Nota: no sé si podré responder a los reviews hoy o si será mañana, pero acá está la actualización y otro mensaje de gracias por el cariño a la historia y el cap anterior. Pásenlo bien (o no).
Desenmascarada - Parte 2: Refugiada - Capítulo 19: Alza la Marea
Si te crees desafortunado por tener que esconderte, no sabes nada de los que deben plantar cara.
—¿Se puede saber qué demonios me has hecho? —murmura Sakura, por undécima vez, apretando un pañuelo lleno de nieve contra su frente. Han pasado horas, y sigue sintiendo dolor con cada latido de su corazón. Su piel está cubierta por líneas negras y humeantes que no hacen más que decir maligno cuando las mira, y su cuerpo entero se siente tenso, dolorido.
Además, desde que despertó su única recepción ha sido el silencio pasmado de Misho (que de algún modo, logró liberarse de los sellos) y Maru, que tenía la sonrisa más desagradablemente orgullosa que le ha visto nunca.
—¿Yo? —replica la rata, inocentemente—. Yo no hice nada, ah.
Sakura entorna los ojos y lo fulmina con la mirada, apuntando con un dedo acusador hacia la esquina del invernadero. Misho los observa, como si estuvieran pasándose una bomba a punto de reventar de un lado al otro, aparentemente tratando de convertirse en uno con la pared del fondo. Tiene razón para estar intimidado, a decir verdad.
—Entonces qué, por el amor de Kami, es eso. —La pelirrosa lanza una mirada lateral hacia el principal inconveniente que tiene con esta situación. La cosa en cuestión hace una mueca, cruzando los brazos sobre el pecho y mostrando un aspecto entristecido. La rata alza las patas delanteras, como una imitación burlona de un encogimiento de hombros.
—Eres mala —comenta la rata, con una onza de diversión colándose en sus palabras. En algún lugar, la chica oye a Misho toser, como si acabara de atragantarse en su propia saliva.
—¿¡Que yo qué!? —replica Sakura, gruñendo cuando una nueva ola de dolor hace que la cabeza le dé vueltas. Se queja en voz baja, apretando la nieve contra su frente. Si sólo pudiera hundirse en el frío…—. ¡Tú sabes más sobre esto que yo, diablos! ¿Es tan difícil decírmelo y ya? —protesta la kunoichi, cerrando los ojos y suspirando.
Demasiadas preguntas. Incluso ahora, la línea entre realidad e ilusión está borrosa: la figura con capa, que sigue de pie en la esquina de la habitación (tan casual como podría lograr serlo), no ayuda mucho. Sakura ni siquiera quiere mirarlo, porque cada vez que lo hace, no puede evitar pensar en las muchas cosas que, simplemente, no tienen sentido.
Él es tangible; y emite luz: un brillo suave y dorado, bailando como fuego áureo. Y tanto la rata como el asustado niño pueden verlo.
Pero eso no significa que él debería estar aquí.
—Eso no es divertido —comenta Maru, como si esto fuera un asunto trivial que sólo le sirve de entretenimiento. Qué cara que tiene, el pequeño cretino… Ella lo mira con unos ojos llenos de odio y quizá una pizca de intención asesina.
"Algo más podría morir si sigues portándote así." Pero no lo dice; en lugar de eso, se hace un ovillo y apoya la cabeza en las rodillas, sujetando la nieve con las piernas. Sus manos quedan libres, así que se entretiene a base de juguetear con la tierra. Debe haber una explicación para todo esto. O es todo una ilusión y tanto las reacciones del niño como las de la rata no son reales, o de veras hay una tercera persona haciéndoles compañía.
Maru trató de meterle en la cabeza el concepto de responder las preguntas que se hace, en vez de esperar a que alguien más lo haga. La dejó hablar durante horas sólo para que no sintiera que estaba enloqueciendo. Al principio, Sakura dudó, puesto que su habilidad para distinguir entre real y falso no es muy fiable, pero él insiste que no puede depender de otras personas para esto. O para nada, la verdad.
