Nota: oh dios, tengo que responder a dos semanas de reviews xD (esto me pasa por dejarlo para el final). Nos acercamos a la meta de ir un solo capítulo por detrás del original, también. ¡Espero que disfrutéis leyendo! (y si no, me lo decís y yo apaleo al culpable...).


Desenmascarada - Parte 2: Refugiada - Capítulo 17: Ecos de Nanas

Hondo en el prado, junto al bosque muerto, perece el último cerezo.


El temido momento llega mucho antes de lo que Sakura habría querido. Cuatro días después de que encontrara refugio, todavía sigue pasando la mayor parte del tiempo rebuscando entre las ruinas de Shimogakure, en busca de provisiones. El tiempo empeora sin cesar, y sin chakra pronto se verá forzada a esconderse en el invernadero por quién sabe cuánto.

Y ahí están, los ojos oscuros de Misho, centrados en su figura en el momento en que regresa. Está sentado dentro de su saco de dormir, apoyando la cabeza en las rodillas y ocultando la mayor parte de su cara. La pelirrosa se detiene de inmediato, sorpresa y alivio abrumándola durante unos breves instantes.

Se siente como si esto fuera algún tipo de prueba: el niño está claramente evaluándola, esperando a ver qué es la primera cosa que hace. Sakura se encuentra a sí misma tratando de sonreír para tranquilizarlo, ponerse una máscara alegre y pretender que todo está bien, pero… Ya no, ni para él ni para ella. Misho volvió a su hogar sólo para encontrar a su familia hecha añicos. Por culpa de ella.

No, incluso si intentara crear una farsa, ya no serviría para que el niño se sienta bien. Es como caminar a través de un campo de minas, y no le sorprendería si fuera el objetivo de la ira que él debe estar sintiendo. Aunque… tampoco puede quedarse así para siempre. Maru le golpea la parte de atrás de la cabeza, sorprendentemente silencioso, como para decirle que se de prisa de una maldita vez.

—¿Te duele algo? —balbucea Sakura, depositando las cosas que ha traído y dando un paso tentativo hacia él. Lo compara a un jinchūriki, y de éstos ella sabe que una persona como él podría estallar en un instante, aunque no parece tenso.

—Estoy muy cansado —carraspea él, su garganta claramente reseca. Tose un poco y señala una de las botellas de agua esparcidas por la habitación—. ¿Me das un poco?

Se le ve… triste. Con el corazón roto y terriblemente exhausto, pero si está enfadado, no lo muestra. Sakura asiente y recoge el objeto con diligencia, quitando el tapón y dándoselo al niño. Cuando logra aferrarla, casi se le cae, sus manos temblorosas y apenas capaces de responder. Sakura logra atraparla antes de que se derrame.

Bebe con lentitud, y ella aprovecha para ponerse en pie y quitarse la ropa de invierno. Este sitio es incómodamente cálido en comparación con el exterior, pero se acostumbrará. Así sucede siempre.

Una vez la kunoichi acaba, se da la vuelta y se encuentra al niño mirándola de nuevo, sus ojos clavados en ella, buscando… ¿Qué? ¿Qué espera encontrar? Sakura inclina la cabeza hacia un lado, intentando averiguarlo.

—Te ves distinta —comenta él, tras lo que podrían haber sido minutos. Sonríe de forma tentativa, débil. Hay un brillo en sus ojos, una cosa familiar que Sakura conoce… ahí está, el chiquillo que ha creído en ella sin cuestión alguna.

No me odia.

A ella le tiembla el labio inferior, pero se obliga a no llorar, mordiendo tan fuerte como puede sin arriesgarse a causar una herida. Una media sonrisa se hace hueco en su expresión, temblorosa y repleta de emociones que ha mantenido embotelladas hasta ahora.

—Un poco, sí —responde ella, ligeramente avergonzada. A decir verdad, no se ha mirado en un espejo en mucho tiempo, pero es probable que no se vea bien en absoluto. Su piel tiene un color pálido enfermizo, apenas ha conseguido dormir lo suficiente y el tiempo que pasa despierta está dedicado a trabajar sin descanso; toda su energía ha sido utilizada para reunir provisiones y mantener a Misho estable.

