Nota: ¡sorpresa! No pensaba que acabaría este cap dentro de la semana, pero... el review de Aritou me inspiró más de lo que puedo expresar en palabras. Que no se diga que todos los ánimos que un lector da a un escritor no sirven para nada.

Sí, este es el final de verdad, tras el cuál no hay continuación o secuela. Porque todavía quedaba acabar la historia de uno de nuestros protagonistas. No tengo mucho que decir, gente... ya lo expresé en el cap anterior, y no quiero fastidiar el cap con explicaciones.

Y al Guest... que sepas que tu descripción del fic me recuerda a cómo la gente suele reaccionar a "osu!" x) Gracias por pasarte.

Puesto que la historia acaba aquí, podéis preguntar lo que queráis en los reviews. Si no es algo que quiero mantener vago, responderé tan bien como pueda.

Muchas gracias por todo, a todos. Que lo disfrutéis.


Desenmascarada - Epílogo: Renacer

Y el ciclo completa una vuelta.


Sólo hay horror sin palabras en los rostros de los últimos ciudadanos y shinobi de Konoha. Días de espera impaciente, devora-nervios, acaban con una figura demacrada arrastrándose a través de las puertas de la aldea. El silencio lo sigue como un hechizo, y también las miradas. Sasuke no les presta atención, su mente incomprensible incluso para sí mismo.

Como siempre, persigue una meta. No importa si está desafiando a la mismísima muerte para alcanzarla: llegará. Prometió que lo haría.

Su chakra, que todavía se siente ajeno a él, se extiende no sólo a través de su cuerpo, sino el de Ella también. No permitirá que el deterioro detenga el retorno de Ella a casa, a donde pertenece. Nunca hizo esto por las otras personas que le más le importaron. Es sólo el primer paso en un camino de redención.

Logra llegar al memorial, y colapsa junto a Ella como un muñeco de trapo. No cree que haya dioses a los que rezar; si están ahí, quiere matarlos. Y ahora mismo, quiere mantener todo pensamiento de asesinato lejos de su mente.

Lo prometió.

Ella parece dormida, aunque su cuerpo está en un estado deplorable. Piel y carne rotas, tras la evaporación del Ningyo. Huesos saliendo de lugares incorrectos, por culpa de él. El chakra devoró y corroyó los mismos músculos de Ella; se siente como si, de tocarla de la manera incorrecta, Ella se derretirá en sus manos.

Y aún así, sin embargo, la expresión de Ella es pacífica. Hay una sonrisa en su rostro. Se pregunta si es a causa de sus últimas acciones y palabras dirigidas a Ella, o por su victoria. Al final, Ella ganó: logró lo que quería, a pesar de todo. Es innegable. El precio que pagó para derrotar al destino, sin embargo, fue demasiado alto.

Durante largas y agónicas horas, él lucha contra sus propios pensamientos y emociones. No sabe qué hacer, o a dónde ir. Sólo hay un dolor que le retuerce el corazón y que apenas puede controlar. Más tarde, no recordará qué pasa en este tiempo: está todo borroso. No sabe si llora o son sólo gotas de sangre, fluyendo de sus ojos, pero se marca a fuego la memoria de ella.

El atardecer pasó hace mucho, cuando al fin logra recomponerse; sus rodillas protestan cuando se pone en pie, sus ojos todavía atrapados en la expresión final de la chica. Hay un mundo esperándolo, uno que ha sido arrojado al caos y que apenas puede recordar la luz. Uno contra el que tendrá que luchar. Comienza a marcarse metas, logros; y tras esos, pone límites. Líneas que nunca cruzará.

Se lo prometió a Ella.


El senbon clavado en su escritorio parece embrujarlo. Habla de un último acto de desafío contra un mundo que determinó que Sasuke Uchiha pertenece a la oscuridad. La pareja de ninja sentada al otro lado de su escritorio parece indecisa entre desespero, sorpresa e incredulidad.

Está muerta.

Ella se negó a usarlo. Recibió un arma designada específicamente para matarlo, y la rechazó. Eso significa que, antes de perseguirlo, Ella todavía creía en su redención. Debió haber cambiado cuando el clon tomó las riendas; no puede recordar mucho, excepto percatarse de sus alrededores una vez más, justo antes de que la lucha empezara.

Algo se retuerce en su pecho, pero aparta la emoción a un lado.

—Técnicamente, sois traidores a Konoha —opta por decir, notando el miedo oculto bajo la máscara casi perfecta de Tenten. Lee frunce el ceño, y mantiene la mirada nivelada, listo para lo que sea—. Debería ejecutaros. Pero no lo haré, porque hay un mensaje que tenéis que entregar por mí.

Tenten se pone tiesa, su espalda irguiéndose en un instante. Si Sasuke fuera un hombre que expresase diversión abiertamente, desde luego se entretendría con la confusión obvia de la pareja.

