Nota: y acá estamos, la final de la Parte 2. 5.100 palabras que dejan paso al Intermedio (8.000) y Parte 3: Retorno. ¡Ya casi estamos a mitad de camino!


Desenmascarada - Parte 2: Refugiada - Capítulo 20: Navega las Olas

Bajo la tierra plomiza se esconde una semilla, aguardando al momento para brotar vida.


La luz de una farola parpadea cuando la chica camina bajo ella, y Sakura puede sentir escalofríos recorriéndole el cuerpo como respuesta. Hay algo que no cuadra en este lugar, pero es imposible determinar qué, sin sumirse en el terreno de la paranoia. A primera vista, no hay nada malo en Engetsu: es una aldea pequeña, con quizá tres docenas de casas, cada una hecha de piedra negra y corroída. Apesta a algún tipo de cultura antigua y oscura, perdida en el tiempo.

El asentamiento tiene que tener al menos un par de siglos de antigüedad, y en sí, eso hace que se ponga nerviosa. Las calles, tortuosas y sin luz, ocultan sombras en las que podrían esconderse muchos secretos… y quizás, peligro.

"Podrías decir que es siniestro y ya, ¿sabes?" Su Voz Interna murmura, pero hay un ligero toque de tensión en cada palabra. Y si su consciencia interna está nerviosa, entonces debe de estar pasando algo raro. Casi sin darse cuenta, Sakura se asegura de que su grupo sigue estando lo bastante unido.

Además, es una noche nublada, lo que hace que todo sea aún más sombrío. Los miedos de la kunoichi se confirman cuando, bajo la luz de la luna, una sombra que no estaba ahí antes… justo en medio del camino. Un par de ojos fríos y azules, brillando de forma salvaje, están centrados en ella mucho más atentamente de lo que le gustaría.

Tan pronto como la luz de luna ha desaparecido, también lo hace la figura, a pesar de haber estado justo debajo de un cartel hecho de luces de neón, que todavía funciona. Un temblor le recorre el cuerpo entero a la pelirrosa, cuando se da cuenta de que quizá, quizá, no se trata de una criatura que vive solamente en su imaginación. Sakura se detiene de inmediato, alcanzando con la mano para sujetar la camisa de Misho, por si acaso.

—¿Crees que este lugar podría ser como Shimo? —musita ella en voz baja, sin mirar a nada en particular. Su respiración se ha acelerado, junto al ritmo de los latidos de su corazón, para reflejar la intensidad de su miedo—. Ya sabes, lleno de espíritus enfadados que me odian con toda su alma.

Maru está callado. Sakura lo mira, pero la rata parece estar observando algo distinto, su mirada moviéndose a lo largo de los muros de una casa, a sólo unos metros de distancia. El golpeteo en su pecho crece, inquieto, cuando sigue la dirección de la mirada del roedor. Ésta la lleva hasta una pared de piedra, adornada con líneas plateadas y destellos.

Hay algo arrastrándose por la casa, como una araña enorme a la que le faltan la mitad de las patas. En el momento en que posa los ojos sobre la criatura, ésta le devuelve la mirada. Los mismos ojos fríos, sin vida… vidriosos, como si fueran los de un pez muerto. La cosa inclina la cabeza hacia un lado, un silencioso bloqueo obligando a Sakura a seguir mirando.

Algo en ella teme que, si aparta la mirada de esta criatura, será atacada. La figura en sí tiene una forma vagamente humana, pero eso es todo lo que puede distinguir. Mirarla es como observar un pozo oscuro, negro como el carbón. El pensamiento de que esta cosa (si es que es la única), arrastrándose por ahí, completamente invisible, sería suficiente para hacer a cualquiera entrar en pánico.

¿Qué es lo que se siente tan horrible respecto a este ser? Quizá es que Sakura espera un ataque, pero por ahora no ha hecho nada agresivo. La kunoichi intenta averiguar por qué, y le toma un periodo de tiempo incómodamente largo descubrirlo: los bordes de la figura están borrosos, distorsionando el muro detrás. Como si la imagen de esta cosa estuviera superpuesta al resto del paisaje.

Como un genjutsu mal hecho. En ese instante, la criatura decide que es momento de romper el hechizo y gruñe en voz baja, sus labios revelando docenas de colmillos blancos en lo que tiene que ser la sonrisa más siniestra de la historia. La figura se abalanza hacia adelante, pero esta vez, Sakura está lista.

