Nota: me ha costado dios y ayuda poder acabar esto a tiempo para una actualización en sábado xD Gracias por el apoyo y disfrutadlo (:
Desenmascarada - Parte 1: Recuperación - Capítulo 5: Prisión de Soledad
Hay un muro entre tu alma y el mundo, que puede ser de cristal o del cemento más puro.
Sakura hace muchos chequeos de realidad, pero tras tantas ilusiones the pesadilla, parece que al final está viendo cosas reales de nuevo. No un producto de su imaginación, no una burla de la paz que pronto se desangrará hasta convertirse en horror.
Su cuerpo y extremidades están recogidos en un ovillo — una protección inútil contra monstruos que no son reales, pero algo es algo. No tiene nada más a lo que aferrarse. Cuando empieza a doler, sale de la cama y empieza a practicar ejercicios básicos.
—Se te van a reabrir las heridas si sigues haciendo eso —gruñe un médico. La muchacha no le oyó entrar, lo cual es raro. Sakura lo ignora alegremente, negándose a mirarle. Es el mismo hombre que estuvo aquí hace un rato, con Riko y la vieja, severa mujer.
Se siente tan bien poder moverse, aunque su cuerpo sigue estando un poco entumecido, tras lo que parecen siglos de haber estado atada a la cama, retenida allí para observar las sucesiones de horribles visiones. No, no va a "descansar" en ningún momento del futuro próximo.
—Malditos ninja —musita el médico, logrando que Sakura haga una mueca divertida, pues entiende su frustración—. Soltadla, decían. Está demasiado débil como para moverse, decían. ¿Quién es el idiota ahora? —gruñe él en voz baja, tapándose la cara con las manos. Como si recordara que está en la habitación de un paciente, el hombre echa un vistazo a Sakura y añade—: Y por favor, señorita Haruno, vuelve a la cama antes de que tengamos que sedarte otra vez.
Impasiblemente, el hombre tose un poco y se limpia las manos en sus ropas, como si nada hubiera sucedido. Sakura Interna lo califica como "extremadamente profesional". Divertida, Sakura asiente y se sienta al borde del colchón, mirando al médico con curiosidad. Él parece sorprendido de que le haya hecho caso, pero de todos modos, se pone manos a la obra.
Su tarea consiste en comprobar el estado de la salud y vendajes de la muchacha, pero Sakura parece estar bien. Todavía tiene las marcas oscuras y serpenteantes en su piel, y su chakra parece ser incapaz de ir más allá de niveles mínimos, pero aparte de eso, está bien. Al menos, físicamente.
—Tienes mucha suerte por estar viva… no muchos logramos salir de ése infiermo —comenta el médico, frunciendo el ceño mientras hace las últimas comprobaciones.
Sakura inclina la cabeza hacia un lado, con la boca un poco abierta por la sorpresa.
—¿Tú también…? —inquiere la kunoichi, mirándolo a los ojos por primera vez.
Por desgracia, la cara es difícil de reconocer. El hombre también está vestido con el típico traje de médico de Yugakure, así que es aún más difícil averiguar de dónde procede. Sakura supone que no es muy extraño que si hay supervivientes de la Alianza Shinobi en Yu, están intentando ayudar a quien pueden.
El hombre asiente, con una expresión amarga en el rostro.
—Nos dijeron que un tipo poderoso se había vuelto loco. De nuestro bando, esta vez. Pilló a mucha gente por sorpresa… La razón por la que la mayoría de supervivientes son médicos ninja, es que nos trajeron hasta aquí, para curar a los que lograron salir de allí con vida. Por desgracia, no hay muchos —explica él, apartando la mirada y obligando a Sakura a sentir simpatía por el hombre. Los médicos ninja suelen ser los que se preocupan más por sus compañeros. Lo entiende casi demasiado bien.
—¿Cuál es tu nombre? —pregunta la pelirrosa, intentando sacarle de sus oscuros pensamientos. Él vuelve a mirarla, casi respingando, pero parece contento de tener algo de lo que hablar.
—Kiri Satō. De Kiri —responde, raudo—. División de Ataque Sorpresa —añade, tras un momento de duda.
