo secamente con las mejillas coloradas- ¿Acaso no entiendes que quiero dejarlo? ¿O eres tú el que no está dispuesto a estar conmigo? Dime, porque no veo el problema. Yo tome mi decisión y tú… -respiro hondo- No quieres estar conmigo.

-No quiero perder la amistad que tenemos, Hanabi… capaz con nuestro título de amigos y algún que otro beso está bien. Sin compromisos, podemos estar con otros también.

Hanabi rio con amargura.

-Está bien, si quieres ser amigos te felicito –contesto secamente ella- la verdad, me sorprende no haberme dado cuenta que eres un mujeriego sin remedio. Eres un idiota.

-Hanabi –la llamo Konohamaru mientras la tomaba de la mejilla- ¿Tú quieres perderme?

-Baka –dijo ella entre dientes- solo te aprovechas de que te amo…

-Yo también a ti, pero pertenecer a una sola persona… -negó- no quiero lastimarte.

La castaña sintió como le daba un cálido beso en la mejilla.

-Es un poco tarde para pensar en eso –susurro dolida- ya lo hiciste.

Konohamaru se separó de ella.

-Yo te seguiré amando, Hanabi.

Esa frase hizo que a la ojiperla se le revuelva el estómago. Los ojos de la castaña se llenaron de lágrimas y rápidamente se alejó de él. Camino unos cuantos pasos y se chocó con un cuerpo de lleno, sobresaltándose al ver que era Tara.

-La mesa esta lista –dijo rápidamente la rubia quien se preocupó al verla colorada y con lágrimas en sus ojos.

-No tengo hambre –contesto ella secamente mientras comenzaba a correr para alejarse de ahí, lo que menos necesitaba era seguir estando con él.

-¡Hanabi! –grito Konohamaru mientras intentaba seguirla pero Tara se puso delante de él para impedírselo.

-¿No hiciste mucho ya? –Cuestiono cejuda- ¿Para qué viniste si solo ibas a lastimarla? No le hubieras dicho nada ese día en el bar.

Konohamaru la miro molesto.

-¿Piensas que la dejaran romper el compromiso? –Cuestiono tajante- su padre es capaz de mandarla al extranjero. Prefiero perderla ahora, distanciarnos como se debe pero poder verla y reír con ella.

Tara suspiro, dándose cuenta que tenía razón.

-Pues se sinceró, sino ella…

-Hanabi no lo aceptara, Tara –contesto Konohamaru- si le digo eso, querrá seguir estando juntos. Igual intentara negarse. No la quiero perder, deja las cosas así.

Sin decir más, el castaño se dio vuelta y camino en dirección contraria donde se fue la castaña. Pero se frenó y volteo, viendo como Tara corría intentando buscar a Hanabi. Konohamaru soltó todo el aire que contenía en sus pulmones y se acomodó el cabello, perdiendo la paciencia. De su bolsillo tomó el paquete de cigarrillos, para ponerse uno en la boca y prenderlo con el encendedor.


En su departamento, Sakura se encontraba más radiante que nunca. La pelirosa llevaba en un pequeño rodete su corta cabellera, mientras vestía una remera blanca muy larga que casi le quedaba como vestido. La muchacha iba de un lado para el otro mientras buscaba ropa para poner en la valija, la cual estaba en su cama.

La música estaba a todo lo que daba el reproductor de música, mientras que ella cantaba a todo pulmón mientras saltaba en su sillón. Pero, todo su perfecto mundo se cortó cuando escucho como golpeaban la puerta, lo que la hizo sobresaltarse y gritar. Rápidamente se puso de pie, enderezándose y apago su reproductor.

Abrió la puerta y al hacerlo se encontró con una visita inesperada, ya que se trataba de un lunes a la tarde. Ahí se encontraba Ino Yamanaka, una gran amiga de la joven pelirosa. La recién llegada vestía ropa casual, siendo esta una remera violeta con tiras en el pecho, siendo ajustado, y una bermuda de color blanca. Ella tenía el cabello largo atado en una coleta, era de un tono rubio apagado y tenía un flequillo largo que le cubría su ojo derecho, dejando a la vista solo uno de estos que era de color verde casi celeste.

