Disclaimer: Naruto no me pertenece. Es de Masashi Kishimoto.
—Necesito un favor.
Sakura dejó caer por error un pedazo de carne sobre la mesa al escucharla decir aquello. Segundos atrás habían estado hablando de los pantalones feos que se habían puesto a la moda en las últimas semanas, el cambio de tema repentino le hizo alzar las cejas y se limpió la comisura de los labios con cuidado, manchando de rojo la servilleta.
—Y yo que pensé que estábamos saliendo para pasar un buen rato. Qué vergüenza debería de darte al invitarme a ir de compras para pedirme un favor.
Tenten le sonrió y le pegó de manera leve en el hombro. Había estado esperando un buen momento para decirle, pero finalmente resolvió hacerlo antes de arrepentirse de su propia decisión. No le había sido nada fácil elegir aquél camino; pero estaba dispuesta a arriesgarse. Después de todo, estaba segura de que Sakura no la dejaría a la deriva, ninguno de sus amigos lo haría. Ya era invierno y las últimas semanas se había unido cada vez más a ellos por las fiestas, ayudando a Chouji a escoger el bufé y a Hinata con el presupuesto de lo que se gastaría en los festivales. Había estado muy ocupada, por eso a Sakura le sorprendió que la invitara a salir cuando por lo general la castaña aprovechaba aquellos momentos libres para descansar. Tenten no borró su sonrisa, pero Sakura se enderezó en la silla al notar que estaba a punto de decirle algo serio.
—Necesito que me mantengas viva.
—¿Eh?
—Quiero un tratamiento a base de medicinas.
—Tenten, espera.
Sakura cerró los ojos y suspiró, intentando no gritar y abrazarla como loca. El tipo de cáncer de Tenten era uno que se propagaba de manera lenta, y que además quienes la padecían tenían un buen chance de sobrevivir cuando se detectaba a tiempo. El problema radicaba en el nulo cuidado y seguimiento que se le había hecho a la enfermedad. Aunque Tenten llevara una dieta responsable y tuviera una vida sana, para combatir el cáncer tendrían que hacer un esfuerzo descomunal y a aquellas alturas tenían probabilidades bajas de éxito. Podría saber en qué etapa se encontraba exactamente con algunos análisis, pero tendrían que iniciar el tratamiento de manera inmediata.
—Está bien —dijo Sakura—. Pero…
Tenten levantó una mano para silenciarla, y negó.
—Sakura, no me malinterpretes. Sé que es muy tarde, necesito que me mantengas viva al menos un par de años, con medicamentos.
La mujer arrugó el entrecejo sin entender muy bien lo que Tenten estaba diciendo.
…
La mañana en que Tora falleció fue muy fría. Las calles nubladas parecían desiertos, con apenas algunos transeúntes yendo por pan o por leche a los pocos negocios abiertos. Tenten caminó con Tora envuelto en una manta gruesa hacia la casa de Kiba. Sabía que los perros Inuzuka tenían su propio cementerio, y decidió llevarlo ahí para que descansara junto a sus compañeros. No había tocado la puerta cuando Kiba abrió. Parecía que ya sabía lo que había pasado; su mirada triste lo delataba. Sin decir una sola palabra, Kiba la guió al camposanto, Akamaru ya esperaba sentado en el pasto junto con otros caninos, habían un par de palas junto a ellos. Tenten dejó a Tora cerca de sus amigos y junto con Kiba se dedicó a cavar, el ambiente taciturno pronto fue interrumpido por los pájaros que cantaban y la niebla fue disipándose poco a poco. Cuando acabaron, se dieron cuenta de que era un día precioso.
Con una indicación, fueron ambos por el cuerpo del canino y lo depositaron con cuidado en el agujero. Tenten notó a varios miembros del clan rindiendo sus respetos, quedándose cerca del funeral. Pronto la manta desapareció bajo la tierra. La castaña cerró los ojos, sintiendo las lágrimas bajar por sus mejillas, apresuradas por morir en el suelo. Volvió a abrirlos cuando sintió a Akamaru frotar su cabeza contra su pierna. Sonrió cuando su mirada se cruzó con la de Kiba.
