Nota: estaré de viaje cuando suba esto, así que no podré hacer mucho por responder a los comentarios. De todos modos, espero que disfrutéis del cap tanto como cualquier otro :)


Desenmascarada - Parte II: Refugiada - Capítulo 16: Canción de Silencio

Y así, Luna y Mar se arrastran el uno al otro a baile y guerra perpetuos.


—Voy a dar un paseo. —Los ojos de Maru se posan sobre los de ella, astutos y calculadores. Lo normal, a decir verdad—. Creo que está estable, pero avísame si algo cambia. —Sakura mira a Misho, cuyo rostro está casi mortalmente pálido, pero sus signos vitales permanecen constantes y normales. Simplemente está extremadamente agotado. Unas cuantas horas de descanso deberían ayudar con eso.

—¿Huyendo, Rosita? —replica la rata, bufando. No le des un pisotón, no le des un pisotón…

Sakura se mueve como si fuera a negar con la cabeza, pero la rata se limita a sonreír con malicia. Lo sabe… sabe que la chica necesita un descanso, sin importar cuántas excusas le dé la pelirrosa. Su desagrado hacia el roedor no hace más que crecer. Casi cada vez que hablan la saca de sus casillas, aunque ella trata de mantener sus interacciones a lo mínimo necesario.

—Buscaré provisiones… y un lugar mejor para escondernos. Tan pronto como acabe la tormenta, nos moveremos —responde Sakura, tratando de evitar que se le note la rabia en la voz. La muchacha echa un vistazo a las calles de Shimo, cubiertas por una manta blanca que no hace más que volverse más y más gruesa. Es incluso más frío que antes, y sin un refugio adecuado, sus posibilidades de supervivencia están reduciéndose a cada minuto.

Maru hace un sonido que suena casi como una risita y se sienta junto a Misho. Es la mejor confirmación que ella querría obtener de él. Sin una palabra más, Sakura se da la vuelta y camina a través de la nieve, fuera de la pequeña tienda de campaña que alzó para protegerlos del temporal. A decir verdad, se alegra de tener botas de montaña, porque sin chakra esto es mucho más difícil de lo normal.

—Estúpido hielo… estúpida nieve… al diablo con todo —gruñe la chica, apenas logrando mantenerse en equilibrio con ayuda del maltratado paraguas. Sakura repasa una lista mental de todas las cosas que son estúpidas, sin sentido o sencillamente molestas.

Maldita rata, con su yo-sé-todo carácter. Claro que sí, idiota, podrías habernos traído a un lugar mejor que este. Seguramente el roedor desaparecerá en una nube de humo en cuanto se aburra, abandonándola a su suerte. ¡Ni siquiera ayudó con la tienda! Aunque las piernas de Sakura están prácticamente curadas, no le habría importado que su supuesto aliado hiciera cosas útiles, por una vez.

Una vocecilla retorcida le recuerda que Misho es el que la metió en esta situación. Él fue el que usó la técnica de invocación, el que agotó su chakra tanto que acabó tal y como está ahora… Estaba intentando ayudarla, cierto, pero…

Sólo son excusas para culpar a alguien.

Si alguien tiene la culpa, es Sasuke. Nada de esto habría pasado si no fuera por él. Aún es difícil de creer, que él sería capaz de cometer tales atrocidades. Y ahora, todo el mundo se ha ido. Todo…

Sakura sabe, en este mismo momento, que está rompiéndose bajo la presión que ha estado soportando tanto tiempo. Hace mucho que tuvo tiempo de descansar un momento y pensar, y ahora que puede hacerlo, está empeorando todo.

Qué silencio…

En Yugakure, se pasaba el tiempo forzándose a distraerse para no prestar atención a cosas y sonidos que no estaban ahí de verdad. Tiene que ser patético, echar de menos el producto de su demencia. Aunque, según Sachi, al menos una parte de ello tiene que ver con Sakura convirtiéndose en una especie de recipiente de chakra, de energía vital. Si lo que su voz interna dijo es cierto, dichas cosas deberían de estar ahí todavía.

Entonces, ¿por qué… por qué me siento tan vacía? ¿Por qué no puedo sentirlos?

No ha oído a su voz interna desde que… bueno, desde que dejó aquel paisaje en su mente, en el prado. Sus dedos rebuscan para encontrar la pluma, pero ésta también ha desaparecido. ¿Cómo pudo confundirla por un kunai? Casi le costó la vida. Misho todavía tiene un corte en su palma vendada.

