Nota: gracias por el apoyo, como siempre. Disfrutad, espero.
Desenmascarada - Parte 1: Recuperación - Capítulo 7: No hay Salida
Puedes correr para siempre, pero nunca escaparás de ti mismo.
Le dijeron que se quedara en la cama, pues algunos de sus músculos están dañados y su cuerpo está casi completamente drenado de energía. Pero Sakura no podía hacer eso. En el pasado, siempre que se veía abrumada por pensamientos oscuros y emociones, la muchacha trataba de hacer algo que requiriera concentración absoluta. Es por eso que convertirse en médico ninja ayudó mucho con su depresión.
Pero ahora no puede curar a nadie, sus ojos tristes lanzando una mirada a sus inútiles dedos. Sus manos eran capaces de destrozar grandes pedazos del terreno con un único puñetazo… La kunoichi golpeó el suelo hace un rato, de pura frustración, pero todo lo que obtuvo fueron nudillos sangrantes.
Ahora, la chica mira hacia el cielo estrellado, sabiendo que está un poco demasiado fría, pero sin molestarse en darle importancia. ¿Para qué? Todo acabó, debería haberlo sabido desde que Naruto murió. Desde que Sasuke le puso los ojos encima sin un solo destello de humanidad en ellos.
No fue suficiente con torturarla… violando y rompiendo su cuerpo y mente, casi hasta la muerte. No, él tuvo que asegurarse de que Sakura no sería capaz de luchar nunca más. ¿Por qué no la mató, sin más?
El parque es silencioso. Es difícil pensar que hace sólo unas horas, estuvo aquí con Misho, relajándose y sintiéndose confiada en su fuerza.
Sakura cierra los ojos firmemente y golpea el suelo de nuevo, intentando… ¿qué? ¿Aliviar la presión que siente por dentro? ¿Forzar su chakra a responderle? Su piel ya ve rojiza y estirada, casi como si se le estuviera quemando. Los miembros de su cuerpo se sienten como si estuvieran inflamados.
—Tienes suerte de que no pueda golpearte, Frente de Marquesina. Te estás comportando de una manera muy tonta ahora mismo.
La voz hace que la muchacha pare, aunque la pelirrosa opta por morderse el labio inferior, negándose a jadear, por más que se lo pida el cuerpo. Por supuesto, además de su nueva discapacidad respecto al chakra, tiene que estar loca.
Es tan tentador rendirse y ponerse a hablar con ésas alucinaciones de gente… Después de todo, son lo único que queda de ellos, incluso si se trata de meras ilusiones.
—Por si no te has dado cuenta, todo lo que tengo se ha caído a pedacitos —gruñe Sakura, sin molestarse en mirar a Ino. Mirándole al lado bueno, se puede desquitar de este modo.
—Por si tú no te has dado cuenta, te estás comportando incluso peor que cuando te conocí —replica la otra chica, airadamente. Incluso como un figmento de la imaginación de Sakura, Ino sigue teniendo una lengua de plata, viperina.
Suspirando, Sakura apoya la espalda contra un árbol, dignándose por fin a echarle un vistazo a la muchacha rubia. Pues vale, a discutir consigo misma se ha dicho.
—Recuerdo a ésa niñita linda… encogida y llorando porque pensaba que era fea —continúa la Yamanaka, manteniéndole la mirada tranquilamente. Su apariencia es la misma que tenía a los doce o trece años, mas su voz suena muy segura—. Yo pensaba que ya te habrías dado cuenta… ah, qué digo, ésa enorme frente tuya es como un coco vacío —bromea, rodando los ojos y sonriendo juguetonamente.
Sakura frunce el ceño y se abraza las piernas con más fuerza. Si sólo pudiera utilizar chakra para destrozar árboles… Seguramente, eso la ayudaría a sentirse más aliviada. Otro tema que debe evitar: pensar en cosas que ya no puede hacer se siente horrible.
—¡Vamos! La Sakura que conozco no se haría un ovillo llorica. Eres mejor que eso y lo sabes —le reprime Ino, acercándose a ella y dejándose caer en el suelo.
Su imagen parece pasar a través de la hierba, pero parece casi real. Tiene toda la pinta de querer agarrar a Sakura por los hombros y sacudirla como una maraca humana, con pelo rosado.
