Nota: madre de Dios... recordadme que no vuelva a escribir 8.000 palabras de un tirón, ¿sí? Entre cansancio por cuestiones de salud y la longitud de esto, me he retrasado en publicarlo más de lo que querría... y me temo que la calidad podría ser un poco peor de lo normal, aunque no estoy segura. Por cierto: a partir de ahora las actualizaciones serán a dos por semana, en torno al miércoles y el sábado.
Nota 2: ¿qué carajo le ha pasado al formato? Lo siento, no sé por qué no me di cuenta. Arreglado, y gracias por avisar.
Desenmascarada - Parte 1: Recuperación - Capítulo 6: Capa de Oscuridad
Cuando te escondes en una telaraña de mentiras, el último de tus problemas es perderte en ella.
Sakura silba mientras sale de su habitación, casi dando saltitos de pura vivacidad. Se debe, en parte, a que por fin pudo descansar anoche (¡sólo una pesadilla!) y el café que logró colar en su desayuno. La verdad es que no se había sentido tan bien en mucho tiempo.
Y asimismo, también es porque hoy le han dado libertad. ¡Adiós, interminables días de aburrimiento en el hospital! ¡Hola, Yugakure! A Kiri y Sakura les costó mucho ganar el debate contra Riko, en favor de dejarla salir, pero al fin se le ha permitido algo de tiempo libre para que le dé el aire fresco.
—Ey, señorita ninja —saluda Misho, esperándola a la entrada del hospital. Los perros que suelen acompañarle no tienen permitido seguirle al exterior, así que por una vez, está solo. Sakura se ha dado cuenta de que siempre hay al menos uno acompañándole, aunque considerando que debe parecer un cachorrito perdido, no es sorpresa.
Sakura saluda con la mano, sonriente, y echa un vistazo al exterior del hospital. Qué ganas de poder salir… Para ser sinceros, ayer demostró que es capaz de desarmar a ninja de poco nivel sin mucho problema, así que andar no debería de ser un problema para ella. Riko ha perdido ésa excusa para permitirle caminar un rato.
—Te puedo enseñar un restaurante de lo mejorcito, si está abierto… y también hay un parque con vistas muy lindas. Te encantará —canturrea Misho, danzando a su alrededor.
Sakura le escucha mientras mira a su alrededor con curiosidad. Es un día soleado, cálido para lo típico de Yugakure en otoño, y el aire es refrescante, colmado de todo tipo de olores. Aunque la villa sigue estando mayoritariamente vacante de civiles, se siente viva.
Es una sensación extraña, pues si ignorase las voces que resuenan en su cabeza, Sakura casi podría empezar a dar saltitos de entusiasmo. Por la mayor parte, sus sueños siguen siendo los mismos y las ilusiones son escasas.
Casi siempre, se trata de personas que están definitivamente muertas, apareciendo silenciosamente donde no esperaría que estén. Teniendo todo en cuenta, no está mal. Sigue estando paranoica respecto a girar en una esquina y encontrarle a Él, pero la falta de noticias ha ayudado a la disminución de sus temores.
Y su cuerpo… aunque se siente eternamente cansada, los vendajes que la chica usa son en mayor parte para evitar fricción en sus marcas y cicatrices. Están curadas, sí, pero su piel insiste en mantenerse tierna y delicada.
Han pasado algunas semanas desde que fue encontrada, así que la falta de chakra le molesta. Normalmente, sería capaz de amasarlo, pero parece que no será capaz de volver a la normalidad fácilmente, si es que es todavía una opción.
"Me estoy curando… poco a poco, pero me estoy recuperando," cavila la muchacha, respirando lenta y calmadamente.
Sigue llevando las ropas que Misho y Soma le dieron, porque ir por ahí con ropa de hospital no era una opción. No cubren las marcas negras y carmesí de su piel más de lo que lo hacen las vendas, pero no le molesta demasiado.
La pelirrosa sale de sus ensoñaciones cuando se da cuenta de que pasa algo raro. ¿Una ilusión? No, todo parece bastante real. ¿Quizás un olor, un sonido…?
"¡El kunai más afilado de todos!" se burla Sakura Interna, cuando la chica se da cuenta de que Misho la está mirando en silencio, expectante. Oh, mierda… debe haber preguntado algo.
—Perdona, ¿qué has dicho? No te he oído —se disculpa la chica, maldiciendo lo fastidiada que está su capacidad de mantenerse atenta y alerta.
—Pregunté que si me puedes enseñar… algo —repite el niño, tan normalmente que Sakura se pregunta cuántas veces se ha distraído e ignorado frases enteras por completo.
O eso, o el niño es paciente. A Misho no parece importarle mucho, de un modo u otro: más bien al contrario, parece la viva imagen de la esperanza. Le recuerda a un cachorrito adorable, rogando para que le den comida.
Sakura había esperado este tipo de pregunta, cierto, pero sigue sin saber cómo responder. No es raro que los civiles sientan curiosidad sobre las técnicas ninja, pero la mayor parte de la gente preferiría rendirse debido a la cantidad de trabajo que requiere.
E incluso entonces, muchos ninja nunca pasan de los rangos bajos, simplemente porque les falta talento o inteligencia. Hay gente con un poder de voluntad que les permite superar éste problema, aquéllos que se niegan a rendirse y buscan sus propias maneras de lograr sus objetivos, pero son raros.
Misho, tristemente, no parece ser material shinobi. Podría ser un médico decente, si no fuera por su terrible control de chakra. No es que sea estúpido, tampoco, pero definitivamente no es un genio. Es demasiado pasivo como para ir a por el ángulo de la motivación. ¿Qué debería decirle? ¿"Lo siento, no eres lo suficientemente bueno como para ser ninja o shinobi, prueba de nuevo en tu siguiente vida"?
No, tiene que haber algo… el chico es amable y paciente, rebosante de energía. Incluso si tiene que estudiar despacio, tiene que haber algo que pueda hacer. Una sonrisa recorre las facciones de Sakura, pues acaba de tener una idea brillante. Misho está casi temblando de excitación.
