Declaimer. La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.


.El Distrito perdido.

Katniss va y viene de la bruma en la que la morflina la sume. Despierta apenas unas horas para cerciorarse de que lo que está en su vientre sigue ahí. Las dosis son bajas para la cantidad de dolor en el que está sumido su cuerpo así que ya no sabe si duerme por la droga o es un desmayo por el dolor. Las quemaduras de su piel, el par de costillas rotas y las magulladuras que se tornan moradas en su piel duelen como el infierno. Prefiere las drogas mil veces. En esa calma olvida todo, no hay dolor, no hay angustia, no hay un bebé en camino y tampoco ha perdido a Peeta. En sus momentos de lucidez escucha que es un milagro que ambas estén vivas, que el choque eléctrico debió matar a la madre y al no nato. Katniss quiso gritarles por llamar así a su bebé, pero no tenía fuerzas.

En su mente repite una y otra vez el momento en el que Haymitch le dice que los Juegos han sido una mentira ese año, que el único fin era iniciar la revolución con ella a la cabeza. Ve a los ojos de la veta con furia mientras el mentor explica que no han tenido tiempo de salvarlos a todos, que Peeta, Johanna, Enobaria y Annie Cresta están en manos del Capitolio. Peeta en manos de Snow, Peeta lejos de su hija, Peeta no conocerá a su hija, porque en manos de La Serpiente, Peeta es hombre muerto.

No le bastó con decirle que su panadero había sido secuestrado por la persona que más los odiaba. Tuvo que aclararle que el doce era una mina a cielo abierto. Los bombarderos atacaron el distrito hasta los cimientos y solo unas novecientas personas se salvaron. Se tranquilizó al saber que su familia y la de Gale estaba bien, preguntó por la familia de Peta, la negativa la hundió sin retorno, su chico del pan se había quedado solo por completo. Se mira las uñas, al ras, pero aún recuerda la sensación de la piel de Haymitch bajo las mismas, le araño el rostro hasta que le aplicaron el sedante. Ahí estaba ahora un mes después entrando y saliendo del hospital del distrito 13. Primero por los dolores físicos, luego por las pesadillas y las magulladuras emocionales. En su cama de hospital solo acepta la visita de Finnick que esta tan abatido como ella y no puede hilar más de tres frases seguidas, lo que a la chica le conviene porque solo busca no estar sola, no una compañía parlanchina.

Se sume en una burbuja en la que solo importa ella, ella y la pequeña que cada vez se mueve más en su interior. La llena de palabras dulces, incluso Finnick le habla a su vientre, ofreciéndole azucarillos con su tono más seductor. Katniss se permite reír con las bromas del vencedor, porque teme que si olvida su risa, todo estará perdido.

~KATNISS POV~

Uno de los días buenos, de esos que paso fuera del maldito hospital, me encuentro con Gale. Él me mira con tanta tristeza en sus ojos grises que no necesita hablar para que lo siga por los túneles hasta un cuarto pequeño.

— No quiero tener hijos— susurra imitando mis gestos, eso le repetí como cada año, el día que fui voluntaria para salvar a mi hermana— debiste decir… no quiero hijos contigo Gale…

— Yo — me detengo — no quería hijos, aún estoy terriblemente asustada por ello — me apego a la pared y me deslizo hasta acabar sentada, aprieto los ojos, no lloraré— el padre de mi hija está en manos del Capitolio, posiblemente acabe muerto, probablemente todos acabemos muertos y a ti te preocupa que no fuera contigo — lo miro furiosa, como si no tuviese nada en que pensar, debo soportar los celos de quien creí mi mejor amigo.

— Te acostaste con él — acusa él, su voz resuena en toda la habitación — ¿Qué esperabas que ocurriera Catnip? — aun enojado usa el apodo que me puso el primer día que nos conocimos — creí que terminaríamos juntos Katt — se sienta frente a mí y sus ojos deben ser un reflejo de mi tristeza, ojos de la Veta, grises, bellos en su rostro — creí que escaparíamos de todo aquello — acaricia mi mejilla, apego mi piel a su mano.

— Nunca quise hacerte daño Gale —no lo evite, como aquel día cuando estaba moribundo roce mis labios, con los de él, una sensación muy diferente a cuando besaba a Peeta me embargo.

— Sabia que harías eso — susurro él y yo lo mire extrañada — hiciste lo mismo en tu cocina luego de los latigazos de Thread.

