Nota: siento el retraso. Me han ido muchas cosas mal estas semanas...

El epílogo será subido este sábado. No sé qué palabras puedo decir... escribir esto fue al menos un poco emocional, y traducirlo también. Utilicé "A Place in Heaven" (Thomas Bergersen) y "Here With You" (Mirai Nikki) para escribir, por si os van ese tipo de cosas. Ha pasado mucho desde que empecé con esta historia, y ahora que he acabado sigue siendo extraño pensar que ya no hay más... Pero ha sido una gran aventura.

Dejaré una nota de explicación al final. Disfrutadlo.


Desenmascarada - Parte 5: Réquiem - Capítulo 38: Al Final

Para matarte.


El prado ha perdido su linde, el bosque que lo rodeaba consumido por las cenizas. Las aldea y los árboles se han convertido en ceniza, y el color del mundo devorado, reemplazado por imágenes borrosas dibujadas en gris. Una ligera brisa recoge el polvo y hace temblar lo que queda de la hierba.

Sakura Haruno observa cómo las sombras que plagaron su mente se disuelven bajo el sol veraniego.

—El Sello está prácticamente roto ahora —musita su voz Interna, a pesar de que no hay nadie junto a ella. Está sola, y todo está siniestramente silencioso. Habría rogado poder sentir este silencio hace sólo unos días, pero ahora es como si algo de gran importancia se hubiera perdido para siempre—. No queda mucho tiempo.

Su energía vital se desvanece poco a poco, a cuentagotas. Sakura sabe con toda certeza que está muriendo, y nada en este mundo podría salvarla ahora. Usar una concentración tan alta de chakra natural fue la gota que colmó el vaso: la energía devoró el Sello y su cuerpo como si estuvieran hechos de papel.

Quizá, si hubiera tiempo… si Tsunade siguiera viva.

Inquietante, el paisaje a su alrededor parece llamarla, desde un lugar más allá del horizonte de la vida. Pero no es lo suficientemente fuerte como para obligarla a obedecer, todavía no. Le queda una última misión que cumplir.

—Ya no queda nadie —musita, temblando. Los pedazos de almas han perdido la consistencia que les permitía parecer humanos. La mayoría han desaparecido del todo: sólo queda un cosquilleo justo bajo su piel, hablándole de voces que no tienen palabras. Los últimos pedazos intactos del Sello, que siguen conectándola a Sasuke.

Mientras dure, vivirá, pero es una cuenta atrás muy corta.

Es como perderlo todo de nuevo; la diferencia es que, esta vez, estaba lista para sacrificarlo todo. Le da una ligera consolación: esta vez, la elección fue suya. Esta vez, no le fue arrebatado de las manos. Sus dedos se cierran en torno a algo, pero no queda nada a lo que aferrarse.

Igual que Maru… Nunca pude decir adiós.

Su malhecha vida se está desmoronando a su alrededor, y no hay nada de malo en ello. La urgencia que siente viene de saber que queda poco tiempo, no miedo. Y con eso, llega una resolución que no había sentido nunca antes: hará lo que deba sin un segundo de duda.

Tiene que asegurarse de que Sasuke no traerá oscuridad al mundo, nunca más.


El cómo de su supervivencia se le escapa. Toneri está muerto; tiene que estarlo, porque sólo había silencio esperándolos cuando se despertaron. Las marionetas habían desaparecido, y la luna vacía ha quedado en ruinas. La explosión destrozó el escudo en forma de sol que ocultaba el palacio, pero Susanoo los protegió de la peor parte.

El cuerpo de una Sakura inconsciente reposa sobre la espalda de Sasuke, brazos sobre sus hombros. La chica por fin logró romper a través de la barrera que la incapacitaba, quemando el Ningyo con chakra natural casi puro, liberando el Sello Yin una vez más. Esa debe de ser la razón por la que está todavía viva, su cuerpo regenerando automáticamente sus músculos y piel corroídos.

La piel de la chica está reblandecida e irrita la suya propia al tocarla, haciéndose pedazos con sonidos húmedos, mientras las células nuevas reparan el daño en sus heridas. La técnica funciona mucho más despacio que durante la lucha, pero es lo suficiente como para mantenerla con vida.

Sasuke no se siente mucho mejor. Su cuerpo está rígido, y su cabeza da vueltas. Apenas puede mantener cadenas de pensamiento coherentes, su mente fuera de control. Su pecho lo asfixia, y no sólo debido a la sobrecarga de chakra Yang: es ansiedad. Sasuke sabe lo que es el miedo, pero apenas puede quitárselo de encima esta vez.

Demasiado débil.

El vuelo hacia la salida de la luna parece eterno, pero apenas puede animar a Garuda a ir más deprisa. Su visión se dobla y desenfoca, y la sensación de náusea amenaza a hacer que vomite el contenido de su estómago. No tiene planes, no tiene ideas. No hay nada en su mente, sino la necesidad de alcanzar un sitio donde él y Sakura tengan una oportunidad de supervivencia.

Las voces ya no están, y eso es lo peor: ese vacío no es algo bueno. Algo le falta, pero no adivina qué.

Se le ocurre, cuando cruzan el genjutsu colapsante que los devolverá a casa, que el clon ha estado muy callado. No oye su risa, no siente nada sino un momento de puro terror, cuando al fin ve la salida; y su cuerpo se congela en el sitio, sus miembros temblando y fuera de control.

Fuera de su control…

Su mano derecha abandona su posición, manteniendo los brazos de Sakura en torno a su cuello, y se alza frente a sus ojos. Sus dedos se agitan ligeramente. Es la última cosa que sabe, antes de que todo se vuelva oscuro.

Sasuke nunca se movió.


—¿Reconoces este lugar?

Los labios de Sakura forman una línea muy fina, sus uñas hundiéndose en el suelo con suficiente fuerza como para sangrar. Sus ojos son acerados, pero el hombre frente a ella parece encontrarlo divertido.

Traidor. Quien fue una vez traidor, siempre lo será.