—Fue un buen compañero.
—Sí que lo fue.
…
El ambiente del bar era alegre. Entró sin mirar a nadie y fue directo a la barra, se sentó y pidió una cerveza. No era una mujer de bares, prefería quedarse en casa y beber. Pero su hogar estaba lleno de fantasmas, lleno de recuerdos que prefería evitar por el momento. La voz familiar de un hombre a su lado que pidió una botella de sake caliente le hizo salir de su ensimismamiento.
—¿Kankuro?
No llevaba maquillaje y tampoco usaba su habitual capucha. El castaño le sonrió, alzando las cejas con evidente sorpresa.
—Tenten.
Después de dirigirse las preguntas habituales de cortesía, el hombre la invitó a quedarse con él en una habitación privada. Tenten aceptó por la buena calidad de la botella de sake y porque creyó que le vendría bien algo de compañía. Kankuro y ella no eran precisamente los mejores amigos, pero cuando les tocaba coincidir en misiones, hacían muy buen equipo. Su relación de compañeros era bastante buena en realidad. Tenten le confiaría su vida; estaba casi segura de que el marionetista haría lo mismo. Al llegar a la habitación privada, Tenten notó que Kankuro no era el único ocupándola. El kazekage se encontraba sentado leyendo un pequeño libro, aparentemente esperando a su hermano. Traía el cabello revuelto y el sombrero de Kage estaba a su lado, dejado con cuidado a una distancia prudencial de la mesa, quizá para que no le cayera sake. Las paredes de papel de arroz pintadas con dragones y paisajes combinaban bastante con el aire místico que siempre asoció a los ninjas de la arena, una varita de incienso prendida en la mesa acompañaba el ambiente del lugar. Gaara le miró sin sorprenderse, cerrando de manera educada el libro y depositándolo junto a él.
—Gaara-sama —saludó inclinándose para después tomar asiento donde Kankuro le había indicado.
—Buenas tardes, Tenten.
—La encontré en la barra y le pedí que viniera, espero que no te moleste, Gaara.
—Para nada.
Tenten casi pidió disculpas con la mirada mientras Kankuro servía el licor. Nunca le intimidó charlar con ellos, pero sentía que estaba interrumpiendo un momento casi familiar.
—¿Qué ha pasado de nuevo en tu vida, Tenten? Casi no te vi en el último año —preguntó Kankuro llevándose la taza redondeada a los labios.
—He estado algo ocupada —respondió alzándose de hombros. Se preguntó en secreto si ellos también sabían que estaba enferma y que por ello no le habían dado muchas misiones.
—Estás triste —indicó Gaara con las manos sosteniendo su barbilla, sorprendiéndola.
Tenten se aclaró la garganta, casi avergonzada al ser tan transparente. Los ninjas no podían dejar entrever sus emociones, pero había pasado tanto tiempo siendo tan humana que ya ni siquiera actuaba como debería hacerlo. A pesar de ello, ninguno parecía estar incómodo con su evidente desliz. Kankuro no dijo nada, pero la miró fijamente, esperando que hablara. Realmente le gustaba estar con ellos; no había lástima en sus ojos, ni compasión, más bien encontró empatía, casi dulzura.
—Tenía un compañero —dijo mirando el papel de arroz, perdiéndose en los espirales que representaban las nubes en el dibujo—. Un perro, se llamaba Tora. Murió esta mañana, Kiba y yo lo enterramos y ya saben, es difícil.
—Ya veo —dijo el marionetista—. En Suna tenemos un ritual para cuando acaba de morir alguien querido. Te ayudará a sentirte mejor.
Kankuro sirvió más sake y apagó el incienso. Gaara se enderezó y tomó su taza con aquella ceremonia que lo caracterizaba. La kunoichi lo imitó.
—Vamos a rezar y luego beberás el sake. Lo retendrás en la boca por diez segundos y pensarás en aquellos momentos de felicidad que tuvieron juntos. Luego lo beberás. Nosotros brindaremos contigo.
