Nota: acá está lo sé que han estado esperando. 8.300 palabras llenitas de Uchihas, respuestas y confusión (no sólo para los que leen, no). El estilo es distinto a lo normal, plagado de detalles y demás. Espero que lo disfrutéis tanto como yo escribiendo/traduciendo.
Desenmascarada - Capítulo Intermedio II - Tú, pesadilla Decadente
Cuando la viste por primera vez, te dijiste a ti mismo que era por un sueño.
Uno, dos, tres (repetición); un paso, dos latidos por segundo, tres memorias con cada aliento (pero el reloj es demasiado rápido, no hay suficiente aire). No corres, no, pero casi. Y quieres hacerlo: de veras que lo anhelas. Es un impulso, aunque no sabes muy bien qué lo provoca.
Yo sí lo sé; pero tú nunca escuchas, ¿sabes? No merece la pena hablar contigo, porque sólo hay espacio para el odio en tu estúpida alma. No eres más que un peón, un monstruo creado por los deseos de otras personas; ni más, ni menos. Bajo control de los caprichos de los dioses (de humanos tratando de convertirse en deidades). E incluso si te liberaras, seguirías siendo esclavo de tu propio corazón.
¿Es por eso que los mataste a todos? (Cuerpos esparcidos por el suelo, destrozados hasta ser irreconocibles, su última expresión de horror grabada en tu mente). No queda una sola criatura con vida, pues incluso cuando comenzó a faltarte chakra, seguiste adelante; ojos sangrantes, visión nublada por tinta roja.
¿Es así como se siente la libertad? ¿O es desesperación? (¿Y por qué no ambas?). Lo hiciste, lo lograste: ¿te sientes orgulloso? Ya no queda nada que te ate a este mundo. Fue tan fácil, después del primer lazo (estabas enfadado, temblando de pura ira). Los demás no eran nada, sólo rostros que se mezclaban los unos con los otros, hasta que no sabías dónde empezaba uno y dónde acababa otro. No eran importantes, comparados con el pecado que ya habías cometido.
...Matar a tu mejor amigo. El único que todavía creía en ti; el último (y dolió, ¿no es así?). Pero tenías que hacerlo, porque era la única manera de salir del punto muerto. De otro modo, te habría perseguido incansablemente otra vez, hasta tu rendición. Quizá te molestaba (te dolía), que una vez más, tus deseos no eran importantes. Rendición: habrías vuelto a ser un perdedor de nuevo, incapaz de encontrar paz verdadera nunca más. Bajo el control de las leyes de otro.
Era o tú, o él.
Era el único modo. Y tú sigue repitiéndolo en tu cabeza, porque hay un extraño sentimiento, inidentificable, naciendo en el fondo de tu estómago, escapando como hiel hasta tu garganta. Y una vez estuvo hecho, te sentiste libre; porque al fin, ganaste. Ya no había vuelta atrás.
La comprensión de este hecho hizo que tu mente cayera en la oscuridad del todo (la vida del último anclaje a la luz había sido extinguida, casi accidentalmente). Ya no había contención. En cualquier otro momento, te habrías preguntado si esto era lo que querías después de todo; si el único propósito había sido esto, todo el tiempo. Caer en el oscuro vacío, y dejar que todo lo demás se te escapara entre los dedos. Quizá es que te habías convertido en la presa de tus propios demonios.
Incluso, puede que hubieras tenido miedo, puesto que la respuesta verdadera era algo que desconocías al completo.
Sin embargo, la locura más absoluta te consumió: ya no importaba. Allá a donde vayas, serás siempre un esclavo, mientras que dejes que te dominen. Esos sentimientos de venganza no harán más que traer miseria, a ti y a todos los demás (esto es lo que siempre quisiste; y lo lograste por tu cuenta).
¿Por qué debería importar? (Ya están todos muertos). Nadie sería lo suficientemente fuerte como para plantarte cara. Y ellos habían estado tan vulnerables. Incluso tras el Tsukuyomi Infinito, no estaban preparados para lo que se les venía encima: la ira de un dios, liberada sobre ellos. Tu ascensión fue marcada por sangre y gritos, tal y como debería ser.
Tus pasos aminoran velocidad y vigor, cuando te das cuenta de que estás totalmente solo. Y se siente tan aterrador como liberante, al mismo tiempo. ¿Y ahora, eres feliz? Claro que no, porque renunciaste a una cosa como la felicidad hace mucho tiempo. Cosecha lo que siembras, hijo del caos; pues no eres más que un alma perdida, maldita para vagar sin rumbo eternamente.
Una semilla que fue arrancada de su hogar demasiado pronto, cuando era demasiado débil para luchar y aguantar; y en venganza, quemó la tierra en la que se hospedó una vez.
Eres patético, débil; y te odio por ello.
Te sentiste disgustado por la humanidad (¿y quién no?), a causa de sus debilidades, y sin embargo te estás hiriendo a ti mismo igual que ellos lo hacen. ¿Quién estás tratando de ser? No eres un dios, y nunca lo serás. Mataste a Naruto por demostración; para confirmar que no hay salvación para el corazón humano. No, si los dejaras a solas, nunca serían capaces de acabar con todas esas guerras, Él tenía algo que tú no posees: la habilidad de entender, de cambiar las cosas a mejor.
Pero no, tuviste que ser obstinado, tenías que matarlo.
Buen trabajo, mataste a nuestra última esperanza: tu última oportunidad para redimirte. ¿Estás satisfecho?
Pensaste que podrías aguantar la comprensión de que, al final, no hay destino (incluso el chakra, tal y como lo conocemos, existe de pura casualidad). Si no fuera por una simple mujer un milenio atrás, ninja como los que hay hoy no existirían. Sus pensamientos de grandeza sólo empeoraron las cosas, ¿quién es capaz de decir que no estás haciendo lo mismo que ella? (Porque es eso lo que está sucediendo).
Adelante, gobierna el mundo; a ver cuánto tiempo tardas en caer en el mismo hoyo. No eres mejor que ella, y viste en qué se convirtió. Mejor aún, ya estás lleno de odio.
Nadie creería en tus mentiras, Sasuke; ni siquiera tú crees en ti mismo, ya no.
Aférrate a tus esperanzas (desesperadas) por tanto tiempo como puedas: el tiempo te lo robará todo. Y entonces no serás mejor que un demonio, una sombra eterna, alzándose sobre el mundo. Cuando caigas, estaré esperando; y te demostraré el significado de la palabra infierno.
