Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de Masashi Kishimoto.


—Antes de morir, quisiera tener una gran fiesta.

Tenten soñaba despierta mientras miraba la calle transitada fuera de la tienda de armas. Su nueva ayudante limpiaba espadas con precisión, con una sonrisa rebosante de nostalgia. Hacía varios días que Tenten había colgado un aviso en el periódico, solicitando un aprendiz. Cuando Ino la interrogó, dijo con simpleza que quería heredar su negocio en caso de fallecer antes de lo previsto. Sakura le había hecho un examen médico a regañadientes de la castaña, y —aunque no le había dado una fecha precisa— le dio a entender que si no iniciaba tratamiento, en unos meses su salud se deterioraría a niveles enormes. Tora al frente de la tienda jugaba con otro perro y perseguían a las palomas que bajaban a comer migas de pan, dejadas por el negocio de repostería del otro lado de la calle.

—¿Con mucha bebida y comida? Apuesto que podría hacerlo en la plaza. Todos irían gustosos. Después de todo, usted también es una heroína de guerra, Tenten-san.

—¿Qué dices, Moegi? Si van, será porque Naruto estaría ahí. No por mí, te lo aseguro.

—Usted también es una leyenda. Todos quieren comprar aquí, aunque últimamente la demanda de ninjas y de armas es menor. Antes de la guerra todo era diferente.

—La paz es mejor, ¿eh? A pesar de todo…

Moegi no contestó, suspiró y siguió en lo suyo.

Hinata y Kiba se preparaban para partir. El viejo Akamaru lanzaba pequeños gemidos de dolor al ver a su compañero preparando a otro canino para la misión.

—Eh, Akamaru, quisiera llevarte, pero… No quiero que te pongas malo. Además, te quedarás con Tamaki, tienes que cuidar a los cachorros. Sólo será un par de días, ¿sí?

Akamaru frotó su cráneo contra el estómago de Kiba, sollozando por no poder acompañarlo. Sin embargo, era ya viejo para salir de misión, Kiba no quería arriesgarse a que lo lastimaran en el camino. Tamaki acarició al canino, intentando consolarlo.

—Llegaremos pronto, ¿está bien? Cuida de Konoha mientras no estamos —indicó Hinata dándole un pedazo de galleta suave.

Shikamaru les observaba con las manos en los bolsillos, con una sonrisa culpable.

—Lo siento, Akamaru. Para la siguiente ocasión, mandaremos a Kiba a una misión más tranquila y lo podrás acompañar. Por ahora necesitamos rapidez, y no queremos que te lastimes fuera, el tiempo te ha pasado factura y ya no eres más un cachorro.

El can se sentó, entre resignado y triste. Kiba le abrazó por última vez antes de tomar el pergamino que contenía su misión.

—Entonces esta mujer nos puede ayudar, ¿eh?

—Espero que nos dé las respuestas que buscamos. La decisión que Tenten tomó es a causa de lo que sucedió en la cámara de venenos —respondió Hinata mirando sobre el hombro de Kiba las instrucciones.

—Bien, hasta luego.

Después de que Kiba se despidiera de su esposa, los ninjas se marcharon, y Akamaru decidió visitar a su viejo amigo Tora.

A media tarde, Sasuke se presentó a la tienda de armas. Tenten parpadeó creyendo tener una alucinación; después de todo, el moreno no solía visitarla a menos de que fuera a salir bastante tiempo a alguna misión, y sabía por medio de Sakura que él no tenía planes de abandonar Konoha.

—Hola, Sasuke.

Uchiha no respondió, observando brevemente a Moegi, y después con más interés el arma que estaba limpiando. Después de varios segundos, dirigió su atención a la castaña, aún incrédula por su presencia en la tienda.

—Requerimos tu presencia en la academia.

Al ver que Sasuke no agregaría nada más, Tenten asintió y salió detrás del mostrador, pidiéndole a la joven que cuidara el negocio. Al salir, Tora decidió seguirlos con el rabo moviéndose de un lado al otro. A mitad del camino, Akamaru se unió al grupo, lanzando gruñidos y comunicándose con el otro canino.