Incluso la aldea está envuelta en el silencio. Sus pasos la han llevado lejos del refugio improvisado, pero no ha estado prestando atención a sus alrededores. Los colores de la aldea son apagados, negro y gris contrastando con la nieve, pero sigue sintiéndose vacío de vida. De veras se siente como un cementerio, pero esta vez, no hay extrañas Voces intentando cazarla. Debería sentirse agradecida, pero…

¿Y si es todo algo que creé en mi mente? ¿Y si… no es más que eso?

Las ratas dijeron que su condición va más allá de lo que ella sabe, pero, ¿cómo podría confiar en ellas? Tiene que haber un modo de probarse a sí misma que no es simplemente falso.

Negación.

—Kami… —Los pasos de Sakura se detienen, sus rodillas perdiendo fuerza y haciendo que caiga al suelo, hundiéndose en la nieve casi hasta la cintura. Hay algo cálido y húmedo deslizándose por sus mejillas, pero apenas puede notarlo.

Todo tiene tanto sentido ahora… Estudió este patrón psicológico con todo el ahínco del mundo, porque muchos shinobi siguen teniendo muchas emociones con las que lidiar. Todos pierden alguien a quien aman en algún momento. Y tuvo que lidiar con esas personas muchas, muchísimas veces. ¿Cómo es que no se dio cuenta antes?

Fue todo… una mentira…

Todo… se acabó. No hay pluma de cuervo, ni Sachi, ni Naruto o Ino. No le queda nada: ni voces, ni sueños… nada a lo que aferrarse. Nada. Su cuerpo entero tiembla al darse cuenta, por segunda y última vez, que todo se acabó. Todo… se acabó…

Sus manos se mueven por su propia cuenta, tratando de buscar algo a lo que aferrarse, pero no logran encontrar nada. Sus dedos juegan con la nieve, aplastándola hasta hacer pequeñas pelotas y luego estrujándolas tanto como es posible. Una, y otra, y otra vez; incluso después de que sus dedos se hayan adormecido a causa del frío. Y así continúa, hasta que oye algo y alza la cabeza, su mirada encontrándose con los ojos oscuros de Maru.

—No me gustas, ah —gruñe la rata, apoyándose en su bastón. Lárgate. Déjame en paz—. Pareces el tipo de persona que marca un objetivo, lo alcanza y entonces llora un rato por no ser lo suficientemente buena, ah. Es patético.

Ella se limita a bajar la mirada y proseguir su juego con la nieve. Ahora mismo, no le importa demasiado el pequeño abusón. Podría darle un puñetazo luego. Pero, ahora mismo… es como si todo se hubiera enfriado.

—No juegues a no-me-importa-un-carajo, ah. Sé que me escuchas, rosita —prosigue la rata, dándole unos golpecitos en la barbilla con el bastón—. Alguien debería de haberte dado este sermón hace mucho. Lo tuviste tan fácil, ah, y ahora estás berrincheando porque no funcionó como tú querías.

Tiene que ignorarlo. Ya se irá, seguro. Como todo el mundo. ¿La odiará Misho cuando se despierte? Seguramente. Pero tiene que sacarlo de aquí… Tiene que haber algún sitio a donde pueda llevarlo. Un lugar que pueda llamar hogar… ¿verdad? No puede abandonarlo, incluso si la odia por arruinarle la vida.

Justo como hizo Sasuke.

Pero esta vez, es culpa de ella. Se lo merece. Y al menos… al menos, no estará sola. Maru resopla y se sienta sobre la nieve, frente a ella.

—Creo que me perdí el momento en que el gato se comió tu lengua, Rosita.

Ella mira hacia "arriba", a la rata; o bien, al menos tanto como se puede hacer eso con una rata. Maru cierra la boca de inmediato, sus ojos oscuros estudiando los de ella intensamente. ¿Qué podría estar buscando, de un modo u otro? Está vacío ahí dentro. Al fin, Maru gruñe algo y sacude la cabeza.

—Escucharé tus tonterías si es que se te da tan mal lidiar con emociones. No esperes que me importe una mierda, ah —continúa él, sin sonar más compasivo en absoluto. De hecho, está imitando el tono de alguien que tiene una especie de viaje trepidante y letal por delante.

—¿Qué te importa a ti, de todos modos? —susurra Sakura, limpiándose las lágrimas con la muñeca. La pelirrosa aprieta los dientes y se sienta sobre los talones, fulminando al ratón con la mirada desde su posición más elevada. Como respuesta, recibe un golpe en las manos.

—Eres idiota, en serio, Rosita —murmura Maru, sonando cansado—. Lo repito esta vez y ninguna más: a las ratas nos importa nuestra gente. Incluso si son gente engreída y molesta como tú.


