Viernes 17 de septiembre

3:00 am

Shion está sentada en la cama, tapándose el cuerpo con las sabanas mientras mira hacia su costado intentando ocultar su rostro en su maraña de cabellos rubios. Los ojos de la muchacha, tanto como sus mejillas y nariz están completamente rojos puesto que desde hace media hora se la pasó llorando. Los gemidos salen de su boca sin tener oportunidad de detenerlos, respira de forma agitada mientras aprieta con fuerza sus puños por el dolor e impotencia que siente.

Naruto se viste sin mirarla. Se encuentra completamente arrepentido y confuso, como pocas veces en realidad estuvo. El rubio tenía la cabeza baja mientras pensaba en todo lo que había ocurrido, sus ojos reflejaban dolor y culpabilidad, a la vez que su mejilla derecha estaba colorada por el fuerte cachetazo que le dio Shion unos minutos atrás.

Una vez que el rubio termino de colocarse su ropa y zapatos, se puso de pie, acomodándose el cinto dentro del pantalón para poder abrocharlo tranquilo. Miraba a la mujer que estaba en la cama, y notaba como ella no quería toparse con su mirada. Él era quien tenía que estar arrepentido, no Shion.

-Hablaremos mañana si quieres… más tranquilos –dijo Naruto mirándola fijamente, esperando una respuesta. La muchacha giro su rostro para poder mirarlo a los ojos, reflejando nada más que asco en ellos.

-Por mí –dijo llorando y colorada- vete a la mierda, Naruto.

El rubio pestaño con fuerza al escuchar esa frase. No porque no se la mereciera, sino más bien que Shion pocas veces usaba un vocabulario inapropiado pero tenía sentido ya que ahora él la había sacado de sus casillas.

-Me siento sucia, ultrajada –comento ella con furia- Sé que me usaste y eso me duele más que todo. Mis sentimientos por ti son sinceros, siempre lo fueron y…

Naruto extendió la mano hacia delante, frenando el discurso de Shion.

-Nunca he mentido con mis sentimientos, pero creo que empezamos la relación en un momento débil y yo…

La rubia rio con amargura, haciéndolo enojar.

-¿Qué es tan gracioso?

Ella se inclinó para adelante, mostrándole un poco su desnudez pero a ninguno le importaba eso.

-Nos conocemos desde hace tres años, o más –dijo entre dientes- la primera vez que te conocí fue en un bar, ¿lo recuerdas? –el asintió confuso- Ese día antes de acostarnos, te lamentabas por una mujer, maldiciendo a todo aquel que la miraba, llorando su nombre, incluso lo gemiste cuando tuvimos relaciones ese día… pensé que era algo normal, después de todo solo tenías el corazón roto y nunca más estaríamos juntos pero… Ya paso tiempo, Naruto. Supera a Hinata de una mísera vez, no seré tu mujer de escape para no pensar en ella.

El rubio estaba quieto, duro como piedra y sorprendido a más no poder. El no recordaba mucho la noche que se conoció con Shion, sabía que había ido hasta el bar luego del cumpleaños de la ojiperla, donde Sabaku No Gaara se había atrevido a robarle un beso a Hinata… después de eso en su mente solo estaba el momento cuando despertó al lado de la rubia. Luego se encontraban cada muchos meses en algún bar para luego terminar en el departamento de Naruto o en el de ella. Recién este año comenzaron a hablar para conocerse mejor y comenzar una relación.

-¿Y esto que tiene que ver?

-Baka –gruño entre dientes la mujer mientras apretaba más la sabana con sus manos- ¡Desde que te conozco sufres por Hinata! ¡Tres años Naruto, y quien sabe cuántos más! –Gritaba mientras lloraba ante cada palabra- ¡¿Qué piensas hacer?! –Chillo enrojecida- ¡¿Al fin la dejaras o terminamos?! ¡Estoy harta de que seas atento con ella!

-¡Ella no me gusta, dattebayo! ¡De veras! –grito desesperado, sentía como sus manos le sudaban y su corazón latía de forma desesperada.

-¡La amas!

-Como a una hermana

-¡No! –Chillaba de forma berrinchuda la rubia- ¡Estas enamorada de ella! ¿Acaso siempre que hacíamos el amor pensabas en Hinata?

-Claro que no, Shion –dijo molesto pero lo único que le incomodaba era saber que su novia tenía razón, más de una vez pensaba en la peliazul y se sentía peor por imaginarse a su mejor amiga en esa situación, era un sucio pervertido.

-¡No me tomes el pelo, Naruto! –Grito la rubia mientras le tiraba una almohada directo a su rostro- ¡Veo como la miras! ¡Como la atiendes! ¡Y ella con su estúpida forma de ser que se rie y y… pone colorada! ¡Es desagradable! ¡Hinata es una…!

-No hables así de Hinata-chan –murmuro Naruto, estando al lado de la muchacha y tomándola de las muñecas- No la conoces para opinar, y no permitiré que te expreses de esa manera de ella.

Un golpe fue directo a su pecho, por parte de la mano libre de Shion.

-Te pones así por ella… -rio amargada mientras hacía fuerza para soltarse del agarre de Naruto- Creo que no hay nada más para hablar, suerte con Hinata después de todo la vas a necesitar. ¿Te piensas que ella es tan santita como para estar durmiendo ahora? ¡Hace lo mismo que tú, que yo, y la sigues respetando!

Naruto la soltó molesto y camino hasta el perchero para tomar su abrigo.

-Hablar de esto no tiene sentido… Siento lo que hice, Shion, pero lo demás no tienes nada de razón. Solo… -suspiro- olvídalo, no vale la pena explicarlo.

-El peor ciego es el que no quiere ver, Naruto –murmuro la rubia viendo como el joven Uzumaki salía de su habitación, dispuesto a irse del departamento. Shion tomo aire para luego acostarse en su cama, y soltar un par de maldiciones seguidas de muchas lágrimas.


7.45 am

Dentro del instituto Hashirama se encontraba la heredera menor del clan Hyuga. Hanabi iba subiendo las escaleras de manera lenta y pausada, esto se debía al completo sueño de la muchacha. Ella tenía la mirada gacha, junto con unas ojeras debajo de los ojos y un gran nudo en la garganta el cual le había impedido cenar como también desayunar, puesto que le era imposible tragar algo.

A pesar de que le hubiera gustado llegar mucho más tarde al instituto o directamente no aparecer, ya se encontraba frente a su aula y frunció el ceño al notarlo. Podía escuchar todas las risas adentro, seguramente el profesor todavía no había llegado puesto que oía con claridad el desastre que era ahí adentro.

Tomó aire y abrió la puerta rápidamente.

El ruido siguió, puesto que a pesar de toda la mayoría de sus compañeros se acostumbraban a su presencia y no era nada nuevo su llegada. La castaña miro su banco y fruncio el ceño al ver que en este se encontraba Tara junto a Udon hablando sobre quien sabe qué cosa. Se molestó de que el castaño le haya ocupado su lugar, pero después de todo no quería hablar con la rubia.

Iba a dar la vuelta para buscar otra mesa pero se sobresaltó ante el grito exagerado de quien era su mejor amiga.

-¡Hanabi, ven aquí! –Gritaba Tara a todo pulmón, como si fueran las siete de la tarde y estuviera en la cancha de futbol del colegio- ¡Vamos!

La castaña frunció el ceño pero obedeció, después de todo sino le hablaba ahora a Tara lo tenía que hacer en otro momento. Estaba molesta tanto con ella como con su exnovio, sentía que ambos se habían reído en su cara y eso no lo toleraba. Le habían lastimado el orgullo, y como digna Hyuga, no lo permitiría.

-¿Qué quieres, Tara? –cuestiono, tajante, cuando estaba frente a su amiga.

La mencionada pestaño varias veces confundida. Udon, por su parte se levantó del asiento, sabiendo que si no quería morir en medio de una pelea de mujeres tenía que irse. Tara se inclinó un poco más en el asiento, mirando sin entender a su amiga.

-¿Qué hice? –cuestiono mientras abría los ojos con fuerza, y extendía los brazos de manera dramática.

-¿Por qué no me dijiste lo de Konohamaru? –cuestiono tajante, mostrando furia en sus ojos e intentando esconder su dolor.

Noto como la mirada de Tara flaqueo, y se puso seria. Estaba nerviosa, y eso se dejaba ver por como abría y cerraba los labios no sabiendo que decir.

-¿Eres mi mejor amiga, no? –Pregunto Hanabi- ¿Entonces?

-No quería que estés mal, eso es todo –dijo seriamente Tara- Ya sufriste suficiente por el… ¿Por qué tenías que hacerlo más?

Hanabi apretó sus puños con fuerza.

-Sos mi amiga, se supone que tendrías que contarme algo que me abriría los ojos respecto a él… Mierda, Tara. ¿Por qué no me contaste? Fui una estúpida toda esta semana.

-Lo siento, pero el lunes los vi y el me pidió que no te dijera nada yo…

-¿Los viste ese mismo día? –pregunto entre dientes la castaña mientras con su puño golpeo la mesa con fuerza, estaba perdiendo todos sus estribos. Y, sino gritaba y golpeaba cosas, terminaría llorando mostrándose débil ante los demás y eso no lo haría. Hanabi tomo aire y la miro molesta- No me hables hasta que se me pase el enojo, Tara.

-Lo siento mucho Hanabi –dijo con ojos acuosos e intentando tomarla de la mano pero la joven Hyuga ya se había alejado de ese asiento. Arrojo su mochila a una mesa en la otra fila de bancos y luego, busco con la mirada a Konohamaru.

Lo vio sentado a unas mesas de distancia, el muchacho al verla con el ceño fruncido comenzó a acercarse a ella, pero Hanabi hizo lo mismo para luego tomarlo de la muñeca y sacarlo del aula a rastras. El castaño no se oponía más bien se dejaba ser, confundido por verla tan molesta y hasta enojada. Una vez que estuvieron fuera, Konohamaru abrió la boca para preguntarle qué es lo que pasaba pero le fue impedido por una fuerte cachetada de la castaña que le dio vuelto el rostro.

-¿Pero qué…

-¿Fue divertido? –Pregunto Hanabi dolida mientras luchaba por no llorar- Dime, ¿Qué tan gracioso era ilusionarme mientras estabas con otra? –Tomó aire- ¿Te gustaba reírte de mí, Konohamaru?

-No seas idiota, Hanabi –dijo seriamente.

-El único idiota, eres tú –contesto secamente- no puedo creer que te importe tan poco para solo unos días después de vernos ya estar con otra… Se nota que yo te importaba demasiado, la verdad.

Konohamaru se pasó una mano por su cabello, nervioso.

-No estoy más con Moegi, lo que te dije ayer fue enserio –contesto nervioso- Solo nos besamos unos días, yo… tengo que olvidarte, Hanabi, por dios… te vas a casar, tengo que intentar dejar de quererte conmigo.

Hanabi dejo salir unas lágrimas de impotencia.

-Podíamos seguir este tiempo, capaz hacia entrar en razón a tu padre pero…

-¿Y si no salía bien? –Grito Konohamaru enojado- ¿Crees que me gustaría verte luego de la mano con otro hombre que no sea yo?

