Capítulo 3
New York
Hace tanto tiempo sin saber de ti,
por fin me encuentro frente a frente
extraña sensación, buscar adentro
en libertad sentirme preso, frente al espejo, llorar mis miedos
Canción "Miedo" de Fato Interpretada por Pepe Aguilar
El avión aterrizó a las 9 de la mañana en el aeropuerto John Fitzgerald Kennedy. Sara, la chica pelirroja miró por la ventana cómo aterrizaban mientras escuchaba alguna canción en su reproductor portátil. Su hermana Azalie leía tranquilamente mientras Rebecca dormía plácidamente. Sara movió a Rebecca para despertarla. La joven de cabello negro abrió los ojos y miró a la pelirroja.
-¡Ya llegamos! –dijo la pelirroja emocionada.
Rebecca se levantó como impulsada por un resorte. Ya estaba en Nueva York, más cerca de sus seres queridos, más cerca del lugar que la vió nacer, más cerca de la tumba de sus padres, de la vida que conocía…
Más cerca de Ray Stantz…
La joven se asomó por la ventanilla del avión viendo el aeropuerto con una enorme sonrisa, y algunas lágrimas que escapaban de su rostro. Extrañaba tanto su ciudad natal…
-Pronto volverás a verlo –dijo Azalie con una sonrisa.
-Sí –murmuró la neoyorkina.
-Volverás a estar con tu Ray –dijo la pelirroja picándole las costillas con picardía.
Rebecca reía, se encontraba emocionada… y asustada. Estaba dispuesta a ir por todo...
Pero…
¿Y si se había casado?
-El wey sigue soltero –afirmó Azalie con seguridad. La joven de los ojos celestes se volvió hacia ella.
-¿Qué te hace pensar eso? –inquirió Rebecca.
-We… si ella lo dice, es que así es –dijo la pelirroja.
-Te apuesto lo que quieras –dijo la chica de cabello oscuro.
En ese momento, la sobrecargo anunció la llegada a New York City.
Las hermanas le dieron su dirección y teléfono a Rebecca, quien los guardó celosamente. También le dieron el teléfono del hotel donde se hospedarían. Ellas venían desde México, ya que el padre de ellas iría a una convención de directores funerarios, y Sara, siendo tan joven, era toda una embalsamadora, y ésta sería su primera convención internacional.
-Nos avisas si te quedas con el empleo de cazafantasmas –dijo Sara-. Porque queremos darnos una vuelta por el cuartel y conocerlos.
-Claro –dijo Rebecca-. Pero más vale que no pongas tus ojos en mi Ray.
-No te preocupes –dijo Azalie-. Dudo mucho que sea su tipo.
Al bajar del avión, las chicas se despidieron, y se desearon buena suerte. Rebecca miraba a su alrededor entusiasmada mientras escuchaba a Van Halen en su reproductor. Al fín había regresado a casa.
Rebecca iba arrastrando su maleta mientras buscaba entre la gente que iba a recibir a sus familiares un rostro conocido, hasta que vió una enorme cartulina en rosa neón con su nombre escrito.
La chica se dirigió hacia las personas que sostenían el cartel y se encontró con tres damas muy conocidas: Rose Wellington, quien llevaba un abrigo blanco largo y un sombrero a juego. Bianca Romanelli, quien llevaba su cabello en una cola de caballo, lentes oscuros, una chamarra azul y pantalones de mezclilla, cero glamour, ella quería andar cómoda. Melissa Blizzard, en cambio llevaba un pantalón negro y un abrigo del mismo color, solamente resaltado por una bellísima pashmina hindú que le daba un aire exótico a su vestir. Su largo cabello castaño le caía hasta la cintura.
-¿Rebecca? –Dijo Bianca al reconocer en esa joven alta de largo cabello negro, a la niña rubia que alguna vez había sido –Becky, cómo has crecido…
-¿Becky qué te pasó? –Dijo Melissa con sus ojos muy abiertos
-¡Estás enorme! –exclamó Rose llevándose las manos al rostro de la impresión.
Las tres mujeres que habían sido amigas de su madre se adelantaron a abrazarla ansiosas y felices de verla de nuevo entre lágrimas de alegría tanto de ellas, como de la recién llegada.
-¡Ya, ya! –Dijo Melissa retirándose un poco y riendo mientras se secaba las lágrimas- no hay que ser mariconas, además la chica necesita respirar….
-Sí, sí –dijo Bianca recuperando la compostura mientras Rose reía.
Bianca miró a Rebecca constatando cuanto se parecía a Victoria, su madre y lanzó un suspiro mientras sonreía de manera melancólica.
-Te pareces mucho a tu mamá –dijo con aire nostálgico.
-Si… excepto por mi cabello –dijo la joven riendo.
-Pues no creas –dijo Melissa con una sonrisa-. Cuando presentamos por primera vez "Alcanzando el pasado", tu madre lo llevaba de ese mismo color.
-¡Es verdad! –exclamó Rose, quien parecía que acababa de recordarlo- Pero cuando la presentamos la segunda vez, usó peluca…
-Aunque sacaste los ojos de tu padre, cariño –puntualizó Bianca.
Rose notó cómo un grupito de personas se quedaba mirándolas, al parecer las reconocieron.
-Oigan, chicas… sería bueno que nos fuéramos moviendo –dijo Rose-. Creo que ya nos reconocieron.
-Vámonos antes de que confirmen que somos nosotras y se arme una multitud –dijo Melissa preocupada.
Rebecca parecía más preocupada que las tres mujeres.
-¡Es cierto! –Dijo adelantándose hacia la salida- Si ven a tres artistas de Broadway recibiendo a alguna persona deducirán algo… y no quiero que la prensa me moleste.
-Vámonos –dijo Bianca-. Separémonos. Becky, vente conmigo.
-Nos vemos en mi coche –dijo Melissa.
Las cuatro se encontraron junto a la camioneta blanca de Melissa. Afortunadamente no hubo paparazzi que alcanzara a verlas, y nunca pudieron confirmar que ahí habían estado las tres famosas de Broadway.
Ya dentro del coche, habría qué decidir a dónde ir. Lo primero que la joven quiso hacer, fue visitar la tumba de su madre, petición que complacieron sin chistar. Eran principios de Enero, por lo cual el frío en Nueva York era tremendo.
El cementerio de Greenwood estaba cubierto de nieve, pero eso no impedía que recibiera visitas. La cripta donde descansaban los restos de Victoria Elizabeth Spencer-Ashford era una exquisita pieza de arquitectura gótica victoriana; una pequeña capilla con ventanas en arco conopial y bellos vitrales. En esa misma cripta descansaban los restos de su padre, Christopher Alan Spencer. Rebecca acarició el frío mármol donde estaba grabado el nombre de su madre. Un ramo fresco de gardenias estaba en un pequeño florero de plata. Bianca sonrió al verlas
-¿Tu le dejaste esas gardenias a mamá? –inquirió Rebecca mirando a Bianca.