—¡Cállate ya! —gruñe Sakura, ignorando el dolor de sus manos sangrantes y tratando de darle un puñetazo a Ino.
La muchacha parpadea una, dos veces, pero sus ojos siguen viendo la misma imagen: la rubia bloqueó su golpe.Y su mano se siente cálida. Ino sonríe a su rival, con una gran sonrisa llena de dientes blancos, viendo su sorpresa como si fuera la cosa más entretenida del mundo.
Sigue habiendo algo de la expresión en sus labios, cuando Sakura extiende los dedos y pone su palma contra la de la Yamanaka.
La pelirrosa está sin habla. Algo se siente mal respecto a Ino, pero lo que sea que su mente está haciendo para causar esto, puede sentir el calor. Sigue sin sentirse como si su amiga estuviera ahí de verdad, porque no puede notarle la piel… pero la calidez está definitivamente ahí.
Algo en Ino se siente real, tanto que la kunoichi está en shock durante unos instantes. La otra chica agarra su mano y estira de ella, abriendo los brazos para abrazarla. Sin embargo, antes de que sus cuerpos contacten, Ino desaparece. No hay un destello o nubecilla de humo; simplemente, ya no está.
Sakura cae hacia adelante, aterrizando en sus manos y rodillas, justo donde Ino estaba hace un momento. Hay muchas preguntas en su mente, aunque una logra alzarse sobre la cacofonía de confusión:
—¿Pero qué…? —musita la kunoichi, mirando a su alrededor. ¿Genjutsu? Tiene que ser un genjutsu.
La chica siente intenciones asesinas despertándose en su interior, con súper fuerza o sin ella, de pensar que alguien acaba de jugársela de este modo. Su apariencia es bastante letal, mientras se pone en pie de un salto y escanea los arbustos a su alrededor.
—Todavía tienes que florecer…
La voz de Ino no parece venir que ningún lugar en particular, y aunque Sakura musita muchos "kai", nada en el entorno parece cambiar.
—¡Sal de donde quiera que estés escondiéndote, bastardo! —grita Sakura, sus ojos saltando de lugar a lugar en busca de alguien a quien apalear. La única respuesta es un coro solitario de grillos y un búho. Bueno, eso y…
—¡Sakura! ¿Qué demonios estás haciendo?
Kiri es, definitivamente, muy lejos de ser un genio. La pelirrosa podría haberlo matado en su estado de pura paranoia, si no hubiera estado herida, debilitada y falta de armas. Aún así, casi logra meterle la nariz en el cráneo de un puñetazo.
—Estás loca —gruñe el ninja, frotándose la nariz, una vez ambos logran calmarse—. Para ser un médico ninja, eres un poquito demasiado agresiva —se queja Kiri. Sakura no puede evitar sonreír un poco.
—No sabía que eras tú —explica, con aires de inocencia.
Hace un momento estaba sujetando la mano de la mismísima Ino, cuyo cuerpo está seguramente enterrado a estas alturas. La amargura de ése pensamiento arruina su diversión momentánea, algo que Kiri nota de inmediato. Él le pone una mano en el hombro, como de costumbre, aunque esta vez Sakura logra no apartarse. Por poco.
—Sólo… no salgas corriendo de ésa manera la próxima vez, ¿sí? —le pide, y Sakura asiente, sintiéndose algo culpable. La verdad es que no había pensado en la reacción de nadie cuando huyó de su habitación, pues su mente estaba demasiado abrumada.
Ambos regresan al hospital, caminando tranquilamente por las calles desiertas de Yugakure. Internamente, la kunoichi se da cuenta de que sí es cierto que hace bastante frío… simplemente, había estado demasiado ocupada teniendo una crisis mental y emocional, como para darse cuenta. Mientras tanto, Kiri continúa explicándole la situación, haciendo que se sienta aún más avergonzada.
—Cuando nos enteramos de lo que pasó… estuvimos buscando buen umeboshi la tarde entera. Riko y yo, incluso el criajo, estábamos preparados para hacerte una pequeña fiesta, pero parece ser que te inclinaste por un paseo nocturno.
Sakura se encoge visiblemente, musitando algo que suena como una disculpa, pero Kiri se limita a desecharlo, con una expresión divertida.