Puedes correr y matar, gritar y llorar, pero no escaparás. Así que ahora te mantienes en pie, en medio del campo de batalla, víctima de tu propia vorágine de emociones. Pero ya no queda nada que puedas romper.
No eres mejor que los otros estúpidos humanos que trataron de lograr deidad. ¡Felicidades!
Entonces, oyes esa voz, sintiendo que debe ser un sueño: todo el mundo debería estar muerto. Te aseguraste… Pero también es cierto que perdiste el control, así que quizá (y sólo quizá), podría ser real.
¿Te atreves a darte la vuelta?
Ella tartamudea (poco): sólo una persona muy valiente, o muy estúpida, se atrevería a caminar hacia ti ahora mismo. Fluyendo por tus venas, puedes sentir una nueva fuerza, una bestia salvaje estimulada por un sentimiento al que no puedes dar nombre; una emoción que es vilipendiada cuando la oscuridad la filtra, convirtiéndola en odio.
Si merecieras compasión, me darías pena; pero no la mereces, ya no.
Sus palabras suenan borrosas, y mientras la miras fijamente a los ojos, puedes sentir la incomodidad convertirse en miedo, un pánico apenas controlado que se esconde bajo cada centímetro de su piel. Un paso. Es lo suficientemente inteligente como para dar un paso atrás, y eso hace que quieras reír: decirle que no puede correr. No ahora que sabes que está viva.
Para ti, está claro que si algo no afecta a una persona, es porque no hay un vínculo. Entonces, ¿por qué estás reaccionando con latidos acelerados, temblores recorriéndote desde la punta de los dedos y a través de todo el cuerpo?
Debe de ser que una conexión, un vínculo todavía aferrado, se escapó de tu espada, en el frenesí enloquecido en que caíste. Un error que podría ser arreglado fácilmente, si tu mente no estuviera empeñada en pensar en cosas en que no debería (memorias).
Mírala, apenas puede mantenerse en pie. Y todavía hay una gota de desafío tras esos iris verdes: cuánto coraje. Ja. Puedes sentir una sonrisa formándose en tu rostro, una mueca que hace que ella se tense (¿aún más?) y adopte, inconscientemente, una postura defensiva.
Así que tiene un vínculo contigo, aún. Qué alegría. Tal vez sea esta última reacción, lo que hace que la presa se rompa; tal vez es esa voz tanteante (lo único que comprendes es la desesperación que contiene, y ni siquiera es por sí misma), tratando de alcanzarte allá donde estés.
Te pone furioso (porque no puedes entender por qué; la vida se saltó enseñarte esa lección), porque te recuerda a él, a Naruto, al que tuviste que matar; y todos los ilusos que creyeron en él. Incluso si ahora está muerto… dejó una marca. Su espíritu sigue viviendo en ella, y la chica carga la antorcha voluntariosamente, con sus pasos temblorosos y respiración agitada.
Y la odias por ello: tan profundamente que no puedes controlar el intento de romper el último orbe de luz que queda. Ya ha sido afectada por el daño colateral de tu masacre. Y te sigues diciendo a ti mismo: debería ser fácil, ¿cierto?
Corta el lazo.
Mátala.
Y es por esto que afirmo, aquí y ahora, que eres una excusa patética de dios: porque no puedes. Incluso con ella inmovilizada, a la merced de tu juicio y castigo. No puedes. El agarre alrededor de su garganta aprieta, pero sus manos están atrapadas a ambos lados de su cuerpo. Ahora está completamente indefensa, así que, ¿qué te detiene?
Puedo sentir tu ira creciente cuando piensas en ello (no sabes por qué); lo suficiente como para hacerla gritar, la oscuridad retorciéndose y aplastándole el cuerpo hasta que parece que se va a romper. ¡Y todavía se atreve a resistirse y suplicar por tu bien!
¿Acaso no puede ver que ya ha perdido?
Y tú, ¿puedes?
Un momento (silencio). Hay algo parecido a comprensión horrorizada en tu rostro, pero es sustituido por odio en un instante. Una risa maníaca se te escapa entre los labios, porque al fin y al cabo es una situación irónicamente divertida. Ella te mira, confusa, boqueando en busca de aire y tosiendo sangre.
No es que no puedes hacerlo; no quieres hacerlo.
Pero nunca harás que tu orgulloso ego lo admita, ¿verdad? No: en lugar de eso, convertirás esos sentimientos para un nuevo fin. Quizá es que tienes miedo de perder esta luz tenue; tal vez (sólo tal vez) es un castigo. Para quién, no te importa. Pero en este momento, parece correcto y lógico.
Si no puedes apagar la luz, puedes hacer que se vuelva hacia la oscuridad. Al fin y al cabo, eres la prueba viviente de lo fácil que es hacerlo. Será un juego de niños.
Tiene tanto sentido, que casi quieres palmearte la espalda y celebrar la victoria.
Si no puedes ganarles… rómpeles el alma, hasta que no quede nada.
Y harás todo lo que puedas para lograr este nuevo objetivo; uno que se alimenta de tus emociones virulentas y abrumadoras. Para demostrarte a ti mismo que no eres débil, aunque el acto en sí sólo lo confirma aún más. Has perdido el control de nuevo (¿Por qué?), pero ella se niega a darte el placer del triunfo.
Esto es en lo que te has convertido: respondiendo a sus preguntas con lengua mordaz y viperina. Forzándola a ver y sentir tu propio dolor (¿no era esto lo que querías, Naruto?), y burlándote de su cuerpo y mente con la piadosa liberación de la muerte: torturándola hasta que está a punto de sucumbir. Una, y otra, y otra vez.
Y sin embargo, da igual cuánto lo intentes, tras el gran arsenal de torturas que se te pudieron ocurrir… todavía no la has vencido. Debería estar muerta a estas alturas; está utilizando lo que le queda de chakra para curarse a sí misma constantemente. En cualquier otro momento, habrías pensado que la técnica sin sellos que utiliza es impresionante.
¿Ahora? Te hace desear que pudieras robársela y subyugarla a la fragilidad del cuerpo humano. Es un pensamiento que no puedes articular ni siquiera en tu propia mente, pero tan pronto como viene a la vida, prospera y crece; hasta que se manifiesta como pura oscuridad, dando poder a un último golpe que debería de acabar con todo.