—¿Cómo de buena es tu caligrafía? —pregunta ella, aparentando seriedad.
—Um… bueno. —El chico mira hacia abajo, sin saber cómo calificarla. Esta es, posiblemente, una de las últimas cosas que podría haber esperado como respuesta—. Es normal, supongo. La mayor parte de la gente puede entenderla sin problema —añade, mirándola con tanta esperanza como se atreve a tener.
—¡Perfecto! —determina Sakura, sonriendo y guiñándole un ojo.
Misho explota de alegría, no literalmente, todo risas y saltos alrededor de la muchacha. Ni siquiera le ha preguntado cuál es su plan, distraído por el simple hecho de haber sido admitido como estudiante de Sakura. Su entusiasmo no disminuye durante el resto del día, mientras caminan por la pacífica Yu.
Conforme los ninja de la Alianza se marchan a sus respectivas aldeas o países, los civiles vuelven de sus refugios. Definitivamente, hay más gente que cuando Sakura llegó. Se hace todo de forma ordenada y metódica: dependiendo de su rango social y sus trabajos, la gente es devuelta a sus hogares antes o después.
A estas alturas, la mayoría de tiendas básicas, bares y restaurantes están abiertos, para la alegría de Misho. Sakura no quiere darse mucha rienda suelta respecto a la comida; su estómago sigue negándose a aceptar demasiada. Y además, si volviera al hospital con problemas causados por glotonería, Riko la mantendría castigada en el hospital por quién sabe cuánto tiempo.
Todas ésas ideas son olvidadas casi de inmediato cuando encuentran un puesto de umeboshi con arroz, oliendo como si alguien acabara de traerlo del mismísimo Cielo. Sakura siente que la boca se le hace agua, hasta que se da cuenta de un pequeño problema: no tiene dinero. Nada, ni una monedita.
"¿A quién demonios se le ocurriría llevar la billetera a una guerra?" se queja Sakura Interna, amargamente, en mayor parte porque la comida tiene muy buena pinta.
El aura de la pelirrosa se vuelve oscura inmediata, sus hombros caídos y mirada triste reflejando el impacto de su descubrimiento. No sólo la comida está fuera de su alcance: sin dinero, no puede comprar equipamiento de ninja. Mierda.
De pronto, un plato humeante de umeboshi con arroz es puesto bajo su nariz, asustándola. Sakura da un salto hacia atrás, mirando a su alrededor en pánico. Inocentemente, Misho se rasca la parte de atrás del cuello, alzando el plato de comida.
—Kiri y Riko sabían que eres un poco pobre ahora mismo —comenta el chico, silbando casualmente—. ¿Te vas a comer esto o puedo decirles que te sentías un poquito enferma? —añade, mirando a la comida con hambre lobuna.
"¿Es un glotón?" gruñe Sakura Interna, con la mandíbula caída y un ligero tic en el ojo. "Sabes, creo que se me ocurre un modo de pagar por el susto que acaba de darnos, ¿no crees?" añade, sonriendo malévolamente.
La pelirrosa sacude la cabeza, sonriendo con agradecimiento y acercándose a recoger el bol de comida.
—Muchas gracias, Misho. —La chica se agacha y le planta un beso en la frente al niño, alejándose de nuevo para observar su reacción.
Pasan unos segundos para que su acción se registre en la mente de Misho, que mira hacia hacia adelante con la expresión en blanco. Entonces, la piel de su cara se vuelve roja como la de una cereza, recordándole a Hinata ("No recuerdes, no recuerdes...").
El niño empieza a tartamudear y murmurar en voz muy baja, mirándola como si acabara de encontrar el final del arcoiris, con los ojos como platos y las piernas temblorosas.
Sakura suelta una carcajada, doblándose por la cintura y haciendo equilibrios con el plato de umeboshi en una mano. Esta reacción es algo que no va a olvidar en mucho tiempo. Incluso el el hombre de mediana edad a cargo del puesto de comida está riéndose con discreción. Al final, la kunoichi acaba limpiándose lágrimas de los ojos, tratando de sobrevivir un arranque de tos.
Misho sale de su atontamiento y está al lado de la muchacha en un instante, para ayudarla a mantenerse en pie y sujetar el problemático bol de umeboshi. Sakura aprieta las mandíbulas, respirando con dificultad y apretando los puños, con los ojos cerrados.
—Oh… eso tiene mala pinta —murmura el niño, junto a ella, justo cuando Sakura siente un sabor metálico en la boca.
Apoyando las manos en las rodillas, la pelirrosa abre los ojos, su mirada encontrándose con una mancha de sangre en el pavimento de la calle, justo delante de ella.
El vendedor de umeboshi se apiada de ella y le ofrece un vaso de agua, que la chica bebe rápidamente. Sintiéndose un poco mejor, le da las gracias al hombre y gesticula a Misho para que continúe guiándola por la villa. El chico la mira con preocupación, pero obedece.
—¿Seguro que estás bien? Sakura asiente, cogiendo una bola de umeboshi y arroz tentativamente. Sabe tan bien como huele. Es muchísimo mejor que la comida del hospital. Ignorando el vago dolor en su pecho y garganta, la chica coge otro de los bocados de comida, intentando saborear cada pedacito.
Se dirigen al parque cercano del que habló Misho, un jardín para picnics lleno de arbustos aromáticos y árboles finos y elegantes. Es un contraste grande, comparado al resto del paisaje, pero es tranquilo y silencioso. Sakura se sienta con el chico bajo la sombra de un árbol particularmente agradable, compartiendo el pequeño bol de comida.
Sakura se obliga a relajarse: las probabilidades de enemigos escondiéndose tras los arbustos son bastante pequeñas, sin importar lo que su sentido constante de alerta le diga. La muchacha ignora el impulso constante de prestar atención a los pensamientos que la trajeron hasta aquí. Sabe que si se rinde, le costará demasiado tiempo procesarlo todo.