—Tienes que hacer las cosas tú solita de ahora en adelante, ah —repite el roedor, claramente al tanto de sus pensamientos. De algún modo, es capaz de predecir los pensamientos de Sakura, interviniendo sólo para hacer hincapié en sus ideas. Como compañero, es un bastardo; como maestro, es inflexible y brutal, pero sabe de lo que se habla—. Necesitamos detalles, por cierto, no soy mago —añade, decidiendo ser útil, quizá sólo porque sabe que Sakura no va a discutir ahora mismo.
—Estaba meditando, y de pronto empecé a oír cosas —recuerda ella, sometiéndose—. A veces oigo… campanas. Pueden ser pequeñas o… graves, algo que oirías en un templo. Cuando las oigo, sé que se me está yendo la cabeza. Están conectadas a… lo que sea que me falla en la cabeza —continúa Sakura—. Están por todas partes. Es como si… como si cubrieran otros sonidos. Como voces. Gritos, también…
Es un mecanismo de defensa. Eso es todo lo que sabe. Cuando estaba en el mundo de su mente, los graznidos de cuervos se convirtieron en campanas. El sonido de la muerte se convirtió en algo mucho más suave, pero todavía lleno de susurros y palabras envenenadas. Bajo las mentiras, está la causa de su locura. Y sin embargo, nunca le ha prestado mucha atención a todo eso, centrándose en bloquearlo.
La idea de entretenerse con eso nunca pareció muy inteligente, ni tampoco rebuscar entre las cosas que distorsionan su percepción de la realidad. Sin embargo, algo fue mal, porque Naruto está junto a ella en el invernadero. Hay algo de real en él; de otro modo, sólo ella podría percibir su presencia. Lo cual no es el caso, para su sorpresa y temor.
—Había una voz. —Su voz tiembla sólo ligeramente, así que traga saliva y se obliga a mantener la compostura—. Sé que la he oído en alguna parte. No era la mía, ni de mis amigos. Pero estoy casi segura de que la conozco de algo. Después de un rato, no pude recordar quién era, así que entré en pánico. Él me dijo que me calmara y… escuchara. Y entonces empecé a ver memorias.
—Hay muchos tipos de memorias, ah.
—...Eran agradables. De cuando estaba entrenando para mejorar. Pero no recordaba mi nombre. Así que él me enseñó. La persona que quería ser, y por qué. —Se siente como hablar de un completo extraño. La disociación respecto a su yo pasado da un poco de miedo, la sensación de recuperar sus propias memorias, extraña—. Me dio una razón. Un propósito.
No estás pensando en la persona correcta.
—No la voz —se corrige Sakura, casi notando un tic al sentir la urgencia del pensamiento. Ni siquiera suena como si fuera suyo—. Sasuke. La razón… —Sakura echa otro vistazo a la imposiblemente realista figura de Naruto, que ha aparecido de la nada. No, es seguro que está muerto, ella lo sabe—. No fui elegida por una fuerza mayor para esto, fue él. Cuando me dejó con vida, puso una responsabilidad en mis hombros.
—Tantas palabras elegantes, pero, ah: todavía no explicaste la razón —comenta Maru, sacándola de su ensoñación de un eclipse. Sakura ni siquiera se molesta en demostrar su fastidio.
—Yo soy la última. Si me rindo, si desaparezco, su oscuridad ganará. Y no quedará nadie para detenerlo.
El mundo se sumirá en el caos. Otra era de guerras sin fin.
—Estoy seguro de que hay mucha gente que estaría dispuesta a luchar hasta la muerte contra él, ah. El mundo está lleno de idiotas apasionados como ésos —responde la rata, resoplando ante el tono ominoso. "Joder, Maru, ¿hay algo que te tomes en serio?"
Sakura alza una mano, todavía llena de tentáculos negros y tierra. Se siente pesada, entumecida… pero es suya. La pelirrosa alza la cabeza, apoyándose contra el muro con un suspiro. Sus propios ojos recorren su piel exhaustivamente, mientras piensa. Y sin embargo, es imposible negarlo.