—¡Kai!

A meros centímetros de arrancarle la cara de un bocado, la criatura se desvanece. Sakura suelta una bocanada de aire, que ni siquiera sabía que estaba reteniendo, y mira a su alrededor para averiguar si hay algo más de lo que debería preocuparse. Sin embargo, las calles vuelven a estar vacías, aunque la extraña sensación de estar bajo un escrutinio que no puede localizar, permanece.

Está lista para aplicar una de las reglas shinobi más básicas: si hay una trampa, es porque alguien la montó. Engetsu no es, ni de lejos, una aldea ninja; pero alguien con una gran habilidad para genjutsu estuvo aquí. O quizá todavía lo esté, a juzgar por cómo todo parece seguir funcionando: luces, artilugios de chakra para mantener alejados el hielo y la nieve, y esta extraña técnica que quizá la atormente en sus próximas pesadillas.

—Puedes sentir chakra mejor que yo —musita Sakura, volviéndose a la rata de nuevo. Maru, por su parte, está mirando hacia arriba, al brillante orbe de la luna—. ¿Hay alguien más que nosotros aquí? Con vida —añade, porque la rata tiende a buscar cada error en sus preguntas, sólo para fastidiarla.

—Tercera casa hacia la izquierda, ah. —Él lo sabía, probablemente desde que entraron en la aldea. ¿Acaso estaba tratando de comprobar su habilidad para descubrir la trampa? De un modo u otro, Sakura se siente lo suficientemente confiada ahora que es consciente de la treta. Aunque significa que cada paso tendrá que ser calculado con detención, también revela que hay gente aquí: ninja, aparentemente.

Y si se parecen en algo a ella, si acaso sobrevivieron a la masacre, podrían estar igual de locos y paranoicos. Su corazón se salta un latido cuando piensa en una reunión potencial: si no son enemigos, podría ser un reencuentro con aliados de verdad. Sakura no quiere atreverse a desear, pero… la sola idea hace que una tranquilizadora y aliviante sensación se extienda por su pecho.

La muchacha comienza a andar de nuevo, escuchando atentamente y tratando de buscar signos de cualquier otra trampa. Sólo el sonido distante de olas y dos pares de pasos rompen el hechizo del silencio. Sus propias zancadas apresuradas la llevan hasta la casa que Maru señaló. Nada la hace distinta a las demás, pero si la rata está en lo cierto, hay alguien aquí dentro.

La kunoichi mira de lado al niño de cabello negro que la acompaña. Ha estado callado, especialmente desde que dejaron Shimo, pero su actitud refleja cualquier cosa menos miedo.

—Deberías esperar lejos de aquí —susurra Sakura. Incluso ahora que ya no está el extraño espectro, el sentimiento de ser observada por ojos ávidos la pone muy nerviosa. La pelirrosa no quiere perturbar a cualsea fuerza que está haciendo que eso suceda.

—De ningún modo —replica Misho, cruzando los brazos tozudamente. Por el amor de… Ese interés casi obsesivo que tiene por ella va a hacer que muera, a este paso. Sakura quiere discutir, poniendo las manos sobre las caderas y aplicando a su rostro su mejor expresión de seriedad. Él responde con una mueca, pero se niega a hacerle caso.

—Ya te has metido en bastantes líos por mi culpa —responde ella, suspirando. ¿Se enfadaría él si le inmobilizara piernas y brazos por unos diez minutos? No, eso lo dejaría vulnerable. Sakura trata de evaluar la situación con sus habilidades legendarias de analización, pero es claramente una batalla de voluntades que ninguno quiere perder fácilmente.

El labio inferior de él tiembla lo más mínimo, y por un instante Sakura considera que quizá no ha utilizado las palabras más delicadas, pero el crío acaba por negar con la cabeza fervientemente.

—No molestaré, te lo aseguro —sigue rogando. La pelirrosa mira a Maru, buscando ayuda desesperadamente, pero la rata parece estar muy ocupada con sus ejercicios de bastón.

—De acuerdo. Como antes: seguirás mis órdenes —Sakura acepta, decidiéndose a dar un paso hacia la vieja puerta de madera. Sus sentidos de detección de chakra todavía no funcionan del todo, pero es lo suficientemente habilidosa como para abrir con seguridad.