Y ella usó este momento breve de tiempo para liberarse: una mano temblorosa se alza hacia ti. Ojos vidriosos, delirantes, están obstinadamente centrados en los tuyos, negándose a dejar ir la poca vida que les queda. Es algo que no esperabas (porque nunca te ataca; a ti no).
—¿P-por qué…? —murmura ella, con la voz áspera y una palma contra tu pecho. Y entonces es cuando te das cuenta de que está más allá del dolor: la cuenta atrás de su corazón se reduce a cada momento, peligrosamente cerca de cero.
Quisieras saberlo; la tormenta interna que reina dentro de ti ha emborronado las razones, dejando sólo una intención, pero no un motivo. Sólo sabes que es lo único que puedes hacer (la única opción).
—Porque tengo que hacerlo. —Las palabras se te escapan antes de que puedas detenerlas, y de inmediato te castigas por sucumbir; y entonces, bajas la mano, para castigarla por intentar hacer que tu voluntad se quiebre.
Duda: tu mano ya está cubierta con un aura de oscuridad, pequeños tentáculos serpenteantes tratando de alcanzar algo que puedan ahogar, a lo que puedan robarle la vida. Esta es la prueba final, para ella y para ti.
La apartas por un momento, y ella sólo tiene una fracción de segundo para la sorpresa cuando tu puño desciende de nuevo, enterrándose donde está su corazón. Sus dedos tiemblan, tratando de agarrarse a algo; uñas clavándosete en la carne, pero no importa.
Patético.
Algo se rompe dentro de ti, una cajita de cristal que contenía algo precioso, como un tesoro; y el contenido se desparrama, haciendo que te quedes congelado justo donde estás. Ella tose sangre; y tú te apartas, haciendo que su torso se arquee hacia adelante. Como si, aun en el umbral de la muerte, estuviera intentando agarrarse a ti.
Esos tentáculos oscuros se extienden desde el agujero en su pecho, envolviéndole el cuerpo y haciendo que sus miembros sufran espasmos violentos. Esto te hace reaccionar, y estas de nuevo de pie. Por instinto, ella se encoge en una posición que considera segura, abrazándose a sí misma como si eso pudiera hacer que el dolor remitiera.
Sus manos brillan con un tono familiar, verde, pero desaparece en un instante. Lo intenta otra vez, y otra vez, ojos cerrados y rostro contorsionado de dolor; pero el color se limita a convertirse en azul pálido, y después se desvanece por completo. Temblando y perdiendo lo que tiene que ser demasiada sangre, su cuerpo yace en el suelo, esperando la clemencia que la muerte brinda.
Un sentimiento dolorosamente familiar burbujea en el fondo de tu estómago, hasta tu corazón intacto (esta oscuridad con la que la golpeaste aún vive ahí dentro; qué ironía, que intentó alcanzar la parte de ti que está más corrupta). Sabes lo que estás observando: el final del que es, verdaderamente, tu último hálito de luz y vínculo.
Pronto, ella ya no estará. Debería hacerte feliz, pero igual que antes: no es así. Como si lo supiera, respinga ligeramente, alzando los párpados lo suficiente como posar la mirada en ti. Te das la vuelta, porque sabes que acabarás por romperte del todo si te quedas.
—Porque matarte no sería divertido —murmuras, los temblores de tu cuerpo apenas perceptibles. Tus ojos deben estar sangrando, porque puedes sentir sangre deslizándose por tu mejilla y tu mirada, emborronada por tinta roja. Amargas, llenas de odio, tus palabras serán seguramente las últimas que oiga.
Abandonando el campo de batalla vacío, te das cuenta de que te ahogan extrañas sensaciones. En las profundidades más oscuras de tu corazón, sin embargo, te preguntas si logrará sobrevivir.
Claro que sí: porque si quisieras que muriera, la habrías matado. Pero no lo hiciste, ¿cierto? (¿Por qué?)
Konoha. Oh, cuánto podrías maldecir a esta aldea. Sin embargo, es necesaria para tus planes, y deberás forzarlos a aceptarte como Hokage (¡carismático!). Tal vez hay una broma pesada, escondida tras esta decisión, pero no importa.
Su única opción es rendirse o afrontar la misma aniquilación que la mayoría de fuerzas shinobi sufrieron. Con sólo genin y miembros de clanes débiles para protegerlos, no tienen la menor posibilidad, ni siquiera para convertirse en una molestia real.
Fueron pillados por sorpresa cuando llegaste, porque nadie fue lo suficientemente rápido como para avisarles. Tal vez habría sido más inteligente colarse a través de las defensas y tomar control de una de las grandes debilidades: los herederos de los clanes, pero, ¿qué importa? El resultado habría sido el mismo.
Lo que no esperaste fue la fiera resistencia que se atrevieron a mantener. Incluso enfrentándose a un Susanoo completamente armado, la aldea se une contra ti (lo cual te hace sentir orgulloso; pero sigue siendo un pequeño obstáculo en el camino). Sólo hace falta hacer desaparecer la Montaña Hokage para recordarles que el ataque del Kyūbi no es nada comparado con lo que puedes hacer.
Konoha debe decidir, con una docena de esferas creadas por Chibaku Tensei sostenidas sobre sus cabezas, si prefieren morir luchando o rendirse para ver la luz de un nuevo día. Casi cualquier shinobi preferiría una muerte honorable, defendiendo su hogar… pero esa elección, en este caso, borraría del mapa dicho lugar. Familias enteras: niños y civiles.
No deberían mirarte como a un humano, y no lo hacen, no después de ese espectáculo. Asombro y miedo permean sus reacciones, como debería ser.
Los observas intercambiar miradas, antiguos enemigos decidiendo al unísono que no hay otro modo. Los ancianos de los clanes, al fin, anuncian la decisión, aunque tras esos ojos puedes ver un destello que habla de rebelión; la Voluntad de Fuego no será extinguida tan fácilmente (¿acaso importa? No pueden hacer nada).
Sujetando el sombrero de Hokage en las manos, meditas silenciosamente sobre cuál debería ser el siguiente paso. Está claro que esta gente intentará algún tipo de revolución por su cuenta; y aunque no te podría importar menos lo que intenten hacerte, el miedo es la única manera de mantenerlos bajo control.
La mayoría de shinobi no se inclinarán ante ti tan fácilmente, no a menos que estén en una posición donde las pérdidas de la lucha pesen más que su deber como guerreros. Y es cierto que hay algunos cabos sueltos que están destinados a ser una molestia en el futuro. Orochimaru, por ejemplo, es tan resistente como una cucaracha; con o sin Kabuto, estás seguro de que sigue vivo, en algún lugar.