Debería haber sabido que no había esperanza. Que él no dejaría de perseguir sus objetivos, incluso si significaba traicionarla así. Probablemente ni le importa. Quizá nunca le importó. Tal vez, cuando eran niños… Pero ahora, son enemigos. ¡Masacró a la Alianza, por el amor de Kami! ¿Cómo podría haber sido tan estúpida? ¿Por qué le dio una oportunidad?

—El Valle del Final —prosigue Sasuke, ignorando cada una de sus reacciones (y su silencio)—. Deberías haber reconocido este lugar, Sakura.

Su tono es burlón, dirigido únicamente a ella. La chica está demasiado enfadada como para que le importe. Sólo quiere darle un puñetazo en la cara, con lo que quede de chakra en su Sello Yin. El murmullo de su almacén extra es algo que había echado de menos, a pesar de poseerlo durante muy poco tiempo.

—¿Has acabado ya con los monólogos? —escupe ella, ojos de jade brillando con su fuego interno. La regeneración ha devuelto su cuerpo a un estado en que vuelve a funcionar de nuevo; pero sabe que hay un agujero, más allá de lo que el chakra médico alcanza, robándole la vida. El maestro de sellos que curó a Isobu podría, tal vez, ser capaz de salvarla… pero nunca lograría llegar a tiempo—. Mátame y acaba con esto, si es eso lo que quieres.

Esos ojos desparejados son tan fríos como el hielo, pero la risa es vivaz. Como si Sakura hubiera dicho algo tan estúpido como para ser una broma. La pelirrosa se pone en pie al mismo tiempo que él, porque o no va a ser ejecutada, o su muerte no será bonita. Sakura Haruno no va a morir sentada a los pies de este loco desquiciado.

—Ya quisiera —gruñe él, voz profunda y peligrosa. Hay un destello salvaje en sus ojos, y Sakura siente una presión súbita; está atrapada, como una presa. Algo en ella grita corre, pero no puede escapar. Su mente trata de hacer aparecer un millar de memorias que dicen por qué, pero no se mueve un centímetro. Sasuke dibuja una media sonrisa amarga en sus labios, una falsa que no queda bien en alguien como él—. Te quiero. Y eso es un problema. Tendría problemas lidiando contigo, si no me atacaras primero. Así que, adelante. Esta será la batalla que decida el ganador.

—No dejaste tiempo para recuperarnos de la misión en la luna —responde Sakura, ignorando la manera en que su corazón se salta un latido. Te quiero. Palabras tan simples, y sin embargo con tanto significado. Y aún así, Sasuke las ha usado como un arma. Serán un arma si Sakura no se controla a sí misma.

A pesar de todo, en su interior reina la serenidad. No hay miedo, no hay huida. Sakura luchará contra él, incluso si significa destrozar todo lo que le importa. Ganará, incluso si significa morir aquí. Tenten y Lee llevarán las nuevas de su muerte; y la caída de Sasuke. Takigakure tomará control. Incluso si muere, el mundo será un lugar mejor.

—Nunca especificamos esos términos, querida. Simplemente dejamos el desafío en pausa —replica él, sus ojos entornándose ligeramente. La chica devuelve el gesto, cerrando los puños—. Quienquiera que gane puede volver y tomar Konoha.

Algo en sus palabras no cuadra, pero el tiempo de escrutinizar sus intenciones y discernir sus objetivos reales pasó hace mucho. Sakura se prepara para esta tarea. Sasuke es un enemigo: de Konoha, del mundo. Esto también es una venganza personal… y Sasuke caerá.

No hay nada en el mundo más que ellos dos; su objetivo, su cuerpo perfectamente calibrado. Nada más que este momento.

Es sin una sola palabra o llanto de guerra que Sakura carga adelante, puño echado atrás para dar el primero de muchos golpes letales.

Es en silencio, que empieza su última batalla.


Los gritos nunca fueron suyos. Sólo en sus pesadillas más antiguas, era él quien lloraba, su vida hecha pedazos. Ahora, es su voz la que reverbera contra los muros de una prisión intangible. Son sus manos, tratando de alcanzar algo que está bien fuera de su alcance.

Es su alma atormentada, que intenta liberarse de la prisión que es su propio cuerpo.

Siéntate a esperar y observa el monstruo que has creado. Observa cómo destroza todo lo que te importa; porque, para cuando acabe, no habrá nada más que ceniza en este mundo.

La voz se hace eco a su alrededor, más ominosa de lo que las palabras pueden describir y retumbando en sus oídos con la suficiente fuerza como para enmudecer sus propios pensamientos. No hay escapatoria.

Pensamientos… Se sienten tan débiles y deshilachados, pero están más claros que antes de que… acabara aquí. Sabe, con toda certeza, que le falta Yin chakra; y es por eso que no puede liberarse de una prisión en su propia mente.

Hay desesperación en sus venas; siente su cuerpo, sus palabras (que no le pertenecen, ¡no son suyas!), los movimientos que lo arrastran a través de una danza letal. Sakura lo acompaña, y la luz en sus ojos habla de una mujer determinada a cumplir un objetivo.

Una luz que sólo había visto con tanta intensidad en los ojos de Naruto. Una luz que apagó; y ahora, el clon quiere hacerle lo mismo a ella, porque él no puede.

¡Porque eres demasiado débil! ¡Eres una excusa patética de shinobi!

Él no puede lograr siquiera darle respuesta a ella. No… Esa cosa no es una chica. No es Sakura, y él apenas puede comprender cómo se ha convertido en esto. Era sólo una voz en su cabeza, una conciencia para toda la justicia impartida. Para todos los pecados cometidos.

¿Qué pasó? ¿Cuándo se volvió tan fuerte? Ha ganado poder a lo largo del tiempo… Quizá debería haberlo predicho, tan débil como estaba cuando por fin volvió a casa. No podía pensar con claridad- no, eso significa que estaba agotado. Apenas aferrándose a la vida. Sí. Siente un flujo creciente de pensamientos, como si su mente hubiera sido despertada de su estado adormecido.

Nueve bestias de chakra, a su merced, el cuerpo de su antiguo maestro a sus pies. Estaban bajo su control… y pudo sentir su poder en sus venas. Fue una idea súbita, el tomar su poder para derrotar a Naruto.