-No, cariño –dijo ella-. La verdad no sé quien se las deja, sólo te puedo decir que flores nunca le faltan a tu madre.
-Ya veo –dijo la joven meditabunda-. Díganme algo ¿Al final le dieron cadena perpetua a Celeste, verdad?
-Por desgracia, sólo le dieron veinticinco años –respondió Melissa-. Aunque sí hubo muchos que exigieron la pena de muerte para esa tipa.
-Quiso alegar demencia –comentó Rose-. Pero no se la valieron.
-Ojalá que esa pinche vieja se pudra y que su vida sea un infierno –dijo la joven con odio, un destello de rabia brilló en sus ojos celestes.
-Su vida es un infierno, mi vida –dijo Bianca en tono despreocupado-. Tengo contactos en Rikers que le dan su calentadita de vez en cuando.
Rose, Melissa y Rebecca miraron a Bianca con los ojos muy abiertos… ella conocía a mucha gente en todos los medios sociales y uno a veces pensaba ¿En qué ambiente se mueve esta mujer?
Hicieron una oración y pronto llevaron a almorzar a la recién llegada. Las cuatro almorzaban alegremente en Joe's Breakfast. Rebecca comía sus waffles acompañados por un jugo de naranja recién exprimido y un coctel de frutas mientras platicaba alegremente con las tres amigas de su madre. Bianca hablaba de cómo se había divorciado de Charles poco después de que la niña se fuera a Maine, y cómo se terminaron casando de nuevo cuando en plena presentación de Mamma Mía, Charles se lo propuso con un hermoso anillo con un zafiro. Melissa, por su parte comentaba sobre su participación en la puesta en escena Footloose, donde Rose también hacía su parte como cantante. Rebecca se encontraba inquieta, ansiosa… cosa que Bianca notó enseguida.
-¿Ocurre algo, Becky? –inquirió la mujer
La joven la miró a los ojos.
-¿Cómo están los cazafantasmas? –inquirió la joven.
-¡Ya te habías tardado, muchacha! –exclamó Melissa entre risas
Bianca sonrió.
-Están bien –respondió-. Con el que tengo más contacto es con Peter Venkman…
-¿Y Ray? ¿Cómo está Ray Stantz?
-Bien –contestó Bianca-. Supongo que bien… no hablo mucho con él, pero si algo hubiera pasado, Peter me pasa el chisme…
Rose observó las manos de la joven de ojos celestes que temblaban constantemente.
-¿Sabes si Ray… está casado? –Dijo- ¿Si está comprometido o tiene a alguien?
-Hasta donde yo sé, Ray Stantz sigue soltero –respondió la actriz-. Hace algún tiempo salió con una chica durante un par de meses, pero no cuajó.
-¡Me alegro! –suspiró la chica como si se hubiera quitado un peso de encima-. ¿Saliendo de aquí, podríamos ir al cuartel de los cazafantasmas?
-Vamos a donde tú quieras, Rebecca –afirmó Bianca.
-Eso debería decirlo yo –comentó Melissa.
-Dime algo, Rebecca –intervino Rose- ¿Piensas seguir los pasos de tu mamá? Joanna siempre ha expresado su interés en hacer una obra contigo. Sería un éxito en taquilla. Broadway te está esperando
-No –dijo Rebecca riendo-. En realidad quiero aplicar para obtener empleo como cazafantasmas y estudiar. Ya me aceptaron en Columbia, sólo me falta que me acepten como cazafantasmas. Estuve practicando y entrenando por mí misma. Anduve viajando en México durante un año y vi muchas cosas interesantes. De hecho, de ahí vengo. Estuve en Tampico, que es maravilloso, hay dos hospitales abandonados y muchas construcciones antiguas. Y la playa… Dios mío, la playa…
-Me imagino que te divertiste mucho –dijo Rose sonriendo-.
-Vaya que te divertiste–comentó Melissa.
Bianca pidió la cuenta, la cual se tardó debido a un escándalo que armó una mujer cuyo hijo melindroso se puso a hacer berrinche sólo porque no le habían dado suficiente miel para sus Hot Cakes. Ya estando en la calle, fueron hacia donde habían aparcado el carro mientras un predicador callejero las seguía mientras hablaba del fín del mundo. Las cuatro subieron al carro y mientras Melissa arrancaba, pudieron escuchar una sirena bastante conocida. Rebecca volteó instintivamente y vió el Ecto-1 a todo velocidad por la calle. Rebecca sintió su corazón latir con fuerza… probablemente ahí iba Ray.
-¿Quieres seguirlos? –preguntó Melissa mirando a Rebecca como si le estuviera proponiendo hacer una travesura.
-No –dijo Rebecca-. Mejor vamos al cuartel. Quiero aplicar para el empleo.
-De acuerdo –dijo Melissa riendo.
Al llegar al cuartel, Melissa estacionó su coche muy cerca del cuartel de los cazafantasmas. Rebecca se bajó del coche y miró el edificio con una gran nostalgia… la joven contuvo las lágrimas. Rebecca se puso a pensar en qué le diría a los muchachos, qué le diría a Janine… ¿Les diría quien era en el primer momento? ¿O mejor dejaría que se dieran cuenta por sí solos? Sus manos sudaban mucho cuando vió a pegajoso salir del edificio atravesando la puerta; al parecer el fantasma buscaba algo. El pequeño espectro verde se topó frente a frente con la joven, a quien reconoció enseguida.
-¡Rebecca! –exclamó el fantasma con sus ojos muy abiertos y casi cristalinos de la emoción
-¡Pegajoso! –dijo la joven con una gran sonrisa- ¡Cuánto tiempo!
El fantasma se arrojó a abrazarla llenándola con ectoplasma y llorando.
-Te extrañé mucho –decía Pegajoso entre risas y lágrimas-. Pero ahora estás grande… Y tu cabello se volvió negro…
-¿Y Ray? –preguntó emocionada la chica mientras se limpiaba
-Se fue a atrapar fantasmas, ya sabes –dijo el fantasma verde-. Pero aquí está Janine, déjame le digo que estás aquí…
Pegajoso se dio la media vuelta, pero Rebecca le impidió que se fuera.
-No le digas que estoy aquí –dijo la joven guiñando el ojo-. Voy a entrar, pero no le digas que soy yo… incluso si no me reconoce, no le digas, ya le diré en su momento es una sorpresa.
El fantasmita se llevó el dedo índice a los labios y sonrió.
-Sí, es un secreto –dijo Pegajoso.
