Desenmascarada - Parte III: Retorno - Capítulo 21: Amor y Odio
...Y el amor siempre ganará la batalla.
El cuerpo ha caído hacia adelante, desplomándose sin vida. Alguien trata de sacudirlo para despertarlo, pero es imposible tocarlo sin ser atrapado por la oscuridad viviente que se arrastra sobre su piel. La escena está extrañamente falta de sonido, a pesar de que está claro que alguien grita.
Se trata de una chica morena, vagamente familiar, cuya voz se pierde en la grieta que separa a esta gente de su espectadora.
Hay alguien en una cama, un objetivo para esos tentáculos oscuros que salen del cuerpo de la persona muerta, pero es difícil comprender qué hacen. Parecen caóticos, malos de un modo inefable. La idea de que tengan un motivo más allá de ser un error de la creación parece imposible.
La observadora mira el cuerpo femenino, todavía demasiado joven y sin embargo marcado por muchas batallas, Tal vez endurecido para ser el de un guerrero, pero todavía el de un niño en maduración, cuyo cordón se cortó demasiado pronto. Tal vez es mejor así; ya pasó todo. Es una pena, piensa ella. Qué pelo rosa tan bonito…
No es hasta que la observadora es arrastrada hacia atrás, lejos de la extraña escena, que la pieza encaja y una comprensión horrible le cae encima.
Yo también tengo el pelo rosa.
Trata de alcanzar, pero no tiene brazos: es sólo una consciencia flotante que ha sido arrastrada lejos de su recipiente. Más lejos, a una oscuridad emborronada que está corroyendo cada memoria, cada color de una criatura que antes estuvo llena de vida. Relajante, una nana callada cuya letra habla de un vacío eterno.
¡No quiero morir!
Pero, ¿por qué? Una existencia sin razón no vale nada, es sólo un arrastre de un suceso doloroso a otro; como una piedra arrojada al océano, que las olas pulirán golpe a golpe. ¿De qué vale la pena vivir, si es sólo para sobrevivir? Esos pensamientos de apatía amenazan con devorar sus últimos retazos de espíritu, lenta pero firmemente robándole todo lo que una vez fue.
Sonora, la voz de un coro de campanas muere en la distancia, figuras familiares dibujadas conta una luz que se desvanece poco a poco. Y así, ella cae en este abismo sin fondo, un reino del olvido que le da la bienvenida con los brazos abiertos.
Un golpe sonoro devuelve su atención a lo que debe ser el mundo de los vivos. Es tan luminoso comparado con esa oscuridad, que su mirada se clava en lo que tiene que ser un muro de madera común, llena de asombro. Su mano alcanza hacia él, su hechizamiento haciéndole olvidar que, hace unos momentos, estaba muerta.
Sus manos recorren el muro pulido, la madera clara es suave bajo las puntas de sus dedos. Qué cosa tan extraña, piensa ella. Todo está en silencio durante unos minutos, y nada la saca de su momento de investigación. Algo tan mundano nunca le llamó la atención, pero, ¿ahora? Ahora es su anclaje a la vida: la prueba de que sigue aquí.
Un grito. Ella respinga, dándose la vuelta precipitadamente y posando sus ojos en su nueva compañía… que parece estar durmiendo. La chica toma un momento para mirar a su alrededor: es una habitación pequeña y vacía, que hace pensar en algo frío y espartano. Una palabra flota hasta la superficie de sus pensamientos: shinobi. Aunque los muros y el suelo están cubiertos por tablas de madera, no hay ventanas, y está casi completamente a oscuras.
Sólo hay una cama, donde su extraño compañero reposa, y una puerta corrediza que está firmemente cerrada. Poniéndose en pie (¿tal vez el sonido de antes fue de su propia caída en este lugar desconocido?), sus pasos la llevan hasta la única entrada de la habitación. Hay un símbolo pintado en la puerta, uno que reconoce.