—Soy su último vínculo con la humanidad. Y por eso… me odia.
Las palabras se le escapan antes de que pueda pensar en ellas adecuadamente, y Sakura siente la necesidad de taparse la boca con una mano, como si hubiera dicho una blasfemia. La mera idea es… inaceptable.
—Esta oscuridad… no es mía. Es suya. Ningyo: un sello para atraparme y obligarme a rendirme. Si no puede cortar el vínculo, entonces…
Con un movimiento fluido, le atraviesa el corazón con el puño, y ella suelta un gemido estrangulado, sintiendo los tentáculos extenderse a través de su cuerpo, por todas partes, atrapándola y arrastrándola hacia abajo, a la oscuridad… con él.
—Entonces hará que me hunda con él.
—Me alegra que a veces utilices la cabeza, ah —comenta Maru, asintiendo con aire de aprobación. Esta vez, Sakura le lanza el paquete de nieve, pero él lo esquiva. Siempre esquiva. Sin embargo, la pelirrosa se siente emocional y psicológicamente agotada, así que ni siquiera se molesta en buscar alguna otra cosa que sirva de arma improvisada.
Forzar a su cabeza a trabajar en la organización de lo que sabe, y las implicaciones de esta información, han acabado por pasarle factura. Hay demasiadas preguntas que sigue sin poder responder, a las que quizá nunca sepa la respuesta. Después de todo, la única persona que podría contarle la verdad como es debido está determinada a destruirla.
—¿Es por eso que hizo todo eso? —suelta ella, cerrando los ojos y apretando los dientes. Hay un nudo en su garganta, su corazón saltándose latidos cada vez que se centra en los detalles de la situación.
—Eso es algo que sólo tú podrías ser capaz de entender, si de veras eres la última persona que comparte un vínculo con él, ah.
—No. No puedo… pensar en nada más. —Con los párpados cerrados de nuevo, Sakura respira profundamente—. No sé… ¿por qué yo? Mató a Naruto, pero no a mí. No es como si pudiera defenderme. Y he leído sobre muchos jutsu, pero nunca en la vida había oído hablar del Ningyo.
Piensa detenidamente. Hay algo que se te escapa.
—Diantre, ¿por qué todo el mundo se empeña en ser ser misteriosamente inútil? —gruñe la pelirrosa, frotándose las sienes. El dolor no disminuye en absoluto, pero no hay mucho que pueda hacer. Sus técnicas no funcionaron para aliviarlo—. No lo entiendo, Maru. No entiendo nada en absoluto —protesta Sakura, dando voz a uno de los pensamientos que ha estado atormentándola durante meses.
Tan impotente. Todo este tiempo, ha sido arrastrada de aquí para allá por fuerzas que no puede controlar. Y no le gusta en lo más mínimo. Sakura puede no ser el kunai más afilado, pero incluso ella sabe que sus habilidades van más allá de encogerse de miedo a la mínima mención de Sasuke o las pesadillas. Y ahora, tiene que admitir que se está cansando de la situación.
El hecho de que ha logrado recuperar control de su propia mente es, como mucho, una victoria pírrica: sólo ha logrado añadir más y más preguntas a una lista muy larga, porque ahora puede pensar y reevaluar las cosas que la atormentan, una y otra vez.
Las respuestas se esconden en algún lugar entre la neblina de su mente, entre las memorias oscuras y rostros que no quiere recordar. Sasuke es el eje que lo une todo: causa, razón, motivo y perdición. Siempre ha tenido un lugar especial en el corazón de la pelirrosa, de cerca o de lejos… Tentativamente, Sakura abre y cierra el puño, observando cómo los tentáculos oscuros obligan a que su piel se mantenga estirada.
"Sigo siendo una marioneta. Allá a donde vaya, su sombra me persigue," divaga la chica.
—Si él todavía está contigo, debe de ser porque no quieres dejarlo ir, ah —comenta la rata, y a Sakura le cuesta unos segundos darse cuenta de que está hablando sobre Naruto. La aparición sonríe cuando ella por fin lo mira a los ojos, pero Sakura se limita a fruncir el ceño como respuesta.
