A quienes dejaron Reviews realmente se los agradezco porque no estaba muy segura de éste fic pero ahora le he tomado un poco de confianza :3

Capítulo

2

"Amigos y algo más…"

Nathasha y Clint habían despertado en el sofá. Ninguno se atrevió a despertar a Bruce quién continuaba plácidamente dormido cerca al televisor, porque si a algo le temían era a enfrentar al Otro Sujeto. Ni la pelirroja ni el rubio se sintieron culpables por haber despertado enredados en los brazos del otro, después de todo aquello era cotidiano a pesar de no ser pareja. Así que, un tanto somnolientos arrastraron los pies en dirección a la cocina del Penhouse.

La pelirroja ocupó un sitio en la barra, donde dejó caer su cabeza mientras bostezaba. A la vez que Clint se dispuso a preparar dos tazas de café. El halcón le dirigía furtivas miradas a la agente, admirando su rostro en la oscuridad, pero también descubriendo que Nathasha podía cambiar su semblante de profundamente cansada a pensativa, con una velocidad alarmante.

El halcón rió entre dientes, colocando ambas tazas de café en la barra y sentándose junto a ella. Hizo el intento de abrazarla por los hombros.

-Ni se te ocurra que no soy una colegiala cursi- amenazó ella, risueña.

Él frunció el ceño mientras Viuda Negra bebía un par de sorbos de amargo café como si nada y recuperaba su rostro pensativo.

-¿Te preocupa algo?- inquirió, aunque era más una afirmación.

-De hecho, Tony y Steve…-respondió la pelirroja, mordiéndose el labio inferior y echando una mirada a la puerta cerrada de la recámara principal.

-Es obvio lo que está sucediendo allí, y no estoy dispuesto a interrumpir.- rió nerviosamente Clint, agradeciendo que todo estuviese a oscuras, pues de lo contrario Natasha vería que estaba tan ruborizado como el tinte de cabello que ella llevaba.

-No hablo de eso- interrumpió Nathasha, regresando una mirada severa a Clint- Sabes porque Tony y otro hombre… no deberían

-Lo sé perfectamente Nat, estoy en Shield más tiempo que tú- recordó Clint. –Pero ¡Vamos! Steve y Tony…- dejó escapar un bufido exasperado-…debía suceder hace mucho. Rogers es más ciego que un topo, y Stark tan testarudo como una mula. De no serlo habrían ido mucho más rápido, se notaba a leguas que algo sucedía entre ellos desde el instante en que cruzaron miradas. Pero ¡No! Ninguno se atrevió a aceptarlo. ¡Alégrate, Nat!- exclamó,- al menos ellos están disfrutando.- añadió entre dientes, bebiendo del café para que no se escucharan sus palabras.

La pelirroja estaba de acuerdo con ello, abrió la boca para aclarar que se alegraba por ese par de idiotas, cuando algo hizo clic en su cerebro. Trató de ignorarlo, y hasta tanto Clint ya se había puesto de pie en el intento de abandonar la cocina.

-¿Al menos?- repitió ella levantándose.

Clint se detuvo en seco, dándole las espaldas.

-Nat, ya lo hablamos esa vez en Budapest- musitó Clint, resignado. –Tú dejaste muy en claro que algo entre nosotros era completamente impos …-

-Clint- exclamó ella, alcanzándolo, y encarándolo- Eso fue hace ya casi cuatro años- entornó los ojos.

-Pero las cosas no cambian. No entre nosotros, somos buenos amigos- declaró él, serio y a la vez apenado.

Ella rodó los ojos, y apretó la taza de café en su mano.

-¿Sabes, cupido? Creo que aparte de utilizar tu arco para arrojar tus benditas flechas, deberías picarte el culo de vez en cuando con una de ellas-exclamó la agente con un enfado que Clint no comprendió para nada.

-Nat- intentó detenerla, pero ella desapareció camino al ascensor. –Maldita loca- gruñó Clint, arrojando su café al lavaplatos y causando gran estrépito.

-¡¿Qué?! ¡¿Qué ocurre?!- el doctor Bruce Banner, con las gafas chuecas y los ojos vidriosos despertó abruptamente debido al ruido, y dirigió una mirada confusa a Clint, quién estaba disponiéndose a marcharse. -¿Qué ocurrió?- repitió en un tono más calmado al ver que el halcón llamó al ascensor, ingresó en él a paso furioso.

-Tú vigila a Tony y a Steve esta noche-Clint lucía furioso, exhausto y confundido. -¡Estoy harto!- exclamó, las puertas metálicas se cerraron y desapareció de la vista del doctor.