—El hospital entero está en estado de pánico porque uno de sus pacientes más peligrosos ha desaparecido. Más te vale que Riko esté de acuerdo en ayudarte, o vas a acabar de vacaciones en el Primero.
Por supuesto… Yu empezó como un lugar especializado en psicología. Conforme pasó el tiempo, empezaron a utilizar sus habilidades y conocimiento en otros campos de la medicina, como cura e investigación, pero su primer hospital sigue siendo usado como asilo mental (y en el pasado, Sakura sospecha que hacía las veces de edificio para tortura e interrogación).
El segundo está dedicado a la investigación y es aún más secretivo que el anterior. Y el tercero y último es el que aloja a los pacientes que no están demasiado locos. Ahí es donde está su habitación.
Considerando la cantidad de problemas que ha causado a los médicos de Yu, no sería muy sorprendente si acabaran por echarla a una celda del Primero. Tragando saliva, Sakura piensa que no sería demasiado raro si lo estuvieran considerando de veras. Tercera agresión, casi en una semana. Aleluya.
—No te preocupes, usaré mis habilidades de seducción… nadie las puede resistir —bromea Kiri, probablemente tratando de distraerla. Funciona, pues Sakura acaba soltando una risilla. Puede que este hombre sea serio cuando es necesario, pero definitivamente, es bueno con el sarcasmo y con ayudar a otras personas.
Cuando llegan al hospital, Riko está esperándoles en una de las entradas laterales, donde no hay tanta gente. Su ojo derecho adquiere un ligero tic al ver la cara de Kiri y el estado de las manos de Sakura.
Los fulmina a ambos con la mirada, como un maestro haría con niños revoltosos, pero no dice nada. Al fin, se aparta de la puerta, gesticulando para que entren antes de que alguien les vea.
—
—Vosotros dos vais a acabar con mi carrera —murmura Riko, frotándose las sienes, probablemente sufriendo el comienzo de un dolor de cabeza. Es casi de día y la pequeña habitación de Sakura sigue estando considerablemente llena de gente.
Misho está semi-roncando en un rincón, usando no uno, sino dos perros como almohadas. Kiri va y viene, robándole umeboshi a Riko cada vez, haciendo su ronda nocturna para vigilar a otros pacientes. La médico, por su parte, acaba de volver de una discusión de unas dos horas con su superior, respecto al estado mental de Sakura. Y la kunoichi ha pasado los últimos treinta minutos removiendo su comida distraídamente.
—Lo siento —se disculpa la pelirrosa, por enésima vez—. Me sabe fatal que me hayáis estado ayudando tanto en los últimos días… y yo sigo fastidiándolo todo —confiesa la chica, con sinceridad.
Riko la mira entre sus dedos, suspirando. Y en un instante, su media sonrisa le vuelve al rostro, su expresión tranquilizadora una vez más.
—No te preocupes —comenta la mujer, asintiendo. Es como si ya no le importara su dolor de cabeza, metiéndose de lleno en su personalidad de médico calmada.
Sakura responde con una sonrisa agradecida, y se mantienen en silencio durante mucho tiempo. Riko tiene que cuidar de su paciente y Misho parece tener todo el tiempo del mundo, así que le están haciendo compañía. Y aún así… algo se siente mal.
La pelirrosa trató de obtener información de sus cuidadores, porque de vez en cuando se siente como si le ocultaran algo. Es difícil notarlo si no se concentra en sus alrededores; algo que no suele hacer, por si su estado mental empeora. El ambiente del hospital se siente cubierto por una capa de tensión. Esta noche, es más fuerte que nunca.
La revelación comienza con varias voces alarmadas y pasos rápidos, que la sacan de sus ensoñaciones. Riko parece estar lista para saltar a la acción en cualquier momento. Algo está pasando, pero nadie le dice qué. No importa, pues para cuando ya es imposible ignorar el ruido, Kiri vuelve a la habitación, la viva imagen de la prisa.
Sus movimientos son tan silenciosos como siempre, pero le falta el aliento. Sus ojos se centran en Sakura un momento, su mirada tan intensa que la deja incapaz de mover un músculo. El contacto visual dura sólo un instante, y entonces Kiri se vuelve hacia Riko, que ha oído sus jadeos y mira al hombre inquisitivamente.
—Te necesitamos en la planta baja. Te lo explicaré por el camino. —Mirando a la kunoichi por un momento, añade—: tú te quedas aquí —ordena, sin un rastro de broma en su voz.