— ¿Cómo sabias que lo haría? — ni yo misma sabia porque lo hice.

— Porque estoy sufriendo… es la única forma de llamar tu atención. (Nota de Anna: Amo esta línea).

Lo veo levantarse, voltea a verme y sé que quiere decir algo, pero se detiene en mi vientre, su expresión cambia a una mueca de dolor y sale por la puerta dejándome sola, a oscuras y deseando con todas mis fuerzas que el tiempo se detenga.

~FIN KATNISS POV~

Le piden que hable, que haga una propo. Katniss se niega, se oculta, evita a Haymitch, a Gale y a cualquiera que intente convencerla de que debe ser la voz de una revolución que ella no planeo. Solo confía en su hermana y en su madre, con las que se muda luego de abandonar el hospital definitivamente. Una etiqueta en su brazo la apoda mentalmente desorientada ella hace honor al mismo vagando sin propósito alguno por los túneles que componen el bunker que es el distrito olvidado. Encuentra escondites cálidos donde mantiene conversaciones con la criatura que aún no nace. Le canta canciones en voz baja, canciones suaves, como la que le cantó a Rue en su lecho de muerte.

— Katniss — susurra la pequeña Prim viendo que su hermana da vueltas y vueltas en la cama— ¿no puedes dormir?

— Lo siento patito, no quise despertarte — observa como su hermana abandona la cama que comparte con su madre y se pasa a la suya abrazándola con sus pequeños brazos.

— ¿Qué ocurre Katniss? Puedes contarme sabes, ya soy mayor— la castaña sonríe, su hermana apenas tiene trece años pero se ha visto obligada a crecer demasiado pronto.

— Quieren que sea su portavoz Prim y yo solo pienso en escapar de aquí, estrellar un aerodeslizador en la mansión de Snow y torturarlo hasta que me devuelva a Peeta — su voz está cargada de ira, pero también angustia, la menor de las dos simplemente acaricia los ondulados cabellos castaños — yo no sirvo como oradora patito, Peeta era… es bueno con las palabras — lo extraña, más de lo que su cerebro le permite admitir— tengo un miedo terrible.

— Katniss, puedes hacer lo que sea — los ojos azules casi brillan en la oscuridad— tú no sabes el efecto que causas en los demás, podrías pedir lo que sea y ellos lo permitirán porque eres esencial.

— No quiero ser un peón…

— Piensa en ti como un sinsajo Catnip, serás libre pero primero debes cantar todas las melodías…

Prim vuelve con su madre y abraza a la bola de pelos a la que llama gato. La mayor lo recupero de su casa en la aldea cuando fue a hacer un reconocimiento del doce. Su corazón se estrujo en su pecho al recordar el estado de la panadería, y el de la alcaldía. La madre de Peeta era una odiosa mujer, pero su padre era un ángel como él, Madge tampoco merecía morir; los anoto en la lista de personas que murieron por su culpa, junto a Rue, Mags y Cinna.

Al día siguiente se reunió con la proclamada presidente del trece. Alma Coin era una mujer con poder, pero a los ojos de Katniss la única diferencia con Snow era el género. La mujer tenía la misma mirada que el presidente de Panem, unos ojos fríos, calculadores y mordaces, capaz de matar con la mirada. Katniss arrugaba y desarrugaba el papel en el que tenía anotadas las condiciones para convertirse en el Sinsajo, en la voz de la revolución.

— Seré su portavoz — un hombre regordete llamado Plutarch sonríe, es el Vigilante del Tercer Quartell Quell, también forma parte de los rebeldes— pero tengo algunas condiciones…

— Condiciones — acota la mujer de pelo gris al lado del vigilante con el ceño fruncido— ¿Cuáles son?

—Mi familia se queda con nuestro gato— empieza a decir, le conceden una habitación en una planta superior, con una pequeña ventana — quiero cazar con Gale, afuera, en los bosques— sigue y las primeras negativas empiezan por parte de Plutarch.

— No iremos lejos— le corta Gale, que no se ha separado de ella desde el desayuno— usaremos nuestros propios arcos… pueden tener carne para la cocina — el hombre habla de la imposibilidad de ser vistos, de los riesgos de lesionarse, de la seguridad extra.

— Es sólo…que no puedo respirar encerrada aquí como…‖— evita decir como un animal porque teme que le nieguen la petición —Me haría mejor, más rápida, si…‖pudiera cazar.

