Nota: las actualizaciones deberían de volver al ritmo normal. Estaremos un capítulo por detrás del original, pero es porque no tengo tiempo de escribir y traducir el mismo capítulo en una semana. ¡Disfrutad!
Desenmascarada - Parte II: Refugiada - Capítulo 11: En una Fantasía
Se dice que incluso después de la muerte, tu voz deja un eco inmortal en el mundo.
—Vaya lío, ah.
A Sakura le cuesta mucho controlar un tic ocular y el impulso de golpear a la bola de pelo que acaba de invocar. La pequeña rata, Maru, se apoya sobre su bō con un aire de lo más casual, incluso tras escuchar su historia de cómo acabó en esta situación. Al principio, ella quiso aprender sobre la situación de Misho lo más rápido posible, pero el maldito roedor se limitó a esquivar sus preguntas y puñetazos, diciendo que él también se merece una explicación.
—No me digas —gruñe la chica, decidiendo que darle un puñetazo a la única ayuda que ha encontrado, por ahora, es probablemente una mala idea.
Los bigotes de Maru tiemblan con diversión, lo cual ni se molesta en ocultar, al percibir su enfado. Aparentemente, lo está disfrutando de lo lindo.
—Vale, Rosita —comenta, desapareciendo en medio de una nube de humo.
La muchacha maldice en voz alta, golpeando todo lo que tiene a su alcance. Estúpida rata molesta… Si Maru no vuelve, Sakura estará en una situación terrible. Y si regresa, va a matarlo. Pensamientos violentos de las posibilidades se manifiestan en su mente, haciendo que se olvide del estado de sus piernas por un momento, dándole una patada a un muro.
—Ow, duele —exclama la pelirrosa, cayéndose sobre su trasero.
Suspirando, se acerca al pergamino con el contrato, cogiéndolo y luego moviéndose hasta un pequeño baño que hay cerca. Algo en la atmósfera se siente amenazante, como si estuviera siendo observada desde muy cerca. Sakura está acostumbrada a la paranoia de tener a alguien observándola, pero aquí… es casi tangible. Como si en cualquier momento, algo echará a correr hacia ella para atacar.
La chica echa el pestillo al entrar y se desploma sobre uno de los asientos de los váteres. Se apoya contra el muro, decidiendo que es un buen momento para tratar de poner orden en su mente. Desde el… evento en la tienda, es como si sus pensamientos fueran un poco más fluidos. El caos que reinaba antes en su mente ya no es tan fuerte.
"Supongo que ya no somos un completo desastre, ¿eh?" comenta su voz interna.
El último mes ha sido un borrón de días que se hacían interminables, perseguida por pesadillas, alucinaciones y miedo. Pero sobre todo, un peso en su estómago y corazón: la marca invisible de sentirse vacía, de… bueno, de perderse en el camino de la vida. La cita hace que sonría con tristeza. Es obra del desamparo, causado por un único hombre cuya mente rota le llevó a destruir todo lo que una vez le importó a Sakura.
Incluso después de que Sasuke la abandonara en el campo de batalla, su sombra se cernía sobre ella, nublándole la vista de cualquier cosa, menos la oscuridad. Logró marcarla de por vida, y aunque no puede verlos… puede sentir los gusanos oscuros marcados en su piel. Diablos, es probable que nunca más vuelva a ser capaz de usar chakra como es debido.
En su situación, la combinación de dolor, miedo y debilidad hizo que su mente no pudiera funcionar correctamente. ¿Cuándo fue la última vez que pensó en algo tan mundano como verse linda? Porque, echando un vistazo a su imagen en uno de los espejos del baño, se da cuenta de lo muy sucios que están su cuerpo y ropas.
Todo este tiempo… Sakura ha estado viviendo como una sombra de lo que fue en el pasado. Arrastrándose a través de cada día, sin saber qué hacer o a dónde ir. Su mente estaba tan nublada y sumergida en el desorden, que racionalizar no ha sido una cosa muy común durante bastante tiempo. ¿Cómo podría haberlo hecho, al mismo tiempo luchando una batalla para mantenerse más o menos alejada de la locura? Si la persona que era antes, hace apenas dos meses, la viera ahora… ¿vería a una extraña?
"¿Quién soy?" se pregunta, mirando hacia abajo, a sus manos enguantadas. Parecen estar negándose a calentarse.
