Desenmascarada - Parte 4: Retorno - Capítulo 33: La última Vez
Un último suspiro, una oportunidad final; un momento llega, para perder o ganar.
Muy irónico…
Sakura quiere creer que Maru siempre mintió. Quiere creer que la engañó cuando (por razones que no pudo entender), dijo que le importaba. Quiere hacer una lista de todas las cosas que hizo y las que no, que podrían indicar una razón distinta. Pero no puede, por mucho que querría poder hacerlo.
Lo que sea, para escapar la comprensión de que esta es su realidad (porque duele demasiado como para soportarlo). Que todo ha ido tan horriblemente mal, que el mundo siempre fue injusto… que su propio amigo tiene que intentar matarla. Por el bien mayor. Él no lo dice, pero Sakura lo sabe.
Y nunca ha sido buena soportando dolor emocional. Sea tristeza, ira o molestia: nunca pudo suprimirlos como un buen shinobi debería de ser capaz de hacer. Nunca quiso, y ahora está pagando el precio, una vez más. Se pregunta si esas palabras fueron correctas: que es sólo una niñita jugando a ser ninja, ignorando la responsabilidad que conlleva.
Puede intentarlo, pero nunca será buena, porque en el fondo nada ha cambiado. Puede matar y curar, luchar y proteger; mas, al final del día, es muy consciente de que sigue siendo igual que antes. Sólo ha cambiado su resolución, y por muy lejos que eso la haya llevado… no es suficiente.
Maru ha visto su determinación, su sufrimiento. Ha visto cómo luchaba y se ponía en pie, una y otra vez; y sabe que ha esquivado el problema. No sólo en el último año, sino durante un tiempo mucho más largo.
Ella vio (hace mucho, mucho tiempo, en el Bosque de la Muerte) que tenía que cambiar lo que hacía: pero nunca cambió quién era. Siempre ha sido igual, sin importar cómo de fiera y temible se volviera: siempre acababa llorando demasiado, sucumbiendo a su ira.
Siempre, y para siempre, Sakura es una persona emocional. Y ahora su castigo, la prueba para medir su fuerza real, ha llegado.
Podría rendirse. Podría dejar que Maru la mate, y Sasuke quedaría hecho pedazos. ¿No haría eso que las almas de los caídos se calmaran? ¿No significaría la libertad para Konoha?
¿Desde cuándo ha estado convencida de que tenía una oportunidad de derrotar al hombre más fuerte del mundo, capaz de derrotar a Naruto y aniquilar un ejército entero? Está rota. No puede luchar como antes, no puede curar como aprendió a hacer. Chakra, una cosa que antes le era tan natural, es ahora difícil de manipular y retener.
Si tuviera que enfrentarse a Sasuke de nuevo, no podría mirarlo a los ojos y mantenerse firme. Sería demasiado.
Su paisaje mental se extiende a su alrededor; pero ya no es suyo. No, es una réplica del campo de batalla. Sólo puede observar cómo la luna vuelve a la normalidad: un hombre domina a las Bestias con Cola, tras matar a su mejor amigo. Kakashi ya está muerto. No pudo hacer nada, ni siquiera dejar una marca en sus defensas, pero lo intentó de todos modos. No hubo un segundo de duda, ni posibilidad de supervivencia.
Sakura se ve a sí misma, de pie en silencio horrorizado. Observa cómo Él los despierta a todos; y ejecuta a los Kages como una demostración pública. No les da oportunidad, y a pesar de que luchan, no pueden hacer absolutamente nada. Es demasiado fuerte ahora, muy por delante de cualquier otro humano vivo.
Ya no existen los impresionantes ataques que la Alianza, como un solo ser, podía ejecutar; los ataques a escala masiva que los grandes jugadores de la guerra podían lanzar casualmente (ya están todos muertos). Ya no están las personas que ama, incluyéndolo a Él; pero está demasiado perdida en un vórtice de dolor y caos, confusión incrédula, para poder entenderlo de verdad.
