Desenmascarada - Parte II: Refugiada - Capítulo 15: Llega el Invierno

Impredecible, así es la vida; breve, así es la primavera; frágil, así es la belleza; vivaz, así es el amor.


Electrificante. El destello de luz púrpura se abalanza hacia el suelo de nuevo, en forma de rayo. Bajo sus pies, el vidrio se rompe y estalla en un millón de piezas, y la muchacha cae a un abismo oscuro, inacabable, devorador… La última cosa que ve son sus ojos, dos orbes brillando violeta y rojo, mientras él se queda al borde, observando su descenso.

Ella grita, pero nadie la ayudará, porque está sola. Y entonces él vacila, su mano tratando de alcanzar la de ella. Él pierde su balance, su apoyo… y ambos se hunden en las fauces hambrientas del olvido, las Voces de los muertos llamándoles en su caótico baile de locura.

Una de ellas, en forma de demonio de nueve colas, se acerca a ellos como si pretendiese cazarlos. Y sin embargo, cuando su boca se abre, sólo se escucha una palabra.

Despierta.


Alguien llora. Es un sonido familiar; Sakura reconoce la voz, pero nunca antes la había oído así. La chica trata de averiguar en qué situación se encuentra, y la primera memoria que le viene a la mente es la de la mirada de Sasuke, centrada en la suya propia. Demasiado cerca.

Sus ojos se abren de inmediato, un escalofrío recorriéndole el cuerpo al pensar en qué lugar podría estar ahora mismo. Y sin embargo, por encima de ella sólo hay un cielo gris y nublado, el aire gélido del País del Hielo le golpeándole la cara en ese mismo instante. Sakura parpadea varias veces, tomando nota de sus alrededores cuidadosamente.

Hay una hoguera junto a ella, protegida de lo peor del viento por el muro de un edificio, aunque la construcción está llena de grietas y apenas le ofrece protección. Su cabeza descansa sobre su mochila, el paraguas junto a ella. Alguien le echó un saco de dormir por encima, quizá por prisa y falta de cuidado, ya que está tan mal puesto que el viento podría hacerlo volar en cualquier momento.

No hay nada que indique la presencia de Sasuke. Ni siquiera sellos que podrían estar restringiendo su libertad de pensamiento y movimiento, ni cadenas, ni nada que indique amenazas. Por no haber, no hay ni dolor. A primera vista, parece que no hay peligro inmediato. Sin embargo, el llanto continúa, y se oyen explosiones en la distancia. ¿Una batalla, quizá? De un modo u otro, Misho no está aquí y ponerse en pie es su mejor opción.

—No vayas, ah.

La voz de Maru viene de detrás de su mochila. El pequeño bastardo se ha escondido detrás de ésta, y tan pronto Sakura se pone de pie, la rata le habla con ese tono tan molesto que tiene. Es como si le hubiera leído la mente. Sakura se vuelve y lo mira, confundida. ¿Significa esto… que fue transportada fuera de la cueva? ¿Qué pasó con Sasuke, pues?

—¿Vas a…? —murmura ella, considerando que quizá fue traicionada por las ratas. ¿Cómo podría fiarse de tales criaturas, cuando la pusieron bajo todos esos genjutsu, incluso después de que les dijera que pararan? No puede acabar la pregunta, sin embargo, un nudo formándosele en la garganta, con una fuerza asfixiante.

—Rosita, te lo creas o no, me faltan razones para hacerte daño —replica él, sin dar rodeo alguno, saltando sobre la mochila y sentándose con el aire más casual. Su cola se cierra en torno a su bastón, balanceándolo en el aire expertamente—. Aún si no estás de acuerdo con mi manera de hacer las cosas, nuestro objetivo es el mismo, ah.

Objetivos… ¿es que hay alguno para ella, ahora mismo? En este caos enloquecedor que parece empeorar por momentos… ¿hay una razón, un propósito? Sakura no sabe dónde estará en diez años, Demonios, en las siguientes horas podría pasar cualquier cosa y estaría tan perdida como lo está ahora. Al fin y al cabo, todo lo que amaba se ha esfumado. Sus amigos, su maestra, su hogar…

—¿Qué son esos sonidos? —inquiere la chica, de algún modo sonando mucho más tranquila de lo que se siente. Es extraño… todo se siente vago y distante. Sakura se divierte a sí misma, pensando que quizá le han golpeado tanto el corazón que al final se le ha roto, y ahora sus emociones no funcionan bien.