Está el dolor por la pérdida y la tortura por las que ha pasado, el miedo causado por la soledad e incertidumbre. Y encima de todo eso, una enorme y pesada capa que grita "desesperación". Quizá cuando vuelva a casa, habrá alguna posibilidad de que las cosas mejoren. Por ahora, su única opción es bloquearlo todo: mentalmente, se imagina a sí misma agarrando todos ésos pensamientos y emociones, comprimiéndolos en una pequeña esfera y arrojándolos a un lado.
Cuando vuelva a casa, cuando ya no tenga que pretender que todo está bien… sólo entonces, Sakura se permitirá lidiar con el lío que se ha formado en su cabeza. Por ahora, la única opción es tratar de recuperarse tanto como pueda, hasta que sea capaz de volver a Konoha por su cuenta. Es lo único que le queda.
"Nunca he sido una buena mentirosa,' se dice, observando las pequeñas bandadas de pájaros que vuelan entre los árboles. Si no fuera por el frío y los colores pardos del próximo invierno, el paisaje sería realmente hermoso. "Pero puedo pretender… sólo por un poquito. Bloquéalo… no recuerdes, Sakura, eso es todo."
La chica casi quiere usar la palabra "creer" en sus cavilaciones, pero siente que si lo hiciera, la hipocresía sería demasiado grande. Sí, este es su plan: la pelirrosa tendrá que entrenar tanto como pueda, sólo para poder volver a casa antes de que se le caiga el mundo encima.
Más o menos una hora después de que lleguen al parque, Misho rompe su burbuja de pensamientos y preocupaciones, preguntando si quiere volver ya al hospital. En lugar de su típico asentimiento, callado e inseguro, Sakura le responde con una sonrisa entusiasta.
—¡A entrenar! —canturrea, poniéndose en pie de un salto. La muchacha ignora el ligero pinchazo de dolor en sus piernas y el siempre presente sentimiento de que alguien, justo fuera del alcance de sus ojos, la está espiando.
—Hostia...
Sakura sonríe, jadeando ligeramente. Sujetando sus dos kunai delante de sí, está lista para empezar a desviar armas en un instante. No son de verdad, por supuesto: la mayoría son bolas y palos de goma, lanzados hacia ella con la misma fuerza de armas arrojadizas de verdad.
Riko toma notas calmadamente, mientras Kiri le da ánimos. La mayoría de sus oponentes son ninja de Iwa, los cuales no le gustan mucho, así que el hombre se siente bastante contento de ver cómo Sakura les da una paliza sin esfuerzo alguno.
La boca de Misho está muy abierta: esta es, probablemente, la primera vez que ha visto a un ninja en acción. Habiéndose quedado sin palabras de asombramiento, ha pasado a usar palabrotas.
—Suficiente por ahora —decreta Riko, soltando sus notas y dando una palmada. Sakura asiente, quitándose sudor de la frente y haciendo una pequeña reverencia a su oponente.
El pobre hombre se ha pasado la última hora intentando darle con todo tipo de proyectiles de goma, pero ha fallado miserablemente. La expresión confiada que tenía cuando Sakura entró en la sala de prácticas desapareció después de unos cinco minutos de no ser capaz de darle una sola vez.
—¡Eso ha sido jodidamente genial! —exclama Misho, saltando a su alrededor como un perrito sobreexcitado. Sakura le sonríe.
La chica practica varios ejercicios para prevenir que sus músculos le duelan luego y se sienta junto a Riko.
—¿Qué tal ha estado para una primera sesión? —pregunta, cuando ha recuperado el aliento por completo.
Su cuerpo entero se siente agitado por la energía que lo recorre. No había hecho ningún tipo de ejercicio serio en unas tres semanas, y aunque Tsunade se reiría de ella si se atreviera a llamar a esto "trabajo intenso", se siente contenta con el resultado.
Es cierto que practicó su movimiento y velocidad desarmando oponentes ayer, pero este es el primer entrenamiento de verdad que ha tenido la oportunidad de hacer.
—Admirable —responde Riko, y Kiri parece contener una risilla—. Has sido entrenada para luchar en condiciones de poco chakra, ¿me equivoco?
Sakura asiente, recordando que para alcanzar este nivel, recibió muchos, pero que muchos golpes primero. Es cierto que el hombre al que se enfrentó no se lo puso muy difícil, porque su cuerpo no está, ni de lejos, cerca a su potencial completo y ella no ha entrenado en un rato… pero sigue siendo bastante bueno.
—Mi maestra me ensenñó a luchar incluso exhausta de chakra. Como médico… en una situación de alto peligro, es posible que no tenga mucho para defenderme a mí misma. Ser capaz de evitar los peores golpes es la clave.
Riko inclina la cabeza hacia un lado, y tras sus ojos almendrados, Sakura puede ver un destello de admiración real. Sí, Tsunade era el tipo de mujer que te arrojaría a un precipicio, gritándote que te las apañases como pudieras para sobrevivir a la caída. Por experiencia, la pelirrosa sabe que es un ejemplo bastante cierto.
Misho sigue saltando a su alrededor y parloteando sobre esto y eso y aquello, todo sobre "cosas guays", ganándose un golpe en la parte de atrás de parte de la cabeza, por parte del ninja de Kiri. Ésos dos suelen pelearse frecuentemente, puesto que el hombre no es lo suficientemente bueno como para comportarse tan suficientemente, en la opinión del niño.
Sin embargo, cuando el chico cae dormido en sitios aleatorios, es Kiri quien le cubre con mantas. Sakura se siente un poco mal por estar demasiado distraída y no darse cuenta muy a menudo.
Hoy es su gran día. La kunoichi practicará distintos tests para saber cómo de bien está su cuerpo. Ninjutsu es algo que no puede hacer debido a sus limitaciones, pero taijutsu y disipación de genjutsu están a su alcance. Riko quiso probar sus habilidades antes de ir a las "cosas serias", aunque a juzgar por su mirada, la médico está bastante impresionada.