—Sakura Haruno. Konoha, Tercera División.
Kiri agita una mano desdeñosamente.
—Tendría que ser un médico muy novato para no saber quién eres, señorita Haruno.
Notando su propio sonrojo, Sakura murmura algo así como "llámame Sakura". Kiri hace una mueca divertida, rodando los ojos y diciéndole que (por favor) se quede en la cama de una vez, por el bien de su salud.
—Antes de que me preguntes sobre otros supervivientes… Riko vendrá en un rato, para practicar su tonto juego de tres preguntas. Siento decir que no estoy autorizado a responderlas por ella —comenta, sacudiendo la cabeza en negación cuando Sakura está a punto de preguntarle de nuevo. Como médico ninja él, también, sabe que el bienestar de sus aliados y compañeros es la primera cosa en la mente de la muchacha—. Ella te traerá algo de comida. Asegúrate de que no te mueres mientras esperas —añade, antes de irse de la habitación.
Sintiéndose un poco mejor, Sakura se tumba de nuevo en la cama, suspirando. Su cuerpo se siente muy cansado y su chakra se niega tercamente a responderle. Aún así, es lo mejor que ha estado en mucho tiempo, así que pasa un rato inspeccionándose a sí misma cuidadosamente. Aunque no duda de las habilidades de los otros médicos, sabe que es mejor prevenir que curar. No quiere estar atada a la cama, siendo inútil.
No hay nada, aparte de pequeños moratones y heridas que están casi curadas. La muchacha recorre las líneas carmesí y negro que serpentean por todo su cuerpo, pero no parece que reaccionen al contacto con sus dedos. El sentimiento constante de frío—calor es un poco molesto si se centra en él, pero las marcas en sí no han cambiado.
Tampoco parece que sigan un patrón, aunque cubren la totalidad de su cuerpo, cara incluida. No son más anchas que un dedo, dibujando espirales y giros angulares en torno a su figura.
Sakura se arrastra fuera de la cama, caminando hacia una de las ventanas. Fuera, está Yugakure: un poco demasiado callado y vacío, pero normal. El terreno es ondulado, con pozos de agua humeante aquí y allá, sus casas construidas directamente sobre la roca de color rojo oscuro.
Donde no hay edificios, están los mismos grandes y claros árboles que había en el bosque que cruzó con Misho y Soma. Parece otro día como cualquier otro… el mundo parece tan pacífico como siempre, como si la guerra y la masacre que acabó con ella, nunca hubieran sucedido.
Alguien toca a la puerta, sobresaltándola y haciendo que se voltee hacia ella de inmediato. La familiar y gentil cara de Riko le regala su muy particular media sonrisa, y la mujer entra la habitación, arrastrando un carrito de comida tras de sí. Justo ahora, Sakura se da cuenta de lo hambrienta que está, notando que la boca se le hace agua. Es sólo comida de hospital, cierto, pero su estómago sigue estando dolorosamente vacío.
—Buenos días, Sakura —saluda la mujer, alegremente—. Te dejaré comer un poco y luego me puedes hacer tus tres preguntas —añade, arrastrando el carrito y una silla hacia la pelirrosa.
—Buenos días —responde la muchacha, ausentemente, asaltando la comida como si fuera un depredador particularmente glotón. Si Naruto estuviera aquí, estaría tan orgulloso…
Deteniendo ésos pensamientos inmediatemente, Sakura decide centrarse en masticar y tragar. Riko espera en silencio, mirando a través de la ventana hasta que su paciente acaba. Si encuentra algo extraño en la velocidad a la que come la muchacha, no dice nada. De algún modo, Sakura logra mantener algo de decencia y modales, a pesar de estar comiendo casi como una serpiente.
—Bueno… —murmura la muchacha, cuando acaba—. ¿Qué tal estoy, física y psicológicamente? ¿Qué… qué me falla? —pregunta, cuidadosamente.
Como si hubiera esperado este tipo de pregunta, Riko responde rápida y resumidamente.
