Desenmascarada - Parte 4: Reunión - Capítulo 28: Detrás del Fuego

El valor no consiste en caminar un sendero difícil, sino dar un paso en la oscuridad.


Hinashi Hyūga: un hombre que ha pasado casi setenta años trabajando para construir una familia. Cuyos sueños fueron hechos pedazos por fuerzas mucho mayores de lo que jamás podría haber anticipado; ni naturales, ni divinas. Meramente humanas, y sin embargo devastadoras, imparables.

Es un conservador, sí; pero le importa. Le importó tanto. Severo, callado; una presencia siempre tangible para los que necesitaban un apoyo. Incluso al enfrentarse a toda esta destrucción, se negó a dejar que su dolor lo dominara. Sasuke debe de admitir para sí mismo que respeta esa voluntad férrea, incluso si significa que chocan más a menudo que nada.

Después de todo, Hanabi sigue siendo su prisionera. Rumores sobre manipulación, sobre sellos horribles, sobre control; en realidad, el Hokage es perfectamente consciente de que su posición dominante se le está escapando entre los dedos. Es difícil mantenerla, tras todas las veces en que ha perdido la compostura. Tal vez la mayoría de Konoha no ha oído nada de ellas, pero Hanabi las ha visto personalmente. Sufrido dichos momentos, también… y sabe bien el destrozo que dejan tras de sí.

Es imposible mantener una máscara de fuerza, cuando alguien puede ver tan fácilmente la realidad caótica que hay detrás. Itachi era mejor, ¿verdad que lo era? Sasuke sacude la cabeza ligeramente, como si tratase de deshacerse de esos pensamientos.

—¿Cómo sabemos que los otros prisioneros siguen vivos, lord Hokage? —repite Hinashi. Sasuke es consciente de que esta tiene que ser al menos la segunda vez que el hombre dice esas palabras: ha perdido el hilo de la conversación. Otra vez. Esto se está escapando a mi control—. Habrá un levantamiento si no hay confirmación de su estatus.

¿Qué pasa, es que no creen en las palabras de su querido líder? Los susurros venenosos se hacen eco dentro de su cabeza, y Sasuke está seguro de que pronto tendrá uno de sus muy frecuentes dolores de cabeza. Es difícil centrarse en una única voz… puede oír tantas…

Sasuke se da cuenta de que Hanabi se está moviendo en su asiento, incómoda; siempre la trae consigo. Razones, razones… es una burla, una advertencia. Un mensaje de que sigue manteniendo a Konoha agarrada por el cuello. Y no pueden tocarlo, ni a ella. Sí. Eso tiene sentido. Pero, ¿por qué está tan perturbada? Apenas deja a un lado su actitud serena, a menos que algo ande muy mal.

—No tengo necesidad de mostrarte lo que ya he dicho que es cierto. —Sasuke se fuerza a escupir las palabras ensayadas, diciéndolas con fluidez. Por dentro, todo está ardiendo, y él grita. Por fuera, se mantiene quieto, inclinando la cabeza hacia un lado con un toque de arrogancia—. Tú y tu gente me escucharéis.

Hanabi respinga esta vez, cuando Sasuke proyecta un aura amenazante en torno así. Es casi visible: oscuridad, escapándose de su cuerpo en oleadas, envolviendo su cuerpo con promesas de muerte gélidas. Puede sentir manos rozando su piel, arañando, hundiéndose a través de la carne-

¡Sasuke! —Él cae hacia adelante, sus codos chocando contra la mesa y sus manos cubriendo los ojos sangrantes. Los llantos distantes se desvanecen en la nada; de pronto, todo está muy callado. Algo está retorciéndose bajo su piel. ¿Se han metido debajo…? Tal vez ya estaban ahí para empezar. ¿Debería rascar y sacarlos? Pero si están dentro, va a necesitar-

—¡Lord Hokage, pare, por favor! —Un par de manos se cierran en torno a su muñeca, manteniendo sujeta la mano que sostiene un kunai. Sasuke parpadea; Hanabi no es lo suficientemente fuerte, pero aún así es sorprendentemente para alguien de su edad y constitución.