Tenten no entendía lo que pasaba, y al ser Sasuke tan taciturno, tampoco se le ocurrió preguntar. Sabía que Naruto le explicaría en cuanto llegaran a la academia, así que decidió no preocuparse. Un par de veces Shino le había solicitado su ayuda para los entrenamientos de tiro al blanco. Podría tratarse de eso. Sin embargo, no se esperó al llegar que hubiera tantos alumnos y profesores sentados en bancas frente a un escenario donde Shino, Naruto y Shikamaru esperaban aparentemente su llegada.

—¿Qué rayos…?

—¡Eh, Tenten! Al fin. Qué bueno que aceptaste, dattebayo, me has salvado de una. ¿Ves, Shikamaru? Todo saldrá bien.

—¿De qué hablas? —preguntó entrando en pánico, frente a ella, los alumnos y profesores esperaban algún tipo de evento, hablando entre ellos con entusiasmo.

—¿Qué? ¿Acaso este bastardo no te lo dijo? Necesito que des un discurso sobre ser ninja. Olvidé decírtelo, se supone que debía avisarles a todos desde hace meses, 'ttebayo, pero he estado lleno de ocupaciones y, bueno, tú sabes —dijo el rubio sobándose la cabeza—. Sakura-chan vendrá después de su turno en el hospital, Sai está preparando una clase de demostración y Chouji dijo que en vez de decir algunas palabras, nos invitaría a todos el ramen después del programa. ¡Por favor! Acepta.

La mujer se sobó las sienes, intentando no golpear al Hokage frente a todos. Asintió con la cabeza rendida ante la petición, y se cruzó de brazos, esperando decir algo realmente bueno para que no la abuchearan. Después de organizarse y de que Naruto se abrazara a las piernas de Sasuke —esperando que aceptara hacer «el jutsu en conjunto más increíble del puto mundo» y que éste se negara—, Shino abrió el evento. Los niños aplaudían, algunos jóvenes lloraban emocionados y otros jounin sonreían y voceaban el nombre de Naruto y Sasuke. Tenten miraba incrédula cómo alguna que otra persona se desmayaba de la excitación. Agradeció haberse aplicado maquillaje esa mañana, de lo contrario los niños se asustarían al ver sus ojeras y su aspecto enfermizo.

—Prácticamente sólo les importan ellos dos. Estarán esperando a que nosotros acabemos con nuestra verborrea. ¿Por qué tenemos que hablar, Shikamaru?

—Ah, es problemático.

Shino comenzó hablando sobre la paz que había adquirido el mundo luego de la guerra, de cómo las nuevas generaciones crecerían sin las tensiones políticas entre naciones, a pesar de que aún habían desacuerdos y peleaban día a día contra las actitudes reacias al cambio. Habló sobre cómo dentro de poco tiempo Konoha conocería la verdadera paz y acabarían los tiempos violentos. Un futuro que todos deberían construir desde cero. Al terminar con sus palabras, recibió aplausos inconformes, con algunos jóvenes intranquilos ante la visión de Shino. Tenten oía murmullos asustados, preguntaban qué pasaría con los ninjas cuando estos fuesen obsoletos. ¿Dónde quedaría su honor, su gloria?

La mujer se levantó y caminó al centro, enfadada de pronto.

—No sé por qué mierda alguien quiere ser ninja.

Al escuchar la frase, muchos lanzaron pequeños gritos de indignación. El grupo en el escenario también se sorprendió, incluido Sasuke.

—¿Saben? Este oficio es horrendo. Entrenas todos los días para volverte más fuerte, para proteger a Konoha. Y al final, el honor, la gloria… —se rió, irónica—. Todo lo que tiene un ninja, incluida la dignidad, no sirve de nada en una guerra. ¿Y ustedes quieren ser héroes, quieren ser guerreros? ¿Quieren que los tiempos de paz acaben para poder ser ídolos? Están dementes —gruñó, apática, con las cejas unidas en un gesto de cólera—.

»Somos asesinos malditos que pueden perder la vida en dos segundos. Y lo peor es que también podemos perder a quienes amamos. A nuestros compañeros, nuestra familia. El héroe de guerra carga una cruz, el peso que aguantamos no tiene suficientes recompensas. A la mitad de tu vida te das cuenta de que no tienes familia. Te das cuenta de que tu helecho se secó, que no conoces artistas ni tienes tiempo para leer, porque estás demasiado ocupado escuchando a los demonios de tu cabeza gritar.