La kunoichi cierra los ojos, su mente rebuscando para encontrar una definición respecto a la identidad de "Sakura Haruno". Duele pensar que todas las cosas que le importan se han esfumado o están tan lejos que, si desaparecieran, ni siquiera lo sabría.
"Mantén la cabeza fría, chica," bromea Sakura Interna, sonriendo. "¡Podemos hacerlo!"
Sakura esboza una sonrisa, asintiendo para sí misma. ¡Y tanto que sí! Ahora mismo, lo que importa es rescatar a Misho. Después de eso, ya tendrá tiempo de pensar sobre lo fastidiada que está su vida y qué hacer al respecto. La pelirrosa sujeta entre sus manos la única cosa que se ha mantenido a su lado: la pluma de cuervo. La gira entre los dedos sin darse cuenta, invadida por un extraño sentido de alivio.
Es la misma emoción que le llenó el corazón de bienestar cuando habló con "Naruto" por última vez. Una resolución férrea, que aparentemente apareció de la nada, dándole la fuerza que le faltaba antes. Es cálida y agradable, y le da esperanza. Sakura decide que tratará de aferrarse a ella tanto como pueda.
Minutos y quizá horas pasan, mientras se entretiene descifrando el funcionamiento interno de su mente. En voz baja, empieza a tararear canciones para distraerse. Incluso con esta nueva tranquilidad, los pensamientos y emociones más oscuros tratan de arrastrarla a la miseria de nuevo. No hay nada para distraerse demasiado en este lugar vacío, y no es como si pudiera ir a cualquier parte con las piernas en este estado.
De forma distante, empieza a percibir el eco que su voz produce.
"Antes no había eco," susurra Sakura Interna, gravemente.
Su tono hace que Sakura sienta escalofríos, deteniendo su cancioncilla de inmediato. Y sin embargo, la réplica del sonido persiste. De hecho, hay más y más de ellas… y provienen desde fuera. Sakura se queda helada en el sitio, sus ojos abriéndose al comprender. Hay una ventana pequeña justo sobre su cabeza, así que aun con torpeza, se sube al borde del váter y se agarra al alféizar.
Sakura suelta un gañido, aterrorizada, y cae hacia atrás. Apenas logra detener un golpe muy duro con sus manos y pies, mas sus piernas envían un pinchazo de dolor a través de su cuerpo. La muchacha se fuerza a apretar los labios y alejarse de la abertura en el muro.
La niebla está de vuelta… y puede ver docenas de figuras vagando ahí fuera, sus ojos vacíos centrados en ella. Están cantando, aumentando el volumen de sus voces muy poco a poco, como si se burlaran de ella. No parecen humanos… pero son definitivamente reales. Incluso si son criaturas distintas de las que la atacaron antes, las Voces no son parte de su imaginación. No pueden serlo.
Las marcas de su piel palpitan, quemando tanto que se siente como si fueran a derretirle la carne. Sakura recuerda los cortes adquiridos la última vez que hizo frente a estas apariciones. ¿Podrían matarla? ¿Cómo luchar? Ya ha usado una estrategia kamikaze para alejarse de ellas, y ahora está atrapada. ¿Pueden alcanzarla, estando aquí dentro?
—...Pinta ríos con sangre derramada, al cielo ascienden mil almas, cada una quemada hasta los huesos, ¡por tu culpa, están todos muertos!
Distorsionan las letras de las canciones, acercándose más y más hasta que parece que se están colando a través de los muros. Sakura intenta buscar algún tipo de arma en sus bolsillos, pero sólo hay unos pequeños kunai. Maldiciendo en voz baja, alcanza el paraguas y se pone en pie tan rápido como le es posible. Podría intentar refugiarse aquí y esperar a que la dichosa rata vuelva, o tratar de alejarse del suelo.
Eso significaría salir de aquí e ir hasta los niveles superiores del hospital. ¿Y si las Voces ya están allí? ¿Hospital siniestro o apariciones siniestras?
Un fuerte sonido de arañazos hace que se tense y se vuelva hacia la ventana. Uno de los rostros desfigurados está apretado contra el cristal. Poco a poco, éste se está llenando de fisuras. Decidiéndose en ése mismo instante, Sakura desbloquea la puerta y echa un vistazo al pasillo. Está oscuro, pero vacío. A tanta velocidad como le permiten sus piernas, sale disparada hacia la escalera que puede ver hacia el fondo.
