Les agradezco mucho sus comentarios… La verdad no se cuantos capítulos tendrá el fic… pues aun lo estoy escribiendo y me cuesta un poco seguir desde el punto en donde quedé…

Capítulo 19º: Revelaciones

Zeus miraba imponente a los demás dioses liberando su poderoso cosmos, los sentenciados al verse amenazados fueron rodeados por sus respectivos guardianes…

¡Realmente ustedes no son rivales para mí! – mencionaba tranquilamente el Señor de todos los Dioses - ¡Apártense!

Shaka, Dokko y Aioros encabezaban la defensiva de Atenea, sus expresiones dejaban ver la firme intensión de no obedecer a Zeus…

¡No piensan hacerlo!... Esta bien… ¡Recibirán el castigo junto a ellos! – Zeus levantó su mano derecha, cuando estaba por hacer un movimiento, unas pequeñas manos lo detuvieron…

¡No lo hagas!... ¡Por favor!.. ¡no lo hagas! – Shun detenía la mano del Dios, este le dirigió una miraba fría, más al encontrarse con esas preciosas esmeraldas llenas de preocupación, suavizó su expresión y lentamente disminuyó la intensidad de su cosmos - ¡Debe haber otra manera! – murmuró el peliverde ya captando toda la atención de Lestat.

Lestat se quedó observando a Shun seriamente… con unas de sus manos acarició su rostro, el pequeño permitió este gesto y lo aceptó sumiso, sin apartar en ningún momento la mirada del mayor…

¡Creo Hijo! – hablaba Leto, para cortar el incómodo silencio que se había formado sin apartar la mirada de Poseidón, Atenea e Hilda – Que encontraremos una manera de cumplir tu sentencia, sin la necesidad de que alguien salga lastimado.

Sólo al oír esas palabras Shun apartó la mirada dirigiéndosela ahora al padre de Lestat… y no fue el único, los demás dioses, los caballeros, Sky y su padre, Nao también lo habían volteado a mirar.

¡Habla Padre!... ¿Qué sugieres? – preguntó Lestat sin mirarle.

Es admirable la lealtad mostrada por estos caballeros, Hijo, ¿No lo crees? – empezaba a hablar el hombre – También es más que evidente, el cariño que los mismos inspiran en sus deidades…

¡Al punto, Padre! – acotó Zeus

¡Creo que Shun se sentirá muy solo aquí! – murmuró Leto al encontrarse a corta distancia de su hijo.

Shun observaba a ambos hombres, padre e hijo, no comprendió lo que quiso decir el mayor con eso, pero estaba seguro que estaba a punto de averiguarlo…

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

¡Estas más tranquilo! – preguntaba Pandora retirando la bandeja de comida del lugar donde la había dejado - ¡Me alegra que hayas comido algo!... ¡Tranquilo… estoy segura que…

¡Shun va a odiarme! – murmuró el Fénix apuntando su mirada a un lugar fijo – Yo… realmente… soy un traidor…

¡Claro que no!... ¡No digas tontería Ikki, Shun sería incapaz de odiarte… él simplemente no podría, por que te adora! – mencionaba la mujer con firme convicción – Y no eres un traidor… cumpliste con los deseos de tu madre… ella, seguro tenía una razón poderosa para pedirte lo que te pidió…

¡Dime Pandora!... ¿Hay algo que justifique la traición a un hermano? – Ikki decía cada palabra con sumo dolor y remordimiento – Él… era… él era mi amigo… yo le juré lealtad… y…

¡Lo importante es que no lastime a Shun! – Hades ingresaba a la habitación acompañado de Aicos - ¡Confiaste en tu madre aquella vez! ¡No creo que ella haya traicionado a Zeus por nada!

Ikki aún no parecía del todo convencido, pero sabía que Hades tenía razón… su madre, amaba a Lestat, algo debió de haber pasado para que tomara esa decisión.

------FLASH BACK -------

¡Necesito recordar más!... ¡No entiendo!.

Esta bien, relájate Ikki – Pandora coloca una de sus manos sobre los ojos del Fénix y este nuevamente pudo recordar… más bien, pudo presenciar lo que su mente había olvidado.