-¡Hijo de puta! –Chillo ella entre lágrimas- ¡Me estás haciendo sufrir ahora! ¡Tú estás con otra, besándote, a mis espaldas! ¡Y lo noto, veo como la buscas! ¡No soy tonta, no me trates como tal! –Soltó un gemido de dolor- me hiciste justo lo que no querías ver…

Konohamaru la miro apenado.

-Nunca quise que tu vieras algo de todo eso… solo necesitaba despejar la mente y ella estaba ahí. No voy a tener nada con ella, solo fueron besos. Lo juro.

-No me interesa que me jures o no. No hubieras jugado conmigo en este tiempo, dándome falsas esperanzas de volver, o tratándome bien –apretó los puños con fuerza mientras se apoyaba en la pared, con completa expresión de dolor en su rostro- Yo si quiero estar contigo, Konohamaru… yo te amo a ti, te deseo…

-Yo también, Hanabi

-¡Y eso es lo peor de todo! ¡No quiero sentir esto por ti cuando estas con otras! ¿Cómo mierda pudiste? –le grito dolida mientras se agarraba el cabello. La muchacha tomó aire y luego se limpió de forma brusca las lágrimas que caían de sus ojos por sus mejillas, ante la mirada atenta de Konohamaru.

-Hanabi… -dijo llamándola, con un tono triste mientras tragaba saliva con dificultad por ver en el estado que esta la castaña.

Ella negó, mientras daba unos pasos para atrás.

-Haz tu vida, yo hare la mía –hablo secamente- Esta con Moegi, yo estaré con mi prometido –luego lo miro fijamente a los ojos- Justo como tú quieres.

Konohamaru la tomo de los brazos, sacudiéndola con fuerza. Dejando ver como sus ojos estaban aguados, reflejaban desesperación y hasta enojo.

-¡Ese es el futuro que tu padre quiere para ti! ¡Yo no elegí que te cases!

-¡Pero si me dejaste! ¡Te alejaste!–chillo molesta ella volviendo a llorar, y mordiéndose el labio al hacerlo- Déjame, Konohamaru, quiero irme.

-No, hablemos –dijo secamente el muchacho- tú me buscaste, ahora escucha lo que quiero decir.

Hanabi hizo fuerza para soltarse, zamarreándose mientras chillaba.

-¡No me escuchaste en un montón de veces esta semana! –Grito enfurecido- No siempre todo es como tú quieres.

El castaño se enderezo al ver como ella se soltaba de su agarre y comenzaba a caminar, yéndose por el pasillo.

-¡Yo te amo a ti! –Grito enojado mientras sentía los ojos nublados- ¡Mierda, Hanabi! –frunció el ceño al verla correr hasta donde se encontraban los baños.

El muchacho suspiro resignado, mientras se giró para volver a entrar al aula y se extrañó al ver a alguien mirándolo desde unos pequeños metros de distancia.

Ahí se encontraba Kaori Kimura, la media hermana de Tara. La muchacha es de la misma altura que él, y le sostenía firmemente la mirada con esa linda sonrisa angelical que la caracterizaba. Kaori, de diecisiete años tiene su cabello de color celeste suelto, cayéndole hasta la cadera y con bucles al final. Su piel es pálida y tiene unos lindos ojos rosa. Ella tenía ambas manos en su cadera, dejando ver el uniforme del instituto el cual le quedaba demasiado justo, haciendo resaltar su pequeña cintura y grandes pechos.

-¿Tú le dijiste, Kaori?

La dueña de los ojos rosa asintió, sin mostrar arrepentimiento en su mirada.

-¿Por qué? –cuestiono tajante Konohamaru.

Kaori tomo aire.

-Ella no se merece que le mientas, necesita que le seas completamente honesto –suspiro- no quería dejarla vivir una feliz mentira, porque cuando sepa que en realidad estabas con Moegi y que no volverías con ella la hubieras lastimado más de lo que hiciste ahora.

-No quería lastimarla y tampoco mentirle… -sonaba resignado- con Moegi corte todo desde ayer.

Kaori rio divertida mientras comenzó a caminar. Pero, antes de alejarse del pasillo volteo a ver a su amigo, notándolo desesperado y molesto.

-Repite esa mentira hasta que te la creas.

Konohamaru bufo.

-Yo sé que amo a Hanabi, pero no puedo luchar contra los deseos de su familia.

-Eres un cobarde, ni siquiera lo intentaste –hablo Kaori para luego seguir su camino hasta los baños.

La muchacha iba a entrar cuando se sobresaltó por escuchar un grito proveniente del joven Sarutobi.

-¡Si lo hago la alejara de mí! ¡Él lo hara!

Kaori suspiro y miro adentro del baño asombrada. Contra una pared estaba sentada Hanabi, llorando, cubriendo sus ojos y gritos con ambas manos que tenía contra su rostro. La castaña tenia leves espasmos, temblaba debido a su llanto y no dejaba de soltar quejidos que eran inentendibles.

La peliceleste se acercó hasta su amiga para luego arrodillarse y acariciarle gentilmente la espalda a Hanabi. La castaña se asustó al sentir un contacto y levanto levemente su mirada para observar de quien se trataba; su rostro estaba completamente rojo, lo que más resaltaba eran su nariz y los ojos perla completamente humedecidos, tenía las mejillas cubiertas por sus lágrimas además de unas grandes ojeras.

-¿Qué es ese olor? –pregunto asqueada Kaori, haciéndola avergonzar a su amiga.

-Vomite, lo siento –contesto simplemente Hanabi algo avergonzada, mientras seguía llorando.

-Hanabi-chan –dijo dulcemente la ojirosa mientras seguía mimando a su amiga y suspiraba resignada- ¿No dormiste nada ayer, verdad?

La castaña negó con la cabeza mientras se mordía fuertemente el labio, y se sorprendió al hacerlo sangrar.

-Ten cuidado.

-Ya no importa –dijo entre dientes la ojiperla- No digas que me viste llorando.

Kaori sonrió divertida.

-No lo hare –menciono negando- ¿Quieres que bajemos al bufet para comprar algo?

Hanabi negó con la cabeza.

-Creo que me iré, no tengo ganas de estar aquí –dijo secamente mientras se ponía de pie- me siento decepcionada –revelo mientras se dirigía a los lava manos para poder enjuagarse el rostro- ¿Puedes arreglar tú lo del proyecto? –Cuestiono esperanzada- Por favor, habla con Konohamaru y Udon.

-Claro –asintió Kaori, pero sonrió nerviosa porque sabía que le costaría acercarse a Konohamaru sin que este intente matarla… y cuando su hermana, Tara, se entere de que le contó a Hanabi también le dará caza.

"No podía dejar que siga creyendo falsas ilusiones" pensaba Kaori mientras observaba como Hanabi se limpiaba delicadamente el rostro, mostrando lo delicado y pálido que era, además de esas manchas negras debajo de sus ojos. "El también sufre, lo es y lo noto pero… ¡kuso! Es difícil ser amiga de los dos"

-¿Segura que no quieres quedarte aquí? –Cuestiono la peliceleste- Puedes sentarte conmigo y…

-No, está bien –respondió seriamente- quiero ir a mi casa donde poder entrenar un rato o tocar el violín o estar lejos de ellos… -suspiro- Gracias de todas formas.


11:45 am

Por los pasillos de la Universidad UCAU se ve caminando entre saltitos a una radiante joven. La mujer de veintiséis años muestra una sonrisa radiante mientras por cada paso que da mueve su cabello color chocolate con gracia, siendo este corto y no llegándole más debajo que los hombros. Sus ojos son de color marrón, siendo grandes y atractivos a simple vista. Su piel es de un lindo tono claro, no llegando a ser pálido. Es alta, viste un jean negro que remarca sus piernas largas y una remera manga corta de color rosa, la cual es suelta pero marca un poco sus senos.

La mujer cuando llego a la salida se detuvo, congelada. Recordó que la razón por la que estaba tan feliz es porque se acababa de recibir y tenía el título en su mano, pero se puso alerta porque tenía miedo de salir y que su familia la ataque con huevos y harina. Con total cuidado y precaución, Tenten Ama salió lentamente de la universidad, mirando para todos los costados y luego para adelante. Suspiro aliviada al no ver a sus padres armados con alimentos dispuestos a felicitarla. Sonrió divertida y comenzó a caminar, bajando las escaleras de la universidad y se estremeció por completo al ver como de un auto negro, estacionado frente allí, se bajaba él.

Neji se encontraba ahí, con una amplia sonrisa y un ramo de flores de color entre rosas y violetas hermosas. El castaño vestía con su típico traje negro de empresa, y después de no verlo por meses, para su novia se veía de lo más sexy.

-¡Neji! –chillo Tenten a todo pulmón mientras corría rápidamente hasta él. Sino fuera porque el título de Arquitecta le costó mucho conseguirlo, se le hubiera caído debido a la emoción por verlo nuevamente.

El castaño la espero sonriente, le encantaba verla feliz como cuando era una adolescente risueña, para él, Tenten siempre tendría esa linda energía y actitudes de su niñez. La muchacha se arrojó a los brazos de su novio, saltando a la vez para poder abrazarlo con las piernas. Como el joven Hyuga se lo espera simplemente la recibió gustoso, tomándola fuertemente de la cadera con sus brazos.

-Te extrañe mucho –dijo melosa sobre su oreja la castaña mientras restregaba las mejillas de ambos una contra la otra.

-Yo a ti, Tenten –murmuro sonriendo- Felicidades, graduada.

Tenten rio para luego llenar el rostro de Neji de besos, divirtiéndola ver las muecas que hacia su novio ante los mimos, puesto que ama cuando ella lo besa en todos lados.

-Cásate conmigo –dijo de pronto, haciéndola frenar en su idea de llenarlo de besos.

La castaña lo miro fijamente, sorprendida y hasta ruborizada. Neji podía observar como los ojos de ella se aguaban, desde los quince años –época en donde se pusieron de novios- Tenten se la paso diciendo que se iban a casar y tener hermosos hijos con ojos perlas.

Tenten rio nerviosa y se mordió el labio con fuerza mientras asentía con la cabeza, sintiéndose desfallecer por lo que le había propuesto su novio.

-¡Kyaaa! –Chillo melosa- ¡Acepto! –Lo abrazo con fuerza para luego separarse y rozar su nariz con la de él- ¡Te amo!

Neji la beso con ternura en los labios, haciendo un gesto tierno y para nada sexual, para eso tendrían toda la noche luego. El castaño estaba feliz teniendo a Tenten en sus novios, quien era su prometida.

-Tenten Hyuga –dijo de pronto la castaña mientras le daba picos a Neji y añadió- Nací para ser Hyuga, ¿No crees?

Neji negó, sorprendiéndola. Sus mejillas se pusieron rojas y las orejas también, adelantando la frase tierna que diría el muchacho.

-Naciste para ser mi esposa.


12:22

Hinata está peinando su cabello, acaba de darse una refrescante ducha antes de almorzar. Habia tenido una mala noche, con pesadillas y por ende durmió muy incómoda, necesitaba algo para despabilarse.