-Frentesota –saludo la rubia mientras sonreía divertida- ¿Terminaste tu concierto de música?

-Cerda –saludo la pelirosa ruborizada mientras se cruzaba de brazos y se corría, dejando espacio para que la rubia pase. Luego de que ella entró, Sakura cerró la puerta y se volteo viéndola acostada en el sillón.

-¿Qué cuentas, frente andante? –Pregunto riendo- ¿Tan feliz para desafinar así? Parecías un cerdo en el matadero.

-Esa eres tú, Ino, no confundas los apodos por favor –pidió Sakura mientras iba hasta la cocina para servirle algo a su visita, luego de tomar un vaso con jugo se acercó hasta su rubia amiga y añadió- Me voy de viaje con un apuesto muchacho.

Ino parpadeo incrédula.

-¿Desde cuándo tú sales de vieja? –rápidamente negó- ¿Es ciego verdad? ¿Lo dejaste ciego con lo brillante que es de tu frente?

Las carcajadas no se hicieron faltar en la rubia, lo que hizo molestar mucho a Sakura. La pelirosa iba a refutar pero luego se calló al escuchar una risa del otro lado de la puerta, haciéndolas mirar a ambas.

-¡Fue muy bueno, dattebayo! –Gritaba Naruto del otro lado mientras no dejaba de reírse- Te falto decirle que se cuide de no pegarle un cabezazo, puede matarlo.

-¡Ay Narutin! –chillaba Ino mientras veía como Sakura a paso firme iba hasta la puerta, abriéndola de un tirón, y tomaba de la oreja a su machucado primo.

-¡Kyaaaa! ¡Duele Sakura-chan! –se quejaba el rubio, quien tenía un fuerte moretón en la mejilla izquierda y algunos arañazos en el rostro, además de un ojo morado.

-¿Quién te hizo esto, baka? –Pregunto la pelirosa con el ceño fruncido- No es justo, quería desfigurar tu rostro –chillo berrinchuda.

Ino negó con la cabeza mientras buscaba el botiquín de primeros auxilios, a la vez que Naruto lloraba por el dolor que sentía en el cuerpo y por el poco tacto de la pelirosa. Después de unos minutos sufriendo y disfrutando por los gritos de dolor del rubio, ya que Ino le intentaba limpiar las heridas, Sakura dejo de reír y le pregunto que había pasado.

-La novia tonta del teme vino hecha una furia a la oficina buscándolo, se ve que él se logró escapar de ella pero vino a buscarme a mí. ¡Soy bello para perder mi preciada carita! –se quejaba.

-¿La novia del teme? –Preguntó Ino extrañada- ¿Cuál de todos tus temes?

-Solo tengo un teme –contesto ofendido Naruto- Es Sasuke, los demás son bakas como tú.

La rubia le pegó un zape en la nuca haciéndolo gritar.

-Baka.

-¡Duele, dattebayo!

Sakura tenía una vena hinchada en la frente. Llevaba planificada una tarde tan tranquila y se vio interrumpida por los gritos de los rubios.

-No los tolero –comento.

-Y eso que nos conocemos desde hace años, Sakura-chan –dijo Naruto- después de todo tu eres mi prima, y el tio Inojin se casó con la hermana de papá.

Ino negó, mientras se golpeaba la frente lamentándose.

-Tarado –sentencio- todos sabemos nuestra historia familiar, bobo.

Sakura negó por el comportamiento de sus primos. Mientras se relajaba sentándose en un sillón y tarareaba una canción, sabía que sus discusiones tardarían tanto como las "teme-dobe" de Sasuke y Naruto.

-Etto –hablo la pelirosa pensando- ¿Quién es la novia del teme? ¿Acaso no puedes detener que entre a tu empresa, baka?

Naruto rio divertido.

-No puedo, es Karin.

Tanto Sakura como Ino intercambiaron una mirada cómplice al escuchar ese nombre. La pelirroja no era una persona que le cayera bien a ninguna de ellas dos, ninguna la soportaba. Desde niñas hasta en la adolescencia, cada vez que se veían tenían competencias por lo que fuere: la ropa, los muchachos, la comida, la atención de los adultos, lo que fuera. Era algo que no se quedaba atrás con el paso de los años.