—Es el idiota. Está berrincheando —responde la rata, sin inmutarse por su largo silencio. Es como si no le importara nada. Qué dicha debe ser…

—¿Misho? —pregunta Sakura, mirando en la dirección de la última detonación. ¿Cómo podría…? El suelo está temblando, por Kami. Nunca en un millón de años habría imaginado que el niño podría poseer ese tipo de poder. Tiene que ser una broma.

Y sin embargo, no puede evitar que se le acelere el corazón a la mención de su pequeño amigo. Miedo, preocupación y esperanza: las emociones se mezclan en el pozo de su mirada, y su tono lo refleja, aunque sea poco. Incluso ahora, es imposible esconder sus sentimientos por completo.

—Sip, sip —replica Maru, imitando la voz del niño—. Corazoncitos delicados como él son siempre peligrosos, ah.

Tengo que ayudarle. Sakura siente la necesidad de sacudir la cabeza Desesperarse no ayudará; es obvio que algo le sucede a Misho, pero su mente sólo podrá funcionar a capacidad completa si se mantiene tranquila. Aún así, la pelirrosa se pone en pie de inmediato, preparada para ignorar el consejo de la rata sin pensárselo dos veces. No va a hacerle caso a alguien en quien no puede confiar.

Ignorando las protestas agudas de Maru, Sakura recoge su mochila y se lo cuelga al hombro, poniendo el saco de dormir bajo un brazo. Tras una breve consideración, considera que el paraguas podría ser útil después de todo, así que lo agarra con la única mano que le queda libre. El roedor salta sobre su cabeza, aunque ella se limita a quedarse quieta y apretar su agarre sobre los objetos en sus manos.

Bájate —musita en voz baja. Cuando la rata la ignora, Sakura sorprende a ambos con un golpe de paraguas dirigido a la rata. Sin embargo, después de que Maru lo esquive, la chica no detiene su movimiento y se golpea a sí misma. Hay pequeños puntitos bailando frente a sus ojos—. Me necesitas —continúa, atacando de nuevo y fallando una vez más. El dolor es mayor de lo que le gustaría admitir.

No puede controlar sus propios movimientos. Se siente bien hacer esto. Aliviante de una manera retorcida y oscura. Dioses… está perdiendo la cabeza. O quizá es un sacrificio necesario para quitarse a Maru de encima. No lo sabe, y ese pensamiento es aterrador.

Sin embargo, funciona: la rata salta lejos de ella, aterrizando en el suelo silenciosamente. Satisfecha, Sakura aparta su arma improvisada y se quita la mochila, para meter el saco de dormir en ella… y esconder su mareo. Cada parpadeo se siente como si fuera el último, su visión borrosa y más oscura de lo normal. La chica lo ignora, poniéndose en pie y tratando de no tropezar.

Hay marcas de quemaduras en los edificios cercanos… algunos siguen echando humo. El vidrio de las ventanas se ha fundido, mezclándose con metal y plástico, todavía demasiado caliente como para volverse sólido. Incluso las estructuras artificiales de piedra y cemento se están cayendo a pedazos. Lo que no está quemado o convertido en una masa extremadamente caliente se ha llenado de grietas.

Sakura no puede creer que Misho haya hecho esto. Y aún así, ¿por qué? ¿Cómo? La cantidad de calor y de chakra que haría falta para un fuego tan caliente no es algo que el niño podría crear. Ni siquiera tenía las reservas para una invocación…

Y ahí está él, de pie en medio del caos y mirando hacia la masa derruida de lo que antes fue un banco, a juzgar por los carteles de la fachada. Su figura está envuelta en serpientes de fuego, y a la pelirrosa le lleva un momento darse cuenta de qué hace que la imagen no parezca del todo correcta.

El cuerpo del chico… se ha deformado. Una cola le está creciendo al final de la espalda; sus ropas se han roto a causa del empuje creciente de un cuerpo que no es humano, sus colores negros y amarillos contrastando contra el paisaje gris, más allá de su destrucción. Lo que parece ser fuego líquido brota de los poros de su cuerpo, sus ojos oscuros brillando con el color de las llamas.

Así que… estoy bien, de verdad. Tratando de ajustarme al cambio.

Las palabras de Misho se hacen eco en la mente de Sakura, cada una enviando un pinchazo a través de su corazón. Escondió esto de ella. ¿Por qué duele tanto? ¿Pensó que ella era demasiado débil como para ayudarle? ¿Quiso… protegerla? El caos se desata en su mente una vez más: cuando él hablaba de preocupación y admiración, ¿no estaría viéndola, en el fondo, como alguien inútil?