Los dedos del Uchiha se cierran en torno al espacio vacío, torpemente. No hay kunai. Sólo sangre y piel bajo sus uñas, lágrimas carmesí cayendo sobre la mesa, Tembloroso, Sasuke aparta las manos lejos de su rostro: si no hubiera cerrado los ojos, se habría arrancado los ojos.

El olor persistente y nauseabundo de la muerte inunda sus sentidos en ese momento. Sangre, desparramada sobre la mesa como el cuadro de un loco. Un cuerpo, desplomado en el lado opuesto de la mesa. Pelo gris, ropas claras. Una rata que siente su mirada cayéndole encima, y huyendo. Nada más: sólo un silencio ensordecedor.

—Hanabi —musita, temiendo lo peor. Los muros de la sala están sangrando con carmesí y tinta negra, derritiéndose y cayendo al suelo, acumulándose junto al resto de la sangre. La chica suelta un pequeño gritito, pero mira en su dirección—. ¿Qué he estado haciendo durante los últimos veinte minutos?

—...Hemos estado aquí durante dos horas, lord Hokage. —Eso explica por qué faltan algunos pedazos de carne, en ese cuerpo… Hanabi se mantiene en silencio durante largo tiempo, y se niega a mirarlo a los ojos cuando Sasuke dirige la mirada hacia ella. Está sentada junto a él, y se revuelve en el sitio, incómoda. Al fin, prosigue—: hablabais, como si hubiera alguien más aquí.

Sasuke no cuestiona por qué ella se limitó a obedecer: ha sido inculcado en cada fibra de sus huesos. Miedo y respeto a la autoridad, demasiado fuertes incluso cuando es obvio que apenas puede evitar vomitar.

—Volvamos a casa. Ya he visto suficiente. —Y tú también. Pero no lo dice.

Hanabi asiente, y lo sigue hacia la salida. La chica no dice cómo murió el hombre; Sasuke ya sabe quién lo mató Hanabi no quiere describirlo. Pero Sasuke apenas puede recordar cuándo sucedió… sabe que estaba ahí por alguna razón: ¿discutir algo sobre prisioneros, quizá? Y en el lapso de los dos momentos de pensamiento consciente, Hinashi murió.

De un modo extraño, sólo ella sabe qué pasó. ¿Cuál 'ella'?

No hay nadie fuera. Mucha gente huyó de Konoha… aunque no está seguro de si eso es sólo porque tratan de evitarlo. ¿Han estado escapando, o es sólo que se esconden de la vista? Ambos, es cierto. Muchos edificios tienen aspecto decrépito, casi abandonado, pero sus prodigiosos ojos pueden sentir las presencias, escondidas en algún lugar lejos de él. La aldea está sucumbiendo a la decadencia; su antigua gloria, totalmente desaparecida.

Sasuke sabe que ha perdido una gran parte de sus fuerzas. El miedo acabó por espantar a muchos de los shinobi, lo suficiente como para escapar o amotinarse; sin ellos para mantener guardia, los civiles pronto los siguieron. Sólo quedan aquéllos que son estúpidamente fieles a la Voluntad de Fuego, o son incapaces de huir. Konoha estuvo cerca, tan cerca, de convertirse en una fuerza dominante de las Naciones Elementales… pero todo eso se desvaneció como si fuera humo. El Uchiha lo sabe bien: el control se le escapó entre los dedos.

Después de todo, ¿cómo sería capaz de dominar medio continente, siéndole imposible mantener su propia mente bajo control? Al final, no era importante… si surge algún problema, puede lidiar con él personalmente. Sigue teniendo control del Sonido. Sí, si hiciera falta, pueden ayudar con Konoha.

La mayoría de los shinobi más poderosos que quedan, son aquellos a los que robó los niños. Era un plan bueno, definitivamente. Si encontrase una manera de imponer el mismo miedo en los otros, lo suficiente como para forzarlos a someterse pero sin hacerlos huir…

Sasuke se pregunta si Hanabi sigue viva. Si ninguna de esas personas sigue viva… si es real. Se ha vuelto incapaz de distinguir. Incluso si no han muerto, un día podría despertarse y todo podría haber desaparecido. El clon se turna entre empujarlo hacia una meta definitiva y tratar de tumbar cada uno de sus éxitos.