-Ahora ve con Janine y no le digas que me viste.
-Sí –dijo el fantasmita con una gran sonrisa y fue rápidamente.
Rebecca se quedó con las amigas de su madre afuera y se pusieron a planear su llegada. Ellas acordaron que Bianca, Melissa y Rose entrarían primero con la excusa de que la primera quería visitar a Peter para pedirle algún favor. Minutos después, Rebecca entraría para aplicar para el empleo de cazafantasmas.
Janine Melnitz se encontraba en su escritorio leyendo una "Cosmopolitan" cuando Pegajoso entró precipitadamente al cuartel. La pelirroja notó la enorme sonrisa en el rostro del pequeño espectro; dejó su revista a un lado y sonrió.
-Vaya pegajoso –dijo-. Te ves muy contento ¿A quién le robaste la comida ahora?
El fantasmita frunció el ceño. Súbitamente se oyeron golpes en la puerta.
-Ve a abrir, Pegajoso.
El fantasma obedeció; se fue flotando hacia la puerta y abrió, dejando entrar a las tres mujeres que fueran amigas de Victoria Ashford.
-Janine, cariño ¿No nos vas a dejar entrar? –dijo Bianca con su desparpajo habitual.
La secretaria se levantó de su escritorio al ver a las visitantes.
-¿Bianca, cómo has estado? -dijo- Supongo que buscas a Peter…
-Sí, queríamos saludarlo –respondió la actriz-, a él y todos… ¿Y tu cómo te encuentras, Janine?
-Bien, muy bien, como siempre esperando la paga –comentó la pelirroja-. Los muchachos salieron a cazar a un fantasma en Flushing, no sé si quieran esperarlos o prefieran venir al rato.
-Tenemos suficiente tiempo libre –dijo Melissa con el cigarro en mano mientras se sentaba sobre el escritorio.
-Mientras podemos aventarnos una buena platica entre chicas –mencionó Rose.
-¿Y cómo les ha ido? –inquirió Janine.
-Pues de momento desocupadas, pero en marzo ya empezamos audiciones ya que Maxwell Sheffield quiere hacer "Rent" –comentó Melissa-. Rose también hará casting.
-A mí me acaban de llamar de Disney porque quieren que preste mi voz para un personaje de la nueva película –dijo Bianca entusiasmada-. El próximo mes iré a los estudios Disney a grabar.
-¡Qué bien! –exclamó la pelirroja-. Oigan… y ¿Han tenido noticias de Becky?
-Pues sólo supimos que andaba vacacionando en México –comentó Bianca.
La conversación se interrumpió al ver cómo la puerta se abría dejando ver a una joven alta de piel pálida y largo cabello negro.
-Buenos días –dijo la chica entrando al cuartel-. He venido a checar el empleo… me enteré de que tienen una vacante.
-Pues hay vacante –dijo la pelirroja en tono indiferente-. Pero dudo que te interese, no necesitamos gente en el área administrativa; estamos buscando gente para trabajo de campo, es decir, cazafantasmas.
-Lo sé –replicó la joven-.Y es el puesto en el que estoy interesada.
-Pues en ese caso ven, que te haré la entrevista –dijo la pelirroja con indiferencia.
Rebecca entró mirando a su alrededor, con gran nostalgia e ilusión reflejadas en sus ojos celestes. Nada había cambiado; al menos no de manera perceptible. La joven se acercó al escritorio y vió a Janine, quien no parecía ponerle mucha atención, y mucho menos parecía entusiasmada con la llegada de un nuevo miembro al equipo. Rebecca sonrió al ver a la pelirroja, quien encontró el rostro de la joven vagamente familiar.
-Bien, niña, siéntate –indicó Janine señalando una silla que se encontraba frente al escritorio.
Rebecca vió de reojo a las amigas de su madre quienes intercambiaban miradas y risitas entre sí.
-Sí, señorita –dijo Rebecca sin poder contener la emoción que le causaba volver a ver a Janine y volver a estar en ese lugar.
-¿De qué te ríes, muchacha? –dijo Janine molesta.
-No, no me río –dijo la joven-. Es que usted me recuerda mucho a una amiga, es todo.
-Ya veo –dijo Janine mientras buscaba unos papeles en el cajón de al lado.
Era evidente que Janine no se sentía demasiado feliz de tener a una chica tratando de ser cazafantasmas, y es que ya había habido varias chicas en el puesto, pero muchas renunciaban casi de inmediato por razones que variaban desde experiencias traumáticas en el trabajo hasta simple deserción por embarazo. La pelirroja llegó a simpatizar con algunas de ellas y a odiar a otras. Y por desgracia, la última chica que trabajó con ellos, era una zorra que buscaba novio, a decir de Janine. Y para disgusto de la secretaria, la chica había puesto sus ojos precisamente en Egon, para desgracia de la chica, ya que Janine sobornó a Pegajoso para que le hiciera la vida de cuadritos y terminara renunciando por su propia cuenta. Después de ese incidente, Janine decidió que los miembros femeninos en el grupo eran un peligro, ya que, aunque Peter Venkman era un coqueto sin remedio, el que tenía más atractivo con las mujeres era precisamente Egon.
La pelirroja sacó unas hojas y se dispuso a hacerle varias preguntas a la chica.
-Muy bien, querida –dijo Janine-. Es necesario que te haga algunas preguntas y te haga una prueba para ver qué tan apta eres para éste trabajo. Primero: ¿Creés en fantasmas y espectros?
-Sí –dijo la joven-, de hecho de niña tuve un encuentro con un espectro incorpóreo clase 6, y varios poltergeists.
-Interesante –observó la pelirroja-. ¿Tienes conocimientos de parapsicología?
-He leído mucho sobre parapsicología, actividad paranormal, y temas sobrenaturales, así como de mitología y folklore de varios pueblos –respondió Rebecca-. Además estoy a punto de entrar a Columbia a estudiar parapsicología.
-Bien. ¿Practicas algún deporte? Éste empleo requiere condición física…
-Sí, practico Soft Combat, practiqué Tae-kwon-do y estuve un par de meses en Kung-fu –dijo Rebecca.
-Vaya –dijo Janine en un tono irónico-. Así que eres algo pendenciera…
-Sí, no lo niego –dijo la chica riendo.
-Una pregunta muy importante ¿Estás dispuesta a vivir aquí? –Inquirió la pelirroja- Es necesario, ya que los fantasmas no tienen horario.
-Claro –respondió la joven.
-Muy bien… ¿Por qué quieres ser cazafantasmas?
-Porque desde que tenía alrededor de 10 años ha sido mi sueño –dijo la joven sonriendo mientras echaba un mechón de su cabello negro hacia atrás-. De hecho, he dedicado mi vida a entrenarme en lo posible para ser una cazafantasmas.