Banner se tomó su tiempo para desperezase en el suelo

-¿Steve? ¿Tony? ¿De qué me perdí?- inquirió para sí mismo sentándose en el sofá. Estaría bien dormir allí esa noche, aunque no tenía idea de lo que había ocurrido mientras él dormía. Dirigió una mirada a la habitación de Tony. Quizá habría llegado ebrio…ya mañana lo reprendería, pensó.

Entonces un gemido gutural por parte de Tony seguido de una palabrota obscena salida de una voz que pertenecía indudablemente a Steve Rogers llegó a sus oídos. ¡Oh Dios, ahora sí que sabía lo que ocurría allí!

…..

Lo que al principio fue un beso temeroso, cargado de desespero cambió cuando la lengua de Steve presionó los labios de Tony saboreándolos, y el pelinegro abrió su boca iniciando una húmeda guerra de besos repletos de deseo. Las manos del Capitán acariciaron los costados de Tony, haciendo que la toalla que el genio llevaba alrededor de la cintura terminara arrumada en el suelo.

Los dedos del ingeniero, diestros y precisos, viajaron por la espalda del capitán hasta enredarse en esos suaves cabellos rubios. Con pasos torpes Steve lo empujó sobre el muro junto a la cama, y pegó con brutalidad sus cuerpos. Los brazos de Tony lo rodearon por el cuello, obligándolo a aumentar la intensidad del beso.

Las caderas de Rogers se movieron sobre la pelvis desnuda de Tony, haciendo que el segundo rompiera el beso recargando la cabeza en el hombro del super hombre, conteniendo un gemido. Otro movimiento de la erección cubierta del capitán sobre el miembro expuesto de Stark, hizo al pelinegro arquear la cabeza sobre la pared, dando al rubio espacio suficiente para morder a gusto ese apetecible cuello.

Las manos de Stark viajaron hasta las caderas de Steve. Marcó un ritmo acompasado, y gimió el nombre del Capitán en su oído. Logró encender más a Steve, quién incapaz de contenerse empezó a desabrochar su pantalón, a la vez que las manos ávidas del pelinegro le retiraban la camisa.

-Vistes como un abuelo- murmuró Tony con voz ronca sobre la oreja del capitán.

-Pero definitivamente no follo como uno- respondió el otro, en un tono cargado de lujuria, tomando a Tony por las nalgas y haciendo que sus caderas chocaran en embestidas frenéticas. -¡Ah!-

Cuando el capitán gimió cerrando los ojos en un éxtasis puro, Tony actuó por instinto, y enredó sus piernas a la cintura del rubio. Éste lo sujetó por la cintura, y sin miramientos lo llevó hasta la revuelta cama donde lo dejó caer de espaldas sobre el colchón.

Lo miró con devoción contemplando como los cabellos negros de Tony caían sobre esa frente ligeramente arrugada, como sus labios temblaban de deseo rojos y semi abiertos. El capitán deslizó tentativamente una mano hasta la erección del genio. Empezó a masturbarlo con desesperante lentitud, causando que el otro respirara entrecortadamente.

Steve inclinó su cuerpo sobre Tony, sin soportarlo más, atrapó de nuevo esos labios. Mordió hasta saborear los gemidos, y un ligero gusto a sangre. Sin dejar de mover su mano en la polla del pelinegro, enterró su miembro en medio de las nalgas del genio, sin penetrarlo.

-¡Ah! ¡Dios! ¡Mmm, Steve!- gemía Tony en medio del húmedo beso, moviendo sus caderas en un intento nulo de ser penetrado. -¡Steve, oh mierda!- apretó el duro miembro enorme entre sus dos nalgas, queriendo hacerle saber al capitán que lo necesitaba desesperadamente.

-Eres un niño caprichoso- murmuró Steve besando el cuello del otro y succionando su oreja.

Tony le clavó las uñas, arqueando la espalda. La maldita mano de Steve en su miembro, la boca del capitán en su oreja, y esa jodida polla entre sus nalgas haciéndolo sentir una puta en celo, lo obligaron a arquear la espalda, mover las caderas gimiendo sin control hasta cuando una ola de placer indescriptible lo mandó a las nubes y lo hizo gritar toda clase de morbosidades mientras llegaba al orgasmo en la mano de Steve.

-No creí que fueras tan sensible, Tony- murmuró el rubio, apartándose para admirar al genio agitado, deshecho que pasaba las manos por su cabello negro como tratando de superar algo. –Pero quiero ver si aguantas más- dijo, y repartió besos por el torso del genio, descendiendo con lametones cálidos hasta el semen regado en la pelvis del pelinegro. Sin retirarle la mirada a aquellos ojos castaños aun dilatados por el orgasmo, lamió cada gota de semilla, hasta finalmente engullir de un solo trago todo el miembro del Hombre de Hierro.