—Físicamente, estás más o menos bien; todavía estás curándote, pero deberías estar recuperada pronto. Psicológicamente… me temo que no lo sabemos. No pareces estar bajo el efecto de una maldición, sello o genjutsu. Sin embargo, hay cosas que causan en ti alucinaciones violentas, tanto visuales como auditivas, y por ahora has sido incapaz de distinguirlas de la realidad. Parece ser que hay algo en tus memorias o percepción que lo está causando, pero no lo sabemos con certeza. Tampoco estamos seguros de cómo tratarlo todavía.
Sakura asiente lentamente, comprendiendo la implicación: enfermedades mentales. Pueden suceder a causa de experiencias traumáticas, y considerando que ha estado bloqueando ciertos pensamientos tanto como ha podido… la verdad es que tiene sentido que cuando hay un estallido o desliz, es increíblemente violento.
La muchacha ha experimentado depresión en el pasado, pero esto es mucho más peligroso. Lo único que puede hacer es es planear chequeos de realidad tan pronto como pueda, y ser muy cuidadosa respecto a atacar, si sintiera la necesidad de defenderse.
—¿Qué es esto? —pregunta la pelirrosa, señalando a las marcas oscuras en su piel, todavía llenas de gusanos de humo.
—Si te soy sincera, no tenemos ni idea —admite Riko, sonando un poco abatida—. Parecen estar interrumpiendo el flujo de tu chakra y la cantidad de éste que tu cuerpo puede almacenar. Estoy segura de que ya te has dado cuenta de esto. —Sakura asiente en silencio—. No parece que estén haciendo nada más. No sabemos qué son, ya que nuestros análisis no han dado buenos resultados. Si nos lo permites, haremos más pruebas para ver qué son. Necesitamos tu consentimiento, ya que como sabes, el proceso tiene sus riesgos.
—Consiento —replica Sakura, casi demasiado deprisa. Riko asiente, aprobando su decisión—. ¿Puedo empezar a ayudar? —pregunta la kunoichi, esperanzada y un poco desesperada—. Puede que no pueda usar mi chakra debidamente, pero puedo analizar a pacientes y aplicar remedios. Mi maestra se aseguró de que puedo hacer de todo —añade con orgullo. En secreto, también quiere encontrar a amigos o aliados, quizá incluso a la misma Tsunade. Sólo alguien a quien reconozca.
—Intentarás escaparte si no te lo permitimos —comenta Riko, más como afirmación que como pregunta. Sakura se siente mitad culpable, mitad orgullosa, sabiendo que la médico tiene razón. La mujer suspira y la mira pensativamente durante largo rato, antes de responder—: te permitiremos ayudar a nuestro personal mientras te recuperas. No hagas nada estúpido, ni trabajes demasiado, o no dudaremos en revocar este privilegio. Tu estatus sigue siendo el de paciente, pero ahora mismo necesitamos toda la ayuda que podamos recibir.
Sakura se reclina en su silla, estirándose. Son casi las dos de la mañana y sigue sin sentir un ápice de sueño. Echa una mirada hacia Misho, que está acurrucado en un rincón de la habitación, con uno de los perros que Yugakure utiliza para terapia. Se parecen demasiado a Akamaru, pero se está acostumbrando.
—¿Sigues despierto? —le pregunta al niño, frunciendo el ceño.
Misho la mira con los ojos rojos y cansados, asintiendo. El perro que está usando como almohada bosteza y le lame la cara. El chico abusa del hecho de que la habilidad de Sakura para prestar atención a más de una cosa es… bueno, bastante mala, y no deja de colarse en el laboratorio. Al final, la muchacha dejó de intentar mantenerlo fuera, dándole una almohada para sentarse.
Sakura mira los viales y placas en las que ha estado experimentando los últimos tres días, con el permiso de Riko. El bosque de Yugakure produce un hongo sedativo, cuyos efectos secundarios incluyen envenenamiento de la sangre tras ser ingerido durante un cierto tiempo. Quizá haya una manera de arreglarlo, pero por ahora, no ha habido mucho progreso.