Janine se levantó del escritorio y dejó las hojas ahí.
-Perfecto –dijo-. Ahora, antes de aceptarte plenamente como un miembro del equipo, será necesario hacerte una prueba de valor y otra de puntería. Sígueme.
-Perfecto -dijo Rebecca mientras obedecía a Janine.
Melissa miró a sus dos amigas con una risita traviesa.
-Ni se imagina que se trata de Becky, ¿Se dan cuenta?
-Es que todos la tenemos ubicada como la niña rubia –dijo Rose.
-No hay qué decir nada –dijo Bianca con una sonrisa traviesa-. Vamos a ver a qué horas se dan cuenta. Igual con los muchachos cuando lleguen.
Rebecca salió victoriosa de las pruebas, por lo cual Janine parecía sorprendida. La pelirroja se sentó de nuevo en el escritorio indicando a la chica de cabello negro que se sentase. Janine se puso a teclear en la computadora.
-Muy bien, debo reconocer que eres bastante apta –dijo la secretaria-. Aunque eres muy joven. Necesito que me des tus datos para comunicarme contigo.
-Con gusto –dijo la chica sin poder disimular una sonrisa.
-Muy bien… ¿Nombre?
-Rebecca Spencer-Ashford.
Janine empezó a anotar el nombre y entonces se detuvo un momento… conocía ese nombre. Lentamente, la pelirroja dirigió su mirada hacia la joven de cabello negro que tenía en frente suyo mirándola directamente a los ojos celestes.
-Becky… eres… ¿Eres tú? –dijo Janine con sus ojos azules muy abiertos, sin poder ocultar el asombro y la emoción.
Rebecca asintió, la pelirroja le dio un abrazo muy efusivo.
-¡Rebecca perdóname te juro que no sabía que eras tú! –Dijo la pelirroja y luego se retiró para observarla mejor- ¡Pero mira cuánto has crecido!
-¡Y vaya que creció! –dijo Bianca mientras agarraba los pechos de la hija de quien fuera su mejor amiga.
-Esteeee…. ¿Podrías dejármelas? –dijo la chica algo avergonzada.
-¿Por qué no me dijeron nada? –reclamó la secretaria a las tres damas.
-Pues queríamos ver si la reconocías –dijo Melissa.
-Además era una sorpresa –replicó Bianca.
-Es que estás tan cambiada –afirmó Janine-. ¿Pero por qué teñiste tu cabello de negro?
-Ah, larga historia –comentó la joven de cabello negro que en realidad era rubia-. Me gusta como luzco de cabello negro.
-¡Por Dios! –Dijo Janine- Espera a que vengan los muchachos…
-¿Cómo está Ray? –Dijo la joven- ¿Cómo están todos?
-Todos están muy bien –respondió Janine-. Aunque hoy noté a Ray algo melancólico…
-¿De verdad? –Dijo Rebecca-. Me muero por verlo de nuevo… me muero por verlos a todos pero… extrañé tanto a Ray…
-Pues cuando vengan no les diré nada a ver si te reconocen –dijo la pelirroja guiñando el ojo en un gesto de complicidad-. Mientras mejor ven y cuéntame… ¿Qué has hecho en todos estos años?
Los cazafantasmas regresaban al cuartel en el Ecto-1 después de haber capturado a la manifestación corpórea clase 3 de Flushing Meadows. Ray Stantz miraba por la ventanilla con un aire melancólico en sus ojos color avellana.
-En serio, Ray –dijo Peter algo molesto- no sé qué te pasa hoy que andas tan distraído…
-¿Qué dices, Peter? –dijo el pelirrojo como sacado de un trance- Perdona, estaba algo distraído.
-Olvídalo, Ray –suspiró Peter.
-Ray, no debes dejar que te afecte tanto –dijo Egon.
-Egon tiene razón, Ray –dijo Winston-. Ya era para que lo superaras… Ya han pasado seis años.
-Simplemente no te entiendo, Ray –comentó Peter-. Ni siquiera cuando rompiste con Elaine te pusiste así…
-Y de hecho lo superaste más rápido –mencionó Winston.
-Pero era diferente –dijo Ray-. Lo de Elaine fue de común acuerdo… y Becky me rechazó… y nunca supe por qué.
El Ecto-1 dio vuelta en una esquina y llegó al cuartel, cuya cochera ya estaba siendo abierta por Janine y una misteriosa chica de cabello oscuro que ellos ignoraban que se trataba de Rebecca, ya que las mujeres oyeron la sirena del coche justo a tiempo para abrir el portón. Ray alcanzó a ver por la ventanilla a la hermosa joven de cabello negro y piel pálida.
-Qué bonita muchacha –pensó Ray sin dejar de mirarla por la ventanilla
-Vaya, al parecer tenemos visitas –dijo Peter sonriendo- ¿Ya vieron a ese bombón que está con Janine?
-Yo la ví primero –exclamó el pelirrojo.
No terminaba el Ecto-1 de estacionarse cuando Peter se bajó del coche y corrió hacia la joven.
-Buenos días, señorita –dijo Peter mientras le daba la mano-. Soy el doctor Peter Venkman ¿Acaso necesita de nuestros servicios?
-En realidad vino por el empleo, Dr. Venkman –dijo Janine.
-¿En verdad? –respondió el psicólogo.
Peter miró a la joven y tuvo un sobresalto, por alguna razón le recordó a Victoria, sin embargo, lejos de provocarle atracción, sintió otro tipo de cariño… algo más… paternal.
-Hizo todas las pruebas y créame, Dr. Venkman, es bastante apta –continuó la secretaria.
En ese momento, Winston y Egon llegaron a donde la chica, dejando a un molesto Ray cerrando el portón.
El rubio miró a la joven, al igual que su amigo de color y notaron algo muy familiar en ella… esa sonrisa… esos ojos…
Rebecca, por su parte se sentía sumamente emocionada y nerviosa. Ansiosa por ver a Ray Stantz.
-Ella vino a solicitar el empleo –comentó Peter-. Y según Janine, la chica tiene aptitudes.
-Muy bien, señorita, le presento a mis camaradas, el Dr. Egon Spengler y Winston Zeddemore y…
En ese momento, Ray Stantz llegó apresuradamente hacia donde estaba el grupo.
-Y este –continuó Peter poniendo su mano en el hombro del pelirrojo-, es el Dr. Ray Stantz.
Ray extendió la mano para saludarla.
-Mucho gusto, señorita…
Ray tomó la mano de la joven y tuvo una extraña sensación. Ray la miró.
En ese momento, los ojos castaños encontraron los celestes.