Fue un pensamiento súbito, el engañarlo y matarlo para poder.

Pero funcionó, por muy sucio que fuera. Se volvió ligeramente más fuerte, su ataque derrotando el de Naruto, que debería de haber sido su igual en poder. Lo último que recuerda es una mirada de breve sorpresa, y luego horror.

El cuerpo del chico se desintegró un instante después.

Nueve bestias de chakra, susurrando en sus oídos, en su corazón, son su poder incontenible. Tan pronto como la vida de Naruto estalló fuera de su cadáver, reaccionaron incluso peor que antes a su comando; y nunca logró, a pesar de todo, comprender lo que sucedió a continuación.

Ahora lo sabe. Ahora que puede verlo desde el interior y ver qué creó al clon.

¡Sí, sí…! Acumulación de emoción humana negativa. ¡SÍ! ¡POR FIN LO ENTIENDES, IGNORANTE!

El horror cae sobre él como un cubo de agua helada. No fueron pensamientos en buen juicio, que hicieron que masacrase a la Alianza. Fue puro odio y duelo ante la atrocidad que acababa de cometer. Sasuke Uchiha se hundió en el abismo debido a un impulso que ni siquiera parecía suyo.

El poder lo corrompió, de una manera inesperada. Había estado tan seguro de que todo estaba bajo control. Sabía cómo funcionaba el Rinnegan, lo tenía todo en orden para enfrentarse a Naruto.

Se equivocaba. Estaba bajo la influencia de algo que consideró tan minúsculo, que subestimó a las Bestias con Cola y pagó el precio más alto por ello.

Su alma. Su cordura. Su cuerpo.

Fue él quien, cegado por la ira, intentó destruir a todo y a todos. Fue él quien torturó a Sakura casi hasta la muerte.

No es él, luchando contra ella ahora, tratando de romper lo que queda de su cuerpo y espíritu. No es él, anunciando en una voz sonora y burlona que este maldito mundo será aniquilado, y con él, todo lo que contiene.

Nunca tuviste el control, ¡no desde el momento en que echaste a un lado tu integridad! Los ninja son peones, ¡y tú te convertiste en uno para alcanzar tu objetivo! ¡¿Y quién estaría ahí para darte órdenes?! ¡¿QUIÉN?!

¡Él no quiere matar a nadie, quiere guiarlos hasta un mundo mejor! ¡No quiere reinar en tiranía sobre Konoha, sino cortar sus uniones con la aldea! Nunca quiso hacerle esto a Sakura… Nunca quiso hacerle aquéllo a Naruto.

No puede gritar, y la voz grita, regalando tanto a él como a Sakura con su desdén.

Ahora comprende: cómo el chakra coalesció de maneras que deberían haber sido imposibles. El chakra de las Bestias con Cola: se expandió a través del aire y el suelo, a través del fuego de Amaterasu y la sangre de sus víctimas. Dentro de Sakura. Dentro de sí mismo.

En el Ningyo.

El chakra de las Bestias está afinado por defecto a las emociones humanas negativas. Juzga, casi como una criatura consciente, y purga. Pero no podía, no con el Sello conteniéndolo… así que en lugar de eso, destruyó todo lo que había dentro.

Esos fantasmas no son ni más ni menos que chakra, creados por el Sello. El Sello que debería de haber acabado con los últimos vestigios de humanidad en él; y sin embargo, en su corazón, no pudo acabar el trabajo. Así que Sakura sobrevivió, pero estaba contaminada, igual que él.

Y todo este tiempo, se fortaleció. Las pérdidas de consciencia, el despertar de bestias míticas de tiempos inmemorables; cuando perdió el control en el campo de batalla, las Bestias escaparon. La idea de que trataron de huir de él es extrañamente divertida. No, lo que envía un escalofrío a través de su cuerpo es el hecho de que, tras su espalda (y probablemente mientras dormía), el clon buscó fuentes de chakra coalescente.

Fue necesario para tomar control de bestias lo suficientemente fuertes como para enfrentarse a las Bestias con Cola; pero ella lo logró. Les robó el chakra, arrancándoselo del alma, destrozándolos uno a uno a través del tiempo. Ahora deberían de estar todos muertos, el Diez-Colas por siempre fuera del alcance de la humanidad, como él quería. Y ella se volvió más y más fuerte…

El clon se lo dijo: no era más que todo lo que él rechazaba. Todo lo malo y oscuro en su alma. No mintió. Como un reflejo oscuro de sí mismo, no es ni humana ni Bestia.

No tiene alma, simplemente reflejando sus propios impulsos, emociones y pensamientos. Los deseos de destrozar todo y protegerlo, de matar y salvar a Sakura, la batalla perpetua de su mente: aferrarse a todo lo que una vez fue, o dar un paso adelante, a un mundo nuevo y oscuro.

Ella es inestable, porque él también lo es. Es un monstruo… porque en eso se convirtió él.

Para…


Sakura no parpadea o reacciona cuando lo oye, pero casi. Hace que su corazón se detenca por medio segundo, y luego la chica reanuda su carga como si nada hubiera sucedido. Los ojos de Sasuke se ensanchan fraccionalmente. ¿Está sorprendido de que su anzuelo no haya funcionado?

—¡No voy a escucharte jamás! —ruge ella, su puñetazo casi alcanzándolo en este pequeño momento de sobreconfianza. Sasuke debió pensar que ella se detendría sólo con decírselo—. ¡No soy tu perro, Sasuke! ¡Ya no voy a seguirte más!

No quiere hablar con él. Quiere apartarse de este hombre al que amó una vez (al que todavía ama, lo sabe… pero no puede permitírselo. No cuando no puede confiar en él). Quiere acabar su trabajo, como un shinobi debería; y quizá, una vez el mundo vuelva a estar a salvo, se podrá permitir sentir de nuevo.

Se dejó guiar por las emociones durante demasiado tiempo. Ahora… ahora no puede. Porque si lo hace, se va a desmoronar, y Sasuke la matará.