¿Cómo podría él saberlo, separar lo real de lo falso, tanto en sus metas como la situación corriente?

No puedes.

—Gracias —musita, muy consciente de que está hablando sólo a causa de la desesperación. Porque podría despertarse y Hanabi podría haberse desvanecido para siempre. Una parte de él, pequeña y asustada, ha decidido que vale la pena decirlo, aunque sea porque podría ser demasiado tarde. Y si ya lo es, da igual.

Ella no dice nada, asintiendo con un ligero sonrojo en las mejillas. Es por eso que sabe que es ella de verdad: ninguna de las ilusiones es perfecta. Tiene que ser ella. Sasuke casi suspira de alivio, y sus preocupaciones respecto a mencionar las palabras de una forma tan extraña quedan olvidadas.

Por una vez, no fue demasiado tarde.


Sakura echa un vistazo a los garabatos de su pergamino, y luego alza la mirada de nuevo a la babosa gigante que, a su vez, parece estar observándola con seis ojos curiosos. La atención de la chica danza de uno al otro unas pocas veces más, hasta que la pelirrosa acaba por sacudir la cabeza.

—Nop, pero casi —decide, haciendo una pequeña reverencia hacia la babosa y luego rodeándola. Una de las antenas de la criatura se estremece ligeramente, y la babosa agacha la cabeza ligeramente, como si hubiera dado su propia respuesta al gesto de despedida. Es más alta que dos hombres, de color rojizo y cubierta con espinas blanduchas. El bosque a su alrededor está lleno de todo tipo de vida, los cantos de los pájaros y criaturas inidentificables mezclándose como si encajaran perfectamente.

El Bosque Shikkotsu, según lo que sabe Sakura, está en algún lugar más allá de los bordes occidentales del País del Fuego. Takigakure es la aldea más cercana, y todavía harían falta varios días para llegar… si conociera el camino correcto. Su pequeño grupo, menos Maru, ha estado viajando hacia el interior del país durante más o menos una semana: habrían tardado menos si hubieran podido pasar por Konoha, pero ese es un riesgo que no pueden permitirse.

La chica ha oído las noticias de una alianza con Otogakure y el Kazekage, lo cual dibuja una línea entre ella y el otro lado del continente. Aunque no quiere pasar por cerca del Sonido, hay mucho más bosque para usar como cubierta en el lado norte de Konoha. Los ninjas del Sonido podrían tener técnicas capaces de localizarlos a través del aire, pero sigue siendo mejor que el terreno abierto del desierto.

Hay extrañas criaturas merodeando los profundos bosques, algunas de ellas creídas extintas durante siglos; y Sakura sabe que entre ellas están las babosas que vienen de Shikkotsu. Caminar hasta cada especie y tratar de comunicarse con las que son inteligentes es una tarea complicada… a veces, desagradable. Algunas de esas cosas devoran humanos, pero por suerte, la mayoría son sólo seres sin inteligencia.

—Deberíamos reunirnos con el resto —comenta Tenten, sacándola de sus pensamientos sobre los cientos de tipos de babosas. La chica morena ha aprendido a hablar en voz baja, con pocas palabras, mas sin embargo es fácil de identificar y entender. Y tiene razón, también: Shibuki y su equipo de reconocimiento deberían de estar alcanzando Takigakure a estas alturas.

Sakura asiente, sabiendo que todavía les quedan varias horas de camino hasta poder reunirse con ellos. El plan era infiltrar pequeños grupos de gente a través de rutas distintas, lo suficiente como para mandar mensajes, pero no causar alarma en las patrullas. Y como descubrieron, hay mucha gente moviéndose entre lo que queda de las grandes aldeas. Apenas hay control, excepto en Iwagakure, y nadie prestó atención a más grupos de refugiados.

No hay información respecto a Konoha, tampoco. Hay un vacío de información en torno a la aldea, y no puede evitar pensar… si de algún modo, a pesar de todo, están bien.

La pelirrosa sacude la cabeza vigorosamente, frunciendo el ceño. No vale la pena preocuparse.

No puedo hacer nada al respecto. Todavía no.


