Desenmascarada - Parte 4: Reunión - Capítulo 32: Un paso Más

Cada segundo que pasa te acerca al altar de sacrificios, donde se decidirá tu destino.


Kōta cambia el peso de un pie al otro. Sasuke se da cuenta de que el chico está siempre intentando echarle un vistazo a sus ojos; al parecer, la obsesión de su amo con el Sharingan se le ha pegado. El Uchiha no se molesta en alzar los ojos de las hojas en su escritorio. Nunca tarda mucho en lidiar con el papeleo, así que casi nunca se acumula.

En la parte de atrás de sus pensamientos, oye el comentario sarcástico del clon sobre haber acabado como un ninja del papeleo en lugar de una sombra protectora; muy a pesar del hecho de que sólo se convirtió en Hokage porque era necesario. Habría preferido trabajar desde la oscuridad… pero se pasó. Sasuke sabe que no queda nadie adecuado como para rellenar el vacío de poder que ha creado.

No puede dejar el destino de Konoha a la suerte, a la posibilidad de que sean la primera aldea en recuperarse, no cuando está tan… indefensa.

—Orochimaru solicita permiso para utilizar a los prisioneros. —Casi todas las semanas, Kōta Nemuri se presenta en la torre para entregar mensajes. Casi siempre son los mismos, y la respuesta no cambia: hace mucho desde que nuevos ciudadanos de Konoha son enviados a Otogakure como castigo.

Casi no quedan rebeldes, y pronto no habrá nadie capaz de escoltarlos, de todos modos. Orochimaru sufrió demasiado daño durante la guerra, y sigue atrapado en sus escondrijos. Lejos de estar derrotado, ha seguido experimentando. Sasuke se molesta en mirar a Kōta: el niño es más peligroso de lo que parece. Sus habilidades de supresión de chakra son capaces de engañar a sus ojos si no está en alerta constante (por suerte, siempre lo está… excepto cuando la locura lo devora).

—No podemos sacrificarlos. Si lo hacemos, nuestras últimas fuerzas leales se rebelarán o huirán —responde, estoico. Orochimaru no parece tener problema alguno con ello: Konoha ha caído demasiado bajo, en sus ojos. Hay otros métodos que Sasuke podría utilizar para ser Hokage, y la mayoría ni siquiera requieren el título oficial, protesta su antiguo maestro.

—Estás demasiado apegado a esta mierda de aldea —murmura el clon, en algún lugar a su derecha—. ¿Qué hicieron por ti? Te robaron a tu familia, a tu hermano… intentaron robarte tu poder para apropiárselo. ¿Qué tanto te importa? Si te fueras, se hundirían en su propio pozo de pecados.

¿Por qué se siente como si pudiera preguntarle algo así a la misma Sakura? No entiende por qué ella sigue tratando de salvarlo; por él, y no sólo para eliminar la amenaza que representa. Le hizo falta su desafío para entender que va más allá de infatuación. Para alguien como Naruto, podría entenderlo, pero, ¿Sakura?

...A veces, se arrepiente de haberla dejado viva.

—Se lo informaré. —Las palabras de Kōta y su inclinación respetuosa sólo se registran en su mente medio minuto después de que éste haya desaparecido. Sasuke parpadea para quitarse de encima las sombras oscuras que han empezado a filtrarse en su campo visual. De un modo u otro, siempre está cansado: apenas hay momento alguno de descanso, esté despierto o no. Pagaría tanto por ser capaz de dormir de nuevo.

El clon comenta que le proporciona lindos sueños: que no son más que escenas falsas y alegres de todo lo que podría haber sucedido en un mundo mucho más inocentes. A las pesadillas no les hacen falta monstruos para ser atemorizantes y dolorosas.

—Zaji —llama, aunque no muy fuerte, porque sabe que el hombre siempre está cerca. El shinobi aparece en la habitación y se inclina ligeramente. Sasuke no sabe qué le pasó, pero su actitud pasó de rebelde a obediente y temerosa un día. No puede recordar si le hizo algo, pero por ahora ha sido uno de sus hombres más fiables—. Reporte.

—Las patrullas fronterizas de Iwagakure siguen armadas hasta los dientes —responde el hombre; todavía queda algo de su actitud antigua en cómo habla—. Sin embargo, nuestros espías han reportado nueva actividad. —Zaji se aclara la garganta, aparentemente incómodo—. Parece que se están preparando para la guerra.

