Declaimer. La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.
. Una primera impresión.
— ¡Peeta! ... ¡Peeta! — los gritos llenaban la habitación, escapaban de unos pálidos labios, una mueca se formaba en ellos luego de pronunciar aquel nombre — Peeta…
— Katniss — un susurro y una mano en su hombro, los ojos plata abiertos de par en par, siendo observados por un par de ojos verdes— estás en tu cuarto ¿Comprendes? — La chica asiente, va a hablar nuevamente — No, calla, tus cuerdas vocales están muy dañadas cariño.
— Bluebell — alcanza a decir, traga con dificultad, duele como si tragara ácido, pero agradece que no haya drogas en su sistema, no podría amamantar a su niña de lo contrario.
— Esperando a que su madre despertara — Annie habla, una voz dulce, le entrega a la pequeña — me alegra tanto que viva Katniss, no sabes cuánto — acaricia los castaños cabellos de la mujer.
— ¿Cuánto…
— Solo han pasado cuatro horas preciosa, te inyectaron morflina y Finn se puso histérico — Haymitch observa desde la puerta, atento a lo que ocurre fuera.
— Se toma su papel muy en serio — la pelirroja despeina al chico del cuatro que sonríe enamorado — el de ser tu cuidador, ya sabes — le arranca una sonrisa a la chica cuyas llamas parecen haber muerto.
— Sedaron a Peeta preciosa — responde el mentor a la pregunta que su dolor no le permite formular — es pronto para saber, pero creen que han hecho algo muy malo con él — la castaña señala su cuello — tardaras en sanar… tu madre ha dejado un cuaderno — los ojos grises se desvían a la mesilla.
— Tómalo con calma Katt — pide Annie, sus ojos se posan tímidos en ella, en la pequeña que se alimenta ajena a los temores de los adultos — tienes que ponerte fuerte — balbucea, sus manos pequeñas tiemblan, Finnick las toma dándole una mirada alentadora — Peeta no se recuperara sin ti.
— Peeta no se recuperara y punto — todas las miradas van a parar en el recién llegado, que sin pedir permiso empuja con el hombro a Haymitch para ingresar al cuarto — deberías haber visto tu cuello cuando al fin pudieron sacar sus manos de ti — Katniss le dedica una mirada de odio — no me mires así… — la chica no habla, pero sus labios deletrean vete, el cazador se queda parado frente a la cama.
— Él no quiso lastimarla, está enfermo, no saben lo que tienen Gale — el viejo mentor no es rudo al hablar, pero su mano se posa con firmeza en el brazo del joven — no saben que es lo que tiene — repite más para sí mismo que para el chico de la Veta.
Pocas horas después trasciende. Snow y los suyos han usado veneno de rastrevíspulas para infligir alucinaciones en el rubio, algo que denominan "Secuestro". Le han lavado el cerebro y han implantado nuevos recuerdos. Memorias en las que Katniss es un muto, una asesina, una mentirosa que jamás lo amo. No saben que tan grave es pero los médicos del trece ponen manos a la obra enseguida.
~KATNISS POV~
Una semana después deciden intentar una intervención. Meterán a Annie, Finnick se niega desde un principio, pero la pelirroja se ofreció y él no lo impedirá. Me han dejado salir del hospital con una orden de esfuerzo mínimo de la voz, y han revocado todas mis tareas hasta que mejore. Annie ha venido a visitarme al compartimiento individual que me han dado, al lado del de mi madre y hermana.
— ¿Por qué? — intento no forzar la poca voz que tengo, hablar duele demasiado dado que no puedo tomar analgésicos.
— Peeta y yo estuvimos juntos ahí… bueno Jo también estuvo ahí pero ella aun no… — Johanna Mason estaba en un coma inducido por los médicos del trece que aseguran que su tortura fue terrible — quizás yo pueda… ya sabes ayudar — las palabras toman tiempo para salir de sus labios, pero esta entera y lo agradezco por Finn.
— Me odiara — el chico del mar va a odiarme si algo le pasa a su desorientada amante.
