Este capítulo me costó escribirlo…. Pero por suerte las madrugadas me inspiran…creo…

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Capítulo

13

"Sus Ojos"

Una gota de lluvia repiqueteó sobre el cristal del ventanal empañado por el frío, recorrió un largo camino y desapareció debajo del piso treinta y ocho de la Torre de los Vengadores. Steve apretó los puños, arrugó el entrecejo y tensó los hombros observando su propio reflejo en la ventana, le pareció ver a Tony detrás, con esa sonrisa imposiblemente pícara que lo hacía tan tierno, con su vientre redondeado, y con la barba descuidada. Tuvo que cerrar los ojos; contuvo la respiración recordándose lo que ocurría a su alrededor.

El bullicio en todo el piso llegaba a los oídos del Capitán América como una palpitación sorda, un eco lejano e irreal. Nada de eso podía estar pasando, se dijo, pero se obligó a girar para comprobar que de hecho si estaba ocurriendo.

Un pelotón de enfermeras corrían de un lado a otro llevando implementos médicos, una colega de Bruce gritaba a todo pulmón que se diesen prisa, mientras Loki iba de un lado a otro como un gato inquieto, merodeando alrededor de la camilla de hospital.

En el pasillo esperaban una petrificada Natasha, un nervioso Clint, Thor quién no dejaba de tamborilear con los dedos, Pepper que iba de un lado a otro aferrada a una carpeta, Bucky que no dejaba de morderse el pulgar sin ser consiente de ello y…

-…es necesario que lo comprendas…- la voz de Bruce extrajo a Steve de sus pensamientos. Volvió su atención a Banner, mirándolo como si jamás hubiese reparado en su existencia. -¿Steve? ¿Entiendes lo que implica esto?- Bruce tenía los guantes blancos manchados de sangre, y el rostro compungido.

Steve tardó en procesar todo lo que le había dicho desde que lo sacó de la sala donde Tony gritaba de dolor. Estaban frente al ventanal y Bruce trataba de explicarle que el canal de partos se dilataba con una velocidad preocupante, causando un desgarre terrible que terminaría con el desangre de Tony. La pérdida de sangre y la fuerza del parto, a pesar de la magia que Loki estaba pronunciando para imbuir de fuerzas el cuerpo del ingeniero, no iba a ser suficiente.

-Tenemos que intervenirlo. Una cesárea es lo mejor pero…- repitió Bruce.

-¿Pero?- exigió Steve saber.

-Pero no es seguro que…- sin dejar que Bruce terminase la frase, Steve volvió a la sala de partos.

Tony estaba tendido en la camilla, solo con una bata blanca de hospital, empapada de sangre; las sábanas de la camilla estaban igual de rojas. Las enfermeras corrían a su alrededor tratando de detener la hemorragia mientras la doctora Arcuri amiga de Banner suministraba analgésicos y una cantidad de coagulantes en el suero de Tony en medidas precisas para que no dañara al feto.

-Steve…- lo llamó Tony con voz débil. Tenía los labios acartonados, el rostro pálido como el papel y cubierto de sudor. Steve corrió hasta él atrapando una de sus manos.

Tony gritó con todas sus fuerzas, contorsionándose de dolor. Pasada la contracción, y habiendo recuperado el aliento, miró a Steve a los ojos. La mirada castaña de Tony estaba apagada y exhausta; llevaba varias horas en labor de parto y lo único que había conseguido es perder varias pintas de sangre.

-Es normal ¿recuerdas?- musitó al ver la preocupación dibujada en el rostro de Steve.

El rubio asintió sin el valor de negarlo. Aquello no era normal, nada de eso; un parto normal tenía dolor y contracciones y a veces complicaciones, pero estar durante horas perdiendo sangre debido a un canal de partos que parecía tener el plan de dilatarse en días, no era normal. Mataría a Tony.

-Steve…- Bruce volvió a entrar en la sala, dispuesto a hablar con el Capitán, pero el rubio no quería escuchar nada sobre operaciones cuyo resultado podía ser fatal para Tony.