Este es el momento que has estado esperando. Sasuke asiente y despide a Zaji sin otra palabra una vez el reporte está hecho; no poseen mucha información del País de la Tierra, parcialmente debido a los controles de seguridad, y también a causa de falta de personal. Al fin y al cabo, la mayoría de los mejores shinobi fueron enviados a la guerra y eliminados.

No sabe quién es el nuevo Tsuchikage, pues cada intento de contactar ha fallado. Sasuke no consideró necesario embarcarse en una misión personal: siempre y cuando Iwa se mantuviera en calma. La información que logró reunir indicaba que poseían las mejores condiciones de vida de todo el continente. Aunque extremadamente militarizada, quien quiera que controlaba los hilos en la villa sabía lo que se hacía.

Hasta ahora. Sasuke se aseguró de que el mundo entero supiera las consecuencias de oponerse a él y, o, comenzar una guerra. Incluso si su base de operaciones acabó siendo Konoha, su objetivo final es imponer la paz en las Naciones.

No ayuda que se siente bastante nervioso: Sakura ha estado en un lugar donde no puede sentirla por casi dos semanas. No sabe qué hace, y las palabras del clon sugieren que enterarse traería más problemas que beneficios. Es casi como si un detalle se le escapara; un puzle al que le falta una pieza diminuta, pero clave.

—¿Te sientes necesitado, cielo? Tengo más sueños guardados para ti. —Un estallido de negrura permea su visión, y puede oír la risa de una Sakura más joven en la distancia. La risa distorsionada del clon se hace eco en sus oídos, y el mundo comienza a emborronarse peligrosamente.

—¿Tienes que ser tan antagonista a todo lo que hago? —inquiere finalmente, en un gruñido, apoyando la cabeza en sus manos. Siempre hay un dolor de cabeza pulsando bajo su piel; cortesía, sin duda alguna, de la presión constante bajo la que su mente se encuentra.

—¡Por supuesto!


La meditación, Sakura acaba por decidir, es verdaderamente un dolor de muelas. Antes era capaz de hacerlo por periodos de tiempo bastante largos: una cosa buena, porque aprender cómo ser un médico ninja y entrenar bajo Tsunade eran cosas muy estresantes. Después de todo, su capacidad de concentración está por encima de la media.

La chica frunce el ceño profundamente, sus piernas cruzadas y sus párpados caídos. A su alrededor, el canto de los pájaros se mezcla con el susurro de hojas antiquísimas. Eso no es lo que está molestándola.

¡Sois una pandilla de idiotas redomados! —La voz suena en sus oídos de forma poco agradable; es la suya propia, pero eso no hace que su tono elevado sea mejor—. ¿¡Es que no podéis callaros de una vez!?

Hay un coro de quejidos en respuesta: no son gritos de agonía, o aullidos de sangre o susurros de odio. Sakura se siente ligeramente incrédula ante cómo de mundana su situación se ha vuelto en los últimos meses. Es un estado normal para ella, el hablar con los muertos y discutir sobre tonterías.

De algún modo, no puede imaginarse que Sasuke esté teniendo una experiencia remotamente similar.

Bloqueando los ecos distantes, dirige su atención a su cuerpo. Sin importar cuánto tiempo pase, no está acostumbrada a la sensación de restricción. Es una sensación constante que le recuerda cómo de rota está: cómo es sólo por los tentáculos del Ningyo, que se mantiene de una pieza. Y es un abrazo tóxico, asfixiante, pero la única cosa que la mantiene con vida.

De veras es difícil meditar cuando su chakra no para de golpearse contra ese muro, restringido y ahogado. Sin embargo, no es Sakura Haruno para nada: y ha perseverado hasta que se volvió capaz de controlar la energía lo suficiente como para maniobrar en torno al sello. Recuerda cómo antes apenas era capaz de hacer nada, sin quedarse sin aliento y tosiendo sangre, sin sentir que a cada momento, su misma carne se iba a derretir sobre sus huesos.

Hay memorias, también: un movimiento en falso y es asaltada por emociones, odio coalescido hasta crear un material tangible. Esos momentos envían su estómago en una espiral de pavor, pero los aguanta.

Katsuyu le recordó que la mayoría de gente necesitaría meses, incluso años, para poder encontrar energía natural; por suerte para ella, tiene la ayuda de las babosas (incluso si significa que tiene que acabar desnuda y empapada en savia conductora). Su chakra se siente resbaladizo y se desliza con más facilidad a través de sus canales, a través de los agujeros del sello, llegando al exterior en su búsqueda.