Su teléfono comenzó a sonar, haciendo que frene sus pensamientos y a la vez lo que estaba haciendo. Aun con el cepillo en mano y con una bata lo suficientemente larga para cubrir su cuerpo, se encamino hasta su habitación.

Tomo su teléfono y atendió rápidamente.

-Diga –habló

-Hola Hinata-sama –hablo cordialmente Yahiko mientras sonreía a través del teléfono- un cobrador ha pedido por ti.

La peliazul se asombró, puesto que hacía mucho no recibía llamados de la agencia y eso no le incomodaba, el trabajo de consejera para las chicas que recién entran en la empresa le gustaba bastante.

-¿De quién se trata? –pregunto, después de todo, ella tenía el contrato de trabajo firmado.

-Hidan –contesto al instante Yahiko soltando una risita- siempre que nos contacta es solo por ti, Hinata. Yo quería saber que…

La mencionada se ruborizo al instante, no quería hablar de su intimidad con el jefe de la empresa.

-Dígale que venga a buscarme a mi casa, sabe la dirección –hablo rápidamente Hinata mientras intentaba dejar de ponerse roja, no le gustaba estar ruborizada- luego iremos al hotel de siempre y listo, ahí me paga. Que el dinero sea el doble.

-Está bien… -habló Yahiko mientras se tomaba su tiempo para anotar y luego añadió- ¿Y si quiere algo distinto?

-Que busque a otra –contesto simplemente Hinata, eso era lo mejor que le podía pasar. Ella no se debía negar al trabajo, tenía que obedecer sin chistar cuando alguien llamaba por su cuerpo… aunque claro, si había un problema personal con dicho cliente Yahiko las dejaba elegir si estar o no. La única esperanza para Hinata es que Hidan no aceptara pagar más por ella y termine contratando a otra.


12:34

Tsunade había sido llamado de urgencia a la habitación 17. Aunque ella pocas veces se hacía cargo de algunas situaciones en el hospital (al menos que sean graves o urgentes), el joven Obito Uchiha había pedido específicamente tenerla a ella como médica a cargo de su novia. A pesar de que Tsunade tiene poco tiempo entre su negocio de cosméticos y el hospital, no pudo negarse a ese pedido.

Al entrar la rubia en la habitación se encontró con Rin sentada en la cama, destapada y mirándose las piernas con incredulidad, junto a ella estaba un serio Obito. Un poco más alejados de ellos, estaban los hermanos Hatake, mirándolos de forma inquisidora y nerviosa, estaban todos atentos.

-¿Cómo has estado, Rin?

-Bueno… -su voz sonaba pausada, nerviosa y hasta levemente se notaba el miedo de ella.

-No puede caminar –dijo secamente Obito mirando de forma intimidante a Tsunade, mientras que ella alzo una ceja sorprendida y luego cerró la puerta de la habitación, para poder tomar el registro médico de la joven Nohara.

La habitación se llenó de silencio y todo se transformó en un momento tenso. Obito estaba de lo más impaciente y molesto, desde que vio como Rin se cayó al piso por no poder estar de pie sintió que iba a matar al primero que se le cruce con tal de arrancarle las piernas y que su novia este como nueva. El azabache suspiro, dedicándole una suplicante mirada a la médica esperando una respuesta salvadora o algo por ese estilo.

-Era un posible resultado… -comenzó a explicar Tsunade pero no pudo continuar ante el golpe que dio Obito sobre la pared, sobresaltándola a ella y a los demás presentes.

-¿Y cuándo mierda pensabas decirme que mi prometida podía llegar a quedar paralitica? –Criticó entre dientes- Esto no es un puto programa de televisión para que te hagas la misteriosa, ve al grano.

-Mira, Uchiha –dijo retadora la mujer mirándolo fijamente con desprecio por el tono en que Obito se refirió a ella.

Una tos los sobresaltos, haciéndolos mirar a Mitsuki, quien estaba con los ojos puestos en ellos de forma acusadora. La peliblanca hizo un gesto con la cabeza para que ambos presten atención a Rin, quien tenía una vista cansada y suspiraba despacio.

-Me siento débil, las piernas me duelen, tengo sensibilidad en ellas pero… no lo sé, era extraño, tampoco tengo las mismas energías que siempre, puede ser eso… -miro con sus ojos brillando a Tsunade, dirigiéndose a ella y añadió- ¿Puede ser el cansancio, verdad?

La rubia asintió, mirándola con precaución mientras leía el reporte médico de la joven Notara.

-Te haremos unos exámenes, Rin –hablo firmemente- para asegurarnos que no te hayas lastimado nada de más y, al principio parecía una quebradura pero para mi sorpresa al ver los estudios es que no lo era, tuviste suerte… El día que ingresaste no nos dimos cuenta con exactitud –al ver como Obito iba a refutar, añadió- cosa que se nos pudo pasar debido a que estamos más preocupados en que recuperaras la conciencia.

Rin asintió, con entendimiento.

Kakashi miraba fijamente a su amiga, extrañado por ese comportamiento en ella. No es que no fuera normal, la castaña siempre fue fuerte aun para ser tan frágil a simple vista, pero aun asi conociéndola sabía que Rin se moría por llorar. Mitsuki, por su parte, notaba lo mismo que su hermano, percatándose de como su amiga jugaba con sus dedos de manera desesperara, de una forma impaciente.

-Uchiha –hablo secamente Tsunade, sonando ofendida- ve a firmar los papeles con Shizune, quiero hacer una prueba con Rin.

-Yo no…

-Ve, Obito –hablo Mitsuki sonriendo de una forma sincera- Yo me quedare con ella, son cosas de mujeres –miro a su hermano y comenzó a echarlo haciendo gestos con las manos- shu, shu, fuera peste.

Rin mostro una sonrisa floja, se notaba como intentaba fingir todo lo que podía. Obito, aun dudando, fue arrastrado por Kakashi hacia la salida de la habitación, dejando a las tres mujeres solas. Apenas se fueron, y una vez que dejaron de verse a través del ventanal, Rin se cubrió el rostro comenzando a llorar.

Dejaba salir lágrimas contenidas desde el momento que se cayó al piso junto a Obito. Había querido hacerlo en ese momento, pero se contuvo, no quería lastimar más a su novio, no se lo merecía. Odiaba todo lo que le estaba pasando, pero más que nada se lamentaba por cada lágrima que derramaba el joven Uchiha pensando en ella… por su culpa, por su estado actual.

-Esto es arreglable, Rin –intervino Tsunade mirándola levemente enternecida- necesito que te relajes para que los exámenes que te hagamos en un rato salgan perfectos. ¿Te parece? –pregunto y añadió al instante- si todo da perfecto, la semana que viene podemos empezar con los ejercicios para que tengas cada vez más movilidad en las piernas, poco a poco…

-No –habló seriamente, mostrando el rostro y dejando al descubierto como estaba con los ojos llenos de lágrimas- Si todo sale bien empiezo mañana, o pasado. No esperare, por favor no estires su dolor… -soltó un quejido.

Tsunade alzo una ceja al escuchar la última frase, y observo como la joven peliblanca se sentaba en la cama junto a su amiga y comenzaba a acariciarle la espalda. Automáticamente Rin se arrojó a las piernas de Mitsuki, escondiendo su rostro, llorando con fuerza y soltando quejidos.

-No quiero que sufra más por mi culpa –habló de forma fría Rin, sonando de forma entre cortada por la respiración de ella- Lo del bebe… ¡Perdí a mi bebe! –Se apretó más fuerte al agarre de la campera de su amiga- No merece más dolor.

-Piensa un poco en ti, Rin –dijo Mitsuki mientras seguía intentando mimarla.

-Lo hago –respondió entre sollozos- por algo quiero mejorarme, para volver a estar con él.

Tsunade suspiro y dejo el historial de Rin en el velador de la habitación.

-Apurare tus estudios –dijo hablándole de forma firme a la castaña, quien escuchaba atenta aun a pesar de no mostrar su rostro- Los haremos todos hoy, también visitaras a Shizune para que te saque los puntos del golpe de la cabeza ¿está bien? –Al ver que Rin asintió, siguió- comenzaras mañana con los ejercicios de movilidad, te quiero a las nueve lista, desayunada y esperándome ¿entendido?

Sin esperar respuesta, la jefa del hospital se giró caminando hasta la salida de forma autoritaria, mostrando su poder y seriedad con sus pacientes. Pero, cuando estaba por abrir la perilla volvió a mirar a su paciente. Rin seguía acostada sobre las piernas de Mitsuki, quien le acariciaba el cabello. La diferencia de segundos atrás es que la castaña ahora mostraba su rostro, mirando a la médica directo a los ojos.

-Gracias, Tsunade-sama.

Ella sonrió.

-De nada, mocosa

Mitsuki negó con la cabeza. "Esa vieja loca nunca cambiara" se lamentaba mientras bajaba el rostro, haciendo que su flequillo le tapara los ojos.


13:45

Suigetsu comienza a removerse en la cama, siente como algo le moja el rostro una y otra vez. El muchacho tiene un serio miedo de abrir los ojos y ver qué es lo que pasa, sabe exactamente que no está en su casa. El peliblanco se removió un poco y con lentitud abrió sus parpados, dejando al descubierto sus ojos morados que miraron de forma curiosa a ese pequeño perro que tenía sobre su pecho.

-¿Ah? –cuestiono viendo como el perro pasaba su lengua por su mejilla y nariz, queriendo llamar su atención. Suigetsu se ruborizo al instante, había identificado (sin mucha ciencia) que se trataba de una lengua, y estaba ciertamente esperanzado de que se tratara de Karin.

Aun con el rostro rojo, y las orejas del mismo tono, el peliblanco tomó al cachorro y lo bajo de la cama. Miro hacia su costado derecho, notando que ahí estaba acostada la pelirroja sumergida en sus sueños. Karin seguía con la marca en el ojo, lo que hizo que Suigetsu frunza el ceño. Y luego, sus ojos se posaron en su pera vendada, la cual ahora estaba cocida gracia a la insistencia del muchacho.

Con cierta calma y precisión, Suigetsu llevó uno de sus dedos hasta un cabello rojo de Karin, corriéndolo de su mejilla, dejando al descubierto ese pálido rostro que tanto le gustaba, con sus ojos cerrados se veía completamente tierna y hermosa, haciendo que sus largas pestañas resalten.

El peliblanco soltó un suspiro, sin retirar su dedo del cabello de Karin, sino que comenzó a acariciarlo lentamente por la espalda de la muchacha.

"Sigues siendo tan hermosa como el primer día que te conocí" pensó mirándola, y automáticamente desvió el rostro por esa sensación extraña que le recorrió el pecho "pero esta menos cuerda que antes"

El peliblanco bufó y sonrió de forma forzada, mostrando dolor en ese gesto, había cosas que no le gustaba recordar.

"Suigetsu levanto una ceja incrédulo por lo que escuchaba, estaba cruzado de brazos y con cara de pocas pulgas. El peliblanco a sus veinte años era muy apuesto, sosteniendo algunas facciones adolescentes todavía en su rostro y su cuerpo no se encontraba tan formado, pero si con sus brazos bien marcados gracias al deporte. El muchacho vestía una remera violeta manga corta, junto a una campera negra y un pantalón del mismo tono que esta.