-Loki- llamó, ignorando a Banner, y mirando al asgardiano; quién con su abrigo negro daba vueltas por la sala. Los ojos del dios del engaño recayeron en el capitán, como cuchillas heladas. -¿Hay algo más que puedas hacer?- casi exigió Steve.

Loki soltó un jadeo exasperado consigo mismo, y asintió, después negó, como si aun no supiera la respuesta.

-No te prometo que resulte, midgarniano- respondió Loki, y sin previo aviso colocó sus manos en los brazos de Tony.

Paseó sus dedos como dibujando runas escandinavas sobre la piel tostada del ingeniero cuyo dolor alivio poco a poco. Allí donde los dedos largos de Loki rozaban aparecía un resplandor blanquecino y etéreo que era absorbido por el cuerpo débil de Tony. Las luces de la sala parpadearon zumbando, y Loki continuó.

Siguió hasta que su magia no resistió, y dibujó un último conjuro en la frente de Tony. La hebra dorada de magia desapareció en la piel del moreno.

Loki apoyó ambas manos en el borde de la camilla, y las luces volvieron a encenderse.

-Su cuerpo está demasiado dañado,- dijo Loki, miró a su alrededor, y después ladeó la cabeza. Se lo notaba extenuado, había llevado su magia al límite. –absorbe toda la magia que puede pero no es suficiente, el niño… es…diferente…

-Por el suero, seguramente- intervino Bruce.

Tony volvió a gritar, apretando la mano de Steve. La sangre tibia corrió sobre las sábanas de la camilla y se puso aun más pálido.

-Hazlo- exclamó de pronto Steve, poniéndose de pie, sin soltar a Tony. El ingeniero apenas si lo escuchó, sumido en el dolor y el cansancio. –Hazlo, Bruce, pero prométeme que harás todo lo que esté en tus manos…- suplicó, con la voz estrangulada.

Bruce asintió.

-Por supuesto- dijo, y dirigió una mirada preocupada a Tony. Hizo una señal a las enfermeras y en un parpadeo la camilla estuvo siendo trasladada a otro piso del edificio.

Antes de ingresar en el elevador Loki puso un último conjuro sobre Tony, haciendo un esfuerzo que Steve, a pesar de las riñas del pasado con el dios nórdico, agradeció.

Steve no se despegó de Tony ni cuando ingresaron la camilla en el elevador. Fue en la puerta del quirófano cuando se vio obligado a soltar su mano. Los ojos castaños de Tony lo miraron una última vez, y una sonrisa tenue asomó en sus labios pálidos.

-Cuídalo- dijo de pronto Tony, y Steve sintió que el alma se le partía en pedazos.

Quiso prometerle que estaría bien, pero no tuvo tiempo, las puertas del quirófano se cerraron.

La noche fue larga. Demasiado, la oscuridad en los ventanales de la torre se volvían negros, tan negros que Steve sintió su corazón encogerse ante el pensamiento de que aquella oscuridad presagiaba lo peor. Las luces de Nueva York se miraban detrás de un velo de niebla, y ya ni el café caliente era capaz de mantener a Steve calmado.

Ya por la madrugada, decidió subir al penthouse donde descubrió que sus amigos se habían reunido. Se unió a ellos, junto a la piscina donde tantas veces había tomado a Tony. Nathasha le dedicó una sonrisa tiesa; Clint apretó su hombro en señal de apoyo; Loki se limitó a un asentimiento de cabeza; Pepper lo miró con ojos llorosos y corrió a abrazarlo; Thor le dijo que todo estaría bien y que golpearía a Loki si sus conjuros no resultaban (una manera muy Thor, de demostrar su apoyo, pensó Steve).

-Oye, Stevie- lo llamó de pronto Bucky, apartándose de Loki con quién había estado conversando a un costado de la piscina. El rubio miró a su mejor amigo, y la expresión severa de su rostro, -tienes que ser fuerte, por Tony y por el niño- le advirtió.

-Peter-, musitó Steve, con un nudo en la garganta, - su nombre será Peter. ¡Y no está bien que me preocupe cuando todo va a salir bien!- exclamó, tensando los hombros.

