Nota: ¡por fin estoy cerca de tener ambas traducciones en el mismo punto! Habrá una actualización en torno al miércoles que viene y ya estaremos a la altura del original :) Espero que lo paséis bien leyendo, una vez más.
Desenmascarada - Parte I: Recuperación - Capítulo 8: Tras la Caída
Quema un bosque y las cenizas te harán llorar.
—No funciona —se queja Misho, mirando su pergamino con tristeza.
Sakura lo mira de reojo. El niño ha estado intentando "resolver" una práctica básica de sellos que le dibujó, pero han pasado dos horas y no ha habido progreso alguno. La muchacha dejó al chico trabajar por su cuenta, tratando de escuchar a los médicos que caminan de aquí para allá, al otro lado de la puerta de su habitación.
Por ahora, ambos han fallado en sus tareas. Está claro que el control de chakra de Misho no es decente, ni de lejos, pero no hay mucho que ella pueda hacer al respecto. Si algo no se te da bien, sólo puedes practicar.
—No puedes esperar que funcione siempre a la primera —comenta Sakura, con una pequeña sonrisa—. Incluso si parece que no te sale, cada vez que lo intentas, mejoras un poquito. —La chica coloca una mano en el hombro de su estudiante, para darle ánimos.
Misho asiente, haciendo una mueca. Vuelve a su práctica, mientras la kunoichi se sume de nuevo en sus pensamientos. Han pasado dos días desde que Riko le dijo la verdad, y sigue atrapada en su cama.
Sus dos cuidadores apenas han estado por aquí. Sólo vienen de vez en cuando para asegurarse de que sigue de una pieza, pero el resto del tiempo parecen estar trabajando. Mientras tanto, Sakura ha estado utilizando toda su energía en enseñar todo lo que puede a su nuevo estudiante, tratando de centrarse en la tarea lo máximo posible.
Y aún así, es difícil prevenir que su mente se desvíe hacia lugares mucho más oscuros. Es inevitable. Sasuke es el Hokage y, a juzgar por el caos que parece estar sucediendo más allá de la puerta de su habitación, la situación está yendo de mal en peor.
No hay ningún lugar adonde ir. ¿Fue abandonada en el campo de batalla, dada por muerta, o sabe él de su estado? De una manera u otra, Sakura está bastante segura de que no quiere verle. Es culpable de notar un nudo en el estómago cada vez que recuerda su última interacción.
—¡Mierda! —exclama Misho, asustándola. Su pergamino está en llamas.
La kunoichi se apresura a salir de la cama y apaga el fuego de inmediato. Misho aún tiene que calmar al perro que los acompaña, despertado y en pánico a causa del olor del humo.
El chico la mira, lleno de culpabilidad y un poquito de miedo. Sakura arquea una ceja, poniendo las manos en las caderas y mirándolo de forma evaluativa. La pelirrosa procede a romper la tensión con una risilla.
—Bueno, mírale al lado bueno, ya sabemos tu afinidad —comenta ella, mirando de nuevo al pergamino quemado. Misho la mira con confusión, sintiendo que ha hecho algo de progreso, incluso si ha destruido uno de sus tests de práctica.
—¿...No estás enfadada de que lo haya quemado? —pregunta Misho, inseguro.
—Nah. Ése era el segundo propósito de la prueba, la sorpresa de la que no te hablé. Quería ver qué afinidad tenías. —Aunque habría sido mejor si no lo hubiera prendido en llamas… costó varias horas y estudio de diversos libros prestados, para poder dibujarlo—. Incluso si te has pasado un poquito con romper el sello de Fuego —comenta, sonriente, mientras su estudiante se debate entre una mohína mezcla de alegría y vergüenza.
Como siempre que el chico logra resolver un problema particularmente difícil, Sakura le pasa uno de los libros de la biblioteca local. Todos tratan sobre el tema que está estudiando.
La pelirrosa se dio cuenta de que el niño es bastante buen escolar, como ella: una vez que la kunoichi le contó que iban a practicar fūinjutsu, Misho empezó a intentar leer mucho sobre el tema. No es que ayude con control de chakra pésimo, pero es un comienzo, y le da al chico una nueva motivación para trabajar en sus ejercicios.
Un toque en la puerta los saca de sus pensamientos. Riko se asoma al interior, su mirada analizándolos intensamente. Cuando sus ojos se posan sobre el pergamino quemado, la médico alza una ceja inquisitiva, pero no hace preguntas al respecto.