Se vio entrando por unas puertas, acompañado de otro niño, a quien reconoció como Lestat…

¡Ya llegaron! – una mujer de unos hermosos cabellos verdes los recibía - ¿Cómo les fue?

¡BIEN! – respondían al unísono.

Ikki se acercaba y abrazaba a la mujer cariñosamente, y esta le devolvía el gesto con una infinita ternura… el otro niño solo observaba la escena… luego que Ikki se separó de su madre, la mujer dirigió su atención a Lestat, quien con una sonrisa picara se acercó y abrazó también a la mujer…

¡Ikki lo hace muy bien Tía!... ¡Mi padre dice que será tan bueno como mi Tío Zion! – Hablaba el menor orgulloso - ¡Estoy seguro que él será el próximo Caballero Celestial de Perseo!

¡Mi amor!... ¡eres muy pequeño para pensar en eso! ¡Porque mejor no van tú e Ikki a lavarse las manos… ¿Sí?... mientras yo les sirvo algo para comer! – la mirada de la mujer parecía distante, el peliceleste la observó un momento antes de asentir.

¿Realmente crees que seré el próximo Caballero Celestial de Perseo? – preguntaba el pequeño peliazul.

¡Claro que sí!... ¡Serás mi mano derecha! ¡Eres mi hermano Ikki, prométeme que nunca me dejarás! – murmuraba Lestat a Ikki mientras se dirigían al comedor

¡Lo Juro!... ¡Seré tu caballero más fiel… y siempre estaré contigo! – afirmaba entusiasta el más pequeño.

Luego de presenciar eso, la escena cambiaba… todo estaba en penumbras, el pequeño Ikki, ingresaba al cuarto de su madre. Ella era un manojo de nervios, se notaba que había llorado, parecía estar guardando unas cuantas cosas en un bolso…

¡¿Madre?! – Ikki se acercó a su madre y la observaba asustado - ¿Qué pasa, mamá?¿Qué haces?

¡Ikki!... Hijo… Tu padre siempre me dijo que no llevaría una vida de caballero por mí… que respetaría mi deseo de vivir normalmente… él respetaba mi desprecio hacia las batallas, hacia las guerras… pero él ya no está – la mujer se quebraba nuevamente - ¡Debemos irnos Ikki1… ¡Yo debo irme!

¡Ma… má! – el niño no entendía que estaba ocurriendo… él nunca había visto llorar a su mamá, es más, estaba seguro que era feliz…

¡Tranquilo, mi amor!... entenderé si deseas quedarte… no puedo culparte, eres un guerrero, y amas a Lestat y a tu Tío Leto… soy yo la que no puede quedarse…

¡Iré! – Ikki no tuvo que pensarlo demasiado… su madre estaba por sobre todo… a pesar de ser aún un niño, siempre fue muy maduro.

¡Increíble! – murmuraba Pandora ante todo lo descubierto.

¡Entonces eres familia de Zeus! – Mencionó Hades… - ¿Y Shun?

¡Mi madre se casó después de que huimos! – acotó Ikki mirando las sábanas de su cama - ¡Al poco tiempo de que nació… ellos murieron en un accidente, y lo demás ya lo saben… conocí a Pandora!

¡Creo que al borrar sus recuerdos después de nuestro encuentro… involuntariamente también selle esos recuerdos! – hablaba Pandora más para sí que para los presentes.

¿No recuerdas nada más? – preguntó el Dios del Inframundo.

¡Mi madre me dijo… que debía alejar a Shun de Zeus!

¡Supongo que por que sabía que Zeus desearía vengarse de ti, por medio de tu hermano! – concluía la mujer mirando preocupada a su señor.

Ikki bajaba la mirada, había recordado algo más… pero no deseaba compartirlo con los presentes.

¡Eso no puede ser!...

------FIN DEL FLASH BACK -------

¡Ikki!... enviaré a Aicos para que averigüe como está la situación en Olimpo… supongo que Zeus querrá hacerme ver su enfado por haberte ayudado – señaló el Dios.