Bucky ladeo la cabeza, sus ojos azul grisáceos mirando con un deje de compasión a su amigo. Extendió su brazo metálico hasta el hombro de Steve y entornó los ojos. El rubio siempre había sido positivo, incluso en las situaciones mas absurdas, pero en ese momento tenía que entender una cosa:

-Tony puede no resistir a la operación, Steve, se que te niegas a creerlo pero...- antes de que Bucky terminara sus palabras, Steve se apartó.

-¡¿Y qué pretendes que haga?! ¡¿Sin Tony?! ¡No puedo siquiera pensar mi vida sin Tony!- Bramó Steve, perdiendo la compostura que tanto lo caracterizaba.

Bucky, en su semblante siempre serio y sereno, dejó entrever un atisbo de preocupación.

-¿Y Peter?- intervino Natasha en lugar de Bucky situándose en medio del Soldado de Invierno y el Capitán.

Steve desvió la mirada. Sacudió la cabeza y cruzó los brazos como si tuviese frío. Retrocedió.

-No podría, simplemente no podría verlo…verlo todos los días y pensar que por su culpa él murió- dijo, tajante.

Bucky negó con la cabeza, en sentido de desaprobación.

-Es tu hijo, y más importante aún, es lo único de él que tendrías-.

Las palabras de su amigo retumbaron en la cabeza de Steve, el tiempo que le duró la cordura. Pues al instante siguiente el elevador se abrió, de él salió Bruce. Miró hacia todas partes, y divisó a Steve. El rubio no se lo pensó dos veces, ingresó en el Penthouse y escuchó lo que Bruce tenía que decirle.

Ya amanecía cuando Bruce le dio la noticia a Steve. El Capitán América, símbolo de lo correcto, una persona centrada, un hombre ejemplar y fuerte, se derrumbó en un parpadeo. Retrocedió mirando a Banner como si le hubiese abofeteado; respiró varias veces, y después rompió a reír, histérico. Natasha observó como se negaba a creer lo que Bruce le decía. Clint entreabrió los labios incrédulo cuando Steve tomó a Bruce por los hombros, olvidando a Hulk, y lo zarandeó gritando:

-¡Estás mintiendo! ¡Mentiroso! ¡No hagas esta clase de bromas!-.

Pepper rompió a llorar cuando finalmente Steve recordó el peligro que era Bruce y se limitó a dejarse caer en el suelo, de rodillas, con las manos en las sienes y los ojos girando en todas direcciones. Bucky suspiró y miró a Loki de soslayo, el Dios Nórdico corrió en dirección a la cornisa.

-¡Loki, no!- exclamó el Soldado de Invierno, viendo como saltaba y desaparecía convertido en una ráfaga de luz.

Thor alcanzó a Bucky sujetándolo del brazo de metal para evitar que saltara tras Loki o algo parecido.

-Volverá- prometió.

Los Vengadores, Pepper y Bucky observaron entonces, mientras Bruce volvía al elevador conteniendo el llanto propio, como Steve se rompía por completo. El rubio destrozó a golpes la mesa del comedor de cristal, las sillas, y todo lo que encontró a su paso, hasta que incluso el suero del súper soldado pareció ceder, y con los puños ensangrentados se quedó en medio del Penthouse, resollando.

Pepper y Bucky fueron los únicos que se atrevieron a ingresar.

Steve elevó su mirada hasta ellos. Ninguno se atrevió a preguntar qué había ocurrido, porque era obvio, Pepper lo abrazó, y Bucky le apretó el brazo.

-Está muerto…está muerto- repitió Steve, su voz estrangulada, su rostro cubierto de lágrimas y su corazón aplastado por la idea de Tony, su Tony, muerto.

Las lágrimas que derramó Steve, sus gritos de rabia y frustración pronto se convirtieron en una mirada perdida. Transcurridos dos días sus ojos azules habían pedido la vida, aun cuando su corazón continuaba latiendo. Sus amigos lo habían dejado un espacio para que asimilara lo que aun ni ellos podían comprender; pero esa mañana Natasha había empujado la puerta de la habitación principal para anunciarle a Steve que el funeral sería esa tarde.