-¡Oh, sí, ah!- eran todas las palabras que salían de la boca de Tony quién empezaba a ponerse duro otra vez. Movió sus caderas dentro de la boca del capitán, con tanta velocidad, hasta sentir un nuevo calor reunirse en su cuerpo. Un segundo orgasmo amenazaba con atacarlo, cuando la mano del rubio sujetó la base de su pene, haciéndolo enloquecer.

Moría de placer, pero esos maliciosos ojos azules le dieron una última mirada antes de descender con besos pos sus testículos hasta su apretada entrada.

-S-steve- dijo el pelinegro, sintiendo pánico de pronto.

El soldado se detuvo al instante, levantando la mirada. Sabía que la mirada de Tony reflejaba el pánico de alguien quién jamás había tenido una experiencia homosexual. De hecho Steve tampoco había estado antes con un hombre, pero había algo y no se trataba del leve mareo que el alcohol le dejó, era algo más…

-¿Qué ocurre, Tony?- inquirió gateando hasta estar al mismo nivel del pelinegro.

Éste no supo hablar, así que Steve lo besó solo con los labios, devorándolo y a la vez indicándole que llegaría hasta donde el pelinegro deseara.

-Steve, yo no sé si esto está bien- musitó, temblando.

-¿Qué tienes?- Steve lució preocupado, acarició la mejilla de Tony y esperó a que éste estuviera lo suficientemente seguro de hablar.

-Mi padre era muy homofóbico, y…siempre lo decepcioné y hacer esto sería empeorarlo todo- suspiró de pronto Tony.

-Tony, escúchame. – le pidió el rubio mirándolo intensamente a los ojos- Si tu no quieres seguir está bien. Si piensas el alcohol te está confundiendo, está bien. Si tienes miedo o no lo deseas, no me molestaré, lo prometo. Pero no vivas una mentira por no decepcionar a una persona, cito tus palabras: "Cuyo día más feliz fue en el que te fuiste a un internado"-

Tony rió nervioso, clavando sus orbes castaños en la mirada oceánica del capitán. Acarició sus cabellos rubios con ambas manos, y relamió sus labios.

-No es algo que le preguntaría a cualquiera, pero ¿Esto es solo sexo?- preguntó, curioso.

Steve apretó los labios, y rió por lo bajo.

-¿Para ti lo es?-.

-Por extraño que suene…no- declaró Tony un tanto cohibido desviando su rostro.

El capitán lo tomó por la barbilla, obligándolo a mirarlo. Dejó escapar un pesado suspiro, y finalmente besó de forma casta los labios del genio.

-Tampoco para mi.- confesó paseando sus manos por todo el cuerpo de Tony hasta clavar los dedos levantando las caderas de éste. –No sé qué es lo que hay entre nosotros…- continuó, tanteando la entrada estrecha de Tony e introduciendo su dedo índice disfrutando la vista de cómo el pelinegro abría los labios gimiendo por lo bajo.- pero la primera vez que te vi supe que detrás de toda esa máscara que llevas, ese intento de genio sin emociones, existe una persona. Quiero conoces cada parte de ti Tony, principalmente- ingresó otro dedo iniciando movimientos de tijeras- esa parte humana- al sentir al genio completamente dilatado colocó la punta de su miembro en la entrada.

Movió varias veces la cabeza de su dura polla contemplando el rostro de Tony que se tornaba rojo, después pálido y regresaba al rojo. El genio mordía sus labios de una manera muy sexy, conteniendo una súplica. Pero Steve quería escucharlo.

-¿Estás seguro?- dijo, sin dejar de simular embestidas entre las nalgas de Tony.

-¡Hazme tuyo, ya!- gritó el genio, demandante, y desesperado. Una mescla que enloqueció al capitán américa.

Lo penetró de una sola. Tony abrió los ojos con profundo dolor, definitivamente esa no se la esperaba, y menos que a Steve durante los siguientes minutos se le olvidara que él no había estado con otro hombre y comenzara a moverse con brusquedad jadeando incoherencias. Tony buscó sus labios; confió en que el beso detendría ese punzante y atroz dolor. Pero no fue así. Steve Rogers era un super humano en TODO sentido, sus embestidas empezaban a desgarrarlo.

-S…Steve, duele- logró quejarse Tony.

Preocupado el rubio se detuvo, jadeando y mirando a Tony, asustado.

-Lo siento, no debí- empezó a disculparse, haciendo el intento de salir del pelinegro. Éste lo rodeó con ambas piernas, y lo besó profundamente.