— Peeta está amarrado a una cama Katniss, como un animal — murmura ella como contraataque, acaricia la suave piel de Bluebell y sonríe — si estuvieras en su lugar, ¿no querrías que él te salvara? — muerdo mi labio inferior porque sé que no tendría que quererlo, él haría todo lo posible para que volviera.
Me levanto de la cama y tomo a la pequeña Bluebell en mis brazos. Le hago una seña a Annie y se levanta también, toma la cuna móvil de la niña y la pongo allí. Caminamos en silencio por los túneles hasta llegar al hospital. Apoyo el moisés en una mesa y tomo a Annie de la mano. Ella voltea a verme y sus dedos aprietan con suavidad. Me abraza y se dirige a una puerta. Al otro lado esta él, con ansias de matarme. Hay una ventana ciega, de esas que ves de un lado pero la otra persona no puede verte. Me apego a la superficie gélida del cristal. Peeta se voltea a ver a la persona que ingresa. Esta pálido, los moratones parecen haberse intensificado, al igual que sus ojeras y el anillo oscuro que lleva alrededor del cuello.
— Annie Cresta — parece sorprendido, sus ojos azules, sin chispa de emoción, estudian a la recién llegada — la demente de Annie Cresta visita mi celda — pestañeo un par de veces porque no puedo creer que Peeta haya insultado a alguien.
— Hola Peeta — es todo lo que dice antes de acercarse a la silla que esta apostada al lado de la cama — ¿Cómo estas hoy?
— Eres una traidora Annie… creí que podíamos ser amigos pero tu voz… eras tú… quien llamaba por el traicionero de Odair ¿verdad? — escupe esas palabras a gritos y estoy pensando en entrar a sacar a Annie, que se estremece ante el comentario.
— ¿Traidor?
— Por su culpa nos secuestraron, por culpa de él y de ella… los convirtieron en mutos Ann — se agita en la cama, su mirada vuela de un sitio a otro y se detiene en la ventana, sé que no, pero parece verme — son unos mutos asquerosos Annie, no debes creerles.
— Calla Peeta Mellark — su voz, antes suave es ahora una potente voz, desvío mi vista a la chica pelirroja, que ahora está en pie, sus ojos fijos en el panadero, sus manos en puños apenas tiemblan— Ellos no son mutos Peeta — acaricia un mechón del descuidado cabello rubio y él la mira extrañado, yo también — Ellos son nuestras personas favoritas — tiene una sonrisa agradable — Katniss dijo lo que dijo para que pudiéramos salir, ¿Sabes?
— Mientes — la voz del chico es un susurro, temo que Annie vaya a decirlo, me pregunto cuál será su reacción— ella es malvada…
— Ella te quiere Peeta — no entiendo cómo es que saco esa deducción si solo me conoce desde una semana, como es que su voz no se ha perdido en tantos minutos — no la oirás decirlo, pero te quiere con locura — toma las mejillas de Peeta y lo obliga a mirarla, noto el temblor en sus manos — confía en mí.
— Ella jamás me quiso Annie — masculla las palabras apenas a unos centímetros del rostro de la chica — ella mato a nuestra hija porque yo la quería… y ella no — Annie retrocede asustada — es una mentirosa… un muto asqueroso, no confíes en ella.
— Peeta…
Corro a la puerta, Annie solloza su nombre mientras él se agita gritando en la cama. Abro para sacarla de allí y agradezco que el chico no pueda verme desde este lado. La pobre Annie se ha hecho un ovillo y cubre sus oídos de los alaridos. Tiro de ella hacia afuera y dejo que la puerta se azote al cerrar. Agarro sus manos y las aprieto con cierta fuerza. Me mira y sus ojos verdes están cargados de agua, se aferra a mí y esta vez no debo reprimir el impulso de alejarla, la abrazo con fuerza tarareando una canción, porque no sé qué más hacer.
— Katniss — escucho el grito y mi corazón da un vuelco — Katniss por favor — unos horribles alaridos acompañan a mi nombre, me levanto y pongo mi mano sobre el pomo de la puerta que me separa del dueño de la voz.