—¡Oh, cielo! —se burla, poniendo una mano al corazón. ¿Acaso no ha durado demasiado esta farsa? ¿Es necesario hacer esto? Sasuke esquiva su golpe con pocas ganas; ni siquiera se ha molestado en usar sus jutsu más poderosos, y Sakura sabe que está agotado—. ¡Me hieres!

¿Por qué está haciendo esto ahora, cuando ambos están al borde de la muerte? Sakura los mantuvo más o menos sanos durante la lucha contra Toneri, pero el agotamiento de su chakra es algo que no puede arreglar del todo.

¿Es que Sasuke piensa que puede ganar? Sakura ruega para que esa no sea la razón… que esto no es lo que parece, así que no tendrán que luchar hasta la muerte. Porque si él cree eso: ella lo cree a él. Su cuerpo apenas responde, el Sello Yin está agotándose mientras ella trata de mantenerse de una pieza.

Y odia que todavía haya esperanza en su corazón.

—¡Te odio! —exclama, su puñetazo cargado de chakra acabando a centímetros del rostro de Hashirama. Bajo la presión. la piedra sisea y se agrieta, explotando tras medio segundo. Los pasos de Sasuke lo apartan de allí, a la otra estatua, una sonrisa en su rostro al ver la frustración de la pelirrosa.

A Sakura le hace falta el resto de ese segundo para reagrupar su chakra y lanzarse hacia él a velocidades casi supersónicas. Taijutsu… una lucha en la que él parece contento en dejarla esquivar, simplemente abusando de los huecos en el estilo de Sakura para castigarla. Nunca es letal.

Es una paliza. El pensamiento cruza la mente de Sakura como un relámpago, pero es suficiente como para que sienta un escalofrío. Sasuke va a hacerla pedazos metódicamente; podría matarla si quisiera, pero no lo ha hecho. Todavía no… no hasta que esté agotada e indefensa. El Sello Yin se agotará, el chakra natural se volverá demasiado potente como para ser manipulado… y Sakura caerá, incluso si lucha hasta el final.

Sasuke está abusando de cada una de sus emociones; incluso la ira que siente hacia él.

El Uchiha le está demostrando que, mientras le importe en absoluto, siempre estará en desventaja. Porque a él no le importa. Quizá, en el pasado… pero no ahora. Tiene un objetivo; y como buen shinobi, lo logrará.

Sakura tiene que luchar al mismo nivel si quiere tener una oportunidad.


Él lo ve, ese instante en que las emociones reflejadas en los ojos de Sakura se vuelven tormentosas; siente el rugido triunfal del clon, incluso si el monstruo no le da voz.

¡Has caído en la trampa, ratoncito!

¡No! ¡Sakura, no te dejes llevar! ¡No te dejes llevar o estarás acabada!

¡Cuando ataque de verdad, cuando de veras quiera destruirte… entonces, la MATARÉ! ¡HARÉ PEDAZOS SU ALMA HASTA QUE NO QUEDE NADA!


Compartimentalizar es algo que aprendieron en la Academia… pero que Sakura apenas utilizó. Se conviritió en ninja por motivos emocionales, al fin y al cabo; e incluso tras obtener otros objetivos por los que luchar, siguió siempre los deseos de su corazón.

Un buen shinobi sacrifica su corazón por el bien mayor.

Era una excusa patética, pretendiendo saber por qué estaba tratando de alcanzar las estrellas. No fue hasta que Tsunade le dio una razón que empezó a ver más allá de Sasuke; más allá de su propio equipo. Pero nunca pudo escapar del todo, convencida de que era lo correcto.

Lo siento tanto, Naruto. No puedo.

En los huecos infinitesimalmente pequeños entre sus pasos, se imagina a sí misma escribiendo esas emociones en un papel en blanco. Lo dobla y guarda en una caja, dándole la espalda tras depositarlo al pie de un árbol en su paisaje mental.

Sakura suspira profundamente; la luna se acerca al horizonte, cayendo hacia el borde del mundo. Una brisa invernal revuelve sus ropas, y su nariz detecta el olor del bosque a su alrededor.

Lo siento, Sasuke. Tengo que hacerlo.

Exhala su último aliento como humano; la luz en sus ojos se apaga, y un shinobi se alza.


¡AHORA, SOMOS IGUALES! ¡DOS SHINOBI, LUCHANDO POR SU OBJETIVO CON LA PRECISIÓN FRÍA DE UNA MÁQUINA; DE UNA HERRAMIENTA!

Sasuke quiere taparse los oídos y abandonar este maldito lugar en tiempo y espacio. Quiere que la lucha se acabe, ruega como un niño desesperado el estar en cualquier lugar que no sea este. No ha sentido este pánico descontrolado, este dolor abrumador, desde que Itachi murió… y el día en que los mató a todos.

El monstruo; no, su reflejo, imita el sonido de un reloj, un horror que se le cierne y es imposible de escapar.

Es cuando ve cómo los ojos de Sakura pierden ese espíritu compasivo, dejando sólo los irises vidriosos que podrían muy bien ser de un pescado muerto, que su corazón se estremece sin que pueda hacer nada para evitarlo.

Ya no está, está muerta- no, no todavía, pero pronto (bajo su propia mano…) será así si no hace algo. Este mundo… este mundo, sólo perdonó porque Itachi quiso protegerlo. Por Itachi, en el intento torpe de una cría siguiendo los pasos de su madre, hizo todo lo que lo trajo hasta aquí.

No es un sueño que le pertenezca, incluso si lo recibió por sucesión tras la muerte de Itachi.

Sakura, sin embargo… ella es parte del otro sueño; el que no pudo coexistir con su misión de venganza, y luego con la de poder. Ella es todo lo que queda de los sueños de un niño, por un futuro mejor. Pero le importa, y no porque sea la última que queda; es porque era parte de ellos (esos ruegos rotos por un mañana mejor).

Un tesoro, un vínculo que no pudo eliminar.

Y ahora, ve esa luz desaparecer de los ojos de ella, el último retazo de la última cosa que jamás le importó.