Karin estaba frente a él, con una expresión picara característica en ella a sus dieciocho años. La mujercita vestía un saco de color lila que impedía ver lo que usaba debajo, mientras que también usaba un short negro y unas botas altas del mismo tono. La pelirroja tenía su cabello suelto, cayéndole en forma de capas sobre la espalda. Usaba sus características gafas de color rojo, haciendo juego con su cabellera y ojos por el mismo color en todos los casos.

Se encontraba en el aeropuerto, a punto de despedirse.

-Espero que te vaya bien en la empresa de mi padre, Suigetsu-baka –dijo sonriente Karin, aunque tenía una leve mueca de molestia en la ceja y eso se notaba a distancia, puesto que la Uzumaki casi mata al pobre chofer que los alcanzo hasta ahí.

Suigetsu se rasco la nuca nervioso.

-Agradécele a tu padre, Zanahoria –contesto el peliblanco mostrando sus dientes- espero que el viaje a Europa valga la pena.

-Pues dejaras de verme… no puede ser tan bueno –intervino ella mientras miraba hacia otro punto del lugar, evitando contacto con esos lindos y picaros ojos morados.

El muchacho la tomo de la barbilla gentilmente y la levanto haciendo que sus ojos se choquen. Se acercó para darle un sonoro beso, teniendo un último contacto con esos finos y dulces labios de ella.

-En tres años estaré devuelta y seré completamente exitoso –exclamo orgulloso, separándose un poco de ella para hacer un gesto desinteresado con los hombros y añadió- volveré a buscarte, ¿Dónde encontrare alguien tan baka y miope como tú? –Pregunto- ¡Encima eres una zanahoria! –Grito con pesar

-¡Baka! –chillo mientras le daba un fuerte zape en la frente, mostrando lo enojada que estaba por a verse ruborizado por el comentario del peliblanco.

Karin negó y luego solto un fuerte suspiro.

-Comenzare a trabajar para las empresas Uzumaki, oto-sama dice que me ve futuro ahí –dijo seriamente- y el idiota de Kabuto dice siempre que "Orochimaru-sama nunca se equivoca"

Suigestu asintió, dudoso si esa frase era cierta o no, pero ahora no le importaba, después de todo tenía un viaje prácticamente gratis para salir del país y encima formarse para la empresa en donde trabaja. El peliblanco estaba feliz, se notaba en sus ojos, pero lo único que lamentaba era tener que dejar a Karin atrás.

Esa mujer que lo volvía loco desde hacía años, con sus intentos extraños de llamar su atención, nunca olvidaría un solo momento con ella, después de todo era su primera novia, su gran amor.

-Te extrañaré, zanahoria –dijo Suigetsu con una sonrisa y cuando estaba por tomar la valija sintió el peso extra de Karin sobre su pecho, ella estaba encima de él, abrazándolo con fuerza.

-Hablare con oto-sama para que te quedes –hablo en un susurro.

Suigetsu negó.

-Lo he intentado, pero no ha querido –intervino el peliblanco sorprendiéndola- dijo que solo yo estaba capacitado para este trabajo.

Un año después

El peliblanco se sentó sobre su escritorio para chequear los emails de la compañía, en unos días volvería a su casa por vacaciones y eso lo dejaba completamente feliz.

Tenía nuevos mensajes en la bandeja de entrada, pero el único que abrió fue el que envió Orochimaru, su jefe, con el nombre de "IMPORTANTE".

Algo impaciente lo abrió, tenía miedo que le pidiera que se quede en Europa como lo hizo en las vacaciones anteriores. El peliblanco estaba desesperado por volver, al menos unos días y poder ver a todos nuevamente.

Una vez que el email abrió, se sentó a leer.

"Les comunico mis más allegados por este medio que al fin conseguí un trato con la corporación Uchiha para una asociación con los Uzumaki. Aunque me llevo mucho esfuerzo puedo decir, orgulloso, que las uniones de ambas empresas serán un éxito. De esta manera, les comunico que se llevara a cabo el casamiento entre mi única hija, Karin Uzumaki, con el heredero menor de Fugaku, Uchiha Sasuke. Ambos tienen edades muy similares por lo que no…"

Simplemente no pudo seguir leyendo, Suigetsu sentía como unas lágrimas rabiosas se derramaban por sus mejillas."

-Viejo hijo de puta –gruño el peliblanco poniéndose de pie, destapándose en el movimiento y yendo rápidamente hasta el comedor. Al estar allí vio su celular, el cual titilaba con una luz verde indicando mensajes perdidos. Lo tomo y observo todas las llamadas perdidas de Itachi, diez para ser exactos.

Iba a llamarlo pero notó que tenía un mensaje así que decidió leerlo primero.

"Suigetsu, necesito a mi otouto cuanto antes en la empresa. Es urgente, se trata del casamiento. ¿Cuento con tu ayuda verdad? Si él no quiere venir lo traigo a rastras. Así que dime, ¿Dónde está?"

El peliblanco suspiro, no sabiendo que hacer. Iba a contestarle a Itachi que no iba a revelar la información de Sasuke pero un nuevo mensaje le llego.

"Naruto ya me dijo donde se encuentra. Ven a la empresa cuanto antes"

Suigetsu rio al ver como el joven Uzumaki había vendido al azabache, seguramente la diversión de joder a Sasuke vale la pena para Naruto.

El dueño de los ojos morados se encamino nuevamente hasta la habitación donde se sentó en la cama para poder sacarle, con cuidado, la campera a Karin, quien estaba acostada sobre ella en un intento de dormir con eso puesto. Aunque tuvo todo el cuidado, sintió esas finas manos y algo frías sobre su brazo. Observo como ella seguía con la misma expresión de cansancio sin abrir los ojos, pero aun así le dio un fuerte tirón para que se siente en la cama. Suigetsu obedeció y luego sintió como Karin se abrazaba de él, acostándose sobre su pecho.

-Etto… Zanahoria… tengo que hacer una llamada.

Ella suspiro.

-Hazla.

-Pero… yo… tu…

-Tuve una pesadilla, no molestes –dijo secamente mientras se acorrucaba más contra él.

Suigetsu suspiro resignado, queriendo sonar molesto, pero a la vez se sentía completo. Le gustaba estar cerca de Karin. Ahora solo esperaría a que ella se duerma para poder hablar con Sasuke.


14:28

-¡Kya! –chillaba Sakura mientras sentía como le hacían masajes por la espalda, estaba disfrutando completamente de ese momento en el spa de las aguas termales. Se sentía renovada, distinta y sin contracturas. La pelirosa estaba con la cabeza gacha mientras soltaba leves gemidos y grititos de placer debido a los buenos tratos que recibía de Yugito, una rubia de veintinueve años que era reconocida por tener las manos para el pacer.

Sasuke se encontraba mirando a su pelirosa de forma indiferente, pero se notaba en sus ojos cierto brillo de lujuria. Estaba deseoso de poder llevársela a su cuarto para poder disfrutar de ese cuerpo como en la noche anterior.

-Buscare los aceites –determino la mujer con voz algo gruesa mientras se alejaba del lugar, dando un fuerte portazo.

Sakura se enderezo mientras estiraba los brazos, mirando de reojo a Sasuke quien estaba a su costado y con una toalla solo cubriendo su miembro. La muchacha solto una risita, llamando su atención.

-¿Estás aquí solo para calentarla a ella? –Cuestiono la ojijade mientras aguantaba para no soltar una carcajada- es buena para los masajes pero no sé qué tan buena será con las manos en otros lados…

Sasuke Uchiha levanto las cejas confundido y frunció el ceño, no entendiendo a donde quería ir la joven Haruno con todo eso. El azabache negó con la cabeza mientras se acercaba más a su lado, viéndola de cerca notando un rubor en las mejillas de ella.

-Me aseguro que no venga ningún depravado a querer hacerte masajes –dijo simplemente mientras movía su mano de forma desinteresada.

-Tranquilo, el único depravado eres tú –contesto de igual manera la pelirosa mientras hacía gesto de indiferencia.

-Entonces tengo todo bajo control –aseguro Sasuke mientras se acercaba más a ella para poder besarla pero dos cosas se lo impidieron: en primer momento, Yugito la masajista volvió para seguir con su trabajo, y a la vez el teléfono del azabache volvió a sonar.

Él lo tomó molesto, estaba harto de las llamadas de Itachi, hasta lo había bloqueado para que no le arruine su fin de semana. El azabache salió de la sala de masajes y atendió al notar que no se trataba de él, sino de otra peste.

-Suigetsu –saludo con su tono serio habitual.

-Etto, Sasuke –dijo en un tono bajo, haciendo que el azabache pegara por completo su oreja al teléfono- En la oficina hicieron una reunión porque rompiste el compromiso.

-Aja –indico en un tono desinteresado.

-Y quería decirte que Itachi…

Sasuke suspiro, cortándolo.

-Sí, me ha llamado como quince veces –explico secamente- déjame disfrutar mi fin de semana, no hagas de vocero de mi hermano, baka –bufo- me voy a coger, no molestes.

Sin decir más Sasuke cortó. No sabía porque había dicho lo último pero simplemente Suigetsu no lo molestaría en pleno acto sexual, lo dejaría tranquilo por un rato largo.

El azabache con el celular en mano volvió a entrar a la sala pero se quedó duro contra la puerta al ver lo que ocurría dentro. Sakura se encontraba en la camilla sentada, con una toalla cubriendo lo necesario de su cuerpo, mirando a un hombre grande de piel morena y su cabello peinado con flequillo de color rubio intenso. El muchacho miro molesto a la pelirosa y al hombre.

-¿Qué significa esto, Sakura? –gruño molesto.

-Es tu turno de masajes, Sasuke-kun –dijo risueña, divertida- Y Darui-sama te los dará.

Sasuke frunció el ceño nuevamente y sonrió incrédulo… sonriendo burlón con malicia.

-¿Dónde está Yugito? –cuestiono el azabache.

-Le pedí que se vaya –explico Sakura mientras movía sus pies con diversión sobre la camilla- tu querías que ella me de los masajes a mí, bueno creo que sería excitante que Darui te los de a ti.

El moreno abrió los ojos sorprendido y miro a la ojijade. Mientras Sasuke bufo, y se acercó hasta ella para hablarle al oído.

-Luego de esto me vengare, molestia –gruño y la agarro del rostro de una forma brusca- por favor busca algo de alcohol para que no te mate en unos minutos.

La pelirosa ensancho los ojos, sonriendo.

-¡Si señor! –grito mientras llevaba su mano a la cabeza como digna militante. Sin más salió de la habitación.

El azabache tomó su billetera que estaba apoyada en una repisa y saco cincuenta dólares para tirárselos a Darui. El moreno los atrapo, sin entender.

-Si te pregunta me hiciste masajes –dijo secamente el azabache mientras un cosquilleo le recorría en el cuerpo al imaginárselo.


18:38

En el departamento de Yahiko, se encuentran él junto a Konan.

