Disclaimer: Naruto no me pertenece ni sus personajes, son de Masashi Kishimoto.


La mano de Neji protege la suya. Miran semidesnudos el cielo y los astros que se mueven valientes entre la esponja negra e infinita del universo. «No quiero que te mueras», dice. La voz tímida le embriaga los oídos y él niega con la cabeza, despacio —como los dedos que bajan por su espalda y se detienen en la curvatura de sus caderas—: «¿Crees en el destino?». Tenten toca el sello de su frente sudorosa. Lo acaricia y lo besa, con las lágrimas invadiendo las mejillas pálidas. «Creo que eres un héroe. Y creo que eres valiente, leal, maravilloso. ¿Acaso no es así?»

¿Acaso no eres tan humano, y tan imperfecto, y el viento juega con tu cabello mientras acaricias al gato de Hanabi? ¿Acaso no eres tan mortal, y sangras, y te duelen los moretones y los huesos cuando hace frío? ¿Acaso, Neji, negarás que tu corazón late deprisa cuando me miras hacer algo imprudente, y me regañas cuando me enfermo y no voy al médico? Porque eres tan noble. Porque sé que no dudarías y te sacrificarías, porque eres un héroe y no tiene que ver con tu destino trazado sobre la arena. Y el sello, la gloria, el genio detrás de los ojos perlados de los Hyuuga; todo lo que eres frente al mundo y frente a Konoha no significa nada ante tus preciosas manos llenas de callos y caricias. No eres un soldado más, ni un nombre en la piedra de los héroes. Eres un montón de recuerdos y la presencia taciturna de los besos más dulces e inexpertos: «No te mueras», repite.

Neji la besa —otra vez— en los labios resecos antes de caer dormidos en la hierba.

—Esa kunoichi me obligó a usar la máscara de gas, pero estaba tan furiosa que la rompí.

Kiba se alteró al escuchar la declaración de la mujer. Era una joven de unos veinticinco años, la misma que había sido secuestrada hacía años por unos bandidos. Sus padres les habían pagado hace algunos años para que la rescataran y evitaran que fuese vendida como esclava sexual. Kiba sabía de la máscara, pero no sabía que ella la había roto.

—¿Por qué estabas enojada?

—Mi hermana menor se acababa de casar —respondió—, yo no tenía prometido en ese entonces, me sentía fea y mi padre no me prestaba atención. Le dije a esa mujer que no quería irme, que me dejara morir. Pero en vez de hacerme caso, me gritó y me hizo ponerme su mascarilla. Salimos del lugar y llegamos a un sitio seguro, ella se veía mal, tosía bastante. Le dije que era una idiota, que no le agradecería el haberme salvado. Estaba tan enojada que le dije que lo mejor habría sido dejarme dentro, que no quería vivir —dijo antes de hacer una pausa, llevándose un cigarrillo a la boca.

»Fue entonces cuando comenzó a decirme que yo debía tener amigos, que seguramente tenía a alguien por el cual existir. Era demasiado estúpido, y se lo dije. Le dije que no valía la pena vivir sólo por eso. Y que sus amigos le darían la espalda una vez que no la necesitaran más, que la mandaron a la cámara de veneno por eso, porque no les importaba si moría siempre y cuando hiciera su trabajo y me sacara sana y salva de ahí. Por supuesto que ella me dijo que estaba equivocada, que sus preciosos amigos se preocupaban por ella y que era valiosa para ellos. ¿Saben qué hicimos? Sé que tú lo sabes, Inuzuka. Cambiamos las mascarillas.

—¿Cambiaron las mascarillas? —preguntó Hinata, sin entender.

—La kunoichi me puso la mascarilla rota en el cuello, simulando que era la que había usado para escapar. Cuando llegaron sus amigos, se enfadaron con ella y le dijeron que había sido una idiota por anteponer su vida a la mía, por haberme dado la mascarilla rota y haberse quedado con la que estaba en perfectas condiciones —la joven rió, dejando caer la ceniza del tabaco sobre su caro kimono—. Ella se dio cuenta de que yo tenía razón. No vale la pena vivir con el pretexto de que tus amigos te extrañarán una vez que mueras.

Tenten se dio cuenta de que le faltaba entrenamiento cuando Kiba aferró su brazo con rabia. Mostraba los dientes y arrugaba la nariz, se veía furioso y peligroso, como un perro al que han invadido su territorio. Tenten lo miró altiva, y Hinata le pidió a Kiba que la soltara, con voz firme y con el corazón acelerado.

—¿¡Esa es tu puta excusa!?

—Suéltame.

Sobraban las explicaciones y los intentos por resguardar su decisión. A Kiba no le parecía suficiente. Tenten había sospechado que habían ido a obtener información sobre ella y su decreto de no tratar su enfermedad. Lo confirmó desde que miró a Kiba ir hacia ella a toda velocidad.

