Gracias por dejar sus comentarios… Otra vez gracias por seguir la historia, y ojala me sigan dejando su reviews… eso me alienta a seguir escribiendo…

Zafira.

Capítulo 22º: Relatos del Pasado. Segunda Parte.

Estaba empezando a anochecer, Shun se encontraba disfrutando de la dulce melodía de la flauta de Sorrento, junto con Mime y Afrodita… Sorrento parecía tan absortó en su música que no se percató de la presencia de Zeus, quien desde hacía varios minutos observaba, a sus jóvenes invitados.

Sólo Afrodita se había percatado de la presencia del Dios… entonces, desde su ubicación pudo advertir, la manera en que éste se deleitaba observando a Shun… sonrió para sus adentros… "La misma cara de idiota"… "me pregunto… ¿qué estarás haciendo, Shaka?"...

En el Santuario…

El día entero había sido un ir y venir constante… entre los dorados, Saga había sido electo para acompañar a Atenea, para ir al Inframundo… los que quedaron, fueron reagrupados para desempeñarse en la misión que el Patriarca les encomendase… algunos, como; Camus, Aldebarán y Shura, debieron ir a inspeccionar una zona cerca de Siberia en donde podía sentirse una extraña presencia; Aioria, Dokko y Mu, tuvieron que dirigirse hacia Medio Oriente, por una causa semejante; Aioros y Milo, fueron al Sur de África… Los que quedaron, Shaka y Máscara, se encargarían de proteger el Santuario…

Shaka no podía sentirse más contrariado, hubiera preferido salir a buscar él también esas extrañas presencias… en vez de eso, debía quedarse en el Santuario… aunque no era eso lo que le molestaba… o más bien, lo que lo incomodaba… justamente, debía ser el caballero dorado de Cáncer, quien se quedara con él… justamente el caballero, que desde su regreso de Olimpo, no hacía más que lanzarle directas provocaciones a su cosmos…

¿Por qué simplemente no me dices que te molesta, Mascara? – tranquilamente preguntaba Shaka al Caballero de Cáncer, que se había acercado hacía unos minutos.

Sabes lo que más detesto de ti – dijo peliazul con ira contenida.

¿Qué? – preguntó Shaka con toda tranquilidad.

Cuando llegamos al Santuario para entrenarnos como caballeros… - empezó a decir Cáncer.

Umm… si… - murmuraba el Virgo.

Siempre te mantuviste alejado del resto... demasiado superior para detenerte a observar a tu alrededor… pero cambiaste – Mascara decía cada palabra con sarcasmo – cambiaste con todos… fuiste un poco más sociable… te llevaste bien con todos, y todos los aprendices te respetábamos…

¡Cual es el punto, Mascara! – hablo Shaka sin inmutarse.

¿Cómo te atreviste a tocarlo? – soltó en canceriano con rencor – Tú… tú… que siempre le trataste como menos… acaso le querías demostrar, lo poco que te importa… eres tan idiota que nunca notaste lo que él sentía… ¿jamás lo notaste verdad?... ¿o sí?... si él se quedó en Olimpo, fue para proteger a tu adorado niño… y no te importó…

Mascara no pudo terminar la frase, por que Shaka simplemente desapareció…

Apareció en su jardín, bajo esos árboles gemelos que algún día serían su tumba… y entonces vino a su mente, aquel día… sonrío al recordarlo…

------FLASH BACK -------

Bien, Shaka, Aioria, Julius, Milo, Mu… Hoy quiero que den la bienvenida a dos nuevos compañeros de entrenamiento – hablaba el Gran Patriarca, dos siluetas salían de las sombras.

Él es Camus, viene de las lejanas tierras del Norte – una de las figuras avanzaba firme hacia los presentes, a pesar de ser aún joven, su presencia demostraba una frialdad típica de un caballero de hielo.

¡Bienvenido! – dijeron el grupo de chicos al unísono.

Y él – continuó diciendo el Patriarca – Aproxímate… él es Afrodita – al escuchar ese nombre los niños contuvieron una risita, que se vio totalmente borrada al ver la apariencia de ese nuevo compañero de entrenamiento… ni siquiera pudieron articular una bienvenida, simplemente se quedaron mudos… - Bueno, regresaré en un momento… espero que sean buenos amigos… ¡Shaka, quedas a cargo!.

Por lo general… los caballeros femeninos usan máscara – fueron las simples palabras que dejó escapar el rubio, que había abierto sus ojos sólo para mirar, sus compañeros habían reaccionado con una burla generalizada, todos menos el niño procedente del norte.