— Déjenlos, solo dos kilómetros de rango, se les descontara del tiempo de entrenamiento — mira fijamente a la castaña — deberás tener extremo cuidado con tu condición — detiene la vista en el vientre de casi siete meses de la chica.

— Cuando la guerra termine, si ganamos, Peeta será perdonado — afirma, luego de la primera aparición del rubio en una entrevista, demostrando su alianza con el capitolio, más de la mitad de los rebelde lo querían muerto —Ninguna forma de castigo será infringido— continua haciendo caso omiso de las miradas de odio de Coin y sus acompañantes — Lo mismo para los otros tributos capturados, Johanna y Enobaria… y Annie Cresta — le debe el favor a Finnick, por salvar a Peeta en la arena.

— No — niega con la cabeza, los cabellos lacios permanecen en su lugar — serán juzgados y tratados como el tribunal considere oportuno.

— ¡Se les concederá la inmunidad! Tú personalmente lo prometerás frente a toda

La población del Distrito 13 y el resto del 12— exclaman, sus ojos grises destellando de furia— Pronto… Hoy…. —Plutarch y su asistente Fulvia sonríen comentando por lo bajo que ella es la indicada.

— De acuerdo pero más te vale hacer bien tu papel — escupe las palabras con recelo — ¿alguna otra solicitud?

— Sólo una cosa más— carraspea mirando el papel en el que apenas se leen las palabras — Yo mato a Snow — sentencia mirando a los ojos de Coin, y el atisbo de sonrisa en su boca.

— Cuando llegue el momento, estará a tiro de tu arco.

Esa frase le sirve de pie para retirarse. Plutarch se acerca y le da una palmada en el hombro. Le enseña un libro con diseños de Cinna. Un traje a prueba de todo, negro, indestructible. Sonríe acariciando el diseño, la espalda en forma de alas y una lágrima solitaria escapa hasta caer en el papel. Cinna le hizo prometer al Vigilante que solo le enseñaría el traje una vez que ella decidiera, por si misma, que sería el Sinsajo.

Bajan varios pisos en un ascensor que parece moverse en todas direcciones. Descienden del claustrofóbico aparato en la armería y Beete también le obsequia algo. Un arco especial, solo para ella, con un carjac dividido en tres, para tres tipos de flechas. De punta negra, regulares, las amarillas, de fuego y las rojas explosivas, no le dejaron probar de esas contra la diana. Se emociona disparando puntas negras asestando a cada diana. Todos aplauden incluso Boggs y por primera vez sonríe con orgullo por sus habilidades. De vuelta en el elevador, Katniss empieza a sentir el malestar por las vueltas que da el aparato. Se siente mareada.

Vuelven al comedor, a Katniss todo le da vueltas mientras busca la bandeja con su almuerzo y se dirige a la mesa que le corresponde. Está a punto de colapsar cuando un chillido capta su atención, se levanta de prisa y el mareo aumenta la intensidad. Reconocería el acento del Capitolio en cualquier lado, esa voz en cualquier sitio. Busca una peluca extravagante, un vestuario que destaque en la mar de gris pero no lo consigue. En un momento reconoce unos ojos celestes que la miran como si hubiera encontrado un oasis en medio del desierto. Otro chillido exasperante confirma lo que su corazón gritaba. Effie Trinket estaba en el trece. Es unos centímetros más pequeña que Katniss sin sus temibles plataformas, puede notarlo cuando la escolta se aferra a ella sin dejar de sollozar. Toma su rostro con sus pálidas manos, los ojos color cielo fijos en las nubes grises que apremian lágrimas. Nota que su querida amiga ha cambiado la peluca dorada, por un pañuelo gris igual que su atuendo y por alguna razón le deprime.

— Katniss, mi bella y pobre Katniss — los dedos gélidos de Effie no dejan de acariciar sus mejillas — estas sana y salva en este horrible lugar — la mueca de asco de la capitolina arranca una sonrisa de los labios de la castaña— ¿aun? — Se detiene fijando la vista en el vientre insipiente de la chica— no has perdido al bebé…

— No…. Solo a Peeta — escupe con sarcasmo volviendo a sentarse, ignorando la mirada que Gale le dedica o el rostro triste de su escolta — lo siento Effie.

— Entiendo cariño — se sienta a su lado — Fue una situación horrible — la mujer conto con lujo de detalle como los rebeldes se metieron a la doceava planta y los arrastraron fuera a Haymitch y a ella cuando Katniss disparó su arco, como la mantuvieron encerrada, como una prisionera — hasta que aceptaste ser el Sinsajo.