Un vestíbulo pequeño y de piedra le da la bienvenida, su aire inocente haciendo que se sienta aún más tensa. Trata de decirse que no es más que otra casa abandonada, pero sabe que eso no es cierto al cien por cien. Hay una casi invisible tira de alambre metálico, yendo desde un lado al otro del pasillo.

O bien quien hizo la trampa es un novato consumado, o esta entrada se usa frecuentemente. Si este lugar es un refugio habitual, es posible que las trampas puedan ser esquivadas en vez de tener que ser desmontadas, para poder entrar. Es lógica shinobi común: atraer a enemigos a trampas es mucho mejor que tratar de intentar sorprenderlos, a coste de la movilidad propia. Un shinobi atrapado es tan bueno como uno muerto.

Sakura decide que la segunda opción es más probable. Es mejor tratar de manejarse cuidadosamente que ser confiada y acabar, por ejemplo, hecha pedacitos. Aunque a decir verdad, colarse en el refugio de un ninja potencialmente inestable no es, precisamente, mucho más inteligente, pero tiene que hacer algo. Esta persona podría haber pasado mucho tiempo atrapada aquí, y en necesidad de ayuda médica.

En ese momento, se da cuenta de que sea quien sea, esta persona podría estar tan aterrorizada como lo ha estado ella. Meterse de cabeza en su lugar de asilo, especialmente en su condición, no es lo que una persona cuerda haría.

Un kunai confirma sus sospechas, aunque el lanzamiento es como mucho torpe, y el arma falla por más de medio metro. Sakura alza su propio par de kunai, aunque no hay más ataques dirigidos hacia ella. El pasillo está oscuro, así que es imposible ver de dónde vino.

—No quiero luchar —anuncia Sakura, tan claro como le es posible—. Soy médico. —Ya. Debería de ser anotado que la pelirrosa ha tenido práctica respecto a reducir a shinobi en pánico y potencialmente inestables.

La adrenalina es una hoja de doble filo: algunos de sus posibles pacientes podrían estar en shock, incapaces de distinguir amigo de enemigo. En un momento de peligro, hay personas que no pueden esperar a que se les pase para ser tratados. Y ahí es donde su entrenamiento sirve de algo: sin la mayoría de su chakra, es improbable que la pelirrosa logre mantener bajo control a mucha gente, pero debería de saber lo suficiente como para lidiar con el problema.

...Con un poco de suerte, tampoco tendrá heridas graves. Sakura es la aprendiz de Tsunade, después de todo. A la chica le gustaría creer que, incluso ahora, es una médico ninja muy capaz.

Entornando los ojos, trata de distinguir los detalles del pasillo, pero es casi imposible. Sakura cuenta con Maru para bloquear agresiones de las que no pueda defenderse, pero su posición es incómodamente abierta ahora mismo.

—¡Nombre y lealtad! —replica una voz rasposa, distinguidamente femenina. Cada sílaba delata una advertencia silenciosa, tras la cual se esconde la fea bestia llamada desesperación. ¿Acaso esta kunoichi tiene algo que proteger, además de su propia vida…?

—Sakura Haruno, shinobi de Konohagakure. Soy la estudiante de Tsunade, y como dije, no te deseo mal alguno. —¡Progresando! La última vez que trató de hablar con un shinobi paranoico y perdido, recibió un explosivo en la cara como respuesta.

Durante unos segundos que se sienten como una eternidad, la kunoichi no responde. Sakura suprime el impulso de morderse el labio inferior. Si esta persona puede verla, las apariencias son vitales. Hay muchos gestos sutiles de lenguaje corporal, que pueden ayudar a calmar a alguien o hacerle pensar que uno es un enemigo.

—¡Mientes! —ladra la kunoichi, por fin; hay algo en la manera en que hable que suena vagamente familiar. ¿Es eso tristeza o ira?—. ¡Sakura Haruno está muerta! —Definitivamente ira—. ¡Dime tu nombre real e intenciones, YA!

La pelirrosa aprieta los dientes, decidiendo que la situación acaba de volverse mucho más complicada de lo que ya era. Discretamente, logra a empujar a Misho hacia el exterior, por la puerta aún entornada.

—Yo soy Sakura. Si quieres pruebas, enciende la luz.