El pelinaranja está acostado exhausto sobre la cama, mirando el techo de forma cansada. Ese viernes había tenido mucho trabajo, pero para su suerte se deceso de todo en la mañana y gran parte de la tarde, permitiéndose salir un rato antes para su felicidad puesto que a la noche tenía una cena de negocios en un bar.

El muchacho se extrañó al ver que hacía más de veinte minutos Konan había dicho que iba a la cocina a buscar algo y todavía no había vuelto para estar con él.

Algo molesto, Yahiko se levantó para buscarla. Estaba cansado, tenía mal humor pelearse con Sai y con Kiba, también tenía que fumarse las llamadas de quejas de Fu, entre otras cosas. Con una mueca de desagrado en su rostro camino hasta el comedor, sorprendiéndose al no verla. Esto lo hizo fruncir el ceño, estaba seguro que en el baño no podía estar porque está junto a su habitación. Se dio media vuelta y luego de pensar unos segundos, atravesó el pasillo que llega hasta la entrada de su departamento, frenando justo en una puerta cerrada, donde adentro estaba su escritorio junto con la computadora y un futton para cuando se quedaba algún invitado varonil, a ellos no los podía invitar a la cama.

Yahiko frunció el ceño al ver como ella estaba haciendo quien sabe qué cosa en su lugar de trabajo, bufó y abrió la puerta sin siquiera llamar antes.

Adentro de la amplia habitación se encontraba la pelivioleta, sentada sobre el sillón, mirando hacia el amplio ventanal que tenía vista a la ciudad. A paso rápido el pelinaranja se paró enfrente de ella, notando como está bajo su mirada avergonzada, no queriendo mirarlo. Esto lo molesto. No le gustaba que lo ignoren, menos alguien como Konan con quien se conocía desde hace tanto tiempo como para tener ese sentimiento denominado vergüenza.

-¿Qué mierda haces aquí, Konan? –pregunto con expresión seria y una voz potente, como si quisiera gritar.

Ella, aun sin mirarlo, se encogió de hombros.

-Hay buena vista –contesto simplemente mientras tomaba aire.

Yahiko bufó.

-En la habitación la ventana da a la plaza, amas ir ahí –dijo enojado- no me mientas, anda. ¿Qué pasa?

Ella siguió quieta, sin decir nada. El pelinaranja se sentó en el sillón de una forma rápida, tomándola de los brazos para que no escape. La pelivioleta intento forcejear pero eso no sirvió para nada porque no obtuvo resultados.

El muchacho la tomo de la mejilla, notándole la mirada desorientada y la respiración agitada. Esto lo sorprendió. Con su mano todavía sujetando el brazo de Konan, la tiro sobre él, haciéndola acostar en su pecho y poder abrazarla.

-¿Qué sucedió?

Konan abrió los ojos con fuerza al sentir ese contacto tan sorpresivo. Ella sintió como ese nudo en la garganta aumentaba más, y el pecho le dolía con fuerza.

"-¿Qué quieres Nagato? –cuestiono la pelivioleta apretando más cerca el teléfono a su oreja, mientras se metía en una habitación alejada de donde estaba Yahiko.

-Quería verte –dijo simplemente mientras soltaba una risita- ¿Sabes? Extraño tenerte todo el día en casa.

Konan quiso vomitar al escucharlo decir eso.

-Vivíamos juntos, eras mi hermanastro –contesto ella mientras caminaba de un lado al otro en la habitación, estando algo incomoda- ¿Algo más? Estaba haciendo cosas y…

Se escuchó una toz forzada del otro lado.

-Con Yahiko, me imagino que cosas… -sonaba serio- ¿Sabes, Konan? No puedo olvidarme del día que te tome como mía.

La pelivioleta detuvo su paso en el medio de la habitación, mostrando sus ojos grandes y aguanto la respiración.

-Eres un…

-Tienes un cuerpo tan lindo, Konan, me muero de ganas de volver a tenerte conmigo yo…

-Hijo de puta –gruño entre dientes- lo que… hiciste ese día –tomo aire- no tiene perdón.

-No puedo resistirme a tocar a una bella mujer.

Konan sintió asco y automáticamente cortó la llamada. Dejo caer el celular sobre el futton mientras se agarraba la cabeza con fuerza y respiraba de forma agitada"

Yahiko abrió los ojos con sorpresa y hasta tristeza al oír como la pelivioleta comenzaba a llorar sobre su pecho. La muchacha estaba aferrada completamente a él, mientras dejaba salir lágrimas contenidas las cuales no pudo resistir salir luego de ese abrazo. Konan soltaba quejidos y gemidos de dolor, estaba completamente dolida y asqueada.

-¿Konan? –preguntó extrañado el pelinaranja, muy pocas veces la había visto así a su antigua novia, ella siempre había sido una chica fría y hasta de pocas palabras en su adolescencia, solo con él era más suelta… por lo que tenerla sobre su pecho, llorando, le había dado una sensación de enojo y hasta dolor en su pecho. Tomo aire, nervioso, y cuestiono- ¿Por qué lloras, Konan?

En la habitación solo se escuchaban el llanto de ella, ese desgarrador dolor que sentía.

-Konan…

-Nagato –dijo de repente negando- Nagato –susurro- él…

-Dime, por favor –pregunto más ansioso y hasta extrañado porque hable de su medio hermano, quizá le había pasado algo, un accidente por ejemplo.

-Abuso de mí, de chica… -confeso, soltando un grito de dolor luego de decirlo, y llorando con más ganas, teniendo su vista nublada por las lágrimas mientras con fuerza sujetaba la remera del pelinaranja.

Yahiko la abrazó con fuerza, apretándola contra su cuerpo, como si eso la protegería de todos, de Nagato. El muchacho tenía sus manos tensas, estaba completamente en shock y sentía su cuerpo arder. Se mordió el labio con fuerza para no gritar ni nada, ahora su prioridad era cuidar a Konan pero se le hacía imposible.

-Hijo de puta –murmuro mientras miraba el techo. Sabía que alguien en todos esos años podía estar con Konan, después de todo él incluso estuvo con mujeres. Pero, lo que no le perdonaría a nadie era que se aprovechara de ella.


19:00

Matsuri frenó su camino al sentir como su celular comenzaba a sonar, el cual estaba en su bolsillo derecho de su campera negra. La muchacha debajo de esta vestía un vestido de flores manga larga de colores oscuros, el cual le llegaba hasta la rodilla.

La castaña al ver de quien se trataba comenzó a retomar su rumbo, mientras con una sonrisa entre divertida y aniñada atendió.

-Hola, Gaara-sensei –saludo a la vez que aguantaba la risa al escuchar como el pelirrojo bufaba.

-Matsuri… -saludo secamente, en realidad ni sonó de esa manera, más bien parecía una orden y algo fría- nos vemos hoy, a las diez, en el hotel….

-No puedo, lo siento –contesto ella simplemente mientras bufaba por no encontrar la habitación que quería. Era la tercera vez que, por colgada, pasaba por ese piso. Y, por ser levemente orgullosa, no quería preguntar dónde se encontraba.

Gaara bufo con fuerza y apretó el puño. Odiaba que lo hayan puesto con ella, bueno, en realidad odiaba a su yo del pasado por haberla querido.

-Mira, Matsuri, estas en una empresa importante, muchas darían por estar en tu lugar y yo no te tendré paciencia.

-Habiamos quedado que nos encontraríamos mañana, el sábado –discutió ella, frunciendo levemente el entrecejo mientras detenía su paso notando que había encontrado la habitación- Mi prima tuvo un accidente, tengo que cuidarla esta noche porque quiero ayudar a su prometido. Me pidieron que este mañana pero como había quedado contigo…

-Vale, vale –gruño Gaara, no podía discutirle cuando tenía razón pero de todas maneras añadió- En esta empresa no puedes pasar tus encuentros para otros días, Matsuri.

Ella rio, divertida.

-Todavía no entre a la empresa, Gaara-sensei –dijo ella en un ronroneo- luego de mañana, puedes volver a decírmelo.

-Hmn –dijo secamente- creida.

Matsuri soltó una risa.

-Nos veremos mañana, senpai.

Sin más corto la llamada, negando con la cabeza de forma divertida. Guardo su celular y tomo con más fuerza el ramo de flores que llevaba en la mano izquierda, las cuales eran unas rosas de color rojo intenso. La castaña volvió a mostrar su sonrisa alegre y entro en la habitación 17.

Ahí adentro se encontraban, Rin Nohara, su prima quien la miro enternecida al verla. Y, junto a esta, sentada a su lado estaba Mitsuki y Kakashi, quienes les sonreían burlones. La recién llegada los ignoro completamente, haciéndose la desentendida de porque la observaban así y se dirigió a la cama para abrazar a su prima.

-Qué bueno que viniste –dijo una pálida Rin con mueca de cansancio- Obito se pondrá feliz, él está hablando con la médica.

Mitsuki bufó.

-¿Obito feliz? –Pregunto divertida- lo tendremos que sacar a rastras.

-La última vez que quisimos quedarnos nosotros… ayer –especifico Kakashi, dejando de lado su libro el cual leía muy entretenido- me pego una linda patada para sacarme de aquí, hasta amenazó con cortarnos el cabello.

Ambos hermanos Hatake hicieron expresión de horror, haciendo soltar una risa a Rin al verlos tan nerviosos.

-Conmigo hará la excepción –dijo divertida Matsuri mientras se acomodaba su corto cabello hacia atrás.

Rin rodó los ojos por la actitud extraña que tomaba su prima cada vez que se encontraba con el par de paliblancos, era imposible hacer que esos tres se lleven bien. Mitsuki se levantó y tomó su bolso de mano para luego acercarse a Rin y besarla en la frente con cariño mientras le sonreía.

-Vendré mañana a primera hora –sonriente miro a Matsuri, reflejando odio puro- no te quiero aquí, plana. Es desayuno de sábado juntas.

Rin negó con la cabeza por esa actitud mientras notaba como su prima se cubria mas con el abrigo, mientras tenia las mejillas ruborizadas.

-¿Onii-chan? –Llamó de forma angelical Mitsuki mientras miraba a Kakashi- ¿Me llevas?

-Hai, hai –contesto perezoso.

Rin infló los cachetes molesta.

-¿Pero a dónde vas? –cuestiono sin paciencia, desde que llamaron a la peliblanca esta comenzó a decir que tendría que irse pero no quería contar cuál era su destino.

Matsuri rio, viendo su oportunidad.

-Si –habló llamando la atención de todos- ¿A dónde iras pechugona?

La joven Hatake negó con la cabeza y se acercó hasta ella, teniendo esa boba sonrisa en su rostro.

-Eso no es hiriente, lo sabes ¿verdad? –luego de decir esto la golpeo levemente con el hombro y salió de la habitación a paso firme yendo en dirección a saludar a Obito.

Rin sintió pena por su prima, la pobre podía ser muy inteligente, pero Mitsuki era una persona que la sobrepasaba en eso, la peliblanca era hábil para jugar con la mente de las personas, le encantaba humillarlas.

-Nos vemos, plancha –saludo Kakashi mientras saludaba con su mano.

Y, por su parte, el joven Hatake era igual que ella. La desgracia ajena era una diversión para ambos.

Rin al ver el alma desolada de su prima decidió cambiar de tema.