La sonrisa del chico se ensancha una fracción de milímetro, y así de fácil, todas las preocupaciones de Sakura se desvanecen, el hielo entre ellos roto. Sabe que Misho no está del todo bien, porque sus ojos están enrojecidos y hay una mueca desagradable en su rostro, pero… sigue aquí, a su lado. Y ahora mismo, es todo lo que podría pedir.

Maru se aparta de ella de un salto y empieza a dar la lata al niño; Sakura entiende que la rata le está dando tiempo para ordenar sus pensamientos, antes de lidiar con el asunto de la familia de Misho. Es eso, o esta es la forma (molesta) que el roedor tiene de decir hola a la gente. No lo sabe seguro, pero decide sin importar la razón, es una buena oportunidad para organizar sus provisiones y pensar.

Su tarea acaba un poco más rápido de lo que habría querido, pero este momento tenía que llegar tarde o temprano. La pelirrosa ha repasado las cosas que debería hacer y decir muchas veces, pero sigue sintiéndose nerviosa. Echa un vistazo a la rata y al niño: aparentemente, están discutiendo sobre comida. Se siente tan natural, como si fuera otro día normal…

El momento exacto en que suspira ligeramente y da un paso hacia la pareja, la rata encuentra una excusa para apartarse y dejarle espacio. Quién lo diría, el pequeño bastardo estaba ayudando después de todo. Sakura se sienta junto al chico, cruzando las piernas y mirando a algún lugar aleatorio entre los montones de objetos que trajo al refugio.

—Sé lo que le pasó a tu familia —musita al fin, obligándose a mirarlo a él. El niño baja la mirada casi de inmediato—. Lo siento. Si hay algo de lo que necesitas hablar… me lo puedes decir cuando quieras. Puedes contar conmigo, ¿vale?

Secretamente, Sakura suspira de alivio, orgullosa de haber logrado hablar correctamente. Esto es lo mejor que se le ocurrió decir, y tras muchos intentos fallidos, decidió que ser concisa es la mejor manera de hacerlo.

Él asiente, pero no dice nada. Menos de un minuto después, Misho está abrazando su torso firmemente, como si su vida dependiera de ello. Quizá se trata justamente de eso. Sakura se acomoda (porque probablemente, esto va a llevar un buen rato), acariciándole el pelo con movimientos circulares, suaves.

Misho no hace sonido alguno, pero a través de su camisa, ella puede notar la ligera humedad de sus lágrimas.


—Me estoy volviendo loco —susurra el niño, frotándose la cara con una mano sudorosa. Aparentemente, no aguanta bien el calor. ¿Quién lo habría pensado?—. ¿Crees que podemos salir afuera?

Sakura echa un vistazo sobre una pila particularmente grande de cajas, con un kunai en la boca y dos fajos enormes de papeles en sus manos. La pelirrosa sacude la cabeza enérgicamente, porque la última vez que intentó decirle que no, se dio cuenta de lo doloroso que es hablar con un cuchillo en la boca. El niño hace una mueca y ella vuelve a su agitada búsqueda.

Vale, Sakura es capaz de admitir que quizá, y sólo quizá, acumuló demasiadas provisiones en sus prisas para reunir todo lo que pensó que necesitaría., pero sigue siendo estúpido que sea incapaz de encontrar las cosas que le hacen falta. No debería de ser tan difícil. En algún lugar debajo de esta enorme pila de carpetas, tiene que haber unos mapas que le serían de inmensa ayuda ahora mismo.

—Idiota, si preguntas una sola vez más, vas a tener algo más importante sobre lo que lloriquear —interviene Maru, haciendo que Sakura se ría por lo bajo. ¿Debería sentirse malvada por encontrar divertida su actitud, siempre que no esté riñéndola a ella?