Por suerte, no hay una sola entidad en el edificio. Está más caliente, lo suficiente como para que pueda oler el vago hedor de carne podrida, pero Sakura se centra en alcanzar los niveles superiores y encontrar algún lugar en el que refugiarse.
Las Voces suenan un poco más distantes, aunque siguen estando justo a las afueras del hospital. Parece ser que no pueden llegar hasta aquí. Sakura se mantiene alerta, tratando de escuchar algún sonido que revele la presencia de un enemigo en el laberinto de pasillos, pero no hay nada.
La chica logra encontrar una sala de espera pequeña, incluso con máquinas de refrescos. Por desgracia, alguien las ha roto en busca de sus contenidos. Es una habitación cerrada, sin ventanas u otras puertas, conteniendo solamente algunos asientos y mesas, así que servirá. Con algo de esfuerzo, Sakura bloquea la puerta con un montón de sillas colocadas estratégicamente.
Desplomándose sobre una de las que no necesitó, la chica respira profundamente para recuperarse. Todo esto ha sido muy súbito. ¿Qué diantre le pasa a este sitio? A Sakura le gustaría creer que la definición típica de "encantado" no define este lugar… quizá sea algún tipo de sello o jutsu, centrado en la mente de un objetivo específico. Complejo, pero posible. No sería raro que fuera algún tipo de método de defensa de la gente que se refugió aquí, incluso después de sus muertes.
Eso explicaría por qué ésas cosas pueden hacerle daño y afectar sus alrededores, en vez de ser sólo alucinaciones típicas que se limitan a confundir su mente.
"Me impresionas, no habías estado tan pensativa desde hace tiempo." Sakura Interna suena tanto admirativa como burlona, pero es cierto: cada vez que este tipo de cosas pasan a su alrededor, la chica suele perder la cabeza y el control. No va a quejarse sobre la nueva situación, a decir verdad.
—Tienes cara de haber visto un fantasma —saluda Maru, apareciendo junto a ella en medio de una pequeña nube de humo.
Sakura se golpea la frente contra la mesa, soltando un sonido que está a medio camino entre un sollozo y una risilla. La rata acaba de destrozar el ambiente de tensión, como si nada grave pasara, arruinando la atmósfera con su comentario despreocupado.
—Algo así —musita ella, temblando.
Recordando su promesa de encargarse del roedor como es debido, la chica alza la cabeza y fulmina a Maru con la mirada. Él se limita a apoyarse en su bastón con el aire más relajado.
—¿Y bien? —pregunta Sakura, alzando una ceja inquisitivamente, su expresión seria.
—Bueno, al parecer sí que hay un idiota en nuestro nido, ah —responde él, agitando la cola con aires de suficiencia. Maru sabe lo desesperada que ella está por la información, y parece estar dispuesto a averiguar hasta dónde llega la paciencia de la pelirrosa—. Es posible que haya quemado unas cuantas cosas, así que nadie está muy contento —añade, con una expresión de contento, como si estuviera recordando algo agradable—. Pero está vivo, ah —acaba, justo cuando Sakura siente un tic en los dedos.
Vivo. Misho está vivo. La kunoichi no se da cuenta de que había estado aguantando el aliento, hasta que suspira de alivio. La rata la observa con interés, aunque Sakura pasa menos de tres segundos disfrutando de la gloriosa sensación de seguridad.
—Llévame hasta él —pide Sakura, su tono a medias entre rogar y ordenar, inclinándose hacia el roedor.
—Ah, ah, ¿crees que llevamos a cualquiera hasta nuestro nido secreto? —replica él, dando unos cuantos saltos hacia atrás, fuera de su alcance.
Sakura frunce el ceño y se pone en pie, tambaleante pero decidida. Si tiene que perseguir a este pequeño engreído y convencerlo para que la lleve hasta Misho, lo hará, al diablo con las consecuencias.
—Peeeeero —añade Maru, dando una voltereta hacia atrás y aterrizando en una mesa distinta—. No es una decisión que yo pueda tomar.
Él alza las patas delanteras, un signo muy falso de inocencia. No la detiene en sus esfuerzos de cojear hasta su mesa, apenas evitando unas cuantas caídas dolorosas. La única fuente de luz en la habitación es la linterna, así que es bastante difícil ver por dónde va.
