Nota: ¡por fin! Tuve algunos problemas con traducir la historia, ya que necesitaba una revisión, y por eso se me retrasó. La revisión está hecha: son unos pequeños detalles en los capítulos anteriores, formato e información en mi perfil, nada más. Sin más preámbulo...
Desenmascarada - Parte 1: Recuperación - Capítulo 4: Semillas de Renadío
Por cada marca que dejas en tu camino, plantas una semilla de memorias y vida.
La noche es silenciosa, casi demasiado, aunque Sakura encuentra la atmósfera relajada. Reclinándose de nuevo en su asiento, la muchacha deja que su mirada vague sobre el paisaje, pensativa. Está sentada junto a la entrada oculta del refugio, al aire libre en lo que se siente como siglos. Ha pasado casi una semana y media desde que se despertó, y cada vez se siente más incómoda. Se dice a sí misma que hay razones para seguir aquí, pero parecen más y más flojas según pasan los días.
La disrupción de su chakra sigue limitando sus capacidades físicas (y, la muchacha sospecha, bienestar psicológico) bastante, aunque se está acostumbrando. Mientras no trate usar demasiado, no duele. Es como si las vías de chakra estuvieran restringidas, no bloqueadas del todo; si ése fuera el caso, estaría muerta. Usar chakra curativo es casi imposible y lo mismo se puede aplicar a controlarlo. Es frustrante, aunque al menos sigue con vida.
Ahora mismo, la prioridad es encontrar a un médico decente. Con el cuerpo en este estado, Sakura es incapaz de arreglarlo. Su habilidad para concentrarse, al menos, está siendo útil, ayudándola a adaptarse a este cambio tan extraño y mantener sus pensamientos más oscuros a raya.
La muchacha hace girar la pluma de cuervo entre sus dedos, usándola como anclaje para sus pensamientos. Todavía da calor a causa del chakra que contiene. Sakura se ha acostumbrado a juguetear con ella mientras piensa.
—Señorita ninja —musita una voz suave, sobresaltándola. Sakura se da la vuelta, encontrándose con Misho y sintiendo el impulso de abofetearse a sí misma mentalmente. Sí, desde luego, su concentración es perfecta… pero su atención es pésima últimamente.
—¿Sí? —inquiere ella, intentando averiguar qué razón puede tener el muchacho para haber salido fuera. Hace rato que pasó la medianoche, así que el chico no debería estar despierto. Aunque ciertamente, Sakura también debería estar durmiendo.
El muchacho parece estar nervioso, pero se acerca y toma asiento junto a ella. Parece estar buscando palabras para expresarse, aunque Sakura sospecha que ya sabe de qué se trata.
—Queremos ir contigo —admite Misho, hablando muy deprisa, como si estuviera intentando quitarse algo picante de encima.
La pelirrosa suspira. Sip, tenía razón. Pasándose una mano por el pelo, la chica ofrece la respuesta que ya ha preparado y repasado en su mente, por si uno de los hermanos le preguntaba:
—Es peligroso ahí fuera, lo sabes. Ya es bastante malo que voy a tener que dejaros solos.
¿En qué estaban pensando sus padres, dejando a dos chicos jóvenes cuidar de un ninja potencialmente peligroso? De todos modos, Sakura sabe que llevárselos consigo podría ser incluso peor. Si hay una trampa en Yugakure, si Él la está esperando… su destino será horrible.
—Queremos ayudar —responde el chico, sorprendiéndola por su determinación, su mirada sin una sola duda. No pregunta por sus padres, no tiene miedo, simplemente posee una resolución tan absoluta que es extraña en un niño civil—. Puede que no seamos impresionantes médicos ninja, pero sabemos cómo curar gente.
