Bloqueo, locura, estrés, creo que cancelaré la historia… nah mentira, lento, lento pero ahí le sigo….
Acabo de darme cuenta (porque soy una lenta) de que este fic ya pasó de humor a drama…. Después de este capítulo regresamos a las ocurrencias…
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Capítulo
11
"Miedo y Confusión"
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Tony había pasado los tres últimos días en Boston. Gracias al modo de sigilo y su desconexión total de Jarvis estaba seguro de que nadie daría con su paradero. Le era difícil atenderse solo por lo que había estado tumbado en esa cama de hotel todo ese tiempo, pues con cada movimiento sentía terribles punzadas atravesarle el abdomen y sus huesos de las caderas crujir amenazando con volverse añicos.
Finalmente había logrado conseguir algo de morfina y reunir las fuerzas suficientes para llamar a la clínica que hace tanto tiempo había conseguido para que Molly abortase. Con nerviosismo pero decidido le explicó a detalle su situación a una mujer que atendió su llamada; confundida aunque no asustada, ella le pidió que esperase en la línea. A los pocos minutos un sujeto de voz gruesa y pausada habló con Tony, le pidió más detalles de su situación; y dijo, con inusual naturalidad, que era un problema que podían resolver.
Tony le proporcionó datos falsos, y colgó tras enterarse del costo de todo el "asunto". Con el corazón en vilo hizo un esfuerzo por vestirse. La mano le tembló al alcanzar su billetera, y fue incapaz de abrir la puerta del hotel. Se sentó en el reposabrazos del sofá que había junto a la salida, y con dedos temblorosos entreabrió la áspera cortina. La luz de la carretera y el resplandor de las pocas habitaciones ocupadas en ese simplón hotel lo deslumbraron.
Tras un instante de profundo silencio en la azulada oscuridad de la pequeña habitación, sintió un nudo apretar su garganta mientras sus ojos castaños escocían. Aunque trató de controlarse las lágrimas rodaron por sus ojos. Acarició con su mano izquierda el redondeado bulto que se formaba bajo su camisa azul marino, clavando al mismo tiempo la mirada en la curva que dibujaba la interestatal antes de ingresar a la urbe bien iluminada de Boston.
-Esta noche nos voy a salvar a ambos- dijo, no muy convencido, sintiendo que el bebé podía escucharlo. Lo salvaría a él de ese mundo, se dijo, y después quizá tomase un frasco de aspirinas y un par de botellas de Whisky hasta ver el mundo apagarse ante sus ojos.
Se negó a pensar en Steve, en si aquello era correcto o no, y en cuánto había llegado a querer a su hijo sin siquiera conocerlo. Respiró profundo, y armándose de valor salió. Tomó su auto tras cancelar en la caja donde una anciana mujer gorda apenas le prestó atención a la descolocada expresión que Tony llevaba en el rostro.
Tomó la interestatal ingresando pronto a los barrios conglomerados de Boston. A sus costados pasaban un sinnúmero de edificios, escaparates iluminados, aceras donde la gente caminaba apresurada e hileras de bonitas casas de estilo colonial. Al estacionarse cerca de un callejón donde un edificio de ladrillos humedecidos tenía un gran rótulo oxidado donde se leía "Clínica Obstetra", Tony sintió que se le iban las fuerzas. Apagó el motor del auto y escuchando atentamente como su alma se rompía, apoyó la cabeza sobre sus puños apretados en el volante. Rompió a llorar, en silencio, mordiendo sus dedos y sofocando sus sollozos con ambas manos.
Lloró tiritando a causa de un frío inesperado, y cerrando los ojos para imaginar que Steve estaba allí, que lo apoyaba o lo detenía, pero que por lo menos era parte de su vida en ese confuso y turbio momento. Incluso llegó a imaginar la tibieza de la mano de Steve sobre su hombro, acariciando su brazo y llegando a su mano donde entrelazaba sus dedos.
Recobró la calma muy lentamente. Tras secarse las lágrimas con las mangas de su camisa y respirar varias veces, bajó del auto. Se vio obligado a apoyarse abruptamente de espaldas sobre el auto al sentir un tirón en la espalda baja y escuchar un crujido en la parte posterior de sus caderas.