Y luego están los Bijū: oh, sí, las malditas Bestias con Cola que habían, sencillamente, desaparecido cuando lograste recuperar tu cordura (vaya broma). Tal vez fue debido a estar exhausto, o tal vez es que alguien fue lo suficientemente audaz como para intentar soltarlas (¿cómo?). Simplemente, desaparecieron sin dejar el más mínimo rastro de chakra. Ahora mismo, su paradero es desconocido. Y te molesta en demasía, porque de ningún modo unas criaturas de tal tamaño y poder podrían desvanecerse en la nada.
Simplemente, es algo que no pasa. Y eso significa que algo tan importante como las Bestias se te escapó entre los dedos.
Aunque puedes recordar cada línea de tinta y cada nombre a la perfección, te encuentras a ti mismo mirando el mapa del mundo shinobi; ciertamente, asegurar control total de éste debería ser el siguiente paso. Tus ojos se mueven hacia donde está el País del Rayo: ciertamente, no hay nada de que preocuparse sobre ese lugar. Estás seguro de que Kumo no es nada más que un montón de ruinas, si tus memorias sobre la masacre son correctas.
El País del Agua no tiene fuerza como un puñado de islas separadas, cada una asegurando que es la más poderosa. Es una guerra de clanes a larga escala, y sin un Mizukage para unirlos, pronto caerán en el caos una vez más. Tal vez sería necesario inspirarlos a luchar juntos.
El País del Viento no es más que una broma patética, una cámara llena de ecos de tiempos mejores. Y el País de la Tierra ha estado cayéndose a pedazos durante décadas. Sin embargo, estás casi seguro de que, tarde o temprano, alguien intentará tomar el control y quizá, reunir una legión decente. Y si no pueden luchar contra Konoha, tal vez se vuelvan contra las otras naciones. Lo cual es inaceptable, de cualquier modo.
Es necesario asegurar la cohesión entre los shinobi a tu disposición; si hay una cosa que sabes es que ningún jutsu aguantará para siempre. No, lo que tienes que hacer leal a ti son tus corazones. Un dedo ausente traza el patrón de marcas de uñas en tu pecho (¿por qué no han desaparecido todavía?). Acabas haciendo una mueca y moviendo la mano lejos de ti, muy deprisa, en cuanto te das cuenta.
Tus pasos te llevan hasta la ventana del muro, que da vista a la aldea que antes llamaste hogar.
Tus ojos se entornan ligeramente, y te das la vuelta con pasos más callados que los de un gato. Puedes percibir un desbalance en el chakra alrededor de la oficina del Hokage. Decidiste que lo mejor era dejarte a ti mismo sin vigilancia, para atraer a los asesinos más atrevidos. Hasta ahora, un total de cuatro cuerpos han sido arrastrados fuera de la Torre; no están muertos, sino en un estado comatoso, inducido por genjutsu. Para cuando se despierten, ya no quedará rastro de la persona que antes fueron.
Y ahora hay alguien más, tratando de colarse por los corredores, bastante ruidosamente, aunque lo suficiente como para colarse entre la guardia de los ANBU. Tampoco es un chakra que reconozcas; un destello de curiosidad se enciende en tu mente. No hace falta dōjutsu alguno para localizar al intruso.
Con un placer sádico, abres la puerta de ese armario rauda y silenciosamente, encontrándote cara a cara con el atemorizado espía. Bueno, tal vez un metro o así por encima de su mirada, pero aún así. Cruzando los brazos sobre el pecho, dejas que el silencio realice la tarea de intimidar a esta pequeña bola de problemas.
—Um, ¿puedo explicarlo? —tartamudea el niño que de algún modo se ha colado en la Torre. Chakra estándar, ropa que no lo une a ningún clan en particular y pelo revuelto, del color de la ceniza, que te recuerda un poco demasiado al de alguien que conoces bien; ¿quién es esta persona?
Lo arrastras fuera por el cuello de la camisa y cierras la puerta sin un ruido, soltándolo y dejando que caiga al suelo. ¿Qué significa esto? No hay chakras significativos cerca, y el Sharingan no revela ningún tipo de aparato de chakra en él. Aparentemente, el nivel de seguridad es tan bajo que incluso alguien tan débil ha logrado colarse en la Torre.
Parece verdaderamente aterrorizado ante los colores brillantes que tus ojos adoptan, o tal vez es porque Kusanagi está muy cerca de su garganta. Hay algo salvaje despertándose en la parte trasera de tu mente; una voz que clama sangre, llena de inflexiones sarcásticas, que te recuerda a la de Sakura.
—Tienes diez segundos.
—¡Sólo tenía curiosidad, lo prometo! —escupe el crío, tan rápido como le es humanamente posible. Con los labios apretados hasta formar una línea todavía más fina, acercas la hoja de la espada un poco más—. ¡Orochimarumeenviaporfavornomemates!
Kōta Nemuri: un viejo compañero de la Academia que debería de tener tu edad. Una de esas caras de fondo que nunca te molestaste en mirar a fondo. Ni siquiera cuando desapareció, años antes de tu graduación. No puede ser mayor de nueve años, y sus habilidades se encuentran en el rango normal de una persona de tal edad, una década después.
—Orochimaru quiso, uh… ¿decir hola, supongo? —explica, todavía al borde de mojar los pantalones. No puede ser más que un peón desechable, un experimento. Y está claro que no es un buen mentiroso. Tu ceño fruncido es suficiente para hacer que respingue, y se corrige admirablemente deprisa—. ¡Vale, vale, no lo hizo! ¡Admito que tenía curiosidad! Me dijeron que el nuevo Kage es un Uchiha, y me gustan mucho, mucho los Uchihas, así que- —Tiene la suficiente inteligencia como para detener la cháchara—. Lo juro, sólo quería ver si era cierto.
Sus patrones de habla son extraños, pero hay al menos una gota de verdad en esas palabras. Kōta alza un brazo fino, enrollando la manga de su camisa roja, y tus ojos caen de inmediato en el familiar, aunque editado, Sello Maldito. Al menos, parece ser cierto que tiene una conexión con Orochimaru; los patrones de chakra bajo su piel parecen confirmar tales palabras.
—Deberías informar a tu amo de este descubrimiento, pues —acabas determinando, apartando la espada justo lo suficiente como para que pueda moverse—. Estaré esperándole.