Suspirando, la kunoichi se pone en pie y se arrastra hacia el niño. Perezosamente, el perro menea la cola para darle la bienvenida, mientras ella se sienta junto a Misho.
—Deberías irte a tu habitación, en serio —musita la pelirrosa, recostándose en el cuerpo peludo del canino.
El chico sacude la cabeza y se apoya en su hombro. Sakura cierra los ojos. Últimamente, ha estado un poco más recelosa de cercanía física a otras personas, pero logra tolerarlo con sólo una pequeña mueca, que el niño no nota. Hay tanto cansancio y ligero dolor en su cuerpo, que todo lo que quiere es descansar.
No puede obtenerlo, puesto que las pesadillas son tan comunes como siempre, así que en lugar de dormir, Sakura intenta mantenerse despierta todo el tiempo que puede.
Ausentemente, la muchacha retraza las líneas oscuras de chakra en su piel. Los gusanos siguen siendo difíciles de ver si no se centra en ellos, aunque otras personas parecen poder verlos perfectamente. Por ahora, se ha acostumbrado a la sensación de frío—calor que producen en su cuerpo, pero manipular chakra sigue siendo bastante problemático.
La respiración calmada del perro y su cálido pelaje la calman, y Sakura acaricia la cabeza del animal distraídamente. Está segura de que las criaturas son capaces de manipular chakra para ayudar a que otras criaturas se relajen. El simple hecho de estar cerca de ellos le provoca sentimientos que, aunque borrosos, son pacíficos.
Junto a ella, Misho está medio—roncando, habiendo perdido la batalla contra el sueño. La chica mira el relox: son las tres de la mañana. El tiempo pasa muy deprisa, a veces… Han pasado sólo cuatro días desde que le permitieron que ayudara en el hospital, y todo ha sucedido muy deprisa.
Sakura ha dormido, quizás, dos o tres horas en este tiempo. Sabe que no es bueno para la salud, pero el pensar en ver las pesadillas de nuevo la pone demasiado nerviosa. Incluso con medicina o métodos de chakra para noquearla, sigue teniéndolos.
Un movimiento súbito la sobresalta: Misho ha empezado a deslizarse por su hombro, acabando con la cabeza en su regazo. Sigue sin despertarse, pero Sakura no puede apartar la mirada de él, sorprendida. El chico parece bastante feliz en su sueño, abrazando la cintura de la muchacha como si fuera una almohada particularmente agradable.
"No me gusta, pero no quiero despertarle…"
—Eres demasiado buena —comenta una voz conocida, viniendo justo desde su lado. Sakura casi salta del susto, pero logra resistir el impulso. En vez de eso, la muchacha gira la cabeza hacia el poseedor de la voz: la muy familiar ilusión de Naruto.
La pelirrosa lo mira con malos ojos y siente la muy real tentación de darle un puñetazo. Él alza las manos defensivamente, como si pudiera leer sus pensamientos. Considerando que todo esto es un producto de su imaginación, no es sorprendente.
—Ey, ey, ¿no estás contenta de verme? Por favor, Sakura, no es como si te estuviera haciendo daño —explica, esbozando una sonrisa. Sakura aprieta puños y dientes. No es real.
Quizá, si lo ignora, se irá. La muchacha se prepara para realizar chequeos de realidad si la visión se vuelve peor, aunque también cabe la posibilidad de que haya caído dormida y esto sea solo un sueño. Uno muy convincente, pero la mayoría de los que tiene, suelen serlo: por eso es tan difícil distinguirlos de la realidad.
Notando la tensión en su cuerpo, Sakura respira lentamente para relajarse. La copia de Naruto no dice nada, aunque puede verle mirándola atentamente. Parece cansado, mas su expresión es difícil de leer.
—Estás solo en mi cabeza —murmura la chica, en voz baja. No sería divertido si alguien la escuchara hablando con el aire. Cierto, ha estado lidiando con Sakura Interna por mucho tiempo, pero esto es distinto.
—Bueno, sólo porque algo esté en tu cabeza, no significa que no es real —replica él, agitando la mano con desdén.