—Por muy necio que sea, tu plan requiere una cantidad admirable de coraje. —La chica abre los ojos, mirando a su alrededor en busca de la voz. Profunda. Vagamente familiar. Envía un chispazo de miedo a través de su espalda, su cuerpo reaccionando con puro instinto y gritando peligro.

¡Vuelve aquí, pequeño bastardo Uchiha! —exclama el eco de su propia voz, y de inmediato la presión se desvanece. Sakura suelta un suspiro tembloroso, obligando a los latidos de su corazón a calmarse de nuevo—. Honestamente, que les den a esos tipos… aterrorizar a chicas medio desnudas parece ser una tradición familiar o algo. —Un momento de silencio, durante el cual Sakura nota un sonrojo imparable extendiéndose de sus mejillas a su cuello. Sachi no parece notarlo—. Es impresionante, de veras… casi todas las marcas de chakra son ligerísimas, pero parece que tus… mejoras de meditación están haciéndolas más escurridizas.

Lo que significa: sé cautelosa, algunas de las marcas durmientes más profundas podrían estar despertándose y no pueden ser controladas del todo. Sakura sabe que las más peligrosas fueron selladas por Sachi y los genjutsu de Itachi, pero considerando que muchas de las almas no murieron cerca de ella, o habían sido invocadas con el Edo Tensei para empezar, podría haber cualquier cosa escondiéndose en los recovecos de su alma.

La pelirrosa sacude la cabeza ligeramente, respirando profundamente y cerrando los ojos de nuevo. El coro del bosque la envuelve con un abrazo relajante, pero parece que el mundo está muy dispuesto a impedirle meditar.

Algo le da un golpecito en la cara, sorprendiéndola.

Sakura tarda unos pocos segundos en verificar la realidad de la situación, parpadeando como un búho y mirando al espacio delante de sus pies. Maru la mira con la cara de póker más casual que ha visto en él (menos la que tiene cuando va a hacer algo deliberadamente malvado). Simplemente apareció frente a ella, y parece bastante tranquilo.

—Buenas, Rosita —saluda, con falsa alegría—. Algo intentó comerse a nuestro Rey, ah —explica casualmente. Semanas de ausencia, y no parece que nada le importe más que antes—. Una serpiente enorme. —La manera en que la mira habla de preguntas no formuladas, casi como un maestro inquiriendo deberes. Y Sakura siente que una respuesta errónea liberará un infierno sobre ella.

La pelirrosa recuerda de pronto lo que se siente al tener a alguien tan calculador como Maru como compañero, y se prepara para el desafío que sabe que se le viene encima. Su aparición súbita hace que se olvide de todo respecto a espíritus y meditación.

—¿...Tiene algo que ver con Sasuke? —pregunta, sin poder contenerse. El clon implicó que lo engañó, haciéndole controlar al Bakunawa: si está tras la aparición de bestias olvidadas hace mucho, o simplemente se aprovechó de ello, no lo sabe. Podría haber querido vengarse de las ratas, también.

—Ya veo que no has cambiado —refunfuña Maru, golpeando el suelo con su bastón—. No, ah. Tu gente pronto notará el desastre, pero bestias más antiguas que vuestra escritura se están levantando, y están furiosas, ah.

Tú tampoco has cambiado, ¡idiota! Sakura decide, sabiamente, que es mejor no introducir a Sachi tan pronto.

—¿Has visto ya a Misho? —inquiere, estirándose y mirando hacia arriba. El follaje de los árboles oculta el cielo, pero si sus cálculos son correctos, debería de ser un poco más tarde del mediodía. Un buen momento para la comida—. Creo que te has perdido mucho. —Si tiene que juzgar por la cantidad de veces que el niño menciona a la rata, sus palabras deberían de ser bastante ciertas.

Maru salta en su hombro con experiencia venida de práctica, y Sakura se da cuenta de que pesa menos que antes. Tiene el mismo aspecto que cuando se fue, así que no se había dado cuenta… Hay algo en la manera en que se mueve, sin embargo; una precisión que no había visto antes. Convenientemente, cada vez que la rata tuvo que moverse y luchar de veras, Sakura estaba fuera de sí. Podría simplemente ser cauteloso.

—No, esperaba que me dijeras dónde está el Idiota, ah… —Algo no anda bien con la rata, pero Sakura es incapaz de averiguar qué. Él suena y se comporta como siempre.

La pelirrosa considera preguntarle cómo fue todo, por qué se fue de súbito; qué significaban sus palabras de despedida. De algún modo, sin embargo, siente que cualquier deseo de una conversación normal con Maru está destinada a fallar. No le dirá nada que no quiere que sepa… y por experiencia, Sakura sabe que está escondiendo algo.