—...Por cierto, os necesitamos en la sala de comando —les informa—. A ambos —añade, mirando a Misho nuevamente—. ¿Estás en condiciones de ir, Sakura? -pregunta la mujer, dirigiendo sus ojos hacia su paciente.
La chica asiente. Un momento más tarde, lo que parece ser la mano de Kiri hace una breve aparición, a través del hueco dejado por la puerta abierta, para tirarle un montón de ropa a la cara. Sakura consigue atraparlo antes de que le dé.
—Serás… —gruñe Sakura, oyéndole reírse al otro lado de la puerta.
La chica echa un vistazo a las cosas que tiene que ponerse, mientras Misho se excusa rápidamente y huye de la habitación, sonrojándose. Parece ser que a la gente de este país le gusta el color azul: todos los médicos llevan trajes azules, y parece ser una opción bastante popular en general. Incluso las ropas que tiene en las manos parecen seguir la moda.
Es un pequeño detalle que no había notado antes, demasiado enredada con los problemas en su cabeza como para darse cuenta. Ahora, sí, porque esta vestimenta es la misma que usan los empleados del hospital, en lugar del traje claro de los pacientes.
Puede parecer un detalle insignificante, pero es importante. Incluso el kanji para "vapor" está bordado en la tela, con hilo de color rojo brillante.
¿Significa esto que la están liberando de su habitación? ¿Para qué podrían necesitarla? Lo único que se le ocurre es dar información sobre Konoha y Sasuke… y de la primera de esas cosas, no se siente demasiado bien. Sigue siendo su aldea.
Cambiándose rápidamente y saliendo de la habitación igual de rápido, Sakura por fin tiene la oportunidad de ver el caos que llena el hospital: hay gente yendo de habitación en habitación rápidamente, e incluso puede ver a algunos shinobi de Suna y Kiri, aunque no puede reconocer sus identidades.
Riko, Kiri y Misho la esperan, y los dos adultos la guían hasta la sala de comando, mientras ella intenta espiar sus alrededores tan discretamente como puede. No se le escapan los cuerpos cubiertos por sábanas, en camillas a los lados de algunos pasillos.
—Como sumario breve —explica Riko, mientras descienden a los niveles más bajos del edificio—. Los planes del Uchiha siguen siendo más o menos un misterio, pero la situación se está volviendo crítica. Necesitamos tanta ayuda como podamos lograr, así que puedes considerarte rehabilitada desde ahora mismo. Tu colaboración podría ser crucial.
Sakura le responde con un asentimiento ausente, poniéndose de puntillas para otear sobre el hombro de Kiri. Cuanto más descienden, los pasillos empiezan a parecerse más a los de un escondite shinobi, que los de un hospital. Ya no hay habitaciones de pacientes y el mapa del área es bastante confuso.
Para cuando se detienen, frente a una puerta sencilla de madera, deben de estar a varios metros bajo el suelo. Misho mira a su alrededor nerviosamente, sujetándose al pelo del perro que le acompaña como si de ello dependiera su vida. Cuando entran a la habitación, Sakura tiene que parpadear varias veces para asegurarse de que sus ojos no le están mintiendo.
Una banda ninja de Konoha. El hombre que la lleva parece estar apretando los dientes con tanta fuerza que quizá se le rompan, sus ojos puestos en ella tan pronto como entra. Un nombre flota en la mente de Sakura, pero su mente se niega a conectarlo con esta persona. Sus pensamientos son arrastrados lejos de él, porque hay otras cosas que requieren su atención.
—Bienvenidos —saluda la mujer seria que Sakura vio por primera y única vez cuando la trajeron al hospital.
Está sentada en la cabecera de una mesa ovalada, rodeada de gente, muchos de los cuales visten las ropas azules de los médicos de Yugakure. El resto parecen ser shinobi, llevando bandas de distintas aldeas.
Sakura toma nota de que todos la miran como si fuera una especie de fantasma, Misho parece estar intentando volverse parte de su sombra, agarrando la parte de atrás de su camisa con fuerza. Considerando cómo de oscura está la habitación, seguramente ha pasado desapercibido.
—Sakura, esta es Keisho, la médico en jefe de Yugakure —murmura Riko en voz baja, mientras hacen una pequeña reverencia a modo de saludo.