—Tengo unos cuantos juegos con los que podrías divertirte —comenta la kunoichi, escupiendo el kunai y mirando a su alrededor con inseguridad. Están aquí… en algún sitio —añade Sakura, frotándose la parte de atrás de la cabeza con la muñeca—. Aunque, si podemos salir de aquí antes de que llegue lo peor del invierno, sería mucho mejor. Estoy segura de que nos hará falta un baño de verdad pronto —añade con asco. Al menos, la cueva de las ratas tenía cascadas en las que podía limpiarse.

—¿A dónde vamos, exactamente? —inquiere Misho, poniéndose en pie y caminando hacia ella. Sakura lo mira con cierta sorpresa, aunque al final se encoge de hombros y le ofrece los documentos que estaba sujetando—. ¿...País del Agua? —murmura el chico, echando un vistazo a los mapas y unas pocas guías turísticas que la kunoichi ha seleccionado cuidadosamente.

Honestamente: Sakura se sorprendió al saber que esas cosas existen. Aparentemente, uno de los ciudadanos de Shimo estaba absolutamente obsesionado con la geografía, porque esa casa abandonada estaba llena de este tipo de cosas. Por desgracia, su inclinación era hacia la historia, así que muchos de los documentos que había tenían décadas de antigüedad y no eran viables. Lo que la pelirrosa pensó que era un golpe de suerte acabó siendo una gran molestia.

—¿A dónde si no querrías ir? —musita Sakura, recogiendo su kunai y usándolo para quitar las grapas de los papeles—. Lo único que sabemos de Kumo es que está en ruinas, y de todos modos no es buena idea ir hacia el norte. No podemos volver a Yu, porque… bueno. —La muchacha se queda sin palabras durante unos segundos muy incómodos, pero logra continuar—. La mejor idea sería tratar de alcanzar la costa yendo hacia el sur. Shimo está cerca del Golfo del Sol; si mi teoría es correcta, debería de haber un puerto allí.

Para ilustrar su plan, Sakura saca uno de los mapas viejos y apunta hacia el lugar aproximado en que Shimo está hoy. Si van directamente hacia el sur, deberían de tardar un día o dos en alcanzar la costa. Tendrían que esperar a que amaine un poco, pero si se apresuran… podría funcionar. Debería de haber carreteras, o al menos restos de ellas, que lleven a ese lugar.

—Hay una aldea llamada Engetsu justo aquí. Incluso si ha sido abandonada, es probable que queden barcos de los pescadores. —Sakura ha pasado de robar comida a robar barcos enteros… La chica tiene la ligera impresión de que dejar una nota no hará feliz a nadie en este caso—. Desde aquí, tenemos que improvisar. Seguir la costa es la opción más segura.

Es muy agradable poder hablar con Misho, porque Maru la saca de quicio un poquito demasiado y Sakura siente que sigue habiendo algo muy, muy malo afectándole la cabeza. No puede especificar qué, pero estaría dispuesta a apostar bastante dinero a que se debe a trauma psicológico.

Los métodos de algunas personas incluyen apatía, y considerando lo mucho que ha querido poder funcionar correctamente, su estado actual podría ser una simple máscara vacía, escondiendo algo mucho peor… algo que se esconde justo debajo de sus pensamientos conscientes. De un modo u otro, es feliz de tener compañía humana.

La manera en que Misho la mira cuando describe los detalles del plan, sin embargo, deja claro que el chico quiere preguntar la cuestión más difícil de todas: "¿y después qué?" ¿Qué harán una vez escapen de este lugar, cuyas únicas características son un frío letal y nieve constante? No hay ningún lugar al que ir: sólo, razones para huir.

Pero el niño no dice nada, y Sakura lo agradece. La pelirrosa sigue intentando averiguar la razón por la que sucedió el desastre con la familia de Misho, pero no se atreve a preguntar. Después de todo, es posible que algo sobre lo que no tenía idea alguna sucedió, y que puso a ellos o al chico en deuda con algún tipo sospechoso.