—He estado preguntándome, ah, si mi más talentosa estudiante ha hecho sus deberes —continúa él, con un tono que gotea veneno. Oh, aleluya, ¡allá vamos! La cola de la rata se cierra por detrás de su cuello en advertencia, y Sakura tiene que suprimir un temblor (aunque Sachi parece muy dispuesta a declararle la guerra, por intentar asustarla). Es siniestro cuando quiere, lo admite.

—Bueno, sigo sin poder combinar elementos, y no creo que sea capaz en el futuro —explica Sakura, con una ligera mueca—. Estoy aprendiendo algo distinto —añade, apresuradamente—. Energía natural.

—Es verdad que apestas a jugo de babosa —responde Maru. Todavía no la ha golpeado, así que tiene que estar haciendo algo bien—. Un placer conocerte, ah. —Con esas palabras, resume demasiado. Demasiadas emociones, pensamientos turbulentos y dolor. Sakura casi se tropieza en una rama; no está apresurándose para volver a donde el grupo está. Además, necesita ropa.

La pelirrosa siempre se siente dolorita tras las meditaciones: requiere calmarse lo suficiente como para percibir energía natural (lo cuál sería difícil sin el control de Sachi; está segura, al menos, de que Sasuke no sería capaz de hacerlo. Kami sabe cómo de temible sería si pudiera usar energía natural) y luego reunirla en su cuerpo (lo que requiere transformarla debidamente y filtrarla a través del Ningyo).

Quema como si hubiera fuego en sus venas; incluso si la savia ayuda con el movimiento, su método de procesamiento es el de las babosas. Un movimiento en falso podría convertirla en piedra o derretirla desde el interior. Todavía no ha logrado convertir el chakra y usarlo, pero está acostumbrándose.

—¡Ten un poco de fe en mí! —protesta, dando un manotazo hacia Maru, frustrada. El enfado es mejor que el pánico, o eso cree ella. Él esquiva, por supuesto—. Katsuyu dice que nunca ha visto a nadie aprender cómo obtener y transformar chakra tan deprisa. Creo que lo que me hago.

—Yo sé lo que no estás haciendo, ah —comenta él. Entonces hace algo muy poco característico, soltando un aliento que suena a suspiro—. Has hecho todas esas resoluciones, pero sigues comportándote como una niñita en la escuela.

—¿¡QUÉ!? —Su genio arde esta vez, hinchándose en uno de los estallidos por los que es tan famosa. Sachi ruge en ira ofendida, y un momento más tarde ha obligado a la rata a bajarse de su hombro, a menos que quiera recibir un golpe infundido con chakra.

Siempre ha sido molesto, pero ahora… Sakura se ha pasado una semana entera meditando todos los días, jugándose la vida y sintiendo cómo el chakra natural corroe sus canales. Y mucho más tiempo (meses, de hecho) forzándose a ser capaz de moverse como un buen shinobi debería. Horas y horas, sin importar cómo de agotadoras las noches fueran o cuánto le doliera el corazón.

Recuerda las palabras que le juró a Kurenai: No quiero vivir en un mundo donde él es el Hokage. Y si me cuesta la vida, que así sea. Se llevó todo lo demás: no tengo nada más que este deseo.

Se hacen eco en su cabeza, alentadas por la ira y la frustración, por la ansiedad y el miedo. Persigue a la rata, que se limita a mantenerse fuera del camino, y lanza un puñetazo sobrecargado en su dirección.

Un estallido de dolor, empezando en su corazón y extendiéndose a través de su cuerpo entero en menos de un segundo, rápidamente arrebatándole todos esos pensamientos. Sakura boquea, su cuerpo temblando y escapándose de su control; su brazo sufre un espasmo y el chakra se disuelve dentro de su mano, enviando agujas de fuego a través de cada nervio de su palma y dedos.

—¿Esto es lo mejor que tienes? —se burla la rata. Ahí está, la misma voz llena de ira velada. Sin embargo, esta vez no hay signos físicos; sólo una voz que parece estar llena de decepción. No es condescendiente, ni paternal; sólo decepción.

Sólo hace que se enfurezca de nuevo. En algún lugar de su mente, Sakura se percata de que no han pasado cinco minutos y ya está intentando matar al maldito roedor. Tiene que estar haciéndolo a propósito. Pero no le importan las razones, ahora no. Hay demasiada frustración acumulada, tras horas de esfuerzo con muy poco progreso, que siempre la dejan preguntándose cómo podría jamás derrotar a Sasuke Uchiha.

