Desenmascarada - Parte 1: Recuperación - Capítulo 2: Perdida y Encontrada
Cuando apagas las luces... ¿qué ves?
—¿Está despierta? —pregunta una voz suave y joven. Su poseedor no puede ser mayor de quince años.
Sakura no mueve un solo músculo, fingiendo respirar como una persona dormida y escuchando atentamente. Aunque sus instintos le están rogando para que abra los ojos y luche, alguna parte remota de su mente recuerda que un buen shinobi siempre es cauteloso.
—Ni idea —responde otra persona, y Sakura casi puede percibir un encogimiento de hombros—. ¿Por qué no le das un toquecito?
—Y una mierda, no quiero que me mate —protesta la primera persona, algo infantil.
La muchacha les escucha discutir durante un rato, intentando averiguar a quién pertenecen las voces. Siempre que alucina, las voces pertenecen a personas que conoce. Cuanto más culpable se sienta respecto a sus muertes, más veces las escucha; de ahí que Naruto sea la voz cantante en sus ilusiones.
No son genjutsu, de eso está casi segura. A estas alturas, debería haber logrado romperlo. No había una sola alma en el campo de batalla, tampoco, así que no tiene ni idea de quién la encontró. Sus pensamientos son torpes y desconectados entre sí, y pronto se distrae por la discusión que sucede junto a ella. Distantemente, se da cuenta de que está echada en una especie de colchón; es más cálido de lo que suele ser en la cueva, lo cual es agradable.
De hecho, es un saco de dormir, idiota le replica la voz sarcástica de la 'Sakura Interna', que parece estar más alerta que ella misma. Hacía tiempo que no oía esa voz... Divertido, ¿no crees?
—...Tu madre —escupe la primera persona, y hay un sonido de roce de ropas y pasos. Sea quien sea, la persona suelta un gritito dolorido—. ¡Ay! ¡Eso duele!
—Es venganza, tú has hecho que me duela el corazón —lloriquea la otra, tan convincentemente triste que suena como un gatito pateado.
Sakura suelta una risilla. Nunca se le ha dado bien esconder sus emociones, y la tonta discusión ha podido con ella. Es un sentimiento agridulce, de felicidad y tristeza; después de todas las atrocidades del mundo, sigue habiendo personas que tienen la capacidad de jugar de esta manera. De inmediato, las personas se callan.
No es silencio (la abrumadora sensación de vacío, de espacio muerto que percibió en el campo de batalla, no se puede comparar a esto)... pero definitivamente, se han dado cuenta de que está despierta.
Hay un tiempo incómodamente largo de espera nerviosa, antes de que Sakura abra los ojos. Lo primero que ve es un techo liso y gris de cemento, con una ventanita pequeña en lo alto de la pared. Entornando los ojos, puede ver que el exterior parece frío, el cielo velado por una manta de nubes plateada.
Le duele mucho la cabeza, pero Sakura se obliga a buscar a los propietarios de las voces. Están lejos de ella, sentados contra un muro y todavía enredados en una maraña de brazos y piernas, a causa de su lucha juguetona. La chica tenía razón: son sólo dos niños, con pelo y ojos oscuros, anodinos. Le devuelven la mirada como si fuera un león hambriento, a punto de comérselos. Parecen civiles, también.
Sakura intenta hablar, pero su garganta está tan seca y dolorida, que lo único que consigue expulsar de ella es un gruñido y toses rasposas. Está segura de que también hay sangre. Su cuerpo entero se siente entumecido, aunque si esto no es una ilusión, no puede estar mucho mejor que su garganta. Su sentido de la atención está pasando un rato divertido, porque justo ahora acaba de notar la sábana fina que cubre su saco de dormir, y sólo porque intenta agarrarse a algo con las manos.
"Qué lenta eres…" gruñe la Sakura Interna, más irritable de lo normal, lo cual ya es decir algo.
La kunoichi escucha voces y el sonido de movimiento, con la sensación de que sus pulmones están en llamas. Cuando deja de toser, nota que alguien empuja metal contra sus labios, suavemente. Huele húmedo.
—Bebe —dice uno de los niños, mucho más cerca que antes—. Es agua.
Sakura no está en posición de declinar la oferta, así que obedece. Tras el primer trago, se da cuenta de lo increíblemente sedienta que está, y empieza a beber casi demasiado deprisa. El agua se acaba deprisa, pero la pelirrosa se siente un poquito mejor.
En algún momento, la han alzado contra lo que se siente como una bolsa llena de piedras, aunque es probablemente una almohada muy vieja. Ah, qué más da. Respirando profundamente, Sakura nota que se le aclara la cabeza un poco, y trata de parpadear para enfocar la mirada.