—No me importa si te satisface o no, Kiba. No me importa si lo entienden. Ve y cuéntaselo a Naruto y a los demás, anda.

—Eres una idiota y una egoísta —alegó, alejándose. Mirándola aún con dolor.

—¡He estado tres años así! Mirándoles desde otra perspectiva. Queriendo que alguno, sólo uno, se girara en mi dirección y notara lo que llevo en el pecho. Ustedes no necesitaban pedirme que me metiera a la cámara con venenos. Yo lo hubiera hecho aunque no lo sugirieran. Porque ustedes son mi familia. Y no se dieron cuenta de que lo que siento por ustedes es más grande que una cena de fin de año, o un lugar en las apuestas de los exámenes Chunnin. No se dan cuenta de que jamás dejé de quererlos, sino que dejé de quererme a mí misma. ¡Y ya sé que es una mierda porque no debí dejar que me afectara! Pero lo hizo.

Sus palabras se vieron conmovidas por el sollozo, sus dedos atrapaban las lágrimas que caían sin descanso, mientras Hinata la observaba, tratando de entender.

—Yo no debí de alejarme de ustedes, quizá debí hablar, decirles lo que pasaba, hacerles saber que me sentía desplazada, y que no bastaba con saludarme de prisa, ni visitarme cada mes para reponer armas perdidas o rotas. Pero ustedes debieron darse cuenta de que los necesitaba, debieron darse cuenta de que me lastimaban cuando me excluían, o cuando me trataban con lástima cada que el nombre de Neji salía a relucir. Pero se dieron vuelta. Me abandonaron. Y ninguno de ustedes me dio la mano. ¡Tuve que empezar a morirme para que notaran que estaba viva!

—No pasamos tu maldita prueba, ¿no? Reprobamos. Fuimos unos cabrones insensibles. ¿Y qué hay de ti, Tenten? ¿¡Qué hay con tu maldito amor propio!? ¿Por qué no aprecias tu vida? ¿Por qué somos responsables de tu existencia en este maldito mundo? No puedes dejarte morir por nosotros, porque fallamos y porque no siempre nos damos cuenta de que lastimamos a los demás. Si te herimos y si crees que no nos importaba tu vida, ¿entonces por qué mierda no peleaste por ti? ¡Si creíste que nadie te quería, entonces debiste quererte el doble, el triple, el cuádruple! ¡No puedes hacernos esto!

Los ojos de Kiba se llenaron de lágrimas, aunque ninguna resbaló por sus mejillas; estaba desesperado. Ya no por tristeza, sino por la tremenda cólera e impotencia que lo enloquecía. Hinata tomó su hombro y el hombre se sacudió la mano. Terminó yéndose. Tenten hizo lo mismo hacia el lado contrario.

Hacía tres semanas que no veía a nadie. No sabía si la estaban evitando a propósito o si era que estaban ocupados en sus propias cosas. No quiso indagar. Se dedicó a enseñarle a Moegi a hacer inventarios, sacar precios y contactar a los mejores distribuidores. Tan cerca del invierno las ventas se disparaban; sobre todo porque todos querían regalar armas, ya fuesen espadas, kunais personalizados, o incluso sellos de broma. En el almacén había ratas; así que también se dedicaron a limpiar y a colocar trampas con veneno. Tenten estaba segura de que eran roedores súper dotados, especializados en volver locos a los más expertos ninjas. Esa tarde habían tenido demasiada clientela, Tora dormía fuera con Akamaru y Tenten los vigilaba de reojo, nerviosa por la posibilidad de que Kiba llegara y tuvieran que hablar. Por eso, cuando vi a Shino entrar, un agujero se formó en su estómago.

—Hola, Shino.

—Hola.

—¿Qué te trae por aquí? ¿Quieres comprar algo? —preguntó nerviosa.

—No, he venido a preguntarte si tienes libre el sábado.

La mujer alzó ambas cejas, sorprendida, y asintió de manera repetida.

—Claro, ¿por qué?

—Iré a hacer una investigación de campo, necesito tomar algunos apuntes y tomar unas muestras —explicó con las manos en los bolsillos—. Estoy seguro de que te gustará acompañarme.

Tenten lo dudaba. En serio. Shino a veces podía ser demasiado intenso con su amor hacia los insectos y a ella no le agradaban tanto. Pero había hecho aquella promesa de dedicar al menos un día a cada uno de ellos, y aunque había visto a Shino en los últimos meses, nunca habían hecho planes para salir.

—Bien, iré. ¿Puedo llevar a Tora?