¡Yo debo ir, también! – soltó el Fénix

Pues será cuando te recuperes, Pandora te ayudará para que te recuperes rápidamente – terminó de decir el Dios antes de retirarse nuevamente, seguido de Pandora, quien llevaba la bandeja, y por Aicos.

"¿Má? ¿Por qué huimos como traidores?

Por que… no puedo permitir que lastimen a un ser inocente… aunque… este ser, solo le pertenezca al poderoso Zeus".

¡No permitiré que lastimes a Shun, Lestat!

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Lestat guardo silencio un momento, meditó las palabras de su padre, sonrió y le dirigió una miraba a Saori y los demás… por fin dijo:

Supongo… que tienes razón, padre… Caballeros, ustedes harían cualquier cosa para proteger a sus dioses… ¿no es así?

Los Caballeros se dirigieron miradas de intriga, pero asintieron afirmativamente…

¿Qué pretendes Zeus? – preguntó Poseidón

¡Simple, querido hermano, ustedes pagaran su ofensa y sus imprudencias entregándome algo a cambio de mi indulgencia!

¿Qué? – soltaron incrédulas Atenea e Hilda - ¿Qué es ese algo que quieres? – termino de preguntar Atenea.

¡Tío toma nota, por favor! – Se había dibujado una sonrisa maliciosa en el rostro de Lestat, misma que se podía apreciar en su primo Sky.

¡Claro, sobrino! – respondió Nao, preparándose para tomar nota.

Mi sentencia es la que sigue…

Princesa Hilda, debido a tu debilidad fuiste controlada y faltaste a tu promesa de orar al Dios Odín, esto puso en peligro a la Tierra, y como fue mi poder el que revivió a los jóvenes que entregaron su vida por culpa tuya… el castigo más indicado sería, ¡que tú misma perdieras la vida! – estas palabras alarmaron a los dioses guerreros presentes quienes se colocaron frente a su princesa en posición defensiva – Al menos, que el caballero que toca la dulce melodía del arpa, decidiera quedarse en Olimpo para deleitarme con su música.

Julián Solo, no, Poseidón, tú iniciaste una guerra santa innecesaria engañado por un simple mortal… eso es humillante para un Dios, no solo eso, pusiste en riesgo a los habitantes de la tierra queriendo controlarla a la fuerza… también por ti, dieron sus vidas jóvenes guerreros, vidas que con mi poder devolví… lo más indicado para este hecho, sería despojarte de tu cuerpo mortal, y mandarte a dormir por una eternidad – La sentencia alarmó a los generales marinas, quienes también se colocaron a la defensiva – Claro, que a diferencia de Hilda, dos de tus generales sobrevivieron; uno, que debe purgar por su pecado de engañarte; y el otro, tiene en sus manos evitar tu castigo, si acepta servirme en Olimpo.

Atenea, mi hija favorita, he sido muy condescendiente contigo siempre, pero en esta ocasión fue tu actitud la que estuvo a punto de quebrar la paz de este mundo… al matar a Hades, casi logras que las puertas del Tártaro se habrán… Claro, debo admitir, que eso no lo hiciste tú sola, fueron tus milagrosos caballeros los que lograron la hazaña de vencer a los dioses… Tú osadía solo puede ser castigada con la vida de esos caballeros que tanto han blasfemado en tu nombre – Saori se levantó sumamente consternada…

¡Prefiero que tomes mi vida! – Dijo firmemente la pelilila.

¡Atenea! – la llamaron sus caballeros - ¡Por favor, no diga eso!

Sin embargo, si Shun accede a quedarse conmigo por propia voluntad olvidaré ese castigo – terminó de decir Lestat dirigiéndoles a los presentes una mirada soberbia.

Shaka quedó en shock, cuando estaba a punto de decir algo…

¡Esta bien! – Shun había respondido… y a su afirmativa se habían unido la de Mime y la de Sorrento.

¡Excelente! ¡Entonces ya no hay nada que decir! – mencionó el Dios

¡Pero! – Shun había vuelto a hacer uso de palabra, llamando la atención del peliceleste – Te pido que también perdones a Hades…

Lestat le dirigió una mirada seria al pequeño, quien en ningún momento apartó la suya…

¡Sabes que te haré mi esclavo si cumplo eso! – susurró Lestat suavemente al oído de Shun.