-¿Cómo vas con la carrera de periodismo?

-Bastante bien –contesto Matsuri mientras se daba vuelta para acercarse más a ella.


19:46

-¡Naruto-niichan! –saludo Konohamaru a través de la línea del teléfono mientras sonaba alegre y entusiasmado porque el rubio le haya contestado después de todo el día de llamadas.

-¿Qué quieres, Konohamaru?

Ante esa actitud fría el castaño se extrañó, después de todo Naruto nunca lo trataba de esa manera, era divertido y como un hermano para él. El muchacho de ojos negros intento hacer caso omiso al tono de voz del rubio.

-¡Hoy es viernes de hombres! –Grito a todo pulmón

-Aja.

Konohamaru sentía como una vena se hinchaba en su frente, esa poca paciencia que había podido recuperar la estaba perdiendo y por persona menos esperada.

-Por lo que veo estas en tus malos días –contesto con burla y lo escucho bufar- ¡Yo también! ¡Vamos a hogar nuestras penas en alcohol!

-¡Esa idea me encanta, dattebayo! ¡De veras! –grito el rubio sonando más alegre.

-Sabía que podía contar contigo, Naruto-niichan


22:40

En el bar "Kyoto" cerca del centro de la ciudad, comenzaba a llenarse de gente. Dentro del lugar, donde era amplio y con una mezcla de colores negros, rojos, amarillos y un leve azul. Tenía varios sillones apenas se entraba cerca de la puerta, para luego una gran pista cerca de la barra y luego de esto unas amplias mesas negras redondas.

En una de ellas, se comenzó a sentar un grupo de personas. Eran cinco exactamente: estaba Utakata, presidente de la empresa Tsuchigumo, un hombre de veintiocho con aspecto de tres años menos, su cabello era negro y lo usaba con un largo flequillo cubriéndole parte de su rostro, no dejando que se aprecien bien sus ojos de color ámbar, el hombre vestía un traje de color negro; luego a su derecha estaba Sasori, el pelirrojo llevaba una camiseta bordo arremangada y un pantalon blanco; por ultimo de la empresa Uzumaki los representantes eran Kakashi Hatake vistiendo un sencillo pantalón negro y una camisa blanca de forma desarreglada; junto con Karui que se ofreció a acompañarlo, vistiendo un vestido ajustado de color violeta oscuro; y por último se encontraba Nagato, llevando puesto un pantalón de color azul y una camisa negra y un saco de vestir del mismo color.

Entre medio del grupo había dos lugares vacíos, uno para Yahiko y otro para Minato. Ambos estaban retrasados unos minutos y ellos se encontraban esperándolos.

-Ahí está el jefe –habló Sasori mientras le daba un trago a su vaso de cerveza.

Al escuchar hablar al pelirrojo todos voltearon topándose con que Yahiko se acercaba hacia ellos. Peor el pelinaranja no vestía como para una reunión, sino que estaba con una simple remera de color verde manga corta, una campera negra y un pantalón de jean. En su rostro tenía una expresión de pocas pulgas mientras caminaba hasta ahí.

Cuando todos comenzaron a saludarlo, Yahiko los ignoro y fue hasta Nagato. Cuando estuvo a una distancia considerable, el pelirrojo se levantó para saludar a su amigo pero este lo sorprendió con un fuerte golpe en la mejilla, tirándolo sobre la mesa. Todos estaban completamente en estado de shock, nunca habían visto al joven pelinaranja tan enojado como para reaccionar así, incluso Sasori quien le sacaba más canas verdes a su jefe frunció el ceño, sabía que para que él reaccione así tendría que odiar mucho a Nagato.

El pelirrojo, tomando su mejilla y rostro, intento ponerse de pie pero rápidamente Yahiko lo levanto de la camisa, haciendo que sus miradas se topen una con la otra. La del pelirrojo mostraba diversión, mientras que en el pelinaranja se notaba enojo puro.

-Vuelve a acercarte a ella o a tocarla y te mato –gruño entre dientes, para luego soltarlo y volver a pegarle otro golpe pero esta vez en el ojo.

Sasori se levantó y tomó a Yahiko del brazo, Utakata hizo lo mismo del otro lado. A rastras lo intentaban sacar del bar, siendo observados por todos los presentes. El pelinaranja seguía forcejeando, quería desfigurarle la cara a Nagato, sabía que si venía a la reunión no iba a contenerse, y solo hizo acto de presencia en el bar para poder pegarle y desquitarse.

Karui se levantó de su asiento para ayudar a su jefe, mientras a la vez le dedicaba miradas fulminantes a Kakashi por no mover su flojo trasero, pero este la ignoraba mientras bebía de su vaso, el peliblanco observaba con cuidado como intentaban contener a Yahiko y parecía que en cualquier momento volvería a matar a Nagato, puesto que no podían sacarlo.

-¡Te voy a despedir, Sasori! –Grito el pelinaranja a todo pulmón mientras era forcejeado ya estando cerca de la puerta- ¡Suéltame sino quieres que te castre! ¡Baka! –gruñía.

Toda esta escena fue observada por un ebrio Konohamaru, quien tenía en su mano su décimo shot con vodka adentro. El castaño soltó una carcajada y golpeo con el hombro al rubio que estaba a su lado, mirando también todo lo que había pasado.

-¿No tendrías que estar ahí, Naruto-niichan? –pregunto sonriendo como un niño pequeño a quien le ofrecieron comprarle un juguete.

-No… digas… ¡dattebayo! –dijo el rubio mientras volvía a mirar para la barra al ver como su padre entro en el bar y se encaminaba hasta Nagato, quien estaba intentando ser curado por Karui y el botiquín de emergencia que le llevo un empleado del bar.

Konohamaru negó riendo por el estado de su casi hermano, aunque él no estaba tan lejos. Pero, la diferencia era que Naruto le seguía la idea de los shots de vodka al castaño y encima estaba tomando muchos vasos de cerveza.

-¿Por qué… peleaste con Shion? –dijo con un hipo de por medio el muchacho.

Naruto tomo su vaso de cerveza y lo observo un rato, con el rostro fijamente ahí, parecía triste y desolado.

-Piensa que me gusta Hinata y…

-Es así –rio el castaño mientras tomaba otro shot y lo apoyaba de forma heroica y victoriosa en la barra- ¡Otro por aquí!

La mujer, harta de tener que serviles cada dos segundos dejo la botella cerca de ellos, y se alejó para ir hacia otros recién llegados.

-Entonces terminamos… -tomó su vaso de forma rápida y luego se volvió a servir, mostrando tristeza- quiero a Hinata, de veras…

Konohamaru lo tomó de las mejillas y se las apretó haciéndole boca de pescado al rubio.

-Ve con… ella –dijo y tomó otro shot para luego soltar una risotada.

-¡Eso hare, dattebayo! –grito a todo pulmón mientras extendía su vaso de cerveza a Konohamaru y este, para brindar, también tomó su vaso y los chocaron riendo.

-¿Hijo? –habló una persona atrás de los dos, haciendo que el rubio se sobresalte y luego mire al castaño.

-¡Tengo que correr! –dijo simplemente mientras desaparecía, tambaleándose por el bar, mientras era seguido por Minato quien tenía una extraña sonrisa en el rostro puesto que su hijo le recordaba mucho a su mujer en ese estado. Bueno, en realidad, Naruto era una copia perfecta de Kushina pero con su cabello.

Konohamaru sonrió al verlos alejarse y, ahora que estaba solo tomo su paquete de cigarrillo y encendió uno, mientras terminaba el vaso de cerveza. Cuando lo hizo, agarro su celular del bolsillo y miro los mensajes, exactamente revisando la conversación con Hanabi.

"Tu: Enserio lo siento, nunca quise herirte ni nada por ese estilo. Intente que tu no veas nada, que no lo sepas, quería estar despejado de ti, no pensarte todo el tiempo. Me cuesta, y de verdad odie verte llorar por lo idiota que soy.

Hanabi-chan: Bastante idiota, la verdad. Yo mi vida, tú la tuya. ¿Lo olvidas, Sarutobi?

Tu: ¿Enserio quieres eso, Hyuga?"

Luego de ese mensaje ella no le había contestado. El castaño hablo con Tara, quien le prometió matar a Kaori pero ahora simplemente a Konohamaru no le importaba eso.

Soltó un largo suspiro y volvió a tomarse el shot de vodka. Se sentía algo mareado, pero le valía mierda, al menos por un tiempo estaba olvidando el dolor que sentía.

-Hanabi… -suspiro.

Bueno, no lo olvidaba del todo.


23:10

Luego de mirarse quince veces en el espejo, Hinata suspiro rendida. Hacia unas dos o tres semanas que no la llamaban para trabajar, puesto que ahora había aumentado la paga, de manera que nadie la quiera y ella poder seguir sin la necesidad de romper el contrato. Solo le quedaban unos meses más y era libre.

A veces se sentía tonta cuando había comenzado con el trabajo. Lo hizo en un momento débil, odiaba ver como Naruto estaba con muchas, como las besaba y ella sufría, tampoco disfrutaba mucho en su casa debido al trato de su padre y una noche escucho como Hiashi por teléfono dijo que la echaría de su casa.

Para la suerte de la peliazul, solo le quedaba rendir una tesis para poder recibirse de ingeniera informática, y de esta manera entrar en su empresa familiar si es que su padre se lo permitía. Pero, mientras tanto para mantenerse entro en la empresa de Yahiko, Akatsuki.

Hinata giró una vez más sobre sí misma, repitiendo mentalmente la frase "solo chequeo una más". La ojiperla llevaba su cabello tan lacio como siempre, usaba un conjunto de ropa interior pequeño, el cual le hacía resaltar su busto (debido a que sobresalía) y su culo, ya que era prácticamente una tanga, el conjunto era de color azul marino.

Cuando escuchó el timbre, se sobresaltó. Tomo su vestido negro y se lo colocó arriba. Era como una remera suelta, se colocó un cinto plateado lo que marcaba más su busto ya que no tenía escote, sino uno pequeño y redondo.

Tomó su bolso azul y se encamino hasta la puerta para abrirlo de un tirón.

Del otro lado la esperaba Hidan, un hombre de veinticinco años, de cabello gris y piel morena, con unos ojos negros intensos y una sonrisa socarrona. El muchacho vestía coquetamente una camisa roja arremangada, la cual resaltaba con sus brazos anchos y un pantalón negro.

-Buenas noches, Hinata –dijo para luego reír de forma irónica, él nunca era buen hablado ni mucho menos con las mujeres que contrataba- ¿Lista para el ritual?

La peliazul sonrió de forma vergonzosa, odiaba cada vez que Hidan quería contratarla porque antes de acostarse hacia rituales para su dios, Jashin, y eso la ponía muy incómoda.

-Pues vayamos a cenar –menciono ella simplemente mientras cerraba la puerta de su casa, una vez que estuvo afuera. Cuando se giró para mirar a su compañero, este se poyo sobre la puerta con ambos brazos, acorralándola, y mirándola de forma penetrante.

-Saltemos ese absurdo paso.