Sakura devuelve su mirada a la inocente pluma, girándola casi demasiado deprisa. Vale, quizá no había pensado lo suficiente en las complicaciones de convencer a los niños de quedarse. Después de todo, siguen siendo jóvenes e ignorantes, así que la pelirrosa pensó que sería fácil persuadirlos para que se quedaran. Gran error, pues debería haber esperado que fuera justo al contrario. No saben cómo de peligroso podría llegar a ser…
—No podemos dejar a nuestra familia a solas y… y no hacer nada. Tú eres una ninja fuerte, así que no sabes cómo de mal se siente ser tan inútil —continúa él con tristeza, aprovechando el silencio de Sakura. Por un momento, ella lo mira de reojo, sorprendida y entristecida.
"Si sólo supieras…"
El chico la mira fijamente, esperanzado aunque nervioso. Vagamente, La pelirrosa se da cuenta de que Misho la admira. En sus ojos, ella es una todopoderosa kunoichi, prácticamente mágica, y la ausencia de una figura paterna ha tenido sus consecuencias. Al menos, él no parece entender qué clase de pensamientos pasan por la cabeza de Sakura, así que se limita a esperar a su respuesta.
Hay una cosa que ha cambiado en ella: los silencios. A veces, le lleva tiempo ordenar sus pensamientos correctamente, para poder hablar. En los mejores casos, hay un pequeño titubeo y lentitud para responder a preguntas difíciles. En los peores, la muchacha se olvida de responder por completo, perdida en sus cavilaciones. Por suerte, Misho parece ser paciente, por muy animado que sea su carácter.
Hay un gran problema a tener en cuenta, uno que echa abajo sus planes. Aunque Sakura sabe que no hay otra alternativa que ir a la villa en busca de aliados, si los dos niños están tan decididos a seguirla, lo harán. Y dos niños indefensos, perdidos por su miedo a la posibilidad de una trampa en Yugakure, es algo inaceptable. Quizá pueda simplemente ser más cautelosa, adelantándose para asegurarse de que no hay peligro…
Suspirando de nuevo, Sakura asiente, sintiéndose cansada.
—Vale, pero si venís conmigo, estaréis bajo mis órdenes —acepta ella, mirando al chico con seriedad. Misho replica casi demasiado deprisa.
—¡Por supuesto! —responde, radiante de alegría—. ¡Gracias, señorita ninja!
Sakura asiente de nuevo. El muchacho se va poco después de su breve conversación, probablemente a dormir de una vez. La pelirrosa le envidia. Cuando ella duerme, nunca hay descanso, pues aunque sus sueños son pacíficos en apariencia, siguen siendo dolorosos en gran medida.
A veces, hay vistazos de las escenas de horror que presenció. Y una vez más, no puede hacer nada más que observar. En algunos de ellos, el cielo es rojo y las luces están distorsionadas; esos tienen que ser algún tipo de genjutsu, porque las cosas que suceden ellos son las peores, de lejos. Cuando los sueños se convierten en pesadillas, siempre se ven así.
"Debería dejar de pensar en esto," se reprime Sakura, tratando de centrarse en la pluma de nuevo. Va a ser una noche muy larga...
Cuando el sol se alza, Sakura siente el cansancio en cada centímetro de su cuerpo. Como médico ninja, no es raro para ella tener un horario de sueño irregular, así que la sensación es más familiar que dañina. Estirándose, echa un último vistazo a la planicie y bosques distantes que componen el paisaje. En mayor parte, está nublado y hace algo de frío, aunque no es demasiado incómodo. Relajante, diría ella.
La pelirrosa se pone en pie y camina de vuelta hacia el refugio lentamente; el familiar, comprimido espacio, tan plano como siempre. Ninguno de los chicos están en la cocina todavía, como es usual, así que la muchacha se otorga la misión de hacer el desayuno. Es una tarea sencilla que no requiere demasiado esfuerzo físico, y puesto que a los dos hermanos parece gustarles su cocina, se convirtió en su tarea el hacerlo. Además, la única cosa que ellos saben preparar es sopa enlatada, lo cual no es apropiado para una buena dieta.