Ni modo va a hacer eso. La kunoichi tiene la ventaja de estar algo escondida: Sakura no sabe cuál es su situación exacta, sus puntos fuertes y debilidades. Y está segura de que la otra shinobi también lo sabe. Pero esto no es una lucha, no si puede hacer algo para evitarlo. Es un juego mental.

—¿Quién eres? —inquiere la pelirrosa, tras un tenso minuto de silencio—. Creo que me conoces, pero no reconozco tu voz. —Lo cual es cierto, hasta cierto punto: la voz no suena del todo bien, debido a tanto falta de agua o quizá sobreuso de las cuerdas vocales.

—Adivina, si fueras ella lo sabrías —replica la kunoichi, enconadamente. Justo ahí. Esa inflexión sutil, un pequeño detalle del patrón de habla: Sakura por fin lo reconoce. Sus ojos se abren un poco al comprender.

—¿...Tenten?


A decir verdad, Sakura ha fantaseado con la idea de encontrar a sus viejos compañeros de nuevo. Tantas horas de confinamiento al hospital y soledad… bueno, suelen hacen cosas muy extrañas a la cabeza de cualquiera. Y sería una sucia mentirosa si dijera que nunca había imaginado tales encuentros.

Nunca lo admitió del todo, achacándolo a "semi-sueños antes de dormir", lo cual es un argumento absolutamente patético. Al principio, quiso encontrar a la gente a la que vio morir y confirmar que sólo había sido un mal sueño. Al pasar el tiempo, sin embargo, tuvo que abandonar tales ilusiones: decidiendo que era mejor desear que, algún día, se encontraría con algún superviviente de Konoha. Un amigo.

Era una luz tenue en una noche muy oscura, pero era esperanza. Sin embargo, nunca en un millón de años habría imaginado que encontraría a Tenten en una de las casas de Engetsu. Las posibilidades estaban casi cerca de cero: incluso asumió que la especialista en armas y fūinjutsu había sido una de las muchas personas que murieron.

Con tantas caras a las que mirar en sus pesadillas, Sakura ha aprendido a esperar lo peor.

Y sin embargo, aquí están, cara a cara en este pasillo tan estrecho. Costó una larga y tensa discusión, pero la pelirrosa logró convencer a Tenten de que saliera. Y entonces casi le dio algo cuando vio el estado de la otra kunoichi.

Es un milagro que logre tenerse en pie, seguramente a base de pura voluntad. Tiene el pelo hecho un desastre, y sus ropas tienen aspecto de haber pasado un mes entero a través de algún tipo de jungla ártica. Incluso las vendas que Sakura puede verle están sucias, causando un tic en sus instintos de médico.

La peor parte es el cuello de Tenten: a juzgar por la cantidad de sangre que se ha colado entre la tela, es posible que hayan intentado cortarle la garganta.

Sus ojos, sin embargo, siguen brillando con un fuego interno que está muy lejos de apagarse. Si acaso, parece más fieramente determinada que nunca antes; bajo la suciedad y sangre, la kunoichi que Sakura conoce todavía sigue viva y coleante.

Hay un momento de silencio, el aire cargado de sorpresa: ninguna de las dos, aparentemente, había esperado el encuentro. Y como sucedió cuando se despertó de su sueño-meditación, Sakura se encuentra a sí misma con la incapacidad de organizar pensamientos debidamente. A su vez, la chica de pelo castaño parece estar tratando de comprender la situación.

—¿Y qué tal si yo me ocupo de tus heridas y hacemos las preguntas luego? —ofrece Sakura, alzando una sonrisa tentativa.

Tenten parpadea, mirándola con recelo. Hay una barrera de trampas muy respetable entre ellas, pero la refugiada es (razonablemente) cautelosa. Al fin, asiente, entornando los ojos una fracción de centímetro y apuntando hacia el niño, que espera en la puerta, con una mano que todavía sujeta un kunai.

—Esos dos se quedan fuera. Deja tus armas aquí. Todavía no me lo creo… Sakura —informa Tenten, su tono indicando que no aceptará discusión alguna. La pelirrosa asiente, abandonando su recién adquirido arsenal de armas shinobi. No es mucho: unos pocos kunai y senbon, alambre, explosivos… todo lo que pudo sacar de Shimo, a decir verdad.