—¡Kurenai! —Lee pone mucho entusiasmo a todo, incluyendo su saludo de un solo brazo y sus palabras, atrayendo la atención del resto de su grupo. Sakura aparta la mirada del suelo y la dirige hacia él, y de ahí sus ojos se mueven hacia la mujer a la que se refiere. Es definitivamente ella, con esos extraños ojos rojos y una figura linda, proyectando un aura cansada, pero firme.

Ya ha visto a algunas personas reconocibles de la Alianza, pero encontrarse a alguien que es de casa y probablemente ha visto tanto… hace que su corazón se acelere en una carrera alocada. Los ojos de Kurenai se entornan cuando los mira, pero los reconoce casi de inmediato; entre la apariencia inusual de Lee y el pelo extraño de Sakura, la kunoichi sólo tarda un segundo en poner nombres para sus rostros.

Un joven adolescente los mira con mucha más confianza y bravuconería que Kurenai; Sakura reconoce a Konohamaru, quien sujeta a una niña pequeña. Kurenai parece haber estado hacer un trueque para conseguir comida, porque se aleja de un molesto vendedor para saludarlos debidamente. Las calles de Takigakure están llenas de extraños, lo que hace que la pelirrosa esté constantemente alerta, pero Shibuki ya ha determinado que están más o menos seguros por ahora. Tienen que ser discretos, dijo él, y mientras lo hagan no habrá problemas.

En menos de tres minutos queda claro que no van a poder ponerse al día como es debido, así que se abren paso a través de las calles y hacia los callejones menos frecuentados. Se detienen cerca del bosque, sentándose en un par de bancos de madera y continuando su charla.

Pasan dos horas, llenas de todo tipo de emociones y con mucho más dolor de lo que cualquiera de ellos querría admitir.

—Sasuke Uchiha se ha vuelto loco —informa Kurenai simplemente, manteniendo a Mirai cerca de sí y posando los ojos sobre Lee, sólo por un breve instante—. Pero eso no es nada nuevo para vosotros. Sólo oímos los rumores de lo que pasó durante la guerra. He asumido durante mucho que los estudiantes de Asuma también perecieron —añade, sus palabras resignadas y sin embargo, llenas de peso.

La esperanza no es una cosa liberadora cuando se lleva en el corazón, y muchos ni siquiera se atreverían a permitirla en sus almas. Sakura niega con la cabeza ligeramente, decidiendo que es su responsabilidad dar la respuesta.

—No sé nada de Shikamaru y Chōji, pero Ino ha muerto. —Sakura baja la mirada, recordando la voz de su mejor amiga, haciéndose eco en su mente. No te entristezcas por nuestras muertes, recuerda lo bueno de cuando estábamos vivos. Esta guerra- no puedes dejarte caer, o nos perderemos para siempre.

—Perdimos a Shikamaru cerca de Engetsu —admite Lee, tras una breve mirada con Tenten. Parece estar mejorando en la tarea de entender lo que la chica quiere decir, pero no puede articular sin esfuerzo—. Nos ayudó a ganar tiempo, pero le costó mucho…

Sus palabras se deshacen en un susurro, y nadie le pide que prosiga. No hay nada más que pueda ser dicho. Kurenai suspira, asintiendo para sí misma como si esto fuera algo para lo cuál se preparó durante mucho tiempo. Sabía que estaban muertos. Pero todavía mantuvo la esperanza… Sakura siente respeto por la maestra de los genjutsu, por poseer la fuerza para hacer eso. Konohamaru, por su parte, se niega a alejarse de la discusión: incluso si sigue siendo un criajo, hay un brillo acerado en sus ojos.

—Es bueno saber que no todo está perdido —comenta Kurenai, mirándolos con una mezcla de felicidad y tristeza. Sólo Lee tiene la vivacidad suficiente como para responderle con una de sus deslumbrantes sonrisas. La mujer acaba por sonreír un poco en respuesta, y luego asiente otra vez—. Huímos de Konoha hace un mes, después de que los ninja del Sonido empezaron a tomar parte en las patrullas. Esa gente es más peligro que ayuda.