Duele, tanto como lo hizo ver la última expresión de Naruto, la vida abandonando los ojos de Kakashi.

¡Sakura…!


—¡CIERRA LA MALDITA BOCA! —grita Sasuke, súbitamente, su voz distorsionada. Sakura se detiene de inmediato, esquivando un golpe dado a saña. Las marcas del Ningyo están dibujadas en la gran cantidad de piel que queda visible en la ropa destrozada del Uchiha, y Sakura siente que su garganta se cierra, su propio Sello reaccionando de forma violenta y casi haciendo que se cruze en el camino de un golpe.

Sasuke no había atacado hasta ahora… pero Sakura no había dicho nada. La velocidad del Uchiha es tan buena como la suya, incluso teniendo en cuenta la mejora que su chakra proporciona. Sasuke aparece y desaparece de vista, justo lo suficientemente rápido como para colarse bajo sus defensas en un instante crucial.

Al menos tres costillas son destrozadas al momento del impacto, y Sakura es lanzada hacia atrás a velocidades de vértigo. Logra darse la vuelta a tiempo para aterrizar sobre los pies, una mueca en su rostro y sangre derramándose de sus labios. Su cabeza da vueltas, dos sellos pulsando el uno sobre el otro; las líneas del Ningyo son gruesas y oscuras a pesar de que debería de estar debilitado.

Como un parásito, parece que no se rendirá hasta que esté muerta.

Su mente sigue los movimientos apropiados, pero su corazón ha sido apartado a un lugar recóndito en sus pensamientos. Un lugar donde no puede sufrir y sangrar por el hombre al que tiene que matar. Sasuke empieza a contraatacar con golpes más y más agresivos, que le golpean el hombro y muslo en menos de diez segundos.

Es demasiado rápido, y si Sakura no acaba con esto pronto, ambos morirán. Él parece estar al límite de sus reservas, el chakra de Sakura se agota, escapándosele más y más rápido a cada segundo. Pronto, no será capaz de moverse en absoluto: sus miembros ya están entumecidos.

Tsunade le enseñó que las mejores batallas son las que no empiezan; pero si tienen que hacerlo, entonces debería de hacerlas tan breves como sea posible. Como médico, su objetivo es mantener a todos sanos y vivos. Acabarlo todo de un sólo golpe, como su maestra le enseñó a hacer.

Y tiene la suficiente capacidad mental como para obligar a Sasuke a soportar eso. Puede que el Uchiha sea un prodigio, pero a Sakura le falta poco para ser genio en algunos aspectos; sólo necesita un golpe.

Sasuke puede predecir cada uno de sus movimientos con sus ojos, a pesar de que están nublados por la oscuridad una vez más. Sakura lo sabe, porque sus movimientos lo indican. Es eso, o que es increíblemente bueno con los contraataques. La pelirrosa no va a dejar posibilidad alguna al aire.

El Sharingan es capaz de predecir, pero no da la habilidad de responder, o procesar la información lo suficientemente rápido. Tiene que ser más inteligente al tiempo que pone todo lo que tiene en un único golpe. Sabe que, en un tiempo distinto, habría encontrado esta situación divertida.

No muestra mueca alguna de triunfo cuando ve la ligera apertura para un ataque. Él no puede leerle los pensamientos, ¿verdad?

Sólo hay una manera de hacer esto. Sólo hay una cosa que podría dejar a Sasuke con la guardia lo suficientemente baja; de la manera en que está atacando, sólo hay una diminuta ventana de ataque.

Los puños del Uchiha están cubiertos por la energía chisporroteante de un Chidori malformado: letal. Su velocidad acelerada mediante chakra asegura que, si alcanzan un punto vital, el golpe será fatal.

Así que Sakura pretende cargar hacia adelante, en un golpe muy obvio dirigido a los pulmones del Uchiha. Pretende equivocarse al predecir dónde golpeará Sasuke, entrometiéndose en el camino de su golpe. Pretende que no duele y que no acaba de sentenciarse a sí misma a muerte; en lugar de eso, observa con satisfacción cómo su puño se hunde en el pecho de Sasuke.

Hay un destello de sorpresa en los ojos de él, su puño todavía enterrado firmemente en el hombro de Sakura: justo fuera de rango letal. De algún modo, de alguna manera, no dio en el blanco.

Se miran a los ojos, bajo la luz ajena de un nuevo día, y los labios de Sasuke empiezan a gotear sangre. El Ningyo se tensa, y Sakura no se puede mover un centímetro. Empieza a apretar su cuerpo, tan fuerte que está segura de que le rompe varios huesos, hasta que no puede respirar…

Entonces, lo que queda de su energía se esfuma y cae al suelo, arrastrando a Sasuke consigo. En una farsa de abrazo, tan terriblemente cerca del beso que Sakura deseó tanto, de la intimidad por la que rogó, quedan tendidos.

Él no está muerto, no todavía; pero pronto. Su respiración suena húmeda y ahogada, sus ojos desenfocados, aunque posados en los de ella. No dio en el blanco. Ella sólo puede repetir las palabras en su mente, una y otra y otra vez, porque si se centra en cómo él está muriendo, acabará hecha pedazos. Es posible que Sakura pueda llegar a tiempo… quizá viva para ver otro día.

Sasuke cierra los ojos, su cuerpo temblando. Cuando los abre, son distintos; sin sus colores hipnóticos, hacen que se parezca menos a una aparición divina y más como un mero mortal.

Sakura se libera del abrazo pulsante de su pecho, sacando la mano de él de su hombro. Ese brazo es totalmente inútil, y no puede sentir su hombro en absoluto, pues ha sido reducido a una maraña quemada, pero no importa. Estaba lista para dar su vida por esto. El precio vale la pena.

Sólo cuando sus brazos están a salvo sobre su pecho, su respiración empieza a perder ritmo. Sólo cuando se puede apartar de él, logra mirarlo y morderse los labios y ahogarse en las palabras que quiere decir.

Sólo entonces, cuando está segura de que ya pasó todo, se permite recuperar su corazón.

Los ojos de él son gélidos, pero hay en ellos un destello de… una emoción que Sakura no puede discernir. Triste. El Ningyo le dice que es tristeza.