Los ojos de Tenten siguen sus movimientos de cerca, pero Sakura sabe exactamente cómo evitar causar pánico. La pelirrosa deja unos pocos suministros médicos en su pequeña mochila, y añade como confirmación cuando acaba.

—Volveré pronto —promete a sus compañeros. El niño parece ir a protestar, pero Sakura se limita a apuntarlo con un dedo poco cortés y acusador—. Sigue órdenes. —Él asiente, haciendo una mueca, y ella considera esto su señal para moverse hacia el interior de la casa.

Tenten la guía a través de las trampas: es cierto que no son perfectas, debido a la condición de su hacedora, dejando los suficientes huecos como para que Sakura pase. Son más o menos simples, considerando quién las hizo. Abrumar enemigos con una oleada de armas es algo que Tenten disfruta un poquito demasiado.

Una vez pasa, la pelirrosa puede ver más detalles del estado de la otra kunoichi: especialmente, la palidez de su piel y el cansancio dibujado en cada centímetro de su rostro. Esconde el segundo bien, pero sigue siendo obvio que le cuesta mantenerse en pie.

—¿Estás sola? —inquiere Sakura, mirando hacia el interior de la casa.

Tenten parece dudar por un momento, y al hacerlo, responde la pregunta sin quererlo. Dándose cuenta del error, la respuesta es una sacudida de cabeza lenta. El mero movimiento hace que Sakura respingue… ¡con el cuello en este estado, debería estar en una cama!

—Lee también está aquí —admite Tenten, su actitud expresando que está nerviosa. Mira hacia el final del pasillo, y luego a Sakura. Algo va mal—. Todavía no has demostrado tu identidad.

Sakura quiere discutir que es casi imposible confundirla con otra persona, cuando se da cuenta de que ella misma tampoco debe de tener la pinta de un lindo ángel ahora mismo. ¿Cuándo fue la última vez que se duchó? Y luego está el problema de las marcas oscuras que cubren casi la totalidad de su piel. Delgada y con aspecto enfermizo, apenas es una sombra de su antiguo yo.

—¿Tengo que recordarte de esa vez de la que no hablamos nunca? —gruñe Sakura, sintiendo una bombillita encenderse en su cabeza—. Ya sabes, cuando-

Tenten le tapa la boca de una bofetada, sonrojándose abundantemente. Es bueno ver algo de color en su rostro. Contra la palma de su mano, Sakura se encuentra a sí misma sonriendo.

—Nunca sucedió —afirma Tenten, soltando a Sakura y procediendo a poner una mano en su propio cuello, un gesto que la médico identifica como angustiado. Y además, poco sano—. Supongo que es una razón válida. Nadie más podría saberlo.

Sobra decir que sigue habiendo restos de tensión entre ambas, pero Sakura sabe que ningún buen shinobi existe, no sin una sana dosis de desconfianza en este tipo de situación. Al menos, no uno que viva mucho tiempo.

"¿A qué vienen todas esas reglas shinobis en las que piensas?" —protesta Sachi, obligándola a devolver la atención a la situación presente. Cierto, no puede olvidarse de las dos personas que creyó muertas.

—Ven —ofrece Tenten, volviéndose y caminando a través del pasillo, a tropezones. Sakura la sigue de inmediato, dando una sentimiento para sus compañeros antes de entrar a una habitación, antes de seguir a la kunoichi al interior de una habitación.

Un hedor familiar la asalta en cuanto entra. Carne podrida, suciedad de todo tipo y sangre. Es tan nauseabundo que apenas puede evitar que se le humedezcan los ojos. Sakura tarda unos segundos en ajustar sus visión a la luz más tenue, pero cuando lo hace, no le gusta lo que ve.

Es un dormitorio, muros y suelo manchados con mucha sangre. Incluyendo una marca, sospechosamente similar a la forma típica que queda cuando las arterias del cuello son cortadas. Numerosas armas y objetos varios están tirados por el suelo, aunque lo que llama su atención es el cuerpo que está tumbado en la cama, sobre la espalda.

¿Ese es Lee? Kami, ¡si no está muerto será un milagro!

No, no puede estar muerto; él no se dejaría ir de este modo.

"Tú sigue diciéndote eso, pero si fuera tú, pediría ser capaz de controlar chakra como antes," comenta Sachi, frunciendo el ceño en la mente de la pelirrosa.