Soy un desastre total, ¿no es cierto? Sin importar cuánto lo intente, cómo de fuerte me haga, todo el mundo piensa eso.

Quizá Sasuke la dejó viva porque no valía la pena matarla. Una sensación extraña le llena el alma cuando piensa en ello, pero ahora mismo es incapaz de mantener su mente lejos de la extraña criatura que antes fue su amigo.

Sakura pone la mochila en el suelo y rebusca en ella en busca de un objeto que no ha usado en algún tiempo: la negra y suave pluma de cuervo es justo como la recuerda. Sus dedos se cierran en torno a ella con gentileza, el objeto trayendo de vuelta memorias de ilusiones, tanto agradables como desagradables. La ha tenido desde que dejó el campo de batalla, y todavía no sabe si eso es bueno o malo.

Dejando el resto de sus cosas atrás, la muchacha alza la pluma frente a sus ojos y le da vueltas con los dedos, con un aire falsamente tranquilo. Ni siquiera siente el calor o el frío. Es como si se contrarrestaran; la atmósfera, atrapada en un extraño limbo de temperaturas. Su brazo está lleno con las marcas oscuras dibujadas en su piel, humeando gusanos negros.

Tampoco puede sentir ésos, lo cual es extraño. Quizá es que se ha acostumbrado a ellos, pues está claro que con el paso del tiempo se ha vuelto capaz de verlos con bastante claridad, así que es posible que su cuerpo se haya adaptado a las sensaciones que le provocan. No importa. Sus pasos la llevan más cerca de Misho, que se ha dado cuenta de su presencia y la mira fijamente.

El lado derecho de la cara del niño es incluso peor de lo que parecía antes, cuando no podía verle con claridad. A pesar de que los ojos de Sakura están centrados en la pluma, es un espectáculo difícil de olvidar. Es como si la piel de Misho se hubiera derretido a causa del fuego, reemplazada por escamas que le recuerdan a salamandras, cubriendo la mayor parte de su cuerpo. Incluso parte de su cabello se ha quemado.

Ella se detiene a unos metros, preguntándose si él se limitará a vomitar fuego sobre ella, derritiendo la carne y separándola del hueso, hasta que no quede nada. Sakura sabe que no podría esquivarlo. Pero… esto es lo único en que puede pensar ahora mismo.

Supo de inmediato que esto no era como las transformaciones que vio en los portadores de una Bestia con Cola… esto ha sido causado por el cuerpo del chico, absorbiendo demasiado chakra natural y transformándolo en energía usable. Ha oído historias similares, de archivos sobre Sabios fallidos.

Misho dijo que las ratas utilizaron técnicas basadas en eso para curarlo, así que es muy posible que alteraran su balance interno… haciendo que fuera más susceptible a perder el control de este modo.

Si algo hiciera que Misho perdiera el control, su mal control de chakra y falta de experiencia podrían, perfectamente, causar algo como esto… Ahora mismo, todo lo que ella sabe es que el chico morirá si nadie hace nada. Y… ella es la única que puede ayudar. El pensamiento de dejar que el niño perezca es mucho peor que considerar su propia muerte.

—Esto hace que me sienta tranquila. Quizá te pueda ayudar a ti también —musita ella, mirándolo directamente. Misho no tiene aspecto de estar a punto de atacar, aunque es difícil saberlo, pues su rostro está desfigurado en extremo.

La mano del niño se extiende hacia la pluma… y entonces él suelta un alarido gutural, apartando la mano, sus ojos encontrándose con los de ella. Dolido. Sakura parpadea, mirando la pluma con desconfianza. Sin embargo, su mano no está sujetando lo que pensó: es un kunai. ¿Cómo pudo cometer este error?

¿...Moriré?

Él alza un brazo demasiado grande para cualquier humano, sus dedos llenos de pequeñas garras y espinas, amenazante. Está claro que cualquier rastro de racionalidad se ha desvanecido de la mente de Misho.

—Lo siento —murmura ella, bajando la mirada y cerrando los ojos. Sea lo que sea… no pudo salvarle. La última persona que le importó va a morir. No sobreviviría en este lugar, en estas condiciones. Incluso para esto… falló. Quizá es un castigo justo.

Sakura siente el movimiento de aire a su alrededor, pero la muerte nunca la alcanza. En lugar de eso, el brazo la golpea por un lado y la envía por los aires, como un muñeco de trapo. Su espalda impacta contra uno de los edificios que no sucumbieron, forzando el aire a salir de sus pulmones. Su cabeza se golpea contra el cemento tan fuerte y rápido que todos sus pensamientos acaban en un lío enmarañado.