—¿Por qué… por qué tuviste que hacer esto? —se atraganta ella—. Nunca quise luchar contra ti… Sólo quise… que fuéramos felices. Juntos. —No puede evitar esas lágrimas, porque esa es la persona que siempre ha sido y será, por pura elección, en el fondo de su corazón. No puede evitar quedarse con él, a pesar de que debería de estar intentando volver a Konoha, sólo para poder sobrevivir.

No puede abandonarlo, no ahora que su misión ha acabado y se puede permitir sentir cada retazo de lo que ha hecho.

—Yo… —Sus primeros dos intentos de hablar fallan, debido a la sangre en su garganta, pero Sasuke logra escupirla, añadiéndola al charco creciente bajo su cuerpo—. Lo siento. Nunca quise… ir tan lejos.

Eligió el único camino posible… a pesar de que ahora, ha visto que había otra opción. Una que no habría acabado en locura y sangre. Sasuke Uchiha no pide perdón a menudo; porque rara vez siente la necesidad de echarse atrás.

Una retahíla de toses húmedas echa a perder cualquier palabra que intentase decir, y él cierra los ojos. Hay un dolor distante en su mente; el clon se calló tras gritar hasta enmudecer. El Sello se está debilitando, y la criatura ha perdido su agarre en él. Ya no puede controlarlo.

Ahora, es libre. Pero sabe que no puede escapar al destino. Quizá es esto lo que el monstruo quería; nunca lo sabrá.

Odia sentirse tan indefenso, incluso si es porque está a las puertas de la muerte. Tiene que haber algo que pueda hacer; algo que haga que Sakura entienda. No espera ser salvado. Ahora, esto está en sus manos. Sakura ha ganado de forma justa.

Cerrando los ojos, reúne lo poco que le queda de chakra. La chica comete el error de mirarlo a los ojos, pero para cuando se da cuenta, ya es demasiado tarde.


La kunoichi de expresión gélida que recibe Sasuke, en el prado de cenizas, no podría ser más distinta a la que se esconde tras la máscara. Ahora que ya no hay planes para la salvación del mundo, no hay posibilidad de sobrevivir, el Uchiha siente un pinchazo en el corazón. Este lugar, en la mente de Sakura, es lo único que queda de su mundo.

Cuando el jutsu se agote, morirá.

No le sorprende que las cadenas salten del suelo mugriento, animadas como serpientes, cerrándose en torno a sus miembros e inmovilizándolo. Lo mantienen erecto, como un trofeo, pero nada más sucede. Sakura se limita a mirarlo, pensando que la batalla todavía no ha acabado y que no debería de haberse dejado llevar por las emociones todavía.

—Mereces saber la verdad —susurra, al fin capaz de hablar debidamente. Su voz, sin embargo, es débil. Su presencia en la mente de Sakura es nada más que una sombra. Sólo ruega que… quizá, sólo quizá, ella entenderá, y su expresión gélida desaparecerá—. Yo… hice lo que pensé que era mejor. No soy un héroe, soy un shinobi. No tiene que gustarnos lo que hacemos, pero tenemos que hacerlo.

—Eres un monstruo —responde ella, y Sasuke percibe la ira y el dolor tras sus palabras. Cómo le cuesta decirlas—. El mundo está sumido en caos y ruina gracias a ti. No hay excusa para eso.

Sasuke asiente ante su proclamación, inclinando la cabeza ligeramente. Pensó que podría hacerlo, pero estaba tan terriblemente equivocado. Corrompido, se convirtió en lo que había tratado de destruir; un monstruo, en efecto.

—Lo sé. No habrá salvación para mí. Pero tú vivirás; y querrás entender por qué. Sé que te lo has estado preguntando todo este tiempo, Sakura. Yo también.

Sasuke ve la respuesta que ella se aguanta. El no, ya no me importa. Es demasiado fácil de leer.

—Dime, ¿por qué? Nunca os rendisteis. No lo entiendo. —Su voz se quiebra ligeramente, algo tan raro e indigno de él, pero esto es lo que ha definido su vida: sacrificio—. Naruto, Itachi… tú.

La mandíbula de Sakura se queda laxa ante esas palabras, pero la pelirrosa cierra la boca en menos de dos segundos, entornando los ojos.

—Porque creíamos en un mundo mejor. Creíamos que podrías ser salvado. Y nos equivocamos. —Sus palabras llegan, hechos simples que no contienen emoción alguna, pero totalmente ciertos—. Fue por amor. Distintos tipos, pero todos sirvieron para lo mismo.

No comprendo…

—Creísteis en algo que no valía la pena ser salvado.

Este mundo y yo siempre estuvimos destinados a caer en la oscuridad. Estabais luchando contra el destino.

—No importa. —Y ahí está ese destello de fiera determinación, en la mirada de Sakura—. Alguien me enseñó que no importa cómo de imposibles parezcan tus sueños, deberías luchar por ellos.

Así que es por eso… que nunca se rindió. Incluso ahora, quiere con todo su corazón… lograr lo imposible.

Pero Sakura se rindió, dejando de luchar, a pesar de que sigue rogando. Intentó matarlo, después de todo. Aceptó que no podía hacerlo, que no podría cambiarlo por mucho que lo intentara. Al menos, esta vez, Sakura no tiró la toalla de entrada. Quizá porque era la última que quedaba, pero aceptó la responsabilidad para sí misma.

Hay un sentimiento distante de orgullo por ella, pero ya no importa.

—Cuando tomé control de las Bestias con Cola, su chakra me corrompió —musita Sasuke—. Su odio inherente y su furia nublaron mi mente. Estaba listo para luchar a muerte contra Naruto, empezar una revolución y asumir mi posición en la oscuridad… pero perdí el control de mí mismo.

Hay comprensión, un destello de entendimiento en los ojos de Sakura, y él sabe que la chica está construyendo sus pensamientos a toda velocidad para crear una teoría coherente.