Sakura dejó de contener su rabia hace mucho. Su maestra le enseñó a lidiar con las cosas abiertamente, de forma rápida y directa. Así que incluso tras caer al suelo, su cuerpo convulsionando y sus pulmones robados de aire, aprieta los dientes y se pone en pie.

La primera cosa que le preocupa es su balance: mantener su cuerpo erguido. Y luego asegurarse de que sus piernas se mueven correctamente, y que su torso no se tuerce demasiado. Su mano y brazo derechos, casi hasta el codo, están llenos de cortes dibujados en torno a las líneas del Ningyo. El sello es completamente negro, amenazando a subyugarla, a ahogarla de su energía vital.

La pelirrosa escupe sangre hacia el lado, y fulmina a la rata con la mirada, silenciosamente. Su respiración es demasiado irregular como para ser capaz de decir las muchas palabras que quiere gritarle. En lugar de eso, se concentra en dirigir energía a sus pies: lanzándose hacia adelante con poca gracia, pero gran precisión.

Justo cuando está a punto de chocar contra él, Sakura comienza en doloroso proceso de empujar chakra a través de su brazo izquierdo: sus dedos se cierran para formar un puño, pero se abren de nuevo cuando está a punto de alcanzar a Maru. Sólo quiere agarrarlo y estamparlo contra algo. Y además, a las babosas no les haría gracia si destruyera su bosque.

Y entonces hay un borrón de movimiento y Maru desaparece. Algo golpea la parte de atrás de su cabeza, duro; si no fuera por sus instintos shinobi de proteger el área con chakra, podría haber sufrido una concusión. La fuerza del golpe es suficiente como para empujar su (ya de por sí, rápido cuerpo) fuera de balance, y Sakura tropieza y cae de cara sobre un árbol caído.

—Bueno, ah, al menos ahora sabemos que ponerte furiosa hace que tu control se vaya a la mierda —ofrece la rata, aterrizando sobre su espalda y dándole un golpecito en el hombro con el bō—. Eres demasiado fácil de afectar con emociones, incluso si has aprendido a utilizar su poder, ah.

Sakura gruñe algo que suena sospechosamente a insulto, rodando sobre su espalda y tratando de golpearlo con el brazo izquierdo. El puñetazo choca contra madera putrefacta, dejando una fisura en el tronco y rompiéndolo. Un momento después, ha caído más abajo, su soporte reducido a polvo. Sakura ruega que a Katsuyu no le parezca un acto de vandalismo.

No soy como Naruto… no puedo seguir cargando hacia adelante sólo a base de determinación.

Se sienta, mirando al molesto roedor. No hay mucho espacio para moverse: aunque los enormes árboles del bosque, con sus colores extraños, están bien separados, hay un mar de árboles pequeños y plantas rodeándola. Puede a agarrarse a las superficies perfectamente, lo que le molesta son los obstáculos. Hay demasiadas cosas en su camino, y demasiado poco tiempo para verlas, si es que las detecta en absoluto.

—Si no mejoras… morirás. —Un golpe que no había visto venir, a la parte de atrás de su rodilla. Sakura suelta un alarido de sorpresa, pero logra sobreponerse al dolor y rueda por el suelo para amortiguar su caída, manteniéndose acuclillada y mirando en dirección al ataque. Ahí está Maru, bō alzado y cola moviéndose perezosamente a través del aire.

Ni siquiera lo vio venir. No hay nada juguetón en las palabras, sólo una afirmación enunciada con un tono plano. Un hecho. Sakura aprieta los dientes y desea tener un kunai con ella, pero sería demasiado pedir que la suerte esté de su parte por una vez. Si las babosas están observando, están escondidas. Sabe que no intervendrán. Esta es su lucha.

—Nuestro duelo no es a muerte —gruñe la kunoichi, poniéndose en pie una vez más.

—Pero, ah, eso implica que sobrevivirás para llegar a ese encuentro.

Su sangre se hiela, ojos abriéndose y latidos acelerándose erráticamente. Sakura mira a la rata con incredulidad, pero Maru no le da tiempo para procesar la información antes de desaparecer de nuevo. No hay susurro de hojas, no hay nada que prediga el golpe que aterriza en su espalda, mucho más fuerte que los otros dos, lanzándola como un muñeco de trapo a través del bosque, hasta que choca contra un árbol grande.