No lo molestes – murmuró Camus – y ustedes, deberían dejar de burlarse…

El niño de delicada apariencia, sonrió ante las palabras de su compañero y dirigiéndose a Shaka respondió…

¡Hola! – luego simplemente se retiró, dejando en su camino, un montón de pétalos de rosas… fue una suerte que justo en ese momento llegara el hermano de Aioria, pues inmediatamente después de aspirar el suave perfume de esos pétalos, comenzaron a sentirse cansados… todos, menos Camus.

Había pasado un tiempo de eso… una noche, mientras el joven se retiraba para ir a descansar… era ya muy entrada la noche… un sonido lo alerto… por lo que buscó la fuente… sentado a los pies de unas escaleras, encontró a su muy hermoso compañero de entrenamiento…

¡Me dijeron que tu padre murió! – murmuró Shaka - ¡Lo siento!

Supongo que extrañaba a mi madre… no lo culpo – comento de joven de bellos cabellos turquesas.

Lamento, lo de la vez pasada… creo que empezamos mal… aunque sigo pensando, que tu apariencia no es digna de un caballero – sentenció Shaka.

Eres muy cruel… pero lo tendré presente – dijo luego de un largo silencio Afrodita

Durante los entrenamientos, las cosas parecían haber cambiado… Afrodita había decidido usar una máscara, simplemente para ocultar su rostro de sus compañeros… rápidamente, demostró el motivo por el que lo habían llevado a ser caballero, pues a pesar de su apariencia era muy fuerte.

Con el tiempo, Julius se hizo su amigo, Afrodita era el único que no se había escandalizado con su maravillosa colección de máscaras, en lo que refería a los demás caballeros, sólo con Camus era realmente amable, a los demás intentaba evitarlos… en especial… al recientemente proclamado caballero de Virgo…

Shaka de Virgo… ¿qué haces en mi jardín? – preguntaba un coqueto Afrodita.

¡Vaya!... definitivamente creo que no deberías quitarte la máscara – dijo con una risa casi imperceptible.

Afrodita se acercó hasta quedar justo enfrente…

¡Esta bien!… ya que nunca fuimos amigos… qué te parece que a partir de ahora lo seamos – murmuro tan cerca de sus labios que Shaka casi podía rozarlos.

Te apostaron – dijo el Virgo.

¿Quién? – pregunto el pisciano.

Milo y… Aioria…

De que se trata – volvió a preguntar Afrodita.

Quien te robaría tu primer beso – al decirlo, Shaka se sintió en paz consigo mismo… ya podía marcharse - ¡Bien eso es todo!

¡Espera! – Afrodita detuvo al caballero de Virgo, y sin previo aviso, depositó un dulce beso en sus labios - ¡Bien, ahora no pueden robar nada!... ¡Adiós Shaka… suerte con tu entrenamiento en la India!

------FIN DEL FLASH BACK -------

Lo que realmente te molesta, no es lo que sucedió entre nosotros… lo que te enfurece, es que sólo lograste que te viera con ojos de amigo, a pesar de estar locamente prendado de él – Shaka había dicho cada palabra con frialdad, encendiendo de tal manera su cosmos, que sus palabras fueron arrastradas hacia el caballero de Cáncer.

¡Te equivocas!... ¡él se ganó mi cariño, y si me hubiera volteado a ver, se que le haría feliz!… lo que me molesta es que tú no te des cuenta de que le lastimaste… él te ama, y tú sólo lo usaste… cómo puedes ser tan ruin – dichas estas palabras Cáncer se retiró de la Casa de Virgo, dejando a un Shaka meditando sobre esas palabras.

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La cena había transcurrido en el más absoluto silencio… Zeus había llevado a Shun para sus aposentos, los demás caballeros, nada pudieron hacer al respecto… Afrodita no podía disimular su preocupación, a pesar de que el mismo Shun le había dicho que iba a estar bien. Mime simplemente observaba distante las puertas de la habitación, realmente extrañaba a sus amigos; Sorrento no estaba mejor… se sentía sumamente nostálgico, de tanto en tanto, un ligero tono carmín teñían sus mejillas, para luego, al percatarse del pensamiento que lo embargaba, reprenderse mentalmente por extrañar tanto la poderosa mirada de su señor.

Mientras que en los aposentos de Zeus, un joven peliverde miraba con cierto desdén a su anfitrión. Este llevaba ya varios minutos seleccionando qué prendas le gustaría observar en Shun.

¡Ahg!... ¡Aquí no esta lo que busco! – decía al fin el Dios – Enseguida vuelvo – mencionó antes de salir de la habitación.