—Konoha dará su ayuda a Takigakure en la guerra que se avecina. Iwagakure está preparándose para una invasión a gran escala. —Los shinobi no dan información gratuitamente—. Como signo de confianza, podéis llevaros a Soma, mi aprendiz y heredero a Hokage, con vosotros. —Los shinobi no regalan armas sin un precio.

—¿¡Q-qué!? —tartamudea la chica morena, totalmente perdida. El miedo en sus ojos cambia a pánico, su mente tratando de descifrar un millar de significados ocultos en las palabras de él. no hay ninguno. Es la verdad. Pero, obviamente, eso no corresponde con la manera en que ella lo ve; ningún buen shinobi quiere sentirse así. Es letal, más a menudo que nada.

Sasuke decide que no hay nada más que tenga que ser dicho, y se limita a observar. El senbon envenenado con el que ella trató de envenenarlo está sobre el escritorio de madera que hay entre ellos, y él simplemente se pregunta cuánto más largo será el camino a la redención.


La reputación es una cosa extraña.

El mundo teme a Sasuke Uchiha cuando anda, solo, hasta primera línea del campo de batalla. No saben si está aquí para ayudar a un lado u otro, o aniquilarlos a ambos. Iwakagure ha tenido tiempo para lamerse las heridas y volver en carga rugiente, pero incluso ellos pueden sentir que este hombre podría cambiar el curso de la guerra a placer.

El poder, decide Sasuke, es algo bueno que tener.

Shibuki da pasos firmes y decisivos hacia su figura solitaria. El líder de Takigakure no está escoltado por nadie, su mirada centrada en Sasuke y su expresión serena. Se ha vuelto respetablemente determinado como hombre; tiene que serlo, si se ha estado rebelando contra Konoha y tiene idea alguna de a qué se enfrenta.

—Viniste, lord Hokage —observa, su inclinación tan pequeña como es posible, aunque todavía respetuosa. La tensión en su cuerpo entero no pasa desapercibida.

Iwagakure decidió que atacar a Konoha directamente era algo estúpido, con un enemigo tan poderoso al que derrotar y poco que ganar; como Sasuke predijo, intentaron hacerse control de las otras aldeas en primer lugar. Con el Kazekage bajo su control, y con la alianza con Otogakure, su mejor objetivo era Taki. Habían estado rogando que la bestia letárgica que reside en Konoha no se despertaría.

Estaban gravemente equivocados.

—Este mundo no puede permitirse la pérdida de tanta vida humana, no ahora que se está volviendo peligroso —responde, asintiendo ligeramente.

Shibuki aparta la mirada, hacia sus fuerzas; están en desventaja absoluta y sin esperanza en comparación a Iwagakure. Takigakure sólo es un montón de refugiados e inadaptados; Iwa se ha estado preparando para ir a la guerra durante mucho tiempo. Será una masacre, pero no queda alternativa alguna.

—Leí tu carta, lord Hokage —contesta el hombre, tersamente. Parece prepararse para algo muy difícil, y al fin acaba por suspirar la respuesta—. Nos aliaremos contigo, si nos ayudas en esta batalla.

Lo que sea, para prevenir una guerra.

Sólo que, quizá, no es de la manera en que había planeado en un principio.


Sasuke da preferencia a sus misiones en lugar de a dormir. Las pesadillas lo persiguen cuando el cansancio lo reclama, y pasa su tiempo consciente ocupado, como un perro tratando de alcanzar los sueños de verdad que quiere lograr, las metas que tiene que completar.

Sasuke Uchiha nunca, jamás descansa, nunca se detiene, nunca se da un instante para respirar y sentirse libre del peso en sus hombros. Es parte de su expiación, parte del precio que quiere pagar por seguir vivo cuando no debería estarlo, por ser el que quedó en pie tras convertirse en el monstruo que una vez fue.

Es asaltado a cualquier hora del día por asesinos, la mayoría en misión de venganza. Les deja, por supuesto; aprendió de Itachi que, con el tiempo suficiente y el genjutsu apropiado, es posible cambiar a cualquiera. Funcionó con Kabuto; e incluso con Orochimaru.

Reconoce al médico ninja de Yugakure, al que casi mató en su misión para encontrarla a Ella. No dice nada, pero una vez todo acaba, el hombre parece derrotado. Es sólo cuando los dos hermanos de la misma aldea lo encuentran, que un destello de vida retorna a sus ojos.

Sasuke no pregunta, pero observa a esos amigos reunirse de nuevo. No es sorpresa que el ninja de Kiri solicite la habilidad de cuidar de ellos, de ahora en adelante; Sasuke sabe que, al fin, el hombre puede dormir en mejor paz.

Él no tiene la misma suerte. Tiene demasiadas cosas a redimir.


Perdió la fe en la humanidad hace mucho, es cierto; comenzando por la aldea, el mundo, y luego él mismo. Sin embargo, el sacrificio que Ella hizo cambió algo. Ella luchaba por algo mayor que su propio beneficio, más que sus propios sueños. Y sin embargo, nunca renunció a la verdadera naturaleza del corazón humano.

