En el anterior capítulo creo que me pasé de cruel, están en toda su razón de querer estrangularme, pero primero lean este capítulo a ver si cambian de parecer jejeje ;)
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Los quiero
Capítulo
14
"Robles y Hechizos"
El invierno le siguió a un lluvioso otoño que transcurrió como una sombra borrosa y confusa en la cual Steve se despertaba cada mañana, añorando los fantasmas. Cada día extendía, sin abrir los ojos, los brazos por la cama, buscaba a tientas a Tony, y cada vez una punzada atravesaba su corazón cuando no encontraba la tibieza de su Tony junto a él. Por supuesto, Peter no le daba demasiado tiempo para derramar un par de lágrimas o ahogarse con el nudo en su garganta, rompía a llorar demandando un cambio de pañales, un tetero o ambos.
Steve, aunque no dejaba de sentirse miserable por ausencia de Tony, disfrutaba de la compañía inocente y alegre de Peter, a pesar de que la rutina casi siempre era la misma: el niño lloraba, Steve despertaba arrastrando los pies, cambiaba el pañal de Peter, le daba su tetero, lo dejaba dormir un poco más hasta el salir a correr y ducharse; una vez volvía a despertar el pequeño lo ponía en su coche y ambos salían a caminar hasta llegada la tarde; entonces Pepper exigía cuidar al niño y Steve se dedicaba a sus deberes como Vengador. Antes de regresar a casa por las noches, pasaba por el cementerio, siempre dejando una rosa roja en la tumba de su Tony. Ese color siempre le había gustado al millonario.
Con una sonrisa entristecida Steve regresaba bajo las luces de Nueva York y las lluvias torrenciales de otoño a casa. Peter, cada día más grande y vivaz, lo recibía con algún balbuceo y los brazos extendidos. Steve lo arrancaba de los brazos de Natasha, Pepper, Bucky o quién sea que lo estuviese cuidando ya que nunca faltaba alguien que se ofreciera; besaba la frente de su hijo y miraba esos dos ojos castaños enormes y brillantes. Lo bañaba en una pequeña tina para bebés, lo hacía jugar con unos peluches extraños que Thor le había regalado, y lo dejaba en la cuna junto a su cama. Se suponía que Peter ocuparía la habitación que Tony y los demás Vengadores habían decorado para él, pero Steve ni siquiera se atrevía a entrar al lugar. La única vez que lo intentó fue durante el verano; el solo recuerdo de Tony en el sofá, hablándole a su redondeado vientre le rompió el corazón y no pudo sino cerrar la puerta y perder la llave.
Los primeros copos de nieve cayeron cuando Peter cumplió su noveno mes de vida; Steve se partía la cabeza intentando descifrar el uso de una computadora, tendido en el sofá de la sala con rostro compungido, mientras el niño jugaba en el suelo a morder sus juguetes de plástico cuando Clint acompañado de Natasha ingresaron por el elevador.
Steve guardó su laptop, avergonzado por no saber utilizarla, y se volvió a mirar a ambos. Sonrió aliviado al ver que ambos no habían roto su amistad, como muchos de los Vengadores tras la muerte de Tony. Bruce se culpaba constantemente de que su amigo hubiese muerto en la sala de operaciones, Pepper guardaba silencios rencorosos, entre discusiones y silencios, su relación se había quebrado. Bucky, aunque pareció en su momento el más fuerte, pasaba sus días buscando a Loki por todas partes, a veces desaparecía semanas enteras y regresaba con el mismo rostro desencajado. Thor, cada noche se sentaba en la piscina a esperar a su hermano y a veces salía acompañando a Bucky en su búsqueda; por ello no había visitado a Jane en semanas. Lo único que parecía mantener unidos a los Vengadores, era Peter.
Steve dirigió una breve mirada al niño, quién con su cabecita poblada de cabellos castaños claros observó con los ojos abiertos como platos, el descenso de los copos de nieve sobre la piscina del PentHouse. El Capitán América suspiró, las noches que Peter le quitaba el sueño con sus llantos, las veces que no tenía ni idea de cómo calmarlo, el haber aprendido poco a poco a cuidar de él, también había sido una forma de mantenerse cuerdo cuando la locura llamaba a su puerta con el solo recuerdo de Tony muerto.