"Gracias, Maestra," murmura Sakura en su mente. Tsunade la entrenó muy duramente y es gracias a eso que, sin importar cómo de fastidiado está su cuerpo, es capaz de dar algo de guerra en combate. Cierto, no es nada comparado con lo que otros ninja podrían hacer… pero no significa que no es nada.
El chakra en ella casi duele, fluyendo al límite a través de ella. Las marcas de los filamentos de chakra parecen estar quemándole la piel más que de costumbre, claramente visibles, tratando de comerse el exceso.
La chica intentó limitar su uso de chakra durante su ejercicio, pero es natural para los ninja el utilizarlo para amplificar el potencial de sus cuerpos. Está tan acostumbrada a moldearlo a su voluntad, que requiere algo de concentración evitarlo. Es como si hubiera una gruesa red a su alrededor, impidiendo movimientos completos.
Así es como se lo describe a Riko, cuando la médico le pregunta las cuestiones requeridas. Sakura es juzgada apta para proseguir con las pruebas, así que pasan al taijutsu. Su oponente, una médico ninja de Iwa, la mira con sospecha, habiendo visto sus habilidades para esquivar unos doscientos proyectiles de goma.
La pelirrosa y su oponente de práctica se miran con cautela, desde lugares opuestos del área de práctica. La sala es amplia y abierta, similar a un gimnasio. Suele usarse como método de terapia para pacientes, justo como Sakura está haciendo ahora mismo.
—Akira, Sakura, podéis empezar. —La voz de Riko se hace eco hacia ellas, y Sakura no se lo piensa dos veces para hacer el primer movimiento.
Esprintando hacia la kunoichi de Iwa, la pelirrosa intenta evaluar los puntos fuertes y débiles de su oponente. Una cosa de las distintas aldeas son sus estilos de lucha - en Iwa, suelen enseñar a defender, contraatacar y mantener una posición fuerte, como una roca.
Atacando primero, le está dando a Akira la ventaja. Para asegurarse de que su sospecha es correcta, sin embargo, tiene que hacer que la otra chica se mueva.
Akira espera hasta el último momento, su mirada centrada en Sakura, quien le lanza una patada lateral para ver qué tal están sus reflejos. La postura de la kunoichi de Iwa es buena, pero sus movimientos no son muy fluidos.
Logra bloquear con una mano, pero la fuerza del golpe la lanza hacia atrás. Sakura ve la sorpresa en el rostro de la otra kunoichi, sólo por un instante, mientras se observan desde su recuperada distancia.
Esta es una cosa que Tsunade le contó: el uso constante de chakra para mejorar la fuerza del cuerpo acaba por fortalecer éste y el flujo de chakra. Aunque limitada en esto último, Sakura sigue siendo mucho más fuerte de lo que aparenta. Y obviamente, Akira no se lo había esperado, mirándola ahora con nuevos ojos.
La pelirrosa ha notado que esta chica no es muy rápida, así que decide arriesgarlo y corre hacia ella de nuevo. Un buen ninja nunca utiliza el mismo truco dos veces: en el último segundo, cuando Akira prepara un contraataque hacia su pecho, Sakura hace una finta hacia el lado y salta sobre su oponente, golpeándole el hombro en el proceso, con dos dedos de la mano izquierda. El estirón en sus músculos duele bastante, pero el esfuerzo vale la pena.
El brazo derecho de Akira cae a su lado, inutilizado por el golpe preciso de Sakura, pero el ataque no ha acabado aún. La chica es lo suficientemente rápida como para agacharse y darse la vuelta, con una patada de barrido, aunque Sakura ya había esperado este método de contraataque. Akira había esperado que abusara del hueco en sus defensas y atacara su espalda expuesta… pero eso habría sido demasiado obvio.
En lugar de esto, Sakura aterriza justo fuera de su alcance y salta sobre la patada, dándole un puñetazo a Akira justo en el centro del estómago, puesto que su defensa está centrada en proteger su otro hombro. La kunoichi es lanzada hacia atrás varios metros, rodando por el suelo y acabando echada sobre un costado.
Tsunade se dio cuenta de que el éxito de Sakura en la Academia, genjutsu y control de chakra se deben a su habilidad para encontrar y seguir patrones. Cuando lucha, la pelirrosa utiliza lo que es el estilo opuesto del caos que Naruto causa. Pero sabiendo de ésta habilidad, la chica es capaz de causar tanto o más caos que él, sólo que de un modo distinto.
Ella fue entrenada para utilizar sus habilidades y analizar rápidamente el estilo de lucha de un enemigo, las características de una herida o una situación que requiere pensar muy deprisa. Lo tiene fácil para encontrar patrones y contraatacar en base a ellos, encontrando los huecos y errores que le permiten golpear donde más duele. Y a juzgar por el gruñido de dolor de Akira, acaba de lograr justo eso.
La pelirrosa se dio cuenta de que el modo en que su oponente se movía, indicaba dos cosas: uno, sus brazos no son muy fuertes y Sakura probablemente le hizo daño con su primer golpe. Y dos, Akira no se movía demasiado, incluso para ser una kunoichi de Iwa. Ya que sus piernas parecían sanas, Sakura miró hacia su torso.
Allí lo vio: un punto vulnerable, en forma del bulto de vendajes bajo la ropa. Un golpe bajo, pero funcionó.
—Ya es suficiente —ordena Riko, sacándola de sus pensamientos. Tanto ella como Akira se vuelven hacia la médico en un instante, que a su vez mira a la pelirrosa con interés.
—Enseguida, deja que arregle eso —dice Sakura, asintiendo y trotando hasta la otra kunoichi, que alza el bravo inmovilizado desde el suelo.
Un toque rápido en su hombro más tarde, Akira es despedida del entrenamiento y Sakura vuelve junto a los dos médicos y Misho.
—¿Qué tal estuve? —pregunta ella, sentándose junto al niño.