Quizá fue un despertar de sus divagaciones sin sentido, pero tras la muerte de Ella, algo cambió.

Si no tuviera dignidad, lo compararía a un niño buscando caramelos desesperadamente. Intentando encontrar seguridad en lo que se siente como un sueño distante. Cuando entra a Takigakure, la aldea que acaba de salvar (literalmente), espera tener que defenderse de una avalancha de kunai.

En lugar de eso, hay un silencio inseguro, expectante. Los civiles que sólo han oído las historias de los shinobi parecen estar en conflicto. Acaba de salvarlos a todo; a virtud de derrotar, sistemáticamente, a las mejores fuerzas de Iwagakure, sin siquiera usar fuerza letal. El resto no tardó mucho en rendirse.

Algunos de los shinobi que no estuvieron involucrados en la masacre parecen sospechar, pero lo aceptan. En el mundo de los shinobi, las alianzas son comunes, tanto si duran como si no. Los otros están iracundos, aterrorizados o perdidos en sus memorias.

Él tarda varios días en verlo (y ellos tardan varios en acostumbrarse a su presencia, incluso cuando no pueden localizarlo), y el latido de su corazón da un salto. Es sólo la primera vez de muchas, y con cada una hay un dolor creciente en algún lugar muy profundo.

En su miseria aparentemente desesperanzada, esa gente ha logrado convertirse en una comunidad muy unida. El hambre de poder y la desconfianza deberían haberla destruido, pero a pesar de todo, aquí están. No es perfecto, ni de lejos, pero logran sobrevivir cada día a base de una compasión que no ha visto en ningún otro lugar.

Él aprende que es porque, de otro modo, habrían sucumbido. Las dificultades que los pusieron en este lugar no acaban ahí; gente de distintas naciones, educaciones e incluso culturas, tuvieron que arreglárselas para vivir cada día (juntos) sin volverse salvajes. Shibuki está en cargo de la aldea, tras expulsar a las fuerzas de Konoha, y sin embargo no es sólo él, dándolo todo por este ideal de civilización.

Todos lo hacen. Hay criminales y avaricia, como siempre antes, pero algo es distinto. Tienen algo en común que no tenían antes: están atrapados en la misma situación, y no hay cantidad de poder individual que pueda sacarlos de aquí. Todos luchan por el sueño de algo mejor, y él sabe que al protegerlos, también se suma a ese ideal.

Quizá, sólo un poco, empieza a creer en la gente de nuevo.


Takigakure tarda un año entero en empezar a enviar refugiados a Konoha. A pesar de que Sasuke no ha hecho nada más que mantener la paz, la desconfianza es algo que siempre tarda mucho en ser reparado. Podría obligarlos a obedecer, pero eso es precisamente lo que quiere evitar hacer.

Sólo hay una persona esperando junto a las puertas con él: Soma, su aprendiz. Tras liberar a los prisioneros, el niño fue el único que se quedó. Tenten se negó a llevar a una bomba potencial a Taki. Ciertamente, no estaba contento, y definitivamente no se quedó por apreciación a las duras pruebas que Sasuke le impuso. Sasuke entendió que era porque había perdido todo.

Orochimaru hizo el mismo trato con él. Puede entender.

Hoy, descubre que se equivocaba en su asunción; vagas memorias de un hermano mayor de este niño pasan a través de su mente, pero son los gritos de júbilo que marcan el mensaje en su mente. Ambos jóvenes echan a correr a los brazos del otro, tras una larga separación e incontables dudas sobre la seguridad del otro.

El mensaje dice que este es el mundo por el que debería luchar, y la razón por la que nunca se debería convertir en el monstruo en que evolucionó.

Los dos niños se abrazan y lloran, mientras la lenta procesión de refugiados espera a las puertas. Algunos genin de Konoha empiezan a tomar nota de la documentación e identificación de cada uno de ellos. Él reconoce a Kurenai y Konohamaru, el último de los cuales lo fulmina con la mirada. Tenten y Lee han vuelto, y con ellos un demacrado contingente de supervivientes de la masacre.

Tienen un aire apagado, uno que habla de muchas pérdidas y sólo un poco de espacio para guardar esperanza; pero aquí están. Ninguno le presta atención de verdad, con excepción de las miradas sospechosas y mensajes similarmente atemorizados en su lenguaje corporal.

Él no había esperado nada mejor.


La redención llega de muchas maneras y formas. Ofrecer y aceptar tratas para alimentar la confianza y que deberían de ayudar a la economía de las naciones a retornar a la normalidad; paciencia con gente a la que habría dado una paliza en el pasado, y con mucho gusto.

Él no entiende el lenguaje de la compasión muy bien, pero intenta hacer este mundo mejor de cualquier manera que puede.

Su equipo ya no está, pero siguen siendo la guía de coraje y dedicación que persigue. Ella era mucho mejor que él, incluso cuando estuvo atrapada en su situación. Naruto empezó en lo más bajo y fue tan lejos que pudo tocar las estrellas. Kakashi nunca dejó que el duelo destruyera su brújula moral, y en lugar de eso usó las memorias de su pérdida como punto de anclaje.