—Dijiste que hay más que… locura, respecto a mis visiones —dice ella, convencida de que la rata sabe algo que podría ayudarla inmensamente si simplemente se lo dijera—. Tenía una pluma de cuervo, ¿no es así? Y tú podías oírla… —Esta es una de esas cosas en que no había pensado, su mente demasiado abarrotada por una miríada de pensamientos, cada uno amenazando con romper lo que le queda de cordura.
La rata musita algo en voz baja, una palabra que suena sospechosamente similar a una palabrota, y sacude la cola de un lado al otro. Esta expresión en su rostro es nueva: molestia, pura y desenmascarada.
—Eso es cierto —admite el roedor—. No me digas que no has juntado dos más dos todavía, porque si es así, te voy a dejar un agujero en ese cráneo vacío, ah.
Una pluma de cuervo. La prueba de que había algunos de esos animales cuando logró llegar hasta la cueva, tras la batalla; sin embargo, no queda más rastro de ellos. Desde entonces, las piezas desperdigadas de su plumaje han sido parte de casi todo, como una de las capas de ilusiones que previenen que Sakura sucumba a la locura. Una barrera, como las campanas.
Una ilusión.
—¡Itachi! —suelta la pelirrosa, poniéndose en pie de un salto. Se arrepiente en el mismo momento en que una ola de dolor y náuseas la golpea como un martillazo, sus miembros temblando y quemándose bajo el hechizo de los tentáculos.
Respirando agitadamente, tose, un nuevo y veloz torrente de pensamientos haciéndose paso a través de su mente. Hay sangre en sus ropas, pero no le importa. Tiene tanto jodido sentido que se siente estúpida por no haberlo averiguado antes. Pero, después de todo, ¿cómo podría haberlo hecho? Nunca conoció a Itachi: pero sí que sabe de su gran habilidad con genjutsu.
—Incluso después de morir, Comadreja es un bastardo, ah —comenta la rata, desdén pintando cada sílaba como si fuera veneno. ¿Qué podría saber él sobre el Uchiha?
Esa voz. Tenía que ser la de él. Pero Sakura no puede comparar a Itachi con gente como Naruto o Ino. El Uchiha era un extraño, alguien de quien oyó hablar; una de las órdenes más repetidas por sus superiores en Konoha era evitarlo a toda costa. No hay razón alguna para que él sea una parte de sus sueños, especialmente si ya estaba muerto cuando Sasuke perdió la cabeza. Eso es todo lo que sabe.
¿Cómo está conectado a todo este lío? No hay posibilidad de que haya puesto un jutsu en ella, ¿no? Y aunque ese fuera el caso, no puede ver una razón para ello. No tiene sentido, en absoluto. Debe de haber un detalle que se le escapa.
Como si algo en su mente hubiera estado esperando este momento, un montón de memorias saltan a la parte consciente de sus pensamientos, en un instante.
Puede sentirlo en el aire… como si una tormenta estuviera a punto de desatarse. No, ya ha empezado: el rayo ha ido golpeando a las personas una a una, el aire cargado con los restos persistentes de muerte y la promesa de más. Lo sabe, porque hay gritos de agonía que no puede sacarse de los oídos. Sakura mira hacia abajo, y todo está lleno de sangre, riachuelos carmesí que hablan de calamidad.
Una masacre. Y el culpable, el artista cuyas espada y manos están pintando todo de color rojo, está de pie no muy lejos de ella, temblando, con la cabeza agachada y de espaldas a ella. Un monstruo que irradia un aura de puro odio. Sakura extiende una mano…
—El aire estaba lleno de energía vital. —La kunoichi se obliga a volver al presente, obligándose a ignorar la necesidad de encogerse hasta formar un ovillo y abrazarse las piernas. Cualquier otra cosa hace que se sienta insegura. Sin embargo, su mente se empeña en recordar los cabos sueltos de los que no se percató antes.