Respiró hasta que el dolor se desvaneció; y sin mirar a su alrededor ingresó en el callejón aledaño. Era un sucio lugar repleto de basura en bolsas rojas con marcas de "infeccioso"; un caudal de agua mohoso corría por el centro de éste reflejando las luces de la calle. Tan solo era visible una puerta de madera oscura con un fusible titilando a un costado.
Tony se plantó frente a ésta, mirándola y recordando que ese había sido el lugar donde su amante de la universidad perdió al bebé.
Pasó una mano por sus desgreñados cabellos castaños y pensó que finalmente perdería todo a Steve, a su bebé, y lo último que le quedaba de cordura; en un callejón desolado a mitad de la noche, con tres mil dólares en la billetera y un hombre desconocido en una clínica de abortos clandestina.
….
Steve daba vueltas hecho una furia en la entrada del Starbucks cuando los demás vengadores llegaron. No tuvieron tiempo para discusiones aunque la mayoría fulminó con la mirada al Capitán. Nathasha en el corto trayecto que los tomó llegar hasta allí logró configurar un par de protocolos de Jarvis para que le informase cuales fueron los últimos teléfonos marcados por el StarkPhone de Tony hace tres días antes de que escapara se la Torre. Fue fácil engañar a la mujer que contestó para que soltara la información sobre la clínica en Boston.
Una vez obtuvieron la dirección decidieron emprender el viaje a Massachusetts.
-¡No!- de manera abrupta, cuando Bucky intento abrir la puerta del auto, Loki se interpuso.
-Loks, no es momento de bromas- gruñó el Soldado del Invierno.
Detrás de él Steve se puso tenso, Thor preparó su martillo para detener a su hermano si es que pretendía algo malicioso, Bruce tuvo que respirar varias veces para no ponerse verde, mientras que Clint y Nathasha deslizaron sus manos a las armas que siempre portaban con ellos. Pepper fue la única que pareció entender lo que Loki quería hacer.
-Tiene otro plan, no sean paranoicos- gruñó ella, abriéndose paso entre todos.
-Paranoicos histéricos- añadió Loki torciendo una mueca a Bucky y Thor que intentaban disculparse.
-¿Y en que consiste el plan?- exclamó Steve, siguiendo a Loki que se apartó junto a Pepper, del estacionamiento.
-Es sencillo…- Loki extendió sus manos hacia adelante como si algo fuese a aparecer de sus palmas. Todos, incluso su hermano que, se inclinaron a ver. –No he perdido toda mi magia…
-Espero que tu truquito nos lleve pronto donde Tony- dijo Steve, ansioso.
Antes de que alguien pudiese agregar cualquier cosa más unas hebras plateadas nacieron de los dedos de Loki envolviéndose en torno a sus palmas como un agujero de gusano. Los Vengadores que tenían la mirada fija allí sintieron un mareo extraño. El poder de la magia los atrajo convirtiéndolos a ellos en hilillos de luz que desaparecieron por la espiral plateada con un estallido ensordecedor.
Lo último que quedó de ellos a un costado de la interestatal fue un ligero resplandor que flotó en el aire como niebla.
…..
La desintegración fue espantosa salvo para Thor y Loki quienes empleaban métodos semejantes para viajar entre los nueve mundos. Aparecieron en una esquina de Boston, asustando a varios transeúntes que saltaron palideciendo al verlos salir de la nada. Del cúmulo de luz del cual fueron arrojados Steve salió disparado contra unos cubos de basura y un letrero de una cafetería; Bruce cayó de bruces sobre el pavimento apartándose apenas de un auto que pasaba a toda velocidad por la calle; Pepper se desplomó sentada sobre la acera donde confundida hizo tropezar a Bucky quién intentó salir con cierta normalidad. Clint y Natasha aparecieron hecho un nudo de piernas y brazos, abrazados al otro y ruborizados por la incomodidad del inoportuno momento.
Thor emergió con gracilidad y elegancia dando una voltereta en el aire aterrizando sobre sus piernas flexionadas para después erguirse sin problema. Loki fue el último, se limitó a aparecer caminando con sus aire de arrogancia; extendiendo la mano para ayudar tan solo al Soldado del Invierno quién le dedicó una tiesa sonrisa.