—Depende… ¿te dolió cuando le golpeaste el hombro? —pregunta Riko, golpeteando sus apuntes con el bolígrafo.
Sakura niega con la cabeza, dirigiendo su mirada hacia su mano. Si los brazos de Akira no hubieran sido tan débiles, habría sido incapaz de inmovilizarlos de esta manera. Fue arriesgado y casi sobrepasó el límite de lo que puede hacer ahora mismo, pero probar es la única manera de averiguar qué puede hacer y qué no.
—Usaste una cantidad de chakra muy exacta para alterar el flujo del suyo. —Sakura asiente, sin saber en qué está pensando Riko—. Eso significa que sigues teniendo un control importante sobre tu chakra, más de lo que mucha gente logra tener. Lo suficiente como para bloquear su chakra sin acabar exhausta.
—Lo que ella quiere decir es que normalmente cuesta mucho esfuerzo inhabilitar a gente de ésa manera, mas con tus limitaciones, lo has hecho sin pestañear —añade Kiri. Riko asiente—. Nadie ha oído hablar de algo así.
—Tsunade me dijo que es la manera en que controlo el chakra. No tengo mucho, así que me enseñó a usarlo adecuadamente. Sus planes para mí… eran hacer que tuviera grandes reservas a través del sello en mi frente. Eso habría ayudado con mi poca resistencia —explica Sakura, señalando el rombo púrpura.
—Ya veo… los Sannin son legendarios por alguna razón, supongo. Trabajaremos en ejercicios de control, Sakura, para ver si podemos buscar una manera de esquivar tus limitaciones actuales.
Riko llama al siguiente oponente de Sakura, un hombre pequeño que debe hacer sus pruebas de genjutsu. Poniéndose en pie, la kunoichi se acerca a él y espera. Nada cambia en la postura casual y relajada del hombre. La habitación permanece igual. Sin embargo… poco a poco, ilusiones de creciente complejidad empiezan a filtrarse en la escena.
"Puede crear ilusiones sin sellos…"
La primera es una bandada de pájaros, rompiendo las ventanas y volando hacia Sakura, con la intención clara de hacerla pedazos. Un simple "kai" detiene el poco convincente genjutsu. Los que siguen empiezan a ser un poco mejores: desorientación, oscuridad, verse transportada a lugares distintos y puesta en situaciones de peligro…
Funciona perfectamente, hasta que una voz familiar suena en los oídos de Sakura. El muro de seguridad que construyó a su alrededor se hace pedazos en un instante, y ella se da la vuelta en el familiar suelo polvoriento del campo de batalla. El cielo está nublado, el fiero viento recorriendo la tierra muerta, llevando consigo gritos de dolor y agonía.
La muchacha mira hacia abajo: sus pies están manchados de sangre, que fluye en pequeños riachuelos, creando charcos en las partes bajas del terreno. Hay pedacitos de carne y partes de cuerpos humanos esparcidas en el líquido… pero lo que le llama la atención es la voz que pronuncia su nombre. No puede moverse, inmovilizada de pronto por cientos de hilos de chakra, negros y púrpura, quemándole la piel.
Enfrente de ella, Sasuke alza una imagen de Naruto en su niñez, sujetando su espada contra la garganta del chico. Sus cuerdas vocales han sido arrancadas y ahora el rubio se ahoga en su propia sangre, retorciéndose y tratando de darle patadas a su agresor.
—Ríndete, y dejaré que se vaya —gruñe el Uchiha, apretando la garganta de Naruto un poquito más. No hay emoción alguna en él, un ojo brillando morado y el otro rojo, ambos centrados en ella.
—¡Nunca! —Sakura grita, sintiendo su propio miedo y dolor, haciéndola temblar de cabeza a pies. Una fiera determinación parece recorrerle la sangre. Porque, sin importar cuánto duele, no puede rendírsele a él. Eso estaría mal en mil niveles distintos.
—Oh, no me digas. Pensaba que lo querías —Sasuke se burla de ella, sujetando a Naruto con aún más fuerza. La cara del muchacho se está volviendo un poquito azul—. Que tú me amabas —añade, mirando más como un demonio, que como un humano. Una fuerza brutal de la naturaleza, traída aquí sólo para enseñarle a Sakura su lugar en el mundo: allá abajo con todos los inútiles que sólo saben fallar.
Es cierto: Sakura quiere rendirse más que nada en el mundo. Lo que sea, para salvar a Naruto. Para prevenir más de esta carnicería sin sentido. No, tiene un propósito… es una tortura, un infierno personal, sólo para ella. Para la chica que no quiere ver a nadie herido. Y ahora, ya no queda nadie a quien proteger. Sólo puede observar.
El rubio la mira, implorándole algo con sus ojos enrojecidos. Él nunca querría que se rindiera, incluso si le cuesta su propia vida. Naruto cree en ella… y lo mismo se puede decir de muchas otras personas. Pero duele tanto que se siente como si su cuerpo estuviera en llamas. Y no puede moverse. No puede hacer nada.
Sakura intenta romper los hilos de chakra, pero éstos le queman la piel en señal de aviso, impidiéndole moverse. La risa cruel de Sasuke es todo lo que oye, cuando una ola de agua se abalanza sobre el campo de batalla y arrastra todo consigo. Parpadeando confusamente, la chica mira a su alrededor.
Kiri está sujetándola con un jutsu de agua, intentando mantenerla contra un muro, mientras su cuerpo tiene espasmos violentos, pues la pelirrosa sigue intentando luchar contra los hilos de chakra.
—¡NO ES REAL, SAKURA! —grita el hombre, obviamente teniendo dificultades para mantenerla en su sitio. El agua sisea, humeando y nublando la visión de Sakura. Tarda varios segundos en registrar, pero al final se da cuenta: no es la voz de Sasuke, riéndose de su nombre. Él no está aquí.