Hinata abrió levemente su boca para decir algo pero tuvo que callarse al sentir los labios ásperos de Hidan sobre los suyos. La mujer tuvo que seguir el contacto, moviendo sus labios junto a los de él, abriéndolos para poder incluir su lengua en el contacto. Se escuchó un gemido del peligris, quien con su mano derecha comenzó a manosear sin descaro el busto de Hinata, sacándole gemidos de dolor puesto que ese hombre siempre era algo bruto con ella.

La ojiperla se dejó hacer, después de todo, mientras no hiciera algo prohibido por el contrato firmado, ella no podía negarse.

Hidan comenzó a morder los labios de Hinata entre cada beso, sacándole gemidos más fuertes por el dolor, mientras que con su mano libre manoseaba y apretaba el culo libre de ella.

El ascensor se abrió y desde ahí salió Naruto. El rubio se quedó atónito viendo la escena unos segundos. Apretó con fuerza sus puños sin poder evitarlo, el siempre había sabido que Hinata estaba con otros hombres pero nunca le gusto pensarlo, y menos imaginarlo… ahora lo tenía frente a sus ojos, a su mejor amiga, vistiendo un pequeño vestido, junto a un desconocido que la manoseaba en el medio del pasillo del edificio. Y, lo peor de todo, era escuchar los gemidos de su amiga.

Naruto fue hasta ellos, tambaleándose un poco, con los ojos rojos y las mejillas sonrojadas por el alcohol. Y, cuando estuvo a su lado, tomó a Hidan con su brazo separándolo de Hinata. Ambos lo miraron sorprendida, Hinata sintiendo vergüenza por lo que acaba de hacer frente a él, y la muchacha soltó un quejido de dolor cuando observo como Naruto derribaba al peligris de una fuerte piña en el rostro.

-¿Pero qué carajo? –grito Hidan molesto mientras se tomaba el rostro con la mano, sintiendo dolor en su pera.

-¡Naruto-kun! –dijo en regaño la muchacha.

El mencionado se dio vuelta, mirándola, mostrando furia y decepción en sus ojos. Hinata se sintió estremecer, se abrazó a si misma avergonzada.

Hidan soltó una risa divertida, haciendo que ambos lo miren. Él se puso de pie, despacio, mientras rodaba los ojos.

-¿Por qué interrumpes mi noche con ella? –Cuestiono tajante mirando de forma desafiante a Naruto- Yo le pague.

El rubio frunció el ceño y miro a Hinata, quien estaba más pálida de lo usual, respirando de forma tosca y con las mejillas coloradas por la vergüenza que sentía. La mujer miro hacia abajo avergonzada, estaba en shock y no sabía de qué manera actuar frente a Naruto.

-Vete, hijo de puta –dijo simplemente el rubio mientras ahora se dedicaba a pegarle piñas en el estómago del peligris, quien solo reía con diversión.

-¡Basta! –chillo Hinata nerviosa, al borde del llanto, dudando si acercarse a su amigo o no. Naruto estaba descontrolado, revoleando piñas de forma rápida y sin pensar siquiera. La ojiperla añadió- ¡Para, por favor!

Naruto se acercó hasta ella y la tomo de los brazos, mirándola furioso.

-¿Por qué mierda lo defiendes? –gruño molesto, entre dientes.

Hidan se levantó sonriente, era un masoquista de primera. Se sacudió la ropa con cuidado y pasó delante de ellos, llamando al ascensor. Hinata miraba con sus ojos bien abiertos por la sorpresa, mientras que Naruto parecía que se lo quería comer vivo.

-Disfruta de mi puta, por hoy te la presto –rio- fíjate que le gusta mucho, es una golosa.

Al decir esto, el ascensor se abrió. Naruto quiso volver a pegarle, pero el agarre de Hinata se lo impedía. Si él quisiera ir tras él, solo tenía que tumbar a la peliazul, pero eso nunca lo haría.

El peligris entro al elevador y desde adentro añadió.

-Nos vemos la próxima, Hinata.

Al no verlo más, Naruto se giró hasta ella.

-¿Te pagaba para eso? –pregunto entre dientes, sonando molesto con solo la idea de que ese sin vergüenza estuviera con Hinata.

La ojiperla se quedó perpleja por ver su rostro de dolor.

-Este ebrio –dijo al oler a su amigo.

-Esa… ¡no es repuesta, dattebayo! –grito berrinchudo y añadió- contéstame, Hinata.

Ella asintió, seria.

-¿Por qué? –Gritó- ¿Por qué te regalas de esa forma? ¿Acaso te gusta?

-¿Qué es lo peor? –Cuestiono ella, de forma desafiante- ¿Qué me guste o que cobre por eso?

Naruto se tomó el cabello con desesperación, tambaleándose un poco.

-¿Tan poco te haces valer?

-¡Soy como todas esas que te acuestas tu luego de ir a un bar! –Le grito ella ofendida- ¿Tu puedes rebajarte, siendo hombre, pero yo no? ¡¿Por qué no?! –chillo dolida.

-¡Tú no puedes hacer esto! –Menciono con asco y desprecio- No puedes regalarte, mierda, no puedes.

Hinata bufo molesta mirando hacia otro lado, nunca espero que Naruto se entere de todo esto que ella hacía, más bien era algo que mantenía en secreto y ahora quería irse y esconderse de él por cinco años mínimamente.

-¡Mierda! –Gruño molesto- ¿¡Tanto te gusta regalarte para el sexo!? ¡Ninguno te quiere, dattebayo!

-Eso lo sé –contesto bajando el rostro, con ojos levemente llorosos.

-¿Entonces? ¡Solo eres una puta que…

-¡Callate! –chillo ella mientras lo empujaba en el torso, estando ofendida y soltando unas lágrimas- Puedo hacer lo que quiera con mi cuerpo. No me molestes

-Pero, Hinata, tu…

-¡Si quiero entregar mi cuerpo lo hare! –Grito- ¡Si quiero estar con un desconocido también lo hare! –volvió a elevar su voz mientras miraba los ojos de él aguarse- ¡Tu estas con muchas a la vez y solo hago lo mismo! ¡Nunca cuestione tu forma de ser! ¡No seas egoísta! ¡No conmigo! ¡Eres injusto!

-¿Trabajas de esto? –pregunto asqueado y hasta shockeado.

-Si –respondió y al instante se arrepentido de lo que dijo, mordiéndose los labios.

Naruto soltó una risa divertida, en parte gracias al alcohol y por su rabia del momento.

-Shion tenía razón sobre vos –dijo secamente en un suspiro, mientras iba unos pasos hacia atrás para apoyarse en la pared.

Hinata bufó con fuerza, dolida por el comentario, y retuvo las lágrimas lo más que pudo.

-¡Pues te felicito! ¡Ve con ella! –Grito enojada- ¿Para que estas aquí entonces?

-Porque te quiero –dijo despacio.

La ojiperla parpadeo.

-Quiero cuidarte, pero solo te entregas a ellos…

-Púdrete –menciono secamente, mirándolo a los ojos dolida- Tu siempre hacias lo que quería, y… -rio con ironía- nunca pensé que te diría esto y menos que estarías ebrio –bufo- Siempre me gustaste, pero solo eres un egoísta que… a pesar de todo, no me quiere de la misma manera.

Luego de decir esto, apurada metió la llave de su puerta en esta y entro, dejando solo al desconcertado rubio.

-Hinata… -menciono Naruto pero cuando quiso ir tras ella se tambaleo, cayéndose al piso.


23:30

-¿Ya estas más calmado, Yahiko? –preguntó Sasori a su jefe, quien estaba sentado afuera del bar, con un golpe en la mejilla de un hombre de seguridad, puesto que el pelinaranja volvió a entrar para golpear a Nagato en el rostro.

El mencionado se encogio de hombros, restándole importancia.

Sasori miro a Utakata, quien estaba a su lado. Ambos compartieron una mirada y asintieron, ya era algo tarde, y ahora no podrían sostener una reunión con los Uzumaki puesto el desastre que había pasado con Yahiko y Nagato, y nadie entendía la razón.

-Te llevaremos a tu casa –determino Utakata mientras se ponía de pie y le extendía la mano a Yahiko, que estaba sentado en el suelo en modo de berrinche.

-Quiero tomar algo antes –habló secamente mientras apoyaba su cabeza contra la pared. El pelinegro asintió y se adentró nuevamente al bar, dispuesto a comprarle una cerveza al muchacho. Sasori, aprovechando que el otro se había ido, se sentó junto al pelinaranja, pero este le pegó en el brazo, sacándole un quejido de dolor. Yahijo bufó y dijo- Elije… ¿Te castro o te despido?

El pelirrojo negó con la cabeza, mientras miraba con detenimiento esa mirada de desolación que tenía Yahiko.



23:46

Hanabi salió de su habitación bufando. Ya era tarde y lo único que quería era dormir. Había ido a una cena en la casa de Tenten junto con sus padres y obviamente Neji, donde anunciaron que se comprometieron, pero la castaña se había ido porque tenía un fuerte dolor de cabeza por el sueño. Durante todo el día quiso dormir pero siempre algo se lo impedía, sino era el violín, su padre quería hablar con ella, sino entrenaba, su madre quería que la ayudara con un postre.

La castaña bajó rápidamente la escalera. Sus padres todavía seguían en la fiesta pero ellos no tenían llave, así que como seguían tocando el timbre estaba seguro de que eran Hiashi y Emi.

Se acercó hasta la puerta y antes de abrirla se acomodó su camisón de color rosa pálido, se había quedado dormida y lo tenía mal colocado.

-Hola… -dijo una vez que abrió la puerta pero se sorprendió al ver quien era, soltando una exclamación de sorpresa- Konohamaru.

El castaño estaba apoyado contra la columna al costado de la entrada, miraba a la muchacha de forma tierna y le sonrió con dulzura. El muchacho vestía un buzo verde y un jean gris. Al ver a Hanabi, él se enderezo como pudo y camino hasta su lado de forma rápida.

Sin darle tiempo a reaccionar, Konohamaru estaba besándola. Con sus manos la abrazo de la cintura, impidiéndole a ella que se suelte, a pesar de los golpes que Hanabi le daba en el pecho. La castaña se resistió al contacto al principio, estaba shockeada y sonrojada. Konohamaru llevó su mano derecha a la nuca de ella, intentando profundizar el contacto y la castaña se dejó llevar, sintiendo esos cálidos y dulces labios sobre los suyos, como ambos se besaban con ternura y algo de pasión, moviéndose con rapidez. Hanabi lo abrazo por la nuca, pegándola más a ella, como si no quisiera separarse más de su lado.

Konohamaru bajo la intensidad del beso, dejando que el contacto sea como un mimo, como si no quisiera romperla a ella. Hanabi al sentirlo relajado, lo imito, pero sintiendo un extraño cosquilleo en su interior. Se separó de él, como pudo, aunque le dolió hacerlo.

-¿Por qué juegas conmigo? –le pregunto ella, corriéndose de su lado unos pasos para atrás.

-Te extraño, Hanabi –dijo él mientras avanzo unos pasos y le acaricio la mejilla- estas hermosa pero…

-¿Pero? –cuestiono ofendida y se quiso golpear porque la opinión de él le importe tanto.