Tareas pequeñas como esta suelen animarla, distrayéndola de sus peores pensamientos. Pronto, Sakura se pone a silbar y tararear un pegadizo tono, de una de sus canciones favoritas. Sólo para cuando la chica oye una risilla ahogada, proveniente de la entrada de la cocina. Se gira, parando a mitad de su baile y ruborizándose.
—Lindos movimientos —comenta Soma, mientras su hermano pierde la batalla contra la risa y ésta se le escapa entre las manos.
Sakura alza las cejas, replicando con diversión:
—¡Por supuesto! ¿Qué clase de ninja crees que soy? —La idea alocada de shinobi bailando de aquí para allá, en vez de luchar, es demasiado para ella. En un instante, ella también está riendo.
—Ja, hicimos que la señorita ninja se riera, estamos progresando —susurra Soma, y de reojo, Sakura ve a Misho asintiendo alegremente.
Es difícil creer que fuera de esta casa, el mundo se está cayendo a pedazos, destrozado por la guerra y sus inmensas pérdidas. Inmediatamente, su alegría y rubor se desvanecen.
—Nos vamos mañana —les informa, sin mucha emoción. Los chicos asienten con entusiasmo, nunca abandonando su comportamiento animado.
Extrañamente, Sakura lo encuentra tanto agradable como agotador. Sabe que su mente y cuerpo le están suplicando que descanse, y esto apenas está sucediendo. Hace falta mucha concentración mantenerse de una pieza, lo que de todos modos es, en su mayor parte, una máscara para prevenir que los niños vean las cosas que le pasan por la cabeza. Y sin embargo, la forma en que ellos ven el mundo, tan vivaz y blanca, le da una especie de callada esperanza.
Sakura los observa, charlando sin preocupación alguna. Saben cómo comportarse seriamente, pero no han sido heridos por los pesos de la experiencia. De alguna manera, a ella le gustaría que fuera así para siempre. Aún si Soma intentó mantener las distancias, seguramente se trataba sólo de timidez. Ahora, él también la trata como si fuera parte de su familia.
Es como un lindo sueño… y tarde o temprano, se acabará.
Sakura echa un vistazo al mapa desgastado que está intentando descifrar, frunciendo el ceño. Según éste, Yugakure está a menos de dos días de camino, pero el terreno y la disrupción en su chakra no se lo están poniendo fácil. Como sobreexcitados patitos, Misho y Soma la siguen con fe absoluta, ajenos a sus dificultades. Tal y como ella les ordenó, han estado callados, pero siguen pasándoselo muy bien con su aventura.
En teoría, hay un camino que atraviesa el bosque, llegando directamente a la aldea, pero Sakura no pudo encontrarlo. Los dos niños sólo saben que lo usaron para llegar hasta el refugio, pero no son familiares con la ruta en absoluto, así que no son de mucha ayuda.
Y así, empezó su misión para encontrar alguna manera de llegar hasta la villa por su cuenta. La primera vez que Sakura intentó subir a un árbol para examinar el terreno, un pinchazo doloroso en sus piernas casi la mandó de vuelta al suelo, de espaldas. Sólo sus reflejos de ninja la salvaron de una mala caída. Por supuesto, las cosas tenían que complicarse.
Resoplando, Sakura se dio por vencida en el tema de trepar, después de que los siguientes intentos acabaran de la misma manera. Le es imposible controlar su chakra en este estado. Cada vez que intenta forzar una cantidad sustancial de éste a través de su cuerpo, la corriente se rompe y provoca una ola de dolor que recorre su cuerpo entero.
El dolor en sí no es un problema, pero por ahora no es capaz de moldear chakra. Nada nuevo, es sólo… que no había pensado que su estado fuera tan malo. Su cuerpo aún no se ha recuperado del todo, así que subir manualmente no es una opción.
Así que aquí están, intentando figurarse cómo encontrar la aldea entre las colinas del bosque, y Sakura está honestamente preocupada de que estén yendo en la dirección correcta. Para cuando llega la noche, los niños están agotados y ella está poniéndose nerviosa. Cuando más se acercan a la aldea, más crecen las posibilidades de ser atacados, y con ellas, su paranoia.