Tenten se extrañó que decidieran hacer aquél ritual con ella, y por un canino. Se veían tan serios que temió ofenderlos al hacerlo mal. Siguió las indicaciones y brindaron. Kankuro le sonrió, y Gaara también le ofreció una pequeña sonrisa, casi invisible. Hablaron toda la tarde hasta que anocheció. Gaara se fue directo a la casa de Shikamaru después de salir del bar, pues tenía que asearse y preparar algunos papeles para una junta con Naruto. El mayor Sabaku No le ofreció llevarla a casa. Caminaron bajo el cielo estrellado en silencio, con algunos gatos mirándoles sobre los tejados.
—Me gustas.
Tenten se detuvo al escuchar aquello. El corazón le latía tan fuerte que creyó por un segundo que Kankuro podía escucharlo. Las mejillas heridas con un sonrojo se sentían tan calientes que Tenten se vio obligada a poner sus manos frías sobre ellas. Él no se había virado hacia ella, y paró algunos pasos adelante, mirando el cielo con tranquilidad.
—Eres inteligente, fuerte, independiente, también eres guapa. Me gustas. —Hizo una pequeña pausa y luego se giró, mirándola atentamente—. Por eso me preocupa que estés triste. Debes hacer algo por ti. No importa si es tomarte unas vacaciones o comer helado mientras miras una película.
Tenten sintió el pecho arder en alegría, no por la declaración de cariño sino porque era ahora cuando se encontraba en aquél estado de melancolía que podía notar lo ciega que había estado; creyendo de forma ilusa que a nadie le importaba su vida. Sonrió con sinceridad, mostrando la dentadura. Kankuro le sonrió con las manos metidas en los bolsillos, con aquella mueca socarrona que le pertenecía y que tenía su sello por todas partes.
—Gracias —dijo Tenten acercándose a él, dándole un abrazo corto.
Al llegar a su casa, Tenten terminó invitándolo a comer un bocadillo, gesto que él aceptó. Después de charlar durante una hora, se despidieron finalmente y ella acordó visitarlo pronto en Suna.
…
Pareciera que a esas alturas las llamadas a la oficina de Naruto ya no la confundían, pero al escuchar que era necesaria su presencia en la torre del Hokage, no entendió que rayos era lo que pasaba, ni tenía idea sobre porqué el rubio la solicitaba. No hizo más que quedarse con la boca abierta durante un buen tiempo, tanto que Moegi terminó aconsejándole que la cerrara. Aventuró que tenía que ver con los presupuestos del fin de año, o alguna cosa así. Suspirando, emprendió el camino. Recordó que unos meses atrás había sentido igual desconcierto al ser llamada para la misión con Gai-sensei y Lee. Sonrió memorando los buenos momentos que pasó.
Al llegar a la oficina de Naruto, una escena familiar la recibió. El rubio peleaba con Sasuke mientras Shikamaru fumaba mirando indiferente algunos pergaminos especiales. Se sentó al lado de Shikamaru, esperando que terminaran su disputa —aparentemente sobre quién tardaría menos tiempo en encontrar al gato rebelde de Konoha—, se divirtió mirándolos un par de minutos, hasta que Sasuke se cansó de que Naruto invadiera su espacio personal y diera por terminada la pelea —empujándole en la boca un tazón de ramen caliente—.
Luego de que Naruto balbuceara una disculpa por sus malos modales, las razones por las que fue llamada fueron expuestas.
—Me enteré de tus extraños planes por medio de Sakura —comentó el rubio con gesto áspero y voz dura.
—Lo dices como si estuviera a punto de traicionar a Konoha —dijo bromeando antes de reaccionar. Quizá para algunos en la habitación aquella broma no fuera tan graciosa.
—¿Qué planeas hacer? —preguntó Shikamaru apagando su cigarrillo, echando el humo en dirección contraria de donde estaba Tenten.
La castaña alzó la comisura de los labios en una extraña sonrisa de desconcierto.
—Oigan, no se trata de nada extraño. Sólo quiero irme de Konoha por un año, quizá un poco más. Y quiero tener la fuerza suficiente para sobrevivir fuera de mi hogar, es por eso que le pedí las pastillas a Sakura. Creí que les molestaba que quisiera morir.
—Sigue molestándonos —apuntó Naruto cruzándose de brazos y mirándola con los ojos entrecerrados.