¡No me importa, si me das tu palabra de que no lo lastimarás! – también en un susurro acotaba el menor.

¡Esta bien! – dijo Zeus en voz alta.

¡Su excelencia, Zeus! – Afrodita se había dirigido al Dios - ¡Le pido que acepte que yo también me quede a sus servicios!

Las palabras de Afrodita sorprendieron a sus compañeros, Zeus lo observó y luego sonrió nuevamente…

¡Comprendo caballero, si quieres estar cerca de tu pupilo, yo lo acepto!

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Un rato después…

Entre los caballeros y los dioses reinaba un ambiente extraño, todos estaban serios… nadie decía nada, a eso de las tres de la tarde Sky les informó a los dioses que debían abandonar Olimpo al día siguiente, por lo que debían aprovechar y despedirse de sus amigos y caballeros…

En otro lugar…

Shun observaba el retrato de dos mujeres sumamente hermosas, ambas eran idénticas, a excepción de que una de ellas poseía unos hermosos ojos celestes, y la otra unos hermosos ojos verdes. La de ojos verdes, era muy, pero muy parecida… a él… Shun extendió sus dedos en dirección a la imagen…

¡Si… eres muy parecido a tu madre! – Leto había llegado hacía un momento… se acercó más a Shun - ¡Desde el momento en que te vi, sabía que tenías que ver con ella!

Shun no lo volteaba a ver, su atención ahora estaba en la otra mujer…

¡Ella es la madre de Lestat! – mencionó Leto también mirando la imagen.

¿Su madre? – murmuró el joven, sin poder disimular su cara de asombro.

¡Si!... además, el padre de Ikki es mi hermano menor, Zion – Shun miro a Leto sorprendido – Shun… ¿Sabes quien es tu padre?

Él murió junto con mi madre, cuando yo era muy pequeño – murmuró el peliverde, estaba conmocionado, eso quería decir que Ikki y él eran medios hermanos – Con razón éramos tan diferentes – susurró dibujando una sonrisa que no hacía juego con su mirada distante.

¡Ya veo! ¡No debes temer Shun… Lestat, no va a hacerte daño! – comentó el mayor sonriendo amablemente.

¡Padre, podrías dejarme a solas con él! – Lestat había presenciado toda la charla desde un rincón.

Leto solo sonrió, se despidió y alejó, dejando solos al caballero de Andrómeda y al poderoso Dios Zeus.

¡Supongo, que Esmeralda, tu madre, debe estar muy infeliz al ver que sus dos hijos son caballeros! ¡Ella era una persona sumamente pacífica! – al decir estas palabras Lestat, atraía a Shun a sus brazos - ¡Yo amaba a Ikki como a un hermano!... ¡y él me traicionó, faltó a su promesa y se fue! – Lestat envolvía con sus brazos a Shun - ¡Yo haré… que tú cumplas esa promesa… pero no como hermano… sino… quizás… le duela más saberte como mi amante.

Andrómeda miró asustado a Lestat, este sonrió…

¡Descuida… tú mismo te entregarás a mí!... Una vez… que olvides a Hades – susurro Lestat en su oído.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El sol ya estaba en lo alto, los caballeros empezaban a despedirse de sus amigos y compañeros, mientras que a Atenea, Poseidón e Hilda, Zeus les informaba que estaría al pendiente, y que su relación después de ese día volvería a ser fluida, y sin resentimientos… Poseidón parecía distante a esas palabras, más la promesa de Zeus de que en un corto tiempo volverían a ver a sus guerreros le devolvió un poco la tranquilidad…

¡Díganle a Hades, que estamos a mano!... ¡Que estaré al pendiente de lo que acontezca con relación al Tártaro! – terminó de decir Zeus cuando sus huéspedes eran escoltados por los mismos caballeros celestiales que los habían traído.

Todo esto era vigilado desde las sombras por uno de los tres jueces del Inframundo, quien al ver como desaparecían del Olimpo, Atenea y los demás, decide que debía informarle de inmediato a su señor.