De inmediato, Sakura deja de moverse, y el agua de Kiri logra envolverla por completo, una esfera comprimida de líquido que le impide moverse casi por completo. El cuerpo entero de la kunoichi parece estar fundiéndose, el latido de su corazón y respiración, agitados y rápidos.
Hay voces que no puede entender, y Sakura es liberada, cayendo al suelo en medio de un charco de agua casi hirviente. La pelirrosa intenta ponerse de rodillas, aunque alguien es veloz en tratar de sujetarla. La chica casi lanza una cantidad peligrosa de chakra para aplastar la garganta de ésa persona, antes de darse cuenta de que es Misho.
Sakura no puede entender una sola palabra de lo que él está diciendo, aunque alguien lo aparta de ella y la kunoichi cae al suelo una vez más. Ella trata de mirar a su alrededor y figurarse qué está pasando.
Hay una multitud y grandes manchas de sangre a lo largo de la pared opuesta a ella. Kiri está sujetando a Misho, quien está gritando con toda la fuerza de sus pulmones. Riko acaba de agacharse al lado de Sakura.
La muchacha rueda hasta apoyarse sobre un costado, notando que su cuerpo entero duele y quema. Las marcas de los hilos de chakra están echando humo y aprietan más que nunca… casi se siente como si el mismísimo Sasuke estuviera sujetándola. De nuevo. Apretando los dientes, Sakura mira a la médico, que intenta evitar ponerse demasiado cerca.
—Estás a salvo —le susurra Riko, agachándose hacia ella. Sakura respinga, intentando arrastrarse lejos de ella, pero su cuerpo no le responde. La mujer nota su temor, así que detiene su mano antes de que toque la piel de Sakura—. No voy a lastimarte, Sakura, te lo prometo —murmura, con una expresión calmada que da bastante credibilidad a sus palabras—. ¿Puedo tocarte?
La pelirrosa niega con la cabeza fervientemente, sintiéndose mareada. El mundo se ve borroso, danzando en frente de ella y a su alrededor, haciendo que sienta náusea. Cierra los ojos, intentando averiguar qué está pasando.
—¿No puedes sedarla? —ladra Kiri, su voz muy cansada, como si acabara de hacer un esfuerzo enorme. Probablemente, a causa del enorme jutsu que usó para retenerla. Prisión de Agua, ¿no es así? Claro que está cansado… es mucha agua… y ahora está convirtiéndose en vapor, subiendo hasta el techo en espirales, haciendo el mundo ardiente y difuminado.
—La verdad es… no sé qué efecto podrían tener mis drogas o chakra —replica Riko, calladamente.
Sakura logra encogerse en un ovillo, sintiéndose un poco más segura. Le cuesta hasta la última gota de fuerza que le queda, sin embargo, y el mundo a su alrededor se vuelve distorsionado e irreconocible. Algo aterriza en su mejilla… algo suave y familiar. ¿Una pluma?
De pronto, Sakura se encuentra sentada junto a su propio cuerpo, mientras una nube de plumas de cuervo gira en espirales a su alrededor, a pesar de la falta de viento. Riko ha empezado a sacudir su cuerpo y Misho grita aún más fuerte, tratando de liberarse de Kiri.
Hay un enorme charco de sangre y agua caliente, y la multitud está alrededor de su cuerpo y de un hombre pequeño, que parece estar herido, echado en el suelo. Sakura le reconoce como el hombre que le hizo las pruebas de genjutsu. ¿Qué le ha pasado?
"¿Estoy muerta?" se pregunta, mirando a su alrededor en busca de elementos que puedan darle alguna pista. A excepción de las plumas que nadie parece ver, todo parece estar bien. No se siente como si estuviera en un genjutsu, lo cual sigue resultándole extraño.
—Nah. —Sakura gira la cabeza hacia la imagen de Naruto. El chico ha aparecido de la nada y se ha sentado junto a ella—. Casi, pero no.
Aunque no le gusta la idea de hablar con sus propias alucinaciones dementes, Sakura supone que no dolerá hacerlo esta vez. Al menos, para hacerse una idea de qué diablos está pasando. Como Sakura Interna, Naruto parece ser más consciente de lo que está pasando, que ella. Como si el chico supiera las preguntas que la pelirrosa quiere formular, empieza a explicar por su cuenta.
—Bueno, sabes que tu chakra es bastante limitado, ¿no? —Sakura asiente—. Para que te hagas una idea, es como si tuvieras una red de oscuridad a tu alrededor, para evitar que crezca más de lo mínimo que necesitas para vivir. Tú… bueno, acabas de intentar hacer que la red explote. Y, bueno… digamos que eso hizo que se cerrara todavía más a tu alrededor. Así que estás viva, pero sólo porque una pequeña parte sigue en tu cuerpo.
Sakura le echa un vistazo al recipiente de su espíritu, entendiendo. Esta es la primera vez que ha visto su cuerpo en bastante tiempo, así que se toma varios momentos para observarse a sí misma. No es lindo… la mayoría de su masa ha desaparecido a causa del hambre y el cansancio, y hay todo tipo de cicatrices de colores, desde cortes a puñaladas, cubriendo la totalidad de su piel. Además de eso, están las líneas negras de chakra corrupto, humeando con energía que le están robando.
Parece… rota. Como si el hecho de que esté de una pieza es puro milagro. Tan agotada y débil, casi como una niña. Es triste y patético, tan distinto de la persona fuerte en que intentó convertirse a través de su entrenamiento. No una kunoichi, sino sólo una chica de diecisiete años que apenas logró sobrevivir una guerra y una masacre.
—Por si te lo preguntas, te recuperarás en cuanto tengas un poco más de chakra. No debería tardar mucho tiempo —Naruto añade, mirándola de reojo—. Estoy aquí para mantenerte segura mientras no puedes defenderte —añade, sacando pecho.
—Así que eres como… ¿Sakura Interna? —pregunta ella, considerándolo como algo de importancia por primera vez. Hasta ahora, todo lo que él había sido era un producto sucio de su imaginación, algo que empujar lejos de sí como una plaga.