La imagen tarda unos segundos en registrarse del todo en su mente, tiempo durante el cual, Tenten la mira fijamente. No es raro que esté tan tensa y defensiva… Si uno de sus compañeros de equipo estuviera así…

Ya te ha pasado, ¿recuerdas?

Tanto tiempo atrás, en el Bosque de la Muerte. Sí, lo sabe muy bien. Sin embargo, Sakura no puede evitar articular su sorpresa de un modo casi agresivo. No es como si todos los días uno se encontrara con alguien como Rock Lee en este estado.

—¿Qué demonios le ha pasado? —inquiere Sakura, volviéndose hacia la morena. Tenten niega ligeramente con la cabeza.

—Nos sacó de allí. Abrió las Puertas y entretuvo a Sasuke Uchiha lo suficiente como para que más gente pudiera escapar. Pero… sus heridas nunca se curaron, y no teníamos un médico —explica ella. Esta vez, cuando sus ojos se encuentran, hay en ellos el más efímero brillo de súplica. Ese tipo de expresión en una persona como ella es rara y no se ve bien—. Puedes salvarlo, ¿cierto? He intentado todo lo que he podido. —La desesperación habla por ella, pero Tenten es una de las últimas personas que se dejarían afectar por ello, y todavía se le nota.

Sakura trata de evaluar la situación como médico, y no le gusta lo que ve. Acercarse a la cama sólo hace que vea más y más problemas. Como lista: prácticamente cada miembro del cuerpo de Lee ha sido machacado hasta cierto punto, grandes pedazos de piel quemados con un patrón muy familiar y unos cuantos cortes infectados para añadir la guinda al pastel. Incluso las vendas son viejas… demasiado viejas.

La pregunta no es cómo curarlo, sino: ¿cómo demonios es que no está muerto, si ha estado así durante meses?

—Que conste, no estaba tan mal hasta hace una semana o así —añade Tenten, arrastrando una silla hasta la pelirrosa—. Tenía suficientes suministros para durar nueve meses, pero tuve que repartirlo entre los otros heridos, y lo demás fue robado. Hasta entonces, mantenerlo bajo control era fácil, pero ahora que está así… —Su voz se apaga poco a poco, sus manos entretenidas con un kunai.

—Gangrena en… básicamente cada miembro —anota Sakura, mordiéndose el labio inferior—. He visto este tipo de herida antes —añade, evitando la cuestión de que su propio cuerpo tiene una condición similar—. Ha perdido tanto chakra que su cuerpo ha empezado a decaer, pero la mayoría de órganos vitales todavía funcionan bien. Considerando otras posibilidades, tiene suerte. Su estado es crítico… le tiene que estar costando mucho mantenerse vivo.

¡Por Kami, Lee! El rostro de él parece estar arrugado a causa de malestar, su consciencia muy lejos de aquí. En algún lugar, sin embargo, todavía sigue luchando. Y Sakura sabe que incluso en este estado, Lee seguirá aguantando tanto como le es posible a un cuerpo humano. Y luego, un poco más, de pura voluntad.

—¿Puedes hacerlo? —inquiere Tenten, frunciendo el ceño.

Tenía que preguntar. Sakura se siente ligeramente enferma, mirando hacia bajo, a sus propias manos. No ha sido capaz de utilizar la Palma Recuperadora en unos dos meses. E incluso con ese jutsu…

"Sí, estoy segura de que Tenten estará encantadísima de saber que lo dejarás morir sin intentarlo," se burla Sachi. No, Sakura no va a rendirse sin más, pero...

—Lo haré lo mejor que pueda —responde la pelirrosa, abriendo su mochila y frunciendo el ceño al ver lo que contiene. Incluso después de haber elegido con cuidado las cosas más útiles que pudo encontrar, no es suficiente.

No es suficiente. No lo suficientemente bueno, no. Como ella. Como aquél entonces-

Sakura se da una patada mental por tener tales pensamientos, y mira a Tenten de reojo, ambas expresiones severas. Esta es una situación extraña en la que estar, pero como shinobi, las han tenido peores. ¿Qué importa si hace diez minutos, Sakura estaba todavía esperando a la entrada de la casa? Lo importante es el presente, tal y como se ha intentado recordar constantemente.