¡Lestat, necesitamos hablar! – Leto entraba en la habitación luego de unos minutos, al percatarse de la presencia de Shun, le sonrió - ¿Mi hijo no está?... ¿Sabes adonde fue?

Shun negó con la cabeza… luego dio un largo suspiro y se sentó sobre la cama…

Descuida… tarde o temprano, Lestat perdonará a Ikki, y este volverá a donde pertenece… aquí, a tu lado – mencionó el hombre, acercándose más al joven – Eres… muy parecido a tu madre…

Supongo que a su esposa también – murmuró el muchacho, dirigiéndole una curiosa mirada.

También… también te parecen mucho a Celeste – respondía Leto.

¿Señor?… usted… - susurraba el más joven, observando ahora el piso.

¡¿Si?! – preguntaba el hombre.

¿Qué sucedió luego de la muerte… de su hermano?... quiero decir… del padre de Ikki – Shun había pensado en no hacer esa pregunta, pero su curiosidad era tal, que mientras que su mente se negaba, sus labios ya habían dejado escapar su pregunta.

¿Realmente quieres saber? – Shun asintió a la pregunta del mayor - ¡Bien… supongo que puedo decírtelo!... de todas maneras…. Tarde o temprano, lo sabrás - sus últimas palabras, las menciono en un casi inaudible susurro.

Después de su muerte… todos estábamos muy consternados… pero la más afectada, era evidentemente, tu madre – comentaba el hombre, sentándose en uno de los divanes que había en la habitación – puedo recordar todo con claridad…

¡¿Papá, mi tío no volverá?! – preguntaba un pequeño, finamente vestido, de unos tres años de edad.

¡No… no volverá Lestat… tu tío fue a hacerle compañía a tu madre en Eliseo!

¡La mamá d Ikki, esta muy triste… ella es muy hermosa… no debería llorar papá! – murmuraba el niño, observando a la mujer que se encontraba cerca del sepulcro llorando amargamente – Ella… se parece a mamá… ¿por qué no la había visto antes?

¡Lestat!... vamos a casa – llamaba una hermosa mujer de mirada dominante y altanera.

¡No! – murmuró el menor, acercándose más a su tía que aún lloraba… al estar a sus pies, tomó de su mano… eso llamó la atención de la mujer, quien al mirarlo, le regaló una hermosa aunque triste sonrisa que logró sonrojar al menor – Tranquila tía, todo estará bien…

Tu madre y yo, tuvimos luego, de un par de días del velorio, una horrible discusión… ella deseaba irse, como era de esperarse, del Olimpo… y yo, obviamente, no podía permitir que ella se fuera…

¿Por qué? – preguntó con un tono un tanto curioso Shun.

Verás… ella podía irse, si así lo deseaba… pero, definitivamente no se podía llevar a Ikki.

Pero… - empezó a cuestionar el peliverde.

Se que ella era su madre, pero entiende tú… él era el único hijo de mi hermano… y no soportaba la idea de que no fuera un caballero como lo había sido él, por un capricho de… tu madre – sus últimas palabras las dijo en un susurro, evitando enfrenta la mirada de aquel, que tanto se parecía a la mujer que acababa de nombrar – Lo siento… en esa época le guardaba un rencor especial a ella…

Shun no podía dejar de mirar al hombre frente a él… sentía como este se había avergonzado por sus palabras… y la incomodidad que aquella confesión le ocasionaba.

¿Por qué?

Porque… quizás la culpe de que mi hermano hubiera decidido dejar todo, para complacerla… él era un guerrero formidable, como me imagino ha de ser Ikki… ella a pesar de que era poderosa, decidió nunca luchar… quería una vida normal… y alejó a mi hermano… de mi…

¿Y que pasó? – preguntó el más joven para romper el incómodo silencio que se había formado.

¡Se hizo mi voluntad… y la de Zeus!... Lestat estaba totalmente encariñado con Ikki… ella no tuvo más remedio que quedarse… el propio Lestat se lo pidió… en lo que respecta a mí… tenía intención de usar todo el poder que poseía para quitarle al niño si es que se negaba – terminó de sentenciar.

¡Pero… eso es horrible! – decía indignado el menor.

Ummm eso mismo dijo ella...

¡Eso es horrible!... tú… tú no puedes hacer eso… - reclamaba una joven peliverde al hombre parado frente ella – Ustedes no pueden permitirlo… por favor… es mi hijo – rogo en busca de apoyo a su cuñado Nao y a, la esposa de este, Jade.