Ray y Rebecca se quedaron mirando uno a la otra durante unos minutos sin decir nada. Rebecca sonreía expectante, su corazón latía desaforadamente al ver que Ray Stantz no había cambiado casi nada.
-¿Rebecca? –murmuró el científico con los ojos cristalizados. Ella asintió con una sonrisa en el rostro.
Peter, Egon y Winston voltearon a verla sorprendidos, y es que la última vez que la vieron ella era aún una niña rubia de 12 años que lloraba por la muerte de su madre.
El primer impulso de Ray, fue abrazarla; y estuvo a punto de hacerlo, de hecho todos, incluyendo la misma Rebecca se dieron cuenta de ello cuando vieron que por un momento fugáz, el pelirrojo abrió sus brazos dando un paso hacia la joven sonriendo cuando de pronto, unas palabras retumbaron en su cabeza…
No quiero que tú me adoptes, Ray…
Que me adopte Egon, que me adopte Janine, Peter, Winston…
Que me adopte cualquiera menos tú.
Raymond Stantz se detuvo en seco y dio un paso hacia atrás mientras la sonrisa se borraba de su rostro y bajaba la mirada. Rebecca se acercó hacia el sin entender esa reacción.
-Me… Me da gusto que estés aquí –dijo el pelirrojo en tono sombrío-. Muchachos tengo qué dejar esto en la unidad contenedora.
Ray se escabulló dejando a Rebecca con el abrazo que ella hubiera deseado darle mientras los demás observaron la escena, algunos sorprendidos, y otros no tanto. La joven bajó la mirada.
-Al parecer nunca lo va a superar –suspiró Peter.
-¿Qué le pasa? –Murmuró la joven- Pensé que le alegraría verme…
-Ray quedó muy dolido desde que le dijiste que no querías que él te adoptara –comento Janine.
-¡Pero yo no quería lastimarlo! –Dijo Rebecca angustiada- Jamás fue esa mi intención…
-Dale tiempo –dijo Peter poniendo su mano sobre el hombro de la joven-. Ray será un infantil y aniñado… pero no es rencoroso.
-Peter tiene razón –corroboró Winston mientras colgaba su paquete de protones en el locker.
-Pero con todo, qué gusto volver a verte, Becky –dijo Egon mientras le daba un apretón de manos-. Ahora, si me permites iré a hablar con Ray.
Egon fue a alcanzar a su amigo mientras la chica se quedaba con los demás. Un silencio incómodo se apoderó de la sala.
-Pero vaya que has crecido, Becky –dijo Winston mientras le daba un fuerte abrazo-. Qué bueno que no te has olvidado de nosotros.
-Pero si estás muy cambiada –dijo Peter mientras tomaba de la mano a la joven y le daba una vuelta-. Te has convertido en una mujer muy hermosa… justo como tu madre. Eres idéntica –agregó con una sonrisa melancólica.
-Gracias –dijo la chica-. Yo también los extrañé a todos.
-Pero te voy a regañar, muchacha –dijo Peter en un tono más enérgico-; ¿Qué es eso de teñirte el cabello de negro? ¿Qué no vez que no te reconocimos? Yo te recordaba con tu cabello rubio, como el de tu madre…
-Bueno, es que me gusta cómo luce mi cabello oscuro –replicó Rebecca-. Me hace ver más pálida y me da más presencia.
-Bueno, de que te ves muy bien, te ves bien –dijo el afroamericano-. Lo que pasa es que verte así de repente y tan diferente es un shock.
En ese momento, las tres mujeres que recibieron a Rebecca en el aeropuerto hicieron acto de presencia. Bianca carraspeó llamando la atención de Peter. El psicólogo la miró y corrió a saludarla al igual que a Rose y a Melissa.
-Bianca, preciosa ¿Cómo estás? –Dijo Peter.
-Aquí, que les trajimos a esta sorpresita –respondió la actriz.
-Y vaya sorpresa –comentó Winston.
Comenzaron a charlar amenamente mientras Rebecca le contaba a Janine sobre sus aventuras en su viaje a México y todas las palabras y expresiones que aprendió en el vecino país de habla hispana.
-Y a todo esto –dijo Melissa cigarro en mano interrumpiendo a Peter, quien conversaba alegremente con Bianca- ¿Rebecca se quedará con el empleo o no?
Peter la miró sorprendido.
-¿Cómo dices? –Exclamó y entonces se volvió hacia Rebecca- ¿Entonces en verdad viniste a solicitar empleo aquí como cazafantasmas?
-Claro Peter –dijo Janine con los papeles en mano-, y he de decirte que es bastante capáz…
-Déjame ver –dijo Peter mientras Janine le entregaba los papeles donde anotó todas las observaciones y todo lo que la joven de los ojos celestes respondió en la entrevista.
-Pues –dijo el psicólogo mientras leía el informe que la pelirroja le entregó- en realidad si aplicas perfectamente para tu trabajo pero…
-¿Pero qué? –inquirió Rebecca con un gesto de preocupación.
Peter la miró preocupado.
-Si te pasa algo… ¿Qué le voy a decir a tu madre? –dijo éste.
-Le dirás que es la vida que yo elegí –respondió Rebecca encogiéndose de hombros-. Conozco bien los peligros de este empleo y que aún así quiero ser parte de ello. Ya soy mayor de edad, y yo decido cómo vivir. En realidad, siempre lo he hecho, incluso desde niña. Y yo consigo lo que quiero… cueste lo que cueste, Peter.
Peter vio la mirada decidida en los ojos celestes de la hija de quien fuera en algún momento su pareja y sonrió.
-Pues bien –dijo el psicólogo al fin mientras le pasaba el brazo por los hombros-, estás contratada. Bienvenida a los cazafantasmas.
La joven sonrió mientras Bianca, Janine, Rose y Melissa la abrazaban en señal de felicitación. Winston también la felicitó.
-Eso significa que vivirás aquí, ¿No es cierto? –dijo Winston.
-Pues sí –dijo Janine-. Tendré que darle una buena limpiada al dormitorio de chicas. ¿Me ayudas, Pegajoso?
El fantasmita asintió pero Peter de inmediato objetó.
-Mejor dile a alguien más que te ayude –dijo Peter-. No querrás que Pegajoso deje el lugar lleno de babas.
-Le diré a Ray –dijo Janine.
Egon Spengler se encontraba en el sótano hablando con Ray.
-Ray ¿No crees que deberías superarlo? –dijo el rubio mirando a su amigo vaciar las trampas en la Unidad Contenedora-. Después de todo, Rebecca vino a vernos.
-Vino a verlos a ustedes –dijo Ray serio- De seguro no tenía intención de verme… después de todo no quiso vivir conmigo.