Hay susurros recorriendo la pequeña multitud, probablemente menos de veinte personas. Riko guía a su propio grupo hasta la seguridad de tres asientos vacíos. Misho suelta la ropa de Sakura, pero ella no tiene tiempo de ver qué diantre está tramando el niño.
—Como todos sabéis, o deberíais saber —comienza Keisho, observándolos a todos con una mirada severa—. El Sexto Hokage está atacando ahora mismo el País del Sonido, y debido a nuestra alianza con su daimyō, es probable que ataque Yugakure pronto. Habéis sido llamados porque nosotros, los que estamos sentados aquí y ahora, somos la única esperanza contra él —continúa ella, ominosamente.
Sakura tiene que admitir que a la mujer se le da bien hablar. Tiene la atención de todo el mundo, pues no hay más susurros. Keisho señala el mapa que cuelga tras ella, en el muro de piedra.
—Hemos averiguado algunas cosas sobre sus movimientos. De acuerdo con nuestras estimaciones, es muy probable que Sasuke Uchiha acabe contactando, y, o, invadiendo nuestro país. Sus motivos exactos no están claros, pero sospechamos que está intentando expandir el alcance de su poder.
El ninja de Konoha alza una mano, atrayendo la atención de la solemne sala hacia sí mismo. Keisho asiente, dándole permiso para hablar.
—Antes de que dejara Konoha, fui capaz de enterarme de algunos de sus planes. Se sabe que Sasuke Uchiha declaró que organizaría una… revolución. Al parecer, sin embargo, está buscando a Sakura Haruno —explica el hombre, mirándola atentamente.
Al estar cara a cara con él, la kunoichi logra sacar un nombre de sus memorias: Zaji. Un ninja que solía acabar en el hospital bastante a menudo, un hombre arrogante e impulsivo que nunca aprendió las lecciones de cuándo callarse y cuándo mantenerse alejado de una batalla. Y ahora está aquí, herido y cansado, todavía llevando la mayoría de su traje de la Alianza.
—¿...Qué? —farfulla Sakura, abriendo los ojos debido a una terrible, súbita comprensión.
Si Sasuke ataca Yugakure, "apurada" no describe ni de lejos la cantidad de problemas en los que está metida. Aunque parecen estar protegiéndola, si él demanda que sea entregada, no hay nada que la villa pueda hacer. Tras ésas máscaras de dureza… esta gente debe de estar aterrorizada de lo que podría sucederles, si el Hokage atacara.
Zaji cierra los ojos, dejando caer la cabeza con aire de gravedad. Los susurros comienzan de nuevo, mientras Sakura agarra los bordes de su silla, deseando poder usar su pluma en este momento. Entre haber encontrado a alguien de Konoha (y apenas ser capaz de no saltarle encima con mil preguntas) y las noticias de la situación de Yugakure… la muchacha puede sentir cómo el mundo se vuelve un poco difuso.
—¿Qué pasó con el resto de tus compañeros? —inquiere Keisho, haciendo que la habitación caiga en el silencio de nuevo—. Si mal no recuerdo, había otros cuatro ninja de Konoha acompañándote en el viaje de vuelta.
¿Sólo cinco personas escaparon la masacre? No, el hecho de que sólo ésa cantidad estuviera en el grupo de Zaji no significa… que sean los únicos. Sigue habiendo esperanza. Tiene que haberla.
Si le pudiera preguntar al shinobi… ¿Quién sabe si no cayó bajo un genjutsu, en algún momento? Si… sus amigos podrían estar sanos y salvos. Sakura traga saliva, tratando de centrarse en la situación actual, porque no quiere perderse una palabra.
—Al menos tres de ellos han muerto —responde Zaji, en tono neutro—. Genma Shiranui se quedó atrás para que yo pudiera llegar hasta aquí. No sé si sigue vivo, pero me dio esto —añade, sacando un senbon de uno de sus bolsillos y poniéndolo en la mesa—. La estúpida cosa que siempre tenía en la boca… —murmura, su voz temblando casi imperceptiblemente.
Keisho asiente, cogiendo uno de los pergaminos esparcidos por la mesa y tachando algunas palabras en él. Zaji se entierra la cara en sus manos, apoyándose sobre los codos. ¿Qué podría hacer a un shinobi como él mostrarse tan cansado y débil?
—Intentaremos negociar con Konoha —continúa Keisho—. Si eso no funciona, me temo que Yugakure tendrá que retirar su ayuda y disolver esta organización. No podemos permitirnos ser atacados por una de las aldeas ninja más fuertes.