Sakura frunce el ceño, porque Kiri y Riko deberían saber, a estas alturas, que no va a dejar que la manejen tan fácilmente, cuando es obvio que algo serio está pasando. La mujer asiente y se pone en pie, siguiendo a Kiri cuando éste sale de la habitación. La pelirrosa se levanta de un salto y los sigue.
—¿Qué está pasando? pregunta, negándose a quedarse atrás. Los médicos se paran de golpe, mirándose entre sí y a ella. Hay un brillo acerado en los ojos de Kiri.
—¡No se lo digas! —exclama Riko, agarrándole el brazo alarmadamente.
El hombre la ignora, su mirada prometiendo noticias que van a ser dolorosas.
—Quédate en tu habitación. El nuevo Hokage de Konoha está atacando el País del Sonido. Y como no movamos el culo, podríamos ser los siguientes. Tú deberías saber mejor que nadie cuánto daño puede hacer ése maldito Uchiha.
Cuando se dan la vuelta para irse, Sakura no los detiene.
En algún momento, uno de los perros en su habitación nota la falta de la chica. La kunoichi puede oír el sonido de sus garras contra el suelo y sentir cómo el animal le hociquea la mano. Cuando ella no reacciona, el animal la agarra del brazo con la mandíbula y estira de ella hacia la habitación. Sakura se deja arrastrar hacia adentro una vez más, sus ojos desenfocados y su mente cayendo en el caos.
Puede oír la voz de Misho, pero las palabras no le llegan al cerebro. Sakura inclina la cabeza para mirarle.
"Parece muy preocupado…"
El niño le abraza la cintura tentativamente, un gesto que ella retorna con cierta inseguridad. ¿Qué le está pasando a su cerebro? ¿Qué ha sucedido? No puede recordarlo… Lo único de lo que es consciente son los murmullos de voces, como sonido de fondo. Suben en crescendo, y podría jurar que las reconoce.
"¡Cha! Porque te ves tan animada como un pez podrido," estalla Sakura Interna, chasqueando los dedos. "Tierra a Sakura, haz algo o al niño le va a dar un ataque de pánico."
De pronto, las voces desaparecen y puede oír los susurros de pánico de Misho, mientras él intenta sacudirla. Sakura parpadea varias veces, mirándolo como si fuera primera vez que lo ve. El chico deja de moverse, notando el cambio en su actitud, pero sin soltarla.
La mayor parte de la gente parece tenerle miedo… o al menos, ser cauta. Misho, no. Es tan inocente, tan confiado. La kunoichi no sabe cómo sentirse al respecto. En los ojos del niño, la preocupación que ve es para ella, no para sí mismo.
Sakura observa sus irises atentamente: no son completamente negros, pero casi. Su rostro es redondeado, dibujado con líneas de niñez y enmarcado por pelo oscuro. La cara del chico no es precisamente única, pero la kunoichi se centra en examinarla al detalle, como ejercicio de concentración.
—¿...Señorita ninja? —pregunta Misho, tentativamente. El silencio se ha vuelto incómodo, y Sakura sale de su trance con un respingo. Ah, cierto. Hay que decirle algo para que no se preocupe.
La pelirrosa alza un dedo, dramática a propósito, y suelta al chico, que la mira con la confusión más absoluta.
—Trae pergaminos y tinta —suelta ella, intentando dibujar una sonrisa en su propia cara. Sakura tiene la sensación de que no está funcionando muy bien—. Te voy a enseñar… trucos ninja —añade, alzando los pulgares y ampliando su sonrisa.
De inmediato, la cara del niño se llena de emoción, habiendo olvidado todos los problemas. Qué alegría… Misho sale de la habitación a toda velocidad, seguido por los dos perros y dejando a Sakura a solas.
La chica suspira, mirando a su alrededor en busca de su pluma. Ésta sigue en la mesa junto a su cama, y una vez la tiene en las manos, empieza a girarla entre los dedos.
La piel de sus nudillos sigue siendo bastante sensible, pero sus dedos funcionan perfectamente. No tiene huesos rotos a causa de su estallido de hace unas horas, por suerte. Su atención está centrada por completo en el objeto pequeño y negro que sujeta, pero aún puede oírlas.