»Y cuando vas a una maldita conferencia para que unos mocosos se sientan afortunados por la paz y la libertad que se cimienta en sangre y huesos, te miran con cansancio, esperando que termines de una buena vez. Ser ninja no es divertido. Lo más divertido que te puede pasar es morir solo en una misión de alto rango, en una batalla injusta. Y si quieren honor, hijos de puta; lo obtendrán con su cabeza cercenada, luchando por la maldita paz. Ese será su mejor final. Y lo harán sin dignidad. Así que, felicidades —Tenten aplaudió, sonriendo—, si deciden ser héroes, eso es lo que tienen que sacrificar.

El primer aplauso provino de Kakashi, al fondo del lugar. Sus compañeros en el escenario le siguieron, levantándose y sonriendo felicitaban a Tenten con la mirada orgullosa. Los jounin se unieron y al final el lugar estalló en vítores. La castaña regresó a su asiento, satisfecha. La paz era buena, algún día no existirían los ninjas. Y eso era lo mejor de todo.

Al final del día, Naruto y Sasuke fueron los únicos que decidieron ir al ramen, y después de que el rubio insistiera, Tenten resolvió acompañarlos con Tora y Akamaru siguiéndolos de cerca. Sasuke cerca de Naruto perdía cierta inhibición que mantenía con los demás. A pesar de que ambos se la pasaban peleando, Tenten miraba la pequeña sonrisa que a Sasuke le brotaba cuando el Hokage le preguntaba tonterías o decía cosas a fin de hacerlo reír. Tenten se sentía parte de ellos, aunque hablara poco, haciendo de árbitro de sus múltiples desafíos.

—Hoy ha sido muy entretenido, ¿eh? Deberíamos salir más seguido.

—Tienes mucho trabajo, holgazán.

—No seas aguafiestas, Sasuke. Maldito bastardo, no te sabes divertir.

No respondió, riendo brevemente, de una manera tan corta que podría confundirse con tos. Sirvió más sake a Tenten y a sí mismo, dejando que Naruto se llenara la taza solo.

—Por momentos llegué a pensar que no te reías, Sasuke.

—También puedo dormir —añadió sin mirarla, con la seriedad aplastante dentro de un aura mística.

—Y también puede cagar, aunque lo veas con cara de estreñimiento.

Tenten y Naruto se rieron a costa de Uchiha, quien volvió a alzar de manera breve la comisura de sus labios.

—Tú tampoco parecías ser muy feliz en estos últimos tiempos, Tenten —apuntó Sasuke, moviendo los fideos en su plato de un lado a otro.

Después de la cena, Naruto encontró a Iruka quien cuidaba de Boruto y Himawari. Despidiéndose de su mejor amigo y de Tenten, los cuatro se fueron, hablando sobre la posibilidad de que Iruka se quedara a dormir en casa y vieran películas hasta tarde. Sasuke y Tenten caminaron con tranquilidad bajo las estrellas, Tora y Akamaru enfrente de ellos, comunicándose cansados y felices.

—¿Cómo lo sabes? ¿Por qué te interesa? —preguntó la mujer de la nada, sin lograr sobresaltar a Sasuke.

—Algo pude aprender de ese idiota.

Tenten no esperaba que agregara más, los posibles significados aparecieron en su mente, llegando a la misma conclusión. «También me gustaría salvarte, como él lo hizo conmigo». Si esa era la respuesta, o no, a Tenten le pareció bien dejarlo así. Después de todo, ella tampoco les había dicho los motivos que la orillaban a hacer lo que hacía. Era justo.

Se despidió de Sasuke y entró a su hogar, sorprendiéndose de que Akamaru también pasara como invitado detrás de Tora. Sacudió la cabeza y pensó en llamar a Tamaki por si se preocupaba por el destino del can. Sasuke declinó con poca cortesía la oferta para tomar un café, y ella se fue a la cama agotada. En el piso los grandes caninos roncaban, pronto ella también los acompañó.

Existe un fenómeno que ocurre cada veintisiete años. Las cigarras cambian su característico canto por un sonido extravagante, similar al de un silbido. Durante siglos, el clan Aburame ha estudiado este acto inusual y ha llegado a conclusiones que dejan escépticos a los científicos más estudiados en el tema. Han llegado a acusar al clan de difamación, pues no logran entender cómo una familia de eruditos en el campo de la entomología puede afirmar que las cigarras vuelven a nacer.