Escarbando entre sus memorias borrosas, al fin logra unirle el nombre Uchiha. Con esta conexión viene un aluvión de información que aprendió de memoria, en algún momento del pasado. Y comprensión, haciendo que se vuelva hacia el cuerpo durmiente en la cama. Ahora, puede determinar la identidad de esta persona. Hombre, de pelo negro, familiar.
Él sigue durmiendo, aunque su rostro se contorsiona en lo que parece ser ira; tal vez desagrado o incluso miedo. Aunque el último de esa lista es muy improbable, no hay confusión respecto a los pequeños matices que delatan tal emoción, reflejada en su rostro. Debería de haber un sentimiento de miedo al estar tan cerca, pero ni siquiera hay una onza de preocupación.
Por algún motivo, Sakura no tiene miedo. Quizá porque se siente como si todo estuviera tras una cortina invisible. Sus pasos no hacen sonido alguno, y aunque sabe que su corazón late, no puede sentirlo. Sus propias manos están faltas de los mismos tentáculos que se ha acostumbrado a ver cada día, cada hora.
En cierto modo, este sentimiento de desapego también le dice a Sakura que él no puede hacerle daño.
Se acerca de puntillas, poseída por un sentimiento de curiosidad. Ha pasado mucho tiempo desde que tuvo la oportunidad de verle. Parte de ella se pregunta sobre su estado actual: aunque no parece estar herido, está claro que sus sueños son desagradables. Por qué, no lo sabe, y tampoco se atreve a intentar averiguarlo. Quizá si él hubiera sido más joven, si no hubiera cometido esas atrocidades, ella se lo habría preguntado, quizá incluso preocupado.
Sakura se da cuenta de que sus propias emociones se sienten vagas y distantes, entumecidas, con algo parecido a análisis desinteresado.
Arrodillándose junto a la cama baja, sus ojos verdes paralizados debido a lo que ven. Es difícil ver un monstruo en el rostro de una persona durmiente, incluso si esa persona es Sasuke Uchiha. Esas expresiones no están dibujadas por una máscara externa y fría, o simple odio. No, bajo esos párpados, emociones puras y verdaderas burbujean hasta la superficie, dibujándose en su lenguaje corporal.
No parece muy distinto a como estaba la última vez que ella lo vio, meses atrás. Su pelo está desarreglado y lleno de líos, debido a las muchas vueltas que da, y eso hace que ella se pregunte si es que se molesta en peinarlo. Aunque ya de por sí es un pensamiento sonrojador y estúpido, el hecho de que es lo primero que le viene a la cabeza delata su estado mental. Incluso si la oscuridad ya no está, ella sabe que su cabeza no funciona como debería.
El procedimiento adecuado sería encontrar algo puntiagudo y clavárselo a él. Repetidamente, por si acaso. Los Uchiha parecen tener una extraña habilidad para esquivar a la muerte.
"Puedes hacerlo…" sisea una voz, cada sílaba chorreando veneno. Sakura gira la cabeza, pero no hay nadie más. Sin embargo, un sentimiento burbujeante se hace hueco en su corazón: uno que reconoce, pero que nunca antes había experimentado de este modo.
Odio. Puro e inmisericorde; rabia brutal dirigida hacia el joven adulto que duerme en esta cama. Ella ve destellos de memorias, sobre todas las cosas que deberían condenarlo: y luego, más. Abrumada por esta ira que apenas cualifica como racional, Sakura cae hacia adelante, apenas evitando caerse encima de él mediante un apoyo de manos apresurado.
Temblando, cierra los ojos y trata de tomar suficiente aire, pero es imposible. Los latidos de su corazón se han disparado, al fin sintiéndose en su pecho, cada pulsación martilleando incontrolablemente. Como un incendio, el calor provocado por su reacción se extiende a través de su cuerpo, hasta las puntas de sus dedos.
¿Qué es esta sensación? Nunca antes había sentido algo así va mucho más allá de los límites normales de la palabra odio. Su mera presencia emborrona sus pensamientos y visiones, incitándola a destruir, a matar. No tiene lugar entre su rango de emociones, por más que estas sean amplias y descontroladas. ¿De dónde ha venido?