-Es…grande- dijo moviendo despacio las caderas, el rubio no se atrevía a embestir nuevamente por temor a perder el control- solo hazlo lento…-

El capitán le hizo caso, empezó con ligeros movimientos sin retirar los ojos de Tony por si lo lastimaba de nuevo. Poco a poco el rostro compungido del pelinegro fue convirtiéndose en una mueca de placer. Pronto el capitán aceleró sus embestidas, en forma de círculo, aporreando la próstata del genio y sintiendo como el esfínter de éste lo apretaba hasta volverlo presa de un placer alucinante.

Ambos terminaron con un prolongado gemino soltado al unísono. Tony tembló en los brazos del capitán, y mordió sus labios para después besarlo. Steve soltó muchas palabras sin coherencia, pero entre ellas:

-Te quiero, Tony-, y las dijo de corazón, no solo arrastrado por la nube de placer.

El ingeniero acarició el rostro de Steve, sintiendo como en su interior la erección del rubio volvía a crecer palpitando.

-Y yo a ti, Capi. Y yo a ti- respondió, besándolo miles de veces dando inicio a una noche en la que ninguno de los dos dormiría.

….

A la mañana siguiente, mientras Tony dormía plácidamente como un bebé, Steve decidió ir a la cocina a preparar el desayuno. Porque de ninguna manera ordenaría a las máquinas que lo hicieran…aunque la verdad era que no sabía cómo hacerlo. Preparaba café y unas tostadas cuando escuchó la puerta de la habitación abrirse. Era Tony, quién descalzo y vestido apenas con unos pantalones deportivos, fue hasta la cocina.

Compartieron una sonrisa lenta, y se saludaron con un beso silencioso.

-¡¿Cómo durmieron?!...o mejor NO durmieron- el gritillo de Nathasha ingresando desde el elevador les hizo dar un salto a ambos.

-¿Nat? ¿Nos viste llegar?- inquirió Steve mientras Tony se escurría detrás suyo fingiendo buscar un par de tazas para no dar la cara.

-No- intervino Bruce, quién ojeroso, se incorporó en el sofá de la sala. -¡Para nada!- dijo con voz cargada de ironía.

Steve y Tony palidecieron.

-Solo los escuchamos cuando "empezaron" después de eso Clint y yo nos marchamos- los tranquilizó Nat.

Steve respiró aliviado y fue a sentarse en la barra. Lo siguió Tony, quién caminaba un tanto gracioso, aunque no ocupó una silla.

-Pero yo tuve que hacer de "vigilante" y créanme, no he cerrado los ojos en toda la noche- exclamó Bruce, exaltado.

Una flecha surcó la cocina clavándose en una alacena. Todos regresaron la mirada.

-¡Ey! ¡No queremos demoler la torre! Aún… así que mantén a tu verde amigo quieto-reprendió Clint ingresando despreocupadamente hasta la cocina. –Por cierto, buenos días- saludó con simpleza y se dedicó a rebuscar en la nevera.

Natasha, fastidiada por su frialdad, bufó y se retiró apresurada a la sala.

-¿Y a ella que le ocurre?- cuestionó Bruce.

-No lo sé. Creo que finalmente perdió la cabeza- murmuró Clint, sirviéndose algo de jugo.

-¡Una más y no la cuentas, cupido!- exclamó la pelirroja desde el sofá. El rubio prefirió callarse.

-¿Y qué tal estuvieron anoche?- inquirió el halcón cambiando de tema.

-¡No pasó nada!- exclamó Steve, molesto por lo manda narices que podían llegar a ser sus amigos.

-Eso no dicen las ojeras de Bruce- señaló el arquero hacia el callado doctor quién comía cereal sonriendo amable tras haber controlado su estallido de ira. –Ni el trasero dolorido de Tony.- añadió, haciendo que el aludido escupiera el café.

Steve palmeó la espalda del pelinegro para evitar que se asfixiara.

-¡Yo no tengo el trasero dolorido!- protestó el genio.

-A ver entonces ¿Por qué no te sientas?- sugirió el halcón.

Tony le dio una mirada asesina antes de tomar asiento con brusquedad desafiante. No contuvo muy bien su gesto de dolor e hizo un evidente esfuerzo por contener un quejido. Steve paseó su mano por la espalda baja del pelinegro, susurrándole un "lo siento"

Clint pintó una sonrisa victoriosa, y pronto se encaminó hacia la sala arrastrando a Bruce por el brazo, alegando:

-Deja solos a los tortolitos-.

-Halcón,- gritó Tony, exasperado –Vas a terminar siendo pichón asado- amenazó. Steve tuvo que abrazarlo para que se calmara.

Bieeen… no sé si les haya gustado pero espero que al menos un poquitín lo hayan disfrutado.

Mmm pronto llegará Thor, Pepper y otros personajes que le pondrán tinte a ésta historia jejeje

;) No se olviden de dejar Rivews!

Los quiero.

Nos leemos.