-Siempre me extrañó esa decisión –reflexionó Egon-. Después de todo, ella siempre fue muy apegada a ti, más que a cualquiera de nosotros.
-Lo único que sé es que ella no me aceptó a mí –dijo Ray mientras vaciaba la última trampa-. No sé qué le hice, no sé qué tengo de malo… la noche que murió Victoria ella me pidió que la dejara dormir conmigo y tan solo unos días después… me dijo todo eso.
En ese momento, Janine entró al lugar.
-Ray ¿Puedes ayudarme? –Dijo la pelirroja- Necesitamos darle una arreglada al dormitorio para chicas.
-¿Y eso? –inquirió el rubio.
-Tenemos un nuevo elemento en el equipo –respondió Janine sonriendo.
-Ahí voy –dijo el pelirrojo mientras subía la escalera.
-Voy con ustedes –dijo Egon siguiendo a ambos.
Ray y Janine limpiaban la habitación que sería para Rebecca con la ayuda de Winston, mientras Peter ayudaba a Egon con uno de sus inventos. Normalmente Ray hubiera sido quien ayudara al rubio, pero decidió dejarlo que se desahogara con Janine y Winston.
La recámara que estaba destinada a Rebecca fue arreglada en corto tiempo ya que la última persona que la había ocupado, no tenía de 6 meses de haberse ido. Al terminar de cambiar las sábanas a la cama, Ray se sentó sobre ésta y lanzó un suspiro.
-¿Qué hago? –dijo el pelirrojo-. Alguno de ustedes, aconséjeme…
El afroamericano y la pelirroja se sentaron a los lados del más joven de los cazafantasmas.
-¿Qué pasa, compañero? –inquirió Winston.
-No sé qué hacer –dijo Ray-. No sé si deba hablarle, no sé si… En realidad no esperaba el verla de nuevo… aquí… viviendo con nosotros…
-¿Te molesta su presencia? –cuestionó Janine preocupada.
El pelirrojo negó con la cabeza.
-¡No! ¡Nunca me molestaría la presencia de Rebecca! –Dijo- A decir verdad… tengo sentimientos encontrados… estoy feliz de verla, me alegra el tenerla de nuevo conmigo, es decir… con nosotros –agregó emocionado-. Pero… por otro lado… me duele. Me duele mucho… no puedo olvidar que ella no me quiso. ¡Y quiero hablarle! Parte de mí quiere sentarse a platicar con ella, y que volvamos a ser como en los viejos tiempos… pero… ya ha pasado mucho tiempo desde entonces y… ella está tan… Cambiada. ¿Y si la molesto? ¿Y si no me quiere cerca?... Y si... ¿Piensa que soy tonto?
-Bueno, Ray –comentó la secretaria-. Ella ha crecido, pero si me lo preguntas, yo creo que en esencia es la misma… Y la verdad, yo la ví muy emocionada por verte. Y por cómo la trataste hace rato, ella también está preocupada de que no la quieres… no la odies.
-¡No! –Saltó Ray- Yo jamás podría odiarla…
-Pues yo que tú se lo diría inmediatamente –recalcó Janine-, Parecía que en cualquier rato se fuera a poner a llorar. Sabes que Becky es muy sensible… y más tratándose de ti…
Peter venía entrando a la habitación con algunas almohadas extras.
-¿Ya vieron lo grande que está Becky? –dijo Peter cual si fuera un padre orgulloso de su hija- Y lo hermosa que está… si no fuera por esa idea loca de pintarse el cabello estaría igualita que su madre… ¿A quién se le ocurre arruinárselo de esa manera? Las morenas quieren ser rubias y ella que es rubia quiere ser morena…
-Pues sí, pero a ella le gusta –dijo Winston-. Además le sienta muy bien… ¿O no, colegas?
-Claro que sí –dijo Janine-. Se ve muy guapa. ¿Verdad Ray?
-Sí –dijo el pelirrojo con un suspiro-. Bastante linda
Siguieron arreglando la alcoba hasta que estuvo lista, después de eso, Peter, quien no cabía de contento, los invitó a cenar a todos para celebrar la bienvenida a la nueva miembro de Los cazafantasmas a un restaurante Bistro.
Comieron entre risas y bromas, los únicos que parecían algo incómodos eran precisamente la festejada y Ray Stantz. Por más bromas que hubiera, por más tranquilo que estuviera el ambiente no podían relajarse. Ambos tenían la mente llena de preguntas que no podían contestar. Bianca observó preocupada la escena; esperaba que todo volviera a ser como cuando ella era pequeña y siempre andaban como si fueran siameses. La actriz tomó a Peter del brazo y le dijo al oído.
-¿Qué les pasa a esos dos? –pregunto- Bianca- Pensé que cuando se vieran de nuevo estarían como antes… Ya sabes, como si compartieran algún órgano vital o algo…
-De Ray, ya sabes –respondió-. Y Becky… pues supongo que se siente rechazada… ¡Qué cabrón!... Haciendo sentir mal a mi bebé…
-Hay que hacer algo Peter… el ambiente está tan tenso…
-¿Qué se te ocurre? –indagó el psicólogo.
-Hay qué ver una manera de dejarlos solos –respondió Bianca-. Tienen qué hablar y arreglar sus diferencias…
Peter y Bianca cuchichearon un poco y al terminar la cena pusieron en marcha su plan…
La actriz se levantó de la mesa sorpresivamente.
-Chicas –dijo haciendo una sutil señal que ni ella misma percibió-, acompáñenme al baño.
-Claro –dijeron Rose y Melissa levantándose al mismo tiempo.
-También voy –dijo Rebecca levantándose y siendo detenida por Peter.
-No, no y no, Becky, ellas tienen cosas qué hablar…
La chica se sentó confundida y siguió comiendo. Peter fingió que garabateaba en una servilleta y sin que los demás se dieran cuenta, se lo pasó a Janine por debajo de la mesa. Después de unos minutos, Peter hizo como que buscaba algo en su ropa, cosa que Ray notó.
-¿Qué pasa, Peter? –inquirió el pelirrojo extrañado.
-No encuentro mi cartera, se me hace que la dejé en el carro –dijo mientras se levantaba-. Acompáñame, Winston.
El interpelado asintió y se levantó dejando la mesa junto con el psicólogo.
Después de un rato, Janine le dio un codazo a Egon.
-Egon… necesito que me acompañes afuera un momento –dijo la pelirroja.
Egon, quien no era muy bueno para ese tipo de cosas, estaba renuente.
-¿Tiene qué ser ahora, Janine?
-Me urge –puntualizo la secretaria.
Egon se levanto a regañadientes y siguió a Janine dejando solos a Ray y a Rebecca.