—Tenemos que practicar control de chakra —acaba comentando ella, resoplando y sentándose con la espalda apoyada en un montón de sábanas. Misho hojea una de las guías detallando las tradiciones culinarias del País del Agua, claramente deseando poder probar algunas de esas cosas en vez de comida en lata. Asintiendo, se sienta lo suficientemente cerca como para mantener una conversación decente, todavía entretenido con su investigación—. Maru ofreció ayuda.

—¡Ni de broma! —suelta Misho, aterrorizado, mirando a la rata como si ésta acabara de salir arrastrándose del inframundo.

—No es broma, ah —responde el roedor, con una sonrisa maliciosa. Ni siquiera se molesta en salir de su cómodo reposo dentro de una geoda rota. Sakura pensaría que es casi tierno, si no fuera por el hecho de que Maru la forzó a traer la maldita roca hasta aquí—. Vosotros dos sois como un par de bombas bípedas, ah.

—¡Eres un profesor horrible! —protesta Misho. El chico mira a Sakura, suplicante, y ella le responde alzando una ceja. ¿Qué se ha perdido?—. ¡Casi me ahogó y me quemó!

—¿...Al mismo tiempo? —inquiere ella, fulminando a la rata con la mirada. Maru se limita a imitar un bostezo despreocupado.

—¡Por favor! —ruega el niño, arrodillándose en un último intento de escapar lo que parece ser un destino cruel. La mirada de Sakura pasa del uno al otro, debatiéndose entre diversión y enfado. Bueno, al menos no será tan aburrido como lidiar con su apatía por su cuenta.


—Cuando te concentras, cuando lo intentas de verdad, es como si estuvieras constreñido, ah —comenta la rata, sin piedad alguna. Misho gruñe y frunce el ceño, pero no dice nada—. No tienes que alardear, Idiota. Sólo pon tu mente donde tiene que estar, ah.

Sería mucho más fácil si no estuvieras molestando todo el rato.

Sakura se limita a observar cómo el chico trata de liberarse, por enésima vez, del sello que la rata ha puesto sobre él. Misho está sentado, apoyado contra una caja, su cuerpo completamente inmóvil. Lo que sea que Maru le hizo, causó que perdiera la habilidad de moverse. Aparentemente, si la cantidad correcta de chakra se aplica a ciertos puntos del cuerpo, por unos segundos, esa parte se liberará del jutsu.

Kurozuka está diseñado para alimentarse de tu chakra: tu energía vital, ah. Un maestro de la técnica podría robarte hasta la última gota de sangre, o incluso el agua en cada una de tus células. Cuanto más tardes, más difícil será que escapes. Si no consigues soltar al menos un brazo, vas a dormir así esta noche, ah —añade Maru, abusando de la situación para sentarse en la cabeza de Misho.

—Si haces que su condición empeore, te tiraré de aquí, Maru —advierte la pelirrosa, alzando los ojos de su pergamino. El roedor se mofa de ella, pero es la mirada desesperada de Misho, lo que atrapa su atención. Las facciones de Sakura se relajan de inmediato, sonriéndole con aire compungido—. No entres en pánico, ¿vale? Si algo va mal, estoy aquí.

Misho no puede asentir, así que se limita a suspirar. Kurozuka es uno de los jutsu extraños que Maru sabe realizar. Ahora que puede verlo ejecutando las técnicas con claridad, puede observar que usa tanto las patas delanteras como la cola para hacer signos, ayudándose con el bō. La función del bastón es desconocida, pero el roedor es capaz de moverse de forma silenciosa y veloz.

Como si lo hubiera hecho un millón de veces.

¿Cuánto tiempo ha vivido la rata, de todos modos? No parece viejo o incapacitado, pero averiguar su edad exacta es difícil. Se trata de una rata normal, con agilidad y reflejos fuera de lo normal, y la capacidad de hablar y usar jutsu. Eso es todo lo que sabe de él. Las técnicas que Maru puede utilizar son algo fuera de lo normal, al menos para un humano, pero quizá pueda convencerlo de que le enseñe.