"¿Qué diablos estaba pensando? Yo no puedo luchar bien y aún tengo que proteger a ésos dos." La pelirrosa echa un vistazo a los dos hermanos, dormidos y acurrucados en un saco de dormir. Les dijo muy claramente que no vayan a ninguna parte sin avisarla primero, bajo ninguna circunstancia. No sería lindo en absoluto, si uno de ellos acabara impalado por los kunai de sus trampas.
No encendieron un fuego; Sakura se limitó a hacer un perímetro de seguridad con trampas manuales a su alrededor, en un lugar cobijado de lo peor del aire otoñal. La oscuridad es casi absoluta.
La kunoichi decide practicar algunos ejercicios, para asegurarse de que al menos, su estado físico no es terrible. Aunque sigue llevando vendajes para prevenir fricción en la piel tierna de sus heridas, éstas no necesitan más tratamiento de curación. Las quemaduras carmesí de los hilos de chakra no han desaparecido, y a estas alturas Sakura está casi segura de que tienen algo que ver con la disrupción de sus energías internas.
Nunca han sido difíciles de ver y ahora han empezado a tomar un color rojo oscuro. También está el hecho de que tienen más "gusanos oscuros" que el resto de su cuerpo. Le molesta tanto que se ha vuelto paranoica sobre comprobar su propia piel. La ventaja de esto es que se ha vuelto más adepta en encontrar las anomalías de sus heridas.
Hay cicatrices que deberían haber desaparecido por completo, en circunstancias normales, pero la mayoría de moratones y cortes superficiales han desaparecido. Recuerda haber sido torturada hasta un punto que debería haberla matado, pero las heridas más graves parecen haberse desvanecido.
Había huesos rotos y un brazo dislocado, pero las vagas memorias de su estancia en el campo de batalla, incluyen un esfuerzo constante por curarse a sí misma, para sobrevivir. Incluso aunque no lo recuerde, es muy posible que curara las heridas más graves en aquél entonces. Si sólo pudiera usar chakra ahora… se sentiría mucho menos vulnerable.
La sensación de agotamiento de chakra ha sido constante desde que se despertó, y no parece estar mejorando en absoluto. Aunque el sello Yin sigue en su frente, intentar coger energía de él no da ningún resultado positivo. Si su teoría es correcta, las marcas de los hilos de chakra son sólo una señal de algo mucho peor. Algo que está bloqueando el flujo de su chakra, más allá de la cantidad esencial que cualquier ser vivo necesita.
También hacen que la piel le queme un poco, aunque sólo esté ligeramente irritada. Qué causa eso, ni idea, pero ya que sus heridas no se están reabriendo, Sakura acaba por olvidarse del dolor que le causa.
Sumergida en sus pensamientos sobre posibles complicaciones médicas y sus soluciones, la noche pasa mucho más rápido para la muchacha. El siguiente día también viene y va sin eventos importantes y para su alivio, se encuentran con un baño termal. Los árboles están más espaciados y la visibilidad es mejor, así que por fin se puede ver, un poco más adelante, la silueta de Yugakure.
Los dos niños se preparan para correr hacia la aldea, pero Sakura agarra la parte de atrás de sus camisas antes de que puedan escabullirse. Ellos la miran con confusión, pero no se resisten.
—¿Señorita ninja? —pregunta Misho, dubitativo. Ella no mira a ninguno de los chicos, intentando buscar signos de destrucción alrededor o en la villa, o marcas de chakra particularmente grandes.
No hay nada. Si hay una trampa, es muy buena. No puede encontrar rastro alguno de genjutsu ni daños en el terreno o estructurales. No hay nadie a la vista, pero parece tranquilo.
—Quedaos atrás —ordena, soltando a los niños y acercándose al baño termal, escondiéndose detrás de los árboles cautelosamente.