-¿Dónde estamos?- murmuró Pepper, apenas reponiéndose gracias a Bruce que la ayudó a ponerse en pie.
El grupo paseó sus miradas por los alrededores; entornando los ojos. En efecto aquello era Boston, y al parecer la dirección que Nathasha había conseguido de Molly; lo preocupante resultó percatarse de que en el horizonte una franja rojiza nacía. Había amanecido.
-¡¿Cuánto tiempo hemos estado en tu hechizo?!- gritó Steve, desencajado, asiento a Loki por las solapas del abrigo al borde provocar que Bucky lo golpease por su arrebato.
-Menos de lo que hubiésemos tardado en auto, mi poder ya no es tan bueno gracias a ustedes, monos coloridos- escupió Loki refiriéndose a los vengadores. Entornó los ojos con desdén y se zafó del agarre de Steve, decidido a decir algo más, abrió la boca, pero permaneció estático mirando a un punto a las espaldas del Capitán América.
-¿Qué ocurre…?- masculló Steve al notar que cada uno de sus amigos miraba hacia el mismo sitio. Giró por sobre su hombro y sintió que se le caía el alma a los pies; tuvo que volverse por completo para comprobar que no era una alucinación.
Era Tony, quién arrastrando los pies, envuelto en un abrigo de color claro que escondía el probablemente ausente bulto en su abdomen, caminaba hacia su auto. Tiritaba, las lágrimas corrían por su rostro el cual carecía de expresión. Tenía sus vivaces ojos castaños ausentes.
Steve sintió su cabeza dar vueltas, el corazón se oprimió en su pecho. Tenía la culpa de aquello, se dijo, él había rechazado como un imbécil al milagro que Tony llevaba en su cuerpo, y había destrozado a la persona que más amaba.
Avanzó sin contemplaciones hacia Tony tomándolo por desprevenido. El ingeniero parpadeó varias veces antes de reconocerlo, y frunció el ceño, desconcertado.
-Steve…- pronunció, su voz rota.-Steve ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo me encontraste?-
-Dime que no lo hiciste, Tony. ¡Por favor dime que no lo hiciste!- gritó, sus ojos humedecidos y sus manos apretando con fuerza los hombros de Iron Man, conteniendo el sacudirlo para que respondiese.
-Me haces daño- se quejó él, desviando su mirada hacia el suelo.
-¡Anthony Stark, lo perdiste! ¡Maldición, lo hiciste!- bramó Steve soltándolo para no golpearlo, dando vueltas sobre si mismo y golpeando el auto de Tony hundiendo el metal. –Era nuestro hijo…-
-Eso no opinabas cuando te dije que quería tenerlo. ¡¿Dónde demonios estabas cuando me colapse, donde demonios estabas cuando tomé la decisión de perderlo?! ¡Me diste a elegir entre el bebé y tú ¡¿Cómo esperabas que lidiara con eso?!– exclamó Tony apoyándose en el auto mientras respiraba agitado e incapaz de mantenerse en pie.
-Lo siento. Lo siento, de verdad, lo lamento.- confesó Steve, atrapando a Tony en sus brazos cuando estuvo a punto de desvanecerse. El ingeniero hallando protección en su regazo rompió a llorar gimoteando algo ininteligible para el rubio. –Lamento haberme ido, fui un cobarde, un imbécil…
Entonces llegó a sus oídos algo inusual que turbó su mente. Era una risa, una risa mezclada con llantos débiles.
-Deberías irte con Bucky, no te preocupes por mi…- era Tony,-…el bebé estará bien-
Solo en ese instante a Steve se le ocurrió deslizar una de sus manos, temeroso, hasta la panza aun redonda y firme de Tony. Sintió que volvía a respirar, y que el frío escapaba de sus huesos.
(Tres Horas Antes)
Tony cruzó el umbral de esa puerta tras mucho pensarlo. Quizá impulsado por el frío que descendía sobre Boston a causa de la oscura madrugada, mismo que ni el abrigo que fue a traer del auto pudo calmar. Ingresó a una estancia de suelos blancos, paredes pintadas de un rosa bajo, con un escritorio repleto de papeles al costado de una puerta y una fila de sillas apostadas contra la pared donde una mujer rubia de cabello teñido fumaba con nerviosismo repiqueteando con sus uñas mal pintadas sobre su pierna descubierta gracias al corto vestido floreado que usaba.