-Steve- murmuró Natasha, extrayéndolo de sus pensamientos. El rubio volvió sus ojos azules a la Viuda Negra, esta le sonrió trémulamente y carraspeó- Estuvimos rastreando a Loki, con la ayuda de Jarvis- dijo, mirando de reojo a Clint- creo que está en…
-Déjalo, Nat. – la interrumpió el Capitán. Alzó a Peter en brazos y lo colocó en el coche.
-Pero él dejó que Tony muriera- gruñó Clint, cruzándose de brazos.
Steve pareció ignorarlo, se colocó su chaqueta, y una gorra de lana a Peter. El niño balbuceó algo que sonó como un agradecimiento. El Capitán empujó el coche hacia el ascensor y presionó un botón.
-Bruce se culpa todo el tiempo hasta el punto que no es capaz de dirigirme la palabra, como si yo fuese a echárselo en cara; Thor culpa a Loki al igual que ustedes; Bucky piensa que de no haberme dejado quedar en su apartamento…-suspiró y continuó, con la mirada entristecida y el rostro duro- Pepper culpa a Bruce; yo siento que la culpa es mía. Pero nada de eso traerá de vuelta a Tony…-
Las puertas del elevador se abrieron, y Steve empujó el coche dentro.
-¿A dónde vas?- exclamó Natasha.
-Hace frío. Peter necesitará ropa para el invierno- curvó sus labios en una sonrisa tiesa y las puertas se cerraron.
La tarde transcurrió entre la nevada y comprarle ropa a Peter, lo cual resultó mucho más difícil de lo que Steve imaginó. Al verlo tan inexperto y perdido muchas mujeres se pusieron a opinar en la tienda de ropa, y terminaron vistiendo a un Peter al borde de las lágrimas, como un oso de peluche. Steve tuvo que separar las prendas que se llevaría y las que no de un gran montón de gorros de abejitas, y suéteres ridículamente pequeños.
Tras salir Steve iba por la acera mirando de reojo tiendas cuando alcanzó a divisar un suéter de lana amarilla y roja, que formaban el casco de Iron Man. Lo compró sin dudar y se lo puso a un curioso Peter, quién sonrió con su boca desdentada tironeando del suéter para verlo.
Continuaron andando hasta que el sol se puso. Steve viró en una acera y cruzó la avenida, llegando a una cercada por unas rejas altas y oxidadas. Empujó la puerta principal e ingresó a un sendero bordeado por farolas antiguas. El coche de Peter rebotaba en el camino empedrado por lo que el niño comenzó a balbucear en protesta. Steve se detuvo bajo un olmo, tomó al niño en brazos…
-Vamos, Peter- lo aferró a su pecho, y caminó por entre la hierba mal cortada.
El cementerio olía a rosas marchitas y lluvia; ese aroma había dolido a Steve cuando perdió a su padre, cuando su madre Sarah murió, y cuando debió enterrar a su mejor amigo Bucky. Incluso había dolido cuando visitó la tumba de Howard Stark a quién apreció mucho, pero nunca dolió tanto como en ese momento.
La nieve descendió con mayor densidad, y Peter enterró su rostro regordete en el regazo de su padre. Steve llegó hasta una lápida, y allí se arrodilló, acunando al bebé entre sus brazos. Se quedó mirando la piedra de granito negro y la tierra solidificada al paso de los meses. Leyó el epitafio: "Padre y amigo" y pensó que aquello no era suficiente para describir a Tony: era un padre capaz de arriesgar su vida por su hijo, un gran amigo, un ex alcohólico, un ex drogadicto, un obstinado, extrovertido, inmaduro, un hombre inolvidable… y el amor de su vida, añadió Steve.
-Gbu- balbuceó Peter mirando al rostro de su padre. Steve le sonrió.
-Debías conocerlo, tenía que ser él quién te mimara, quién te malcriara y no quisiera enviarte a la escuela hasta que hayas aprendido a armar una motocicleta tu solo; se suponía que yo te llevaría a la escuela y él estaría preocupado todo el día por cómo te iba allí.- abrazó a Peter y lo meció. –Él debía explicarte algún día como tratar con chicas o chicos porque yo soy un conservador sin remedio, debía apoyarte en tus locuras mientras yo los reprochaba a ambos.- cerró los ojos apretándolos con fuerza- No sé qué hacer sin él, Peter.