Sakura sonrio divertida, cosa que fue notada por Ino.

"JA. Si supiera esa zanahoria plástica que le gane a su hombre. Quiero ver su cara, kami. ¡Sera tan divertida verla llorar y rodar por el suelo! ¡Gane, baka!" pensaba la ojijade mientras se le iluminaban los ojos de forma picara.

-Naruto-baka –llamó Ino- en el cuarto de Sakura te deje tu regalo de cumpleaños adelantado. Está en el primer cajón de su ropero.

-¡Gracias, dattebayo!

Naruto se fue corriendo hasta la habitación. Sakura miro sin entender a su amiga, quien ya estaba sentado a su lado mirándola inquisidora.

-Es muy alto tu ropero, tardara en volver.

La pelirosa negó divertida.

-Sasuke Uchiha es mi último comprador –comento con orgullo Sakura mientras miraba la cara de Ino y eso la divertía mas- Muérete de envidia, cerda. ¡Si tú pusiste esa cara, imagina la de Karin!

Ambas comenzaron a reír a carcajadas mientras negaban divertidas.

-Pagare por eso –dijo Ino y luego pensando añadió- ¿Con el té iras? –al ver como Sakura asentía, Ino le pego de forma divertida en el brazo- ¡Menuda frentona con suerte!

La joven Haruno sonrió con arrogancia.

-Soy hermosa lo sé, gracias –dijo con el ego por los cielos.

-¡Auch! –se escuchó el quejido de dolor de Naruto haciéndolas mirar hacia la habitación.

-Hoy me llamaron de la empresa diciéndome que alguien que estuvo hace mucho conmigo quería volver a contratarme –dijo Ino en un susurro- Fue uno de los primeros que me toco, hace dos años.

-¿De quién se trata? –Pregunto Sakura- ¿Itachi Uchiha? ¿Kakashi? ¿Kiba? –Al ver como Ino negaba y se ponía colorada, la pelirosa entendió el mensaje- Oh por kami.

-Si –rio nerviosa la rubia- se trata de Sai.

Sakura iba a decir algo pero se calló al ver como Naruto volvía y empezaba a gritarle a su amiga. La pelirosa estaba pensando en lo que le acababa de decir Ino; Sai fue su primer amor en secundaria y luego volvieron a verse cuando ella estaba en la empresa pero el pelinegro es una persona muy fría que solo lastimaba a la rubia cada vez que se encontraban, así que la rubia pidió que no lo dejaran contratarla por un tiempo.

-¿Y qué harás? –pregunto en un susurro Sakura.

-No lo sé, sigo pensando.

-¿De qué hablan, dattebayo?

-Tu cumpleaños, baka –gruño Ino mientras lo miraba molesta por interrumpir.

Sakura se iba a unir a la charla pero su celular sonó, llamando su atención. Al abrir el chat, se sorprendió del mensaje.

"Número desconocido.
Necesito hablar urgente contigo, Sakura. Iré a tu casa así hablamos, es muy importante.
Sasuke."

La pelirosa sonrió y contesto con arrogancia.

"No suelo admitir gente que me contrata en mi casa. Es invacion a la privacidad. ¿Cómo tienes mi numero?"

Al instante el azabache contesto.

"De la misma manera que conseguí saber dónde vives. En media hora estaré allí, a más tardar una hora."

La pelirosa fruncio el ceño al saber que se trataba de Yahiko, estaba seguro que fue él. La muchacha miro a sus dos primos y se paró, sacudiendo sus manos como si eso significara "trabajo hecho".

-Dejaremos esta improvisada reunión familiar para otro día –dijo Sakura- tengo que preparar unas cosas en poco tiempo.

Ino entendio el mensaje y se puso de pie, mientras Naruto bufo negando con la cabeza.

-¡Todavía no les conté mis problemas con Hinata-chan! –grito berrinchudo.