"Justo enfrente de ti."
Sakura alza la cabeza ligeramente, y su mirada se encuentra con otro par de ojos, entrecerrados y oscuros. Demasiado cerca. Respingando por instinto, salta hacia atrás al menos medio metro. La habitación es demasiado pequeña, pero tal vez tras la puerta hay un lugar al que correr para esconderse.
En respuesta, como movido por reflejos, la mano de él se dispara como impulsada por un resorte, hacia su cuello. ¡Demasiado deprisa! Sakura alza sus propias manos, tratando de detenerlo, y por algún milagro de suerte, logra bloquear el ataque. Los dedos de ambos se entrelazan torpemente, mientras él trata de agarrarse a algo en su aturdimiento.
En este momento, ella se da cuenta de que Sasuke no está despierto del todo. Sus ojos están vidriosos, demasiado desenfocados como para estar mirando algo; en su pánico, Sakura se había centrado más en lograr distancia que en observar este pequeño detalle. Incluso a pesar de que algunas personas han entrenado lo suficiente como para defenderse mientras duermen, este movimiento fue demasiado rápido como para tener tiempo de pensar.
Y luego está el pequeño problema de sujetar la mano de Sasuke Uchiha: algo que habría llenado a su yo joven con felicidad pura, pero ahora sólo la pone nerviosa. ¿Está a salvo de verdad? Ya no se siente así. El contacto, el sentimiento de piel áspera contra la suya y lo que es, sin margen de error, calor humano, se sienten demasiado reales. Demasiado cerca.
¿Cómo acabó aquí, de todos modos? Su memoria está nublada, demasiado vaga como para recordar algo más que oscuridad, ser arrastrada de un sentido de hogar distorsionado; y luego, acabó aquí, en la guarida de su peor enemigo. ¿Es un sueño? Es demasiado real, demasiado claro. Siempre hay campanas, plumas, voces… pero aquí, todo está extrañamente silencioso, a excepción de un par de respiraciones.
Sakura no tiene restricción alguna en admitir que tiene miedo de moverse. Tal vez en el paso se habría sentido más confianza, pero sí recuerda el sello Ningyo. Quizá haya perdido la habilidad de verlo, de nuevo, pero sabe que si él se despertara, sería un juego del gato y el ratón. Eso es, si él no la matara de inmediato.
Entonces, él tira, lo suficientemente fuerte como para hacer que ella pierda el equilibrio brevemente. Cayendo de boca contra él, con muy poca gracia, Sakura cierra los dedos de su mano libre hasta formar un puño. Con o sin chakra, la pelirrosa está muy segura de que si hay un bastardo durmiente al que puede dar un puñetazo, es él. Su cerebro le da una lista de todos los puntos débiles que le otorgarían una muerte inmediata, si fueran golpeados con la fuerza suficiente.
Ella sabe que no tiene arma alguna: en algún momento del pasado reciente, tuvo que librarse de las suyas. Sin embargo, Sakura no recuerda por qué, pero sabe que no tiene ninguna. No es que sea un problema para ella. El sentimiento del odio más absoluto, que había sido puesto el segundo lugar de su lista de prioridades debido al pánico, regresa para golpearla con todas sus fuerzas.
"No estoy pensando de forma racional," se dice ella, deteniendo sus planes de asesinato brutal. Una cosa es la defensa propia; hacer lo que pueda para matar, por otra parte…
—Qué vulgar, yo pensaba que serías un poco más dura —suelta una voz. Es familiar, de un modo difícil de describir—. ¿O acaso quieres que lo despierte y que él te diga un par de cosas?
Es la misma persona de antes, una mujer, pero… Sakura no puede verla. Tratar de estar tan quieta como puede y rebuscar en su mente para encontrar ideas, de todos modos, deja muy poco tiempo para admirar las vistas. Todo lo que puede pensar es que la voz suena muy fuerte y si Sasuke se despierta, se va a meter en un lío muy hondo. Más o menos a la altura de una tumba.