El bebé respiró agitado; por un instante Steve creyó que rompería a llorar.
Entonces escuchó un par de pasos a su espalda, el crujir de la nieve bajo dos botas, y el aplastar de unas pocas hojas rojizas del otoño. Por un instante no le importó que alguien lo atacase por la espalda, y lo matase, pero entonces sintió a Peter agitarse entre sus brazos y se volvió de un salto, listo para defender a su hijo de lo que fuese.
Frunció el ceño al reconocer a Bucky, con su cabello largo, una chaqueta de cuero negro, y una bufanda alrededor del cuello. Por un instante temió que el Soldado del Invierno, la máquina asesina, hubiese regresado.
-¿Buck?- inquirió enarcando una ceja. Veía al pelinegro descompuesto, asustado y bastante inquieto.
-Encontré a Loki- musitó, tenso, desviando la mirada al suelo escarchado.
-¿Dónde está?- preguntó Steve, extrañado.
Bucky entreabrió los labios, los volvió a cerrar y sacudió la cabeza. Pareció pensarse la respuesta varias veces y después apretó su brazo de metal.
-Tienes que ir a esta dirección, esta madrugada ¿Bien?- inquirió extendiendo un papel doblado a las manos de Steve.
-¿Qué se supone que trama ahora?- inquirió el rubio, temiendo por Peter.
-Solo ve- suplicó Bucky, un tanto preocupado, volteó sobre sus talones y emprendió marcha hacia lo profundo del cementerio.
-¡Bucky!- lo llamó Steve -¿De qué se trata?- Bucky volvió la cabeza sobre el hombro y respondió:
-Es sobre Tony-.
Después de ello Steve no supo que hacer o que pensar, dio vueltas por el cementerio buscando a Bucky pero no lo encontró. Peter comenzó a llorar y tuvo que regresar a casa. Lo bañó y lo dejó dormir; ya era media noche cuando el niño dejo de hipar y sollozar y cerró los ojos. Steve salió a hurtadillas de la Torre de los Vengadores y desapareció por las calles. Desdobló el papel en una esquina y frunció el entrecejo; Bucky había perdido la cordura o era una trampa de Loki, pero de todas formas decidió averiguarlo. Tomó un taxi y le indicó que tomase la interestatal 41 rumbo a Nueva Jersey.
Transcurrieron dos horas escuchando la radio del taxi y Steve divisó el lugar apuntado en el papel; pagó al taxista y bajó ignorando al hombre que dijo:
-Aquí no hay nada más que esa vieja casa, no deberías quedarte aquí- pero tan pronto como Steve se refundió en los setos, el taxi arrancó.
Steve se adentró en el sendero apenas visible que conducía a una casa victoriana de madera y pintura blanca desconchada en un campo abierto rodeado de nogales y robles. La oscuridad era total y se escuchaba el murmullo de las cigarras cuando llegó al apolillado pórtico, estaba por llamar a la puerta pero su puño se detuvo en seco.
-Steve- lo llamó la voz contundente de Thor.
Volteó abrumado por la sorpresa y vio al dios nórdico de pie al otro lado del sendero. Aquello le daba mala espina, en especial cuando Bucky asomó a las espaldas del asgardiano, pero no tuvo opción más que seguirlos.
Ambos iban adelante, Bucky de vez en cuando regresaba sus ojos azules grisáceos a Steve, como pidiéndole disculpas.
Conforme avanzaban por la entretejida arboleda de robles, nogales y hayas raquíticas, Steve escuchaba un riachuelo. Thor, encabezando la marcha penetró una maraña de zarzas silvestres que crecían como una cortina entre dos gigantescas rocas, y Bucky lo siguió.
Steve fue tras ellos y descubrió que del otro lado había un río de aguas cristalinas y calmas. Se reflejó en él como un espejo. Recorrió la mirada y divisó un árbol, un viejo roble deshojado que crecía sobre un banco de guijarros a mitad del agua. Ladeó la cabeza y buscó a Thor y Bucky que permanecían a los costados de la cortina de zarzas como dos guardias.
-¿Qué significa todo esto y que tiene que ver con Tony?- exigió saber, encarándolos.
Thor miró nervioso a Bucky y éste a su vez tragó saliva con fuerza.