-Eso por contarnos de Karin, chusma –lo sentencio Ino mientras lo paraba de un solo tirón- Otro día nos juntamos de nuevo, si quieren en mi casa y seguimos hablando –sonrio- suerte, frentesota.

-Gracias, cerda.

Ambos salieron rápidamente, a pesar de las quejas del rubio. Una vez que cerró la puerta, Sakura corrió victoriosa hasta la habitación para terminar su maleta.


-¿No crees que debería dormir un poco? –cuestiono Mitsuki mientras miraba a su hermano. Ambos se encontraban vestidos para trabajar en la oficina, ella con camisa y pantalón negro, mientras que él con un traje.

-Intente que se bañe o algo pero no quiere irse de su lado –suspiro Kakashi- lo entiendo pero… ¿Cuántas horas crees que durmió desde el sábado?

Mitsuki miró hacia adentro de la habitación notando como Obito estaba junto a la cama, tomando de la mano a Rin. El azabache estaba metido completamente en sus pensamientos mientras soltaba una que otra lagrima, no podía contenerse. Tenía un gran nudo en la garganta, le dolía toda la situación y lo estaba matando por dentro.

-Por favor… Rin… Por favor –pedía mientras lloraba, beso la mano de su prometida para luego cerrar los ojos descargándose- No me dejes, eres mi única familia ahora. Por favor, sabes todo lo que te amo… Rin, te necesito conmigo.

-Obito –llamó Kakashi entrando a la habitación, a su lado estaba su hermana, ambos atentos a las reacciones del azabache. Al verlo voltear, el peliblanco habló- Esta la familia de Rin, ¿Por qué no los dejas pasar y de paso comes algo o…

No pudo terminar su pregunta porque Obito se puso de pie y le dedico una mirada fría.

-¿No entienden que no quiero salir de aquí? –Cuestiono llorando- Cuando su padre murió, ninguno salió de la habitación hasta ese entonces. Yo la acompañare hasta que mejore.

Los hermanos se miraron, dudando si seguir intentando o no. Kakashi iba a hablar pero se calló al escuchar un chillido proveniente de una de las maquinas. Los tres miraron notando que ya no se marcaban latidos del corazón de Rin, sino más bien sonaba un sonido finito marcando cero en las pulsaciones.

-¡Necesito ayuda aquí! –grito Tsunade entrando a la habitación, siendo seguida por una pelinegra de cabello corto y otro hombre. Los tres se colocaron al lado de Rin mientras buscaban diversos aparatos- ¡Le ha dado un paro!

-¡Salgan de aquí, muchachos! –grito el hombre que había entrado con la rubia, mientras los corría.

-¡Rin! ¡Rin! –chillaba Obito mientras era empujado de la habitación, lo último que logro ver antes de que lo sacaran era como colocaban esos aparatos con descargas sobre el pecho de su prometida, haciéndola saltar.

La puerta se cerró cuando los tres estaban afuera. El pasillo se llenó de sorpresa y llantos silenciosos, por parte de los familiares de la castaña también. Pero lo que más resonaba en la habitación era el llanto desgarrador de Obito, quien estaba apoyado contra la pared en el piso, gritando y maldiciendo.

-No quiero perderla… ¡No puedo perderla!


Hanabi se encontraba acostada en su habitación. Había llegado a su casa sin almorzar, y tampoco tenía ánimos como para hacerlo debido al nudo que sentía en su garganta. La castaña seguía con su uniforme escolar, estaba mirando el techo con una expresión de completa tristeza mientras en su pecho tenia apoyado su celular. Se sentía completamente dolida y estúpida, a pesar de todo lo único que esperaba era un mensaje de Konohamaru.

Alguien golpeo la puerta de su habitación, haciendo que ella se siente al instante y se enderece. Conto hasta cinco en un susurro y se secó los ojos.

-Adelante –dijo con un tono seco y para nada amigable.

Por la puerta se asomó un muchacho de veintiséis años quien sonreía de medio lado. Era muy alto, llevaba su largo cabello castaño atado en una coleta baja. Sus ojos eran de un color perla característicos de la familia Hyuga, además de tener una piel bastante clara como sus primas. El muchacho tenía un cuerpo grande pero para nada exagerado, tenía sus brazos bien marcados por el deporte los cuales se notaban en esa camisa celeste clara que llevaba, junto con un jean negro.