—Estoy viendo cosas porque me falta sueño —continúa Sakura, más para sí que para la copia de su compañero. Como recuerdo de que no es realmente él. No hay nada de que preocuparse, mientras mantenga la cabeza fría. Es más fácil decirlo que hacerlo, obviamente, pero es la mejor opción.
Naruto asiente, su expresión suavizándose un poco. La kunoichi debe admitir que es muy, muy convincente.
—Lo que pasa es que me estás viendo porque tu cerebro está muy… torpe, porque casi no has dormido. Así que podrías decir que estoy aquí para prevenir que veas cosas peores —explica la ilusión, lo cual no es nada nuevo para Sakura.
—¿Puedes callarte? —gruñe ella, de mal humor.
Naruto se encoge de hombros, reclinándose contra el muro.
—Vale, seré un buen chico, pero sólo porque se trata de ti, Sakura.
La chica no se molesta en responder, buscando la pluma de cuervo en sus bolsillos. No va a ningún lugar sin ella: cada vez que parece que la realidad se le escapa entre los dedos, es un buen punto focal para sus pensamientos. Bloqueando el resto y concentrándose en la pluma, Sakura suele ser capaz de mantener lo peor a raya.
Sujetándola entre los dedos, la chica practica ejercicios de respiración para poder mantenerse tranquila. Concentrarse requiere casi demasiado esfuerzo, pero es posible. El color oscuro de la pluma parece ir, poco a poco, envolviendo su mente, calmado y relajante.
Sakura tiene que parpadear varias veces para asegurarse, pero… ¿es cosa suya, o está empezando a expandirse? Como niebla, la oscuridad parece estar nublando su mirada. Está atrapada. Antes de que se dé cuenta, el mundo ha perdido su luz. Confundida, intenta mirar a su alrededor, pero no puede mover. Es imposible ver nada, aunque por alguna razón, no tiene miedo.
Tras un periodo de tiempo indeterminado, siente una presencia cercana a ella, aunque no puede verla. Algo le roza el hombro, suavemente, mientras un soplido de viento vuela a través del espacio vacío. Empieza a girar a su alrededor, y Sakura se da cuenta de que las cosas que le están acariciando la piel son plumas. Cada una de ellas parece tener un chakra único, causando una sensación diferente a la de las demás.
Hay susurros de voces familiares, dándole amor y ánimo, aunque sigue siendo doloroso oírlas. Un sueño no necesita monstruos para ser una pesadilla: Sakura ha aprendido ésa lección en las últimas semanas. Sigue sin poder ver nada, pero siente que la presencia se mueve, bailando entre las plumas, hasta que está enfrente de ella. La vaga silueta empieza a tomar forma, y entonces…
Alguien la sacude, arrodillado enfrente de ella y sujetándola por el hombro, gentilmente. El laboratorio está iluminado por la luz matinal, y Kiri está intentando despertarla. Sakura musita algo incoherente y lo empuja lejos de sí, frotándose las sienes. Qué sueño tan raro, incluso para ella.
La ilusión de Naruto ya no está, aunque Misho sigue usándola como su nueva almohada, durmiendo profundamente. Sakura parpadea varias veces y bosteza. El reloj marca las ocho de la mañana y puede oír los sonidos del hospital, empezando a ser más activo.
—Lleva al niño a tu habitación y reúnete conmigo en el comedor. Riko y yo tenemos que hablar contigo —susurra el ninja de Kiri, alejándose y cruzando los brazos sobre el pecho. Cansadamente, Sakura asiente y recoge a Misho del suelo.
El chico no parece darse cuenta, aún respirando como si estuviera casi roncando, pero no del todo. El perro tras ella se pone en pie y se estira, saliendo con ella de la habitación. El peso de Misho es muy ligero, piensa ella. De verdad es joven…
Si sólo supiera dónde Soma o sus padres están, para llevarlo con ellos. La chica no ha visto a ninguna de ésas personas desde que llegó al hospital, pero su mente ha estado demasiado nublada comp para preguntar. Es mejor dejar al chico en su habitación, que en el frío suelo del laboratorio, con almohada o sin ella.