Ante la comprensión de que no va a morir, Kōta asiente nerviosamente y sale corriendo con una velocidad admirable para su edad. Sigues su chakra hasta que abandona la Torre, y entonces sigue un camino errático a través de las calles de Konoha.
Una idea, sin embargo, se forma en las profundidades de tu mente y se acerca a tus pensamientos más prominentes. Los niños son lo que la mayoría de gente en esta villa protege con más ahínco, ¿cierto? Es un punto de control tan obvio y fácil.
Esta gente acabará aceptándote como líder, incluso si es necesaria una generación entera para que funcione. Su descendencia es lo que tienen en más alta estima; y por tanto, el siguiente paso debe de estar encaminado a controlar ésta completamente. Nadie se atreverá a rebelarse si sus hijos están en peligro. Ni siguiera los clanes más problemáticos.
El creciente dolor de cabeza que plaga cada latido de tu corazón es ignorado, a favor de poner el plan en marcha.
—Informa a los ancianos Hyūga que estaré esperando a Hinashi en media hora.
La división es un arma poderosa: a lo largo de los años, la humanidad ha sido debilitada por ella, y ahora tu nueva misión será unirlos en contra de un bien mayor. Deberán trabajar juntos, o enfrentarse a las consecuencias.
Aunque esta es una decisión que te reservas para ti mismo, como el humano más poderoso de este maldito planeta. Ellos no la tienen, pero es porque son débiles de muchas maneras. Con el nivel de control que tienes, es posible aplicar reglas que nadie más lograría imponer.
Medidas tales como obtener control (secuestrar) a cada uno de los herederos de clanes, y otros muchos eslabones débiles de la jerarquía shinobi. Empezando por Hanabi Hyūga, la nueva heredera a su clan y probablemente la más importante de todos. El resto están encerrados en un escondite Uchiha, bajo la vigilancia de los ANBU más fiables.
Ha hecho que los clanes se vuelvan mucho más dóciles; una insubordinación, y la mención de los prisioneros hace que se callen de inmediato. El odio que sigue creciendo tras sus ojos es sólo una confirmación de que estás haciendo lo correcto. Los intentos de asesinato doblan en cantidad, siempre a mano de mercenarios cuyos nombres y caras no pueden ser conectados a nadie.
Sofocar el fiero fuego que vive en cada shinobi de Konoha ya ha llevado semanas, pero parece que al fin, la situación es estable (y vaya mierda de broma, si me preguntas; pero oh, no te importo en absoluto, ¿verdad?).
Sí, sacude la cabeza como si estuvieras intentando deshacerte de mí. Nunca funcionará. Soy parte de ti y eres demasiado débil como para cortar el vínculo. ¿Podrías ser amable y decirle eso a Konoha? "No fui capaz de matar a Sakura Haruno porque soy un maldito fallo como persona." No es tan difícil, sé que puedes hacerlo si practicas.
Sé lo que has estado haciendo, maldito bastardo. Pretendiendo que podrías olvidar, ignorando el hecho de que esos ojos malditos que tienes pueden recordar cada pequeño detalle por una eternidad. ¿Pensabas que podrías olvidarme?
—No eres real.
¿Y entonces de quién son los ojos que brillan en tus pesadillas; cuya sombra se alza sobre ti cuando te despiertas, temblando, sudando y gritando? (¿De quién el odio, llenando la voz que oyes cuando escuchas al silencio?).
¡Míos, míos, míos! (Y eso, tú también eres). Y así será para siempre, sin importar lo fuerte que te vuelvas. Siempre tendré una mano cerrada en torno a tu corazón. Tus sueños de grandeza acabarán tan pronto como tu escudo se rompa, y entonces ya no tendrás nada que te proteja. El tiempo es la única cosa que nunca lograrás derrotar, y tarde o temprano, el tuyo se agotará.
Hanabi Hyūga da un paso temeroso en la habitación, uno que te hace respingar y hace saltar todo tipo de alarmas en tu cabeza; porque no sentiste su chakra. E incluso ahora, su figura está emborronada por la oscuridad que cubre tus ojos (debe de ser que tus gritos la despertaron).
Sin embargo, esos ojos no caen sobre ti: sino sobre mí. El fantasma que no debería existir.
La empujas al suelo antes de que se de cuenta de que estás despierto (¿cuántas veces ha estado espiando, escuchando el producto de tus pesadillas, mientras tú dormías?); ojos desesperados, brillando peligrosamente con algo muy parecido al miedo.
—No hablarás a nadie sobre esto —siseas, apresurándote a cubrirle la boca con una mano. Ella asiente, y la sueltas. Hanabi tiene la sensatez de salir huyendo hasta su propia habitación, y tú te sientas contra un muro, corriendo la puerta hasta que se cierra y respirando entrecortadamente.
Tal vez deberías haber usado un genjutsu en ella. Algo para hacer que tenga tanto miedo que no se atreva a hablar; ¿por qué si no se colaría en la habitación del Hokage, si no fuera porque alguien se lo ordenó?). Debe de haber un enlace entre la heredera Hyūga y los rebeldes que trabajan, hora tras hora, contra ti.
Líneas de sangre caen desde tus ojos y sobre tu regazo, y te las limpias con más fuerza de la necesaria, ejercitando técnicas de respiración que hacen que tu cuerpo se calme en poco tiempo. Tu mente, sin embargo, sigue ahogándose en las imágenes que los sueños te han proporcionado (y sé que te pone furioso, porque sabes que la oscuridad dentro de ti se te ha escapado).
Imágenes de la masacre (¿cuál?) bailan ante tus ojos, veladas por tinta roja que habla de omnipresente locura, anclada en lo más hondo de tu corazón. Esto es lo que eres, querido Sasuke. Un desastre, un monstruo.
Tu mente trata de buscar pensamientos coherentes, un razonamiento que debería hacerte sentir mejor que eso, pero sólo hace falta la visión de dos rostros muy particulares, para hacer que tus esfuerzos se disuelvan en el polvo. Tus ojos se detienen sobre los míos, grabando esta sonrisa demasiado dulce en tu mente, y yo inclino la cabeza hacia un lado.
Veo la pregunta (encendiéndose a la vida con un chispazo, tras ese rostro que tratas de mantener impasible, pero cuya fachada se agrieta al más mínimo problema), y es lo suficiente como para hacer que mi risa resuene en tus oídos.
—¿Por qué? Porque te amo.