«Sinceramente, es patético que digan esas tonterías para llamar la atención. La reencarnación es un mito». Afirmó el doctor Gero en una entrevista practicada hace meses, «(...) Los Aburame dicen que este extraño canto da paso al nacimiento de cigarras que murieron inviernos atrás. Es absurdo. ¿Quién puede creerlo? Deben haber alterado sus resultados».

El clan Aburame afirma que este canto —denominado Réquiem de las cigarras— es algún tipo de llamado que hace que estos insectos revivan de sus cenizas, como aquel animal mitológico, el ave fénix. Hasta el momento, no han podido encontrar otra solución que logre convencer a los estudiados más aprensivos.

Los kunai pasaban silbando junto a su rostro, los gritos de ninjas se escuchaban por todo el lugar. A unos cuantos metros, el fuego consumía un hogar. Había llovido y el lodo ensuciaba las ropas de los jóvenes que se aplastaban contra el suelo esperando no morir. Neji respiraba agitado, con la línea sucesoria activada. A su lado, Tenten intentaba contener el ataque de tos que le afligía la garganta. No podían quedarse más tiempo ahí, necesitaban levantarse y salir a pelear. Estaban cansados, pero no tenían alternativa. Debían volver a Konoha.

—Atacaré, tú huye. No quiero que regreses, no importa qué.

—Neji, debemos salvar también a los que se han desmayado dentro.

—No podemos, el fuego es demasiado denso. Te ordeno que te vayas, Tenten. No intentes ser una heroína.

La mirada angustiada de Tenten hizo desconfiar al joven. Tragó duro antes de besarla, y antes de que la castaña reaccionara, él ya se había ido. Le dejó el sabor a lodo y sangre en los labios.

Fue un viernes por la mañana cuando Tenten murió. El sol relajado frente a las montañas acababa de iniciar su marcha. Canarios y jilgueros comenzaron a llegar al lugar del deceso. Los marcos de las ventanas y las ramas de los árboles se llenaron de aves, quienes cantaban a niveles extraordinarios, acallando el silencio de Konoha. Frente al hogar de la morena, decenas de flores silvestres abrieron sus pétalos por última vez. El invierno había llegado.

Un día no voy a temer más. Estoy segura que me levantaré una mañana y no tendré miedo a verme en el espejo. No me importará lo mucho que he adelgazado, ni las ojeras. Si tengo los ojos rojos o si los labios se me han resecado. No tendré miedo a reírme, ni miedo a toser. No me afectará la sangre, ni el que Tora me olfatee con insistencia a la altura de los pulmones. No tendré miedo a morir. Un día, Neji, no me afectará más y estaré preparada para ir a donde sea que estás. Sé que me estarás esperando, ¿verdad?

Tora se ha puesto enfermo, Kiba dice que se le pasará con medicamento, pero veo tristeza en su mirada. Me da miedo morir, pero me da aún más terror que él se vaya. Quiero pedirle que luche, que se mantenga firme y se aferre a su vida, ¿pero cómo puedo decirle eso a Tora cuando yo no quiero pelear ni siquiera por mi existencia? Él me entiende, ¿sabes, Neji? Y me conoce, tanto que me no atrevo a ser fuerte frente a él. Él me lame las lágrimas y me hace reír de verdad. Y yo quiero decirle: Tú no, Tora, tú vive. Tú no te vayas.


¡Hola! ¿Qué tal? Ay.

Bueno, espero hayan disfrutado el capítulo. Se ha resuelto finalmente el significado del nombre, espero haberlo explicado bien. El réquiem y la cigarra son dos partes que se complementan. El réquiem se utiliza como una canción fúnebre. La cigarra representa el renacimiento, la reencarnación. Para poder renacer, primero debemos morir. ¿Quién es la cigarra? ¿Tenten? Sí y en parte no. Este "ritual" consta de dos partes. El insecto que renace —porque muere— y el insecto que canta. ¿Quiénes son los que cantan? ¿Lo saben?

No se preocupen, esto se seguirá hablando más adelante para que quede bien claro. Ahora, espero que no les confunda el párrafo en cursiva. Tenten sigue viva. Ese párrafo habla de algo que pasará en el futuro, sin embargo, no significa que vaya a ser pronto, en dos meses o en diez años. Quién sabe.

Un abrazo fuerte a todos y espero que me dejen su review. Cualquier corrección, no duden en dejarla.

P.D: Al fin un beso NejiTen :3 ¿Recuerdan ese recuerdo donde Neji le venda la mano?