—La desesperación es una cosa rara. Si le quitas a alguien la cosa más rutinaria, incluso si es molesta, pronto notarán como si algo muy importante se les ha perdido… Incluso si no son capaces de decir qué, pero sabrán que algo va mal. Los hambrientos no miran qué comen. Los que se pierden en la oscuridad sienten dolor cuando les encendemos una vela. Si una persona a la que echan de menos desaparece… quizá busquen a alguien para reemplazarla.

Fue un sueño… pero también se sentía bien no estar tan sola.

Su voz está rasposa de tanto hablar, pero Sakura no tiene intención de parar. Maru se mantuvo fiel a su palabra, por una vez, y la escuchó en silencio. Incluso mientras la pelirrosa buscaba un refugio, que logró encontrar en forma de invernadero norteño y estrafalario. Tan buena como cualquier otra construcción, fue suficiente como para que se decidiera a trasladar a Misho allí. Cielos, se sentía tan agradablemente cálido ahí dentro que pensó que estaba alucinando.

—Sé que no es real… esas cosas y gente se han ido, y nada las puede reemplazar. Pero sigo echándolos de menos. Tengo miedo de que esté pasando otra vez, cuando tengo esas visiones... No pueden hacerme daño, porque no están ahí de verdad. Debería de saber cómo arreglármelas, soy más fuerte que esto, pero yo…

Sakura trajo a Misho a este lugar, y montó su campamento dentro. Parece ser que el edificio está diseñado para ser calentado por las plantas en sí. Caro, es cierto, pero puede mantenerse en marcha por su cuenta. Ni siquiera le importa dormir en la tierra, si eso hace que ni Misho ni ella pasen frío. Y durante todo este tiempo, se forzó a sí misma a hablar.

—Supongo que es por eso que te estoy hablando a ti, después de todo. ¿...Creo? No me gustas, eres molesto y engreído, y además eres malo. Si pudiera, no te hablaría nunca más, pero no tengo otra opción. Misho no está en condición de conversar, y seguramente me odia. Las voces, las plumas, los sueños… todo ha desaparecido. Me… me siento sola, y eres todo lo que tengo.

No ha hablado tanto en… bueno, se siente como una eternidad. Desde que aún vivía en Konoha, hablando casualmente de molestias diarias y pequeños regalos de la vida. Al principio fue difícil, porque no paraba de hipar y soltar sollozos semi-ahogados. Para su sorpresa, la rata no se burló de ella. Se limitó a subirse a su hombro, y esta vez, Sakura no le obligó a bajarse.

Han pasado varias horas desde entonces: la tormenta de nieve se detuvo, y ahora la kunoichi se dedica a buscar tiendas y almacenes. Conociendo el estado de este lugar, ahora sabe que es muy poco probable que alguien vuelva. Hay una especie de hechizo, un resto de la muerte que acaeció, todavía flotando en el aire… Nadie querría vivir aquí.

Deshaciéndose de sus modales, saquear todo lo que pueda encontrar parece ser una buena opción. Aunque si encuentra un bolígrafo y papel, se ha prometido a sí misma que dejará una nota de todos modos.

Como Maru le comentó, Misho no necesita vigilancia constante. La rata puede (aparentemente) sentir la fluctuación del chakra natural, incluso dentro de un cuerpo, y según el roedor, no hay nada que temer. Desde entonces, ambos han estado caminando a través de la aldea, ojos avizor en busca de un empeoramiento en el tiempo.

—No sé describirlo… Es como si no sintiera nada. Como si estuviera vacía, no hay… nada. Me siento fría y muerta y… se siente tan horrible. Creo que podría ser depresión, pero si no vi los síntomas de duelo, podría equivocarme. Se siente tan mal… ¿Crees que estoy loca?

Hay amistades forjadas con fuego, en medio del choque de armas y gritos de agonía; aquéllas que salvan tu vida en medio de la lucha, y en las que podrías confiar con tu vida. Los shinobi son entrenados para hacer esto con la eficiencia más fría, para asegurarse de que los engranajes de los equipos funcionan sin atascos.

—Ah.

Y entonces, está Maru. Su voz es molesta, él es molesto y le gusta golpear la cabeza y manos de Sakura con su bastón, sin razón aparente. En comparación con esas historias legendarias de amistad entre ninja, esto es como una flor feísima, floreciendo en medio del invierno. No debería estar ahí, sobreviviendo de puro milagro.