Los ojos viperinos de Orochimaru se vuelven hacia a ti de un modo muy poco agradable. Fuiste sujeto de esta mirada durante años (pero hay algo nuevo en esos iris, algo más oscuro), deberías estar acostumbrado; y sin embargo, no es así. Hay un destello de interés en dichos iris amarillos, uno distinto del que estás acostumbrado a ver en ellos.
Sería necio llamar a este pacto una alianza; más que nada, es una manera conveniente de mover el Plan hacia adelante (una idea que se apoya en el interés poco sano del último Sannin por los Uchiha). Y, aunque no quieres admitirlo, quizá es una manera de encontrar una solución a mí. Para vencer al tiempo.
Después de que lograras acorralarlo, en una base oscura de Otogakure, Orochimaru se vio a sí mismo en una situación delicada: su vida o su obediencia. Y aunque siempre estará haciendo planes tras tu espalda, es mejor estar al tanto de lo que hace desde bien cerca. Podría ser útil, después de todo.
La idea es imitar una guerra entre ambas villas, un plan cuyo secreto sólo vosotros conoceréis. Enviar a tus ninja más rebeldes le ofrecerá conejillos de Indias, verificando tu poder como Hokage, y asimismo desviará la atención lejos de tus intenciones verdaderas.
—¿Eres consciente de que esos ojos tuyos pueden crear hilos con que volver vida y muerte tus marionetas?
Un maremágnum brutal se alza en tus oídos, un coro de voces vagamente identificables que sigue un crescendo enloquecedor. Más fuerte, más fuerte, hasta que el mundo alrededor de ti da vueltas, con imágenes carmesí que pertenecen a un tiempo y lugar distintos.
—Hn.
Una vez cada una de las personas elegidas ha sido puesta en su respectiva celda de Otogakure, te permites a ti mismo sucumbir al coro que ha estado llamándote, desde el otro lado de la cordura (aunque la verdad es que no puedes llamarte cuerdo). Una línea muy fina sobre la que has estado andando, y que cada día se hace más borrosa e irregular.
A veces, es difícil distinguir pesadilla de realidad; se mezclan muy bien, con la ayuda de las voces y la sangre. Memorias arrancadas de la última década de tu vida se repiten una y otra vez (un Tsukuyomi vívido, en el que sabes de dónde viene el color rojo), y sólo tu deber como Hokage te ha forzado a mantenerlo escondido de otra gente.
Y ya ha habido muertes por él; las almas desafortunadas que se cruzaron en tu camino en el momento incorrecto. Nadie los reconocería incluso si sus restos fueran encontrados. Cada vez, el descontrol crece más y más, alimentándose del odio y la rabia y todas las emociones que te abruman día tras día, siempre un poco más que la vez anterior.
En uno de esos momentos ves un destello de una escena muy distinta: una chica, atrapada en el mismo mundo que gobierna cada uno de tus pensamientos, ojos verdes abriéndose con una cantidad de horror que sólo has visto una vez (en el mismo rostro, en la realidad). Está inmovilizada por centenares (miles) de tentáculos negros que conoces demasiado bien.
Al principio, brotan de tus dedos, pero pronto son demasiado poderosos como para canalizarlos adecuadamente. Envuelven tu ser al completo con un aura oscura que se siente casi bienvenida; y siguen apretando en torno a su figura. Pero no te detienes, recordando todas las palabras cargadas de veneno que yo (Sakura) he estado escupiéndote constantemente.
El odio es la cosa que se te da mejor, ¿eh?
Una ola de agua que no debería estar en esas memorias falsas (un tsunami de verdad) aparece de la nada, arrastrándolo todo lejos y dejándote sin aliento, con sangre que sólo puede ser tuya manchándote las manos y la cara.
La chica pelirrosa sostiene un kunai sangriento, lamiendo el filo de la hoja como si tuviera el sabor más agradable del mundo. Y cuando carga hacia ti, abres los ojos; sin embargo, estás solo.
Las manchas carmesí, sin embargo, permanecen. Y también lo hacen las memorias de la misma mujer, cargando hacia adelante, hacia un hombre pequeño que tuvo la mala fortuna de estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
Yugakure. Las sílabas suenan de forma extraña, pero tras una investigación metódica, logras averiguar que es el lugar en que viste la última escena. Extrañamente, tu mente ha disfrutado de un raro silencio después de que comenzara la búsqueda (pero tu mente está centrada exclusivamente en saber si fue real).
Te golpea muy fuerte; la comprensión de que, después de todo, Sakura podría estar viva. Hay un amalgama de emociones conflictivas que se prenden como fuego al pensarlo. Ira, frustración; odio, especialmente. Pero luego están las otras que no puedes discernir debidamente, y sólo te hace caer más hondamente en una rabia cegadora.
Porque si ella está viva, ¿qué soy yo?
Sólo un fragmento de las esperanzas más oscuras.
Es imposible mantener el control. Esas dos mofas de obstáculos tienen la decencia de tener miedo en tu presencia (estás cerca, tan cerca), pero no es suficiente.
—Se suponía que la mantendrías viva para mí. —Pero ella no está.
Sabes que una de esas personas es importante; la de pelo azul con un aire de certeza. La niña, heredera de Yugakure; la única descendiente de la mujer que controla los hilos de marionetista aquí. Lo sabes bien, porque pasaste horas y más horas investigando.
Tras una máscara de acero, puedes sentir miedo. Se lo estaba buscando y ahora es tiempo para que pague las consecuencias, lo cuál también te ayudará con esta misión que no puedes sacarte de la cabeza.
Es justo, casi natural, que el pago por la molestia sea la vida de la heredera.
Tus sentidos enloquecen cuando al fin sientes su chakra: la prueba definitiva de que sigue viva. Es débil, una sombra de lo que antes fue (o quizá está velada, porque sigue siento tan extravagante, llamativa y enérgica como la recuerdas). Es sólo por su suerte (que se agota más y más a cada segundo) que la señal está distorsionada, y es difícil de definir su posición con precisión.
Te divides en distintos clones, sabiendo que sin importar cuál la encuentre, será suficiente. En su estado debilitado, con tu poder sin rival, no hay manera de que escape esta vez. La finalidad no está clara; pero tienes que encontrarla. Y ése es el último jirón de pensamiento racional que te habita tu mente, el único coherente, cuyas razones son desconocidas incluso para ti.