— No entres Katniss — Annie está a mi lado, le señalo a Bluebell — la cuidare, pero…
— En los Juegos… — susurro y cierro los ojos por el dolor — los charlajos imitaron su voz y fue peor que oír a mi hermana gritar — reprimo el llanto, el recuerdo de los gritos de todos los que amo, lo suprimo todo y abro la puerta — cuida de ella y ve por H.
— ¡Katniss! — deja de gritar en cuanto me ve, me detengo en el azul de sus ojos pero no son los del chico del pan — sigues viva ¿eh? — asiento levemente acercándome hasta él — ¿No tienes nada que decir? — está midiéndome, realmente estudia mi comportamiento, me siento, acercando un centímetro más la silla hacia su posición.
— Compartimos collar — indico con ironía quitando el collarín que me han puesto, me volteo a la ventana, de este lado refleja como un espejo, la marca amoratada que se extiende por mi piel — no puedo hablar demasiado en realidad — toso en ese instante durante un minuto, que es lo que dura su risa.
— Me alegro por tu dolor — exclama viéndome como si fuera basura — son similares ¿no crees? — mueve un poco su cuello para dejarme ver aún más sus marcas — es porque me las hice yo mismo — abro demasiado los ojos por la sorpresa, de sus labios brota otra carcajada, aún más siniestra que la anterior — me di cuenta de tu mentira, de que no me querías en realidad y como un idiota intente matarme, cuando la única que debería morir eres tú y nadie más que tú.
— Peeta — me prometí a mí misma que no lloraría frente a él, que no le daría el gusto, pero no puedo evitar las lágrimas que resbalan por mis mejillas — yo…
— Fuera — chilla mirándome con odio — vete de mi vida… ¡no entiendes que daría todo por volver el tiempo atrás y no darte aquellos panes cuando teníamos once!
Me levanto como si la silla quemara. El sonido de su piel contra mi mano llena la habitación. Su mejilla se pone roja y claramente puedo ver mis dedos marcados en rojo. Lloro apretando mis labios y salgo corriendo de ese lugar. Annie está viéndome como si fuese una alucinación. Está cargando a la pequeña que no cesa el llanto. Sigo de largo. Escucho que grita mi nombre pero necesito alejarme, solo un momento, para desgarrar de mi corazón a Peeta y seguir con mi vida sin él, porque mi chico del pan ya no quiere serlo.
— Estas aquí — el cuarto donde besé a Gale por última vez, cuando le dije que haría todo para salvar a Peeta, estoy hecha un ovillo en medio de la pequeña habitación — ¿estás bien?
— No Gale — carraspeo intentando seguir — Peeta…
— No ayudas si intentas golpearlo Katniss — lo miro por primera vez, trae consigo a Bluebell — Annie está en shock, apenas pudimos sacarle esa información — acuna a la pequeña en sus brazos — no debieron dejarlas solas con él.
— Te alegra… — trago con dificultad — tener razón.
— No, no realmente — me entrega a la niña y lo miro con severidad, se voltea sentándose, dándome la espalda, alimento a la chiquilla — nunca dejarás a Peeta, si tenía alguna oportunidad… se esfumo— pasa una mano por su cabello, hace eso cuando esta ofuscado, lo he visto hacerlo muchas veces últimamente — solo me queda que seas feliz Catnip.
— Lo siento — pronuncio, y es cierto, porque jamás quise hacerle daño.
— ¿Lo amas? Sé que quizás ahora sea más difícil contestar a esa pregunta — estoy unos minutos para responder, Prim me hizo esa pregunta cuando la pequeña en mis brazos se asomó a este mundo y mis sentimientos no eran claro en ese entonces, ahora aún menos.
— N… no lo sé.
— Eso es un si Katniss, Prim tenía razón, lo amas, solo que eres tan terca que negaras tus sentimientos solo porque tienes miedo de estar perdidamente enamorada de alguien que ahora solo quiere matarte— suspira y siento que algo se ha roto definitivamente entre nosotros.