La pelirrosa lo deposita en la cama y observa cómo el viejo perro se echa en el suelo. Como un enorme y fiel cachorro, parece haberle tomado cariño al chico. Sakura aún duerme en su habitación de paciente, puesto que sigue estando, técnicamente, ingresada. Duda que a alguien le importará si deja que Misho mantenga la cama caliente mientras ella no está.
Sakura camina hasta el comedor, donde encuentra a Riko y Kiri, sentados junto a una enorme ventana. Están charlando casualmente, y Sakura avista un plato lleno de comida y una silla vacía.
"Qué considerados," canturrea la Sakura Interna, probablemente sólo para recordarle que existe.
—Ey, hablando de nuestra chalada local —comenta Kiri, cuando la ve aproximarse. Sakura lo fulmina con la mirada, aunque con las marcas de la falta de sueño en torno a sus ojos, debe parecerse más a la mirada de un fantasma.
La kunoichi se sienta y echa un vistazo a la comida. Sus médicos fueron, en efecto, considerados: es todo comida de su agrado. Está acostumbrada a tener horarios muy desarreglados, pero con Kiri y Riko a cargo de su recuperación (física y psicológicamente), no van a dejar que se descontrole demasiado.
—Bueno — comenta Riko, agitando un par de palillos en el aire, con aire casual—. Mientras comes, te contaré los planes que tenemos para tu plan de recuperación, Sakura.
Al fin, la mujer ha empezado a hablarle con un aire menos formal… Aunque Riko la llamó por su nombre desde el primer día, se sentía un poco forzado. Extraño, puesto que la médico suele ser buena con las palabras.
La pelirrosa asiente con cansancio y empieza a forzarse a comer el desayuno, por mucho que su estómago se sienta como si acabara de tener un muy agitado viaje en una montaña rusa. Kiri chasquea la lengua y vuelve a su propia comida.
—Como sabes, tu condición está restringiendo el flujo de chakra en tu cuerpo. Bajo supervisión, vamos a empezar a hacer ejercicios con él. Hemos oído de tu proficiencia con el control de chakra y su manipulación, pero cuanto antes empecemos, mejor —explica Riko—. Puedes seguir ayudando en el laboratorio mientras tanto, y también intentaremos terapia psicológica para ver qué tal está tu mente. De este modo, quizá seamos capaces de encontrar una medicación adecuada para ti. Tus misiones parecen estar mejorando, ¿no es así?
Sakura asiente, porque de ningún modo va a decirle a Riko que hace unas horas, estuvo charlando con la imagen de Naruto. Sabe que está siendo tozuda, pero por ahora, todo va bien. Su prioridad es que la consideren sana lo antes posible y por ahora puede lidiar con las inconveniencias por su cuenta.
—Dicen que estás desarrollando paranoia… esquizo, más o menos —añade Kiri, ganándose una mala mirada por parte de Riko.
Sakura se divierte mucho viéndolos discutir el uno con el otro: la mujer lidia con los problemas de modo diplomático, mientras que Kiri suele ir al grano, usando casi demasiado sarcasmo. Suelen trabajar bien en equipo, pero sus personalidades chocan habitualmente.
—Respecto a eso… parece haber ciertas cosas que causan reacciones violentas en ti. El sentimiento de ser observada, de peligro constante… es posible que hayas experimentado un trauma muy profundo, lo cual es común cuando trabajas como shinobi, así que tendremos que trabajar en ello. Tu caso es un poco especial debido al estrés al que fuiste expuesta, pero con un poco de suerte, deberías de ser capaz de funcionar sin ninguna medicación especial. Sólo necesitarás algo de tiempo y terapia para recuperarte.
Sakura asiente de nuevo, ausentemente, empujando arroz alrededor de su plato. Nada de esto es nuevo, aunque al menos se siente bien saber las causas tras sus sueños y alucinaciones. Suele mantenerlos a raya con dosis sanas de racionalidad y analización. Puede que esto no sea un genjutsu directo, pero es como si estuviera lidiando con uno las veinticuatro horas del día.