Konohamaru la observo mejor, notando que estaba más flaca que antes, estaba seguro que había perdido algo de peso. Debajo de los ojos tenia esas mismas ojeras que a la mañana.

-No comes bien –menciono entre dientes, sonando molesto.

Hanabi frunció el ceño.

-Y tu estas ebrio –menciono, empujándolo un poco y notando como se estaba por caer- y fumas –dijo molesta- te pedí que no fumaras.

-Quiero estar contigo –pidió como nene berrinchudo.

La castaña lo empujo de su lado, cubriéndose un poco el cuerpo.

-No fumes más –dijo ella enojada mientras revisaba el buzo sacando un paquete de cigarrillos y lo tiro al sillón.

-Oye –habló molesto.

-Vete, Konohamaru –habló molesta mientras le señalaba la puerta- deja tus juegos, enserio –pidió- Estas con Moegi, ahora vienes conmigo. ¿Mañana quien sigue?

El castaño bufo.

-Solo te amo a ti –dijo y se acercó a besarla nuevamente pero Hanabi se corrió, tomándolo del brazo en el momento y arrastrándolo hacia afuera de la casa.

-Y yo a ti pero… -tomó aire- así no iremos a ningún lado, dejaría todo por vos pero tu…

-Por favor –pidió de una forma tierna mientras la miraba buscando una respuesta que esperaba.

-Seamos amigos, como tu querías –dijo ella con una sonrisa fingida en el rostro- será lo mejor.

Sin más lo saco de su casa, cerrándole la puerta en la cara. Konohamaru frunció el ceño mientras comenzaba a darle golpe tras golpe a la puerta con sus manos.

-¡Abre, Hanabi! ¡Te amo! –gruño molesto mientras volvía a golpear con sus puños.

Escucho un quejido de adentro y apoyo su oreja contra la puerta escuchándola llorar. Apretó con fuerza los puños y se dio vuelta para bajar las escaleras de entrada. Despacio se encamino hasta la salida de la casa, pero fue sorprendido por una sombra que apareció delante de él. Se trataba de Hiashi Hyuga, con un traje negro impecable, quien lo miraba molesto.

-¿Qué haces aquí, Konohamaru? –Cuestiono de forma hiriente mientras tomaba del brazo al muchacho y lo sacaba el mismo de su propiedad- No te quiero cerca de ella, ya te lo he dicho.

-Pero yo…

-Te explique qué pasaría el otro día, ¿verdad? –Pregunto tajante- vete, no me importa que hagas solo aléjate de ella.

-¡Hiashi! –chillo Emi mientras se bajaba del auto de la entrada y miraba con reproche a su marido.

El mencionado la ignoro y siguió caminando con el castaño, quien se tambaleaba un poco y tenía una mirada de desconcertado. Lo metió, sin cuidado al auto y le hablo al chofer, quien había bajado la ventanilla.

-Viejo –llamó Konohamaru, entre hipos- de verdad amo a su hija, enserio…

-Otra palabra de nuevo y la mandare al extranjero –sentencio el hombre mientras lo fulminaba con la mirada- no perderé este negocio por tus estúpidos sentimientos –miro al hombre que manejaba el vehículo- llévalo a su casa.

-Sí, Hiashi-sama


00:15

Sakura estaba con los ojos vendados y las manos atadas estiradas sobre su cabeza. La pelirosa estaba desnuda, y sentía como el azabache llenaba de sake su cuerpo, principalmente en su busto y en el plano vientre de ella.

Luego de cenar, ambos estaban con alcohol en el organismo y se pusieron de acuerdo para seguir jugando con el alcohol pero de una manera más interesante.

El pelinegro estaba sobre ella, también desnudo, mientras besaba con delicadeza cada parte de su vientre, y pasaba la lengua con cuidado sacándole suspiros a su compañera. Sasuke llevó su mano hasta el culo de Sakura, tomándolo con fuerza, a la vez que comenzó a chupar sus senos con fuerza, al igual que los lamia y mordía con rapidez, sacándole más gemidos a la pelirosa.

-¡Sasuke-kun! –gimió la ojijade al sentir como, además del placer que el azabache le proporcionaba, acababa de meter dos de sus dedos en su intimidad, moviéndolos con fuerza sacándole fuertes jadeos.

-¿Te gusta, Sakura? –preguntó el, le gustaba sentirla mojada y a la vez como ella gemia loca de placer.

La pelirosa se mordió con fuerza el labio mientras asentía algo avergonzada. Tenía sus mejillas coloradas por el alcohol que había consumido. Sakura soltó un grito de placer al sentir como Sasuke acababa de pegarle una fuerte nalgada en el culo, que resonó en toda la habitación.

El azabache se alejó un poco de ella mientras se masturbaba viéndola, notaba como estaba inquieta y algo desesperada puesto que no veía nada ni podía tocar tampoco. Sasuke se colocó en el medio de las piernas de la ojijade mientras con lentitud acercaba su miembro hasta la entrada húmeda de ella, sacándole un fuerte suspiro.

De pronto Sasuke se detuvo, teniendo una idea y sonrio de forma socarrona.

Con lentitud metió otra parte de su miembro, viendo como esa forma lenta la volvía loca ya que movía la cadera buscando más contacto. Sasuke la tomó de la cadera, haciendo que se quede quieta.

-Sakura –la llamó de forma coqueta y la penetro de golpe, gruñendo de placer tanto como ella. Comenzó a embestirla con brutalidad, haciéndola gritar, mientras a la vez que se movía él, la acercaba a ella. De pronto paro, y salió de adentro suyo, entonces añadió- ¿Quién fue tu sensei?

-¡Kya! –Chillo ella molesta mientras intentaba sentarse en la cama, pero Sasuke la tiro para atrás- ¡¿Por qué no me estas cogiendo?! –Grito colorada mientras bufaba como niña- ¡No es justo! ¡No te diré!

-Dime o me iré –sentencio él mientras volvía a meter la punta de su miembro en ella.

-¡Sigue, Sasuke-kun! –gimió mientras movía sus manos con desesperación, queriéndolas desatar, pero volvió a gruñir al sentir como el azabache salía de dentro de ella.

-Dime –menciono entre dientes- quiero su nombre.

-¡Pues yo quiero coger! –Grito a todo pulmón y al sentir un peso menos sobre la cama, frunció el ceño- ¿Sasuke? –cuestiono, llamándolo y ensancho los ojos al escuchar la puerta abrirse y cerrarse al cabo de dos minutos- ¡Kya! ¡Desconsiderado!

Con molestia, Sakura se sentó en la cama y movió sus manos con desesperación, queriendo sacarse del agarre, y lo consiguió, puesto que solo era una corbata algo mal ajustada. Luego de esto se sacó el pañuelo negro que le cubría los ojos y suspiro, al ver que en la habitación no había nadie. Se levantó de un solo brinco, estaba molesta y gruñía continuamente. Tomó su bata algo larga y se la coloco para poder salir a buscarlo.

Una vez que estuvo fuera de la habitación, no tardó mucho en encontrarlo, puesto que unas jovencitas pasaron por un pasillo mirando hacia atrás y riendo como bobas.

Sakura negó con la cabeza de forma divertida y se encamino hasta allí, notando que pensaba en lo correcto puesto que ahí se encontraba Sasuke, con cara de pocas pulgas, vistiendo un pantalón negro y una remera gris. Cuando los ojos negros se toparon con ella, desvió la mirada, estando molesto.

La ojijade se acercó a él, siendo la envidia femenina. El azabache estaba esperando que le dieran un turno para poder bañarse en las aguas termales, estaba molesto y luego de una fría ducha se metería a un relajante baño.

-Dos turnos por favor, baño mixto –habló Sakura.

-Claro que no –gruño Sasuke mirando de forma intimidante a Darui quien tomaba los pedidos- yo quiero uno solo, no con esta molestia al lado.

-Que sea un mixto –dijo dulcemente la ojiperla ignorando completamente el comentario del joven Uchiha.

-Vete molestia –hablo entre dientes Sasuke mientras la fulminaba con la mirada.

Sakura soltó una carcajada.

-¡Uy! –Chillo- ¡Qué miedo! –luego miro a Darui- Baño mixto.

-Mierda –murmuro el azabache.

-No iré contigo, Sasuke-kun –hablo de forma seductora sobre su oreja.

El azabache frunció el ceño.

-Pues no iras con otro.

-¡No eres mi jefe! –chillo berrinchuda.

Darui forzó una tos y ambos lo miraron, el azabache con locura y ansias de matar, mientras que la pelirosa parecía dulce e inofensiva.

-¿Cómo será el baño?

-Individual –hablo Sasuke

-Juntos en baño mixto –contraataco Sakura al mismo tiempo.

Sasuke bufó y gruño.

-Dime de una mísera vez quien era tu sensei.

-¡Que no! –chillo ella

-Hazlo

-¡No!

-Me voy

Sakura se golpeó la frente con la palma de su mano y suspiro. Ese hombre no pararía hasta no saberlo. Fue hasta su lado, a paso rápido, y lo tomo de su brazo.

-Dime –pidió de forma cortante.

-Fue Itachi –contesto ella, sin ninguna expresión en el rostro- Uchiha, Itachi.

Sasuke abrió los ojos con fuerza, estaba seguro que eso no se lo esperaba, solo quería un nombre de un desconocido que buscaría y degollaría por enseñarle todas esas cosas a Sakura cuando aún era adolescente. Pero, esa persona resulto ser su jodido hermano mayor.

-¡Otouto! –saludó Itachi a lo largo del pasillo mientras se acercaba hasta ellos.

-Mierda –dijo Sakura en un murmuro al verlo.

Sasuke estaba en shock mientras veía como el azabache iba hasta él.

-Estuve horas manejando hasta aquí para poder verte, tenemos que hablar yo… -pero no pudo continuar porque tenía a su medio ebrio hermano menor encima suyo, lo que género que se caigan ambos al suelo.

-¡Espera, Sasuke! –chillo Sakura mientras se colgaba sobre la espalda del azabache menor- ¡No es lo que piensas! –Gritó a todo pulmón- ¡No fue asi!

Itachi entendió todo al instante, ahora cobraba sentido porque ese día de reunión su pequeño hermano estaba presente, también porque Karin lo dejaba de golpe. Todo concordaba. Itachi silbo, orgulloso de la brillante mente de su otouto pero dejo de hacerlo al recibir un fuerte cabezazo de parte de Sasuke.

-¡Te matare, Itachi! –grito encabronado.

-¿Eh? –exclamo adolorido.

Sakura seguía gritando mientras estaba arriba de la espalda del azabache, intentando de no caerse, y de defender a Itachi en el proceso.


Un capitulo largo en mi ausencia.

¿Qué piensan? ¿Les gusta? Si pueden coméntenme que piensan, soy feliz leyendo sus comentarios… Hablando de eso… ¡Gracias por cada uno que lee! Me encanta ver que les gusta la historia, más porque no le tenía fe a la historia.

Pregunta: ¿Quien pensaban que era el sensei de Sakura?

* Podría llamar a este capítulo "Lagrimas y golpes" jajajaja, era necesario... En el otro cada historia se desenvolverá de manera distinta *chan chan*