Está vacío, el único movimiento proviniendo de los baños humeantes. Sakura camina entre ellos y echa un vistazo a Yu. Todavía no hay signo alguno del enemigo. Se vuelve a mirar a los hermanos, que están siguiendo su movimiento desde la linde del bosque. Si no supiera dónde están, no sería capaz de verlos. Es lo más parecido a un escondite que van a conseguir.
La pelirrosa se acerca a los primeros edificios de Yu, para nada sorprendida de ver los restos de su antiguo muro defensivo. Yugakure fue, en el pasado, una aldea ninja, pero hace mucho que abandonaron el estilo shinobi en favor de las artes curativas, acabando por convertirse en uno de los lugares más avanzados en términos médicos, con una mezcla de estilo ninja y civil. No es sorprendente que Misho y Soma sepan bastante sobre curación.
La kunoichi maldice internamente, notando que sus pensamientos se han descarrilado demasiado. Probablemente, un signo de que su estado mental no es de los mejores. Devuelve su atención a sus alrededores, pero aunque el silencio es un poco misterioso, nada parece estar fuera de lugar.
—¡SAKURA!
La muchacha grita, saltando en el aire y lanzando kunai hacia la posición de la voz, su corazón latiendo como si estuviera tratando de escapársele del pecho. Sus ojos se mueven de un lado a otro frenéticamente, mientras ella retrocede hasta dar con su espalda contra un árbol. Una cosa peluda y grande la tira al suelo y empieza a chuparle la cara.
"¿Akamaru?"
Respirando agitadamente, Sakura empuja al perro lejos de sí, encontrándose con las dos personas que menos había esperado.
—¿Kiba? ¿Temari? —farfulla, sin creer del todo lo que ven sus ojos.
—¡Te dije que encontré su olor! —exclama el Inuzuka, mirando a la kunoichi de la Arena como si acabara de ganar una apuesta muy importante—. Ey, no me mires con ésa cara de "estoy hasta aquí de tus gilipolleces" —gruñe él, cuando la muchacha le devuelve la mirada con el ceño fruncico.
Sakura está un poco demasiado sorprendida como para reaccionar, intentando no pensar en los flashes de muertes horribles que le están pasando por los ojos.
—Vale, vale, le preguntaré a ella… Sakura, ¿quién es el ninja más guay del Equipo 8? —Kiba se vuelve hacia ella de nuevo y Sakura parpadea, intentando concentrarse.
—...Shino —logra susurrar, su voz ligeramente ahogada.
La chica oye cómo Kiba gruñe con molestia, pero es como un ruido de fondo, porque el dique se rompe y ya no puede pararlo.
Shino; el que murió devorado por sus propios bichos, torturado por aumentos y disminuciones brutales de chakra, hasta que su cuerpo reventó. Burlado con la clemencia de la muerte hasta que ya no pudo más. Shino, el callado, observador e inteligente muchacho que nunca se mereció un destino tan horrible.
—¡Sakura!
Y recuerda, cómo la manada de lobos invocados dio caza a Kiba en un mundo de pesadilla, dejándole escapar en el último momento, cada vez más herido. Era sólo un genjutsu… para cuando el chico se dio cuenta, los lobos ya lo estaban destrozando en la realidad, comiéndoselo mientras aún estaba vivo.
—¿¡Sakura!?
Temari… ¿qué le pasó a ella? Fue viento, ¿no es así? Sí… el aire para respirar le fue negado, mientras un vórtice letal empezó a pelar su piel y a arrancarle la carne, en cortes cada vez más profundos. Cuando, ahogada y con sus últimos pedazos de carne y músculo, ella boqueó para conseguir aire… el aire se le metió dentro. No tuvo tiempo de gritar. Su cuerpo reventó y sus intestinos acabaron esparciéndose sobre el suelo y Sakura.
La muchacha colapsa y cae, notando que el muro construido para mantener el dolor a raya, se hace pedazos una vez más.