El pelirrojo se dio cuenta de que se había quedado solo con Rebecca, lo cual lo puso algo tenso. ¿Qué hacer en ese momento tan incómodo? Afortunadamente, Rebecca fue quien rompió ese silencio incómodo.
-¿Y a dónde se fueron los demás? –Dijo la chica.
-No tengo ni idea –respondió Ray confundido.
Rebecca sonrió levemente.
-Oye Ray ¿Y no vas a decirme nada sobre mi cabello? –Inquirió la chica intentando romper el hielo- Todo el mundo me ha comentado algo sobre mi cabello teñido menos tu.
Ray la miró algo sorprendido. La pregunta lo tomó por sorpresa.
-Pues… un cambio bastante radical –replicó Ray-. De hecho no te reconocí a la primera… Pero sí te sienta bien.
-Tú sigues justo como te recordaba, Ray –dijo ella con una sonrisa.
-Ya veo –dijo él en un tono sombrío.
Rebecca lo miró largamente. ¿Será que él la odiaba?
-Te molesta mi presencia… ¿Verdad? –preguntó ella en tono melancólico mientras bajaba la mirada.
-No me molesta –replicó el-, me sorprende…
-Y no de una buena manera, por lo que veo –comentó ella.
-No es eso… es solo que… no lo asimilo… Tanto tiempo lejos… y ahora de la nada vuelves… Pensé que no volvería a verte nunca.
-Te extrañé, Ray.
El pelirrojo lanzó un suspiro. ¿Cómo era posible que esa niña le dijera eso? ¿No había sido ella la que no quería ser adoptada por él? ¿La que prefería que cualquiera de los otros la adoptara menos él? El pelirrojo se levantó.
-Por favor, no tienes qué decirme las cosas por lástima, Rebecca –dijo Ray amargamente con sus ojos clavados en ella-. No lo necesito y menos viniendo de ti.
En ese momento, Ray estuvo a punto de echarle en cara lo mucho que le había dolido su rechazo, y cómo ese recuerdo tan amargo aun lo perseguía. Por fortuna, en ese mismo instante, Bianca llegó con las demás.
-Disculpen la tardanza –dijo la actriz sentándose- ¿Y los demás?
-Se salieron –comentó Rebecca.
-Y… ¿Han hablado de lo lindo mientras no estamos? –preguntó Rose- Debe haber mucho que tengan qué decirse…
-No, para nada… Ray me odia –dijo de sopetón ante la mirada atónita de los presentes.
-¿Perdón? –Inquirió Ray a la defensiva- Aquí la única que me odia eres tú…
-Yo no tengo razón para odiarte –replicó la chica.
-Pues ya me has demostrado todo lo contrario, niña –respondió Ray-. Y no estoy aquí para que me acusen así que me voy.
Ray se levantó y se dirigió a la salida. Por un momento pareció notar que los ojos celestes de Rebecca se humedecían.
-¡Oye Ray! –dijo Bianca yendo tras el pelirrojo- Espera…
Bianca salió tras el dejando a las chicas solas con Rebecca.
-¿Qué pasó? –Preguntó Melissa
-¿Le dijiste algo a Ray? –indagó Rose.
Rebecca negó con la cabeza, tenía su mirada baja y se alcanzó a ver cómo una lágrima escapaba de sus ojos, pero inmediatamente se limpió, respiró hondo y se enderezó.
-Sólo hablamos de mi cabello y cosas superficiales, aunque él se notó muy… frío –explicó la chica- Luego le dije que lo había extrañado.
-¿Y el qué te dijo? –inquirió Melissa
-Que no necesitaba que le dijera las cosas por lástima.
-Supongo que Ray sigue afectado por eso –murmuró Rose.
-¡Caramba! ¿Qué no puede superarlo? –Dijo Melissa divertida- ¡Ni siquiera cuando rompió con la novia andaba tan nena!
-De hecho lo supero bastante rápido –comentó Rose.
-¿De qué hablan? ¿Cómo que superar? –Dijo Rebecca sin entender- ¿Qué demonios le pude haber hecho yo?
Rose y Melissa se miraron y soltaron una risita de complicidad.
-Bueno, Rebecca… -dijo Melissa entre risas- Prácticamente le dijiste que no servía para tu padre…
-¡Yo nunca quise decir eso! –Saltó la chica alarmada.
-Bueno, pero sabes que Ray es muy sensible –explicó Rose-. Y eso fue lo que el entendió…
-¿Pues qué esperaban? –Dijo Rebecca exasperada caminando en círculos- Ni modo que le dijera a Ray: "No quiero que me adoptes por que cuando sea grande quiero coger contigo"
-¡¿QUEEEEE? –Exclamaron ambas artistas.
Rebecca se dio cuenta de su error, y entonces tomó aire y recuperó la compostura…
-Sí… me gusta Ray –explicó la chica en tono serio y algo defensivo con su rostro sonrojado- Siempre me ha gustado, de hecho ¿Algún problema con eso?
-¡Wow! –exclamó Rose- Jamás pensé que… Cuando Bianca se entere… ¿Qué dirá?
-Pues si hubieras dicho eso, lo hubiera tomado mejor… muchísimo mejor que lo otro…
-Pues en este momento el solo trataría de evitar que lo tocaras… no pensaría que lo ves como una asquerosa bolsa de pus –Indicó Rose.
-¡Pero yo no lo veo así! –exclamó la joven de los ojos celestes.
-Pero él cree que sí –dijeron Rose y Melissa a coro-. ¡Ese es el problema!
Rebecca se sentó dejándose caer sobre la silla y apoyando los brazos en la mesa.
-Bonita chingadera… -murmuró.
Bianca había alcanzado a Ray en el estacionamiento y trató de razonar con el.
-A ver Stantz ¿Qué pasó allí? –inquirió Bianca.
-¡Ella empezó con sus hipocresías! –respondió Stantz.
Un bofetón cruzó el rostro del pelirrojo.
-Mi niña jamás te diría nada de manera hipócrita –dijo Bianca muy seria-. De hecho ella peca de claridosa…
-Pero ella dijo que yo la odiaba y no es cierto –Replicó Ray sobándose el cachete.
-Pues no te has visto nada amable con ella tampoco –respondió Bianca.
-¿Por qué debería hacerlo? –dijo el al borde del llanto- Ella no quiere mi amabilidad… no quiere nada de mí. Ella es la única que me odia.
Bianca lo abrazó de manera maternal.
-Ya, Ray… bien sabes que eso no es cierto… -dijo Bianca- ¿Por qué no creces un poco y vas y arreglas las cosas con ella? Los dos se están portando de una manera muy estúpida por una tontería…
-Es que nunca supe por qué me rechazó…
-De seguro fue una cosa de niños ¿Realmente necesitas saberlo para ser felíz? ¿No puedes ignorarlo y tomar el cariño que ella te quiere brindar?