—Sí. Te veré el sábado por la tarde, entonces, a las cinco treinta. Pasaré a recogerte, asegúrate de abrigarte.

El sábado Shino acudió a la casa de Tenten a la hora acordada. Tora salió feliz y abrigado con un suéter rojo que hacía juego con el de la mujer.

—Hola, Shino.

—Hola.

Avanzaron con calma hacia el sendero que los conduciría hacia el lago que Shino quería visitar. Al llegar, se dio cuenta de que sus compañeros estaban en el lugar. No faltaba ninguno. Todos hablaban y algunos reían. No se sorprendió al ver a Lee haciendo lagartijas con Naruto sobre su torso. No parecían estar molestos con ella, pero a pesar de ello Tenten evitó mirar a Kiba a los ojos.

—¡Hola, Tenten! —saludó Ino—. Los estábamos esperando.

—¿Qué se supone que haremos, Shino?

El hombre les dio una bolsa de plástico a cada uno, indicando que tuvieran cuidado de que no se rompiera. Sacó una grabadora de voz y una cámara de vídeo y comenzó a colocarla encima de un tripié.

—Necesito que tomen quince mudas de piel de cigarras y que las guarden. Eso es todo. Dentro de veintisiete años volveremos para compararlas con las cigarras recién nacidas.

—¿Por qué? —preguntó Naruto.

—Serán parte de un experimento. Investigo el réquiem de las cigarras.

—¿De qué hablas? ¿Qué se supone que es eso del réquiem? —preguntó Tenten.

—El canto de las cigarras es muy característico. Y aunque no todas cantan igual, sabemos cuando hay un cambio brusco en el sonido. El denominado réquiem ocurre cada veintisiete años y creemos que sirve para que las cigarras murieron años atrás, renazcan.

Un silencio sepulcral llenó el lugar. Sakura soltó una pequeña risa.

—Eso es imposible, Shino.

—Aún nos faltan pruebas. Faltan años de estudio para comprobarlo, y como sucede cada tanto tiempo, nos es difícil obtener resultados contundentes. Y aunque estemos equivocados respecto al canto, mi trabajo es averiguarlo. Los traje no sólo porque deseo que me ayuden. Sino porque el sonido es muy hermoso —admitió relajando un poco su semblante serio.

Mientras Shino preparaba su cámara, los demás comenzaron a buscar las pieles de cigarras. Después de poco tiempo, llegaron los niños. Sarada y ChouChou buscaban con entusiasmo al lado de Sasuke, mientras que Boruto, Mitsuki, Shikadai e Inojin lo hacían por su cuenta. Himawari se pegó a Shino, preguntándole toda clase de cosas sobre insectos. Tenten y Lee se unieron para ganar una competencia que sólo sucedía en la cabeza del hombre.

—¡El equipo Gai juntará cien pieles! —gritó con estusiasmo.

Después de conseguir las mudas y de lavarse las manos, Shikamaru les pasó a todos sopa instantánea y Chouji les sirvió agua caliente. Ya iban a dar las siete cuando los sonidos de la noche llegaron. Se maravillaron al escuchar el primer sonido del réquiem; como un silbido profundo lleno de nostalgia. Las demás cigarras le siguieron, como si estuvieran tocando en una orquesta. El sonido natural de las cigarras también estaba presente, pero no se comparaba a la melodía nueva, que jamás habían escuchado.

Las cigarras comenzaron a cantar el réquiem, haciendo que el corazón de Tenten se llenara de alegría y felicidad. Tenía ganas de llorar y de reír. El bello sonido de los insectos le llegaba al alma; la añoranza y melancolía que derrochaba la sinfonía le abrazaron los huesos. Las luciérnagas brillando encima del lago; la presencia taciturna de los demás, el cielo tan estrellado y tan abierto le produjeron esperanza. Hacía mucho tiempo que no se sentía así. No pudo retener las lágrimas y comenzó a lagrimear en silencio. A su lado, Naruto se percató de ello y le pasó el brazo por los hombros, haciéndola reír.

—Es precioso, ¿verdad? Las cigarras lo cantan para que sus amigas puedan renacer. Están convencidas de que volverán.

Tenten asintió, feliz. A través de las lágrimas veía a todos sonreír, Tora a sus pies dormitaba y el olor a hierba mojada le hizo pensar en que si moría mañana, todo estaría bien.

—Ustedes… lo cantarán por mí, ¿verdad? —preguntó, secándose las mejillas con la chaqueta—. ¿Pueden prometer que cantarán para que pueda reencarnar?

—No seas tonta, Tenten —dijo Kiba de pronto, con la sonrisa canina asomando sus colmillos—. No vas a morir antes que cualquiera de nosotros.

«Sé que pelearás, ¿verdad? Lo sé, Tenten, sé que lucharás».