Itachi sacrificó tanto por las cosas que creía correctas, pero nunca logró matar su propio corazón de verdad. El hecho de que Sasuke esté vivo es sólo prueba de ello.

Los tiene a ellos cuando ya no puede ir más adelante. De esa manera, nunca se rinde.

Empieza con corazonadas sobre qué hacer; cosas en que nunca pensaría demasiado. Los sueños empiezan a volverse más y más persistentes: un prado ceniciento, volviendo a la vida poco a poco. Él supone que es su consciencia, ahora libre de los deberes de shinobi con que la subyugó, intentando decirle que hay una cosa que nunca podrá expiar.

Pero puede hacerlo mejor. Puede reconstruir desde las cenizas y hacer algo más.

Sigue pensando en Ella; lo que Ella haría, cómo lo haría Ella, cómo se sentiría Ella. Las cosas que Ella querría, si siguiera viva. Es una brújula moral a la que se aferra cuando la respuesta lógica parece ir hacia la violencia o el desespero. No significa que no haya luchas, pero está lidiando con todo de manera distinta.

Lo que desea que Ella hubiera querido; porque Ella le dio su vida, y él honrará su último sacrificio.


Es con extraña sorpresa que empieza a tener sueños sobre ratas y cuervos.

Su investigación acaba con rastros más fríos que el hielo, más antiguos que la mitad de las civilizaciones del mundo. Hace mucho, en un tiempo de bestias míticas y guerras sin final, las ratas conscientes traían buena fortuna. Y sabe que eran muy buenas con genjutsu de senjutsu; lo suficiente como para engañar a un Sharingan totalmente madurado y su Rinnegan especial.

También sabe que, en algún momento, el clon intentó aniquilarlas a todas. Tras el fallo en su misión de capturarla a Ella, su resentimiento creció más allá de lo esperado; el clon nunca fue nada más que un recipiente. Impulsada por una combinación de chakra de Bestia con Cola y sus propias emociones retorcidas. Su voz se volvió mucho más fuerte, más allá de lo que él podía ignorar… y fue entonces que la locura lo atrapó totalmente.

La ayudaron a Ella; las ratas se convirtieron en sus enemigas, y debían ser destruidas. Debió haberlo logrado, porque cuando por fin alcanza su Nido, está vacío. Sin embargo, puede sentir la suave, pulsante fuente de energía familiar al fondo de la cueva. La sigue, casi esperando a que las ilusiones lo ataquen en cualquier instante, pero nada sucede.

¿Están dejando que pase, o es porque el Ningyo ya no está?

Al fin, llega a una caverna grande y acuosa: un lugar descrito sólo en un cuento de antaño. Parece vacía de vida. Sus pasos lo llevan hasta la estatua que hay en el medio, la cual es sólo un engaño. Bajo la piedra, el chakra del recipiente de energía de las ratas está reconstruyéndose, reformándose.

Es bajo impulso que extiende una mano y toca la superficie húmeda y cálida. Sus dedos trazan las figuras de millares de colas, y cuanto más lo hace, menos se percata de que ha estado repitiendo el mismo movimiento durante más de media hora.

Sus oídos captan un sonido que cree imaginado: una campana distante. Algo roza sus nudillos, y sólo discierne la imagen fantasmagórica de una pluma oscura, a través del rabillo del ojo. Reprimiendo el impulso de saltar lejos de la estatua, se limita a apartar la mano y dar un paso atrás.

Las puntas de las colas de las ratas empiezan a iluminarse, y las plumas que apenas puede ver lo rozan, como si estuvieran siendo arrastradas por un viento muy gentil.

Conoce esta sensación, este sentimiento. El Ningyo transfirió parte de las memorias más íntimas de Ella, junto a sus experiencias, dándoselas a él; y ahora, cuando las campanas empiezan a formar un coro, él reconoce los dos genjutsu que protegieron la mente de Ella de una locura absoluta.

Está cerca de no sentir sorpresa cuando la cueva empieza a iluminarse con largas lenguas de fuego, escupidas por salamandras antiquísimas, que se habían limitado a esperar a su momento. No le hacen daño; en lugar de eso, las llamaradas empiezan a tomar formas que reconoce bien. Grandes cuerpos alargados empiezan a arrastrarse por el techo y muros, provocando un tremendo temblor.

La información que su kekkei genkai le da se vuelve borrosa de nuevo, y él se limita a esperar al momento que debe estar llegando. Cuando los fuegos se apagan, se encuentra a sí mismo en un prado quemado.

Los mitos que leyó dicen que los animales inteligentes con los que está lidiando se aliaron en el pasado: uniendo sus poderes celestiales, podían hacer cosas que, solos, nunca habrían logrado.