-¡Neji-niisan! –dijo sorprendida Hanabi mientras se ponía de pie para abrazar a su adorado primo. Aunque ellos dos eran muy fríos como sus padres, ambos eran tiernos con las personas más allegadas, en este caso la familia.

-¿Cómo estas, Hanabi-sama? –pregunto de una forma afectiva mientras le devolvía el abrazo, para luego separarse de ella y sacudirle el pelo con su mano de forma juguetona, pero al verla con los ojos colorados frunció el ceño- ¿Que sucedió?

Hanabi suspiro.

-Casi dos meses afuera estuviste y casi todo cambio –dijo con ironía la castaña- Hay muchas cosas para ponerse al día.

-Pues tengo mucho tiempo –menciono Neji haciendo su típica sonrisa arrogante.

-¿No iras a ver a Tenten? –Pregunto la castaña mencionando a la novia de su primo, pero automáticamente quiso golpearse la frente- ¡¿Se han peleado?!

Neji negó con la cabeza, sin borrar su sonrisa.

-Planeo darle una sorpresa mañana –explico el joven Hyuga mientras miraba a su prima- Por eso del aeropuerto vine directo hasta aquí, nadie sabe que llegue, bueno tu ahora.

Hanabi asintió, entendiendo la idea y sonrió con ternura al ver como era su primo "el frio y amargado" con su novia. Se notaba como esa muchacha había ablandado el corazón del Hyuga.

-¿Que ha pasado para que tengas los ojos llorosos?

-Konohamaru se mudó aquí con su tío –comenzó a explicar ante la mirada atenta de su primo, Hanabi se sentó en su escritorio y añadió- Nos encontramos, también me sorprendió verlo y… bueno, decidimos salir, nuestro problema era la distancia después de todo –recordar eso le hizo apretar los puños con fuerza- pero vino aquí, al cumpleaños de papá, y ahí dijeron que tendría que casarme con el heredero de los Taketori para unir a las familias.

Neji fruncio el ceño molesto.

-¿Por qué Hiashi-sama haría eso?

-Bueno… -suspiro- supuestamente mi madre lo engaño y luego quedo embarazada de Hinata-onnechan, entonces mi padre tiene miedo que en realidad ella no sea su hija de verdad. Igual de todas maneras no entiendo la venganza que hace metiéndome en el medio –menciono con bronca y dolor- hecho a Hinata de casa, pero no quiere pedirle el divorcio a mi madre para que la prensa se entere. Es desesperante.

-Es extraño que el tio Hiashi-sama haya hecho eso sin pensarlo bien –Neji bufó- algo está tramando.

-No sé qué quiere. Yo pensaba que ya se le pasaría aunque sé que me costaría hacerlo entrar en razón –miro para abajo- dijo lo del casamiento delante de Konohamaru, él se fue y terminamos ese día. Me lo encontré a la salida del instituto pero solo quiere ser mi amigo. ¡Es injusto! ¡¿Por qué quiere eso si nos amamos?!

Neji estaba atento a todas las emociones de su prima.

-¿Por qué? ¿Por qué la gente que amo me abandona? ¡Hinata no está aquí! ¡Mi madre no me ama! ¡La escuche diciendo que solo me tuvo con mi padre para tenerlo satisfecho! ¡¿Por qué me lastiman todos?!

-Hanabi solo estas dolida…

-¡Es disgustaste! –Chillo ella mientras se tapaba los ojos con ambas manos- No sé qué hacer –murmuro- lo amo y quiero recuperarlo pero él me aclaro que siendo amigos estamos bien…

-Los hombres no quieren compromisos con anterioridad –explico el joven Hyuga serio con los puños cerrados- ambos son jóvenes, Hanabi. ¿Tanto lo amas?

-Desde hace años amo a Konohamaru –dijo tocándose el pecho, dejando que él vea sus ojos llorosos.