—Nunca quise matar a Naruto como lo hice. Nunca fue mi plan masacrar a la Alianza, o arruinar Konoha. Nunca quise hacer lo que te hice a ti. —No puede parar, las palabras emborronadas por la velocidad a la que fluyen de sus labios. Todas las emociones acumuladas dentro de él, todos los pensamientos a los que nunca dio voz—. Lo siento —repite, porque siente que ella no será capaz de comprender cómo le cuesta decirlo; y cuánto significa.

Un nudo en torno a su alma se alivia ligeramente, la ira acumulada del doppelgänger disolviéndose al nombrar sus pecados.

—Tener una razón no es lo mismo que tener una excusa —musita Sakura, pero sus ojos están ligeramente húmedos.

Sasuke sacude la cabeza, y le muestra. El instante en que hizo caso al maldito impulso, el que lo cambió todo. Las voces gritando en su cabeza, la oscuridad abalanzándose sobre él como una maldición. Y ni siquiera trató de resistir. Intentó hacer lo de siempre: hizo lo que fuera por el poder que buscaba.

Se volvió un prisionero de su propio cuerpo. Vio cómo sus sueños eran destrozados por su lado más oscuro, retorcidos y rotos hasta que perdieron su significado. Y aún así, no se dio cuenta; no se percató hasta que fue demasiado tarde. No entendió cómo de malo era, todo lo que había hecho y estaba haciendo, hasta que vio que estaba trayendo sólo destrucción.

Su visión se desenfoca, la exhausción permeando las escenas de la pesadilla, que se repite para ambos.

Casi mató a Sakura. Si no fuera por la duda del clon en una fracción de segundo, una cantidad infinitesimal de vacilación, ella habría muerto por su propia mano.

—Tú… fallaste a propósito —murmura Sakura, su voz ahogada—. ¡Tú querías que te matara!

Y entonces ella comprende lo que su conversación significa de verdad: Sasuke se rindió. Que ella es mejor en cosas que a él jamás se le dieron bien. La victoria es suya, y debería vivir, porque no puede matarla.

—Te convertiste en lo que yo siempre quise ser… un shinobi, por el bien del mundo. Pero eres mejor de lo que yo sería jamás. —Y no hay amargura en admitirlo, no ahora que ya no importa y su vida está llegando a su fin—. Tú…

Sasuke pierde el hilo de sus palabras, pues palabras y expresiones nunca fueron sus fuertes. Porque las emociones están cerrándose en torno a su garganta y no cree ser capaz de darles voz más.

No hay palabras por lo que siente hacia ella, y tratar de empujar el significado dentro de sílabas sólo le haría mala honra. Ruega que ella entienda.

El frío que había empezado a envolver su cuerpo comienza a desvanecerse, y hay un murmullo dentro de él. El latido de su corazón se fortalece, cuando antes fue débil. Como una manta caliente que lo envuelve, protegiéndolo del dolor.

—¿Qué estás haciendo?

Sakura no lo mira, sus ojos llenos de lágrimas, a pesar de que todavía no está llorando. Está aguantándose, a pesar de que la expresión en su rostro es pura angustia.

—Estamos muriendo porque arrancamos un pedazo del alma del otro, y luego debilitamos el Sello que nos mantenía con vida —explica ella, suavemente—. La única manera de que uno de nosotros sobreviva, es reunir lo que ha sido tomado.

Una brisa remueve las cenizas del suelo a su alrededor, formando una espiral en torno a sus cuerpos inmóviles. Él conoce esta sensación. No hay sonido.

—Yo… también me volví un monstruo. —La voz de ella apenas es audible, pero las palabras son tan claras como el día—. Si te mato, no seré nada mejor que tú.

—¡No puedes hacer esto! —¡Yo no puedo hacerlo!

Ella no escucha sus súplicas, una pequeña sonrisa dibujada en su rostro.

—Puedes, porque ahora sabes lo que es perderse en la oscuridad. Incluso si fue en el último momento… encontraste tu camino otra vez. Tienes que vivir.

Ahí están las palabras que ella no dice, no puedo dejarte morir. No cuando sabe la verdad. Él nunca debería habérsela contado. Incluso si el clon se está disolviendo junto al Sello, no es él quien debería sobrevivir. No se lo merece, no se merece esta misión.

Ella sí, pero no escucha.


El sol se está alzando para cuando los ojos de Sasuke se abren de nuevo. Sakura siente sus emociones y pensamientos volverse entumecidos, distantes. Una serena nada envuelve sus sentidos, como si se estuviera quedando dormida.

Aprendió una manera de luchas contra los genjutsu del Sharingan, sólo posible debido a la abundancia de su chakra Yin. Él todavía está atrapado en su paisaje mental, demasiado débil como para estar realmente consciente, pero ella se liberó hace tiempo.

Bajo las motivaciones de él; y bajo el monstruo, encontró al Sasuke que ella y Naruto habían estado buscando. El que acabó por admirar, querer, amar. No va a dejarlo ir. Y casi… casi se rindió. Casi acabó con su corazón. Casi tomó los pasos que lo llevaron a él a la oscuridad.

Una parte racional de su mente quiere decir que es una idea estúpida, pero la aparta de sí.

No es lo mismo que perseguirlo ciegamente. Hizo lo que debía, porque ella pensó que él se había perdido del todo. Ahora que sabe que él sigue ahí, atrapado… no puede abandonarlo. Una pequeña sonrisa se hace hueco en sus labios, los de verdad, al recordar las palabras de Kakashi.

Se pregunta, donde quiera que estén, si se enorgullecen de ella. Nunca lo sabrá.

Su alma ha sido rota. Tan pronto como su cuerpo esté fuera de juego, se disipará como si nunca hubiera existido. El lugar que espera a los que mueren está fuera de su alcance ahora. Katsuyu se lo dijo. Sabía que este era el riesgo de destrozar el Ningyo. Sólo hay una cosa que pueda hacer, a estas alturas.

Se echa junto a él, rogando que tarde lo suficiente en despertarse, que para cuando lo haga ella haya acabado y así no pueda detenerla. Porque él lo hará si tiene oportunidad, ella lo sabe.