Su figura queda hecha un guiñapo en el suelo, su visión borrosa y el cuerpo incapaz de responder. El aire se le escapa de los pulmones, y Sakura jadea, dolorida. El Ningyo no está contento con esta paliza. Se aprieta más, adormeciendo la mitad inferior de sus piernas y bloqueando el control de sus dedos. Un pensamiento se hace eco en su mente, sus párpados sintiéndose muy pesados; una figura borrosa aparece frente a ella, su diminuta forma quedándose inmóvil en un juicio silencioso.

Va a matarme.


—Me debes algo. —Sucia mentira. Es al revés—. Si pagas tu deuda, te dejaré ir. —Lo que quieres es una manera de pagarle lo que debes, por el infierno que le has traído.

Los ojos de Soma se estrechan en un silencioso análisis. Siempre habla suavemente, dando la impresión de una persona tímida; en realidad, es observador como ningún otro prisionero lo fue. Él fue el que encontró las grietas en la prisión donde Sasuke lo mantiene prisionero.

Fue el clon, quien dijo que siempre está buscando cosas nuevas que aprender. Y él recuerda bien: sus habilidades por encima de la media como médico y su control de chakra vienen únicamente de ahí.

No es un natural, pero bajo un buen maestro tiene el potencial de ser un arma poderosa.

Un arma, de hecho, porque Sasuke está casi cierto que un sanador natural como él se negaría a luchar.

—¿Qué requieres, lord Hokage? —inquiere Soma, finalmente, sacándolo de su ensimismamiento. El niño se mantiene inclinado en respeto, sin inmutarse ante la llamada a esta extraña hora del día. Quizá no es tan sumiso como Hanabi, pero desde luego tiene los modales. Sasuke sabe que no se rebelará.

—Me hace falta un heredero.

No puede poner todas sus cartas en Hanabi; no, por experiencia, los shinobi más fuertes se alzan cuando son empujados a sus límites. Y nada mejor que una competición, por brutal que sea, podría ser mejor motivación. El Uchiha recuerda vagamente a Naruto y a sí mismo, en sus días de genin. El clon comenta, con diversión, que literalmente ha saltado del rango más bajo al más alto.

En sus palabras, encuentra una verdad ocult: los títulos no significan nada si no se consiguen mediante mérito. Un Hokage podría ser débil… o fuerte. Pero siempre habrá un Hokage, a menos que Konoha desaparezca. Es su tarea asegurarse de que el siguiente que tome el haori, deberá de ser capaz de proteger su sueño.

—Si accedes a ser entrenado por mí y obedecer mis reglas, te daré la libertad. —Lo que significa, ponle una correa al perro hasta que no recuerde qué es vivir sin ella. Sasuke frunce el ceño ligeramente, sus labios torcidos en disgusto. La risa distante del clon hace eco en su mente, tras lograr sacarle una reacción.

Soma mira a Hanabi, que ha estado esperando calladamente en un asiento junto al de Sasuke. El escritorio del Hokage está vacío de papeles, dejando una vista despejada. El Uchiha siente un deseo de rodar los ojos; por supuesto que un niño pensaría primero en quedarse con un amigo.

Qué poco sabe: si todo va según el plan, pronto se volverán rivales mortales.


Sakura parpadea como un búho, y alza un brazo para bloquear de forma automática. Justo a tiempo para detener el bō, directo a su rostro. Maru se mueve hacia atrás, quedándose a unos pocos metros de ella. La pelirrosa lo mira con sospecha, y luego a su propio brazo.

Ni siquiera estaba completamente consciente cuando se movió, así que, ¿cómo pasó eso? Se sintió más como si su brazo hubiera sufrido un espasmo, casi como…

Ni modo. Las maldiciones de su yo interna resuenan en su cráneo, tan sonoras que duelen. Hay líquido escapándose de sus oídos, puede sentirlo. Sin embargo, su mente está tratando de trabajar con el hecho de que lo que hizo que se moviera fue el Ningyo. Los tentáculos dibujados en su piel se relajan, haciendo que su brazo se caiga, sin fuerzas.

El Sello Marioneta, la maldición de su existencia, está protegiéndola: incluso si es para cumplir su misión, el objetivo que le dio la vida.

Sakura se grita mentalmente, tratando de levantarse, pero cada músculo de su cuerpo está derritiéndose en agonía ardiente. Los únicos que no le molestan son los que se han quedado fríos y adormecidos.

—...Esos Uchiha siempre fueron bastardos tramposos, ah —comenta la rata, casualmente. la pelirrosa lo mira, y de inmediato se siente ahogada con las palabras que quiere gritarle.

¿De veras está tratando de matarla?