—¿Shinobi del Sonido, en Konoha? —Sakura niega con la cabeza, como si eso pudiera quitarle de encima la incrédula sorpresa—. ¿Qué pasó con nuestra gente? —¿Los mató a ellos también? ¿Fueron demasiado rebeldes… o sólo estaban en su camino?

—Ellos también escaparon. Nadie quiere estar a la merced de los caprichos de un loco. —Kurenai se sienta un poco más recta, como si se estuviera preparando para hacer algo difícil—. Hubo mucha oposición, y al final, nuestra gente cayó bajo la presión… Una vez vieron que, sin importar lo que hicieran, sus familias no estarían a salvo.

Y entonces, relata la historia que suena más a un cuento de terror: el Hokage subyugó a todos a base de puro poder y miedo. Cuando eso no fue suficiente, empezaron los raptos. Niños, en su mayoría; pero algunos de los líderes de la oposición desaparecieron sin dejar rastro.

—Se perdió en su locura —prosigue Kurenai—. Hablándose a sí mismo, de pronto soltando instinto asesino y un aura oscura, corrupta… Empezó a desatar su ira sobre los desgraciados que tenían la mala fortuna de interrumpirlo en un mal momento. Gritando día y noche, siempre donde no podíamos verlo; nadie dijo nada, porque nunca había supervivientes. Para cuando me fui, había muchos rumores terribles sobre lo que estaba haciendo con esos niños.

"Lo ven como una persona tan horrible como Orochimaru," Sakura comprende. Aliado con el Sonido, y conocido como el aprendiz del mismo Sannin. "Un loco corrompido por el poder que posee…"

En un instante, recuerda la mirada que le dirigió antes de dejarla atrás, en la extraña mezcla de sus paisajes mentales. No se volvió, pero sus ojos se encontraron por un momento. No era una mirada gélida, ni llena de locura. Casi parecía… normal.

—No creo que los rumores sean ciertos —interviene Sakura, sin mirar a nadie en particular—. Si dice que los está manteniendo prisioneros como método de control, entonces es eso lo que está haciendo. Probablemente quiso causar este miedo en la gente desde el principio. No tendría que levantar un dedo para lograrlo.

La chica sabe que hay cuatro pares de ojos posados en su rostro, mas la pelirrosa se obliga a centrarse sólo en los de Kurenai, cuyos párpados están peligrosamente entornados. ¿Quién eres tú para defenderlo? Sakura quiere decir que sabe muy bien lo que pasa por la cabeza de Sasuke, pero eso no es exactamente correcto. Y sin embargo, está segura de que sabe más que la mayoría. ¡Incluso ha visto algunas de las cosas de las que Kurenai está hablando!

¿Por qué me estoy poniendo de su parte? Sakura casi se tapa la boca con la mano, dándose cuenta de que, una vez más, ha saltado a la defensa de Sasuke sin considerar nada más. Qué comportamiento tan estúpido, impulsivo… La ira de Kurenai desaparece tras algunos momentos, sin embargo, aunque aún queda el rastro de una mueca en su rostro.

—Veo que algunas cosas no han cambiado —musita.

Sakura quiere decir que sí han cambiado: porque si todo fuera como antes, probablemente no sería capaz de pensar en Sasuke en absoluto. Justo como pasaba en las semanas tras la masacre. A decir verdad, no hay nada más que pueda decir; la idea de defenderlo más hace que se sienta enferma, a pesar de que no se siente como algo malo. De un modo u otro, la pelirrosa no sería capaz de sacar sus mejores argumentos sin mencionar la conexión que comparten.

Y no puede ver cómo la explicación de eso puede hacer nada bueno. Lee y Tenten la miran, porque hasta cierto punto saben de la existencia del Ningyo, pero Sakura se limita a negar con la cabeza ligeramente.

—No importa. Vamos a luchar contra él. —Esas palabras producen una reacción mejor por parte de Kurenai y Konohamaru: sorpresa y, en el caso de este último, una mirada fiera que promete todo tipo de problemas a sus enemigos—. Debe de pagar por sus crímenes… y no podemos dejarle destruir nuestro hogar —añade, sintiendo una mezcla de coraje y nerviosismo súbitos. ¡No había esperado que sonara tan ominoso! Pero no va a malgastar la oportunidad de hacer que parezca un discurso verdaderamente motivacional—. Estamos aquí porque buscamos el Bosque Shikkotsu, donde debería de ser capaz de obtener ayuda de Katsuyu, mi babosa por invocación.