-Steve- dijo crispando los labios, como cuando eran niños y le pedía perdón por haberse comido sus dulces- lo siento, de verdad lo siento.
El agua del río, a las espaldas del capitán, rugieron. Steve giró en redondo temiendo que algo le saltase encima. Descubrió que Loki estaba de pie bajo el roble que bajo la luna llena se teñía de un resplandor etéreo plateado.
-¿Qué es lo que lamentan?- repitió, mirando de hito en hito a Bucky, Thor y a Loki.
-En Asgard se acostumbra a quemar a los muertos así que nunca se me había ocurrido- musitó Thor para si mismo.
-Es algo que no debimos haber hecho, pero Loki…- añadió Bucky, con la mirada en el piso.
-¡¿Qué hicieron?!- bramó Steve.
-Desenterramos los huesos de Tony- al escuchar la hosca, despreocupada y altanera respuesta de Loki, Steve perdió el control.
-¡¿Cómo te atreviste?!- saltó sobre el dios de ojos verdes, cruzó el río como una fiera pero antes de ponerle las manos encima las ramas del roble plateado, como serpientes le propinaron un empujón que lo devolvió a la orilla del río.
-Como iba diciendo- se aclaró la garganta Loki. Steve dirigió una mirada profunda de odio hacia Thor y Bucky. –Desenterramos los huesos del mortal, hoy es luna azul, y éste…- señalo al árbol- es un árbol muy especial, un roble de la vida dividido entre los mundos. Lo sembré aquí cuando era un niño porque padre, dijo, precisamente que no lo hiciera-, el brillo travieso en sus ojos espantó a Steve. –Eso, por supuesto, fue hace setecientos años.
-¡Ve al punto!- gruñó Steve, poniéndose de pie. Su ropa chorreaba agua.
Loki rodó los ojos, pero en un breve gesto en que apretó los labios, Steve se dio cuenta de que sentía culpa.
-La luna azul es poderosa, y un árbol de la vida que conecta mi mundo, tu mundo y el de los muertos absorbe esa magia… solo bastaba un hechizo insignificante con un vestigio físico de alguien muerto para…- con arrogancia, pavoneando la obra de su maravillosa magia, Loki se hizo a un lado.
Sobre los guijarros habían un montón de huesos humanos, visión que enfureció a Steve. Bucky lo detuvo sujetándolo con el brazo metálico y señaló hacia otro punto en el roble. En la base del tronco, donde éste se abría una luz resplandeciente aparecía. Bucky arrastró a Steve por el brazo hasta el árbol, y entonces Steve pensó que cuando dijo que Loki y Thor no eran dioses, estaba completamente equivocado.
-El hechizo tomó varias horas, desde que la luna asomó durante el ocaso, y ya casi amanece, pero valió la pena- dijo Loki, cruzándose de brazos y alzando la barbilla.
Steve apenas lo escuchó. Su mandíbula cayó en una expresión de absoluto asombro y sus ojos azules brillaron incapaces de creer lo que veía. En la amplia abertura del tronco caso tan grande como una habitación, hecho un ovillo estaba Tony. Tal y como antes de haber concebido a Peter, pero con un brillo sublime en la piel tostada, los cabellos sin una sola cana y la barba poblada. Respiraba acompasadamente, con los ojos cerrados y el rostro relajado; el resplandor de la luna poco a poco abandonaba su cuerpo, brindándole un aspecto más humano, más real.
-Dime que esto no es una ilusión, Loki- suplicó Steve, Loki, solemne por primera vez sacudió la cabeza.
Steve vio a Thor que medio le sonrió, y a Bucky quién lo alentó a acercarse al árbol. Respiró profundo, se arrodilló junto a Tony que para ese entonces había empezado a removerse; acarició los cabellos castaños cortos de Iron Man, y su hombro desnudo. Dos orbes de chocolate se abrieron de golpe ante el contacto.
Parecieron confundidos, perdidos, hasta que la visión se aclaró. Tony parpadeó varias veces y se irguió sobre sus manos. Miró en todas direcciones, y luego clavó su atención en Steve.
-¿Steve? ¿Dónde estoy? ¿Qué ocurrió?- dijo, y dirigió una de sus manos directo a su vientre. -¿Qué ocurrió con Peter?- la voz se le descompuso.