—A veces… cuando mucha gente muere, o cuando tienen sentimientos muy fuertes… bueno, ah, dejan una impresión en el mundo. Es una marca de chakra, pero normalmente es demasiado pequeña como para que los humanos lo noten.
Las palabras de Maru resuenan en su cabeza, y los ojos de la chica se abren un poco más al pensar que él lo sabía desde el momento en que se conocieron. Quizá incluso antes. Los lugares encantados existen por una razón, ¿cierto? Casas donde familias enteras fueron asesinadas, templos que se quemaron… campos de batalla, donde los humanos mueren en masa, sufriendo una muerte demasiado rápida u horas, incluso días de agonía.
Estuvo expuesta a todo eso durante días, sin su propio chakra y rodeada de ilusiones de pesadilla, similar a las que había en Shimo. Maru podía percibirlas, y pueden causar daño, incluso alterar sus alrededores. Sean lo que sean, no pueden ser sólo su imaginación. Existen fuera de ella. Y reaccionan a Sakura.
Lo que sea que son, se alteran cuando ella está presente: al menos, eso es lo que puede entender de sus muchos encuentros con "gente" que no debería estar ahí, hasta el punto de que dejó de ser capaz de distinguir realidad e ilusión.
Tiene que haber una razón para ése odio tan profundo que tienen contra ella. Hasta ahora, ni siquiera sabía que tales seres existían, así que, ¿por qué? ¿Es porque debería estar muerta? ¿Porque pueden sentir la energía de Sasuke, embebida en el sello que controla su chakra?
"No todos son malvados," se recuerda. El encuentro más memorable fue con… Ino. La Yamanaka la detuvo cuando estaba a punto de perder el control de su mente, durante uno de sus episodios en Yu. Era tangible, aunque fuera sólo por un segundo.
Es cierto que no todos esos espíritus, si es que se les puede llamar así, están tratando de ir a por ella. De hecho, la mayoría parecían contentos con la idea de observarla silenciosamente. Sakura recuerda tratar de ignorarlos con todas sus fuerzas, porque no quería una repetición de lo que pasó cuando llegó a Yugakure.
¿Cuál es la diferencia? Ha visto a Naruto tanto como una figura de apoyo, cuando perdió el conocimiento (dos veces) y como una de las imágenes borrosas que intentaron matarla. El dolor de cabeza no hace más que aumentar en intensidad a cada segundo, pero Sakura quiere entender. La pelirrosa siente que está tan cerca de la respuesta, la pieza clave de un gran puzle, que rendirse ahora no es una opción.
—Sabes, el bastardo no es el único con quien tienes un vínculo. —Por primera vez, esta impresión, o espíritu, o lo que sea que es de Naruto, habla. La muchacha siente que su mandíbula pierde fuerza, el golpe de comprensión dejándola sin aliento, sus ojos saltando hacia Naruto una vez más. No puede ser…
¡Desaparecieron! Todo. Todos. No pueden simplemente haber vuelto, no puede ser tan fácil. ¡Están muertos por el amor de dios!
—¿A dónde fuisteis? —murmura, finalmente dirigiéndose al shinobi rubio. Su voz está casi a punto de quebrarse, pero hay un destello de enfado subyacente que le permite continuar—. ¡¿A dónde demonios fuiste?!
Un pinchazo de dolor le atraviesa el cráneo, los tentáculos tensándose y velando el mundo a su alrededor con su oscuridad. Un instinto primitivo se despierta en ella, uno del que no se había percatado antes… y que no debería estar ahí.
Los ojos de Sakura están centrados en los de Naruto, su cuerpo tenso y listo para saltar a la acción. A luchar, a matar si es necesario…
—No fui a ningún lado —susurra él, acuclillándose para estar al mismo nivel que ella. La manera en que habla… está omitiendo algo. Sakura lo sabe. No es natural que él hable así.
—Háblame como a la kunoichi que soy —gruñe la pelirrosa, apoyando la cabeza contra el muro y parpadeando suavemente, tratando de librarse de la rabia pura y vil que se está acumulando dentro de ella—. No soy una niñita, Naruto.