La persona, que es probablemente una voz sin cuerpo, tiene razón: ¿por qué no matarlo, ahora que él está vulnerable, después de todo lo que ha hecho? Naruto no querría matar a Sasuke, pero… ahora está muerto. Y nadie más abogaría por el último Uchiha. Karin, quizá, pero es probable que ella también haya muerto.
Una única pluma de cuervo es arrastrada por una brisa, aterrizando frente a la nariz de Sakura y en un balance precario, sobre el hombro de Sasuke. De un parpadeo al siguiente, ha sido reemplazada con un kunai: uno que ella reconoce claramente, aunque apenas es distinto del estándar. Llamándola para que lo sujete, para que lo use. Debido al cambio de peso, el arma cae sobre el colchón casi en completo silencio.
Los ojos de Sakura se abren sólo una fracción de centímetro, sus ojos investigando el rostro del Uchiha, sólo para asegurarse de que sigue dormido. ¿Cómo puede ser que no se haya despertado? Un ninja de este nivel debería de ser capaz de detectar chakras tan cercanos.
—Ahí está la cosa, el tuyo no es distinto —comenta la voz, arrastrando las palabras con aire de aburrimiento—. ¿Cómo puede ser, que nunca antes te hayas preguntado los efectos a largo plazo de un sello como el Ningyo? Chakra, de una persona distinta, manteniendo un cerco muy tenso sobre el tuyo… mezclándose, como veneno…
—¿Quién eres? —Sakura se atreve a preguntar, girando la cabeza hacia un lado. Su mano izquierda sigue estando atrapada por la derecha de Sasuke, ambas al otro lado del cuerpo de éste. Su cabeza reposa de forma incómoda sobre el abdomen del Uchiha, así que apenas puede mirar a su alrededor. La voz viene de algún lugar fuera de su campo de visión, donde los pies de la cama deberían estar.
Una risilla, vil y burlona, le responde.
—Yo soy tú, a través de sus ojos… Porque si es que son las ventanas al alma, también distorsionan, percibiendo cosas de manera única. Pero no temas, él no me controla —añade la voz, justo cuando Sakura se tensa, lista para una pelea—. Podríamos decir que vivo en un sitio que él no gobierna… por ahora. Probablemente nunca. Yo alimento sus pesadillas, él me da vida con su odio. Un plan de lo más agradable, si me preguntas. Mientras yo esté aquí, estás a salvo… pero deberías matarlo.
—¿...No haría eso que tú también murieras? —inquiere Sakura, tratando de girar la cabeza muy despacio. Sasuke, como sugiere la voz, no parece darse cuenta en absoluto. De hecho, su única reacción es un tic en la mano y un gruñido de dolor.
La pelirrosa alza la cabeza, decidiendo que es mejor no jugar al tira y afloja con su propia mano; en lugar de eso, se acomoda como puede en una postura que es todavía lejos de ser elegante, doblándose por encima del cuerpo de Sasuke y manteniéndose elevada con su mano libre, apoyándose en el otro lado de la cama. Sin embargo, sus ojos pronto abandonan la observación del apuro en que se encuentra, su atención centrada únicamente en el extraño clon que le devuelve la mirada con una sonrisa malévola.
Es tan… similar. Justo como la misma Sakura, durante la guerra, aunque sus ropas están hechas jirones y le falta la banda ninja. Hay heridas en ese cuerpo que reflejan un vapuleo brutal… y es perturbador reconocer que esas heridas se corresponden con sus propias cicatrices.
—Hola, cielo —susurra la otra melifluamente, con la voz de un gato a punto de saltar sobre un ratón. O decidiendo cómo jugar con el roedor. No, Sakura no se fía de ella. Hay algo en esos ojos que es… malvado. No está bien. Son como los de un Uchiha. Apretando los dientes, afirma su postura y acera la mirada—. Sabes, si quieres ponerte en pie, puedes hacerlo. Si de veras quieres acostarte con él, adelante. No se despertará.