La suerte no está de su parte; los ojos de él se abren poco después, dirigiéndose a los suyos inmediatamente. Hay algo que podría ser ira en ellos, si no estuviera tan absolutamente agotado. Algo que podría ser dolor, si pudiera expresar tal cosa para ella.

—Sólo una cosa… —musita ella, su lengua y labios tropezando sobre los movimientos necesarios—. Quédate conmigo.

Sakura extiende una mano sobre su estómago descubierto y manchado de sangre; otra, entrelazada con la de él. Sasuke observa esa mano como si fuera algo desconocido, y luego retorna sus ojos a los de ella. Hay demasiado en esa mirada oscura, demasiado en la de ella. El silencio que los envuelve está lleno de un entendimiento que buscaron durante mucho tiempo. de emociones sin palabras y memorias no pronunciadas.

Él hace un sonido que suena sospechosamente parecido a un gruñido, y luego se empuja a sí mismo hasta una posición sentada, sin dejarla ir. Su brazo libre se cierra con cuidado en torno al vientre de Sakura, tirando de ella hacia arriba, acercándola a él.

Podría decir un millar de cosas para justificar la cercanía. Que ayudará a que ella haga esto; porque sabe que no puede pararla. Apenas podrá volver a casa, la mayoría de sus fuerzas usadas en ese semi-Tsukuyomi final, que lo llevó a la mente de ella. Podría decir que le dará seguridad en caso de que ella intente hacer algo sospechoso.

Sólo sabe que ella desaparecerá pronto: y quiere estar ahí. Quiere estar ahí, junto a ella (por todos a los que mató a sangre fría y abandonó, por lo que le hizo a Sakura). Quiere pasar los últimos momentos que le queden a ella intentando comunicar la última cosa que no le dijo, la que nunca será capaz de decir.

—Eres molesta —susurra. Sakura reposa en su regazo, con las piernas estiradas sobre las suyas. Él deja que su cuerpo se apoye contra el suyo, muy cerca. El corazón de Sakura se debilita, el suyo se fortalece. La energía murmurante dentro del vientre de ella se mueve hacia él, la respiración de la chica volviéndose más lenta y suave. Sakura apoya la barbilla en su hombro, la cabeza y peso del cuerpo desplomados contra él.

Es incómodo. Le gusta tener espacio y libertad de movimiento. Sin embargo, simplemente la sujeta, sólo esta vez, para que no esté sola. Para que él tampoco lo esté.

Sakura se ríe en voz muy baja, sus brazos a los lados del cuerpo y los de él rodeándola.

—Te quiero —musita, apenas audible. Estoy aquí…

Te perdono. Creo en ti.

—Vive… y hazlo una buena vida, ¿sí? —Contigo…

Haz de este mundo un lugar mejor.

Él cierra los ojos, echando la cabeza atrás y enterrando el rostro en el pelo de ella, que está cubierto de sangre. El mundo no tendrá tanta piedad como ella… no le tendrá tanta estima como Itachi y Naruto.

Hay muchos errores que rectificar, muchas cosas que reconstruir. Incontables pecados a expiar. Sakura no lo dejó vivo sin saber eso: le dio la oportunidad de lograr la redención que él creyó más allá de su alcance. Ella sacrificó todo lo que tenía, porque sigue creyendo en él; no como shinobi, sino como persona.

Incluso tras todo lo que hizo, tras haberse rendido en Sasuke Uchiha… Sakura Haruno no lo hizo. Podría haberlo abandonado, dejando que pagase sus crímenes con su muerte, sabiendo que todavía había un destello de humanidad bajo la locura. Pero no lo hizo.

Y pronto ella ya no estará y él tendrá que ser fuerte de nuevo, pero, ¿ahora? Ahora… se deja sentir cada puñalada de remordimiento, gratitud, alegría y pena. El nudo en su garganta se afloja ligeramente, y él está seguro de que, más allá de su visión, ella está llorando… igual que él.

—Lo haré. Lo prometo.


Nota: no me quedan palabras, de verdad. Ha habido de todo en la historia; emociones, confusión, desarrollo de personajes y muchas cosas bien jodidas. Igual que dije en la versión inglesa: gracias por estar ahí durante este tiempo. Es por eso que nunca consideré rendirme hasta acabar, a pesar de que ha sido difícil.

Explicaciones: clon!Sasuke los llevó hasta el Valle del Final. Mediante palabras, convenció a Sakura para que luchara, y mantuvo a Sasuke prisionero en su propia mente. Es por el clon que Isobu casi murió, y que Sasuke perdió el control y obedeció sus peores impulsos/deseos. La razón por la que Sakura pudo quemar el Sello es que está hecho de chakra natural (puesto que procede de las Bestias), de ahí que usar senjutsu acabó por romperlo.

Este es el fin. Sasuke y Sakura han acabado su viaje. Desde el principio, Sakura estaba destinada a asumir el rol de Sasuke, y éste, el de Itachi. Esto culminó en Sakura deshaciéndose de su humanidad para luchar contra él, mientras que Sasuke al fin encontró la suya propia, entendió sus sentimientos (al acabar separado del clon) y trató de salvarla. Fue suficiente como para liberarse en el último momento, pero no para salvarlos a ambos. Ella es su contraparte, una comparación, pero al final intercambiaron roles. Se convirtieron en el otro.

Y es por esto que Sakura lo salvó: vio que él todavía estaba ahí, lo entendió al fin. No habría sido posible sin la masacre, sin todo lo que ha pasado hasta ahora. Sakura vio en qué se habían convertido, y supo que no podía rendirse. Entendiendo sus posiciones, supo que todavía había esperanza para Sasuke. En lugar de rendirse y abadonarlo, le dio la oportunidad de vivir y convertirse en una mejor persona. Sasuke nunca supo cómo expresar sus emociones hacia ella, pero se quedó, al final...

¿En resumen? Desenmascarada es una historia de sacrificio y esperanza, desespero y locura. Humanidad, con todas sus fallas y virtudes. Me lo preguntásteis mucho, y por fin puedo responder: sí. Por jodido que sea... es una historia de amor.

Gracias por todo, ¡nos vemos en el epílogo!