— Gale…
Se levanta y se va, sin voltear a verme, sin decir adiós. Me quedo ahí un rato más, acunando a la pequeña en mis brazos tarareando una canción para ella. Pasa una hora antes de que me aparezca en mi compartimiento donde Finnick, Annie y Prim me esperan.
Transcurren tres semanas más antes de que pueda hablar más de cinco palabras seguidas. En ese tiempo Finnick, Haymitch y Annie han estado haciendo propos, rebelando oscuros secretos sobre Snow y brindando a los distritos memorias a sus tributos y vencedores caídos. En cuanto recibo el alta médica dedico una propo a Rue y a la adicta a la Morflina, le agradezco a su recuerdo el haber salvado a Peeta. Mi segundo paso es verlo a él.
— No entrarás de nuevo — Haymitch intenta detenerme.
— Ha mejorado— le suelto, mi voz aun es algo rasposa — tengo que verlo.
— Esta mejor en muchos aspectos pero no está listo preciosa, no para verte a ti.
— Tiene que verla — acoto observando la cuna móvil a unos pasos de nosotros.
— Solo si está amarrado — la voz de Plutarch me llega desde atrás — no podemos exponerte de nuevo — por instinto acaricio mi cuello.
— No, entrare con Bluebell, él estará bien, sé que lo hará — les dedico una mirada — solo por las dudas, carguen una jeringa y quédense detrás de la puerta — tomo la cuna y me paro frente a la puerta.
— Katniss — sonrío instintivamente, ese tono suave, como cuando nos encontrábamos en el vagón de tren — ¿Por qué estás aquí? — está a diez pasos de mí, pero se aleja otros diez, yo avanzo algunos, el sigue retrocediendo — a-aún es pronto — suelta de repente y puedo ver el temor en la bruma azul.
— No — es todo lo que digo apoyando la cesta que funciona de cuna sobre una mesa que está cubierta de dibujos — Peeta.
— Hey no veas eso — son dibujos de mi rostro, en la arena, en el tren, uno en especial llama mi atención, lo tomo y se lo enseño — ese en específico no tenías que verlo — un rubor recorre sus mejillas y aprisiono el impulso de correr a sus brazos.
— Esto es de cuando… — observo el dibujo, mis labios entreabiertos, mis mejillas encendidas, mi trenza no existe, en su lugar mi cabello se esparce en un abanico sobre su alfombra en la casa de la Aldea — cuando…
— Tuvimos sexo — acota él — creo que eso fue real — aprieta sus sienes, me acerco a él, en un momento estoy a su lado, lo asusta mi cercanía — ¿Fue real?
— Si… — es vergonzoso, porque sé que hay al menos cinco doctores escribiendo cada palabra, además de Plutarch, mi madre y Haymitch al otro lado de la ventana — nosotros… en tu casa… Peeta ¿qué es eso de real?
— Estoy empezando a reconocer — no me mira a mí, sino a la cuna improvisada — los recuerdos reales de los que me implantaron, no soy muy bueno — susurra cerrando los ojos y estoy tentada a acariciar sus cabellos, que están demasiado largos y cubren sus ojos un poco — ¿Qué hay en la cesta Kat? — se pega a la pared deslizándose hasta acabar sentado en el suelo.
— En la cesta… — vuelvo hasta la mesa y observo a la pequeña dormir — Peeta debes hacer uso de toda tu fuerza de voluntad ¿vale? — Me mira, asiente y yo tomo una gran bocanada de aire antes de soltarlo — Te mentí, a todo Panem.
— Lo sé… tu no me quieres, no como yo te quería al menos — evita mirarme, yo evito reconocer que ha usado el pasado en esa frase.
— No Peeta, mentí acerca de haberla perdido — de repente sus orbes azules me miran con asombro, alzo a la beba en mis brazos y él se levanta apresurado — Quieto — le ordeno y doy un paso hacia atrás.
— Esta viva — sus manos se cierran en puños, veo sus nudillos tornarse blancos por la presión que ejerce — ella… es nuestra… ¿Por qué?