Esta vez, ya no hay murmullos bajos, sino protestas de incredulidad en voz alta. Los ninja extranjeros parecen estar enfadados respecto a las palabras de la mujer. ¿Habrán hecho algún tipo de tratado con Yugakure?
Riko dijo que la villa ha estado intentando coordinar ayuda humanitaria a través del mundo shinobi… ¿pero cuál es su papel real en respecto a las otras naciones?
—¡No puedes hacernos esto! —gruñe una mujer de pelo oscuro, con una cinta de Iwa—. El País de la Roca está en medio de una revolución interna. Si nos abandonáis ahora, ¡miles de civiles morirán!
—Soy muy consciente de ello, pero el tratado que Yugakure hizo contigo incluía ayuda solamente para los afectados por la guerra. No hablamos nada de aliarnos en contra de Konohagakure —replica Keisho, sin inmutarse.
Sus respuestas son casi mecánicas, perfectamente calculadas. No es sorpresa que sea una líder. Fría, crítica… y aún así, su mayor preocupación es proteger a su gente. Sakura no sabe si siente admiración o disgusto respecto a ella.
—O los asuntos internos de cualquier otra aldea, por lo que viene al caso —añade, cruzando las manos y apoyando los codos en la mesa. Mira a todos shinobi de otras naciones, retándolos a que la contradigan.
La kunoichi de Iwa gruñe en voz baja, cruzando las manos sobre el pecho y apartando la mirada, pero nadie protesta. Keisho continúa su exposición, reuniendo información de cada uno de los ninjas de otras naciones. Aparentemente, todos fueron pacientes de Yugakure.
Son todos de villas distintas y están agotados; Sakura está ensata en una habitación que contiene a algunos de los pocos supervivientes de la masacre. La muchacha logra unir las piezas del rompecabezas para averiguar que Yugakure está coordinando a las grandes aldeas shinobi para que compartan información respecto al estado del mundo.
En el pasado habría sido un gran logro, pero parece que las distintas naciones, en efecto, están tratando de trabajar en equipo ahora que están débiles y necesitan la ayuda de las otras. Sin embargo, el ataque de Sasuke en Sonido está poniéndolos nerviosos. Nadie quiere saltar en el camino de su ira, especialmente Yu, la aldea que ni siquiera tiene sus propios shinobi.
La alianza está volviéndose inestable, porque sacar de sus casillas a Sasuke Uchiha es probablemente la última cosa que una persona sana querría hacer. Pero están tan desesperados… que aún así, se arriesgan. Al menos, por ahora.
Keisho parece saberlo mejor que nadie. Es su aldea, porque parece hacer las veces de líder, a falta de un Kage. Al menos, todavía está dando a las otras naciones una oportunidad.
Zaji les informa de lo que sabe sobre Konoha: Sasuke aniquiló a los que se opusieron a su idea de convertirse en Hokage. Le costó casi un mes, lo que explica la falta de noticias. La moral de la aldea estaba más baja que nunca, pero aún así, resistieron.
Los que le dieron más problemas fueron los grandes clanes ninja - especialmente, los Hyūga. Sin embargo, la mayoría de los shinobi más poderosos habían sido enviados a la guerra y muertos: los que quedaron atrás no podían hacer mucho contra él.
—Se sabe que capturó a Hanabi Hyūga, la heredera del clan, para asegurarse de que no intentarán nada raro contra él. Hay… rumores sobre sus planes para ella —explica Zaji, haciendo que Sakura sienta un escalofrío.
La hermana pequeña de Hinata… en manos de Sasuke. Sola. A juzgar por la voz que relata la historia, Zaji tampoco piensa que está particularmente sana y salva.
Hay algunos nombres que Sakura reconoce, haciendo que sienta tanto dolor como esperanza: shinobi, médicos y civiles que murieron en la oposición contra el nuevo Hokage.
Otros desaparecieron y se sospecha que están planeando un golpe de estado. Hay poca comunicación con ellos, pero hay rebeldes, incluso si no son muchos.
—Conseguí averiguar algo importante —prosigue Zaji, señalando el mapa con la cabeza—. Como algunos de vosotros sabéis, Sasuke Uchiha fue el aprendiz de Orochimaru. El Sannin dejó tras de sí varios refugios esparcidos por el País del Sonido, llamados Otogakure. El Hokage planea evacuar a todos los civiles de Konoha hasta allí. De ahí su invasión.