Y lo haces. Cuando más te acercas, la locura crece: las voces se vuelven sombras, y éstas se vuelven cuerpos (bailan dentro y fuera de la niebla que apareció de la nada, gruñéndote con sonrisas rotas, gritando lo mucho que quieren asesinarte de forma sangrienta). Tu corazón se acelera (cada pulsación martilleando a través de tu cabeza, atravesando tu cráneo con un dolor implacable), tus pasos acelerando conforme te acercas al objetivo.
Sus ojos están nublados por la misma locura que tinta tu visión, mas en ellos hay lágrimas en vez de sangre. Está teniendo problemas para defenderse de las apariciones causadas por tu voluntad demente, y no te ve acercarte. Su puño choca inútilmente contra tu bloqueo bien calculado (y hay algo parecido a terror abyecto iluminando su rostro, haciendo que entre en pánico).
En sus ojos puedes ver las memorias que recuerdas de tu misma experiencia, y está musitando cosas en voz baja, negando, como si fuera una pesadilla. Pero no lo es.
—¡Duele, para, por favor para! La voz no pertenece a este lugar y momento, y sin embargo se hace eco en tu mente, acompañada por una recolección de destellos: de ése día, el que te ha estado atormentando, noche tras noche.
—Yo gano. —Una victoria pírrica, eso es (pero ella lo sabe, lo ves en sus ojos: no hay salida). La única que lograrás obtener jamás, porque no hay final feliz para ti.
Hay un chispazo de chakra, diminuto y calculado con precisión, que apenas percibes.
—¡Shānnarō! —Y te toma por sorpresa (¿¡cómo!?), tu mente demasiado abrumada como para procesarlo correctamente; hay sólo una sensación de peligro, reminiscente de un tiempo lejano en que de veras tuviste que luchar por tu vida. La percepción de algo mayor, mucho más que esta kunoichi moribunda (porque así es como se siente; como si a cada segundo, ella estuviera muriendo. Pero nunca sucede).
Y te encuentras a ti mismo teletransportándote lejos, antes de comprender que era una treta. No hay gran bestia alguna abalanzándose sobre ti, lista para tragarte de un bocado: sólo una miríada de espíritus danzantes, que eligen este momento de debilidad para moverse y atacar.
El clon deja de existir un instante después, y sabes que ella ha logrado escabullirse.
De algún modo.
¿Se siente bien que sean más listos que tú, querido Sasuke? Ya te dije que tu trono se desmoronaría tarde o temprano.
Pronto…
Ella tiene todas las repsuestas; tiene que tenerlas. ¿Cómo es que logró crear una burla de sí misma en tu mente, te preguntas? Una que no puedes borrar sin importar cuánto lo intentes. Parece mezclarse con tu propio chakra, escapando tanto al Sharingan como al Rinnegan, y recordándote que, en algún lugar, ella todavía vive.
¿Es un sello, un jutsu que tiene que mantener? (¿Es por eso que está especialmente debilitada?).
Es la única, la clave, el centro de toda esta locura; encontrándola, lograrás superar el último problema. Es el único modo.
Sí, sí, tú sigue diciéndote eso.
Su chakra es tan débil, mezclándose con todas las otras presencias falsas que al fin han logrado obtener un lugar en la realidad. Memorias, convertidas en demonios reales que siguen acechándote mientras caminas a través de la tundra helada. Al final, se han vuelto tan poderosos que tienen vida propia.
Al pensarlo, el entendimiento súbito te golpea como una bofetada.
Si esas cosas han sido traídas a la vida a base del poder del odio; quizás es posible que cosas como yo también son un producto de tu mente. Nada es real, pero al mismo tiempo, existe.
Oh, cuánto te amo cuando eres listo, querido Sasuke.
Seguir su rastro es fácil: hay un destello distinguido de su chakra, hacia el norte, en Shimogakure. Ahí fue donde el clon fue destruido. Sin embargo, desaparece casi de inmediato. Ahora tu tarea será rastrearlo y seguir las marcas sutiles que delatan su paso.
Ha estado sangrando profusamente, pero no hay un cuerpo que puedas encontrar. Sueltas una bocanada de aire que no sabías que habías estado conteniendo, cuando encuentras los pasos un poco más regulares, hasta lo que parece ser un hospital.
Sin embargo, el rastro muere ahí, como si nunca hubiera existido.
Si es una parte de tu mente, debería de haber un rastro identificable; algo que la distingue de la gente real. Una resonancia con tu propio chakra (que existe), te lleva hasta un baño con las ventanas rotas. El cadáver de un hombre está tirado en el suelo, en un lugar donde la marca de chakra se ha acumulado, como si ella hubiera estado allí durante un cierto tiempo.
La respuesta se oculta entre las arrugas del médico ninja fallecido: una tarjeta de identificación. Conoces el nombre: es prominente en los archivos de Yugakure.
Una sonrisa empuja los bordes de tus labios hacia arriba, cuando encuentras un pergamino de invocación olvidado, en el baño mencionado anteriormente. Probablemente, ella huyó a toda prisa de lo que sea que la estaba atacando (las apariciones, seguramente).
Así que ahí es a donde estaba yendo: donde se esconde ahora mismo.
Incluso con el pergamino, encontrar el lugar exacto lleva una cantidad de tiempo molesta. Yugakure parece estar muy dispuesto a ayudar con cualquier cosa, lo cuál es agradable (mataste a su heredera; hay miradas de odio que puedes sentir, incluso si no las ves).
Un sistema de cuevas, recorriendo la mayoría de este país, incluso hasta el Remolino. Un lugar lleno de criaturas extintas en el resto del mundo: salamandras que calientan el agua, creando baños termales y géiseres; ciempiés gigantescos que cavan a través de la roca más dura, creando corrientes de agua y lagos subterráneos. Interesante, pero inútil.
Los animales que importan son las ratas; fueron ellas a las que Sakura acudió en busca de ayuda. O bien logró colarse en la base de datos de Yugakure, o alguien la ayudó. A juzgar por lo mucho que parecía importarle al shinobi de Kiri, debió estar ocupada haciendo amigos. Típico.
Pero es imposible encontrar a tal hombre; y sin importar cómo de amenazadoras se vuelvan tus demandas, nadie parece saber quién la ayudó. Tardas la mayor parte de tres días en encontrar una manera de lograr acceder a su escondite sin hacer un cráter humeante en el suelo.
Los roedores son increíblemente habilidosos con los genjutsu, pero como el portador del Sharingan de más alto nivel, la mera idea de ser afectado te parece una broma.