—¿Seré capaz de entrenar? —pregunta, mirando a Riko. La mujer echa una mirada a Kiri, que apesta a habérselo esperado. No es como si Sakura estuviera preguntando algo raro.
—Una vez hayamos visto cómo funciona tu chakra, sí. Por ahora, lo mejor es que no utilices más de lo necesario —responde Riko, de forma algo mecánica.
Sakura asiente una vez más (parece haberse convertido en una de sus nuevas características, el evitar hablar) y echa un vistazo al exterior. Otro lindo día, en que se siente inútil. El impulso de hacer algo que ayude a la gente en lugar de robarles el tiempo, esfuerzo y atención, se está volviendo casi demasiado.
Ha sido una sensación constante desde que abandonó el campo de batalla; por mucho que le digan que es admirable y que simplemente debe recuperarse, sigue sintiéndose fatal. No puede evitarlo: puede echarse la culpa, fácilmente, de la masacre de demasiados shinobi.
Alguien le da un golpecito en el hombro, y Sakura sale de sus cavilaciones con un respingo sobresaltado. Sus dos compañeros de mesa la observan con una mezcla de preocupación médica y por simpatía. Kiri fue el que le dio un toque, sin duda: sabe el efecto que cualquier tipo de contacto físico tiene en ella, y lo usa para ayudarla a mantenerse centrada. La muchacha lo fulmina con la mirada todas y cada una de las veces, pero funciona.
—Sabes, has estado haciendo un buen trabajo con ése mocoso —comenta Kiri, reclinándose en su silla despreocupadamente y echando un vistazo a Sakura—. Misho.
La muchacha inclina la cabeza, confusa.
—¿...Sí? —replica, sin saber qué quieren decirle.
—¿No te parece un poco raro que haya sido tu nueva sombra desde que llegaste aquí? —pregunta Kiri, casual.
Sakura abre la boca, sorprendida. El hombre tiene razón, sin embargo: para un niño que admira a sus padres tanto, Misho seguramente querría haber estado con ellos, y no con una completa desconocida. A decir verdad, su habilidad para permanecer en este mundo y no pensando en cosas aleatorias… bueno, no es la mejor, por decirlo suavemente. Es irritante, pero no puede hacer mucho al respecto.
—Sus padres son dos de nuestros médicos más famosos —comenta Riko—. Y su hermano… bueno, es uno de los aprendices con más talento que jamás hemos tenido. Misho, por otra parte, no parece ser tan adecuado para estas tareas.
—Su control de chakra es horrible —gruñe Kiri, soportando la mirada ofendida de Riko como si nada. Él parece ser una de las únicas cosas capaces de sacarla de quicio—. Es fácil ser ignorado cuando tu familia entera está compuesta de prodigios.
Sakura asiente, entendiéndolo un poco mejor. De hecho, puede compararse con Misho: Kakashi es un genio y sus compañeros de equipo están a un nivel de poder no visto en siglos.
"Los que están vivos… oh, espera, ¡no hay ninguno!" reprime Sakura Interna, tan amargada como de costumbre.
—Lo que este… insensible está intentando decir —añade Riko, diciendo la palabra "insensible" como si implicara la mayor de las infamias, haciendo que Kiri sonría—. Seguramente, eres la única persona que ése chico tiene. Sé que no estás en la mejor de las condiciones, pero… podría ayudar a ambos, si sigues haciéndolo. —Ahora mira a Sakura, esperanzada y esbozando su típica media sonrisa.
—Sí… vale, supongo —replica Sakura, jugueteando con su ropa y mirando su propio regazo. A su manera, Kiri y Riko se han convertido en sus nuevos amigos. Lo hacen de forma sutil, pero se preocupan por ella y la ayudan más de lo que otros médicos harían.
—¡Ése es el espíritu! —Kiri alza un puño, radiante. Sakura logra ver el intercambio de miradas satisfechas entre él y Riko. Y por alguna razón, hace que se sienta un poco mejor.
—¿Ya no… están?
La imitación barata de arpía tras el escritorio le dirige una mirada que parece cuestionar la calidad de su cerebro.