—¿Cómo, exactamente, acabasteis así y aquí? —inquiere Sakura, tan calmadamente como puede, dedos expertos despegando tela y vendajes sangrientos del cuerpo de su nuevo paciente.

—Ya te dije, tuvimos que huir. Para cuando llegamos aquí, ya estaba abandonado. También tuvimos que lidiar con esos perros-lobo… es así como acabó con esos cortes —añade Tenten, apuntando unas marcas de cuchilladas largas y coloridas, en el costado de su compañero—. El muy idiota no puede evitar tirarse de cabeza al peligro —gruñe en voz baja—. Aunque yo pensaba que estabas muerta —añade.

Sakura se encuentra a sí misma tratando de recomponer sus pensamientos, y dándose cuenta de que es mucho más difícil de lo que debería ser.

—Yo también escapé —responde. Esas tres palabras ni siquiera se acercan a la cantidad de horrores con que tuvo que lidiar para hacerlo, pero ahora no es momento para eso—. Digamos que Yugakure me recogió, pero una misión personal me llevó hasta Shimo, y de allí vine aquí. —Así es la vida.

A lo largo de la siguiente media hora, Sakura escucha a Tenten relatar cómo ella y Lee acabaron en esta particularmente… pringosa situación. Menos de veinte personas llegaron hasta Engetsu, la mayoría de nombres siendo sólo vagamente familiares para la pelirrosa. El único intento de Engetsu en términos de civilización moderna consiste en farolas de mala calidad y signos de neón, así que no tenían forma de comunicarse con el resto del mundo. Su mejor opción era encontrar un barco que funcionara (o arreglar uno) y tratar de llegar hasta un lugar poblado. pero el estado de Lee no era lo suficientemente bueno, a pesar de sus protestas.

Tenten también se vio forzada a elegir entre quedarse esperando aquí un poco más y los peligros de montar en un navío que apenas flotaba; la opción más sana era quedarse. Y no debería haberle llevado mucho al grupo para encontrar alguna isla cercana, y entonces volver con ayuda. Pero nunca lo hicieron.

Se encontró a sí misma en una mala situación cuando fue asaltada por carroñeros merodeadores: la guerra apenas sí tuvo un lado ganador, así que muchos bandidos aprovecharon la oportunidad para saquear todo lo que pudieron de los cuerpos. Asqueroso, cierto, pero pagaron con creces: el grupo que Tenten vio estaba desesperado por alejarse de Hielo. Y por desgracia, estuvo sola para enfrentarse a ellos.

La morena logró espantarlos, cierto, pero sólo después de que le robaran su valioso pergamino. El que tenía casi todas sus posesiones. Y también le costó las heridas que tiene ahora, y un intento de cortarle la garganta que sólo falló gracias a suerte milagrosa y mala coordinación.

"No me extraña que esté paranoica…" reflexiona Sakura, tras muchos intentos fallidos de lidiar con la situación de Lee.

Está empeorando por momentos, también. Su intrusión en el equilibrio de las heridas y el riego sanguíneo está empeorando la situación de Lee por momentos, y si no puede estabilizarlo pronto… No, ¡no pienses así, Sakura! Ni Misho ni Maru podrían ayudar aquí… y a juzgar por el trabajo que las ratas hicieron en el niño, incluso si el roedor pudiera hacer algo, seguramente acabaría matando a Lee.

Sin quererlo, se encuentra a sí misma en una bifurcación. Aunque la decisión ya está hecha en su mente (porque de ningún modo va a abandonar a nadie así), dar los pasos que recorren el camino es lo que la pone nerviosa.

—La verdad es… que ya no puedo usar chakra —admite llanamente, alzando las manos hasta que están frente a sus ojos—. Si lo intento, me sucederá algo similar a lo que le pasa a él. —Tenten la mira con una mezcla de sorpresa e incredulidad conforme habla.

—¿No puedes curarlo? —Preocupación y desesperación son a ambas partes evidentes, de un modo doloroso. Sakura respinga internamente cuando oye la pregunta. No, no puedo hacerlo.

—Puedo intentarlo, pero también me hará daño a mí. Si eso sucede, dile a la rata y al niño que pasen. Ellos sabrán lo que hacer. Si esto no funciona, nada lo hará —añade.