Y sin embargo, ahí está… un destello de esperanza y color en un océano blanco y gris, vacío de vida. Porque Maru es todo lo que le queda. Y nada, ni siquiera él, es peor que el silencio.

—Creo que perdería la cabeza del todo si no tuviera alguien con quien hablar, así que aquí esta-¡AY! ¿¡Qué demonios te pasa a ti!?

Es una cosa rara. Sakura no sabe si podría llamarlo amistad, porque aunque la rata no está haciendo nada para perjudicarla, la confianza de la pelirrosa es algo que el pequeño roedor tendrá que ganarse a pulso.

—Pasaste de largo el almacen, Rosita.

De un modo extraño, ella sabe que él estará ahí. No es que Maru sea agradable, no es que sea amable en absoluto… pero es la prueba de que no está sola. De que ahí fuera, hay alguien que sigue a su lado. Es una luz pálida en la más oscura de las noches, pero es todo lo que tiene. Sabe que está desesperada.

—...Te odio.

Pero quizá, quizá, la pelirrosa tiene que admitir que Maru mantiene sus emociones en marcha, incluso si es a base de hacerla rabiar. Que este roedor, con todo su sarcasmo y respuestas brutales que no buscan lamerle las botas a nadie, podría llegar a ser un amigo. Incluso si es sólo porque escucha.

Está ahí, llenando un vacío muy importante y dándole compañía. Y ahora mismo… Sakura no está dispuesta a deshacerse de cualquier cosa que sea capaz de salvarla de la oscuridad. No le gusta la rata, cierto, pero su mente le da la bienvenida con los brazos bien abiertos.

—El placer es mío —replica él, saltando al suelo y haciéndole una reverencia. Su rostro no es exactamente humano, pero Sakura sabe que está sonriendo con toda su típica malicia. La pelirrosa rueda los ojos y camina hacia el interior del edificio en mal estado que aún reconoce como almacén.

—Veamos… necesitamos algo que usar como colchón. Si las cosas se ponen feas, podemos pasar el invierno aquí, así que más nos vale ponernos cómodos. También deberíamos recolectar tanta comida y agua como podamos, y materiales médicos Me estoy quedando sin vendas, también… Quizá pueda conseguir un sarashi. Algo de ropa nueva no estaría mal, no… —charla ella, quejándose de lo molesto que es no tener chakra o higiene adecuada.

Tiene que sentirse mejor, si está pensando en tales cosas. Y sin embargo no puede quitarse de encima la sensación, justo en el centro de su pecho, de que algo se siente dolorosamente vacío.


—Háblame de Sasuke Uchiha.

Sakura parpadea y mira a Maru, que está observándola organizar sus provisiones "robadas" con el aire más casual del mundo. La interrumpió en medio de un monólogo sobre el color de la ropa, y a estas alturas la pelirrosa estaba casi riéndose. ¿Será que la rata intentó arruinarle la diversión?

La chica se sacude de hombros, notando que la sonrisa de su rostro se desvanece casi de inmediato. Es incapaz de esconder la tensión de su cuerpo, a pesar de que pretende trabajar en un colchón como es debido.

—Le gustaba a Ino —musita ella, porque su historia con Sasuke va mucho más atrás de su equipo genin—. Ino era mi mejor amiga cuando éramos pequeñas. Me ayudaba y me daba ánimos… —Sakura se hunde en el silencio, apartando lejos de sí la imagen de la rubia. Ella ya no está—. Pero yo quería ser más fuerte, así que me hice su rival por el cariño de Sasuke. Así que, sí… le gustaba a Ino. Bueno, le gustaba a casi todas las niñas de mi edad.

—Ah, te gustaba a causa de una competición.

Sakura se muerde el labio inferior, sentándose en su cama improvisada, junto a la figura durmiente de Misho. Sus mirada se desplaza hasta el rostro pálido del niño, y siente la necesidad de comprobarle la fiebre, pero ignora la sensación.

—Sí. Y bueno, era guay también. Oscuro y misterioso… ¡cualquiera querría tener el corazón de alguien así! —Por alguna razón, Sakura tiene la impresión de que dichas excusas para justificar sus acciones no están ayudando mucho. De hecho, es como si estuvieran empeorando la situación—. Pero entonces me demostró… que también era una persona. Con emociones y todo eso, ¿sabes?

—Impresionante, ah. —Sakura fulmina a Maru con la mirada, quien la está mirando con una mirada ligeramente condescendiente.