Neji bufó una maldición y salió de la habitación ante la mirada atónita de Hanabi. Rápidamente la muchacha se puso de pie y comenzó a seguirlo, mientras lo llamaba por lo bajo.

-Solo saludare a tu padre, Hanabi-sama –indico Neji parándose en las escaleras mirándola- Esperare a que me de las razones para el compromiso, necesita la autorización de todos en la empresa y no creo que con lo orgullosos que somos los Hyuga aceptemos que nos una con una clan que se encuentra débil como el Taketori.

Sin más el castaño siguió bajando los escalones, dejando a Hanabi pensando en todas sus palabras y sonriendo de medio lado.


Yahiko volvió completamente frustrado del trabajo. Habia sido un día demasiado largo y estaba completamente exhausto. Luego de llegar a su departamento a las siete de la tarde, lo primero que hizo fue darse un refrescante y reconstructor baño.

Hoy habia recibido las quejas de su ex empleada Fu, quien fue a quejarse y hacer un desastre en la oficina porque la había despedido. Incluso la peliverde tuvo el coraje de inventar que Yahiko contrato a Konan solo porque ambos se acostaron en el escritorio. Y, como si eso no fuera poco, luego llego Sai, el joven con complejos de los sentimientos y psicólogo no recibido. El pelinegro se pasó una hora debatiendo a quien iba a escoger de todas las chicas, para terminar en la rubia que siempre intentaba conseguir. Luego, apareció Sasuke Uchiha con los tapones de punta mientras le exigía la dirección de Sakura Haruno. Obviamente el pelinaranja le dijo que no se lo daría, pero luego de miradas intimidantes y algun que otro billete, Yahiko considero mejor la idea sobre darle o no los datos de la muchacha. Y, como broche de oro, apareció Gaara en la oficina diciéndole que despida a Matsuri porque no le daba buena espina la muchacha para trabajar en la organización.

-Estoy exhausto –murmuro tirándose en su cama. Él vestía solamente una bermuda de color negro y luego se encontraba completamente en cuero, como estaba acostumbrado a pasear en su casa.

El timbre sonó haciéndolo gruñir y de un tirón se levantó, para caminar hasta la puerta con una expresión de malas pulgas. Coloco la llave y abrió de forma rápida y tosca, para encontrarse con una tímida Konan que lo miraba con las mejillas enrojecidas. La pelivioleta vestía un pantalón azul claro y un suéter negro, llevaba también una chalina azul cubriéndole su cuello. Además en sus manos tenía un taper, lleno de sanguchitos.

-Traje la cena –dijo con una sonrisa- ¿Llegue antes?

Yahiko negó y le dejo espacio para que pueda pasar. Luego de que cerró la puerta quiso golpearse mentalmente porque luego de estar todo el día pensando en que a la noche cenaría con Konan, cuando llego a su casa se había olvidado.

-¿Esta todo en orden? –cuestiono la muchacha mientras se sacaba su suéter, dejando ver que tenía una remera del mismo color manga corta con escote en V.

-Si, después de todo son pasadas las ocho –hablo el muchacho mientras veía como Konan acomodaba todo en su living, en la mesa que tenía al lado del futon que quedaba justo en dirección a su tele. La pelivioleta coloco un mantel blanco sobre la mesa, para después apoyar en una bandeja todos los sanguches que había llevado.

-¿Traes los vasos? –pregunto Konan mientras se sacaba sus zapatillas y se sentaba.

El pelinaranja asintió y luego de tomar lo que le pidió, además de la gaseosa, se sentó a su lado. Notaba como ella se encontraba tensa, cosa que le parecía extraña pero capaz era porque ella seguía resfriada aunque en la oficina la había visto mejor que el día anterior.

-¿No tienes frio? –cuestiono él.

Konan rio divertida, poniéndose más colorada.

-Tu estas en cuero, no yo –contesto divertida.

Yahiko se puso de pie rápidamente y fue hasta su cuarto para tomar una remera manga corta blanca. El muchacho estaba colorado, y eso se le seguía notando cuando volvió a sentarse con ella.

-Si… Si te molestaba, me hubieras dicho, mujer –dijo hablando rápidamente.