—Sí. —Cuando él responde, Sakura comprende que en su confusión debe de haber formulado la pregunta en voz alta—. Estoy haciendo esto por ti, ah. Prometiste liberar al mundo de Sasuke incluso si te costaba la vida, ah. Que no vivirías en un mundo donde él reina. —Escupe el nombre como si fuera algo asqueroso que quiere lejos de sí, ganándose una mirada sorprendida—. Te estoy ayudando con eso.

Si quisiera acabar con ella, podría haberlo hecho. Sakura sabe que está mostrándole la explicación muy a propósito: los movimientos de Maru y sus acciones nunca están faltos de razón. Y le ha dicho por qué está haciendo esto: le gusta hablar, molestar a todo el mundo con su sarcasmo e ironía, pero hay algo más en sus palabras.

Es una elección que le ha detallado: demostrarse capaz de enfrentarse y sobrevivir a cualquier cosa en su camino hacia Sasuke, o morir y destrozar su alma, cuando la suya propia abandone el mundo mortal. Lógicamente, lo que sea que suceda, caerá en los parámetros de su promesa.

No está mintiendo: es ayuda. Y la impresiona y entristece, el saber que ni siquiera es la solución más rebuscada para su problema.

—Estás loco —musita—. ¿Estuviste espiando todo el tiempo?

—Si sólo hubieras prestado atención a los ojos del idiota, ah, lo sabrías. —Sakura no tiene tiempo para procesar las palabras antes de que golpee.

Maru se mueve otra vez, y esta vez el Ningyo no reacciona. Sakura puede oír claramente el crujido de los huesos en su brazo, su bloqueo demasiado torpe como para desviar la fuerza debidamente. Maldice mentalmente; incluso con la ayuda, el Sello Marioneta ha bloqueado sus canales más de lo que esperaba, y ahora no puede canalizar suficiente chakra.

Una vez más, la rata se aparta. Sakura trata desesperadamente de redirigir lo que sea que le quede de chakra hacia la herida. La pelirrosa tiene un as en la manga: la habilidad de curarse sin signos manuales. Incluso si canalizar el chakra hacia fuera es difícil, el Ningyo es mucho más tolerante a moverlo dentro de su cuerpo.

Ya sabe que, a pesar de su proficiencia manejando chakra y curando, no será suficiente como para curar su brazo enteramente. El tirón de carne tejiéndose de nuevo a su estado natural no es nuevo, pero desde luego se siente forzado.

¿Cómo he acabado así? ¿Y cómo demonios voy a salir de esta situación?

Su confusión debe de ser aparente en su rostro, porque Maru sólo tarda unos segundos en detectarla.

—Muy irónico, que puedas entender el funcionamiento del cuerpo desde lo más profundo hasta la piel y el pelo, pero no eres capaz de comprender cómo funcionan las mentes, ah. Si hubieras sido capaz de hacerlo, él no se habría escapado entre tus dedos, ah, demasiado difícil de entend-

—¡CÁLLATE! —aúlla Sakura, obligando al chakra a moverse hacia sus piernas y brazos otra vez, y apoyándose contra el árbol en busca de apoyo. No tiene otras heridas mayores, pero Sakura sabe que no será capaz de curar nada más grave que moratones y cortes. Su mente está haciéndose pedazos, saliéndose de su control en una maraña de emociones turbulentas y pensamientos dolorosos.

Lo sabe: cualquiera que sea la razón que empujó a la rata a hacer esto ahora, no va a parar. Sakura ha visto muchas cosas extrañas, y sabe que una rata pateándole el culo no está más allá de la realidad.

Sin embargo, una sensación muy particular está abriéndose camino hacia las partes conscientes de su mente: traición. Ira. Dolor. Maru era un anclaje para todos esos pensamientos, antes; ahora, está tratando de matarla. Hay una sensación rígida y familiar, hundiendo su pecho y retorciendo su estómago.

El bosque a su alrededor está emborronado, colores brillantes y extrañas figuras descartadas de su atención, para que pueda centrarse en la pequeña bola de pelo que se mofa de ella. Ya no importa: sólo quiere hacerle pagar. Por qué, apenas puede recordar. Pero tiene que hacerlo.

Carga hacia adelante, con los puños listos para golpearlo. Maru no se mueve.

De hecho, su mano derecha choca limpiamente contra su cuerpo, aplastándolo contra el suelo. Puede oír el crujido de huesos, la explosión de órganos internos, la figura de Maru achatándose contra el suelo. Un cráter se forma tras el impacto, y a Sakura le hace falta una cantidad de tiempo muy larga para entender lo que acaba de pasar.