Steve solo atinó a abrazarlo, para comprobar que era real, que de verdad estaba allí.
-No vas a creerme- susurró al borde de las lágrimas y de la risa.
-¡¿Dónde está mi hijo?!- bramó Tony, empujándolo. No le interesaba que hacían Bucky, Thor y Loki allí, menos porque estaba desnudo en un hueco de árbol gigantesco, solo quería saber dónde estaba Peter.
-¿Qué es lo último que recuerdas, mortal?- intervino Loki, tomándolo por la barbilla y analizando los ojos de Tony. El ingeniero se sacudió la mano de Loki y retrocedió.
Thor le tendió una manta a Steve y el rubio se la puso a Tony sobre los hombros. El moreno había empezado a tiritar a causa del frío. Tony detuvo la mano de Steve cuando ésta pretendía alejarse, e impulsado en esta, con una renovada fuerza salió del árbol. El roble al instante perdió su brillo, y con un crujido gutural se encogió al tamaño natural de un árbol. La luna había desaparecido en el horizonte, en su lugar nacía una franja anaranjada de una mañana invernal gélida.
-Tú estabas en la ducha- respondió por fin Tony, mirando a Steve, extrañado- empezó el parto y bajamos a la sala donde daría a luz. Dolía…- frunció el ceño, como si se le escapara algo-…dolía mucho, y me sentí débil. Bruce movió la camilla… me llevaron al ascensor…decían algo sobre operarme… tú estabas allí, Steve, pero luego soltaste mi mano y te dije que cuidaras a Peter… No sé lo que ocurrió después- los labios le temblaron -¡¿Dónde está Peter?!- bramó.
Steve solo atinó a abrazarlo con todas sus fuerzas hasta que Tony dejó de removerse. En un impulso impropio del capitán américa, lo besó bebiendo con desespero de aquellos labios que tano había extrañado. Tras el intenso beso Tony apoyó la cabeza en el hombro de Steve, y suplicó:
-Dime que está bien-.
-Hay muchas cosas que debo decirte, Tony, una de ellas es que Peter es el niño más hermoso e inteligente- Steve besó la sien de Tony y prometió para sus adentros que nunca volvería a dejar que algo le pasara.
Thor agitó el Mjolniry como una bala desapareció en el cielo nocturno, deseaba contarle lo sucedido a Jane. Loki miró incómodo hacia Bucky y éste ladeó la cabeza como un cachorro confundido.
-Mortales- escupió Loki, aunque nadie supo decir si fue un insulto o un halago. Tomó a Bucky por los hombros y lo besó, celebrando.
Tony rió ante esto y abrazó a Steve, temblando como una hoja sacudida por el viento. Steve acarició la espalda de Tony por debajo de la manta, y cuando esta resbaló del hombro del ingeniero descubrió aquel lunar que siempre lo había adornado. Definitivamente era su Tony; no cabía alguna duda, especial cuando el par de ojos achocolatados lo miraron fijamente. Seguía siendo su pícaro, sagaz, obstinado y tierno Anthony Stark.
-Tiene tus ojos- soltó de pronto Steve, Tony se mordió el labio inferior, pensativo.
Antes de que el alba iluminara esos campos en las afueras de Nueva York, Steve abrazó a Tony y tras Bucky y Loki marcharon por los bosques hacia la casa. Entre los matorrales Bucky había escondido un viejo auto con el que había estado buscando a Loki todos esos meses. Se disponían a subir cuando Loki comentó:
-Ahora habrá que destruir una lápida ¿eh?-, de improviso.
-¿Lápida?- inquirió Tony.
-Hay mucho que explicar- terció Steve, lo abrazó, y juntos entraron en el asiento trasero.
Se alejaron por la interestatal; de vuelta a la Torre de los Vengadores. Steve, durante las dos horas de viaje, con el amanecer pisándoles los talones, no pudo despegar los ojos de Tony, ni dejar de abrazarlo. Le parecía tan irreal, tan imposible…pero estaba allí.
-Loki, -dijo de pronto. El asgardiano lo miró por el retrovisor, desde el asiento del copiloto- gracias-.
FIN
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POR SUPUESTO, HABRÁ EPÍLOGO
;)
Nos leemos.
xoxo