Sólo cuando los espectros se vuelven más fuertes que nunca, empiezas a considerar si esos genjutsu están de algún modo amplificando el efecto de tu propia ilusión. Cuando un Rasengan (¿pero qué-?) sale de la nada y amenaza con partirte en dos, empiezas a considerar cuánto de esto es real. Porque aunque el Sharingan es capaz de detectar patrones de chakra, estas cosas no se parecen en absoluto a nada que conozcas.
Y no puedes hacer que desaparezcan. Esas cosas están hechas de chakra real, manipulado para funcionar más allá del reino de los genjutsu comunes. Es como si de veras estuvieras rodeado por-
No. No puede ser. Una proyección del terror y miedo más profundos se refleja en tu rostro, cuando comprendes que, si esos espectros se han vuelto más fuertes, tal vez este sea sólo otro paso en su metamorfosis hacia criaturas de verdad.
Son reales.
Estos son los verdaderos fantasmas que han estado atormentando tu mente, y se han alimentado de tus emociones durante lo suficiente como para adquirir una forma. Los últimos restos de aquellos a los que mataste, y ahora están a punto de complir su venganza contra el que acabó con sus vidas.
No hay suficiente espacio para un Susanoo completo, pero haces uso de cada técnica que conoces para mantenerlos a raya. No parecen necesitar descanso, agitados, y siguen empujándote hacia atrás (¿adelante?), hasta lo más hondo de la cueva. Toda traza de pensamiento es borrada de tu mente, mientras eres abrumado por las intensas emociones que este encuentro provoca.
Sabes que te están acorralando, pero no puedes elegir la dirección. Incluso Amenotejikara es inútil: allá a donde vayas, hay más, y más (ojos vacíos sangrando, manos alargadas hacia ti, huesos saliendo de lugares que no deberían, cuerpos deformados arrastrándose hacia ti). Y no se rinden nunca.
Su único propósito, la razón por la que existen, es aniquilarte. (¿Es así como se sintió Itachi?)
Tu coherencia se pierde en esta cacofonía de locura; y entonces, hay un túnel vacío delante de ti, una extraña luz brillando al fondo. Te apresuras, sintiendo que este es el lugar en que tu juicio sucederá.
No te da tiempo a ver las lindas luces, tus ojos sangrando en demasía y tu visión nublándose peligrosamente; sólo ves a la figura familiar que estaba notablemente ausente en esos ataques. Sakura.
No percibes ningún tipo de intención maligna en ella, ni rastro de esas expresiones demoníacas y miembros doblados en ángulos imposibles. Es como si fuera una repetición de esa vez; la conexión haciendo que tu corazón se salte un latido. ¿Es esto?
¿Es esto el por qué?
Lo es. Ella se detiene; mirada agachada, ojos cerrados. Esperando.
Tiene que ser una trampa. Es imposible que sea tan fácil (espada en su garganta, sólo para estar seguro). Nunca ha sido tan sencillo. Y sin embargo, ella no se mueve, ni siquiera un centímetro.
Un impulso súbito, como si tuvieras que comprobar algo de lo que ni siquiera estás seguro; un pinchazo de calor eléctrico corriendo desde las puntas de tus dedos y a través de tu cuerpo, cuando la alcanzas con la mano y empujas su barbilla hacia arriba. Despacio: porque se siente como si la ilusión pudiera romperse en cualquier instante, y entonces ella desaparecería de nuevo.
El por qué no es seguro; pero no quieres que eso suceda.
Esos ojos miran a los tuyos, pero su fuego interno casi ya no está (una mueca, porque eso no se siente correcto). No, no ha desaparecido, es más débil. Como si ella hubiera aceptado que, en cualquier momento, será apagado; que no es lo suficientemente fuerte como para prevalecer. Hay un destello de determinación en su mirada. No es una rendición, sino un sacrificio.
Se parece tanto a ella, en una forma que es imposible de describir, que eres incapaz de actuar, apartando arma y mano.
¿Es real? Quieres preguntar (con tantas ganas), que apenas logras mantener los labios sellados. Pero si lo averiguas: entonces, tendrás que actuar.
Y no quieres (débil).
Ilusión o la real, la sencilla n es que no quieres saberlo. Hay ecos de susurros a tu espalda, y sabes qué te espera si te das la vuelta ahora. De algún modo, se siente extrañamente reconfortante, placentero (¿por qué?); pero esas son palabras que nunca dirías, ni siquiera en tu mente.
En este momento, no quieres saber la respuesta; por razones que no puedes poner en palabras.
Esta vez, la dejas ir: para evitar descubrir si es real o no.
Los espectros no atacan en el camino de vuelta. De hecho, es como si no hubieran existido nunca. Pero te obligas a seguir caminando, a pesar del impulso que te dice que deberías darte la vuelva.
El encuentro te dejó con un puñado extraño de memorias persistentes, que por fin acaban por asentarse en tu mente; no son tuyas, sino de ella. Y hablan de su propia experiencia al pasar el tiempo, desde el final de la guerra. La respuesta a una pregunta que no quisiste preguntar, una que te negaste a tratar de encontrar solución.
Era Sakura. Nadie más que ella. Y ahí está el tic distinguido en tus dedos. Tan cerca, así que, ¿por qué demonios te limitaste a irte? ¿Tal vez se debiera al estado abrumado en que estabas? Debe de ser eso. Tiene que serlo.
Pero esas memorias; te dan una lista de nombres que podrían ser increíblemente útiles.
Para quién es el castigo, no importa; esos civiles no tienen la menor oportunidad.
No puedes cortar el vínculo, pero puedes hacer lo que sea para dar un rodeo al problema. No hay luz en un camino de oscuridad, ¿cierto? Cualquier cosa es válida.
Al fin y al cabo, es todo por un sueño.
Miharu: ¡primero de todo, ánimo! :) Espero que no te mueras en demasía con todo lo que te trae ocupada. Y que cuando puedas leer esto, te haya alegrado ver por fin a Sasuke :P No odies demasiado, se te podrían poner los ojos rojos y darte dolor de cabeza. ¡Gracias por pasarte!
jazsmith: todo lo dirá el tiempo :D Gracias por el comentario
KFeco: ¡muchas gracias! A veces temo que tanta actualización constante me deja menos tiempo para editar, pero al menos hace a los lectores menos ansiosos respecto a cuándo será la conti. Y gracias también por pasar a dejar review.
Como siempre, críticas/comentarios de todo tipo son muy bienvenidos, apreciados y motivadores, así que si tienen un momento, no duden en pasarse :)