Las voces. Han vuelto y ahora está segura de que no están causadas por la actividad del hospital… No, parecen venir de todas partes al mismo tiempo, como si estuvieran danzando a su alrededor.
Recuerda algo como esto… cuando estaba en el campo de batalla. Delirante, escuchando y sintiendo presencias a su alrededor, escondidas en la oscuridad y la niebla. Está sucediendo de nuevo.
Sakura no es capaz de entender las palabras, pero sabe que esto es definitivamente un signo de problemas mentales. Y además, Él…
"¡Llámalo por su nombre! ¡No eres una cobarde!" gruñe Sakura Interna.
—Sasuke Uchiha —musita la muchacha.
¿Es él el nuevo Hokage? Las palabras de Kiri parecen implicarlo. Eso parece explicar por qué ha estado tan ocupado el último mes… pero también significa una cantidad enorme de problemas. Pero, sobre todo, el hecho de que ya no tiene hogar. Sakura no puede volver a Konoha.
Mierda… ¿a cuánta gente habrá matado para ser el líder? Sólo de pensar en Sasuke, tan cerca de civiles, niños y gente indefensa… hace que se sienta enferma. Y nadie puede defenderles.
Hay algo todavía peor… ¿y si Sasuke mató a los que se negaron a luchar por su causa? ¿O dañó a sus familias para obligarles? Konoha podría ser contra ella ahora mismo, simplemente porque lo único que pueden hacer es obedecer al Hokage.
Sakura recuerda sus palabras: Sasuke quería convertirse en un enemigo del mundo, para mantenerlos unidos… contra él. ¿Es por eso que ha decidido conquistar Konoha, que está prácticamente en el centro del mundo shinobi? ¿Qué pasará con todas ésas personas? Ya puede sentir náuseas causadas por la preocupación y, debe admitir, miedo.
"No eres una cobarde," repite Sakura Interna, gesticulando como si quisiera darle una bofetada. "¡Los valientes no son los que no temen! ¡Son los que luchan, pase lo que pase! ¡Tsunade te apalearía si te viera así!"
La chica se encoge al pensar en ello. Hay demasiadas cosas pasando ahora mismo, una tras otra. A este paso, va a tener un ataque de nervios. La intensidad de todas esas cosas, pasando tan rápidamente, es tanta que a veces se olvida de cosas importantes durante horas.
—¡Lo tengo! —exclama Misho, dándole un susto tal que Sakura casi se golpea la cabeza contra la pared. Está de vuelta, todo entusiasmo y alegría. Sakura maldice mentalmente. Otro efecto de esta sobrecarga de pensamientos y emociones, es que apenas puede mantenerse alerta.
De todos modos, esto debería de ser una buena distracción. Si el niño nota su preocupación, no dice nada, acercándose a la mesa y haciendo espacio para un gran rollo de pergamino. Claramente, es algo descartado de un médico, porque la mitad del papel está cubierto de notas en letra diminuta.
—Veamos —musita Sakura, sentándose contra la cabecera de la cama y dejando a un lado la pluma. La kunoichi trata de sonreír como mejor puede y organizar una explicación decente—. Te voy a enseñar algo muy básico, pero que es muy importante: fūinjutsu. No es difícil y se puede usar para muchas cosas.
La chica observa a Misho, sin saber cómo va a reaccionar. Esto no es exactamente… lucido, pero es muy útil. Aunque lanzar bolas de fuego gigantes se ve mucho más impresionante que usar un sello, hay muchas más cosas que se pueden hacer con esta técnica.
Para su alivio, el niño asiente, mirando el pergamino pensativamente. Parece haber apartado su excitación, a cambio de concentración.
—Normalmente, la gente compra sus propios pergaminos y sellos, porque es mucho más seguro… pero no podemos hacer eso, y también te hace depender de tiendas y dinero —continúa ella—. Mi maestra me enseñó las cosas básicas… no debería serte difícil aprender cómo usarlos. Tienes que usar la cantidad adecuada de chakra: muy poco, y nada pasará; demasiado, y acabarás agotado. Cuanto más lo hagas, mejor será tu control —añade Sakura, sabiendo que esto y aguante son los puntos flojos del chico.
En cuanto oye dichas palabras, la actitud hiperactiva de Misho vuelve. Cuando mira de nuevo a Sakura, ella es capaz de sonreírle genuinamente.