Su cuerpo está echado en lo que parece un saco de dormir, y está en un pequeño y casi vacío sótano. La única luz proviene de la pequeña ventanita cerca del techo, pero es suficiente como para echar un vistazo a su alrededor.
Hay un buen puñado de armas letales escampadas por la habitación, rollos de pergaminos y sellos, ropas, mochilas, cajas viejas... Es agradablemente fresco, comparado al lugar donde estaba cuando…
Sus inocentes pensamientos son cortados súbitamente por la hoja afilada de la realidad, y Sakura traga saliva. De pronto, es como si no hubiera suficiente aire en la habitación. No fue un sueño... no, su cuerpo está casi completamente roto. Los dos niños se han retirado hacia uno de los muros de nuevo, mirándola con recelo, mientras la muchacha intenta encontrar aire.
De golpe, el vago dolor que notaba a través del entumecimiento explota y se convierte en más dolor del que creyó posible sentir. Como ninja médico, sabe muy bien todas las razones por las que está pasando, pero saber no lo hace mejor en absoluto. Debe de estar curándose, también, porque su mente está funcionando un poquito mejor de lo que lo hacía en el campo de batalla, cuanto ésta acabó.
Ya no están. Ya no queda nadie. Y Sasuke... Sakura traga saliva, intentanto esquivar ésos pensamientos por completo. Intenta calmarse lo suficiente como para no tener un ataque de pánico, dándose cuenta, distantemente, de que las nubes de fuera se están volviendo rosadas y naranjas. Es el anochecer.
—Señorita... um... señorita ninja, ¿te encuentras bien? —pregunta uno de los críos, atreviéndose a acercarse, tan asustado como preocupado.
Sakura asiente, parpadeando para quitarse la desagradable humedad en sus ojos. Cuesta un esfuerzo sobrehumano levantar el brazo y frotarse los ojos. Se mira la mano, pintada de sudor y sangre, y suspira.
—En fin... ¿quieres algo de comer?
Sakura aprende unas cuantas cosas en las horas que transcurren. Misho y Soma: ésos son los nombres de los dos hermanos que la encontraron. Aparentemente, la chica estaba vagando por un campo cerca de su casa, delirando. Se niegan a contarle qué estaba diciendo, pero la pelirrosa tiene una ligera idea sobre ello.
No son huérfanos, como pensó en un principio. Según ellos, sus padres recibieron un mensaje de una aldea, hace unos días. Fue poco después de que la encontraran, así que la dejaron al cargo de los chicos. Éstos parecen saber lo que se hacen, habiéndola vendado y tratado con métodos civiles. Es la primera vez que tienen la oportunidad de cuidar de un ninja, aunque están más emocionados que nerviosos.
—Nuestros padres curan a gente, son muy buenos —alardea Misho, el mayor de ambos, que parece considerarla su nueva mejor amiga—. Se fueron a la aldea a curar gente. Muchos, muchos ninja —añade, casi temblando de excitación, pensando en sus padres cuidando de tantos shinobi.
El interés de Sakura crece inmediatamente. Los ninja no son fáciles de matar, así que es normal que algunos sobrevivieran a la masacre. ¿Quizá alguien de Konoha logró salir con vida? Tiene que haber alguien que lo haya logrado. Es una esperanza lejana y desesperada, pero es todo lo que tiene. Si su Maestra está viva... seguramente, está en la aldea. Aunque la muchacha está segura de que vio a muchos de sus amigos morir frente a sus ojos, sigue habiendo una posibilidad de supervivientes.
—¿Qué te pasó a ti, señorita ninja? —pregunta Misho, sentándose junto a ella, con las piernas cruzadas. Su energía es casi contagiosa, tanto que es difícil creer que se puede estar quieto un solo segundo. Parece fascinado con los ninjas y las cosas increíbles que hacen como si nada.
Sus palabras rompen el hechizo de los pensamientos de Sakura, aunque la muchacha tiene que cavilar unos segundos en busca de una explicación decente. Estos niños apenas llegan a números de dos cifras en su edad... y seguramente, casi nadie querría siquiera imaginar lo que pasó en el campo de batalla. Decírselo será difícil.
—Vosotros sabéis que hay una guerra de ninja, ¿no? —pregunta Sakura, delicadamente.
Misho asiente solemnemente.
—Sip, sip. Es por eso que nuestra familia se vino hasta este refugio... lejos de toda la gente. Escondidos bajo tierra.
Sakura se siente bastante afortunada de que la encontraran, pero parte de ella se siente impresionada y alarmada por la ignorancia de los civiles. Especialmente aquí fuera, cualquier ninja que quiera hacerles daño puede hacerlo con facilidad. De ningún modo va a decirlo, sin embargo.