Sakura cierra los ojos, poniendo las manos a unos centímetros por encima del cuerpo inerte que hay frente a ella. Su habilidad con la técnica le permite usarla sin sellos, pero incluso entonces, podría ser imposible. El mismo instante en que intenta canalizar chakra a través de las palmas, un pinchazo de dolor casi la manda al suelo. Sólo una advertencia de lo que sucederá si prosigue.

Reuniendo toda la fuerza que puede encontrar, lo intenta otra vez… y otra, y otra. Hasta que sus brazos pesan mucho y le duele la cabeza.

"No me rendiré, ¡de ningún modo!"

Pero no sirve de nada. Sin importar cuánto lo intente, sólo se vuelve más y más doloroso cada vez. Su respiración es entrecortada, su piel ardiendo de irritación. Y puede oír una voz distante, familiar, así que vuelve la cabeza sólo para encontrarse al espectro de Naruto, de pie junto a ella.

—Puedes hacerlo —le susurra él—. Ya lo hiciste antes.

—¿Cómo? —musita Sakura, mirándose las manos. Ni siquiera se han iluminado con el más vago brillo.

—Igual que usas una espada… rápido. Todo de una vez, o nada en absoluto.

Sakura alza la mirada hacia él, pero ya no está. La pelirrosa se muerde el labio, dándose cuenta de que Tenten la mira de forma rara. No importa: el jinchūriki del Nueve Colas le ha dado la solución. Distantemente, puede oír campanas. Así que ya está cruzando el umbral… Ahora lo único que hace falta es el último empujón.

Respirando profundamente, cierra los ojos de nuevo y se prepara para la última cosa que puede hacer. Sakura pone una mano sobre el corazón de Lee, los rítmicos latidos recordándole lo que está en juego. Si lo hace mal, será como aplicar cáncer manual a sus órganos más vitales…

Todo de una vez: Sakura fuerza cada gota de energía que tiene a través de su brazo derecho, y a su mano. El Ningyo queda abrumado por un breve instante, permitiéndole atravesarlo y pasar la energía hasta él, tan delicadamente como puede. El sello tarda una cantidad de tiempo infinitesimal en reaccionar, mucho antes de que pueda pasar todo el chakra a través de la palma.

Sakura apenas tiene tiempo de sentir el dolor.


Nota: sin hacer trampas, ¿se lo esperaba alguien? Al principio, Tenten y Sakura se encontraban muy pronto en el fic, pero decidí ser mala con ella y transformar esto y su "encuentro" con Kiba/Temari/Akamaru en una ilusión. No me arrepiento de nada. Y gracias como siempre por todo vuestro apoyo (que me quedo sin palabras, ché).

Guest [Cap.1 - 19/7]: nunca se pueden revelar los secretos de la trama libremente, ¿no crees? Te diré, sin embargo, que Sasuke saldrá pronto. Muy pronto. Gracias por el comentario :)

Guest [Cap.1 - 19/7]: veamos, tengo 5 partes + 4 intermedios + 1 epílogo (sí, ya estoy escribiendo eso). Las partes han sido de 10 caps hasta ahora, pero estoy segura de que no será así para todas. Así que más o menos, de 25 a 35 actualizaciones. Ya calculé que la historia llevaría más o menos un año en completarse, con actualizaciones semanales. Me alegra saber que no he liado el desarrollo (siempre siento que es muy lento, pero gran parte de la historia es la recuperación que tan lenta es) y que hasta tienes una rutina xD Gracias por comentar :D

Conni: ¿A que sí lo es [Maru]? ^_^ Respecto a Itachi: básicamente, parte de su energía vital está atrapada en Sakura (junto a Naruto, Ino y otras personas). Ya sé que es una pena que Sakura apenas sepa, pero así puedo desarrollarla más y hacer que aprenda en vez de darle todas las respuestas. Sasuke dirá hola pronto, te lo aseguro. Y bué, sabes que me gusta hacer sufrir a la gente (¡al menos ahora tienes la respuesta!). De todos modos, la promesa que mencioné es una que hice en cuanto empecé el fic, así que no pierdo mucho ahí \ o / (¿o sí?). Gracias por comentar ^^

¡Nos vemos el siguiente viernes/sábado, gente! (es probable que cambie las actualizaciones al viernes, ¿qué me decís? Los reviews son bienvenidos, apreciados y 100% respondidos).