Las ratas y los cuervos siempre estuvieron particularmente enredados el uno con el otro: buena suerte y fortuna para los mensajeros del Cielo. Ambas, criaturas que residen en las sombras e ilusiones, inteligentes más allá de la comprensión humana. Y ambos la ayudaron a Ella. A través del chakra de Itachi, de su misión al Nido, Ella se convirtió en parte de algo mucho más grande de lo que jamás supo.

Los roedores y las aves siempre se han estado peleando, aunque su enemistad es más parecida a una rivalidad entre los dos mejores amigos. La afinidad extraordinaria que Itachi tenía con los cuervos la afectó a Ella, y eso debió llamarles la atención. Debió hacer que quisieran ayudarla.

De otro modo, no estaría viendo su imagen perfectamente preservada, en los restos destrozados de su paisaje mental. Ella parpadea una, dos veces, y luego mira a su alrededor, confusa. Él sólo se percata, en este momento, que la vocecita en la parte de atrás de su cabeza siempre sonó como la de Ella.

Sus ojos por fin se encuentran, y por una vez él no puede leer las emociones que fluyen a través de la expresión de Ella. La chica se queda helada, abrumada. Él nunca esperó haberla visto de nuevo, y la situación es tan súbita que lo atrapa a él también. Para ser una ilusión, es increíblemente realista.

—No es falsa, ah —comenta una voz vagamente familiar. Su mero tono lo molesta, pero él decide no mostrarlo—. Incluso si su nombre verdadero se ha perdido al mundo, junto a su espíritu; pero una parte de ella sigue viva en ti, ah.

Hay una pequeña rata a su lado. Maru, recuerda. El maestro y protector de Ella. Sin que la chica lo supiera (él no lo habría sabido tampoco, si no hubiera unido sus memorias con las de Ella), era el mismísimo compañero de Itachi.

Los cuervos y las ratas siempre tuvieron modos distintos de aplicar sus genjutsu: los primeros se centraban siempre en la mente de la víctima, materializando sus peores temores a través de su propia energía. Los segundos empezaron a usar su entorno como arma. Una manipulación más relajada, pero igualmente efectiva. Para alcanzar nuevas posibilidades, no es extraño que se alíen. Esta rata no era excepción.

Y puesto que el Ningyo tenía un componente de chakra natural, en el instante en que Ella invocó a una rata, Maru lo supo.

—Elegiste, ah, preservarla en tu corazón; y lo hiciste, ah. Bastardo, ya deberías saber que puedes tomártelo como un significado literal.

Dos frases, y quiere convertir a la rata en puré. Sasuke respira profundamente, se recuerda a sí mismo que la violencia no es siempre una respuesta apropiada, y se prepara para esto.

—Sólo me estás mostrando lo que contiene mi alma. —Maru no responde, pero es confirmación suficiente.

Su corazón está latiendo un poco más deprisa de lo que debería.

Ella no ha desaparecido. Intenta decir el nombre, de veras lo hace, pero se escapa a sus pensamientos. No queda mucho de ella: como una marca en su misma alma, ella es sólo un débil reflejo de vida. Pero sigue ahí, y eso significa que no todo está perdido.


Encuentra a Kurama vigilando una idea, en lugar de las muchas otras cosas que podría estar haciendo. Empieza con subyugar a las míticas bestias que él- que el clon liberó. Y luego empieza a oír historias de criaturas distintas: las Bestias con Cola.

Les debe algo, y tras seguir el rastro durante semanas, encuentra al Nueve-Colas.

Sasuke se da cuenta que a Kurama le cuesta no comenzar la destrucción más grande de su larga vida. Naruto era uno de los únicos seres que le importaron al kitsune. Su ira no está dirigida sólo hacia Sasuke; es la misma naturaleza del zorro, la que le permitió al Uchiha ganar el poder que mandó todo al diablo.

Es la ira de una criatura que podría ser tanto divina como demoníaca, pero él lo soporta. Es el duelo de un ser que sabe exactamente lo que se perdió en la masacre. Sasuke se limita a ofrecer la verdad: los sueños por los que Naruto luchó.

Está claro que Kurama no cree en él, pero las palabras de él están claras: te demostraré que te equivocas. Son tan distintas a lo que el Uzumaki habría dicho, pero logra que el zorro (y las otras Bestias) lo escuchen.

Pueden sentir que, bajo la fría fachada y los ojos oscuros de este hombre, hay una determinación ardiente que nada logrará apagar.


El cambio es muy gradual, lento; sucede en el lapso de casi dos décadas. Algunas personas nunca cambian, algunas cicatrices nunca se curan. Algunos nunca lo perdonarán.

Pero el mundo está empezando a florecer, y esa luz es reflejada de vuelta a él. Hay gente que lo saluda con respeto o una sonrisa. Hay palabras que van más allá de lo estrictamente necesario; y aunque antes habría preferido el silencio, aunque todavía no sabe cómo responderles, le llegan.

Hace un día tan bonito ahí afuera.

Él mira por la ventana, su pincel quieto sobre la carta inacabada. Las líneas desvanecidas del Sello siguen dibujadas en su cuerpo, y hay un vacío acerado en sus ojos que el tiempo nunca podrá curar, pero su expresión y comportamiento son serenos.