Tenten suspiró, no entendía por qué sus amigos se estresaban por aquello. Ella estaría bien; no era nada de otro mundo querer salir de Konoha y viajar. Lo había pensado durante varias semanas y aunque al principio estaba aterrada por la idea, ahora estaba ansiosa por salir. Extrañaría a todos, pero también quería irse.
—Estaré bien.
—No me has pedido permiso para salir.
—¿Me da permiso, Hokage-sama?
Naruto no pudo evitar sonrojarse, se llevó una mano a la cabeza y comenzó a reír un poco nervioso.
—¡Tenten, llámame Naruto, dattebayo…! ¡Eh! ¡Ese no es el punto…!
Shikamaru soltó una pequeña risa y bostezó. Palmeó un par de veces en el hombro a Tenten, ella tomó aquél gesto como una bendición de su parte.
…
El pájaro alza el vuelo en medio de la oscuridad.
…
Semanas atrás, Tenten mantuvo una conversación que le cambió la vida: que llegara en aquél momento, cuando su existencia ya era sólo un soplo de aliento, recalcaba la ironía de la que era parte la humanidad. No le molestaba en lo absoluto la tardanza de las explicaciones del comportamiento de Sai. Sabía que no había sido culpa del ninja, al menos no en su totalidad. Su encuentro se había dado con naturalidad después de que Shino y los demás escucharan el canto de las cigarras. Sai se acercó a ella y le ofreció llevarla a casa. Tenten no sabía cuál era la manía por acompañarla a su hogar, siendo que era una ninja capaz de defenderse de casi cualquier ataque. Aceptó sin darle más vueltas al asunto y terminó embarcándose a un viaje de veinte minutos con Sai en completo silencio. Sabía que el hombre no era muy expresivo, pero un poco de conversación no les vendría mal, pensó. A punto de sacar un tema de conversación, el pelinegro arrancó una flor del camino y se la entregó.
—Gracias —expresó Tenten asombrada, sonriendo un poco.
—Leí que es correcto entregarles flores a las mujeres cuando se les quiere pedir disculpas.
La castaña rió incómoda, guardando la flor entre las hebras de su cabello. Pensó que Kiba no le había dicho a nadie lo que pasó en la misión; quizá se había equivocado y los demás tan solo estaban actuando de manera despreocupada ante el asunto. Si Sai se iba a disculpar, seguro que era por aquellas palabras que le había dirigido y que habían sido la causante de sus dudas respecto al cariño de sus amigos por ella.
—No es necesario que te disculpes.
—Tal vez tienes razón —dijo sonriendo—, sobre todo porque lo tomaste de la forma equivocada, y eso no es mi culpa.
Tenten volvió a reírse, Sai era tan sincero y tan extraño… Le gustaba la forma en que actuaba con ella y con los demás. No podía culparlo por su falta de tacto en ciertas ocasiones.
—Lo sé. No es tu culpa.
—Lo dije para animarte.
—¿Animarme a ir por el rehén? Qué buen método —dijo sarcástica y juguetona.
—No —pronunció, con el rostro serio. La luz pálida de la luna se derramó sobre su piel nívea. Tenten también se enserió—. Hace mucho tiempo dijiste que querías convertirte en una kunoichi legendaria.
Las palabras de Sai cobraron sentido, aunque él no lo hubiera dicho de manera explícita; entendió el porqué de lo que le había dicho. Empujarla a seguir su sueño sin detenerse por el miedo de morir. Eso era lo que Sai había querido hacer.
…
Aletea feroz, dejando estelas de plumas blancas tras de sí.
…
El festival de año nuevo había sido esplendoroso. Tenten no había logrado asistir los últimos años, pero esta vez estaba ahí, y no estaba sola. Rock Lee, su hijo Metal Lee, Kakashi-sensei y Gai-sensei la acompañaban. O ella los acompañaba a ellos, no sabría decirlo con exactitud. Pasaron casi toda la víspera del año nuevo sumergidos en retos tontos, de los cuales no había podido ganar ninguno. El estómago le dolía de tanto reír, no creía poder ser más feliz de lo que era en ese momento. A pesar del cáncer, de que Tora no estuviera ahí, de que faltara Neji a su lado; entendía que cada momento de felicidad también conllevaba ese sabor agridulce de la melancolía.