—Oh, no… pero vaya temperamento tiene… —gruñe Naruto, como si recordara algo particularmente doloroso. Parece que quiere decir algo de lo que se arrepentirá, pero logra contenerse—. Sabes, cuando la gente se va… dejan una marca en el mundo y en otras personas. Como ondas en un charco, o algo así. Podrías decir que soy tu… ¿onda en el charco? —intenta explicar, tentativamente—. Vaya, eso suena horrible —se ríe.
—Sé a qué te refieres —comenta Sakura, casi sonriendo. Si esto es una marca de Naruto… es muy parecida al original.
El chico suelta una carcajada, frotándose la parte de atrás de la cabeza. Como en muchos de sus extraños sueños y pesadillas, Sakura decide que lo mejor que puede hacer es cerrar los ojos y esperar a que se vaya. Tanto si es real como si no, no puede hacer nada. Intentó luchar contra las ilusiones y no funcionó, así que duda que algo haya cambiado ahora.
Obviamente, se siente indefensa, pero no hay nada que hacer al respecto. Por mucho que intentó mejorar, hay limitaciones. No se pueden borrar las cicatrices de una mente, sólo aprender a evitarlas. Y además, cuanto menos hable con sus propias ilusiones, mejor.
—¿Qué serán todas ésas plumas? —se pregunta Sakura en voz alta, sintiendo el roce de una de ellas en el brazo.
—Ah, esas… ¿recuerdas a Itachi? Quiero decir, ¿el Itachi? —replica Naruto. Sakura asiente, sin molestarse en levantar la cabeza—. Digamos que las plumas son la onda que dejó en ti. Es como… un genjutsu en tu mente. Te protege, como yo. Itachi… se le dan bien las ilusiones, así que él hace eso.
Sakura frunce el ceño, su mente funcionando a toda velocidad para poner todas las piezas del puzle juntas.
—-Espera… —murmura, aunque cuando busca la imagen de su compañero de equipo, él se ha esfumado.
La pelirrosa mira a su alrededor, pero Naruto ha desaparecido por completo. Probablemente porque es sólo una imagen construida por su propia mente, y esta es una manera muy fácil de evitar responder a sus propias preguntas. Sakura nunca ha conocido personalmente a Itachi Uchiha, así que duda que él pudiera influenciar su mente de este modo. Naruto, Ino, y la gente que ve a menudo… eso es otra historia.
Se da cuenta de que las plumas cambian de dirección… en vez de girar a su alrededor, han empezado a acercarse más y más a su cuerpo. Y éste… parpadea. En una fracción de segundo, Sakura ve, oye y siente las cosas que percibiría normalmente: la cara sosegada de Riko sobre la suya, los gritos frenéticos de Misho, la sensación de una telaraña de fuego apretándole la piel.
Se le cierran los ojos y Sakura se encuentra de nuevo fuera de sí. No puede oír o sentir nada, aunque puede ver la misma escena sucediendo a su alrededor.
—Despiértate, Sakura. —La voz de Naruto está de vuelta, aunque esta vez no parece venir de ningún lugar en particular.
Las plumas parecen arrastrarla hacia su cuerpo, arrastrando y envolviendo el mundo en negro.
Sakura se despierta en un lugar extraño. Las plumas de cuervo flotan por todas partes, arrastradas por una brisa gentil. El suelo está hecho de… ¿metal? Para asegurarse, la muchacha se agacha y le da un golpecito. El impacto causa ondas en el suelo, como si estuviera hecho de líquido, y éstas empiezan a expandirse a su alrededor, creciendo sin cesar, brillando con luz plateada.
Conforme las olas viajan por el lugar, dibujan la silueta de colinas y montañas, y de ellas crecen árboles. Extrañas figuras sin una sola hoja, de forma irregular, como si fueran manos que salen del suelo y tratan de agarrar el infinito cielo negro. Al fin, cuando todo lo que puede ver ha sido cubierto por las ondas y éstas salen de su campo visual, Sakura las ve empezando a trepar por el cielo, al revés.
Esta vez, dejan tras de sí estrellas, conforme empiezan a trepar hasta el cénit del firmamento. Entornando los ojos, Sakura puede ver que hay árboles creciendo allá arriba, hacia abajo. Los del cielo y tierra avanzan hacia los unos hacia los otros, hasta que se alcanzan y sus ramas se entrelazan.
La muchacha observa, impresionada, durante lo que se siente como una eternidad. Las estrellas brillan con mil colores distintos y, una a una, empiezan a llover. Sakura sigue la primera de ellas con la mirada, de un color morado profundo, corriendo hacia el suelo y llenando el mundo con su luz. Y cuando toca el suelo, crea una ola enorme, cuya agua se abalanza hacia ella entre los árboles.
Demasiado asombrada como para reaccionar a tiempo, la pelirrosa sólo tiene tiempo de oír el rugido del agua, acercándose a ella cada vez más y finalmente chocando contra su cuerpo, arrastrándolo con la corriente…
Boqueando, Sakura se levanta de la cama y empieza a toser una cantidad verdaderamente sana de sangre. Alguien la sujeta, con una mano en su espalda y otra bajo el pecho, manteniéndola más o menos estable. Nadie dice una sola palabra a su alrededor, pero alguien pone una palangana enfrente de ella, para atrapar la mayor parte del líquido rojo oscuro.
Cuando se recupera, su pecho palpita con respiraciones y latidos agitados, su garganta sintiéndose como si acabara de tragar fuego puro. Una de las razones por las que nunca le gustaron las comidas picantes es la sensación que dejan después de comerlas… y esto es mil veces peor. Alguien le ofrece un vaso de agua limpia, y aunque duele, Sakura empieza a beber de él, tan lentamente como puede.
Un vistazo rápido a sus alrededores le muestra que ésta es su habitación en el hospital Tercero de Yugakure… ¿qué carajo ha sido ése sueño? ¿La han drogado o qué? No, espera, mejor aún: ¿qué demonios ha pasado para que esté en esta situación?