— Lo siento — vuelve a disculparse — si hubiese…

— Oh… no te preocupes — exclama con voz cantarina — tampoco es que esté a gusto presentándome al mundo en estas fachas ¿sabes? — una risa burbujea en sus labios y a Katniss le alegra un poco saber que al menos ella tiene la esperanza en alto, a pesar de las circunstancias.

La mujer confirma los temores de Katniss. Cinna ha muerto y con él su equipo de preparación. No pudieron sacar a tiempo a las tres mascotas de Katniss, ellos no importaban en lo más mínimo para la causa. Katniss los agrego a la lista de muertos por causa de ella. Le explico que hacía tiempo que no veía a Haymitch, que estaba pasándolo fatal en rehabilitación, que en el trece cualquier tipo de adicción está prohibida. Habla, y habla, y habla sin detenerse.

La llevan a hacer la primera propo, resulta fatal. Katniss no sirve para recitar un memo, ella necesita sentir lo que debe decir. Coin le suelta a Plutarch que debieron sacar al muchacho antes que a ella y Katniss no puede evitar darle la razón. Deciden llevar al equipo de grabación, al Sinsajo y a un puñado más de soldados al 8, donde los bombardeos se han detenido luego de acabar con las instalaciones militares del distrito.

~KATNISS POV~

El equipo de grabación está compuesto por Mesalla, Castor, Cressida y Pollux. El que más me agrada obviamente es Pollux, es un avox, ellos no pueden hablar así que les evitan la incomodidad a personas tan intolerantes como yo. Cressida me recuerda un poco a Effie, que ha decidido quedarse bajo tierra con tal de que no la vean sin arreglar. La chica es rubia, con la mitad del cabello rapado y en ese espacio lleva una enredadera verde tatuada, muy Capitolio, pero se le nota que es buena y excelente en su trabajo.

Entre los soldados esta Gale, que no va a perderse salir del hoyo por ninguna razón y un par de personas más que me dicen su nombre pero que olvido en instantes. El único que sale a relucir es Boggs, es capitán o algo así. Es una persona amable, aunque exigente. Nos obliga a mantener formaciones, estoy en el centro, él cubre mi espalda, Gale está al frente y hay otros dos a mis costados. Me siento a salvo, pero sola. No sé en qué momento empecé a sentir la soledad estando rodeada de gente, incluso de Gale, pero se siente como si hubiesen arrancado un trozo de mi alma y lo tirasen por ahí.

Me obligo a enfocarme, arco en mano, nos separamos unos cien metros del aerodeslizador cuando los rebeldes salen a recibirnos. Paylor es quien comanda al ejército rebelde del distrito textil, nos lleva por callejuelas desiertas hasta un deposito con una cruz blanca pintada en un apuro. Un hospital improvisado para bombardeos improvisados pienso mientras entro acompañada de Gale y los demás.

Me detengo en seco y siento el arma de Boggs chocar en mi espalda. Estoy espantada, personas heridas acarrean a otras más lastimadas en camillas hechas en casa, sobre sus hombros, aun sosteniendo un arma en sus manos. Me pongo de cuclillas abrazada a mi estómago, el mundo parece dar vueltas a mí alrededor, estoy por dejar ir mi almuerzo. Los fuertes brazos del hombre moreno se aferran a mis hombros y me pone en pie.

— No funcionara… no puedo hacerlo, no seré buena aquí — escupo las palabras con rapidez antes de que me abandone el resto de mis fuerzas.

— Solo deja que te vean — me dice con firmeza posando sus ojos en los míos, me obligo a respirar como él, pausadamente — tu presencia aquí hará mucho más que cualquier médico o medicina Katniss, eres su fortaleza.

Asiento y entramos, los cámaras filman el entorno y mi reacción, así que me mantengo seria mirando de reojo los cadáveres que están a los costados del pasillo que transitamos. Oigo la pregunta de Gale y la respuesta de Paylor, no hay gente suficiente para sacarlos afuera. Trago con fuerza antes de traspasar la cortina que sirve de separación entre vivos y muertos, mi corazón sufre un vuelco. Son demasiados, amputaciones, huesos rotos, vendas que no han sido cambiadas en días. Intento mantener la compostura, nadie está mirando a los recién llegados, no me permito flaquear, siento los ojos café de la comandante mirándome, midiendo mis reacciones.