"No es real… no…"
Su visión es borrosa, nublada por niebla roja, y Sakura arremete contra el enemigo, sin estar segura de qué está pasando. Pero sabe que está enfadada; ya no es sólo sus sueños. Ahora, las ilusiones están intentando atacarla cuando está despierta. No, no permitirá que suceda de nuevo.
La rabia parece quemarle la piel, animándole a matar. Y entonces, en un instante, un pulso de chakra la somete a la inconsciencia, y el mundo se desvanece mientras oye las voces de las personas muertas que ella ama, arrastrándole hacia la oscuridad una vez más.
Sakura se despierta cuando una voz estridence interrumpe el sueño casi comatoso al que fue forzada. En la parte de atrás de su mente, hay una voz comentando lo útil que es saber cómo sobrecargar el cuerpo de alguien con chakra, para noquearlo. No es muy seguro, claro… pero si se aprende bien, es muy útil.
—¡No es peligrosa!
La voz es vagamente familiar, pero la mente de la muchacha está demasiado entumecida como para poder ponerle un nombre. Abriendo los ojos ligeramente, intenta averiguar dónde se encuentra. La primera cosa que nota es que apenas puede moverse, y la segunda, que el nivel de chakra de su cuerpo está peligrosamente bajo.
Ha sido atada a una cama, en una habitación limpia y blanca. La luz brillante del sol se filtra a través de unas cortinas, y tiene que parpadear unas cuantas veces para acostumbrarse a ella. Algo en su situación le recuerda a alguna otra cosa, que no logra encontrar del todo en su memoria. No es suficiente, con la neblina que vela sus pensamientos.
Sakura intenta hacer pruebas con cantidades diminutas de chakra, pero algo parece estar restringiéndolo. La sensación es reconocible; Tsunade solía forzarla a usar la mayor parte de su chakra, para después bloquearlo con sellos. Requería cantidades impresionantes de concentración, pero siempre se podían romper, aunque por poco.
Si lo hacía incorrectamente, un sello explosivo conectado a los otros estallaría. Con el paso del tiempo, los ejercicios hicieron que su control de chakra se volviera casi perfecto, y le hicieron desarollar maneras de defenderse de dichas explosiones, particularmente en rango corto.
Estos sellos son similares, aunque más fuertes. Exactamente iguales que los utilizados en prisioneros para interrogación o sus propios pacientes. Por fin, se da cuenta de dónde está: es un hospital. Y alguien está gritando de nuevo, con una voz muy enfadada y aguda.
Tras un análisis de daño físico o genjutsu, Sakura se encuentra incómodamente falta de armas. Todo lo que tiene es su ropa, tomada prestada del refugio.
—Cállate, criajo. Esta chica destrozó muchos árboles y casi mató a varias personas. —La voz suena cansada y tosca, como si la persona estuviera justo al límite de su paciencia. No puede reconocerla, pero es definitivamente adulta.
—¡Déjame verla! —Por un momento, la voz le recuerda a la de Naruto, pero no se trada de él. Es Misho.
Hay más discusiones, demasiado deprisa como para que Sakura pueda entenderlo del todo, y alguien entra a la habitación, sobresaltándola. La única persona que puede reconocer es el chico joven que esprinta hacia ella, casi tan rápido como un ninja. Sus ojos preocupados escanean el cuerpo de la pelirrosa, como si estuviera intentando asegurarse de que no ha perdido ningún miembro. Finalmente, la mira a los ojos y sonríe.
—Hola, señorita ninja —susurra, rescándose la parte de atrás del cuello.
Sakura le ofrece una sonrisa cansada, casi demasiado contenta de que alguien se preocupe por ella. Incluso si es un niño que probablemente no verá de nuevo, muy pronto. De reojo, la muchacha echa un vistazo al resto de personas en la habitación, pero ninguno de ellos es familiar. Soma no está aquí, y tampoco lo están Kiba o Temari. Sin querer creer que han muerto, se centra en los visitantes desconocidos.