El chico musita algo en voz baja, revolviéndose el pelo y con aspecto de estar en conflicto interno, pero al final se limita a suspirar. Ella se limita a observarlo, notando el destello de fuego interno que se refleja en esos iris azules. Esto se parece más al Naruto que Sakura conoce, y no una especie de imitación incompleta.
—Hicimos un trato, ¿vale? —explica él, balanceándose sobre las puntas de los pies—. No podíamos decirte nada, porque tenías que aprender a distinguir lo real de lo falso por tu cuenta. Si lo hacíamos… quizá te perdiéramos para siempre. Al diablo con ese plan, no está ayudando en absoluto —añade, apretando los dientes.
—¿De qué hablas? —musita Sakura, sintiendo que sus músculos están empezando a sufrir el esfuerzo constante. Es posible que pierda el conocimiento… pero no todavía, no se va a dejar vencer ahora.
—Esa estúpida rata tiene razón —prosigue Naruto, apuntando con un pulgar hacia la posición general de Maru, aunque sus ojos permanecen posados en ella—. Cuando Sasuke… te selló, no tomó en cuenta que estabas muriendo. El sello lo forzó a apretar tanta energía como pudo en ti. Pero él tampoco tenía suficiente; en lugar de eso, el sello absorbió la energía que estaba todavía en el aire. De toda la gente a la que mató… como yo.
Parece despreocupado ante la mención de su propia muerte, aunque Sakura da un respingo ante el pensamiento. Él sólo fue el primero de muchos...
—Cuando morimos, si nuestro último deseo o emoción es lo suficientemente fuerte, puede dejar una marca. Pero hace falta un recipiente. Y tú estabas justo ahí. Como tu chakra está sellado en tu cuerpo, toda esa energía sigue atrapada dentro de ti —añade Naruto, apuntando a Sakura con un dedo—. Tu propia alma… tu cuerpo, también: están dañados. Tu percepción de la realidad está fastidiada, y además de eso tienes la energía vital de sobra.
Hay algo en el destello de sus ojos, contra las luces eléctricas del invernadero… Algo fiero y determinado. Una luz que Sakura sólo ha visto en Naruto, cuando él todavía vivía.
—Sachi nos agarró a todos y nos forzó a cooperar. Incluso había gente que no tenía nada que ver contigo, ¿puedes creerlo? Incluso de los revividos, como Itachi. Como tu consciencia profunda, ella podía trabajar mientras tú estabas noqueada. Nos ordenó, por tu bien: "evitar intervención a menos que no haya otra opción, a riesgo de lograr volverte loca del todo". Quería que averiguaras cosas por tu cuenta, porque depender de voces en tu cabeza es estúpido —resopla Naruto, encogiéndose de hombros—. Al diablo con ello. Tenías que saberlo. Ya estoy muerto, así que no es como si ella pudiera hacer algo más que enfadarse.
A juzgar por la manera en que él se ríe en voz baja, había estado esperando una oportunidad para sacar de quicio a Sachi durante un tiempo. ¿Qué pasará en la parte de atrás de su mente cuando Sakura no está "mirando"?
—¿...Eso es todo? —se le escapa a ella, en su sorpresa. Todo el tiempo… ¿las respuestas estaban justo ahí? No puede ser tan fácil. El pensamiento en sí la hace rabiar. Su propia voz interna se negó a decirle a ella la verdad; haciéndole considerar si son la misma persona en absoluto. Genial, como si hiciera falta un nuevo problema con el que lidiar.
Naruto asiente, encogiéndose de hombros de nuevo. Parece que no hay mucho que tenga que añadir, pero Sakura ha pasado demasiado tiempo perdida en sus pensamientos oscuros y tribulaciones: el hecho de que la respuesta le haya sido mostrada de forma tan sencilla es sorprendente a su manera.