Se acabó. Ninguno de ellos puede hacer nada, mientras él recita un sonoro discurso sobre la paz; uno lleno de odio y desagrado hacia la humanidad al completo. No cree que puedan lograr nada bueno por sí solos: así que, por el bien mayor, será él quién los guíe desde las sombras. Sin gloria, sin adoración. Es su tarea, su deber: y lo cumplirá para que no haya más guerras, más derramamiento de sangre.
Nadie puede detenerlo. Nadie puede hacer una maldita cosa.
Ella tampoco.
Sasuke podría haberse ido, tras ese momento. Podría haberles advertido, y luego desaparecido en la noche. Debería haberlo hecho. Pero no fue así, a causa de ella.
Sakura observa a su yo más joven comenzar a temblar: su estado da pena, pero no hay marcas negras en su piel. No hay una mirada llena de sombras en sus ojos, la que ve cada vez que mira a su propio reflejo. Hay lágrimas llenas de dolor y una luz que, incluso ahora, podría reconocer inmediatamente como amor sin arredros, completamente ciego.
Recuerda la fría brisa en su piel, el cansancio que plagaba cada uno de sus músculos. Sus pasos inestables, que intentó hacer firmes sin mucho éxito. Las preguntas que gritó a su espalda, cada segundo acercándola al momento que lo cambiaría todo.
Nunca esperó que pasaría así, sin embargo.
—¿Por qué estás haciendo esto? ¡Es una locura! —Naruto habría gritado lo mismo, pero estaba muerto ahora. La sensación ardiente en sus venas le daba fuerza. Sakura había sabido que Sasuke cayó en su oscuridad… pero en ese instante, se volvió dolorosamente consciente de la profundidad que había alcanzado.
Los labios de Sakura tiemblan cuando oye la diatriba a la que se lanzó (recuerda cada palabra, grabada en su mente, las letras escritas dolorosamente en su alma), el intento sin temor para salvarlo. Porque todo lo que podía pensar era que estaba en un mal lugar… que estaba solo y perdido, regido por la oscuridad.
Porque su corazón dolió cuando gritó: ¡Te quiero, ¿es que no lo ves?!
Y a pesar de todo, supo… que no quería perderlo. Que no quería ver cómo él se perdía a sí mismo. Nunca había sido capaz de alcanzarlo, ¿verdad? Pero tenía que intentarlo… tenía que-
Él se da la vuelta, de una manera engañosamente lenta. Sakura respinga cuando ve esos ojos de nuevo: no eran indiferentes. Oh, no. Estaban llenos de demencia. Ira, puro odio. Los demonios que portaban, tan cerca de ser liberados sobre el mundo.
Debería de haberlo sabido.
El tiempo se emborrona para ella: en un momento recuerda que es un genjutsu, un castigo por sus errores… otros, lo ve todo a través de su perspectiva original otra vez. Pasado y presente… ¿importa? Después de todo, el dolor que siente es el mismo.
—No entiendes —dice él, voz baja y peligrosa. No me entiendes, ni al mundo, ni a los shinobi… no entiendes nada. Sakura parpadea, porque esos pensamientos no son suyos, pero puede sentirlos de todos modos, como dagas aceradas haciéndose eco en su mente.
Sakura no vio la advertencia. Era completamente inconsciente de lo que significaba. Pensó, estúpidamente, que podría argumentar esto y ganar: que sus palabras serían suficiente para hacer que él entendiera su amor. Que todo estaría bien, él sólo tenía que… Sólo tenía que volver.
No sabía que Sasuke había olvidado el camino de vuelta, que estaba tan perdido como ella.
Su segundo error fue mirar detrás de él, a los supervivientes de la guerra. Esos valientes hombres y mujeres, que parecían estar simplemente… ahí. Confundidos, observando. La puso furiosa.
—¿¡Qué estáis haciendo!? ¡Tenéis que luchar! —exclama, su garganta reseca y su voz rasposa. Debió haberse visto muy fiera, dándoles esperanza una vez más—. ¿¡Es que vais a quedaros ahí y permitirlo?! ¡¿Es que no sois capaces de hacer nada?! —Sonó como si los estuviera incitando a ponerse en pie contra el traidor.
Ellos no sabían que estaba rogando: que estaba implorándoles que la ayudaran, para hacer que Sasuke volviera y que todo estuviera bien. Había dejado que Naruto se encargara de esa tarea… pero ahora, él ya no estaba. Y ya no sabía nada. En el fondo, sabía que nada que pudiera hacer sería suficiente. Podía seguir intentándolo, chocando contra el mismo muro una y otra vez hasta que acabara rota, pero no era suficiente.
Ino tiró el primer kunai. Tras medio segundo, el campo de batalla entró en erupción y se desató el caos, Sasuke desapareciendo desde su posición previa, y reapareciendo junto a la rubia.
Sakura jadeó, sorprendida, sus ojos abriéndose cuando la Yamanaka fue derrotada sin esfuerzo. Pero Sasuke no paró. Algo en sus ojos, que le ha dado pesadillas durante meses, se desata. Ella es la gota que colma el vaso. Ella es la que lo empuja al precipicio, en un esfuerzo desesperado para hacer lo contrario… y él acaba perdido.
El tiempo se congela, y la tortura comienza.
Mata a unos más rápido que otros, pero no es menos brutal. Su aura asesina hace que ella tiemble; está cargada con el odio más profundo. Los odia a todos, y está perfectamente dispuesto a aniquilarlos a todos para lograr su objetivo.
La locura no es una cosa bella. Sakura sabe que él acaba perdiéndose en las luchas, y se pregunta… si fue su culpa. Es lo que siente. Sakura cuestiona si él habría cometido las mismas atrocidades, si ella no hubiera intervenido… y sabe que la masacre no habría sucedido.
Nos mataste.
Ya no está. Sasuke ya no estaba. Se perdió en la lucha contra sus demonios internos.
Ella corrió hacia él, trató de detenerlo… pero él se deshizo de ella con una facilidad avergonzante. Sakura creyó que el hecho de que no la había matado significaba algo. Las llamas de Amaterasu quemaron todo a su alrededor, miembros despedazados sobresaliendo de lagunas de sangre, cuerpos destrozados todavía tratando de aferrarse a la vida, en medio de gritos agónicos.
No fue hasta que los últimos supervivientes estaban tratando de escapar, que se volvió hacia ella. Se había limitado a quedarse ahí, lejos de ella, y Sakura lo llamó con una voz débil. Todo lo que logró articular. Estaba completamente cubierto en sangre, hasta el punto de que sus ropas se le pegaban al cuerpo. Parecía agotado, pero ocultaba el cansancio bien.
Ella no había sabido que la única cosa que lo mantuvo en pie, que le permitió mantenerse con vida, era el odio. Estaba tan cerca de morirse, su racionalidad devorada por la ira sin fin.
No, Sakura no pensó en esas cosas. Simplemente se quedó helada en el sitio, sin la mayoría de su chakra, o la habilidad de pensar y sentir, cerca de colapsar.
—P-por favor, para… —Ha rogado un millar de veces, pero él la ignoró todas y cada una de ellas. Los enloquecedores gritos de la lucha ahogaron todo, incluso la razón. Y cuando la mira, ella no puede hablar. Hay demasiado en esos ojos, cosas que dan miedo y duelen y están mal.
La hirió, sí, pero hasta ahora había estado centrado en otra gente. Y no puede deshacerse de la sensación de que es todo por su causa. Para herirla, para tener una vía de escape a lo que ella causó… no lo sabe.
Ahora (y también entonces) son sólo ellos dos. Atrapados en una maraña, una espiral descendente. Ella dio un paso adelante, insegura, pero enseguida dio uno atrás cuando él avanzó. Había una sonrisa que no era suya dibujada en su rostro, predadora y consciente. Estaba atrapada.
Sakura trata de cerrar los ojos, pero no puede. Se oye a sí misma dejando de suplicar, reemplazando las palabras con gritos. Recuerda la sensación de cada centímetro de su cuerpo, mutilado más allá de ser reconocible; su mente, reproduciendo la masacre con los detalles de un Sharingan y ahogada por ilusiones de sus peores pesadillas; una, y otra, y otra vez.
Siempre supo que puede matarla en un instante, si quisiera. Pero no lo hace, y la tortura se extendió durante lo que parecieron horas. Mente, cuerpo: nada escapó esa venganza. Ni siquiera su corazón.
Sakura recuerda cómo intenta curarse y alcanzarlo, pero él no se lo permite. Hay algo extraño en sus ojos, y ella trata de tocarlo… Quizá, llegado este punto, sabe que su final es acerca; quizá quiere sentirlo, o usar lo que le queda de fuerza para intentar salvarlo de nuevo.
No puede.
Las memorias se repiten en su paisaje mental a velocidad sónica, un momento y otro emborronándose hasta que no puede distinguirlos. Experiencias que no le pertenecen, emociones que nunca sintió. La ahoga, pena sin fondo.
El genjutsu no tiene piedad: y puede sentir que su energía vital está desapareciendo, poco a poco. Está siendo consumida por el jutsu, literalmente; poco a poco, éste arranca pedazos de su espíritu y los repite frente a sus ojos, sin detenerse jamás. Le está robando la vida, y pronto acabará por devorarla cuando ya no quede chakra que utilizar.
Le cuesta toda su fuerza bloquearlo, porque su cuerpo está respondiendo a las repeticiones como si estuviera sucediendo de nuevo. No puede encontrar el aire para sus pulmones, cada corte rompiendo su piel una vez más. No puede detener el dolor en su corazón, cada vez que Sasuke entierra un puño en su pecho.
Sucedió antes, y sucede de nuevo: sabe que no puede ganar, pero es físicamente incapaz de detenerse. Porque no hay nadie que pueda hacerlo, y tan perdida como se siente… tiene que hacerlo. No hay otra opción.
¿Acaso no es así como mi amor por él funciona?
La voz indefinida se sobrepone a las demás, un pensamiento introspectivo que se siente tan distante, que podría ser de una persona distinta. Y lo considera: para ella, nunca hubo otra opción, además de amarlo incondicionalmente.
¿Qué hizo para merecerlo? ¿Cuándo se convirtió una infatuación infantil en esta determinación indomable? ¿Cuándo se convirtieron su admiración, su fascinación, en una afección so profunda, que incluso después de todo lo que sucedió, todavía era incapaz de matarlo?
No puede responder, porque no lo sabe. Él simplemente estaba ahí, se volvió una parte de ella, y sus emociones se volvieron tan grandes que se escaparon a su control. Antes, lo observaba desde lejos: cuando era un buen niño, atractivo porque era lindo y amable y aparentemente imposible de alcanzar. Un prince en sus jóvenes ojos, algo que le hacía pensar en cuentos de hadas.
A causa de Ino, sintió una extraña inspiración para intentar hacer lo imposible. Quizá es que se le pegó el valor de la Yamanaka, quizá fue un estallido de envidia y celos, pero por una vez en su vida quiso ganar. Quiso lograr algo, incluso si era su cariño. No era más que un juego de niños en aquél entonces, pero acabó prestándole atención a través de sus años en la Academia.
Desde siempre, su mente no se centró en por qué, sino en cómo lograría ganarse su corazón. Obsesión, dijo Maru. Interés, responde ella; motivación. Una meta. Su primer paso para convertirse en la persona que es hoy (o era, antes de la masacre).
Y lo amaba. Admiraba su talento, intelecto y habilidad; se sintió intrigada por los misterios que se ocultaban tras una fachada fría, y quiso desenterrar los secretos de su corazón. Y al fin, él se ganó su corazón durante su tiempo en el Equipo Siete: cuando mostró emoción, humanidad. Demostró que era como ella, e hizo que creyera que si seguía intentándolo, lograría alcanzarlo algún día.
Sucedió igual que se desarrolla un gusto por el café; comenzó como un momento de admiración, la primera vez que alguien observa la salida del sol. Cuando encuentran su llamada, una belleza que les roba el aliento y les da fuerza para cumplir sus sueños. Los cambia para siempre, y ella nunca podría olvidarlo.
La curiosidad original de Sakura y sus tímidos sonrojos (cuando lo vio por primera vez, hace tanto tiempo) necesitaron años para convertirse en lo que son hoy. Desde el principio, él atrajo su atención y curiosidad. Su respeto, cuando demostró de lo que era capaz. Su deseo de darlo todo: su inspiración.
Es cierto que se ha comportado de forma quisquillosa y vana por su causa, que traicionó a una amiga a causa de ello y se portó mal; que se perdió a sí misma en su interés. Pero también aprendió de él (y de Naruto) lo que significa, de verdad, tener un amigo, confiar en alguien completamente y hacer lo que sea para mantenerlo a salvo. Nunca abandonar a las personas que ama, sin importar cómo de difícil la situación sea o cómo de apagada sea la esperanza.
Lo ama, porque a pesar de que es frío y temible, retorcido y roto… es impresionante. Nunca ha habido un momento en que haya sido capaz de ignorarlo, en que su menor acción no haya causado una onda en su corazón.
Lo ama, sin importar qué, porque desde el principio él fue un anclaje para sus pensamientos y emociones más profundos. Y seguirá intentándolo, hasta el final más amargo, porque es impensable para ella quedarse quieta y observar cómo él se autodestruye, sin siquiera intentarlo. No puede perderlo, incluso si en verdad él nunca fue suyo.
Incluso si nunca lo será. No quiero vivir en un mundo sin él.
Y si ella muere… él también se perderá. Si se rinde y deja que Maru la mate, Sasuke morirá. Le destroza el alma, pero es casi imposible salvarlo… sabe que si a eso añade salvar el mundo, salvar Konoha, está más allá de sus posibilidades.
Sin embargo, no puede quedarse ahí y no hacer nada. Ya no. No hay nadie más que pueda hacerlo: no puede observar desde el exterior, y no hay nadie que superar además de ella misma y él. Depende de ella.
Nunca fue buena suprimiendo emociones, porque la dominaron desde antes de la Academia. Ha pasado tanto tiempo tratando de alcanzarlo… Como alguien a quien él le importa, como ninja de Konoha, tiene que luchar hasta el final.
Sakura sabe que nunca, jamás, podría rendirse.
Su resolución le da fuerza para luchar: así que empieza a analizar cada fragmento de información que el genjutsu le proporciona. Cada jutsu tiene una raíz, hilos finísimos de chakra que unen creación y creador.
La clave para deshacer la mayoría de genjutsu es descubrir los patrones que señalan esa realidad como falsa, las pistas sutiles que incluso los mejores usuarios no pueden esconder. Los genjutsu más complejos añaden detalles (el Sharingan tiene un nivel de inmersión que hace sus ilusiones legendarias, como prácticamente imposibles de romper), o embotar los sentidos y mente para ralentizar al objetivo.
El genjutsu de Maru, como ella descubre, es muy distinto. Es sólo cuando está bajo su efecto, que comprende por qué Sasuke cayó presa de él en la cueva de las ratas. No hay nueva información en su cerebro, no hay falsas ideas que no le pertenecen; y no proviene de la rata.
En lugar de eso, es un hechizo que lo abarca todo, haciendo que su cerebro reviva todas esas memorias: en respuesta, su cuerpo reacciona como si estuviera sucediendo en realidad. No puede localizar la fuente, así que intenta interrumpir la corriente con su chakra, de forma manual, muy a pesar de lo difícil que es con el Ningyo presente.
Por un instante, desaparece, y Sakura parpadea, sintiendo una vez más la cálida luz del sol en su rostro. Los sonidos del bosque se reanudan como si nunca hubieran sido interrumpidos. Está tirada en el suelo, y cada dolor real vuelve a ella en un instante.
Un suspiro más tarde, es asaltada por el genjutsu de nuevo: se cierra en torno a ella como una sábana, llenando cada uno de sus poros y hundiéndose a través de su piel, lanzándola de vuelta al comienzo de la masacre.
Lo disipa una vez más, sin poder creerse la información que está recibiendo, pero sólo dura un momento antes de que sea arrastrada de nuevo. Sakura se siente mareada, su energía desvaneciéndose un poco más a cada segundo que pasa, pero un sentido de triunfo se despierta en su corazón.
El genjutsu no viene de Maru… sino de su alrededor, de la energía que llena el aire y las hojas. Él está redirigiéndola, empujando una cantidad mínima al interior de su cuerpo y haciendo que apriete unos botones metafóricos, en su mente. No está haciendo nada más que aumentar cada uno de sus sentidos, aunque fuera de control; incrementando lo que siente hasta el punto de hacerla ahogarse en memorias que son demasiado vívidas.
Es brillante, prácticamente haciendo que su mente haga todo el trabajo, y si no fuera por su control de chakra nunca lo habría descubierto. Una vez lo hace, Sakura comienza a mover su chakra y empujar contra el Ningyo, con la suficiente fuerza como para hacer que se constriña.
Interrumpiendo el flujo de su chakra, expulsando lo que sobra y dejando que el sello haga su trabajo. Sakura abre los ojos de nuevo, sinténdose tan agotada y mareada como siempre que el Ningyo corta su chakra, pero de vuelta en la realidad.
Y ahora, sabe cómo se siente el chakra natural. No se atreve a ponerse de pie, sabiendo que no tiene la fuerza suficiente. Tal y como está la situación, apenas puede mantenerse consciente. En lugar de eso, alivia la presión que su chakra está poniendo sobre el Ningyo (y da gracias a muchas deidades por haber practicado lo suficiente como para saber exactamente cómo hacer esto sin ahogarse a sí misma), permitiendo que una cantidad diminuta de energía natural pase a través.
Hace que el latido de su corazón de un salto, pero es lo suficientemente pequeña como para mantenerla bajo control. Dolorosamente despacio, comienza a reunir sus propias energías y a mezclarlas. Tarda demasiado tiempo en hacerlo, porque si se equivoca, podría morir. Sigue los pasos que Katsuyu le enseñó, desplazando la energía a través de su cuerpo, amoldándolo a su voluntad y transformándolo en chakra útil.
Quema, amenazando con devorar la energía que tiene y disolver su cuerpo desde el interior. Sólo un poco más…
Cuando tiene suficiente, dejándolo fluir por su cuerpo más libremente, Sakura es inundada por la sensación más vigorizante: se siente viva, llena de energía y capaz de hacer toda y cualquier cosa. Es intoxicante, llenando sus sentidos y aumentando sus emociones hasta el punto de que cada una de ellas suele. Tristeza y dolor se mezclan con coraje y amor, y todo se vuelve un borrón que le nubla la mente.
Es como si fuego líquido le recorriera las venas, doloroso y glorioso y corrosivo y liberador.
Sakura se pone en pie, sorprendida al notar que sus dolores se han reducido, su cuerpo sintiéndose más ligero. Tiene la sensación de poder hacer tantas cosas con mucho menos chakra, más de lo que jamás habría logrado sólo a base de control.
Este es el poder que gente como Naruto y Minato, Jiraiya y Hashirama poseían. A siglos de distancia de ser tan completo como lo que algunos de ellos lograron, pero kilómetros por delante de cualquier cosa que haya sentido antes, excepto quizás la liberación del Sello Yin.
Sakura calcula cuánto durará, y le decepciona saber que necesita concentrarse en reunir chakra para ser capaz de absorberlo. Sería suicidio intentar hacerlo en medio de una lucha, pero mientras tenga unos pocos segundos…
Puedo hacerlo. Se siente tentada a decirlo en voz alta, y saltar y dar palmaditas y reírse como una niñita, porque por una vez siente que los obstáculos insuperables a los que se enfrenta, no son tan altos. Por fin hay un modo de avanzar, y se ha ganado una posibilidad de ganar. La voz distante de Sachi le recuerda que debe de estar ebria de poder, pero no le importa.
Sakura siente más que oye el zumbido en el aire tras ella; la chica nota que Maru tiene un aura húmeda. Hace que el chakra fluya a través y a su alrededor con una habilidad que la deja impresionada. Disminuye el sonido que hace al atravesar el aire, apenas desplazando energía en absoluto… pero lo nota.
Todo a su alrededor vibra con vida, fluyendo tan perfecta y libremente que es casi una distracción. El tiempo parece reducirse, y ella calcula la trayectoria de la rata, agachándose para esquivarlo. Él vuela por encima de su hombro, pasando en silencio casi absoluto. Incluso con sus reflejos y velocidad mejorados, Sakura apenas logra mantenerse fuera del camino.
La pelirrosa no le da respiro (tiene que acabar esta lucha pronto, o su ventaja se perderá), saltando hacia adelante y atrapando a Maru en mitad de su vuelo. La rata se le escurre entre los dedos, su pelaje frío y dando la ilusión de humedad. El contacto lo empuja fuera de rumbo y hace que vuele contra un árbol. La rata aterriza en la corteza con elegancia, y se limita a mirarla.
Sakura se mantiene quieta, lista para contraatacar cuando él decida golpear de nuevo. Está lista, más que nunca, y no hay miedo en su corazón. Piensa en Sasuke, y no puede esperar al momento de demostrarle de lo que es capaz. Te salvaré.
—Lo hiciste. Felicidades —susurra Maru, y a ella no se le escapa cómo de rasposa suena su voz. Incluso detecta una ligera diversión en sus palabras.
Él salta del árbol y se aleja, caminando, dejándola completamente confusa. Sakura parpadea varias veces, y cuando él no regresa al cabo de medio minuto, siente ira inundando cada poro de su cuerpo.
—¡¿Qué demonios?! ¡SHANNARŌ! ¡VUELVE AQUÍ, MALNACIDO!
—No me necesitas, ah —insiste Maru, con un tono que sugiere una cantidad respetable de molestia ante sus acciones—. Ya has probado tu valía, no hay necesidad de luchar.
¡Pero es que quiero patearte el trasero! Sin embargo, Sakura no lo dice, limitándose a cruzar los brazos con enfado y hacer una profunda mueca de disgusto. Tiene que pensar cuidadosamente, porque Maru es muy bueno esquivando, incluso si es en un sentido verbal.
—Intentaste matarme, me lo debes —contraataca, pretendiendo no estar interesada en el trabajo de la rata. Sigue estando ebria con el chakra senjutsu, y puesto que no está quemándolo en una lucha, tardará algún tiempo en disiparse. Sakura no puede decir que desagrada de la idea.
—También te salvé la vida varias veces, ah.
La pelirrosa no se siente con ganas de rendirse, pero es un argumento válido, así que concede la discusión por ahora. Ya está bien entrada la tarde, y Maru ha afirmado que la única razón por la que sigue aquí es que tiene que deshacer el sello de Misho.
Sakura estaba justamente furiosa al enterarse de que hay un sello en los ojos del niño. Y ha estado ahí desde su estallido en Shimogakure. Maru comentó, casualmente, que era el mejor lugar para esconder la tinta; al demostrar su afinidad con las ratas, Misho se convirtió en una parte oficial de su familia. Era su deber protegerlo, y de ahí el interés de Maru en el niño.
Por extensión, eso hizo de Sakura una de su gente, ya que se convirtió en la cuidadora de Misho y estaba más que dispuesta a hacer lo que fuera por él. Tras el incidente de Shimo, Maru puso un sello en él, restrictivo sobre sus canales de chakra. Tardó meses de práctica, pero Misho ha demostrado que puede mantenerlo bajo control.
Te importamos, bastardo, ¡no te comportes como si no fuera así! Sakura está casi divertida ante cómo su voz interna está mucho más agitada, debido a la influencia del nuevo chakra, y apenas logra evitar dar voz a esos pensamientos. Afección, sin embargo, llena su corazón… sí que le importaban a Maru, después de todo, y sólo puede imaginar cuánto debe haberle de costado aceptarlo.
Simplemente me importa, ah. La cuestionó a ella… como si estuviera tratando de entender el razonamiento para sus propias emociones. Estaba listo para matarla si eso ayudaba, pero le dio todas las oportunidades que pudo para hacer las cosas bien. Las babosas habían estado observando su lucha, después de todo, esperando a un momento para intervenir.
—¿Por qué ahora? —inquiere ella, y luego mira a Katsuyu—. ¿Y cómo pudiste aliarte contra mí? —La babosa suelta un sonido que suena estresado, casi arrepentido.
—Nuestro Rey ha muerto, ah. Hemos perdido nuestra fuente de fuerza, así que tendremos que reagruparnos para formar uno nuevo —informa Maru, serenamente. La mandíbula de Sakura se queda desencajada ante la revelación, y está a punto de formular otra pregunta cuando él prosigue—. Para cuando yo sea un individuo de nuevo, ah, ya habrá pasado mucho tiempo desde vuestras muertes. Estoy aquí porque Idiota necesita que su conexión sea eliminada, y a ti te hacía falta un despertador, ah.
Su debilidad aparente, su estado debilitado; incluso la mayor frecuencia de su "tic verbal" que casi suena como un suspiro, como si se estuviera quedando sin aire. Sakura comprende ahora, y el pensamiento la llena con tanta angustia que sus ojos casi se llenan de lágrimas. Maldito chakra aumentador…
—¡Eso es tan triste! —se le escapa, su voz sonando más aguda de lo normal, y se apresura a taparse la boca con una mano, sonrojada.
—Como tu mentor, Sakura, era necesario probarte —interviene Katsuyu, hablando tan suavemente como siempre—. Has progresado inmensamente deprisa, pero tu entrenamiento está lejos de haber acabado.
Las babosas permitieron que Maru entrara en el Bosque Shikkotsu; algo sobre tratados muy antiguos que Sakura desconocía. Parte de ella quiere preguntar al respecto sin cesar (y maldice cómo de fácil es de excitar ahora mismo), pero en mayor parte se siente ofendida y ligeramente traicionada.
—No te preocupes por esto, ah —añade Maru, finalmente apartándose de Misho. Tan pronto como puede moverse, el chico se estira y se acuesta en la hierba, incómodo tras una larga media hora de trabajo con sellos—. Este mundo está cayendo en el caos. Bestias antiguas están despertando, el flujo de energía natural ha sido alterado, y vuestras naciones humanas están yendo a la guerra.
Guerra. Es demasiado pronto para que el mundo esté sucumbiendo a ella de nuevo, pero Sakura sólo puede preguntar, a pesar de las sensaciones desagradables que sabe que le va a traer. Maru la mira, aparentemente considerando si debería decirle, pero al final hace un sonido que suena sospechosamente a suspiro y habla:
—Tu querido niñato Uchiha, malditos sean él y todos sus trucos, está a punto de arrastrar a tu aldea a un agujero de mierda tan hondo, que quizá no salgan de él.
Nota: ¿sorprendidos? Eso espero (aunque lo importante es que las acciones de Maru y las reacciones de Sakura tengan sentido. [...] Para tener que apañárselas por sí misma, Sakura sigue teniendo un rol muy reactivo, ¿no es cierto?). Este es el último capítulo de la Parte 4, muy concluyente para Sakura (y en parte, Maru) y su posición y sentimientos respecto a Sasuke. Por una vez, se pregunta por qué - y esta es la respuesta.
Romance 'porque sí' nunca me interesó demasiado, así que espero que esto tenga sentido para su personaje, y que hayáis disfrutado de la lectura.