Ella negó con una sonrisa.

-Ya te había visto así, Yahiko –contesto Konan de una forma normal, pero luego de hacerlo se mordió el labio nerviosa.

-Bueno, pero fue hace muchos años –explico el también nervioso- después de todo, no siempre tuve este tan buen físico –sonrió victorioso.

-Si es por hablar de eso –movía la cabeza Konan pensativa- yo tampoco tenía esta delantera antes –dijo refiriéndose a sus senos, los cuales se notaban la incoación de estos por el escote que ella llevaba.

Yahiko miro hacia otro lado ruborizado, intentaba ignorar el hecho de cómo se había desarrollado el cuerpo de su amiga pero le era imposible. Más de una vez en estos días desde que se reencontraron él le había mirado los senos a Konan.

-Es divertido que te pongas así –hablo riendo- después de todo, manejas una empresa de mujeres que seducen.

El pelinaranja la miro ofendido. Después de todo ella tenía razón pero por lo único que Yahiko se ponía de esa manera era porque Konan siempre fue importante para ella, y hablar de cómo habían cambiado en tantos años le hacía recordar cuando eran novios.

-Me ruborice solo porque pensé en nuestra primera vez –menciono mirándola fijamente a los ojos.

Konan abrió mucho más los ojos sin poder decir algo debido a la sorpresa, y una risita nerviosa salió de sus labios.

-Pasamos mucho tiempo juntos –sonrió nostálgica- nunca olvidare todo lo que vivimos.

Yahiko se acercó más a su lado, intentando besarla pero para su desgracia y sorpresa Konan corrió el rostro. El pelinaranja estuvo a punto de preguntarle porque lo había evitado, pero en ese momento la pelivioleta estornudo, sobresaltándolo.

-Lo siento –dijo tosiendo- Yo… sigo muy refriada.

Konan se sentía completamente estúpida. Cuando había visto como Yahiko se acercaba a besarla casi se desmaya de la emoción, pero luego sintió esas desagradables ganas de estornudar y no pensaba hacerlo en la cara de él. La muchacha bajo la cabeza avergonzada y se ruborizo al sentir los labios de Yahiko en su frente.

-Estas muy caliente… –habló el pelinaranja de una forma ronca.

-Bueno… tú también, más que antes –dijo ella ruborizada.

Yahiko rio nervioso, llamando la atención de ella.

-Hablaba de que tienes fiebre, Konan.

Automáticamente la pelivioleta se tapó los ojos con ambas manos, queriéndose golpear por haberse dejado guiar por sus emociones.

-Te llevare al hospital –determino el pelinaranja- Despues de todo pueden darte un buen remedio para tu garganta –le sonrió algo ruborizado- capaz tienes otra cosa y no solo un resfrió.

Konan acepto sin chistar, estaba demasiado avergonzada. La muchacha se puso su suéter y se quedó esperando mientras Yahiko se cambiaba. A los pocos minutos, el muchacho apareció con un buzo gris y un jean negro.

-Vamos

La pelivioleta simplemente asintió mientras salía de la casa aun callada. El viaje en el auto fue exactamente igual, un completo silencio. Yahiko estaba por desfallecer, le molestaba tanto que ella fuera silenciosa cuando se encontraba con él. Al estacionar en el hospital ambos bajaron sin decir nada, pero el muchacho se acercó a su lado (rodeando rápidamente el auto) y la sorprendió.

-Tú también estas muy caliente, Konan –le dijo en un murmuro haciéndola sonrojarse- me encanta verte, sé que estas más hermosa que antes. No dejo de observarte en el trabajo. Simplemente me encantas.

Sin decir más la tomo de la cintura de forma posesiva y unió sus labios con los de ella. La pelivioleta cerró sus ojos disfrutando el contacto y moviendo sus labios de la misma manera que Yahiko lo hacía. Las manos de la pelivioleta fueron hasta la nuca de él, mientras ambos profundizaban mucho más el beso, intentando transmitir todo lo que sentían.


"Uchiha baka. ¿Dónde diablos estas?"