La respuesta del Capitán desconcertó a Natasha.

-¿Funeral? ¿Quién murió?-, había dicho el rubio, con expresión extrañada.

Tony no podía haber muerto, todo era una broma absurda de él, porque era muy bromista, se decía. Y así lo repitió en su cabeza incluso cuando en la iglesia, donde todos vestían de negro, se reunieron alrededor de un féretro negro con grabados plateados. Continuó negándose a creer en la muerte de Tony incluso cuando se acercó al féretro y miró su rostro, pálido, con los ojos hundidos, y las manos rígidas sobre el pecho. Solo lo creyó cuando el cielo de Nueva York se caía a causa de una tormenta y Tony Stark fue sepultado bajo varios metros de tierra.

Tuvo que salir del cementerio corriendo enloquecido cuando vio a Pepper poner una corona de rosas rojas sobre la lápida. Corrió bajo la lluvia hasta llegar a la torre de los vengadores, tomó todas sus cosas, y decidió que desaparecería. En el momento en que empacó y bajó por el ascensor ni siquiera recordó al bebé, como había dicho, no podía soportar la idea de que aquella criatura hubiese matado a quién más amaba en el mundo.

Cruzó la recepción de la torre, y salió a la acera, estaba por tomar un taxi, sin rumbo alguno, cuando una vocecilla aguda lo hizo girar en redondo.

-Señor Rogers, la doctora Arcuri me envía a decirle que el bebé está lo suficientemente estable para que lo vea…- la voz de la menuda pelirroja de rostro acorazonado que vestía traje de enfermera se cortó cuando vio la maleta en la mano del rubio. -¡Oh, yo lo siento!-.

Con un atisbo de odio en los ojos azules que siempre habían sido buenos, Steve medio sonrió.

-No, quiero verlo- casi exigió, porque una parte enferma dentro de él que había nacido con la pérdida de Tony deseó ponerle un rostro al culpable de que su mundo se fuera a la mierda.

La enfermera, intimidada lo guio hasta el piso treinta y ocho, a una habitación donde yacía una incubadora descubierta. Steve se acercó, con los labios apretados y los dientes rechinándole. Observó el pequeño bulto envuelto en mantas azules, y sintió hervirle la sangre hasta que el pequeño rostro rosado y regordete abrió los ojos.

El corazón se detuvo en el pecho de Steve Rogers y la cordura retornó a su ser como un golpe en el estómago que le robó el aire. La maleta resbaló de sus dedos; el niño, el pequeño bultito en la incubadora poseía dos ojos chocolatadas, un par de orbes brillantes y alegres, pícaros y risueños como los de Tony.

Steve se sintió asqueroso por haber siquiera pretendido odiarlo. Extendió sus manos hacia el bebé y con delicadeza, con temor a romperlo, lo tomó en brazos. Al principio lo meció con rigidez, pero poco a poco empezó a hacerlo con naturalidad, una sonrisa asomó el sus labios cuando el pequeño parpadeó, observándolo; aquel gesto tenía algo de la inteligencia y sagacidad de Tony…

-Peter- susurró Steve, enternecido, con el llanto contenido cristalizando sus ojos. Apretó al pequeño contra su pecho y le acarició la frente. Una manita, diminuta, pero fuerte tomó uno de sus dedos. –Peter- repitió; esa fuerza en un bebé debía ser producto del suero del súper soldado.

La sonrisa en los labios de Steve se amplió. Tony había muerto, pero tenía a Peter, un pequeño y frágil pedazo de su Tony. El hijo de ambos…

"Cuídalo" la voz de Tony retumbó en su cabeza.

-Eso es lo que haré- prometió Steve Rogers, meciendo a Peter, quién pronto cerró sus orbes de chocolate profundamente dormido en los brazos de su padre.

Continuará….

Lo sé, soy cruel y malvada.

POR CIERTO, NO SE ESPANTEN, LOKI TIENE UN AS BAJO LA MANGA Y YO NO SOY CAPAZ DE DEJAR MORIR A TONY…

xoxo