Temeroso Tony se acercó al escritorio donde otra mujer, de cabello cano y rostro arrugado, leía a través de sus gruesos anteojos un libro amarillento y empolvado. Carraspeó llamando la atención de ella, quién con aire despectivo recorrió una impávida mirada sobre Tony.
-¿Qué se te ofrece?- preguntó en tono áspero.
-Tengo una cita a esta hora.- dijo Tony, un nudo apretando su pecho y las manos sudándole.
Nada garantizaba que esa gente no sintiera duda sobre su caso, comenzara a hacer preguntas y lo reconocieran. Cualquier ser humano sobre la faz de la tierra sabía que podía ganar millonadas con vender la simple noticia de "Tony Stark en una clínica de abortos", cualquier periódico o canal de Tv mataría por la noticia de una celebridad masculina embarazada. Un fenómeno, se dijo Tony.
La mujer revisó vagamente un cuaderno repleto de tachones y notas que descansaba sobre el papeleo del escritorio.
-¿Tres mil dólares? ¿Eh? Debe ser un caso importante- entornó los ojos hacia la panza de Tony quién la cubrió con el abrigo, fulminando a la mujer con la mirada.
-Siéntate ahí y espera- señaló despreocupadamente hacia la silla que había junto a la mujer rubia de vestido corto; y volvió sin más a la lectura de su libro.
Aliviado por la falta de interés de la mujer, Tony se acomodó donde le habían dicho. El aroma esterilizado del lugar le provocaba náuseas, y el esperar solo prolongaba su suplicio, la culpa que sentía por estar haciendo aquello.
-¿Te hiciste operación, cariño?- la voz chillona y zalamera de la rubia teñida a su costado sobresaltó a Tony.
Tardó en captar el significado de las palabras de la mujer y parpadeó varias veces, aun sin poder creerlo.
-¿Cuánto te costó? Parece haber salido muy bien- comentó ella, viéndolo de pies a cabeza- te vez bastante hombre.
Por supuesto, pensó Tony, la mujer del escritorio, así como el hombre que lo atendió por teléfono, e incluso esa joven a su lado crecían que era un hombre transexual. Tony había escuchado en muchas ocasiones que algunas mujeres al realizarse el cambio de sexo conservaban su aparato reproductor interno con el fin de tener un hijo.
-¿Asustado?- la rubia levantó las cejas sacando a Tony de sus cavilaciones.
-Sí, un poco- musitó él, tiritando de frío.
-Tranquilo. No duele y apenas se demoran- espetó ella, encogiéndose de hombros y dando una calada a su cigarro. Vio a Tony temblar y preguntó -¿Es un niño que quieres? ¿Verdad?- aunque sonó como un afirmación.
Tony tragó saliva asintiendo con torpeza y desviando la mirada de la mujer. Esta suspiró.
-¿Y por qué no?- cuestionó soltando una columna de humo.
-Su padre no lo quiere-, Tony suspiró.
-¿Y?-, la brusquedad con que ella lo dijo hizo a Tony regresar sus ojos castaños hacia los verdes de ella. La mujer sacó un bolso que había escondido bajo la silla y extrajo de este una botella. Bebió un par de tragos ofreciendo uno a Tony, quién sacudió la cabeza. -¿Sabes por qué estoy aquí? Porque cada hijo de puta con el que cojo usa condón, pero de vez en cuando algún imbécil me paga más por hacerlo sin nada- tomó otro trago y guardó la botella de lo que parecía ser tequila. Miró a su vientre, apenas hinchado. –No amo a esos sujetos, pero sí tendría más dinero para tener esta criatura, y consiguiera un trabajo decente para dejar mi actual labor…amaría tener un niño- sonrió triste y se puso de pie caminando hacia la puerta junto al escritorio, donde arrojó un fajo de cincuenta dólares.
-¿Y si fuera un embarazo riesgoso? ¿Y si no pudieras estas presente para verlo crecer?- espetó Tony, desesperado.
-Lo perdería- suspiró ella, arrojando el cigarro a una papelera- No tengo padres, ni familia con quién dejarlo…- el médico, un hombre larguirucho la hizo pasar y cerró la puerta.