—Lo es —musita.

Comienza a hacer el pincel descender de nuevo, con las palabras que quiere expresar memorizadas. El Kazekage solicita una reunión, para supervisar la creación de un acueducto de escala nacional para el País del Viento. Aunque la paz ha durado más que nunca antes, y los niños han empezado a nacer y crecer en tiempos sin una sola guerra, siempre vale más prevenir que curar.

¡Salgamos!

Sus dedos casi respingan, y él suelta un suspiro pequeño, exasperado. No esto (otra vez). Tiene derechos de los que encargarse, y un tiempo limitado que dedicarles. Incluso si la mitad de su vida ha sido empleada en esta tarea, él no está ni remotamente cerca de acabar. Las Naciones Elementales conocen paz y prosperidad, el mundo se ha recuperado (en mayor parte) del caos que el Uchiha le infligió, y pronto habrá un nuevo Hokage. Tardó mucho tiempo, pero al fin encontró a alguien adecuado para proteger su aldea natal.

¿Por favor? ¡Es un día especial, lo sabes!

—El silencio es oro —murmura él, pero al final se rinde y abandona el pincel junto al pergamino.

El senbon envenenado sigue en su escritorio; pocos se han atrevido a cogerlo a lo largo de los años, pero su oferta sigue en pie. Si alguien cree que puede hacerlo mejor, que lo desafíen. Le costó distintos niveles de esfuerzo, el lidiar con cada individuo que cogió la antigua arma y lo amenazó con ella.

Pero lo hizo; con tanta de la empatía de Naruto como pudo. Con tan poca sangre derramada como Itachi habría querido. Con la fuerza inacapable de una cierta pelirrosa, que se negó hasta el final a negar libertad a su corazón.

¡Gracias!

Hay una onda nerviosa de calor, expandiéndose por su pecho, y él tiene que suprimir su molestia ante la falta de autocontrol que tiene en este aspecto.

El peso de sus deberes ha sido grande, no hay negación a eso; manteniéndose firme a su palabra, sin embargo, él ha vivido y está dispuesto a seguir haciéndolo por tanto tiempo como pueda. Es un precio digno a pagar.

Sigue la ruta larga fuera de la Torre Hokage, asintiendo de manera cortés y ausente a los shinobi que lo saludan. La interacción social no es lo suyo, pero a estas alturas ambos lados saben que su reconocimiento silencioso es la manera en que demuestra gratitud.

Él es su protector eterno, el que defenderá sus sueños hasta el final. Ha tardado años en demostrarlo, pero llegado este tiempo importa poco si su actitud es cerrada y fría; lo cierto es que, desde lejos, Sasuke se ha convertido en un estandarte de esos valores que han llevado al mundo a una nueva era.

Siguen sin ser suyos, pero lleva la antorcha con la misma determinación que tendría si fuera el sueño de su vida. Porque era el sueño de ella, y el sueño nació del deseo que ella tenía de salvarlo a él y de las almas marcadas en el alma de ella.

Ahora dejarás que pongan tu rostro en la Montaña, ¿sí?

Él dirige la mirada al monumento reconstruido que honra a los últimos cinco Hokages. Con la colaboración de Iwagakure, fue posible transformar las ruinas en la montaña que una vez fue. Era más que nada una idea extraña, de los fieros representantes de los muchos clanes procedentes del País del Agua, el usar jutsu de agua para reconstruir los rostros.

Él no merece estar ahí. Naruto sí lo hizo.

No hay un solo segundo de su vida en que no recuerde los nombres y muertes de aquéllos por cuyos sueños lucha. Ni un solo momento se basa en prestar atención a sus propios méritos, para evitar caer en la arrogancia una vez más. Quizá es una existencia amarga, pero es la única que desea.

Ahora que esos sueños aparentemente imposibles se están volviendo reales, al fin puede dar un paso atrás y simplemente asegurarse de que todo se mantiene bien, en lugar de ser la fuerza que dirige un movimiento que lo ha cambiado todo a escala mundial. Es la única cosa que aguarda, porque significará que estará cerca del ideal inalcanzable de paz verdadera.

—Ya hemos hablado de esto —susurra en poco aliento, esquivando a su antiguo aprendiz con experta práctica. Soma puede haber aprendido de él, pero nunca podrá atraparlo si él quiere estar solo de veras. Y eso es algo que hace muy a menudo.

¡Qué malo! Ya sabes que te busca por la boda.

Es increíble que algo tan brillante haya surgido de la destrucción que él causó. Y es por eso que no quiere parte alguna en ello: no debería estar ahí. No es difícil esconderse en las sombras de la aldea, lejos de todo y todos, hasta que encuentra un lugar vacío cerca del memorial.

Es probable que Kakashi le alzara los pulgares por este hábito, o eso quiere creer. Después de todo, este monumento está dedicado solamente a las víctimas de la masacre.