Un pulso fieramente acelerado es la única respuesta que el clon recibe. Sakura se ha quedado aturdida ante la elección de palabras. ¿Así es como Sasuke la ve?
—Eres muy estúpida, por cierto —insulta la copia descaradamente, poniendo una mano en la cadera y mirándose las uñas rotas y sangrientas—. No lo entiendes en absoluto. Y tampoco lo hizo el idiota del zorro, aunque al menos él podía pelear. De veras que tienes que intentar ser menos mala, porque a diferencia de él, acabarás hecha pedacitos si Sasuke va a por ti.
Piensa, Sakura. Esta criatura se alimenta del odio, ¿cierto? Es por eso que el comportamiento del clon es tan vil, tan Uchiha: la intensidad de esas emociones la golpeó de lleno antes, aunque no sabe bien cómo. Esta falsa Sakura habla de una… conexión. Una mezcla de su chakra y el de Sasuke. Tiene que ser eso lo que le permite traspasar los instintos shinobi de él, y ver esta aparición tan particular.
Pero, ¿por qué quiere el clon que mate a Sasuke? Aunque no respondiera a la cuestión, es probable que la copia muera si es apartada de su fuente de energía. Su chakra es inquietantemente similar al de Sakura, aunque está falto de las señales vitales que indican vida: la otra Sakura está conectada a Sasuke, así que si él muere, ella también será eliminada.
En lo que dura un parpadeo, la copia está frente a sus ojos, las puntas de sus pies descalzos a cada lado de las piernas de Sasuke. A centímetros de su rostro, el clon gira el cuello en un ángulo imposible, inclinando la cabeza a un lado y sonriendo inocentemente.
—No sabes nada, linda —escupe, aunque no hay aliento en sus palabras. Desde tan cerca, Sakura puede ver que el contorno de la figura está borrosa, como ése genjutsu tan extraño…—. Dime, querida Sakura, ¿qué sabes del amor? —Y tan fácil, se desploma sobre las rodillas de Sasuke, como si él no estuviera ahí en absoluto, o no le importara nada. Si no estuviera hechizada por los movimientos de esos ojos esmeralda, que reflejan los suyos, Sakura querría mirar hacia atrás y asegurarse de que él sigue dormido.
Tiene que ser un sueño… Rápida como el relámpago, el clon le da una bofetada, usando las uñas para dejar marcas carmesí en la mejilla de Sakura. Es tan fuerte que casi hace que se caiga de boca, mas sus instintos le dicen que esta vez, es mejor quedarse quieta. Tal vez es el mismo efecto que sufre un ciervo cuando lo deslumbran los faros de un coche.
—¡Qué mala educación! Te hice una pregunta. —A pesar de su apuro, Sakura fulmina al clon con la mirada; la otra se limita a cubrirse la boca con dos dedos, riéndose en voz baja—. ¿Acaso quieres que lo despierte, para que él te lo diga? Estoy segura de que hay muchas cosas de las que quiere hablar contigo.
Serás hija de… Apretando los dientes aún más, Sakura frunce el ceño y decide que es mejor obedecer. Ni siquiera sabe cómo llegó hasta aquí, o si puede salir. Tal vez esté muerta, después de todo…
—El amor significa que te importa alguien tanto… que harías lo que fuera para mantenerlo a salvo. Lo que sea, para que sonrían. Incluso si significa sacrificar tu propia felicidad —recita Sakura, porque este es un tema muy importante para ella. De todos modos, no es la primera vez que alguien le pregunta al respecto.
Sorprendentemente, el clon asiente con lo que parece ser sincero (aunque condescendiente) acuerdo. Hay algo parecido a una sonrisa lobuna en su rostro, haciendo que Sakura se sienta como si hubiera dado un paso hacia una gran trampa.