La habitación entera está centrada en él, entendiendo la importancia de cada una de sus palabras. Sasuke no quiere causar una carnicería sin sentido. En lugar de eso, está tratando de mantener a los civiles donde no le molesten, de paso usándolos para influenciar a sus amigos y parientes shinobi. Éstos, a su vez, serán forzados a luchar por él.
—Y lo que es más, el discurso que dio a los civiles de Konoha implica que su meta es convertir nuestra aldea en una base de operaciones. Nos dijo que quiere convertirse en el enemigo del mundo, para mantenerlos unidos… o algún sinsentido alocado por el estilo —añade Zaji, frunciendo el ceño con desaprobación—. Y, como dije, parece estar buscando a Sakura. Según he oído, sospecha que está aquí, en Yugakure.
Por segunda vez, la atención de todo el mundo se centra en ella. Incluso la misma chica se había olvidado de éste último dato, su mente absorbida por la gran cantidad de información respecto a Konoha.
—¿Qué dijo sobre mí? —interviene Sakura, antes de que alguien se le adelante, tratando de parecer serena y centrando su mirada acerada en él.
Zaji sacude la cabeza, mirando a Keisho atentamente. No sabe nada más. Pero Sasuke sospecha que está viva y en Yugakure. Cómo, no lo sabe… pero Sakura sabe que la sensación de inminencia y pavor que se le está formando en el estómago va a sentirse fatal, luego, cuando esté sola con sus pensamientos.
La reunión acaba poco después. Sakura asume que la invitaron porque necesitarán su ayuda en un futuro. Pero, ¿por qué toda la prisa y la tensión? ¿Por qué ahora? Ni siquiera le han asignado una tarea, a diferencia de los demás.
"No querían que lo supiéramos," comenta Sakura Interna, conectando los puntos que acaba de empezar a ver.
La invitación súbita, la actitud de Zaji hacia ella, los intentos de Keisho por desviar la atención al respecto del interés que Sasuke tiene por ella, el hecho de que el Uchiha sabe dónde está… Son cosas pequeñas a las que no había prestado atención, como la forma en que la mujer miró al ninja de Konoha cuando éste habló a la kunoichi.
Keisho no quería que ella se enterase de estas cosas. Zaji debe de haber logrado colar a Sakura en la reunión. Quizá es porque Yugakure podría ofrecerla a Konoha, a cambio de un perdón. No quieren su ayuda; Yu sólo quiere usarla como una baza, un recurso.
La comprensión de la situación la golpea con la fuerza de una maza. De pronto, Sakura se da cuenta de que el otro ninja de Konoha la está observando atentamente, mientras la gente de la habitación charla y se marcha.
Zaji hace un signo sutil con una de sus manos: uno de los signos de comunicación silenciosa usados por Konoha: "¿Claro?"
Sakura siente, entendiendo. Su agradecimiento hacia el hombre es inmenso, porque quizá acabe de salvarle la vida.
Es obvio que se enteró de todo esto por su cuenta; Yugakure no lo sabía. La muchacha tiene que salir de aquí cuanto antes… Si hay un solo signo de que van a atacarla, tiene que estar preparada.
—¡Señorita ninja! ¡Aquí! —interrumpe una voz familiar.
La pelirrosa se vuelve hacia la persona, encontrándose con Misho y Soma. El segundo chico parece estar muy cansado, pero contento de ver a su hermano y amiga de nuevo. Cerca de ellos están dos personas con trajes de médico que estaban sentadas en torno a la mesa: sus padres.
Sakura se les acerca, sintiéndose incómoda y sin saber qué decir. La cháchara de Misho le llena los oídos, mientras el niño habla de las habilidades de su nueva maestra. La chica no sabe qué decir, tratando de esquivar los ojos de los adultos.
Tiene que reconocer que agradece el que uno de los perros de terapia nota su nerviosismo y deja que le acaricie el pelaje. Es suave y mullido, y el calor del animal se siente extrañamente relajante.
—Así que le estás enseñando fūinjutsu a nuestro Misho, ¿cierto? —pregunta la madre de los niños. Parece amable, pero tan agotada como su esposo y su hijo—. Te lo agradecemos mucho, porque como podrás entender, no somos capaces de transmitirle nuestro conocimiento.