Sakura se obliga a sí misma a centrarse y devuelve su mirada al pergamino que estaba leyendo. Maru insiste en enseñarles por turnos, así que mientras el niño practica ella se entretiene con la investigación de las aldeas del País del Hielo. A decir verdad verdad, no hay muchas: todas están centradas en torno a antiguos monolitos negros, o lo que queda de ellos.

El mayor de todos, como era de esperar, está en Shimo; tal y como sabe, toda la civilización de esta parte del mundo consiste de edificios alzados en torno a las extrañas piedras. El resto es, en esencia, una tundra vacía y poco acogedora. Perderse sería fatal, pero encontrar puntos de referencia es difícil.

Esta gente se movía usando trineos tirados por perros parecidos a lobos; aparentemente, los caninos fueron criados para tener un sentido de la dirección proverbial. Sin embargo, ninguno de ellos quedó en Shimo. A juzgar por el cariño que la gente de aquí les tiene a esas criaturas, no es extraño que no los abandonaran.

Muy bonito, sí, pero ese simple detalle podría haber fastidiado los planes de Sakura para su grupo.

Y lo que es más, se dice que cada pequeña isla y archipiélago del País del agua tiene su propia cultura. Incluso ella, estudiante dedicada de una gran variedad de temas, no está completamente segura de cuál sería la mejor opción. Diantre, hay tantos lugares del mundo que apenas están documentados, a causa de las guerras constantes y la reticencia de las naciones para confiar las unas en las otras.

La información no es gratis, siempre ha sido algo que debe ser ganado… o robado.

—Rosita, saca la nariz de tus libros y haz algo útil —canturrea Maru, sacándola de sus ensoñaciones. Sakura alza la mirada, confundida, aunque preguntándose qué podría haber hecho a la rata cambiar de idea—. Medita, ah. —La kunoichi alza una ceja, pero el roedor ni siquiera la está mirando—. No puedes arreglar las cosas fuera si sigues estando hecha un desastre por dentro, ah —añade, haciendo que se detenga justo cuando va a preguntar por el razonamiento.

Sakura recuerda las palabras del roedor: hay un sello restrictivo puesto en ella, pero va mucho más allá de su piel. Ningyo, lo llamó la rata: el Sello Marioneta. Maru se negó a explicarle en qué consiste a menos que lograra completar su primer ejercicio… el cual, le acaba de otorgar. Vaya manera de motivar a sus estudiantes. A decir verdad, la chica entiende por qué no le gusta a Misho en absoluto.

La rata alardea de ser capaz de rastrear chakra natural, incluso después de que sea absorbido por cuerpos vivientes; según él, es capaz de seguir su camino aún mientras fluye a través del sistema de energía vital de una criatura. Así, es capaz de detectar los fallos más esenciales en su funcionamiento. Por ahora, es el único que parece tener la más remota idea de lo que está pasando, así que quizás hacerle caso no sería una mala idea. Mientras que no se ponga demasiado gallito, eso sí.

¿Meditar? ¡Eso es fácil!

Sakura cierra los ojos, cruzando las piernas e inhalando profundamente. La kunoichi decide ir por el camino fácil y dejar que el adormecimiento de su mente la envuelva. Este vacío oscuro es un alivio muy bienvenido para su mente, y pronto se encuentra a sí misma completamente centrada en el ejercicio.

Una campana solitaria resuena en la distancia...


Nota: Maru es malo. Yo soy mala. Ché, qué más decir, creo que me guardaré las palabras para los reviews - salvo, como siempre, daros las gracias por todo el apoyo. Saber que hay gente ahí fuera que disfruta leyendo es motivación suficiente para seguir escribiendo (obviamente, hay otras razones... ¡pero me hace tan feliz saberlo!). ¡Nos vemos el sábado que viene!

jazsmith: buenas, gracias por pasarte. A decir verdad, ése es el estilo del fic :D La narración es muy subjetiva, así que tienes que tratar de figurarte qué pasa de verdad. Las cosas se aclaran, sólo que lleva tiempo :)

Guest [28-6]: los más entretenidos de leer y los más complicados de escribir, diría yo.

Un saludo,

Blu.