"¿Entiendes que yo ya pude haberme preparado para el viaje? ¡Hace tres horas que te espero!"

"Olvídate de tener un digno premio cuando aparezcas. El efecto que ocasiono esa película porno que vi desapareció luego de que te atrasaste"

"Baka"

"Al menos trae la cena"

Sakura gruñía mientras leía un par de todos los mensajes que le había mandado a Sasuke. Se suponía que el azabache iba a llegar antes pero no había señal de él y mucho menos había llegado, dejándola plantada.

La pelirosa estaba de lo más molesta, seguía vestida igual que en la tarde, solo que ahora usaba una bata de estar de color rosa pálida encima de su remera blanca larga.

El timbre sonó, y Sakura corrió hasta la puerta. Tomo aire y volvió a colocar esa mirada asesina que practico en el espejo minutos atrás. Abrió la puerta para toparse con Sasuke Uchiha quien tenía una cara de pocas pulgas peor que la primera vez que lo vio, cuando pensó que ella era una adolescente.

-¿Y esa cara? –cuestiono ella frunciendo el ceño.

-No iremos al viaje –sentencio secamente- Al menos no ahora, para compensarte te invito unos días a las aguas termales –murmuro seductoramente.

-¡Noooo! –chillo la ojijade mientras se tomaba la cabeza- ¡Ya tenía planeado todo el recorrido turístico! ¡Quería una foto con la estatua de la libertad!

Sasuke bufo.

-Mi prometida volvió, le mostrare el video en estos días y luego desapareceré a las aguas termales –explico el azabache mirándola como la loca que era.

-¡¿Por qué me ilusionaste, Uchiha?!

-Solo era un estúpido viaje, frentesota molesta.

Sakura palideció cuando escucho ese apodo y rápidamente ensancho los ojos.

-¡SHANNARO! –grito a todo pulmón mientras golpeaba a Sasuke con su puño en la mejilla, haciéndolo tambalear.

-¿Y eso porque fue, molesta? –pregunto tocándose la cara con el ceño fruncido.

-Por mentirme –dijo secamente ella mientras le sacaba la lengua.

Sasuke comenzó a contar hasta diez para no matar a esa muchacha.

-No sé si te olvidaste, pero solo te he contratado –menciono- si te doy algunos gustos aprovéchalos y listo.

Sakura lo miro seriamente.

-¿O te enamoraste de mí y estas celosa? –cuestiono el azabache riendo.

-¡Kyaaa! ¡Claro que no! –chillo cruzándose de brazos y mirando para otro lado.

-¿Entonces porque tanto escándalo?

Ella le dedico una mirada asesina.

-Ya te lo explique, baka –murmuro entre dientes- Solo iré a tus aguas termales para revolcarme con algún que otro sexy hombre.

-Claro que no –dijo seriamente Sasuke- si vas es para estar solo conmigo.

Sakura rio divertida.

-¿Celoso, Sasuke-kun?

-Hmn –contesto él, para luego sonreír de forma picara- te propongo un trato –indico mirándola- Apuesto que puedo enamorarte sin salir perjudicado.

-¿Tanto orgullo, Uchiha? –pregunto incrédula.

-¿Sabes que no puedes, Haruno? –cuestiono él, mientras la tomaba de la cintura y beso de forma brusca y posesiva.

-¡SHANNARO! –grito nuevamente Sakura separándolo de un solo golpe- ¡Nadie le miente a Sakura Haruno! –Sentencio secamente- ¡Ganare la apuesta, y cuando estés enamorado de mi me llevaras a New York! –dijo soñadora.

-Trato –murmuro Sasuke desde el suelo, aun tocándose la mejilla izquierda.

"Pensar que me escondi todo el dia de Karin y me viene a golpear esta molestia." Pensaba en su interior el azabache, aunque a pesar de todo no pudo evitar sonreir.


¡Nuevo capítulo!

¿Qué les parece? Es un poco más largo que los demás jajaja

¿Qué pareja les gusta más? A mí me gustan todas por algo en particular, pero hay una que reflejo lo que me paso a mí.

En fin, gracias por leer. ¡Buen fin de semana!