Son tres personas: dos mujeres y un hombre, todos vestidos de médico. Un gran perro de pelaje claro entra tras ellos, y tras una inspección más detallada, Sakura confirma que no es Akamaru, pero la similitud es casi inaudita.
—Sakura Haruno —saluda una de las mujeres, probablemente mayor de cincuenta años y con muchas líneas de cansancio serpenteando por su cara.
La muchacha asiente, pero no dice nada. Algo en los adultos le inspira un sentido de gravedad. Inmediatamente, siente como si algo estuviera mal, pero los médicos están seguramente manteniéndolo en secreto, por Misho.
—Tu amiguita está bien, ahora lárgate y déjanos trabajar —gruñe el hombre, apenas un poco mayor que ella, fulminando al chico con la mirada y señalando hacia la puerta.
Misho parece querer protestar, pero el perro es más rápido, agarrando su mano con la boca y arrastrándolo al exterior, ignorando sus protestas.
Sakura mira de nuevo a la mujer mayor, cuya mirada severa mirada habla de malas noticias por sí misma. La segunda mujer apoya una mano en el hombro de su compañera, dándole una media sonrisa y susurrando.
—Yo me encargo.
En unos segundos, todos menos ella se marchan de la habitación. La mujer coge una silla cercana a la pared y la coloca junto a la cama de Sakura, sentándose e inclinando la cabeza a un lado.
—Hola, señorita Haruno —saluda , con suavidad. Su voz es la de una persona acostumbrada a tratar con pacientes delicados, su cara redonda y enmarcada por pelo rizado, de color azul claro. A Sakura le recuerda a una versión más dulce de la señorita Suzume, su profesora de artes kunoichi—. Mi nombre es Riko, por cierto.
—Hola —responde Sakura, notando que su voz es un poco áspera, aunque aparte de eso, sana.
La mujer coge un portapapeles de la mesa junto a la cama, aunque sus ojos no parecen estar leyéndolo de veras. Riko mira de nuevo a Sakura, su expresión amable y simpática.
—No tienes ni la menor idea de lo que está pasando, ¿no es así? —comenta la médico, apoyando el portapapeles en su regazo.
Sakura intenta mirarlo de reojo, pero está colocado, a propósito, de manera que no puede leerlo. Sin querer romper el contacto visual por mucho tiempo, devuelve la mirada al rostro de Riko.
—No… no soy una prisionera, ¿verdad? —pregunta, decidiendo ir al grano.
La médico niega con la cabeza suavemente.
—No, eres una pacience del Tercer Hospital de Yugakure —le explica, señalando la habitación—. Te lo resumiré: no estás aquí porque tu cuerpo esté herido, sino porque tu estado mental es… indeseablemente preocupante.
La expresión gentil no abandona su rostro. Es casi inquietante.
—Por si te lo preguntas, estás atada a la cama porque atacaste a dos de nuestros médicos cuando te encontraron, acercándote a nuestra aldea. Tu estado era delirante e inestable, y eras incapaz de entender lo que te decían. La única razón por la que no tuvimos que matarte fue que tu estado físico era bastante malo. Además, te reconocimos como un miembro de la Alianza Ninja, y la aprendiz de Tsunade.
La mujer habla lentamente, pausando para dejar que Sakura pueda entender bien la información decibida. Riko observa a la pelirrosa atentamente, seguramente para asegurarse de que no está entrando en pánico. Su exposición es delicada, dándole a Sakura la impresión de que hay algo que anda muy, muy mal, pero no se lo está diciendo directamente.
—¿Dónde están Kiba y Temari? —pregunta la chica, finalmente.
La médico tiene toda la pinta de haber esperado esta pregunta, aunque espera unos segundos para responder correctamente.
—No sabemos quiénes son ésas personas, señorita Haruno —replica, escaneando el rostro de Sakura en busca de una reacción. La ligera tensión en el cuerpo de Riko muestra que está preparada para calmar o sedar a Sakura si es necesario—. Durante tu… estallido… estabas murmurando sus nombres, junto a otros. Me temo que estabas alucinando un encuentro con ellos, aunque esto es sólo especulación por nuestra parte —añade, inclinando la cabeza de nuevo.