—Linda forma de decirlo, pero correcta. ¿Alguna vez has pensado que la palabra odio es sólo un sinónimo de amor? —¿Qué es lo que tratas de hacer…? Suspirando, el clon rueda los ojos—. Mira a los Uchiha. Son el epítome del amor, después de todo. Usa la misma descripción: que alguien, o algo, sea tan importante que harías lo que fuera por él. Y puedes aplicarlo a metas, pasiones, logros… No hay diferencia.
—Eso no tiene sentido alguno —gruñe Sakura, tratando de encontrar un modo de sentarse. Uno que lo ponga tan lejos de Sasuke como sea posible—. El odio sólo causa destrucción… muerte. ¡No sirve para nada bueno! —Sintiendo el impulso de taparse la boca violentamente, la pelirrosa mira a Sasuke, pero él sigue tan ajetreado como un cadáver. Parecería uno, si no fuera por la respiración agitada en su pecho.
Su atención es atrapada por cinco cicatrices casi invisibles bajo su cuello, convergiendo en un punto central, donde su corazón debería estar: arañazos. Los ojos de Sakura se abren sólo lo más mínimo, porque recuerda cómo consiguió él esas marcas. Pero deberían haberse borrado a estas alturas…
Una mano alcanza su barbilla y la fuerza a devolver la mirada al clon, que sonríe con un aire beatífico. Sin embargo, sus ojos están llenos de una emoción que expresa justo lo contrario. En lugar de soltar a Sakura, su agarre se refuerza, uñas hundiéndose en piel como un aviso.
—Es por esto que nunca entenderás —susurra, su tono bajo y su cadencia deliberadamente amenazante—. Amor… odio… da igual la palabra que uses: es el pináculo de la emoción humana. —Sus ojos se iluminan con una luz extraña y salvaje—. Cuando nos importa más que nada… incluso nosotros mismos. Cuando el lazo que sentimos es uno que queremos proteger cueste lo que cueste. Nuestra mayor ambición… y mayor tesoro. Nos hace sentir vivos. No comprendes… que no hay diferencia.
El clon sujeta el kunai (¿cuándo lo cogió?) y hace malabares con su mano libre. Su expresión cambia para mostrar una sonrisa maliciosa, aunque el brillo en sus ojos es difícil de descifrar.
—Quiere que intentes matarlo con tantas ganas —ronronea la aparición, con un tono casi seductivo. Lo cual sólo hace que más alarmas resuenen en la cabeza de Sakura—. Te odia con todas sus fuerzas, chica. No eres rival, ni enemiga… sino un obstáculo en su camino hacia el cielo. Deberías de verlo, es casi adorable de ver, porque simplemente no sabe qué hacer contigo.
Sakura sacude la cabeza, las palabras zumbando en sus oídos; se le arrojan con la precisión de un senbon, y sin embargo su letalidad no viene del odio que contienen, sino de los pensamientos y emociones que despiertan al golpear.
—¿En serio? ¿Tanto te cuesta de creer? —suelta el clon, sus uñas hundiéndose en la carne y liberando sangre—. ¿Por qué crees que te dejó con vida, no una, sino tres veces? —¿Cuándo…? Oh. No, eso fue… ¡eso no era real!—. ¡Tú eres lo que quiere preservar, y por eso te odia! ¡Si no fuera por ti, habría completado su plan hace mucho!
Ahí. La voz del clon cambia de un modo que no debería de ser posible: aguda, pero resonando de forma grave y severa. La verdadera imagen del odio que la compone.
—Dejarte viva fue un acto de piedad… —añade, en un susurro que apenas se escucha—. ¿Es que no comprendes? —canturrea, sus ojos llenos de demencia, forzando el kunai en la mano de Sakura. El clon fuerza a que sus dedos se cierren alrededor del arma, después de soltarle la cara. Como si el agarre nunca hubiera estado ahí—. Matarlo… aunque sea luchar: sólo es un modo de devolver el favor. No te preocupes, estoy aquí para ayudar.