La muchacha da un salto hacia él, tratando de alcanzarlo con las manos. Maru sacude la cabeza y salta con maestría entre sus brazos, aterrizando en su cabeza y luego lejos de nuevo.
—Pregunté y me dijeron que sí, ah, no tienes que intentar matarme —gruñe él.
La rata pretende sacudirse polvo del pelaje, molesto, de nuevo sobre la mesa original. La mira como si estuviera actuando como una cría. A decir verdad, Sakura sabe que es lo que está haciendo, pero ya ha tenido bastante de jueguecitos, y no es precisamente conocida por su paciencia respecto a estas cosas.
—Podrías habérmelo dicho antes —refunfuña Sakura, volviendo lentamente hasta su silla original.
—Lo haría, pero ésas cosas están siendo ruidosas. No quería acabar muerto sólo por un malentendido, ah… Y cantan de pena —comenta Maru, sentándose y apoyando el lomo contra la mochila.
Sakura parpadea, quedándose helada antes de poder llegar a su asiento. Sus planes de cómo lidiar con el siguiente paso de la misión de rescate se detienen, porque algo mucho más urgente está llamando su atención.
—¿...Tú también los oyes? —pregunta, confusa. Maru la mira condescendientemente, mordisqueando la punta de su bō.
—Se me olvidaba que vosotros los humanos tenéis mal oído… eso explica por qué cantáis tan mal —comenta, observando cómo Sakura empieza a rebuscar los bolsillos de su chaqueta—. Por supuesto que puedo oírlos, están grita-¡QUÉ DEMONIOS ES ESO! —chilla Maru, poniéndose de pie sobre sus patas traseras y saltando lejos de ella, aterrizando con una postura defensiva.
Sakura mira la pluma de cuervo, girándola entre los dedos lentamente. Los ojos del roedor brillan en la oscuridad, la tensión de su cuerpo muy distinta a su comportamiento anterior.
—No lo sé —responde ella, pensativa—. ¿Qué oyes? —inquiere Sakura, mirándolo de nuevo. Los ojos oscuros de Maru son muy capaces de reflejar su confusión y… ¿miedo?
—Malditos cuervos. Muchos. ¡Ahora, guárdate ésa cosa! —replica él, con un tono urgente en su voz. A la chica no se le escapa que es más aguda que antes.
Sakura asiente y esconde la pluma de nuevo, sentándose en su silla y tratando de comprender la situación. Así que no es sólo cosa de su imaginación, eso de las Voces y este objeto tan extraño… qué significa, no tiene ni idea, pero al menos sabe que no es un producto de su imaginación.
—...Has hecho que se callen de nuevo —musita Maru, de nuevo en su mesa y mirándola con cautela—. Eres una moza rarita, ¿sabes, Rosita? —comenta, sacudiendo la cabeza.
—¿A qué te refieres con lo que mencionaste antes? —inquiere ella, echando un vistazo nervioso hacia la puerta bloqueada—. Las voces —añade.
Maru suspira, rascándose la barbilla pensativamente.
—A veces… cuando mucha gente muere, o cuando tienen sentimientos muy fuertes… bueno, ah, dejan una impresión en el mundo. Es una marca de chakra, pero normalmente es demasiado pequeña como para que los humanos la noten —explica Maru, agitando la cola con suavidad—. Nosotros las ratas podemos oírlos con nuestro fino oído. Y hay muchos en este sitio —añade, abarcando sus alrededores con un gesto.
—¿¡Están aquí dentro!? —exclama Sakura, entrando en pánico y agarrando la linterna en un instante. Y sin embargo, nada ha cambiado. La sala de espera está tan vacía como siempre.
—Por supuesto… están por todas partes —replica la rata, chasqueando la lengua, como si pensara que la chica es particularmente estúpida—. Como dije, son sólo marcas de chakra, ah. Son demasiado débiles como para hacer nada, pero estaban siendo muy ruidosas. Algo está haciendo que reaccionen violentamente.
"O alguien," piensa ella, decidiendo no compartir su opinión. No se perdió el detalle de que ésas cosas adoptaron formas diseñadas específicamente para apelar a su sentido de culpa. Era un ataque personal. Quizá pueden notar la falta de balance en su chakra… ¿sería descabellado pensar que no les gusta y que quieren deshacerse de ella? Después de todo, su chakra es una anomalía ahora mismo, así que tendría algo de sentido.