—No planearás luchar contra él de frente, ¿verdad? —inquiere Kurenai, incredulidad reflejada en su rostro. Y quizá algo de admiración. Todos esos meses de desesperación deben de haberle robado la llama de la esperanza, como para que se sienta impresionada por unas palabras tan tontas.

—Esa es la idea, de hecho —insiste Tenten, frotándose la garganta de puro hábito—. Nosotros, y cualquiera que esté dispuesto a unirse a la causa.

—Es probable que nadie sea capaz de ganarle en duelo, pero… juntos, somos más cerebros, chakra y habilidad —continúa Sakura—. Mucha gente está asustada o traumatizada, pero algunos de ellos arden con determinación, venganza, coraje. Podemos usar un poco de eso, y crear otro ejército.

Ella sabe bien lo que está pensando todo el mundo: la antigua Alianza no fue capaz de pararle los pies a Sasuke. Miles murieron en las luchas originales, y la mayoría de los supervivientes fueron asesinados por él. Una gran cantidad de los maestros de las artes shinobi han desaparecido o están muertos. Apenas queda organización alguna entre los restos del mundo ninja.

Sin embargo, estaban agotados. Pillados por sorpresa, entrando en pánico en medio del caos que el ataque súbito provocó. Tal vez, con un plan, podrían ser capaces de detenerlo. Tiene que ser detenido, sin importar lo que cueste…

—No quiero vivir en un mundo donde él es el Hokage —musita Sakura, sus manos cerrándose hasta formar apretados puños—. No puedo descansar mientras esté gobernando sobre nosotros. Y si me cuesta la vida, que así sea. Se llevó todo lo demás: no tengo nada más que este deseo.

Con todos los ojos posados sobre ella, Sakura siente el peso dentro de su alma. Sería un insulto al honor de los muertos, el hacer nada. A la memoria del Sasuke que antes vivía fuera de la oscuridad. Por ellos, tiene que intentarlo, a pesar de que parezca imposible. Dentro de su mente, puede sentir un tironcito: Naruto, animándola. Sakura sabe que esta es la elección correcta.

—...Supongo que algunas cosas sí que han cambiado —admite Kurenai, sonriendo a su pesar—. Soy una luchadora capaz, pero me temo que debo cuidar de mi hija. Sin embargo, podéis contar conmigo si necesitáis ayuda con genjutsu. Haré lo que pueda para luchar por la Hoja.

—¡Y tanto que sí! —exclama Konohamaru, poniéndose en pie sobre su banco y alzando un puño—. ¡Sólo dime a quién tengo que patearle el culo! —Suspirando, Kurenai le golpea la parte de atrás de las rodillas, haciéndolo caer al suelo de cabeza. La mujer lo agarra por la parte de atrás de la camisa y estira de él hasta empujarlo de nuevo a su sitio, su desaprobación dejándolo quieto en el sitio, antes de que se atreva a protestar—. ¡Eres peor que Ebisu! —gruñe el chico.

Por un momento, Sakura se pregunta dónde está Ebisu. Y luego decide que es mejor no saberlo.


El atardecer está cayendo sobre ellos cuando la figura gigantesca de Isobu aparece en un lago cerca de Takigakure. Shibuki se mantiene alerta, junto a una gran cantidad de maestros de los sellos y un Sabio malencarado. Lo suficientemente lejos; si la gran bestia se vuelve contra ellos, no será capaz de atacar la aldea directamente.

Sakura casi puede sentir su miedo en el aire, y se pregunta si Isobu también puede. Está sentada en la orilla, junto a Tenten; la chica morena está lista para utilizar su Tesoro Sagrado para sellar al Tres-Colas si éste se vuelve loco. No sorprendería a nadie, pero la pelirrosa ruega para que las cosas salgan a mejor, incluso si están preparados para lo peor.