-Tal vez tengas razón –dijo Bianca.
-Yo siempre la tengo, Ray –dijo Bianca en tono de suficiencia-. Así que ve allí y discúlpate con ella.
Ambos regresaron al restaurante donde se encontraron a todos los demás, que ya habían llegado junto con Rebecca quien no dejaba de romper servilletas de los nervios.
-Perdón la tardanza –dijo Bianca-. Ya saben, por aquí alguien se pone como NENA cuando no come bien.
Todos siguieron comiendo, el ambiente se había aligerado más. Ray y Rebecca se miraban de repente, y apartaban la mirada inmediatamente después. Buscaban la manera para hablarse, pero no hallaban el momento.
La cena transcurrió normal hasta que mientras Peter y Bianca pagaban la cuenta (la cual fue bastante alta para sorpresa de Peter). Mientras, Ray al fín se acercó a Rebecca.
-Oye, Rebecca… yo…
-Dime, Ray…
En ese instante, Peter jaló a Ray.
-Bueeeno, ya nos vamos –dijo el Psicólogo alegremente mientras sujetaba a su amigo del brazo.
-Claro, nos vemos allá –dijo Bianca mientras hacía lo mismo con Rebecca-. Becky, tú te vienes con nosotras, y Janine, aún hay espacio si quieres venir. No querrás ir entre puro hombre ¿Qué tal si abusan de ti? –agregó mirando pícaramente a Egon.
Los muchachos miraban con una sonrisa maliciosa al rubio quien estaba levemente sonrojado mientras negaba con la cabeza sutilmente.
-Claro, Bianca –dijo Janine-. ¡Voy con ustedes!
Y asi lo hicieron… Los hombres en el Ecto 1 y las chicas en otro. Y el tema en los dos era el mismo… El reencuentro entre Ray y Rebecca.
-¿Y? ¿No estás felíz? De eso pedías tu limosna… -comentaba Peter.
-Sí, Peter… muy, muy felíz… -respondió Ray.
-Me pregunto si ya traerá novio –comentó Winston.
-¡CLARO QUE NO! –Exclamaron Peter y Ray.
-¿Pero por qué no? –Replicó Winston- Ella es muy bonita… y ya está en edad…
-¡Ninguna edad! –Exclamó Peter- Ella es aún demasiado joven para tener novio… ¿Verdad Ray?
-Tienes toda la razón, Peter…
Mientras, las chicas hablaban de lo mismo.
-¿Y bien, Becky? –dijo Bianca- ¿Estás felíz de haber vuelto a ver a Ray?
-Sí y no… -respondió la chica- No me gusta que sea tan frío conmigo…
-Dale tiempo, cariño –dijo Janine acariciando el cabello negro de Rebecca- Ya verás como todo mejora…
-Al rato se compone… aunque deberías decirle la verdadera razón de tu rechazo –dijo Melissa picándole las costillas juguetonamente.
-¡Un momento! –Dijo Janine- ¿Ya se enteraron?
-Bueno, Janine –dijo Rose-. No es como si Becky hubiera querido ocultarlo. Es más que obvio desde hace mucho tiempo.
-Increíble –comentó Melissa-, pero Obvio…
-Pues sí… ¿Pero a poco creen que eso va a mejorar las cosas? –Dijo Rebecca con tristeza- No es como si él fuera aceptarme…
-¿Pero cómo no te va a aceptar? –Dijo Rose.
-Pero si tú no le pides nada a nadie –comentó Melissa- ¡Estás que te caes de buena!
-¡Cariño! No puedes estar segura de nada hasta que se lo digas…
Y así empezaron todas las chicas a hablar al mismo tiempo intentando darle consejos, y recomendaciones a la chica para acercarse a Ray.
-Muchachas… -dijo Bianca intentando poner orden- Chicas… ¡CÁLLENSE!
En eso todas se callaron excepto Rose.
-Y luego, te le metes en la cama con poca ropa y…
Al darse cuenta de que todas se habían quedado calladas, Rose terminó el enunciado.
-Te metes en la cama, lo tapas muy bien y te vas –dijo Rose con la cara roja de vergüenza.
Hubo un silencio incómodo en el coche. Todas las chicas miraban a Rose con una risita pícara
-Muy bien –dijo Bianca entre sorprendida y divertida-. Ya que Rose se avergonzó ella misma, retomaré el tema: Tu, Becky, lo que necesitas, es una noche de copas…
Janine se llevo una mano al rostro sorprendida.
-Bianca… ¡No! –dijo la pelirroja.
-¿Cual no? –Replicó Bianca- Esta "niña" ya es mayor de edad y ya alcanza el timbre… y hoy mismo me voy a encargar de que toque uno… No será el que quiere, pero al menos va a tocar…
-¿Quieres decir…?
-No te estarás refiriendo a….
-¡Claro que sí! –Dijo Bianca- ¡Nos vamos derechito a "La Banana dorada"! ¡Y la que no quiera se me baja de una vez!
Las chicas se dirigieron al mencionado congal. Cualquiera que las viera, supondría que era un montón de jovencitas recién salidas de la escuela…
Mientras, en el cuartel de los cazafantasmas, los chicos se aburrían como ostras sentados frente a un televisor.
-Oigan… -dijo Ray- Como que ya se tardaron…
Peter llegó en bata de baño con la cara cubierta de aguacate, al verlo pegajoso casi sufre un infarto del susto. Pero al darse cuenta de que se trataba de Peter solo se dio la vuelta.
-¿A estas horas y todavía no me traen a mi niña? –dijo Peter impaciente
-¡Santo cielo! Exclamó Ray al ver a su amigo con la cara verde- ¡Pegajoso te vomitó encima!
-Ja, ja, ja… muy gracioso, Ray Stantz –dijo Peter molesto- Que tú no te preocupes por tu apariencia no es mi problema.
-Bueno, ya –dijo Egon-. Lo que Peter se embarre en la cara es muy su problema… aquí lo importante es que ya es muy tarde y las chicas no llegan…
-Tal vez fueron a dejar a Janine –comentó Ray.
-No lo creo –dijo Winston-. Yo tengo las llaves de su departamento.
Todos voltearon a ver al hombre de color. Egon se veía bastante molesto.
-¿Qué? Me pidió que se las guardara. Será mejor que las guarde en su escritorio.
Winston fue al escritorio y al abrir el cajón delantero, encontró una curiosa cajetilla de cerillos rosa con un plátano dorado impreso en ella. Cada vez que Janine desaparecía con las chicas, recordaba verla con una igual a esa. Tal vez se encontraban en el lugar de donde las sacaban. No era mala idea llamar al número que venía impreso en la cajetilla para salir de dudas…