La mirada de Maru está centrada en ella, mientras Sakura divaga sobre qué podría hacer que ésas cosas la ataquen de forma tan salvaje. Las dos veces que aparecieron, fue entre la niebla, aunque el razonamiento tras eso no está muy claro.
—Pensaba que estabas desesperada por salvar a tu amiguito, ah —comenta él, sacudiendo los bigotes con aire divertido. Sakura lo fulmina con la mirada y aprieta los dientes. Ahora no es el mejor momento para perderse en sus cavilaciones.
Misho… ya casi ha llegado. Espera sólo un poco más… Sakura se obliga a ignorar los pensamientos de todas las cosas que parecen estar tratando de cazarla. Y que le jodan a Sasuke también, ya de paso.
"No literalmente," clarifica Sakura Interna, aparentemente horrorizada. La kunoichi se siente palidecer al pensarlo, pero decide sacudir la cabeza y centrarse firmemente en la misión.
Sakura se asegura de que todas sus posesiones están a salvo en sus bolsillos y mochila, la cual se cuelga sobre el hombro, mirando a la rata de nuevo y asintiendo nerviosamente.
—Estoy lista.
El roedor asiente y salta sobre su cabeza de nuevo. Un instante después, la sala de espera se desvanece en una espiral de humo.
La primera cosa que Sakura ve cuando la invocación inverse acaba es una bola de fuego ardiente, lanzada directamente hacia su cara. Se agacha por instinto, pero sus movimientos son demasiado lentos. Maru salta delante de ella y parte la esfera con su bastón, sin inmutarse.
"¿Así es como dan la bienvenida a todo el mundo?" se queja Sakura Interna, incrédula. ¿Quizá es una trampa? No, si lo fuera, Maru no la habría salvado.
—¡Idiota! ¡Casi quemas a Rosita, so imbécil! chilla el roedor, saltando hacia el origen del ataque y golpeándolo con su bō. A juzgar por el sonido, es la cabeza de alguien.
Tentativamente, Sakura se pone en pie y echa un vistazo a sus alrededores. Para su disgusto, es casi imposible ver nada; a juzgar por el eco, es una cueva. Un lugar húmedo y frío, típico de ratas, pero sabiendo que alguien acaba de intentar matarla, no se siente del todo segura. La única luz proviene del suave brillo de algunos cristales, creciendo desde el techo y el suelo como bizarros árboles geométricos.
—¡Señorita ninja!
Un borrón oscuro se le tira encima, haciéndola tropezar y caer sobre su trasero, por segunda vez en este día. Dos brazos se cierran en torno a su torso, apretando tanto que apenas puede respirar. Es tan fuerte que se le escapa el aire de los pulmones, aunque apenas tiene tiempo de pensar en lo que está pasando. Una cosa está clara: sólo hay una persona que la llama así.
—Necesito… aire… —logra musitar, notando cómo la presión se reduce mínimamente. Sakura mira hacia abajo para ver una cara redonda muy familiar, un par de ojos oscuros mirándola como si acabara de aparecer de puro milagro—. Misho... —murmura la muchacha, retornando el gesto con su propio abrazo.
Es real. ¿Por qué se siente tan bien el saberlo? Bajo la ropa sedosa que Misho lleva, puede sentir el calor de un humano de verdad. Y no es una persona cualquiera: es un amigo. Está aquí, justo aquí. Una ola de temblores hace que su cuerpo se estremezca; no se había sentido tan bien en mucho tiempo.
El niño está sentado en su regazo, aparentemente sumido en sus propias emociones, sujetándose a ella tan desesperadamente que la pelirrosa puede sentir el latido de su corazón.
Está vivo y, en el fondo, es mucho más de lo que había esperado.
—¿Estás bien? —pregunta el chico, lo justo como para poder mirarla. Sakura asiente ligeramente, una pequeña sonrisa dibujándose en sus labios. Por alguna razón… pensó que nunca lo vería de nuevo.
—Sí — musita. El esfuerzo de evitar llorar es un poco demasiado. Muchas emociones distintas parecen estar haciéndose hueco en su pecho, chocando las unas con las otras con fiereza.
—¡OW! —lloriquea Misho, cuando ella le golpea la cabeza—. ¿Por qué has hecho eso? —pregunta, dolorido, frotándose el área herida. Sakura lo mira con dureza, sin una sola marca de arrepentimiento en el rostro.