Pasan el resto de la mañana ignorando el caos del exterior. La pelirrosa tiene que admitir que enseñarle a alguien tan entusiasta es divertido. La caligrafía de Misho es apenas lo suficientemente buena como para hacer sellos que no revienten, así que tienen que trabajar en las líneas durante mucho rato. Parece ser que para él, cada pequeña victoria es buena, y pronto ambos están completamente centrados en las lecciones.
Sakura mezcla historia e información con las tareas manuales: Uzushiogakure, la aldea con gran conocimiento en las artes de los sellos, temidos hasta el punto de que fue destruida; sobre todos los sellos que ha estudiado. En una vida diferente, la muchacha piensa que podría haber sido una buena profesora.
Para cuando el sol alcanza su cénit, Misho ha caído dormido sobre su pergamino de práctica y la kunoichi está a las puertas del sueño. Cuando Kiri y Riko se cuelan en la habitación, se da cuenta de que ambos parecen estar totalmente agotados.
A juzgar por la expresión que los dos médicos intercambian cuando los fulmina con la mirada, saben que Sakura va a conseguir sus respuestas, tanto si lo quieren como si no. Kiri se desploma en su asiento y mira de reojo a la mayor de las mujeres. Ella suspira y empieza a hablar.
—Debes entender que se nos ordenó impedir que supieras esto, Sakura —le explica, mirando a la pelirrosa con cansancio. Junto a ella, Kiri cierra los ojos, recostándose contra su silla—. El estado de tu mente ya era bastante malo sin saber lo que está pasando en Konoha.
Sakura se sienta al borde de la cama, con una expresión difícil de leer. La médico, sin embargo, parece saber exactamente lo que le pasa por la mente. Como de costumbre.
—No tienes que preguntar: sí, te impedimos que encontraras a tus compañeros ninja de Konoha y a otras personas que podrías haber reconocido —continúa Riko, sin alterarse, calmada pero seria. La pelirrosa se dice que tiene que esperar sólo un poco más—. Te permitiré hacer tres preguntas-
Ahí. Kiri se ha dormido, su cuerpo y chakra agotados.
En un instante, Sakura salta de su asiento y pone ambas manos en cada lado del asiento de la médico. Sus caras están a unos pocos centímetros, aunque Riko se niega a mostrar miedo alguno. Quizá puede notar que la kunoichi no está en uno de sus arranques de locura.
—Me vas a contar todo lo que quiero saber —sisea Sakura, vocalizando cada palabra con cuidado, con un cierto tono de peligro—. No tengo tiempo para tus estúpidos juegos. Ya me has retrasado lo suficiente.
Aunque susurra las palabras, las está escupiendo como veneno. Sakura puede sentir la quemazón del chakra tratando de fluir por su cuerpo, pero lo restringe antes de que pueda hacerle daño. Bajo sus dedos, el plástico de la silla se está calentando lo suficiente como para perder su forma.
Y aún así, Riko sigue mirándola con la más fría de las expresiones, a pesar de que seguramente puede sentir el calor irradiado por el cuerpo de su paciente.
—Muy bien —acepta la médico, finalmente. La expresión de Riko es extraña por un instante. La mujer echa un vistazo fugaz a Riko y luego devuelve su atención a Sakura—. Espero que entiendas que no toleraré una agresión deliberada de ti, Sakura. Sólo estoy haciendo esto por tu bien, como siempre he hecho.
La chica asiente. Ambas saben que no va a atacar así. Pero las consecuencias podrían ser casi igual de malas si Sakura está determinada a conseguir sus respuestas. Riko parece saber que, a menos que alguien le diga la verdad, la kunoichi no parará hasta que consiga lo que quiere.
—Cuéntamelo todo.
Riko lo hace. Todo, desde que la guerra acabó.
—Estábamos muy confundidos. Todo contacto con las fuerzas de la Alianza Shinobi se perdió, y temimos lo peor… pero tras la extraña ilusión que nos envolvió a todos, nos despertamos y el mundo parecía estar tan bien como siempre.
El Tsukuyomi Infinito… Una palabra le resuena en la mente: revolución. Justo cuando parecía que toda esta locura había acabado, Sasuke reveló sus planes. De alguna manera, tuvo que deshacer el genjutsu por su cuenta.