—Ya veo – musita, intentando averiguar cómo explicarse. De alguna manera, siente que tiene que dejarlo ir, pero no puede decírselo a unos niños tan inocentes como estos—. Bueno, hubo una gran batalla —continúa, intentado no entrar en detalles. Tiene que mantenerse tranquila. Es obvio que el niño no parará de molestar hasta que no le cuente algo decente, pero sigue siendo difícil pensar sobre esto y no romperse del todo, mentalmente—. Mis amigos y yo... luchamos contra los malos. Aunque muchos de los nuestros murieron.
Ino gritó, intentando liberarse de los cordones de chakra oscuro que la envolvían, como serpientes hambrientas. Sus ojos... sus ojos habían desaparecido. Las cuencas vacías sangraban, su voz ahogándose mientras el aire y la vida le eran arrancadas meticulosamente. Su piel se estaba quemando, derritiéndose. Boqueaba en busca de aire, estranguladamente, intentando dar patadas y luchar. Fue inútil.
Sakura se sujeta la cabeza, temblando. Se obliga a respirar hondamente y prosigue.
—El Señor de los Sapos y el Señor de las Serpientes lucharon —añade, incapaz de decir sus nombres—. Ellos... solían ser amigos, pero ahora eran enemigos. El Señor de las Serpientes se volvió... loco. Y mató... mató…
Naruto aulló, su cuerpo radiante de energía, como un faro de puro chakra. Casi se podía sentir en el aire, cálido como el sol. Se dio cuenta, demasiado tarde, de que le habían tendido una trampa. Sakura no pudo oír las palabras que Sasuke y él intercambiaron, pero sí vio el ataque de éste último. Naruto no podía mover, no pudo liberarse a tiempo, y con un fogonazo de luz azul... desapareció. Simplemente, ido.
—No pasa nada, señorita ninja —susurra Misho, inseguro sobre si debería acercarse para reconfortarla. Su hermano está callado, sentado lejos de ellos, pero les observa. La voz del chico es suave y serena, logrando que Sakura salga de su trance—. Ya pasó —añade en un murmullo.
Sakura se da cuenta de que no es la primera vez que este niño ve a alguien que se está cayendo a pedazos, mentalmente. Sus ojos parecen demasiado maduros, como si entendiera demasiado, pero no dice nada. Parece saber que nada de lo que diga podrá ayudarla. Tragando saliva, la muchacha asiente y se decide a acabar su historia.
—Hubo una batalla... entre el Señor de las Serpientes y el resto de gente, creo. —La verdad es que no está segura.
De pronto, había gritos. No, gritos no... aullidos de puro terror y agonía. El fuego negro devoró el campo de batalla, tragándose a amigos y aliados sin piedad, y los tentáculos de morado oscuro atraparon a los supervivientes. El chakra... era corrupto. Sucio y malo y simplemente…
—Y entonces…
Él la miró sin emoción alguna, las serpientes de chakra manteniéndola cautiva, ahogándola, tan frías que parecían quemar. Atacaban su espíritu a través de meros roces. Desafiante, ella le devolvió la mirada, mordiéndose la lengua para no gritar de puro dolor. Ella lo sabía... rogaba, para que se acabara pronto.
—Y entonces, Sasuke…
Él sonrió. Con ésa mueca malévola y hambrienta, que no tenía nada de la persona que Sakura creía haber conocido, la persona que amaba. Lo único que quedaba era locura caótica, y un monstruo. Una bestia con demasiado poder como para contenerlo... y ella acababa de echársele en las fauces.
La memoria de los eventos que prosiguieron es difícil, aunque le ha dejado una marca en lo más hondo de su mente. Un gemido escapa sus labios, sollozos incontrolables pugnando para salir de su garganta. No había llorado así en su vida entera, porque no hay nada que pueda compararse a este puro y profundo dolor.
Sakura se da cuenta de que sus dientes han atravesado la piel de sus labios, en un esfuerzo vano por sujetarse a algo. Se hace un ovillo, sin importarle lo mucho que su cuerpo le ruega para que deje de moverse. Abraza sus piernas, muy fuerte, sus uñas cortando a través de piel expuesta y vendajes.
Cierra los ojos, suplicando para que todo acabe. Hay flashes de memorias, visiones y sonidos, mezclados desordenadamente. No puede pararlos, ya no; los recuerdos vuelven para torturarla con fuerza plena.
—Esto es sólo el principio, Sakura.
Nota: gracias por vuestros comentarios, de verdad me alegran el día un poquito. Mañana o durante la semana que viene publicaré el tercer y último 'capítulo introductorio'. A partir de ahí, los capítulos serán semanales, durante el fin de semana.