Sakura asiente, sin haber dicho una sola palabra desde que empezó la "conversación". Debe de parecerles rara a los dos médicos mayores. Misho es el que habla más, relatándole a su familia los eventos de la última semana. Aparentemente, no se habían visto desde que los dos hermanos volvieron a Yugakure. Así de ocupados han estado.
La chica había esperado que sus padres fueran un poco más… fríos. Pero al parecer, quieren mucho a sus dos hijos. Sencillamente, no tienen tiempo suficiente para ser una familia como es debido. Al menos, están todos a salvo. La chica no sabe si sus propios padres están vivos.
—Apunta a lo alto, hijo. Eres un chico listo y estoy seguro de que Sakura será capaz de enseñarte cosas muy buenas —anima el padre de los niños, antes de que la familia de Misho sea llamada para atender a sus deberes individuales.
Al fin, es sólo Sakura y Misho, caminando sin prisa hacia los niveles superiores del hospital. No tiene ni idea de dónde están Kiri y Riko, ni tampoco Zaji. Ni siquiera tuvo la oportunidad de preguntarle algo más que ésa única pregunta. Pero es mejor que nada.
Sakura aparta los pensamientos de sí, sólo un poco más, para prestarle atención a Misho. Distracción, distracción… El niño parece irradiar pura felicidad, más emocionado por aprender que nunca antes.
—No te fuerces sólo para alcanzar a tu hermano… o los deseos de tu familia —comenta ella, cuando Misho menciona dejar de dormir para estudiar más—. No te llevará a ningún lugar bueno —añade la chica, amargamente. El chico asiente, pero no parece estar escuchando muy atentamente.
Deciden dar un paseo en busca de umeboshi y algo de relajación en el parque. Sakura quiere tratar de encontrar a ninja de otros países, pero no puede encontrar a ninguno. Está claro que no va a conseguir más información tan fácilmente.
La muchacha pasa la mayor parte del tiempo sumida en sus pensamientos respecto a todas las cosas que no sabía. Distraída como está, no es una compañera muy interesante, hundida en su silencio.
Para cuando el sol empieza a sumergirse en el horizonte, la pelirrosa se siente que todo está pasando mucho más deprisa de lo que querría. Demasiadas cosas que procesar y muy poco tiempo para lidiar con los sentimientos que causan.
Al menos, está de vuelta en su habitación. Nadie le dijo dónde debería dormir y no parece que haya cambiado mientras no estaba, así que la chica se figura que puede quedarse, por ahora.
Misho ha caído dormido sobre uno de sus libros; Sakura se recuerda que tiene que decirle algo sobre dormir en una posición adecuada. El hospital está solo un poco más callado que de costumbre y, poco a poco, empieza a notar somnolencia.
No ha dormido debidamente en cierto tiempo, especialmente debido a las pesadillas, pero Sakura es incapaz de mantenerse despierta un solo segundo más. Agotada en todo tipo de maneras, pierde la batalla al sueño.
—Sakura —musita una voz familiar, aunque ella no se molesta en responder.
Una mano impaciente le sacude el hombro, sin mucha gentileza, hasta que la chica abre los ojos. Sakura se encuentra cara a cara con Kiri. ¿Está enfadado porque ha dormido en esta habitación? No, no es correcto, el hombre parece un poco preocupado. La kunoichi también se da cuenta de que ha pasado ya el mediodía.
—¿Qué? —pregunta, soñolienta, apartándole la mano como si fuera una mosca molesta. Aunque Yugakure esté considerando utilizarla como una baza, sigue sintiendo que Kiri y Riko son amigos.
Vagamente, Sakura se percata de que sus pensamientos son inconsistentes y fragmentados, posiblemente a causa del cansancio. Quizá pueda robar café luego…
Las siguientes palabras de Kiri son la última cosa que habría esperado que dijera, apartando todos los otros pensamientos de su mente.
—¿Sabes por dónde anda Misho? Ha desparecido.
La muchacha parpadea varias veces, tratando de forzar las palabras a tener sentido. Se siente tan cansada que, si la dejaran sola, podría dormir durante unas cuantas horas más. Pero esto parece ser importante, así que se fuerza a despertarse con un gruñido.
"¡De cabeza a un día maravilloso!" canturrea Sakura Interna, sarcásticamente.
Nota: ahí lo tenéis. Cuidaos y hasta el miércoles que viene :D