"Considerando cómo pasa el tiempo para vosotros, había empezado a pensar que me habíais olvidado," comenta la gran voz, casi con un retazo de diversión. Sakura puede sentir la presencia expandiéndose a través del agua, usando el chakra sangrante como medio de transmisión.

Es mucho más gentil que la primera vez, pero sigue haciendo que se sienta ligeramente asfixiada, de un modo que es mitad espiritual y mitad físico. Las líneas del Ningyo se vuelven puro negro en contraste con su piel.

—Gracias —musita la chica, habiendo temido que sería tan malo como la última vez.

¿Es eso una risa?

"Sólo porque somos antiguos y enormes comparados contigo, no significa que no podemos ser delicados, igual que vosotros." Hay algo en la manera en que Isobu habla que le da la impresión de una personalidad tímida, la de alguien a quien no le importaría hablar, si no fuera tan extraño para el Tres-Colas. Casi… cuidadosamente, lo cual es una impresión extraña a recibir de una Bestia con Cola.

—Esto es… extraño —admite Sakura, sonriendo a pesar de sí misma. Aunque, considerando las cosas que vio durante la guerra, esto es probablemente normal en comparación.

"Esta gente va a arreglarte," interviene Tenten, su voz sorprendiendo a Sakura ligeramente. Aunque tiene sentido que estén conectadas en cierto modo. "No te preocupes," añade tardíamente, y Sakura puede prácticamente sentir su mueca, como si supiera lo extrañas que sus palabras suenan en esta situación.

El sol ya ha caído más allá del horizonte para cuando el procedimiento acaba. Hace falta un trabajo muy complicado con chakra para arreglar las fisuras en el sistema de Isobu, pero un poco de energía natural y fūinjutsu consiguen hacer el trabajo tras muchas largas horas de trabajo.

Sakura se sorprende al darse cuenta de que Isobu está incluso nervioso a causa de todo esto: es probablemente consciente de la posición vulnerable en que "él" está, a manos de humanos, y todavía inseguro sobre si debería confiar en ellos. Asustado, quizás.

"La criatura que me atacó perforó mis reservas de chakra, cortó las uniones…" describe el Tres-Colas, acompañando las palabras con una compleja imagen de las muchas conexiones que componen su mente y cuerpo. "Es más antiguo que yo o el resto de los míos, y nunca antes habíamos sido amenazados por la verdadera muerte. Pude sentir… que mi consciencia se desvanecía."

Un destello de simpatía hace que a Sakura le duela el corazón: tras milenios de ser una presencia constantemente existente, ya fuera coalescida o no, la idea de perder la consciencia debió haber sido aterradora. Aprieta los labios, tratando de suprimir la expresión de las emociones, pero no ayuda mucho.

"No deberías avergonzarte," comenta Isobu, haciendo que se sonroje ligeramente. "Puedo sentir cada molécula de tu cuerpo, cada chispazo de chakra que tu espíritu emite. Y no creo que sea algo de lo que avergonzarse."

Sakura trata de esconderse, inútilmente, donde sea. Tenten se ríe, sintiendo su agitación claramente. El sonrojo se extiende, eso puede sentirlo por el calor cosquilleante que cada poro de su cara y cuello parece estar emitiendo. El agua fría no ayuda en absoluto.

Por suerte, el momento se acaba pronto: el sistema de chakra de Isobu ha sido finalmente arreglado. La pelirrosa se pregunta cómo se siente, el tener la red espiritual de uno invadida de forma tan íntima…

"Recordaré lo que hicisteis por mí, Sakura, Tenten." Isobu no malgasta mucho tiempo en una despedida, retrayendo la mayoría de su chakra del agua y se hunde en el abismo oscuro del lago. Todo el mundo contiene la respiración, casi esperando un súbito ataque del Tres-Colas en el último momento.

Sin embargo, la figura de Isobu se limita a desvanecerse a través de un portal submarino, dejando detrás de sí un lago sereno y silencioso.


Nota: a decir verdad, no pensé que tendría tiempo de traducir este cap para esta actualización... pero me equivoqué. Y por eso, creo que voy a reanudar las actualizaciones semanales otra vez :)

Espero que hayáis disfrutado de la no-tan-actualización, ¡nos leemos!

Blu.