— Katniss — es apenas un susurro y una mano que toma mi muñeca, me volteo casi asustada pero compongo mi rostro buscando la dueña de la voz — ¡Katniss! — Chilla algo más fuerte y varios pares de ojos voltean a verme, la voz proviene de una mujer joven — Nos dijeron que estabas viva pero no lo sabíamos…

— Soy yo — es lo único que puedo decir incorporándome en mis zapatos para que más rostros puedan verme, la luz roja de una de las cámaras llama mi atención y me detengo allí — me sentí muy mal pero ya estoy mejor — sonrío sus ojos están llenos de esperanza, las personas alrededor copian mi mueca, a pesar de sus dolencias, de las perdidas, sonríen.

— ¿EL bebé? — pregunta alguien desde una camilla, otras voces lejanas lo siguen y sé que el uniforme disimula demasiado mi vientre, lo protege de todo.

— Viva — digo en voz alta mirando el monitor — es fuerte como su padre — un fuego inicia en mi interior y sé que es hora de grabar.

Saludo a todo el que está en mi camino. Veo en sus ojos la esperanza y debo darle la razón. Ellos lo han perdido todo pero depositan su fe en mí, en que el Sinsajo podrá con el Capitolio. Nos dirigimos a la salida, casi troto fuera del lugar, tomando bocanadas de aire, intentando recuperarme del aire viciado de la bodega. Acepto la cantimplora de Boggs, agradecida de que Paylor y la gente del 8 no me vea temblando y jadeando por aire puro. Cressida acaricia mi hombro diciéndome que lo hice muy bien, yo suspiro, solo me deje ver, no pude hacer nada por ayudar a esas personas que ven en mí la revolución.

— Debemos movernos — masculla Boggs, demasiado serio, demasiado tenso, me aferro a mi arco y camino detrás de él — a la pista de aterrizaje — da órdenes de nuevo cubren mis flancos, esta vez Gale cuida mi espalda — hay un problema.

— ¿Qué problema? — la curiosidad de Gale le traerá problemas.

— Bombarderos en el perímetro del ocho — acota el capitán caminando con rapidez, estoy cansada a los 20 metros.

No alcanzo a ver nada más que un cielo celeste sin nubes, pero al momento siguiente las sirenas me paralizan, Gale toma mi mano, la memoria de nuestros padres nos llena los ojos de lágrimas y corremos a apegarnos a la pared de un edificio cercano. Boggs cubre mi cuerpo con el suyo, solo logro oír su respiración por sobre las bombas que caen una y otra vez por algunos minutos. Nos ponemos en pie, siento un dolor en la pierna pero no hay tiempo para evaluar el daño. Corremos, otra vez estoy rodeada de soldados. Desde el aerodeslizador, Plutarch nos avisa de un bunker a un par de cuadras desde donde estamos, nos avisa que el intervalo entre bombardeos será de 45 segundos así que apresuramos el trote. Mi respiración se agita en unos segundos y Gale debe empujarme para que siga el paso. Es tarde, nos demoramos demasiado y sentimos la ráfaga de aire sobre nosotros, corremos fuera de la vista de los agentes de la paz. No pueden saber que estoy viva, no aun. Unos ojos de la Veta se posan en los míos, esta vez Gale en mi protección extra. Apenas apoya sus piernas a mis costados, sus brazos extendidos a los costados de mi cabeza, lo más lejos de mi abdomen como le es posible. Me mira, a mi abultado vientre, de nuevo a mis ojos. Corremos de nuevo, oímos fuego rebelde, Gale y yo divisamos al mismo tiempo la escalera que debe llevar al nido de rebeldes respondiendo al Capitolio, troto hasta ahí y empiezo a escalar, algo que se me daría muy bien si no fuese por el peso extra. Gale me grita que siga y puedo ver su bota en el rostro de Boggs, tendremos problemas en cuanto esto acabe.

Paylor está ahí y por alguna razón le sorprende y emociona que un Sinsajo embarazado le ayude a aniquilar bombarderos enemigos. Formación en V, como las aves en migración, Gale ataca el medio y yo los extremos. Bajamos algunos, no parece hacer demasiado. Los aerodeslizadores restantes se alejan y volvemos a la superficie pasmados ante el foco de ataque de Snow. El hospital arde en llamas. Cressida y los cámaras están frente a mí, me preguntan si tengo algo que decir. Estoy hiperventilando, mi pulso produce un zumbido en mi oídos, la pequeña no deja de revolverse. Tarareo las notas de Rue acariciando mi vientre, ella se calma, yo me calmo y vuelvo a fijar la vista en el punto rojo de Pollux.