—No había otro modo. Esa pila sebosa de ratas intentó ayudar, que me lleve el diablo si sé por qué, pero no estabas preparada. Lo bloqueaste todo… y entonces a Sasuke se le ocurrió irrumpir en la fiesta como el gigantesco idiota que es, y las cosas se pusieron tan mal que creíamos que no serías capaz de lograrlo. Cuando te pusiste a meditar y te relajaste, tomamos la oportunidad. Sólo hubo que convencer a Itachi para que te sujetara un rato y te obligara a escuchar, y ¡bam! ¡Lo hiciste por tu cuenta! —Una sonrisa enorme se dibuja en su rostro, aprobación y contento irradiando de sus facciones, como si no fueran lo suficientemente brillantes.
De veras hay algo de las personas que Sakura creyó haber perdido. Una mera impresión, una marca de lo que antaño fueron sus almas, pero… no está sola. La idea de Sasuke de poner este sello en ella fue un enorme tiro por la culata, al menos para él. Su intención de subyugar su voluntad con cadenas hechas de pura oscuridad… falló.
Pero si este sello es su creación, si el chakra en su cuerpo es de él… Significa que el Uchiha no tenía la suficientemente energía: estaba perdiendo la cabeza.
—Si estaba tan desesperado, quizá se pasó. Quizá una parte de él se escapó… y ahora es como si tuviera un pedacito de su alma —continúa ella, con sus ojos centrados en los patrones caóticos e intrincados de las líneas negras—. Por eso… —Sakura traga saliva, recordando algo muy poco agradable—. Por eso es como si él estuviera justo aquí, todo el tiempo. Nunca se fue.
Su corazón se salta un latido, piel de gallina acompañando el escalofrío que le recorre la columna. Nunca se fue. ¿Será eso cierto?
Temblorosa, Sakura se pone en pie, apoyándose en el muro. Rechaza la ayuda de Misho. Duele, el mundo danzando a su alrededor en un borrón de colores, pero se niega a caer de nuevo. Y paso a paso, se acerca a Naruto. La kunoichi escupe sangre, el sabor metálico demasiado familiar, aunque todavía desagradable. Cada centímetro de su cuerpo se siente tenso, pero debe continuar.
Sus piernas pierden fuerza bajo ella, haciendo que caiga. Pero nunca llega a chocar contra el suelo: Naruto la atrapa con los brazos antes de que se golpee, y la deja en el suelo con suavidad. Líneas de sudor cubren su frente, pelo rosado pegándose a la piel incómodamente. Y ella mira hacia arriba a esos ojos imposiblemente azules, siempre llenos de energía y determinación.
El mundo comienza a disiparse en la oscuridad, mientras Sakura trata de alcanzarle, confirmar que está ahí de veras…
Pero es demasiado tarde. Su imagen, las luces y colores se desvanecen, y ella cae a un abismo negro sin fin, gritando, a los brazos de alguien muy distinto.
El olor del mar llega hasta el olfato de la pelirrosa como una bofetada súbita, sacándola de sus pensamientos adormecidos. El viaje ha sido doloroso y tedioso a partes iguales, y este es sólo una nueva cumbre en el camino que sigue, en un terreno que parece volverse más y más empinado.
Aún así, es un logro, y Sakura se deja un momento para cerrar los ojos y respirar profundamente. Su pelo baila en el viento, la brisa gélida tan molesta como siempre. Comparado a cómo de desafinados sus sentidos se han vuelto en estos dos últimos días de viaje, sin embargo, es un cambio muy bienvenido.
"Ey, si estás intentando convertirte en un faro, lo estás haciendo mal."
Suspirando, Sakura se da la vuelta para asegurarse de que ninguno de sus compañeros ha logrado perderse en este breve lapso de tiempo. Aprendió sobre la… habilidad de Misho para perderse de la peor manera. Incluso con Maru en el hombro del niño y una cuerda para atarlo a ella misma, los últimos días han sido un infierno. Ni siquiera sabe cómo lo hace el chico, pero se ha convertido en una fuente de más molestia que preocupación, debido a lo mucho que sucede.
Y el hecho de que su molesta voz interior haya decidido voler a la vida no ayuda en absoluto. Ahora tiene no uno, sino dos descarados con los que lidiar. Por suerte, la rata no es capaz de comunicarse con Sachi, porque entonces Sakura tendría un problema de los grandes.