—Por supuesto. No tenemos sitio para ninjas extranjeros, y ellos estaban en perfectas condiciones. Se fueron un día después de tu rehabilitación —informa, echando un vistazo a sus papeles—. ¿Algo más? —pregunta, con un tono que grita "lárgate de mi oficina si lo único que quieres es molestarme". Por alguna razón, Sakura puede imaginar a esta mujer maldiciendo como un marinero, mientras que mantiene un vocabulario muy elaborado.
—No, gracias.
Sakura sale de la oficina y se desploma en un banco cercano a la puerta, donde Misho está sentado, esperándola. Hay un perro, como de costumbre, acompañándole.
—¿Ha habido suerte? —le pregunta el chico. Sakura sacude la cabeza, desanimada.
—Los supervivientes de Konoha se fueron hace algunos días… y no tengo permiso para ver los archivos e informes de sus nombres —explica Sakura, conteniendo un bostezo y sobándose los ojos—. Sé que no hay muchos, pero… habría sido lindo poder verles.
Misho asiente, palmeando la espalda del perro con entusiasmo. El enorme animal sacude la cola, apoyando la cabeza en su regazo.
Sakura suspira, apoyando la cabeza en las manos. Intentó encontrar a los ninja de su aldea desde el primer día que pudo salir de su habitación, pero entre tratamiento, terapia, distracciones y ser vigilada casi todo el tiempo por Kiri y Riko, casi no ha tenido posibilidad de averiguar cómo. Y ahora, se han ido de vuelta a Konoha. Al menos, eso significa que están todos bien. Lo suficiente como para poder regresar.
Como un pensamiento en la parte de atrás de su mente, la muchacha también se da cuenta de que eso significa que Konoha aún existe. Sabe que Kumo fue completamente aniquilado, pero la situación del resto del mundo es bastante desconocida. Todo lo que se sabe es que Sasuke se desapareció como una tormenta particularmente destructiva, y ahora el mundo shinobi está intentando averiguar cómo sobrevivir.
Una cosa está clara: ninguna villa podrá recuperarse por su cuenta. Ahora es el momento en que se exterminarán la una a la otra o tratarán de figurarse cómo sobrevivir. Y a diferencia de Naruto, Sakura no está tan segura de que haya grandes posibilidades de un futuro prometedor.
"Y mira a dónde le llevó su creencia," susurra la Sakura interna. Como siempre, dando voz a las verdades más duras que no quiere admitir, con una voz venenosa.
—¿Volverás a Konoha? —pregunta el chico, sacándola de sus ensoñaciones. La chica sabe que él no quiere que se vaya, pues eso significaría que estará solo una vez más.
Misho la admira, como un hermano a una hermana mayor. Casi como una especie de héroe. Muchas veces, Sakura siente la tentación de romper una imagen tan idealista de ella, pero eso es demasiado cruel. No es algo que haría normalmente, aunque siente que por dentro, está empezando a desarrollar un odio amargo hacia el mundo.
—Necesito algo de tiempo para recuperarme. Acabo de conseguir mi plan de rehabilitación, esta mañana… aún pasará un tiempo, antes de que esté lo suficientemente bien como para volver a casa —replica Sakura, sacudiendo la cabeza.
La implicación está clara, y aunque el chico parece triste, parece entender. Tiene que ser ése tipo de persona, para estar tan solo y mantenerse tan amable. Le recuerda casi demasiado a Naruto, aunque este niño no tiene el todopoderoso deseo por volverse mejor, que su amigo tenía.
—¡Vamos, pues! ¡Tengo muchísimas ganas de verte hacer cosas con chakra! —...Es tan entusiasta como él, sin embargo. Misho salta del banco, cogiéndola de las manos y estirando para que se levante.
Sakura no puede evitar sonreír. El mundo sigue estando roto, y hay muchas cosas que están rotas y mal, tanto dentro como fuera de ella. Tanto miedo, duda y dolor. Pero sonríe, porque sigue habiendo cosas que valen la pena allá afuera.
Nota: seguimos con un capítulo de retraso. En fin... veremos si puedo arreglarlo. Comentarios de todo tipo son apreciados y mucho :)