Pasó una semana, y Tora falleció.

Tenten lo supo cuando despertó y lo miró a su lado. Entre las patas aún tenía un calcetín de la mujer; su favorito para morder. No respiraba pero se miraba tranquilo, con una paz tan preciosa que dolía. Lo acarició llorando, murmurando deseos y declaraciones de cariño, diciéndole que había sido el mejor perro del universo y que lo iba a extrañar. Le agradeció entre suspiros y gimoteos su presencia, la felicidad que le brindó durante el tiempo que estuvo a su lado. Le pidió perdón por no haberlo adoptado antes y por no darle pedacitos de chocolate ni de pan. Lo abrazó al final, con el corazón roto, tan roto…

Voy a ser sincera; he sido tonta.

Quizá, debí apreciar más mi vida al ver a Neji dar la suya en beneficio de su prima. Yo no puedo ser un héroe. No quiero dar mi vida por nadie que no sea yo. Y tampoco quiero sanarme porque soy caprichosa y humana. Kiba tiene razón.

Un día el egoísmo —ese mismo que me hizo ver a mis amigos como un montón de hipócritas que habían hecho su vida sin mí— no tendrá la cara del cáncer. Tendrá la cara de la felicidad, de los sueños cumplidos. Mientras tanto, iré a beber una cerveza.


¡Hola!

Estamos a dos capítulos de culminar el fic, y al parecer todos los misterios se han resuelto. Ahora saben qué ocurrió en la infame misión, y cómo es que a causa de los gases es que Tenten se enferma. Lo aclaro porque no lo dice de manera explícita pero así es. Y que además la razón por la cual Tenten no quiso recibir tratamiento era porque estaba molesta, y porque llegó a pensar que a sus amigos no les importaba si vivía o no. Tal vez hayan esperado algo más, algo más grande, un problema mayor; Tenten puede parecer caprichosa o hasta tonta. Sin embargo, quiero que tengan en cuenta lo siguiente: Tenten es humana, se equivoca. ¿Cuántas veces no somos orgullosos, caprichosos, tontos? ¿Cuántos no cortan lazos con amigos o familiares por cosas parecidas?

Este fic trata del amor. Sí. Del amor propio. De lo mucho que nos hace falta. Muchas veces (en series, películas, en la vida real) la gente lucha por los demás. Pelean contra toda clase de problemas por la pareja, los hijos, la familia, los amigos. Tenten creyó que no tenía razones para sobrevivir. Cuando Neji muere, ella se refugia en sus amigos, y cuando éstos la decepcionan; piensa no tiene por quién seguir existiendo. En el capítulo tres se menciona que de hecho, Tenten no ha visto bien. Copio y pego:

«¿Y ahora qué harás, Tenten? ¿Es abandonarse a la suerte? Pero no es justo. No apostaste, no pusiste una ficha en la mesa, no tiraste los dados. Y alegas que hace falta un motivo, un anhelo, una bandera para ondear, o una nave para quemar. Y es que has recorrido tu cuerpo y no has visto en el espejo algo para salvar. Pero te diré un secreto. No has visto bien. Mira. Abre los ojos. Adentro, bien adentro.

Hay una razón.»

¿Cuál es la razón que Tenten no pudo encontrar? Está ante sus ojos: es ella. No es Neji —por Dios, no, claro que no—, no es Naruto, ni Lee. No es nadie más que ella misma. La razón, el motivo para salir adelante.

Pasamos al tema de Tora. No lo "maté" por capricho, ni para hacerles sufrir, ni para que sintieran lástima de Tenten: su llegada y su retiro fue planeado como un escalón que Tenten tenía que avanzar para crecer. Estamos en constante cambio y siempre habrán experiencias buenas y malas que nos harán ser más fuertes, o nos harán más débiles. Tora tuvo una razón de ser en el crecimiento de Tenten y para que pudiera ver el mundo desde otro ángulo. No saben lo mucho que lloré escribiendo esa escena en que Tenten se despierta y se despide. Despedirse es muy triste, pero necesario. Como diría esa canción de Gustavo Cerati: Poder decir adiós es crecer.

Ahora, dicho todo esto, quiero que se pregunten: ¿Tenten querrá curarse? Y en caso de que sí quiera hacerlo, ¿es demasiado tarde?

Muchos besos y abrazos para todos, amaría recibir sus comentarios con dudas, correcciones y para que me animen a terminar el fic antes de que se acabe el año.

Los quiero a todos, gracias. En especial, a Leidy y a mi mejor amiga Luisa, por todos sus ánimos, sus teorías y su interés en el fic. No me olvido de los demás tampoco. Están en mi kokoro. Me voy antes de ponerme más cursi. ¡Hasta luego!