Capítulo 20º: La Espera
Yo he de despertar más poderoso e implacable que nunca…
Hades sonreía al recordar como había sido él mismo quien pronunciara esas palabras… y justo de esos mismos labios había confesado a un mortal que solo él podría tenerlo a sus pies… Ahora su alma no encontraba paz… hacía dos horas mandó a sus jueces en busca de Atenea, Poseidón e Hilda, sabía de boca de uno de ellos que habían vuelto a sus santuarios… y que de la comitiva no formaba parte su pequeño tesoro.
Pandora observaba a su señor a la distancia… sabía que estaba inquieto, ella misma lo estaba también… lo que habían descubierto del pasado de Ikki, era algo increíble y serio… si lo que ellos pensaban era correcto… Shun corría serio peligro en manos del primo de su hermano.
En otro lugar del Giudecca, Ikki ya sintiéndose mucho mejor, se dispone a ir en presencia de Hades… deseaba hablar con él, tenía la firme intención de volver a Olimpo y hablar con Lestat… No permitiría que Shun siguiera con él, ni un minuto más…
En el Santuario en Grecia…
Atenea no tardo en explicarle todo lo que sabía a Shión, además de pedirle que prepare todo, no sabía bien lo que estaba pasando, pero ella debía ir al inframundo a buscar a Ikki, él y solo él, podría aclarar algo todo lo que estaba pasando con Shun y la familia de Zeus.
En el Santuario Marino…
Los marinas recibieron jubilosos a su Emperador, este no fue muy efusivo en el saludo, y se retiró a sus aposentos… Issac, se encargo de comentar lo sucedido a sus pares, mientras que Kanon, quien se había percatado de una presencia familiar, fue a encararla…
¿Qué es lo que haces aquí? – pegunto el general sin mucho ánimo
Mi Señor Hades desea encontrarse con Poseidón – Radamantys hablaba serio observando atentamente al marina.
Él irá… también desea hablar con tu Señor – fue lo que respondió antes de retirarse en dirección al soporte principal.
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Aun que deseaba abrir sus parpados, estos permanecían cerrados… nuevamente esa extraña pesadilla, con el condimento de las nuevas revelaciones, habían hecho de su sueño algo intranquilo… despertó varias veces por la madrugada, apenas hacía unas cuantas horas se había dejado rendir nuevamente por el cansancio… frunció ligeramente el ceño, una suave y cálida caricia se siente en su rostro… y un susurro lejano penetra por sus oídos…
Estoy aquí… no va a pasarte nada malo, pequeño…
Shun lentamente abre los ojos, reconocía la voz… "Afrodita"… El caballero dorado de Piscis, se encontraba a su lado, se notaba en su rostro la preocupación…
¿Estás bien, Shun, te ha hecho daño?
Shun niega con la cabeza, se incorpora para luego cobijarse entre los brazos del que ahora era su maestro… gruesas lágrimas empiezan a caer por sus mejillas… Afrodita simplemente acaricia sus cabellos con delicadeza… él cuidaría de Shun, de su alumno… del… "de tu amor"…
En la habitación observaban la escena, Sorrento y Mime, ninguno se animó a decir nada… sin embargo, ellos también se sentían así… con deseos de ponerse a llorar… aunque como guerreros que eran, no lo demostrarían…
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No importaba como lo viera… él era sumamente parecido a su madre, tenían la misma mirada… "él quizás pudo ser mío"… "pero no me amaste lo suficiente"… ¡No lo hiciste!..
¡Piensas en ella, ¿verdad?! – Lestat se acercaba lentamente a su padre, lo había estado observando desde hacía rato.
¡No le harás daño! – respondió sin voltearse a observar a su hijo – Él no tiene nada que ver en esto... además es tu primo, de parte de madre.
Un niño nacido de la infidelidad y la traición – comentó irónicamente mirando hacia el templo que le servía de hogar cuando pequeño.
Es inocente… no tiene culpa en la infidelidad de su madre, ni en la traición de su hermano… además, es familia tuya… Tu Primo – esas últimas palabras las recalcó observando a su poderoso hijo.
Querrás decir… - sonrió maliciosamente – Mi amante…
Si realmente lo quisieras de amante, lo habrías hecho tuyo en la primera noche – añadió el hombre devolviendo a su hijo la misma sonrisa maliciosa – La verdad es que te trae loco desde que lo conociste, verdad, te hubiera gustado que sea…
¡Ya basta padre! – Lestat había cambiado su expresión – Prefiero ir a entretenerme con mis huéspedes, que seguir hablando estupideces – dichas estas palabras Lestat se aleja en dirección al templo, dejando a su padre, quien lo observa con una chispa de picardía…
Hace tanto que no te veía así… tan feliz…
Zeus caminaba disgustado… "Será mi padre, pero… ¿Cómo se atreve…?"… Iba tan perdido en sus pensamientos que no se percata de que justo en el momento en que doblo por uno de los pasillos, un pequeño peliverde se ocultaba tras una estatua… dio cinco pasos más antes de detenerse…
¿Dónde crees que vas? – pregunta firmemente, con un tono de disgusto.
Shun, que por un momento reyó que se había salvado de ser descubierto, salió de tras la estatua…
Lestat voltea, Shun se encontraba aún con las ropas que había dispuesto que él usara para dormir… lentamente se le fue acercando… al verlo, no pudo evitar sonreír… "Realmente se ve tan dulce"…
¡Responde!