—Entonces, empezamos a recibir supervivientes con historias terribles… las noticias que traían eran desesperantes —continúa Riko—. Las fuerzas de la Alianza Shinobi habían sido masacradas, y los que lograron salir de allí con vida contaban historias que eran suficientes como para darle pesadillas a cualquiera. Sasuke Uchiha los mató en masa, clamando que cambiaría el mundo. Su voz se hizo eco a través del campo de batalla, tanto que los supervivientes más lejanos podían oírla.
Riko gesticula en la dirección de Kiri, que está resbalando poco a poco en su silla. Tiene sentido, se suponía que él estaría lejos del peligro, con los otros médicos… pero aún así, lo oyó.
—Algunos supervivientes estaban lo suficientemente cerca como para ver la carnicería. Cuentan que perdonó a una persona. Tú. Vieron tu tortura, pero sólo pudieron escapar, para sobrevivir. Pensamos que Sasuke te había matado. Y sin embargo, hace una semana, aquí estabas. Traumatizada, desorientada, al borde de la locura y con marcas muy profundas de sus actos en tu cuerpo y mente. Nadie más salió de allí con vida: cualquier persona a la que atacó esta muerta, casi con certeza. Sólo tú sobreviviste… y nadie sabe cómo o por qué.
Sakura empieza a retrazar todo lo que puede recordar de sus vacaciones forzadas en el campo de batalla, tras la lucha, pero está todo borroso. Sólo una cosa: el silencio. La sensación de espacio muerto y vacío, donde la vida es una anomalía y no la regla. No es algo en lo que quiera pensar. Era algo que hacía las voces de los caídos aún peor de lo que son ahora.
—Deberías de haber estado a cuatro días de Yugakure. ¿Cómo podía ser que hubieras alcanzado la aldea, en tu estado? Tenemos casi tantas preguntas como tú, Sakura, pero todo lo que sabíamos era que no podíamos dejarte morir. En tus condiciones, tampoco podíamos decirle la verdad —añade, sólo un poco compungida.
La kunoichi entiende por qué no le dijeron nada de esto, pero sigue estando enfadada. También siente como si no pudiera fiarse de Riko del todo, pero por ahora, es su único método de obtener respuestas.
—Recibimos pocas noticias de las otras naciones: Kumo ha sido destruida por completo, las fuerzas de Iwa se han aislado del mundo en su país… todo el mundo tiene miedo y está confuso. Yugakure ha intentado coordinar sus esfuerzos para ayudar a todo el mundo… y no podemos hacer mucho. Hace unos pocos días recibimos la noticia de que Sasuke Uchiha se convirtió en el Sexto Hokage.
Sakura siente, sus sospechas confirmadas. Al menos, lo bueno de que otras personas le cuenten lo que ha pasado, es que no está distorsionado por los ojos de una chica con problemas mentales. Puede que sea falso, pero es una opción mejor.
—No tenemos ninguna información nueva de Konoha desde este evento, pero hace unas horas, el País del Sonido envió un mensajero: están siendo atacados por el Sexto y sus fuerzas. Es posible que esté tratando de aislar a Yugakure y derrotar al Sonido, la única nación cercana al País del Fuego que no fue demasiado afectada por la guerra. Somos la aldea con la mayor cantidad de información y la mejor organización. Muchos de nuestros médicos y ninja voluntarios de otras naciones están regresando con heridas de gravedad, si es que logran volver. Es una posibilidad que el Hokage vendrá directo hacia nosotros una vez que no haya nadie que pueda ayudarnos.
Riko bebe agua para aclararse la garganta, centrando los ojos en Sakura, pero la kunoichi está intentando procesar todo lo que acaba de contarle. Una cosa está clara: la guerra no ha acabado. Sasuke sólo está empezando a poner en marcha sus planes.
El desafío real está a punto de empezar, y el mundo no va a esperarse a que Sakura esté preparada. En este mismo momento, la muchacha se da cuenta de la cantidad de problemas que se le vienen encima.
Nota: nos acercamos al final de la primera parte y la primera aparición de Sasuke. Sí, él también tiene su propio progreso, pero de forma distinta al de Sakura. Como siempre, los comentarios son bienvenidos, y espero que os lo hayáis pasado bien leyendo.