Te advertí, que no tenías madera para pertenecer a esta familia… después de todo… no eres ni la sombra de Celeste – sentenciaba la mujer sumamente fría – ¡Serás una pésima influencia para ese niño… es mejor que lo eduquemos aquí!

Yo estoy de acuerdo con mi hermano, en todo… - agregó Nao – Lo lamento…

Creo que llevas las de perder, Esmeralda… tu decides… Lo que puedo prometerte es que lo verás con regularidad – Acotó Leto.

¡Basta! – una joven voz interrumpía la discusión, llamando la atención de los presentes…

De una de las entradas salía un niño, cargando a otro niño más pequeño…

Tía… hagamos un trato… deseo que te quedes conmigo, al igual que Ikki… no te vayas… si lo haces, me quedaré solo… prometo que si Ikki, desea una vida sin batallas, nadie lo obligará a llevar una vida de caballero – esas palabras las dijo con una mezcla de inocencia y mandato – Quédate conmigo… eres lo más parecido que tengo a mi mamá… no me dejes… - su mirada no la había apartado ni un segundo de la mujer, esos ojos eran inocentes y tristes… tanto que…

Dijo que sí… la verdad es que nadie podría negársele… ni siquiera yo o Celeste pudimos negarnos a sus pedidos… Aunque debo admitir, que lo que convenció a tu madre de quedarse, no fueron las palabras de mi hijo, ni el saber que se trataba del mismísimo Zeus… lo que la convenció fue la nostalgia… al fin y al cabo, Lestat posee la misma mirada de su madre… y Esmeralda, a pesar de ser tan distinta a Celeste, la adoraba.

Entonces ella se quedó… ¿alguna vez se llevó mejor con mi madre, señor?

Claro que sí… aunque al principio ella no disimulaba que me odiaba… ja… ja… ja… aunque se llevaba peor con Jade… y fue después de que peleó con ella, que yo… me disculpé y, creo que desde esa vez nos llevamos mejor…

¿Y… eso por qué?... ¿por qué se llevaba tan mal con la mamá de Sky? – preguntaba Shun.

La verdad… supongo que le tenía cierta envidia… tu madre era muy hermosa… llamaba la atención de cualquiera… pero lo que más le molestaba a Jade, era que Lestat tenía mayor consideración a todo lo que decía tu madre, que a lo que ella le decía… verás, luego de la muerte de Celeste, Jade pensó que su autoridad crecería… si podía criar a Lestat…

¡Ahhh!... ¿y era así?

La verdad… creo que nadie puede tener influencias en Lestat… bueno, por lo menos eso creía yo…

¿A qué se refiere? – preguntó nuevamente el joven.

Ja… ja… ja… Creo que sin querer cambié el rumbo de esta conversación – mencionaba el hombre mirando hacia una de las ventanas - ¿En que me quedé?.... ah, claro… había pasado un año más o menos quizás un poco más, de la muerte de mi hermano… una noche… bastante tormentosa seguida de un amanecer, aún más tormentoso… bueno… ese día tanto tu madre, como Ikki, simplemente se fueron… sin dejar explicación… Supuse que tu madre hizo uso de sus habilidades, y dejó el Olimpo… Tal vez tubo ayuda, no se…

¿Ella se fue, sin decir nada?

Si… y es eso lo que ocasionó que Lestat sienta tanto rencor hacia Ikki… porque él y tu hermano, eran muy unidos. Lestat creía que Ikki jamás se iría sin antes consultárselo… y ella también se fue… lo más irónico es… que días antes ella se veía realmente feliz aquí… yo creí que lo era – terminó de decir el hombre con un cierto tono amargo.

¿Por qué no le cuentas todo, padre?... te saltaste la parte más importante – Lestat había escuchado las últimas palabras de su padre, e ingresando majestuosamente en la habitación se dirigía primero a él, y luego a Shun - ¿Por qué quieres saber, verdad?

¿Umm? – Shun miraba confundido a Leto y Lestat, y luego asintió, más al hacerlo sintió una puntada en su pecho… tenía un extraño presentimiento.

¡Padre, déjanos solos!

¡Lestat!

¡Descuida… solo sal!... hablamos luego – Leto pareció dudar pero al final salió.

Sabes, Shun… cuando le pedí a mi madre que me diera un hermano… la verdad, fue una orden… Te imaginas a un niño de dos años ordenando a su madre… cuando ella murió tuve a Ikki, así que estuve bien… cuando murió mi tío, y conocí a Esmeralda, el dolor por la pérdida de mi madre volvió… y entonces… - Shun no podía apartar la vista de Lestat… no le estaba gustando nada lo que estaba escuchando – Entonces… le ordené a mi padre que me diera una madre… le ordené… no… le exigí que convirtiera a Esmeralda en mi madre, y así lo hizo…

¿Qu…e? – Shun estaba anonadado… lo que estaba escuchando no podía ser cierto.