Qui…ero… ¡Quiero ver el cuadro donde está mi madre! – lo soltó tan rápido que apenas, se hizo entender… Lestat, acarició ese ya muy sonrosado rostro… luego se volteó y emprendió la marcha…
¡Ven! – Dijo, a lo que Shun accedió con algo de nerviosismo.
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En el Santuario ubicado en Grecia…
Los dorados se habían reunido a hablar sobre todo lo ocurrido, Shaka apenas participaba de la reunión, su mente volaba a Olimpo, donde su pequeño estaba a merced del poderoso Dios de Dioses, no se perdonaba haberlo permitido, debía ser él y no Afrodita, quien estuviera allá en esos momentos…
A una distancia prudente de Virgo, Cáncer lo observaba con disgusto… él también consideraba que no era deber de Afrodita sino de Shaka el quedarse a proteger al pequeño Andrómeda, pero no… su amigo había decidido quedarse para salvaguardarlo… eso lo hería, pues él mejor que nadie conocía el alma de Afrodita… sus sentimientos, aquellos que empezó a aflorar desde que, aún pequeño, llegó al Santuario… "¿Cómo es que puede amarte?... tú no te lo mereces"…
En las habitaciones de Saori, un espectro informaba a la diosa sobre el pedido de Hades, a lo que ella contesto…
Descuide, Minos… era mi deseo de todos modos volver al inframundo… dígame, ¿Ikki se encuentra bien?
El juez asiente, y luego de un segundo es absorbido por las sombras de la habitación.
¿Qué opinas, Shion? – Atenea se dirigía a su Patriarca, quien en todo momento estuvo a su lado.
Debes ir, Atenea… y tener cuidado… por lo que estuve investigando en su ausencia… aquellos guerreros que nos atacaron en la entrada al Tártaro… aún no han manifestad sus verdaderas intensiones – comentaba el Patriarca a la joven, quien asiente.
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Ikki intentaba convencer a Pandora de que su decisión no iba a cambiarla por más argumentos que ella empleara… estaba decidido, iría por Shun…
Me temo que de hacer eso, lo único que le causarás a Shun, son disgustos y preocupaciones – Hades había hecho acto de presencia justo en el momento en que Ikki se disponía a salir.
Ikki observó al Dios del Inframundo ceñudo…
Poseidón y Atenea vendrán al Inframundo, y me explicarán la situación de tu hermano en el Olimpo… tú permanecerás aquí, hasta que sepamos que esperar – mencionaba Hades tranquilo, pero imperante – Si algo malo te pasara, Shun se pondría triste… y eso es algo, con lo que yo no estoy dispuesto a lidiar…
Ikki mira sorprendido al Dios… no es que no supiera que algo sentía por su hermano… pero la verdad era que no creía que fuera algo serio… sin embargo, y a pesar de su porte indiferente, pudo descubrir un brillo muy diferente en sus ojos cuando se refería a su hermano…
Está bien… esperaré a ver que tienen ellos que decir… pero, después iré por mi hermano – afirma enérgicamente el Fénix, retirándose luego en dirección a los aposentos que ocupaba.
¿Mi señor? – Pandora se dirige a Hades tímidamente - ¿Qué le preocupa?
Algo… estoy seguro, que algo nos oculta – murmura sin apartar la vista del lugar hacia donde Ikki se había dirigido.
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No podía apartar la mirada de ese rostro… su madre, él había soñado con ver ese rostro desde que tuvo conciencia de si… Ikki siempre tuvo razón… ella se le parecía… tanto como la madre de Lestat…
Cabellos verdes – murmuró el más joven, al recordar el primer encuentro que había tenido con Sky, el primo de Lestat.
¿No… no tenías recuerdos de ella? – pregunto Lestat, que ya desde hacía rato observaba a Shun.
Murió… cuando era pequeño – fue su sincera respuesta.
¿Nunca una foto? – volvió a dirigirse el Dios.
Shun no dijo nada… solo quería verla… si en esos momentos tuviera a Ikki, le diría cuanta razón tenía al compararlo con su madre... Shun acercó una de sus manos a la imagen… cuando estaba por tocarla, Lestat lo atrajo hacia él, volteándolo para que le devolviera la mirada…
¿Quieres saber más de ella? – preguntó el Dios, acercándose peligrosamente a los labios de Shun…
Andrómeda volvió a dirigirle una mirada al cuadro… luego asintió… Lestat sonrió…
¡Bien!... ¿por dónde debo empezar?... tal vez quieras saber también más sobre tu hermano… empezaré entonces… por el principio….
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Ikki se sentía sumamente intranquilo… mientras más tiempo pase Shun con Lestat, más peligro corría su hermano… y más posibilidades corría él, de que Shun termine odiándolo… Su madre se lo había advertido… le había dicho que aleje a Shun de todo lo que tenía que ver con el Olimpo, con Zeus…
Hades sólo observaba al Fénix… había algo en él que le inquietaba… compartía su temor de perder a Shun… pero había algo más… algo que aún no lograba descifrar.
Una sombra pasa sin ser percibida por el inframundo… la misma se arrodilla ante las inmensas puertas del Tártaro…
¡Pronto mi amo… muy pronto volverá a poner orden en esta corrupta Tierra!