— Es nuestra. Haymitch me hizo mentir, así los rebeldes explotaron la fuente de electricidad del Capitolio y pudimos sacarlos — no se mueve y vuelvo a respirar — Peeta — no responde, sus ojos se han posado en Bluebell y apenas parece respirar — Peeta solo me acercare si me juras que estas bien.
— No lo estoy — jadea — Vete… mientes —susurra— ¡Mientes, no es nuestra es un muto!
— No lo es, calla Mellark.
— Eres un muto mentiroso Katniss Everdeen — chilla, no se mueve del lugar pero grita cada vez más fuerte.
— Peeta — suplico, pero es tarde, ella se agita en mis brazos y su llanto resuena aún más fuertes que los alaridos del chico frente a mí, que se queda mudo de pronto.
— Tiene… — se acerca, sus manos descansan relajadas a sus costados — Kat… Katniss son mis ojos… ella tiene…
— Cabello de la Veta y ojos azul tormenta como los de su padre — trago con dificultad, está cerca pero no tanto, alarga su mano para rozar la piel suave y rosada, ríe a carcajada limpia, yo respiro por primera vez en dos minutos.
— No mientes, Katniss ¿Real o no? — mira mis brazos como si la criatura en ellos fuese a esfumarse si parpadea.
— Real, ella es nuestra hija Peeta — lo veo caer de rodillas y me asusto por completo — ¡Peeta! — Dejo a la niña de nuevo en la cesta y me agacho poniendo mis manos en sus hombros — ¿Qué ocurre?
Sus manos aparecen de la nada y el miedo invade por completo mis sentidos. Estoy a punto de gritar cuando ciento su cuerpo contra el mío, su respiración en mi cuello, sus manos se apegan a mi espalda, está llorando. Sus lágrimas caen por mi piel y no lo rechazo, lloro también aferrándome a él como lo hacía luego de cada pesadilla. Susurra mil veces lo siento rozando su nariz donde habían estado las marcas de sus manos. Me aprieta más a él sin dañarme, como si fuese a romperme a la mínima presión.
Me separo y sus ojos azules chocan con los míos. Ahí están, radiantes, azules, puros, como los de la pequeña que aun solloza en la cuna. Se levanta y lo sigo. Va hasta la cama y se sienta, parece exhausto.
— Katniss crees que pueda — mira la cesta, a mí y luego niega enérgicamente— olvídalo.
—Hay estás loco — me mira asustado, estoy sonriendo, solo para él — solo bromeo Peeta — tomo la cesta y la pongo a su lado, la mira como si fuese a estallar en pedacitos, acaricio su rodilla y su mirada pasa a fijarse en mi — su nombre… es Bluebell.
— Bluebell — repite y pasa un dedo por su bracito, la pequeña lo toma con fuerza y él sonríe, esa imagen quedara grabada a fuego en mi memoria — wow es fuerte jaja, no… no sé cómo hacerlo — me mira avergonzado y no puedo evitarlo, rozo apenas mis labios en los suyos — gracias por eso.
— Ya — siento mis mejillas calientes, tomo a la pequeña en mis brazos y se la tiendo, está nervioso, apenas puede sostenerla — una mano en su cabeza y la otra en su espalda — hace lo que digo y me alejo un paso para verlo mejor — felicidades has aprobado "como cargar un bebé" — repito con una voz similar a la que usaba la enseñante en los entrenamientos para los Juegos.
— Es diminuta — lo era, en sus grandes manos, Bluebell parecía un juguete, un estremecimiento me recorre y debo acariciar su frente para cerciorarme que no es como en mi sueño, que no está sangrando, que no está muerto — ¿Qué ocurre?
— La primera noche… — me siento en la silla frente a él — luego de tenerla, soñé contigo — desvía su mirada de ella hacia mí, que lo miro esperando aun que desaparezca de mi vista — en el sueño estábamos en La Pradera y tú la buscabas, la llamabas por ese nombre y lo último de ese sueño eres tu cargándola como ahora.