Después de disfrutar los fuegos artificiales, se fueron a la fiesta en casa de Chouji. Akimichi los recibió con felicidad, pidiéndoles que disfrutaran de la comida y la bebida. Bailaron toda la noche, Gai venció a Kakashi en el karaoke. Brindaron con champaña por un increíble año nuevo.
Entre risas y aplausos, Tenten lo supo: aprovecharía al máximo cada minuto de lo que le restaba de vida.
…
Se golpea contra las ramas, cae al suelo un par de veces.
…
Pasada la medianoche, Tenten sigue buscando el punto sensible de Neji: ella afirma que todos los seres humanos tienen cosquillas. Neji dice que no siente nada. Ha examinado sus pies, sus piernas, su torso, las axilas, la espalda, el cuello, las orejas. Nada.
Tenten cree que no es posible. Todos sienten cosquillas. Ella se retuerce riendo y gritando antes de que la toquen; sobre todo en la espalda, Neji no puede dejar su mano ahí demasiado tiempo sin que la castaña comience a reír como poseída. A punto de tirar la toalla, pasa las manos en el único lugar que no se atrevió a tocar. Neji hace una cara extraña y se aparta, poniendo la almohada entre ellos como precaución. Ella arquea las cejas y comienza a reír.
—¿Te dan cosquillas en el trasero? ¡Qué raro eres!
La besa antes de que se siga burlando. Con suerte, al terminar se le habrá olvidado.
…
Herido, llega hasta la punta de la montaña. Enfrente está lo que estuvo buscando.
…
—Dejen de llorar, volveré pronto.
Todos se encuentran despidiendo a la castaña en la puerta de Konoha. Naruto, Lee, y Gai-sensei no dejan de revolotear a su lado pidiéndole que escriba y que les traiga algún souvenir. Sakura ya le ha dado píldoras suficientes para dos años, e Ino se encargó de revisar tres veces su maleta; checando si llevaba suficientes provisiones. Chouji le da un almuerzo para el camino, Sai le presta un libro para tratar con extranjeros. Kiba le ofreció llevarse a un canino por lo menos siete veces y Shino le pide que le traiga a su regreso —si es posible— un escarabajo extraño que crece en ciertos climas invernales. Shikamaru le ha regalado una manta térmica, Hinata le ofrece un guardapelo con la fotografía de Neji y la de Tora dentro. Sasuke no dice nada, su aura misteriosa no se quiebra ni siquiera cuando le hace un gesto de despedida.
Se encamina hacia la salida, cuando el grito de Gai le hace volver la vista. Su maestro le lanza una espada que logra tomar en el aire con facilidad.
El mango está grabado. Hay una sola oración:
"Bon Voyage; vuelve pronto".
…
Entre los velos rojos y filosos halos rosas, se levanta el sol: el amanecer.
…
Hoy seré breve: quiero verte. Si es posible en la siguiente vida, o en la siguiente, o en la siguiente, o en la siguiente…
Hola :3
Ya lo sé, es una hora extraña de actualizar. En mi país son las tres de la madrugada. Qué raro. Pero me hacía mucha ilusión subir el capítulo. Si es posible, el quince estaré subiendo el décimo y último capítulo. ¿Qué les ha parecido? Espero que les haya gustado. Siento que es un capítulo muy dulce. Un capítulo muy esperanzador. Sobre Kankuro y Gaara: tenía planeada esta escena desde hace mucho tiempo. Realmente la quería y sentía que la merecía. Si creen que el "me gustas" de Kankuro es romántico... uhm. Digamos que lo es más o menos. Nada serio. Díganme si creen que hay OoC, dedazos, errores. Son bienvenidas las correcciones. (Más porque estoy actualizando a esta hora y debería irme a dormir en lugar de estar aquí).
Además, logramos el review número cien (gracias querida Yusha) y debo agradecer a cada uno de los que han comentado. Sigan haciéndolo, por favor.
¡Feliz año nuevo! Besos y abrazos a todos.