Es un día luminoso de primavera, sin una nube a la vista, y las fragancias del bosque parecen llenar el aire, transportadas por una brisa agradable. Le recuerda a tiempos pasados hace mucho, rostros perdidos largo tiempo atrás. La sensación fantasmal de una caricia en su mejilla es suficiente para sacarlo de su ensimismamiento.

—A veces me pregunto qué tan real eres. —Lo ha dicho antes, docenas de veces, pero la pregunta siempre queda en su mente. después de todo, ya ha visto las cosas que puede crear y llenar de vida.

Sigues sin saber mi nombre, así que es imposible que me hayas creado.

A diferencia del clon, esta voz es más complicada de entender. No hay emociones reprimidas que puedan acumularse, no hay Sello alimentado por el odio, y no queda rastro de esta última emoción ardiente. Esto es algo totalmente fuera de su control, en lugar de un reflejo. Ha discutido durante horas con lo que acaba por ser una voz en su cabeza, y todavía no puede adivinar cómo exactamente, pero sabe que es algo más que una de sus propias maquinaciones.

Femenina, insistente, vocal; a veces pedante, demasiado emocional, empática hasta el punto de hacer que él se sienta mal y reaccione a cosas que debería de ser capaz de soportar. Indomable, inflexible. Es familiar, pero él no sabe de dónde.

Hay algo que le falta, las memorias cruzando su mente en destellos incompletos cuando está en lo más profundo de sus sueños: un prado que no puede localizar, una persona que conoce pero no recuerda. Algo tan increíblemente importante, y que sin embargo no puede nombrar.

—Lo encontraré —promete.


Isobu es quien le dice que hay restos del Sello en él; que algo sigue atrapado ahí. Y lo que sea que es, dice el Tres-Colas, es algo que Sasuke ha tomado en su interior de forma voluntaria. Quizá de forma inconsciente, parece saber que es benigno.

Tarda años en descubrir que la voz en su cabeza es un tesoro que quiere conservar. La verdad es que no sabe cómo, pero lo destroza más de una vez, una emoción súbita que lo golpea al pensamiento de esta cosa que no puede nombrar. Intentó pararlo, al principio, temiendo locura; mas nunca pudo.

Tarda incluso más tiempo en comprender que es su anclaje a las promesas que hizo. Una vez es libre para vagar por el mundo, estudia bajo las serpientes y las babosas; Katsuyu le dice que hay chakra de babosa, durmiente, ahí dentro. Si aprende, él podría liberar lo que sea que hay atrapado dentro de él. Como descubre, es algo de vital importancia, pero sigue sin poder darle nombre.

Pasa la mayoría de su vida persiguiendo un sueño, y cada día la voz se acerca más, más fuerte, hasta el mismo día en que está a las puertas de la muerte.

Es tras una batalla que no sale bien, después de que se equivoque en sus cálculos de cuánta energía le queda; una serie de eventos desafortunados, que lo empujan hasta su límite. Viva o muera, ha ganado. El mundo seguirá estando a salvo.

Le hace falta esto para entender.

Ella lo salva; no está seguro de cómo. Es en el prado ceniciento, que la ve de nuevo por primera vez en décadas, y tras ella, en el bosque, se ocultan las siluetas de almas que fueron liberadas hace mucho de su recipiente mortal. Las palabras burbujean hasta la superfície de su mente, las sílabas atrapadas en la punta de su lengua.

Ella sonríe inocentemente, y gesticula para decirle que se quede callado.

Él teme, sin embargo, que si no encuentra el nombre, el significado de todo esto se perderá; y también lo hará ella.

—Siempre estaré contigo —le asegura ella—. Porque siempre me dejarás. —Su caricia es gentil, deslumbrándolo siempre hasta la inmovilidad. Ella sonríe—. Algún día, Sasuke… pero todavía no. Todavía no.


El día llega antes de que se de cuenta.

La figura de la chica sigue pareciendo sana y joven, reflejando una vivacidad que él no ha visto en nadie, ni siquiera Lee. Ella camina a su lado cada día, cada día más cercana ser real, pero todavía no.

Él sabe que es hoy, porque ya no puede ver a través de ella. Su toque es casi real, y él está muriéndose por saber el nombre.

—Mi alma estaba incompleta —le explica ella, mientras toman el largo camino hacia el memorial—. Perdí mi nombre y, si no fuera por ti, me habría desvanecido…

Él comprende, entonces, que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que cuestionó la lógica de por qué hace lo que hace. Por qué su sueño es hacer del mundo un lugar bueno, y hacerlo mejor.

—¿Por qué yo? —inquiere, a medias para sí y a medias para ella.

—Porque tú fuiste el principio y el final de todo lo que me definió —responde ella, y el corazón de él casi se detiene de golpe. Ella siempre habla con adivinanzas cuando se trata de su identidad, pero esto sólo puede significar una cosa.

—Estás aquí porque te maté.