Sakura está perdida en su mundo de pensamientos desordenados y esperanza desesperada. No es real, recuerda haber pensado, aunque por razones completamente distintas a las que se le acaban de presentar. Su respiración se vuelve irregular, el latido de su corazón acelerándose y golpeteándole contra el pecho.
"¿Cómo de fastidiada está mi cabeza?" se pregunta, oscuramente.
Respetuosamente, Riko deja que piense en las implicaciones de sus palabras. Sakura intenta averiguar si esto es algún tipo de genjusu de alto nivel, pero al fallar en ésto, tiene que admitir la dura verdad. Asintiendo y tragando saliva, trata de bloquear los ecos de sueños y memorias, en su cabeza.
—Entiendo la causa de tu angustia, señorita Haruno, pero has de saber que intentaremos darte toda la información que podamos para aliviarlo —explica Riko, regalándole otra media sonrisa—. Estoy aquí para responder a cualquier pregunta que puedas tener. Sin embargo, para evitar que te estreses demasiado, sólo te permitiré preguntarme otras tres preguntas en rápida sucesión. Después, me iré para que descanses.
Sakura asiente, casi demasiado deprisa, notando una sensación picante en los ojos. No llora, sin embargo ("¡Ya vale de ésas tonterías! ¡Ya no eres un bebé llorica!" le grita su yo interior, hablando por primera vez en mucho tiempo), pero su cuerpo entero tiembla, entumecido y frío.
—¿Qué se sabe de Naruto Uzumaki? —pregunta la pelirrosa, con dificultad.
—Nada —responde Riko, tan calma como siempre.
Su estómago parece mucho más pesado de pronto, y Sakura oye, de lejos, la voz de su compañero de equipo, su amigo, en palabras dispersas de muchas memorias distintas. Las expulsa de su mente forzosamente, centrándose en la situación.
—¿Konohagakure y su gente? —Su voz es menos estable, pero al menos, la pelirrosa consigue hablar claramente.
—No sabemos nada. No tenemos noticias de Konoha y, entre nuestros pacientes, sólo unos pocos son ninja de allí.
Mordiendo la parte interna de su boca, Sakura deja que el silencio dure unos cuantos segundos. Por suerte, Riko no rompe el silencio, sus ojos avellanos brillando con entendimiento. Tras lo que se siente como una eternidad, la muchacha por fin consigue formular su última pregunta.
—¿...Sasuke Uchiha? —El nombre en sí duele al pensar en él, pero la pregunta debe ser realizada tarde o temprano.
Riko sacude la cabeza. Esta vez, una mueca de disgusto se marca en su rostro.
—Todo lo que sabemos de él se que masacró la Alianza Shinobi… y encontramos restos de él en tu mente y cuerpo. Lo siento —añade, agachando la mirada unos centímetros.
Sakura cierra los ojos, agotada. ¿Por qué tuvo que pasar todo esto? El tifón de desesperación y dolor se cierra en torno a ella de nuevo, pero la muchacha logra empujarlo lejos de sí. Sólo unos pocos segundos más…
—Márchate. Por favor, vete —murmura, sin mirar siquiera a Riko. Sus ojos están cerrados con firmeza, pero eso no sirve de nada para bloquear el caos inminente.
La muchacha oye a la médico alzarse y alejarse, sin una sola palabra. Cuando la puerta se cierra, Sakura alza los párpados lentamente. A su alrededor, el mundo se desangra hasta volverse de color rojo oscuro, y figuras dolorosamente familiares se le acercan, en silencio.
Nota: gracias por vuestros comentarios y apoyo. La verdad es que no esperaba tanto apoyo (aunque no puedo responder personalmente a los comentarios, ya que la mayoría son de visitantes - gracias a vosotros en particular, en serio), así que sólo espero que sigáis disfrutando de la historia tanto como yo lo hago.