No reconoce a la gente a su alrededor, aunque están vestidos con ropa de médico, así que asume que no van a hacerle daño. Hablar no parece ser una opción inteligente ahora mismo, así que Sakura decide esperar y pensar.
Hubo… entrenamiento, ¿cierto? Sí… velocidad, taijutsu y disipación de genjutsu. Kiri, Riko y Misho estaban ahí. Y Él también… no, no es cierto; éso fue una ilusión. Naruto tampoco estuvo allí ("Porque está muerto," gruñe Sakura Interna, tan agradable como siempre).
A Sakura le duele demasiado la cabeza como para averiguar qué pasó y qué fue una ilusión. No debería de ser tan difícil, y lo sabe.
—Respira a través de la nariz, señorita Haruno —le pide una voz desconocida, tranquila. En cuanto la oye, se da cuenta de que está boqueando en busca de aire—. Despacio…
La muchacha sigue las instrucciones, puesto que su mente parece ser incapaz de funcionar por su cuenta, una vez más. Los médicos a su alrededor susurran recordatorios de cómo inhalar y exhalar, para que relaje sus músculos, para que les permita moverla. Algún tipo de shock debe estar impidiéndole pensar correctamente, así que se limita a hacer caso de sus consejos.
A estas alturas, está segura de que fue ella quien hirió al hombre que le hizo los controles de genjutsu. Normalmente, Sakura está entre los mejores en términos de ver los patrones y detalles de ilusiones, para marcarlos como falsos. ¿Por qué no puede hacerlo ahora? Ha atacado a gente dos veces en la misma semana, porque los confundió con enemigos o ilusiones.
"Qué demonios," gruñe, oscuramente. Sí, cuando pone todo en perspectiva, su estado es un poco peor de lo que pensaba. ¿Ups?
En este momento, se da cuenta de que los médicos la han dejado sola. No está acostada, sino apoyada contra la cabecera de la cama, que ha sido levantada. Su pecho se siente increíblemente pesado y sus miembros están entumecidos. Si tuviera que moverse por su cuenta, seguramente sería incapaz de lograr que un solo músculo se mueva.
La habitación está callada y a oscuras, aunque los médicos siguen allí, mas ahora trabajan en algo con las espaldas vueltas hacia ella. No puede ver qué ocupa su atención. Mirando abajo, hacia su cuerpo, Sakura se da cuenta de que hay una aguja en su brazo, bombeando líquidos en su sistema sanguíneo.
No está segura, con tan poca luz, pero su piel parece oscura e irritada, tan tensa que seguramente le dolería si no estuviera tan insensible.
Todo lo que hace parece ir de mal en peor… Sakura se niega a tener otra crisis, así que se centra en mover los dedos. Los médicos no le están prestando atención alguna, así que la kunoichi pone la poca fuerza que le queda en mover el dedo meñique.
Nada, no responde en absoluto. Todo lo que puede hacer es fruncir el ceño, frustrada. La pelirrosa decide que es hora de usar una de las técnicas que Tsunade le enseñó para estos casos: el arte de maldecir como si no hubiera mañana.
Aunque no puede recitar su gran vocabulario en voz alta, es bastante aliviante. Sakura Interna la anima, pero al final, no sirve de nada: sus músculos se niegan a funcionar.
Sakura se rinde cuando llega a las palabras con la letra "f" en ellas. Hay perlas de sudor deslizándose por su cara, pero su obstinado dedo no se ha movido ni un milímetro. Bien, al carajo con todo.
—Fffffuu... —murmura Sakura, con la voz áspera, tratando de llamar la atención de los médicos. Uno de ellos se vuelve hacia la muchacha, tan débil que si algo más fuerte que una brisa lo golpea, seguramente se rompería.
—Por favor, no hables, señorita Haruno —le solicita, acercándose a la cama. Sus compañeros sólo los miran de reojo—. Te explicaremos la situación en un momento. No te agotes demasiado o lo lamentarás —añade, usando una pequeña toalla para limpiarle la cara.
Sakura quiere asentir, pero puesto que no puede, se limita a esperar en silencio, volviendo a maldecir mentalmente. Los médicos siguen trabajando en lo que sea que los mantiene ocupados, aunque por fin, uno de ellos se acerca a las amplias ventanas de la habitación.
El sonido ruidoso de las persianas siendo levantadas es como música para los oídos de la pelirrosa. El ambiente silencioso de la habitación estaba volviéndola loca. Más aún.
Por supuesto, sus alabanzas se convierten en más maldiciones gratuitas cuando la luz solar le da de pleno en la cara. Puede que no sea un puñetazo físico, pero le duelen los ojos. Cuando logra ajustar su visión al cambio en la iluminación, ve que dos de los médicos se han acercado a su cama.
Sigue sin ser capaz de nombrarlos, pero reconoce sus caras: los ha visto por el hospital muy a menudo. No tienen nada bueno que contarle.
—Me temo que tengo malas noticias.
—¿Mhmm?
—Deja de intentar hablar. Te explicaré la causa y consecuencias de tu estado, sin importar cuánto daño le hagas a tu garganta.
"¡Entonces date prisa, so vago!" gruñe Sakura Interna.
—...Un sello de naturaleza u origen desconocidos ha sido puesto en ti. Está compuesto de parásitos parecidos a humo… los que te han sido descritos como "gusanos oscuros", por falta de un término mejor. Éstos recogen el exceso de chakra y refuerzan la segunda parte del sello, que se manifiesta como las líneas oscuras que ves en tu piel. Cuanto más chakra usas… más se cierran en torno a ti.
"¡No! Por favor, ¡no digas lo que creo que vas a decir!"
—Me temo… que el uso intensivo de chakra causará que tus tenketsu se cierren al completo y se quemen debido a una sobrecarga. Si quieres sobrevivir… recomiendo que abandones tu estilo de vida.
Nota: eso es todo, espero que hayáis disfrutado leyendo :)