—Morir por ti no significa morir por tu mano —corrige ella, pero su tono se muy suave, casi gentil—. Di todo lo que poseía para salvarte, incluso lo que quedaba de mi alma. Existo sólo porque tú te negaste a olvidarme, las cosas por las que morí y viví, incluso si ya no debería estar aquí. ¿No comprendes? Esto… todo esto: estamos desafiando al destino, rompiendo las reglas, haciendo lo imposible.

Él cierra sus ojos, intentando recuperar la imagen de ella. Pelo rosa brillante, vivaces ojos verdes, un vestido lapislázuli meciéndose al son del viento. Su sonrisa, siempre ahí para él; hasta el final. Los árboles se mecen, las campanas suenan mientras la brisa juega bajo la luz del atardecer moribundo.

—Estaba predeterminado que tú y yo seguiríamos caminos ya marcados… pero nos liberamos. —Él puede verlo: la luz soñadora en los ojos de ella, las puntas de sus labios empujando hacia arriba, su rostro tornado al cielo, al océano sereno allá arriba.

Ella se echa en la hierba verde, y él la sigue, agotado y sufriendo por un descanso bien merecido. Incluso si se siente como si nunca acabará, sabe que este es el punto hasta el que llega. Sólo puede desear que su legado será lo suficientemente bueno.

Las nubes esponjosas navegan como barquitos, distrayéndolo por largo tiempo, pero al final gira la cabeza hacia la niña pelirrosa y se atreve a preguntar:

—¿Quién eres?

Ella se ríe, porque de algún modo sus palabras se retuercen y dice algo completamente distinto.

¿Disfrutando del día?

—Sí. Hace un día precioso.

Ella cierra los ojos, suspirando profundamente y poniéndose cómoda en su colchón verde. Sasuke no recuerda su nombre cuando ella hace nada de esto. Se siente tan cerca de la verdad, pero no puede siguiera conjurar molestia ante esta situación o el comportamiento de ella.

Hay algo fascinante en esta escena, en esta chica, que ahoga todo otro pensamiento.

—¿Por qué estás tan contenta? —inquiere él, porque nunca puede lograr alcanzar la misma alegría libre y despreocupada que ella posee. Siempre hay un deber, una misión, un sueño que lograr; incluso si a veces no puede recordar por qué, nunca puede liberarse de ello, ni quiere hacerlo. Pero sí desea entenderla, incluso si es algo ajeno e incomprensible para él.

Ella se ríe ante su pregunta con cariño, y los hilos del corazón de él se estremecen una vez más en resonancia con su voz. Él por fin recuerda cuando ella susurra, con un hálito de aliento, esas pocas sílabas.

Te quiero.

La chica que se lo dio todo a él, por razones que siguen estando más allá de su alcance. Igual que Naruto e Itachi lo hicieron. La que luchó hasta el final, y murió con una sonrisa en el rostro, a pesar de haber perdido su nombre verdadero: su alma.

La shinobi que fue contra todas las regulaciones en los antiguos libros, que persiguió sueños creados por el deseo de su corazón.

El centro de su locura, su anclaje y caída, cuyos sueños juró proteger y a los que dar vida, porque ella no sería capaz de hacerlo.

Se aferra a ella como un niño, de pronto, y definitivamente se siente como uno. Por segunda vez, no le importa, porque ella está aquí y casi olvidó su nombre para siempre. Porque a pesar de que no pudo perdonarse a sí mismo, ella lo hizo. A pesar de que dejó de creer, ella lo hizo. A pesar de que perdió la habilidad de amar, ella lo hizo.

Ella le devuelve el abrazo tímidamente, con un sonrojo que le queda demasiado bien, con lágrimas que parecen ser una naturaleza secundaria en su expresión habitual. La mano de ella acaricia la espalda de él lentamente, tranquilizadora, intentando calmar el dolor que ha estallado en el pecho de él.

Las palabras, las que él olvidó y las que llevó consigo durante una vida entera, se niegan a salir. Su cuerpo entero tiembla incontrolablemente, pero ella simplemente lo sostiene en silenci.

Las palabras no importan, después de todo. Le llevó un tiempo muy largo, pero a través de cada acción, con cada segundo de su existencia, él expresó el significado que su voz nunca podría transmitir. Y ella lo sabe, porque estuvo siempre a su lado.

—Ya está, ya pasó, está todo bien —susurra ella, cuando las manos de él se cierran en la parte de atrás de su vestido y su rostro se entierra en su pelo rosado y largo—. Ahora estoy aquí. No hay sufrimiento, no hay dolor.

Todo este tiempo, la vida que compartió con ella la completó: lo que ella le dio ha vuelto, y ahora él puede, al fin, separar el uno del otro. Al fin puede darle nombre. Y cuando lo haga, ella volverá a ser ella misma, y su persecución de una vida entera acabará. Su misión acabará, y el sueño de ella se verá realizado.

Es con esa sonrisa infantil y llena de lágrimas, al fin contenta y entera, que la mira y susurra su nombre.

—Sakura Haruno.

Es con la sonrisa más feliz en los labios de ella, con ese nombre en sus labios, que Sasuke Uchiha por fin duerme.