—Me gustaba… por ser Sasuke. Y claro que quería que fuera mi Sasuke, pero lo que empezó a importarme más fue él como persona, no como… trofeo. Él no era social, ¿vale? Pero tenía un corazón. No quería que nadie se compadeciera de él, pero seguía preocupándose de nosotros. Sus compañeros, digo —sigue ella, apresurando sus palabras sin darse cuenta. Su corazón está latiendo sólo un poco más rápido de lo que debería, sus manos cerradas en torno a sus rodillas—. Yo… yo lo amaba. Habría hecho lo que fuera por él. Cuando abandonó la aldea, ¡incluso le ofrecí ir con él!

Hay un destello de lo que parece ser sorpresa en los ojos de Maru, pero se desvanece en un instante. Como respuesta, la rata se limita a asentir y comentar:

—Ah, quizá todavía lo amas. Juzgué mal tus sentimientos por él, Rosita.

Todavía lo amo.

—¿...Q-qué yo qué? —farfulla ella, dando voz a sus pensamientos de pura sorpresa. ¿Después de todo lo que hizo? ¿¡Es que estás loco!? —gruñe ella, la presión de sus dedos creciendo tanto que su piel está palideciendo. Duele, pero apenas se da cuenta.

—Ah, justo igual que tú.

Hijo de-

Sakura se obliga a sí misma a respirar lenta y profundamente. Relaja sus dedos, soltando sus rodillas y haciendo ejercicios con los músculos para arreglar el flujo sanguíneo en sus manos. Vale, tranquila. Tiene que quitarse de encima esta sensación de vacío, cierto, pero la ira es un método apropiado.

—¿Por qué piensas eso, eh? —susurra Sakura, entre sus dientes firmemente apretados. Ha estado tratando de huir de Sasuke. La sola mención de su nombre hace que se sienta incómoda, y ha tenido pesadillas casi todas las noches. ¿Qué demonios le pasa a la estúpida rata?

—Es simple: si no fuera así, no te podría haber hecho tanto daño, ah —replica Maru, como si fuera el hecho más completamente a prueba de idiotas que existe. Sakura parpadea un par de veces, inclinando la cabeza hacia un lado y esperando una explicación más detallada. La rata se limita a golpear sus apenas-recuperadas manos y sacude la cabeza—. A veces me impresiona lo fatal que es tu ignorancia. Eres molesta y tal, pero no eres una debilucha, ah. Si fuera simplemente un enemigo, te limitarías a enfadarte y patearle el culo. Te sientes así porque tu corazón sigue expuesto a él, ah —concluye la rata, con orgullo muy aparente.

—¿...Y tú qué eres, mi terapeuta? —musita ella, sintiendo que el frío le invade el cuerpo de nuevo—. Porque matarte no sería divertido —repite la pelirrosa, sin ser capaz de imitar el tono de la voz de él. Él… lo sabía.

—Se dice que cuando odias a alguien de veras, la muerte es el mayor acto de piedad que podrías cometer, ah —prosigue la rata, como si no le molestara la incongruencia de Sakura—. Debe de odiarte mucho, si te dejó viva cuando mató a todos los demás.

Él no podría… ¿o sí? Ése no es Sasuke. ¡No puede ser él! Pero si eso fuera cierto, nada de esto habría pasado. El Sasuke verdadero no habría hecho nada de aquéllo…

¿Pero acaso hay un Sasuke "real"? ¿Cómo podría haberse convertido en tal monstruo? No… es él, el chico que ella recuerda, pero ha cambiado.

Y la pregunta sigue reinando: ¿por qué no la mató, después de todo lo que hizo? ¿Es que cambió de idea cuando fue a por ella de nuevo, o es que es parte de un plan que ella no conoce? La verdad es que, como siempre ha sido, es incapaz de entender los pensamientos del Uchiha.

Sin embargo, ahora… ahora sabe por qué la llamó débil. Sakura es lo contrario de lo que él aspira a ser: una mano fría que controla los hilos que mueven el mundo, todo lo contrario de un corazón rebosante de emociones. Luz, oscuridad. Amor… y odio.

Maru tiene razón. Sasuke… sea lo que sea que es ahora, no es nada más que un enemigo que la mira con desprecio. Y de ése modo, ella puede sentir una ola gélida cayendo sobre cada fibra y centímetro de su cuerpo.

Incluso ahora… sigo bailando al son de tu canción.


Nota: no es hermoso el amor? /s Gracias por leer y estar ahí, como siempre :) No tengo mucho que decir, salvo que seguramente adelantaremos hasta estar sólo un cap por detrás de la versión inglesa. Sé que mucha gente le tiene ansia a las actualizaciones, y ahora mismo debería de ser capaz de hacerlo, así que... ¡hype!