Así qué, cuando tu madre huyó con ese que fue tu padre… traicionó al mío… Y A MÍ – Lestat hablaba con rabia sin apartar la vista de Shun, quien empezó a temblar – Tu madre prefirió a un caballero de poca monta antes que al Patriarca del Olimpo… e Ikki... lo permitió – al terminar de hablar Lestat tomó a Shun por la cintura y lo acercó a su cuerpo… lentamente su expresión se apaciguaba – Pero ahora, me vengaré de ellos… tú serás mío… serás mi esclavo… mi amante… y yo… para ti… seré tu amor – Lestat asaltó los labios del menor apasionadamente, casi desesperado… Shun se dejaba hacer asustado, sentía sus fuerzas totalmente disminuidas, su corazón sangraba… ese beso era tan dulce que no podía… o… no quería hacer que se detuviera.

Shun posaba sus manos sobre el pecho de Lestat, mientras este lo dirigía hacia el lecho… lentamente fue recostándolo en la cama, y sus besos pasaron de sus labios a su cuello… El peliverde nada hacía para evitarlo, no se sentía mal, pero tampoco se sentía del todo bien, sentía una revolución en su interior… sentir esas manos acariciar su rostro, sus brazos… "es tan cálido… pero… no es"…

¡Basta, Lestat! – susurró Shun desviando su rostro para que el Dios no pudiera seguir besándolo… Lestat lo examinó detenidamente antes de detenerse por completo, e incorporarse del lecho.

¡Ponte esto… esta noche dormirás junto a mí! – murmuró Zeus dándole la espalda, y alcanzándole una piyama que había ido a traer – Y descuida… tal vez no esta noche…. Pero, te entregarás a mí, lo sé…

Shun se incorporó también de la cama… se sentía raro, no le gustaba lo que veía, era como si sintiera dolor… tomó la mano derecha de Lestat, este al sentir el contacto volteó a ver…

No estas… Solo, sabes – decía tímidamente Shun, regalándole una dulce sonrisa.

Lestat sonrió, acarició suavemente el rostro del menor, quien no rehusó la caricia… fue en ese momento… que una extraña energía alertó al dios, y un poderoso cosmos apareció de la nada atacando a los dos jóvenes… Lestat rodeó a Shun con sus brazos para protegerlo, encendiendo su cosmos en el proceso, logrando que esa presencia se desvaneciera…

¿Qué fue eso?…. fue horrible – murmuraba Shun sin apartarse del agarre de Lestat.

Nada, mi ángel... nada…

Hacía unas horas que Shun dormía entre los brazos de Zeus… este había usado su cosmoenergía para dormirlo… él simplemente no podía hacerlo, estaba intranquilo… sabía que pocos seres se atreverían a lanzarle un ataque tan agresivo a su cosmos, estando él en Olimpo…

Solo un ser sería capaz de tal cosa…

¡Cronos!

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¡Mi señor Hades… que ocurrió! – preguntaba Pandora llegando al salón de audiencias.

Ese sólo fue un aviso Pandora – hablaba el Señor del Inframundo – Mi padre quiso avisarnos, que pronto será contra él con quien deberemos luchar.

¿Qué haremos?

Avisa a todos los dioses nacidos y representantes de deidades… El Tártaro se abrirá, a pesar de nuestros esfuerzos… las riñas pasadas serán olvidadas… y todos lucharemos en el mismo bando esta vez… la reunión, como en la mitología, será en Olimpo – mencionaba el Dios.

Señor… ¿y Zeus? – preguntaba la mujer con incertidumbre.

Te estoy avisando, mi querida Pandora, lo que su cosmos le dijo al mío… ah… dile a Ikki, que debo hablar con él…

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Lentamente las poderosas cadenas, que hacían de guardianas desde la era mitológica, empiezan a desquebrajarse… tras las puertas una poderosa presencia se manifiesta…

¡Al fin… la hora de mi venganza ha llegado… Tomaré el lugar que me pertenece… y todos aquellos que me faltaron!… ¡Morirán!…

Una sombra se hace notar frente a las poderosas Puertas, esta imagen estaba en posición de respeto… al estuchar las palabras del poderoso ser, sonríe…

Sí, mi señor… yo también, al fin tendré el lugar que me corresponde.