—Bueno… quería salvarte —responde él, desarmándola por un breve instante. ¿Sabrá él algo de la conspiración? Sakura alza una ceja inquisitiva, silenciosamente pidiendo información—. Soma me dijo que vieja-bruja-Keisho quería mandarte con el hombre malo —continúa Misho, jugueteando con los dedos nerviosamente.
¿Qué? ¿El otro niño sabía sobre todo esto? Tiene algo de sentido: parecía estar trabajando muy duro en el hospital. Es posible que escuchara cosas…
—¿Cuándo? inquiere Sakura, inclinando la cabeza hacia un lado, pensativa.
—Durante la reunión, me lo dijo todo. Sabíamos desde hace tiempo que algo andaba… mal. Sólo es que no sabíamos qué —añade, bajando la mirada.
Sakura asiente, observándolo con detenimiento. Cuesta apreciarlo en la oscuridad, pero le preocupa que el chico esté herido. Maru rompe la atmósfera antes de que pueda preguntar, aterrizando de pronto en la cabeza de la kunoichi, con maestría.
—Ya tenéis vuestra reunión feliz, ah, guardad el resto para luego. Rosita tiene que hablar con Gran Gordito ahora, o tendré que matarla —comenta, casualmente.
La muchacha quiere decirle que se meta sus palabras por un agujero oscuro de su cuerpo de roedor, pero decide que lo mejor es acatar la orden, por ahora. Misho parece pensar lo mismo, porque se calla. Ahí va la reunión feliz…
—¿Es por eso que intentasteis prenderme fuego? —gruñe Sakura, de mal humor. Qué diantre, Misho y ella ya tendrán un reencuentro como es debido cuando acabe todo esto.
—Nah —replica la rata, golpeteándole la cabeza con la cola—. Pero si fuera tú, cerraría el pico y obedecería.
Misho toma la iniciativa y coge a Sakura de la mano, caminando sin miedo a través de la oscuridad. ¿Estará enfermo? La palma de su mano está caliente y sudorosa, aunque a juzgar por cómo se mueve, no está herido.
Sus pasos resuenan a través de la caverna, el sonido distante de agua corriente señalando la presencia de ríos subterráneos.
—¿Qué fue eso, pues? Las personas normales no suelen tirarse bolas de fuego las unas a las otras para decir hola —inquiere ella, casi tropezando con una roca puntiaguda. Esta es una oportunidad tan buena como cualquier otra para obtener información, así que no va a dejarla pasar.
—Ah, no voy a molestarme en explicar. Gran Gordito lo hará —responde él con una risilla—. Aunque deberías llamarlos Nezumi. Y por tu bien, habla como yo o te vas a meter en líos —añade Maru, incrementando la fuerza de sus golpecitos.
—¿Y eso qué es? —prosigue Sakura, tratando de apartar al roedor de su cabeza con la mano. Él se limita a saltar sobre ella, dándole un golpe con su bastón y aterrizando de nuevo entre su pelo.
—El Rey de las Ratas, por supuesto. Es un poco difícil describirlos, pero ya verás.
Misho está extrañamente callado durante la conversación, limitándose a tirar de ella hacia adelante. Por suerte, la iluminación mejora conforme avanzan, así que Sakura puede ver sus alrededores (y el suelo que tiene que pisar) con mayor claridad.
Este lugar es verdaderamente enorme: las estructuras de cristal son cada vez mayores y brillan de forma impresionante, y ahora la chica puede ver lagos enteros y cataratas fluyendo a lo largo de las paredes y el suelo.
La cueva entera brilla con luz reflejada, y en el muro más lejano puede ver un destello de… ¿luz solar? Los rayos de sol caen sobre lo que parece ser una masa enorme de pelo y tentáculos. Una inspección más atenta revela cientos de ojos brillantes, refulgentes entre la masa del enorme cuerpo, mientras éste se retuerce y chapotea suavemente.
"Asqueroso" es el primer pensamiento que le viene a la cabeza, pero por alguna razón, la muchacha siente que esta no será la última vez que interactuará con esta cosa.
Una llamarada naranja hace su aparición cerca de ella, haciendo que Sakura salte hacia un lado defensivamente, escondiendo a Misho detrás de sí. La mayor salamandra que ha visto en su vida está escupiendo una cantidad impresionante de fuego, justo a su lado.
Repartidas por el resto de la cueva, muchas otras siguen el ejemplo. No atacan, simplemente proyectando las ardientes llamas hacia el techo. En la distancia, la chica puede oír algo muy parecido a un alarido.