Su rostro se llena de horror, mientras observa con incredulidad. No, no, ¡no puede morir asi-!

¡Detrás! Sachi está un paso por delante, pero apenas es suficiente tiempo: el genjutsu no desaparece, la sangre manchando su mano y lanzada a través del aire cuando se gira tan rápido como puede, concentrando su chakra en las piernas y la parte de arriba del cuerpo.

Se agacha justo a tiempo, pero la rata es rápida: con reflejos que la mayoría de humanos nunca demostrarían, lanza un golpe con el bō a mitad del aire y golpea su hombro con él. Sakura empuja chakra hacia las piernas y salta lejos; de la ilusión horrible, de él.

—Las emociones dan fuerza, ah, pero sólo si no dejas que te nublen la mente. —El genjutsu sigue ahí, y la rata está de pie al lado, con el aire más sereno. Incluso si sus palabras son duras, no ha perdido el tono casual del todo.

Una guardia baja, debido a un corazón sensible. Un alma que se niega a luchar contra lo que ama, incluso si este tesoro se vuelve tan retorcido que amenaza la supervivencia.

Sakura está helada, las palabras haciéndose eco en su mente en medio de una cacofonía creciente; no es Naruto. Ni de lejos. No puede -simplemente, no puede- luchar contra alguien que le importa así. No puede apartarlo, y le falta la comprensión que el Uzumaki tenía. La capacidad de entender la esencia de los corazones de la gente, y cambiarlos.

No puede hacer eso con Sasuke, ni siquiera puede hacerlo con Maru; no, ella tiene que cambiar. Porque no es suficiente, nunca funcionará. Ella, que puede romper y reparar cuerpos en segundos, está a kilómetros de compartir la misma habilidad para afectar mentes y almas. Puede entender los patrones de cada tipo y en cada situación… pero no los corazones.

Y sin embargo, está segura de que puro poder nunca bastará para derrotar a Sasuke.

Tal vez siempre ha sido así. Una y otra vez, los mismos eventos se repitieron a través de distintos escenarios; y siempre acababan igual. Nunca lograba superarlo, nunca podía comprender los deseos ardientes que llevaron a sus compañeros de equipo tan lejos. Motivación, sí; esta determinación tan fiera, con la que Naruto y Sasuke eran tan similares aunque contrastados, no.

Siempre hubo una separación. Diferencias que la ponían aparte de ambos desde el principio; e incluso si progresó lo suficiente como para mantenerse firme, incluso si aprendió y entrenó sin descanso para mejorar, eso nunca cambió. Todavía no lo ha hecho. Sin importar cuánto coraje ponga en sus acciones y palabras, nunca será igual que ellos.

Ese vínculo va mucho más atrás, al tiempo de Kaguya y el Sabio de los Seis Caminos. Profundamente arraigado en sus reencarnaciones a través de la historia, más profundo que la sangre derramada en las guerras que provocó. Nada que ella pueda hacer podría compararse a eso.

Su única arma, su mayor debilidad, son sus emociones: le dan la fuerza que le hace falta para enfrentarse al reto imposible que la aguarda. Pero nunca fue buena pensando claramente cuando Sasuke estaba en el asunto…

—Lo sé —murmura, respirando erráticamente. Tragando sangre y saliva, su expresión se tuerce hasta formar una mueca profunda. Sakura cierra los ojos, dejando escapar un suspiro. Las memorias se aceleran frente a sus ojos, pero se obliga a mantenerse en el presente. Sus mirada se mantiene seca mientras mira a la rata—. Soy una mala kunoichi.

A pesar de que siempre supe que no debería mostrar emoción… desde el principio, fui contra las reglas.

—Estás usando términos anticuados —comenta la rata—. El mundo shinobi ha caído. Esas reglas ya no importan, ah.

"¿Cómo sabe lo que estoy pensando?" se pregunta, entornando los párpados y colocándose en una posición defensiva, preparada. Su reloj mental está contando los segundos para el siguiente ataque.

—Lo haces obvio, Rosita. Se te escapan.

La chica trata de deshacer cualquier genjutsu que haya a su alrededor, pero para su sorpresa, el que Maru ha creado no desaparece. Confusa, Sakura parpadea. En ese periodo de tiempo, la rata desaparece.

Un instante después, también lo hace el mundo a su alrededor.


Nota: siento el retraso, gente, tuve muchos problemas inesperados estas dos últimas semanas. Quería hacer una actualización doble, pero no va a poder ser. Veré si puedo lograrlo para el siguiente finde :)