Me dirijo a los rebeldes. Les pido que resistan, les cuento que mi hija y yo vivimos, magulladas y heridas pero vivas y más fuertes que nunca. Le grito a la cámara mi furia contra el hospital del ocho, un lugar lleno de moribundos y niños pequeños. Por ultimo me dirijo abiertamente a Snow.

— ¡El fuego se está encendiendo! —Estoy gritando ahora, viendo el bombardero que acabe con una flecha incendiaria—. ¡Y si ardemos, tú arderás con nosotros!

Cressida da el corte. Suspiro, estoy exhausta y de pronto toda la adrenalina parece abandonarme, mi pierna arde, en mi cabeza hay diez personas martillando mis sienes. Boggs se aparece frente a mí y ruego que no vaya a gritarme, siento mis rodillas vencerse ante mi peso y él me toma en brazos trotando hasta la pista de aterrizaje.

Ya en el trece constatan que mi embarazo se adelantara si no me quedo quieta. Quitan un trozo de metralla de mi pierna y otra contusión cerebral se suma a la que aún no se había curado totalmente. Temen por mí, pero no hay doble visión, los pensamientos no se escapan con facilidad y solo me mareo un poco al terminar de comer. Me obligan a usar una silla de ruedas pero no lo niego, no estoy lo suficientemente fuerte para andar con mis pies.

Me trasladan a la Sala de Mando, al principio esta vacía. Poco a poco la gente va llegando, Coin, Plutarch y su asistente, los cámaras, Cressida y Mesalla. Después entra Gale que se sienta a mi lado, nuestros rostros se transforman al ver entrar a Boggs con una máscara en el rostro. Su nariz está rota a causa de la bota de Gale, bueno de la patada que le dio con esta, puedo ver el arrepentimiento en los ojos de mi amigo.

Unas pantallas aparecen frente a nosotros. Primero solo podemos ver oscuridad, de pronto Un sinsajo como el mío emerge envuelto en llamas y se oye la voz de Claudius Templesmith, el anunciador oficial de los Juegos. La Chica en Llamas, arde le oigo decir, y aparezco temeraria con las ruinas del ocho a mis espaldas con flamas reales detrás de mí. Mi mensaje es potente y me estremezco al oírlas de mi propia voz. Pasan imágenes del bombardeo, de nuestros intentos de escape, de la herida en mi pierna, Gale y yo derribando bombarderos desde el nido de los rebeldes. Finalmente, todo se incendia y en negro aparece la que yo creo es la frase con la que se me recordara por siempre.

Todos aplauden, ven el video de nuevo y yo siento arder mis mejillas. Coin parece ofuscada con mis intentos suicidas por aparecer en combate. Le doy la razón y ella me observa con orgullo cuando le digo que hasta que no haya nacido la criatura en mi vientre no saldré del bunker. Pienso que mes y medio no será tanto. Vuelvo al hospital, Finnick pasa la tarde noche conmigo, cenamos juntos y vemos la propo. Le pido que la apague en cuanto termina pero el logo del Capitolio aparece. Detengo su mano antes de que dé al botón, los cabellos rubios tienen toda mi atención.

Hace apenas dos días desde la primera vez que lo vi, pero el chico del pan parece haber bajado 6 kilos y tiene un tic en las manos, tiemblan. Su rostro muestra el cansancio a pesar del maquillaje. Quiero llorar, pero me atengo a escuchar sus palabras hasta que lo quitan del aire. Finn apaga el televisión y sus manos de terciopelo toman mi rostro. Me obliga a mirar sus ojos verdes y me ruega que lo escuche.

— No vimos a Peeta — susurra — vimos la propo, te alteraste por las imágenes y no vimos nada mas — asiento casi ida — no lo vimos Katniss ¿está claro?

Plutarch aparece minutos más tarde. Repito la historia que me dijo Finnick. Parecen tranquilos. No preguntan nada. Yo solo pienso que debo sacar a Peeta de ahí antes de que lo maten por mí.


Es el capítulo más largo en mi historial de fic jaja. Lamento la demora, pero estoy de vacaciones y se hace difícil escribir. Espero me disculpen!

Gracias por los comentarios. Espero que aún me escriban aunque tardase en volver a escribir.

Con cariño atentamente, Anna Scheler.