—Nezumi te han visto —murmura Maru—. Camina hacia Ellos con cuidado. Para cuando te lo diga.
"¡De ninguna manera me voy a acercar a esa cosa!" Pero Sakura no da voz a sus pensamientos. En lugar de eso, traga saliva tan calladamente como es posible. Misho parece ser indiferente respecto al esperpento que se encuentra al fondo de la cueva, probablemente porque ya lo ha visto antes.
Los pies de Sakura chapotean en el agua, que está agradablemente cálida, aunque la kunoichi no quiere saber qué clase de cosas habrá ahí dentro. Llega sólo hasta las rodillas, pero la pelirrosa ruega que no se volverá mucho más profunda.
A estas alturas, la adrenalina está prácticamente agotada y se siente muy cansada. El paraguas, al menos, es útil para obtener un agarre en el fondo resbaladizo del lago, pero sus pasos se hacen cada vez más pesados.
Cuanto más se acerca a la criatura que Maru ha llamado Nezumi, más siente que quiere correr en la dirección contraria. Lo que pensó que eran tentáculos son las colas largas de muchas, muchas ratas. Están enredadas hasta el punto de que cuesta distinguir a las unas de las otras. No quiere saber qué está manteniéndolas pegadas.
—Nezumi, he traído a Sakura hasta vuestro gran Nido. —La voz de Maru logra mantener un tono jocoso, aunque es tan vago que casi podría ser cosa de la imaginación de Sakura.
—Acércate —dice… ¿dicen? Nezumi. Sakura no lo sabe, pero cada fibra de su cuerpo quiere hacer justo lo opuesto. Las palabras provienen de varios centenares de voces distintas, que de algún modo logran hablar al mismo tiempo.
Misho le suelta la mano y Maru salta lejos de su cabeza. Tentativamente, Sakura da los últimos pasos hacia la masa de pelo y carne. Algunas de las colas se extienden hacia ella, cerrándose alrededor se su cuerpo. Si esto es un ataque, no tiene posibilidad alguna de escapar. Sin embargo, la muchacha tiene el presentimiento de que no hay peligro, aunque es una experiencia desagradable.
Una esfera de luz blanca aparece en la punta de una de las colas, frente a sus ojos. Parece estar hecha de humo condensado o niebla, girando lenta y establemente. Se traga el mundo su alrededor, arrastrándola a un lugar extraño. Sakura mira a su alrededor, pero las colas tentaculares han desaparecido, y también lo ha hecho la cueva.
Este lugar es familiar, sin embargo, aunque nunca tuvo la oportunidad de observarlo con detalle.
Es como un lindo sueño. Sakura alza los ojos hacia el infinito cielo azul - es un día de verano radiante, en que las nubes esponjosas pretenden ser barquitos, navegando el calmo océano de allá arriba. Mientras tanto, ella observa, echada sobre la hierba. Una brisa gentil y delicada hace las briznas danzar, en olas alocadas e impredecibles, jugando con sus ropas y pelo rosado.
Sakura se levanta, sentándose en la verde sábana de vida vegetal y mirando a su alrededor, confusa. ¿Qué será este sitio? Es tan parecido a Konoha, a casa, que es casi físicamente doloroso. El olor de la vegetación floreciente llena el aire, los insectos zumbando de aquí para allá alegremente. ¿Qué clase de genjutsu es esto?
—Es el interior de tu mente —explica una voz extrañamente familiar, viniendo de algún lugar cercano.
La muchacha gira la cabeza, para encontrar una versión más joven de sí misma, de apenas doce o trece años de edad. El pelo de su clon todavía está largo, pero lleva un lazo rojo en lugar de una banda de ninja, y un vestido ligero y florido, veraniego.
—¿Quién eres? —inquiere, mirando a la niña con confusión. La otra se limita a sonreír, inclinando la cabeza hacia un lado—. ¿...Mi yo interna?
—¡Sip! Y chica, de verdad deberías darte una ducha —ríe Sakura Interna, ampliando su sonrisa.
Nota: no se lo digáis a los de la versión inglesa, pero el concepto del Rey de Ratas es de hecho inspirado en la... cosa que a veces sucede en la vida real, del mismo nombre y características parecidas. Será nuestro secretito, ¿sí?
Hasta el finde que viene (:
