Nota de Autora. Dado que las películas nos brindan algunos detalles que en el libro pueden estar mas escuetos ruego tengan en cuenta que este fic se hace con contenidos tomados de ambas fuentes.

Declaimer. La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.


El tercer Quarter Quell

Han pasado dos meses desde que pasó la noche con Katniss. La ve seguido, no tanto como le gustaría pero al menos tiene la dicha de observarla cada cierto tiempo. Esta radiante últimamente, ha cogido algo de peso, lo que le sienta de maravillas porque luego de los Juegos estaba muy delgada.

No hablan de esa noche, en realidad no hablan y punto. Sus conversaciones son una serie de preguntas que responden con monosílabos. Por eso le sorprende que esa tarde este en la puerta de su casa. Con su pelo recogido en una trenza y la mirada llena de un sentimiento que el panadero no alcanza a reconocer.

— Katniss — él está sorprendido y ella solo rie a carcajadas — ¿Has venido hasta aquí a reírte en mi puerta? — esta sorprendido y algo enojado pero su risa le devuelve algo de la vida que había perdido desde que estuvieron juntos.

— Estas completamente blanco Mellark — ronrie la castaña acariciando su rostro para quitar la harina que tenia por estar horneando pan— ¿Puedo pasar? — lo observa, y él sabe que no le negaría nada a esos ojos grises.

— Entra— le deja espacio para que pase — para tu información… estaba descargando mi ansiedad.

— Hoy es el anuncio… quería verlo contigo — estaba claro que era el anuncio por eso él amasaba y por eso ella estaba en su casa, hablándole.

Se quedaron en la cocina. El hornea y ella solo lo mira, embelezada. A veces abre la boca y él espera que diga algo pero enseguida ella se cierra y mira al piso, preocupada.

La televisión se enciende a las ocho en punto. Cada uno tiene una taza de chocolate y unas rodajas de pan recién hecho. Se sientan en el sofá y ven a Caesar presentar la ceremonia de apertura de sobres que se realiza cada veinticinco años. Katniss está palida y Peeta se pregunta si es solo por lo que pudiese ocurrir con el Quarter Quell o si es que algo oculta.

Snow hace su aparición. Un niño le enseña una bandeja, en ella un sobre con el sello de Panem. El presidente abre la carta sin apuro, expectante, malévolo. Recita las palabras y a medida que suelta cada una de ellas con su boca de serpiente, Peeta palidece de la misma forma que Katniss.

Como recordatorio a los rebeldes de que ni siquiera sus miembros mas fuertes son rivales para el poder del Capitolio, los tributos elegidos saldrán del grupo de los vencedores.

El panadero mira a su acompañante, ella ya esta en pie. Una lagrima solitaria desciende por su mejilla y le dedica una mirada triste antes de salir disparada hacia la puerta. Peeta la sigue, pero su pierna no es muy hábil para correr. Va detrás de ella, corre intentando no perderla de vista y a los 10 minutos sabe exactamente a donde va. Ya no tiene la necesidad de correr. Camina lento pero seguro, atravesando la Veta. Algunos curiosos han salido de sus casas y al verlo cubren sus bocas, ahogan quejidos de angustia. El doce tiene tres vencedores, dos hombres y una mujer. Eso lo deja todo claro, Katniss esta obligada a volver a la arena.

La vieja casa de los Everdeen no se compara en nada a la casa de la Aldea, pero se ve acogedora. Peeta tantea la puerta y entra. Katniss esta en un rincón abrazada a la cazadora de su padre meciéndose aferrada a sus rodillas. Él quiere reconfortarla pero antes es preciso que encienda la chimenea o morirán de hipotermia. Busca lo necesario y unos diez minutos después el calor de la chimenea atrae a Katniss hasta su lado. No dice nada, simplemente apoya su cabeza en su hombro y toma su mano, con fuerza.

— Katniss — empieza a decirle, ya no soporta el silencio — yo te protegeré ante todo…

— Peeta… no puedes ir a la arena ¿entiendes? — sus ojos se encuentran y Katniss ya no llora, en su lugar, las orbes grises irradian determinación.

— Voy a ir, estaré contigo… Siempre.

— No saldremos vivos Peeta… no los dos.

— Tu viviras…

— ¡Ambos debemos vivir! — él la observa sorprendido — Peeta... estoy… embarazada — nuevamente llora, pero esta vez se aferra a sus hombros, ocultándose en su cuello.

— No… — hay un nudo en la garganta del rubio, no puede llorar — quizás es un error, un atraso, no puedes…

— Cinna envió a un doctor del Capitolio, alguien confiable, alguien que no rebelaria la verdad — relató enseguida — hizo un estudio, tomó muestras de mi sangre… a la semana llegaron los resultados.

— Y tu …

— Estaba mareada todo el tiempo, mi madre sospechó, tuve que decirle — ella soltaba las palabras sin pensar en lo que significaba para él— ella me obligó a llamar a alguien de confianza.

— No puedes ir Katniss — las miradas se encontraron y ella sonrió triste, porque sabia que eso era imposible — tu vives y yo muero — su mente recapacitaba, hacia planes, las cosas se mezclaban — una madre sola es mejor que la muerte de los tres.

— Peeta… — ella sabia que si él moría ella seguiría los pasos de su madre, estaba en su genética, ese bebé jamás llegaría a existir.

— Katniss — las fuertes manos de Peeta tomaron quizas con algo de fuerza las mejillas de la aludida, la obligó a mirarle a los ojos — tu saldrás de esta y tendras a ese bebé.

Un beso y unas caricias, en el fondo él saltaba de alegría. Ella en cambio, solo pensaba que no estaba cumpliendo su promesa de no traer mas victimas de los Juegos a este mundo. Volvieron a la Aldea. La madre de Katniss lloraba desconsolada, pensó que la había perdido una vez y ahora tenía que verla de nuevo en la arena, cargando a un niño en su vientre.

Aun pasarían dos meses antes de la cosecha. Katniss estaba enferma la mayoría del tiempo, con nauseas y sin apetito. Sin embrago, se propuso entrenar, convertir a los tres tributos del doce en profesionales. Peeta agonizaba cada vez que ella hacia algún esfuerzo pero la madre de la chica le recordaba que un poco de ejercicio no le haría daño al bebé mientras estuviera controlado. La parte difícil fue ocultarle la verdad a Effie y a Haymitch. No iban a decirles, no había nada que el mentor y la escolta pudieran hacer. Solo quedaba luchar por sobrevivir, una vez mas.

En medio de los entrenamientos, Katniss logra convencer a Haymitch de presentarse voluntario si el nombre de Peeta sale elegido. Le advierte, que si su nombre sale y el rubio se presenta en su lugar no podrá hacer nada para cambiarlo. La chica en llamas derrama un par de lagrimas que su mentor no alcanza a comprender del todo. Katniss llora aferrándose a su vientre porque si Peeta va a los Juegos y muere para salvarla, ella no podrá resistirlo.

La Cosecha no tarda en llegar. A pesar de que ese año no hay mas que tres posibilidades, todos se congregan en la plaza principal, todos expectantes, dolidos, disconformes. El alcalde, su esposa y el Jefe de Vigilantes suben al escenario. Detrás de ellos, Effie Trinket, la escolta del doce, lleva un atuendo naranja atardecer y mariposas monarcas artificiales adornan su vestido y su peluca. Está desolada, y su horrible acento del capitolio no basta para ocultarlo. Pasan el mismo video que el año anterior, pero esta vez ni siquiera a Effie le agrada el final.

Sin mucho preámbulo se dirije a la urna de la que usualmente se escoje el tributo femenino. Ese año es diferente, muchas cosas son diferentes. Un solo papel llena la urna, la mano enguantada de la escolta lo toma, lo abre y anuncia a viva voz el nombre de Katniss. La aludida da un paso al frente, instintivamente una mano se dirige a su abdomen un tanto abultado, una lágrima solitaria resbala por su mejilla mientras mira al frente. Se escucha un sollozo y todos saben que es Prim.

La elección del tributo masculino le revuelve el estómago a la chica. Effie demora mas de lo necesario en tomar uno de los dos papeles que descansan al fondo de la urna d cristal. Abre cuidadosamente el papel y su rostro se trastoca por el dolor. Pronuncia casi en un susurro el nombre de Haymitch Abernathy. El hombre apenas tiene tiempo de mirar con tristeza a la chica de la trenza cuando Peeta se ofrece como tributo. Haymitch intenta detenerlo pero este da un paso al frente y extiende su mano. El saludo típico de los tributos.

Effie no se sorprende esta vez, cuando en lugar del aplauso que pide por los tributos elejidos, todos alzan sus manos enseñando los tres dedos centrales, comandados por Prim y la madre de Katniss, que miran la escena en primera fila. Unos agentes de la paz aparecen de pronto detrás de los tributos, los toman por los brazos y los arrastran a un coche. Cambio de procedimiento grita el Agente que azotó a Gale.

Sin despedidas, sin abrazos, son subidos al tren con destino al Capitolio. En cuanto las puertas se cierran y el tren inicia su marcha, Effie abraza a los chicos llorando desconsolada la suerte de sus vencedores. Parece un momento de debilidad, porque enseguida recupera la compostrua, a medias, y se dirige a su compartimento. Haymitch los cita para las seis en punto en el vagon principal, hasta esa hora Katniss y Peeta eran libres de hacer lo que quisieran.

Se encierran en el compartimiento de Katniss, ella va hasta la ventana y la abre hasta la mitad. El panadero la mira sonriendo, ella nunca olvidará eso de él. Se sientan en la cama, ella recuesta su cabeza sobre el pecho del chico oyendo los latidos de su corazón. Peeta, por su parte, desata la trenza y la desarma pasando sus dedos por los castaños cabellos, deleitándose con la suavidad del mismo, recordando inconscientemente como se veía esparcido en la alfombra de su sala.

— ¿Peeta? — susurra con voz dulce sin moverse el emite un sonido para que siga hablando — ¿Por qué no dejaste que Haymitch viniera conmigo?

— Haremos esto juntos Katniss… no podría haberme quedado fuera de la arena, no te dejaría ahí sola.

— Por tu culpa moriremos ambos Peeta…

— Tu vivirás Katniss y nuestra hija tendrá la mejor madre — exclamó con seguridad, había visto como cuidaba a Prim, a los hermanos pequeños de Gale, como cuido de él mismo en la arena pasada, si, Katniss seria una gran madre.

— Eres un idiota — chilló furiosa levantándose de la cama, mirándolo con tanta rabia que Peeta se sorprendió — sin ti…— gritó señalándolo— seré incapaz de seguir, me volveré como mi madre y no solo te habré perdido a ti, perderé… — se sentó al borde de la cama incapaz de seguir pensando los horrores que por su mente pasaban.

Katniss no era feliz sintiendo como alguien mas crecia en su interior. Se sentía extraña, enferma la mitad del tiempo, eufórica otros momentos y todo el tiempo una inútil sensiblera. Sin embargo, cada noche, acostada en su cama, sentía algo parecido a la felicidad cuando acariciaba su vientre y no se sentía vacia, estaba acompañada, y no tenia pesadillas todo el tiempo. No comprendia del todo, aquellos sentimientos encontrados. Por un lado, la tristeza de traer un alma pura al mundo, un ser que posiblemente iria a los Juegos, también el odio, de incumplir esa promesa tacita de jamas tener hijos. Pero, por el otro lado, una extraña sensación de felicidad la embargaba cuando Peeta, con quien llevaba una relación mas que amigable, le hablaba a su abdomen acariciándolo. No sabia que lado pesaba mas y la consternaba el descubrirlo.

Peeta se para frente a la castaña, que no lo mira. Se inclina hasta quedar a su altura y toma sus manos. Ella esquiva la inquisitora mirada azul y llora sin reparo. Peeta la ha visto llorar cientos de veces, ya le daba igual. Él la había cambiado demasiado, había hecho de ella un ser totalmente diferente, o había traido a flote una parte de ella que solo enseñaba a su hermana, cualquiera fuese la opción ninguna le agradaba.

Su tacto era suave como si acariciarla fuese a dejarle una marca en la piel como la que dejaba, a fuego, marcada en su alma. Quitaba la gruesa lagrimas que las nubes grises llovían. Junto su frente a la de ella que finalmente conecto sus miradas. Se perdió en el azul cielo como tantas veces y se sintió segura, a pesar de todo.

Un golpe en la puerta de compartimiento les saca del ensueño y los obliga a separarse. Haymitch los espera al otro lado de la puerta con una caja llena de material de los juegos anteriores, y la de los vasallajes, pero primero verían las cosechas de los otros distritos. Sería una larga noche para los vencedores. Peeta tenia un cuaderno e iba anotando los datos importantes de los que serian sus enemigos en apenas unos días. Katniss observa como Mags, del cuatro, se ofrecía voluntaria por una chica de piel blanca y una cabellera rojo fuego a la que Finnick Odair, el vencedor mas joven de la historia de los Juegos, miraba con cautela. Johanna es otro nombre que le suena familiar, porque gano los juegos unos años antes que ellos, los profesionales del uno y el dos son conocidos por su brutalidad y la chica en llamas le horroriza ver como una de ellos tiene los dientes afilados como los de un tiburón.

A medianoche Haymitch se retira a sus aposentos mirando con desprecio la copa de liquido blanco que los otros dos bien saben que es agua. Peeta anota como poseso cada dato que le brindan las grabaciones de los Juegos de los otros 22 tributos. Katniss está aferrada a sus rodillas, hipnotizada viendo como las muertes se suceden segundo a segundo. A veces debe llevarse la mano al vientre porque las nauseas no dejan de torturarla. Peeta le ruega que deje de verlo, pero ella no puede.

Revolviendo entre las cintas el chico del pan encuentra una que llama poderosamente su atención. Se la enseña a su acompañante y ella decide que deben verlo si o si esa noche.

~ KATNISS POV~

Resulta extraño verlo tan joven atractivo. Tiene nuestra edad y contrasta mucho con el viejo alcohólico que nos acompaña. Reconozco a Maysilee, la amiga de mi madre, la tia de mi única amiga en el doce y espero de corazón que Haymitch no la haya matado. Meto la mano en el bolsillo donde guardo el Sinsajo, y lo aprieto en mi puño. Los Juegos de ese año son terribles. Los vigilantes parecen ensañados en asesinar ellos mismos a los tributos y la arena es tan letal que al cabo de unos días solo quedan trece. Haymitch forma una alianza con Maysilee y les va mucho mejor juntos. Cuando solo quedan unos pocos ella rompe la alianza y lo deja solo en un acantilado. Haymitch descubre el final de la arena, está cubierta por un campo de fuerza y todo lo que el arroja regresa a gran velocidad.

La tia de Madge muere por unos mutos en forma de pajaros de un color rosa chillon muy desagradable. Veo a Haymitch derramar lagrimas por primera vez, mientras sostiene la mano de su ex aliada. Mi corazón late apesadumbrado por mi propio remordimiento. Recuerdo a Rue y como no llegue a tiempo para salvarla.

Lo veo sangrando, demasiado herido como para continuar y sin embargo vuelve a rastras hasta el condenado barranco. Huye de una tibuto del uno que agita un hacha intentando rematar a mi mentor. No logro entender que quiere hacer hasta que ocurre. Llega como puede al borde y se vuelve enfrentando a la chica que esta a solo unos metros de el cubriéndose el espacio vacio en donde antes estaba su ojo. Arroja su hacha dispuesta a matar a Haymitch pero el se agacha con agilidad y el arma cae por el precipicio.

Espero aturdida, miro a Peeta y su reacción es igual a la mia. Un zumbido surca el aire y podemos ver algo metalico volar con fuerza de vuelta hacia la chica. El hacha se incrusta en su cabeza, suena el cañon y Haymitch, que estaba convulsionando a causa de las heridas es declarado ganador del segundo Quarter Quell.

Me sorprendo a mi misma derramando lagrimas. Me siento estúpida por estar tan sensible últimamente pero no puedo entender como no conocía la historia de Haymitch. Me carcomia la culpa porque finalmente él de entre todas las personas era quien mas me entendia.

— Su juego con el campo de fuerza es casi tan drástico como lo nuestro con las bayas, los hizo ver como estúpidos — digo intentando limpiar las lagrimas de mis ojos.

~FIN KATNISS POV~

— Casi tan malo pero no del todo, escuchan detrás de ellos respondiendo al comentario de Katniss.

— Haymitch… — la voz de Peeta denota culpa, la misma que siente ella por violar la intimidad de su mentor — lo sentimos.

— No es nada — responde bajando drásticamente el contenido de una botella color rubi, y ambos entienden que si es, y mucho, lo que preocupa al hombre.

El hombre sale de la sala tambaleándose y Peeta le ruega a Katniss que vaya a dormir. Ella asiente levantándose, extendiendo su mano hacia él en un acto de suplica inocente. El chico del pan la mira y deja su cuaderno sobre la mesilla de café, la acompaña hasta su compartimiento, y se acurrucan bajo las sabanas, apenas abrazados y Katniss suspira porque hace tiempo que Peeta no la besa y eso la irrita y la frustra.

El mismo piso, el mismo centro de entrenamientos con mejor tecnología y un escudo frente a la sala de los Vigilantes que los observan dia a dia. Katniss no quiere aliados, pero no puede evitar fijarse en la anciana que se presentó voluntaria ni en los tributos del tres, Beete y Wiress. Finnick muestra interés por ella desde el desfile de presentación y luego de una demostración de habilidad la mitad de los distritos la quiere como aliada. Peeta esta ansioso, su chica hace demasiados giros, demasiado esfuerzo y su vientre empieza a notarse cuando pisa los cinco meses de embarazo.