Con eso, un pinchazo de energía atraviesa la mano de Sakura. Como… electricidad. Se queda congelada, escuchando los sonidos que indican que Sasuke ya no está dormido. Sin embargo, su primer acto es gritar; un aullido que hace que ella se encoja. Tanta agonía pura… Una mano se tensa alrededor de la suya, un agarre doloroso del que no puede soltarse.
Peor, él se sienta, haciendo que Sakura caiga sobre su regazo como un saco de patatas sin gracia alguna. Hay una alarma de pánico saltando en la mente de ella, junto a varios regaños por no haber salido de aquí. Sin embargo, su lado más pragmático toma la oportunidad para cerrar sus dedos en torno al kunai y asegurarse de que no es visible.
—¿Dormiste bien? Me aseguré de darte buena compañía. ¡Espero que fuera tan agradable como de costumbre! —canturrea el clon, un poco más lejos de lo que estaba antes. Por algún motivo, Sasuke no ha hecho nada. No se ha movido un solo centímetro, no ha intentado matarla. Simplemente… está ahí, sentado.
Parece darse cuenta de que sus dedos están entumecidos debido a su firme agarre, durante un buen rato. Sakura puede predecir los pensamientos que van atados a esta comprensión: Sasuke está sujetando una mano. Sospechando una trampa, pero incapaz de notar el peso sobre su cuerpo.
Este silencio podría hacer que cualquiera se volviera loco, aunque la verdad es que no parece ser que nadie en esta habitación esté cuerdo del todo. Sólo entonces, Sakura nota el pequeño detalle de que no hay una sola fuente de luz. Y sin embargo, puede ver con tanta facilidad como si fuera de día. Sólo han pasado unos pocos segundos, pero se siente como una eternidad.
—¿Qué me has hecho? —Una mano invisible se cierra en torno al corazón de la pelirrosa, cuando oye esa voz. Y a esta señal, reacciona; sus instintos le dicen que tiene tiene que correr tan rápido como le sea humanamente posible.
Rápidamente, trata de enterrar el kunai en la mano de Sasuke y salta hacia atrás, pero él no la suelta. De hecho, la hoja atraviesa piel y hueso, hundiéndose inocentemente en el colchón. Sin tiempo para pensar qué diablos podría hacer que eso pasa; todavía con tanto estilo como un saco de patatas, Sakura trata de saltar hacia atrás de todos modos.
El resultado es una caída torpe sobre el suelo de madera, pues no tiene tiempo de reajustar su cuerpo para la caída. Él se vuelve hacia ella, aunque esos ojos siguen siendo oscuros y ciegos. En un instante, cambian a dos colores chocantes, y con sus propia mirada centrada en ellos, Sakura siente que traen de vuelta demasiadas malditas memorias.
El clon musita algo, la expresión de Sasuke cambia a sorpresa por un breve instante… y trata de alcanzarla. Sin embargo, todo lo que ella puede ver son esos ojos… pozos sin fondo, llenos de color, demasiado brillantes. Hacen que todo lo demás se desvanezca, y así de fácil, tan pronto como él parpadea, ella se pierde en la oscuridad de nuevo.
El vacío la devora en un instante, como si hubiera sido retenido, esperando al momento para lograr atraparla y destruirla… Pero las memorias, sensaciones y emociones siguen siendo demasiado intensas en su mente. Esta vez, no puede simplemente olvidar; no puede morir, así como así.
Una habitación borrosa aparece ante sus ojos, salpicada por lo que tiene que ser demasiada sangre...
Nota: este fue un capítulo divertido de escribir y traducir. Y ya casi hemos llegado a tres cifras de comentarios... os agradezco mucho todo el apoyo mostrado y espero no decepcionaros en el futuro :)
Miharu: siempre es así con esta historia, ¿cierto? Gracias por el comentario.
jazsmith: algo así traté de mostrar con el capítulo. Gracias por comentar.