Sus ojos se alzan hacia el cielo, cada vez más oscuro, mientras se le escapa también la consciencia.

Está nevando. Che, qué bien...


Es la segunda vez que se despierta hoy, y esta vez, Sakura tiene un dolor de cabeza para hacerle compañía. Es como si al menos diez caballos le hubieran pasado por encima. A su alrededor sigue habiendo fuego, aunque a juzgar por el color del cielo, es casi de noche.

Su saco de dormir ha sido puesto sobre ella de nuevo, su cabeza descansando en la mochila una vez más. ¿Qué pasó? ¿Dónde está Misho? A estas alturas, podría estar muerto… Sakura se intenta poner en pie, pero todo se ve borroso. Sus músculos se niegan a responder como es debido.

—No vayas, ah.

Maru está sentado junto a su cabeza, jugando casualmente con su bastón, como si la destrucción a su alrededor no fuera importante en absoluto. Incluso ahora, parece orgulloso de sí mismo, como si las heridas de la pelirrosa estuvieran reforzando su opinión. Ella sigue sin sentir dolor alguno, con excepción del dolor de cabeza. Quizá sea un problema, más que algo bueno. Por supuesto que tiene que serlo, con su suerte.

La rata le golpea la mano con el bastón, sorprendiéndola. Parece aburrido, pero tras esos ojos oscuros, Sakura tiene la impresión de ver algo más… aunque no sabe descifrar qué es.

—Estúpida… te dije que estoy de tu parte —refunfuña él, arrastrando las palabras con molestia—. Deberías hacerme caso de vez en cuando.

Sakura no le responde, cerrando los ojos para protegerse de la luz de los fuegos y sustancias derretidas. Es demasiado brillante… Y ahora, es muy difícil hacer que las cosas tengan sentido. No hay un sentido real de dirección. Ni siquiera un sentimiento de identidad. La muchacha teme que su mente y personalidad podrían estar disolviéndose en una masa caótica. Todo pasa demasiado deprisa, demasiado intensamente… y se está quedando atrás.

Sachi lo dijo: ella sola no puede aguantar todo esto. Se está cayendo a pedazos, poco a poco, y perderse a sí misma del todo no puede estar mucho más allá de donde se encuentra ahora.

"Soy Sakura Haruno. Tengo diecisiete años. Soy una kunoichi de Konohagakure. Soy…"

La desesperación que siente se hace eco en su mente cuando se da cuenta de que dichos pensamientos no la hacen sentir mejor, sino que le recuerdan a cosas dolorosas. ¿Qué pasó con la vida que tenía antes de que sucediera todo esto? Todos esos sueños, toda la felicidad y el trabajo duro… ¿fue en vano? ¿De veras… acabó?

Es la verdad. La dura y fría realidad la golpea en ese instante: Sasuke ganó. No hay nada que pueda hacer, excepto huir y esconderse por el resto de su vida. Nunca más verá Konoha. Murió tanta gente que es difícil distinguir un rostro de otro, una voz en medio de la cacofonía… Se acabó. Se acabó, y pronto ella también se perderá en el olvido.

Incluso si lograra regresar, ¿qué clase de vida le esperaría? ¿Qué haría Sasuke? No sería capaz de someterse a su gobierno… pero si intentara rebelarse, él lo sabría de inmediato. Esconder emociones no es su punto fuerte. No podría perdonarse si simplemente se quedara mirando, sin hacer nada.

No hay salida, ni solución al problema, porque no se trata de un examen a resolver. No hay un camino a seguir, porque no hay patrón alguno. Ni destino. Sólo… caos. Algunas personas, como Naruto, tenían el corazón y el alma adecuados para corregirlo, pero… ya no están. Esto es desesperación. Esto, de veras, es el fin.

Lo sabe, ese sentimiento de angustia que ha estado acechando en su corazón, floreciendo como marca del final de una era y el comienzo de una nueva. Una burla de la primavera, donde las cosas surgen de la fuerza de la oscuridad, no de la vida. Y aquí está, perdida en medio del País del Hielo, con un niño que podría derretir aldeas enteras y una rata en la que no puede confiar, demasiado débil como para lidiar con ellos.

Debería de doler, pero… no hay nada. Se siente completamente vacía.