— ¿Le pusiste Bluebell porque te lo dije en un sueño? — parece asombrado, la niña se mueve en sus brazos, vuelve a iluminar la habitación con sus ojos y Peeta se queda embobado en ellos — no puedo creerlo…
— Lo sé a Finn no le gustaba tanto pero acabó cediendo…
— ¿Finn? — Pregunta con sorna, me observa, sus ojos han perdido el brillo — ¿Finnick Odair ha estado cerca de ella? — La deja en la cesta y se pone en pie — ¿Has dejado a ese traidor junto a nuestra hija?
— ¿Peeta? — Me levanto de un salto, la silla cae produciendo un ruido sordo, desvío mi mirada hacia el objeto y me vuelvo hacia él, ya no es mi chico del pan, mi corazón late desbocado en mi pecho — ¿Qué ocurre?
— Ese traidor hizo que nos separáramos, por su culpa me dejaron en la arena, prefirieron al chico guapo antes que al averiado ¿verdad? — Pone un dedo en mi pecho, acusándome — ¿Tú también lo prefieres?
— Que dices… Peeta… él…
— Él fue quien dijo que debíamos separarnos, por Finnick Odair no pude estar contigo cuando tuviste a Blue — es todo lo que dice, toma la cesta y me la entrega — ¡Vete!
— Peeta…
— Corre a su encuentro Katniss… siempre supe que no me querías a mí…
Me estremezco, camino hacia atrás incapaz de dejar de verlo. Se derrumba, otra vez sus alaridos llenan la habitación, esta abrazado a sus rodillas, llora y grita que preferiría a cualquiera antes que él. Estoy tan asustada, eufórica, que apenas noto la puerta detrás de mí que se abre en cuanto estoy a un paso de distancia. Unas manos se aferran a mis hombros y me tiran hacia atrás. Un médico entra y clava una jeringa en el cuello del rubio. Me arrebatan la cesta porque ahora soy yo la que llora sin control, me dejo caer mirando la puerta, sabiendo que al otro lado el chico que salvó mi vida en más de una ocasión cree que no es suficiente para mí.
— Preciosa, deja de llorar, Bluebell esta espantada — estoy apoyada en la puerta de Peeta, incapaz de reaccionar, solo lloro abrazada a mis rodillas — Katniss.
— Lo amo, ¿verdad Haymitch? — Le pregunto aunque sé que es algo que él no puede contestar — por eso mi corazón parece a punto de estallar cada vez que dice algo así… es ¿por qué lo amo?
— Katniss…
— Todos sabían que sin él no soy nadie, por eso Snow lo torturo y devolvió esa bestia en lugar de mi tierno panadero — miro los ojos iguales a los míos, de La Veta, de vencedor abatido — Snow siempre supo que estaba perdida, incluso antes de que yo cayera en el hecho de que lo necesitaba a mi lado.
— ¡KATNISS! Si lo amas… debes ser fuerte y no rendirte — me ayuda a levantarme — si realmente lo amas, dejaras de lado su locura y lo sacaras adelante.
Camino hasta la ventana, lo han acostado en la cama. Sus ojos están apretados, sus labios en una mueca intranquila. Apoyo mi frente contra el cristal. Cree que prefiero a Finn, a Gale, a quien sea en vez de su rota persona. Le demostraré que no es así, que el panadero, el chico del pan, mi diente de león, el padre de mi hija, mi aliado, el trágico amante, que Peeta Mellark y solo Peeta Mellark es persona suficiente para esta chica en llamas.
Ufff he tenido un bloqueo que parecía inacabable jajaja. Lamento la demora en actualizar, espero que no me asesinen en los reviews.
¡Hay avances! Se acerca San Valentín y quiero a Peeta recuperado para entonces jajaja.
Mañana o pasado a más tardar tendré capitulo para "No todo es blanco o negro", lo prometo je.
Gracias por los hermosos reviews que han dejado, espero con ansias saber que opinan sobre esta evolución.
Con cariño atentamente, Anna Scheler.