El dia de las entrevistas Cinna esta consternado por los ajustes de ultimo minuto en el vestido de novia que Snow le obligo a confeccionar. Katniss sonríe apenada, culpando a los manjares del Capitolio por su reciente barriga. El corazón de Peeta no evita latir desbocado cuando la figura de la chica en llamas aparece tras bambalinas. Los ojos azules se ponen acuosos, porque no solo el falso casamiento se ha ido por el caño, tiene miedo de perderla, teme perder a su hijo, a su amada y su propia vida. Se acerca a ella con rapidez y la abraza por sorpresa. Ella no finje esta vez. Se aferra al saco del chico luchando contra ella misma por no llorar. Él le dice que la quiere y que lo daría todo porque fuera diferente.

Las entrevistas se suceden, Cashmere llora preocupada por el publico. Finnick lee un poema para su amada, supuestamente del Capitolio, y varias mujeres se desmayan pensando que va por ellas. Johanna hace un berrinche, le grita a las cámaras y enseña su dedo medio, todos se parten de la risa, Katniss no podría estar mas de acuerdo con ella. Cuando llega su turno, le es algo difícil llegar al centro, el vestido pesa demasiado y su embarazo empieza a pasar factura.

Todos están consternados. Verla asi, de blanco, bellísima, los hace gritar en contra del Vasallaje, a favor de los trágicos amantes. Ella se disculpa, les dice que al menos tienen la posibilidad de verla con su vestido de novia, gracias a Snow. Ceasar que apenas puede evitar el llanto le pide que de unas vueltas para enseñarlo por completo. Ella asiente y gira sobre si misma. El borde del vestido se enciende, pero no son llamas sino humo, van tiñiendo la falda poco a poco de un negro intenso que sube sin control hasta el escote. Katniss tiembla pero no puede dejar de girar, tiene miedo, el humo es oscuro y la marea un poco. Cuando la bruma oscura se disipa se detiene admirando la ligeresa de este nuevo vestido que asemeja plumas diminutas. Un sinsajo, Cinna la ha convertido en el ave que se convirtió en su símbolo. Todos están abrumados, Caesar esta absolutamente incomodo con el giro de los acontecimientos. La multitud aclama al estilista y este se levanta haciendo una venia.

El tiempo de Katniss acaba y ella vuelve a su asiento. Se sienta al lado de Peeta y estruja su mano unos segundos antes de que el se levante para ir al centro. Caesar elogia su vestuario y él rie con sorna diciendo que giraría pero que sin la gracia de Katniss lo mas probable es que él acabe en el suelo. Todos le festejan la broma, incluso la chica en llamas esboza una pequeña sonrisa admirando al rubio y su fortaleza. Caesar le pregunta por la boda, y el chico en un susurro como si no hubiesen miles de personas allí le confiesa que se han casado en secreto.

— Verás hay una ceremonia en el doce — explica al presentador y a todos los presentes la ceremonia del tueste típica del distrito minero — no es oficial, pero para nosotros es aun mas valido que un papel firmado — le dirige una mirada de ternura a Katniss y esta solo sonríe enamorada.

— ¿Estaban presentes sus familiares?

— Oh no, solo nosotros, ya sabes que la madre de Katniss no lo habría aprobado — exclama y el publico rie a carcajadas — fue antes del anuncio del Vasallaje, no creimos que tendríamos que volver — su rostro se pone triste y todos sollozan y gimen.

— Sabes Peeta, al menos tuvieron un momento de felicidad, aunque fuese breve — musita Caesar, esta claramente consternado.

— Tambien lo creería asi Caesar… — empezó a decir el rubio y la chica en llamas lo vio venir — si no fuera por el bebé.

La gente en las gradas grita embravecida. Piden un cambio en las reglas, la suspensión de los Juegos, que quiten a Katniss, como si esa criatura no nata valiera mas que las vidas de los niños de doce que año tras año mandaban a los juegos. Un pitido indica el final del tiempo de Peeta y este vuelve a su lugar y toma con fuerza la mano de Katniss. Todos los tributos se ponen en pie. Katniss toma el muñon de madera que Chaff le ofrece y uno a uno todos los vencedores, ahora tributos, unen sus manos y las alzan al cielo, luego todo se apaga.


Como verán voy tomando trozos de aquí y allá para dar un poco de seguimiento a la trama. Realmente me fascina la idea de que habría pasado si el embarazo fuese real asi que espero que esta historia los emocione tanto como a mí.

Pueden dejar un review con sus sugerencias, amenazas, amor, o lo que quieran. Me hace muy feliz saber si les gusta o no! Muchas gracias.

Gracias a las 5 personitas que comentaron y a todos los favs y follows

Con cariño atentamente, Anna Scheler.