Una joven de dieciséis años con el rostro pálido se deslizó fuera del consultorio, desapareciendo con rapidez.
Tony permaneció sentado, con la mente y el rostro en blanco. Ella tenía razón, no podía dejar a su hijo a la deriva; todo el dinero de las empresas Stark no criaría a un niño. Sin embargo, reflexionó a los pocos minutos, a pesar de no tener padres, ni a Steve, tenía una familia; una extraña familia a veces disfuncional pero que sin duda cuidarían de su niño. Solo era cuestión de ser valiente, se dijo, pero antes de ponerse de pie, la puerta se abrió.
La joven rubia salió, un poco pálida y tiritando mientras bebía de su botella, absorta.
-¿Cuándo podré volver a trabajar, doc?- le dijo al hombre larguirucho de bata blanca.
-En dos días- respondió éste estirando el cuello para ver a su próximo paciente. La promesa de tres mil dólares.
-Mierda- gruñó ella arrojando la botella vacía a la misma papelera y dirigiéndose a la salida. Volteó hacia Tony y le guiñó un ojo- suerte, cariño-.
Antes de que el médico pudiese llamarlo, Tony saltó de su asiento, alcanzando a la mujer.
-¿Cómo te llamas?- preguntó, intrigado. Ella lo miró desconfiada, pero tras dar un suspiro, respondió.
-Sofía Malraux- sonrió con ternura y desapareció por el callejón contoneando sus caderas.
-¡Ey, tú!- la mujer del escritorio llamó a Tony, este apenas se volteó- Tu turno, entra- cabeceó hacia el consultorio.
Tony frunció el ceño y sacudió la cabeza.
-Lo siento pero…olvidé el dinero en… el auto-, dijo y salió disparado de allí.
La velocidad con lo que lo hizo y el frío que golpeó en su rostro causaron que palideciera y tiritara. Perdido en sus pensamientos, con el rostro inexpresivo pero el corazón latiendo con esperanza, caminó hacia el auto sin percatarse de que, disparados de un cúmulo de luz, aparecieron con suma torpeza sus amigos Vengadores a unos pocos metros del callejón.
-Bucky te está esperando allá, con los demás. Vete- gruñó el castaño cabeceando en dirección a los Vengadores, y abriendo la puerta del vehículo donde pretendía entrar, zafándose de los brazos de Steve.
-¿Bucky?- la voz de Natasha interrumpió; Tony levantó su mirada hacia la pelirroja- Bucky está con Loki, lo que viste en las cámaras de vigilancia, fue un mal entendido- explicó acercándose al auto.
Tony suspiró, cerró la puerta y cruzando los brazos con el mejor gesto arrogante que pudo hacer, miró fijamente a Steve.
-No soy bueno mintiendo, Tony. Bucky es…- se encogió de hombros-…como mi hermano mayor, un fastidioso e irritante hermano mayor-.
-Tendrás que convencerme- sonrió Tony, débil.
-Te lo aseguro, mortal- intervino Loki, -tomando posesivamente la mano de Bucky- soy mucho mejor que el vejestorio de noventa años- curvó sus labios.
-Solo eres un vejestorio de más de mil años- bromeó Bucky, lo cual arrancó una sincera risa en Tony.
Los demás Vengadores se habían acercado poco a poco, pronto saludaron al ingeniero rodeándolo de abrazos. Bruce se disponía a reclamarlo sobre la estúpida hazaña que realizó al viajar hasta Boston y pasar tres días en un hotel de mala muerte; cuando Steve dijo:
-¿Tony? ¿Te sientes bien?- pues había estado absorto mirándolo, tan atento que no tardó en notar que algo iba mal cuando las largas pestañas de Stark parpadearon varias veces, sus labios se crisparos y la palidez cundió en su rostro bronceado. –Tony…
Pero Tony no lo escuchó, sintió que las voces se alejaban, y sus piernas perdían fuerza. El mundo dio vueltas y se vino abajo, el frío de la madrugada estremeció sus huesos cuando se desplomó atrapado por los brazos de Steve. Steve cuyo rostro junto con el de los demás Vengadores fue volviéndose borroso hasta desaparecer…
Gracias por leer mis tonterías ;)
Dejen Reviews… y nos leemos en el próximo capítulo….
Los quiero.
xoxo