—¿Me puedes aclarar de nuevo para qué volviste? —gruñe la pelirrosa, aliviada al ver al pobre Misho, apenas logrando arrastrarse por la nieve, hacia ella. A pesar de que sigue las huellas de la kunoichi, el ejercicio físico no parece ser su fuerte. Todo lo que pudo hacer por él, aunque su propio cuerpo no está preparado para soportar demasiado, es cargar una parte de las provisiones que le correspondían a él.
La última vez que intentó enseñarle cómo usar un jutsu, para hacer una pequeña bola de fuego con la que calentarse, hizo falta un abrigo nuevo. Y que el cielo prevenga al niño de utilizar chakra controlado para mantenerse cálido. Cargar su cuerpo inconsciente a través del Hielo, hasta que encontró algo parecido a un refugio, no es lo que Sakura llamaría diversión.
Maru tampoco ayuda. No hace más que pasarse el día sentado, hacer comentarios sarcásticos, sacar de quicio a Sachi y a Sakura y es, sobre todo, un dolor de cabeza. Como su voz interna comentó, con unos compañeros tan competentes sería un milagro que llegaran a Engetsu. Pero aquí están, por fin junto al mar, que sigue estando descongelado debido a la proximidad de la villa.
Aparentemente, los pescadores encontraron un modo de hacer que el agua se mantuviera derretida… probablemente porque esta gente tiene ancestros en el País de las Fuentes Termales. Aunque es probable que ya no quede nadie aquí, las olas siguen dibujando líneas de espuma marina en la superficie del agua, abalanzándose hacia la costa, sin importar lo frío que esté el aire.
"Para protegerte de los malos, tsk," replica la voz interna, sacándola de sus pensamientos con una respuesta despreocupada. A pesar del tono de broma, Sakura sabe que dice la verdad.
Sachi ha sido su salvaguardia en los últimos días: es cierto que el consejo más sabio sería evitar hablar con las voces de su cabeza, pero en esta vez, era una elección entre su yo interno y las otras. Aunque no tan agresivas como lo fueron en el pasado, los restos decadentes de los muertos siguen volviendo a la superfície de la realidad. En un lugar destrozado por la guerra, reaccionan de forma muy negativa a su presencia.
Misho la alcanza, y Sakura básicamente lo fuerza a pararse y descansar, a pesar de sus protestas. Sentándose contra una roca, la pelirrosa observa el paisaje siniestramente pacífico de la costa. En la distancia, puede ver las siluetas de los edificios de Engetsu, y unos pocos muelles que han visto tiempos mejores.
"Anímate: ¡ahora sabes que no estás completamente loca!" canturrea su voz interna, alzando los pulgares de la forma más falsa que Sakura haya visto nunca. Bueno, no es que pueda verlo, pero casi.
Suspirando, la kunoichi siente el peso de Maru cuando éste salta sobre su hombro y examina el paisaje. Sakura lo mira de reojo, con un súbito pensamiento viniéndole a la mente.
—Gracias.
La respuesta es tan desdeñosa como ella espera que sea; la rata ni se molesta en mirarla.
—Cállate y palmea tu propia espalda.
Nota: no mucho que decir, entre escribir el cap intermedio para la versión inglesa y traducir este, tengo ganas de celebrar con pizza y dormir. Dormir mucho. Espero que lo hayáis disfrutado, los siguientes caps son los últimos de esta parte de la historia. Y pensar que todavía queda tanto por hacer... En fin, gracias por todo el apoyo, cuídense mucho :)
Conni: morí leyendo tu review. Te prometo que haré lo posible por no morir antes de acabar - y desde luego, no pienso abandonar la historia a menos que pase algo que me impida escribir. Como mucho, si veo que se escapa de las manos, resumiré todo lo que pueda y la acabaré aunque sea con menos detalle :) Eso es una promesa de autor :D Por ahora: sufre, sufre mucho, tus lágrimas son mi elixir de la vida.