Smack. Maru le golpea las manos de nuevo, pero ella se limita a volverse, irritada, antes de que la rata pueda decir nada. No le hace falta nadie para hacer su miseria aún peor.

Detrás de sí, se encuentra con la figura durmiente de Misho, envuelto en una chaqueta y un saco de dormir, hecho un ovillo contra el muro. Se ve pálido, su piel moteada de negro y amarillo, como moratones. Sakura comprueba su respiración de inmediato, pero el niño está vivo. Sus ropas están en un estado aún peor que antes, pero… parece estar bien.

¿Quizá se recuperó y regresó? Debió ser él quien se encargó de cuidar de ella, después de todo. No es lo suficientemente fuerte como para meterla en un saco de dormir, pero tendría sentido. Misho… está a salvo, aunque está temblando.

Sakura querría ponerlo sobre algo mejor para que descanse, pero sus miembros no funcionan correctamente. En su lugar, pone los brazos alrededor del cuerpo menor, tratando de evitar apretarlo contra sí, pero lo suficiente como para evitar que pase tanto frío. Como mejor puede, lo arropa en su propio revoltijo de tela, separado del suyo.

—¿Qué le pasó? —pregunta ella, sin molestarse en volverse. Su tono es tan neutro como puede hacerlo, y aunque no espera que Maru responda, vale la pena intentarlo.

—Tan idiota como siempre, Rosita. Tanto tú, como él, ah —replica la rata, saltando sobre ella y aterrizando junto a sus cabezas—. Lo llevamos de vuelta a Yugakure, como tú querías, ah. Toda su familia había desaparecido, menos su madre, ah.

Oh no…

—Un hombre había llegado allí, diciendo que Idiota le debía algo o alguna estupidez por el estilo, ah. No sé quién era o de qué demonios hablaba, ah, pero era un rarito. Cuando se negaron a darle al hermano del idiota a cambio, mató a uno de los padres y dejó al otro para contar la historia.

La mirada de Sakura se encuentra con la del roedor, que explica la historia de la misma forma casual con que suele hablar. No le importa en absoluto, ¿no? Maru incluso suena aburrido.

—Su madre estaba furiosa, como puedes imaginar. Como que perdió la cabeza, ah. Tuvimos que ir a buscarla al manicomio, en modo incógnito. Se puso furiosa, así que tuvimos que salir de allí más rápido de lo que se dice "maldición". Sólo podíamos ir a lugares dentro de nuestra red de sellos, ah, así que pensé que podríamos usar uno de los de aquí.

Sakura echa un vistazo al niño durmiente. Así que es por eso… ¿Qué podría decirle cuando se despierte? ¿"Lo siento, bienvenido al club, celebramos una fiesta?" No hay palabras… nada en absoluto. El mundo ni siquiera perdonaría a alguien tan joven, pues no es nada más que un amalgama sin alma, una mezcla de bandos luchando constantemente. No es justo.

Así es la vida.


Nota: ¿qué tal? Por fin he logrado hacerme con un buen horario de escritura, así que estoy casi segura de que puedo alargar los capítulos de nuevo. Como nota de traducción, cuando Sakura dice "Está nevando. Ché, qué bien," tenemos una broma perdida en la traducción, en la que dice "cool" (frío/guay).

Gracias por todo el apoyo, como siempre. Reconoceré que hace tiempo no me sentía con muchas ganas de traducir, pero gracias a lo mucho que veo que os gusta la historia, me siento súper motivada para seguir. ¡Porque a nadie le gusta quedarse esperando!

Miharu: espero que no te spoilees demasiado xD Sé que la espera se puede hacer un poco larga, pero al menos siempre sabes que estará listo al final de cada semana. Y respecto a lo confuso que es - lo dejé ambiguo a propósito. ¿Qué es real y qué es sólo una parte de la mente de Sakura? Eso, lo dejo a cada uno (por ahora).

Lisa: bueno, ¡me alegra que hayas decidido pasarte a dejar un comentario porque te ha gustado tanto! Sé lo que se siente con fanfiction que pierden el hilo (o que van muy, muy deprisa), así que si te alivia, tengo la trama planeada hasta el último capítulo (menos detalles y cosas que aparecen conforme escribo). Yo a Sasuke tampoco lo imagino 'cariñoso' - en serio, poner las dos palabras juntas suena raro. Está claro que tiene emociones y que es una persona como todas, pero desde luego tiene su manera de lidiar con ellas. No te preocupes, no pienso dejarlo a medias, en absoluto :D Espero que sigas disfrutando e intrigada, gracias por pasarte.