Declaimer. La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.
Nos leemos al rato!
. La calma.
~KATNISS POV~
Hace una semana que no veo a Peeta. Bueno, en realidad hace una semana que Peeta no me ve a mí, porque yo me he pasado las mañanas enteras en la sala de la ventana espiándolo como una cobarde. Mientras la pequeña dormía yo lo veía a él, hasta que era hora de almorzar y debía volver a mi rutina, entrenando como desde hace un mes, para convertirme en soldado y matar de una buena vez a Snow.
Annie ha entrado una vez, Peeta estuvo bien hasta que la pelirroja nombró a Finnick, probablemente ella no lo notara, pero las manos de Peeta se cerraron en puños y pestañaba mas de lo necesario, intentando alejar la furia. También vi a Delly entrar un par de veces. Sabía que estaba ayudándolo, ella era la mejor en esto realmente. Le contaba sobre el doce, sobre sus padres y hermanos, sobre la pastelería.
— Quiero hornear — era el turno de Haymitch, estaba sentado en una silla al lado de la cama de Peeta, donde este último pasaba los días las pasadas semanas — necesito…
— Esta bien — me apego a la ventana, por un momento un atisbo del viejo Peeta regresa — Finnick y Annie se casarán en dos semanas— el viejo hace una pausa, mide la reacción de Peeta, él solo traga con dificultad — ¿Te encargarías de eso?
— No… no lo sé — balbucea, Haymitch suspira— lo pensaré…—el viejo se levanta despidiéndose, me acerco a la puerta, quiero entrar esta vez.
— Soldado Everdeen — como he empezado mi formación junto con Johanna, me llaman así, pero realmente lo detesto — creemos que ha sido demasiado por hoy — Haymitch se ha encargado de poner al día a Peeta sobre las propos conmemorativas, los distritos rebeldes, lo cerca que está todo de terminar.
— Solo unos minutos — murmuro y el hombre en bata vuelve a su carpeta, mi mentor sale y me dirige una mirada triste— podría haber sido peor Haymitch— asiente y yo me interno en la habitación.
— Katniss — sonríe, mi corazón late a prisa, sin embargo no sonrío — yo… lamento lo del otro día — sus ojos tristes pasan de mirarme a mí a mirar hacia el espejo — ¿está del otro lado?
— Bluebell está en el hospital — sus ojos se abren de par en par, camino rápido hasta él y tomo su mano — Prim cuida de ella ahí, no puedo dejarla sola — la he dejado allí hoy con la esperanza de poder verlo, a solas.
— Cierto… tu hermana trabaja ahora en el hospital — ella también vino a verlo alguna vez — tienes un golpe… — acaricia con suavidad mi mejilla, un chico me ha dado una paliza en combate ayer y me ha dejado un bonito morado en el pómulo — ¿lo he hecho yo?
— No Peeta, tu no me has pegado — lo obligo a mirarme — nunca ¿Entiendes?
— No, solo casi te mato el primer día que llegue a este lugar — se hunde en la cama cerrando con fuerza los ojos.
— No eras tú Peeta, era Snow —acaricio su flequillo— solo que actuaba a través de tus manos — abro las sabanas, me mira sorprendido — hazte… hazte a un lado — susurro sin pensarlo demasiado porque sé que me arrepentiré.
— Katniss, no sé — se mueve dejando suficiente espacio para que entre cómodamente, lo hago aferrándome a su torso — no deberías… tú no sabes.
— Shhh — lo silencio apoyando una mano en su pecho, lo miro, estoy temblando porque hace demasiado tiempo que sueño con esto y ya no podía soportarlo — solo unos minutos, si te incomodo demasiado me iré — susurro esto último tan suave que ruego que no lo haya escuchado, que no quiera alejarme.
— Katniss — murmura, siento sus manos temblorosas abrazarme, ambas acariciando mi espalda, me oculto en el hueco de su cuello — hacíamos esto seguido… en el tren… durante el tour ¿Verdad?
— Real — respondo ajena a todo — Peeta no estás comiendo— siento sus costillas en mi mejilla, su debilidad al respirar.
— No.
— Debes hacerlo.
— Debo morir Katniss… soy peligroso para ti, para Blue…
— Peeta Mellark — el grito lo sorprende, estoy mirando el azul profundo de sus orbes — tu… tu jamás puedes repetir eso de nuevo — rozo mi nariz con la de él — tienes que recuperarte y… tu, Bluebell y yo — trago con dificultad porque sé que estoy comportándome como una niña esperanzada — seremos una familia Peeta.
No sé cómo ocurre pero está sobre mí. Siento sus brazos a los costados de mi cabeza y sus labios se apegan a los míos. Sus labios, antes suaves y cálidos ahora son fríos y están agrietados. Pongo mis manos en su pecho intentando alejarlo, me da reparo que haya tanta gente al otro lado.
— Peeta… Peeta — intento hablar entre sus labios, ejerzo más presión, siento sus huesos, está demasiado delgado — están observándonos — mi sonrojo es evidente, acaricia mi mejilla sonriendo, el viejo Peeta está ahí, pero sus ojos no son los de él.
— ¿Qué? No quieres que tu amiguito acuático nos vea besarnos — se aparta volviendo a su lugar en la cama, respiro profundamente, no voy a picarme, voy a aclarárselo de una buena vez.
— ¿Por qué haces esto? — Me levanto hecha una furia de la cama y voy hasta el vidrio, lo golpeo varias veces gritando — ¡váyanse ahora, los quiero fuera! ¡Haymitch, dame una confirmación!
— Preciosa…
— ¡Me importa poco! — no quiero su discurso acerca de mi seguridad, espero unos minutos.
— Volveremos en diez minutos Katniss, no te daré más.
— Será suficiente — miro mi rostro reflejado en el espejo, parezco demente.
— Kat…
— Te callas — me volteo a verlo, va a levantarse pero lo detengo — estas bien ahí.
— ¿Me temes?
— No a ti, en lo que te han convertido — sueno como Aurelius y me doy asco — Peeta me conocía…
— Yo soy Peeta.
— No eres MI Peeta, el chico que conocí, el que me vio así — saco de mi bolsillo el dibujo en el que estoy sobre su alfombra, está completamente arrugado de tantas veces que lo he estrujado y vuelto a ver cada noche — ese chico sabe cuan vergonzosa soy… tanto como para sentir bochorno mientras limpiaba a un herido de muerte, como no sentirme avergonzada de que diez personas miren mientras nos besamos en tu cama Peeta.
— Lo siento…
— Estas jodidamente acostumbrado a disculparte — le grito y sueno como Johanna, debo dejar de pasar tiempo con ella, sé que él está mal, pero mi corazón duele — Finnick es mi amigo, estuvo aquí cuando pensaba que estabas muerto Peeta… necesitaba confiarle la vida de nuestra hija a alguien que pudiera defenderla.
— Él es un traidor — tiembla ligeramente, lucha contra el secuestro — por su culpa me hicieron esto.
— Él salvo mi vida y la tuya en la Arena Peeta… Mírame — lo hace, sus ojos están vidriosos — él era nuestro aliado, aún lo es…
— No es… lo prefieres igualmente.
— No…
— A Gale entonces… — luce abatido, me siento en la silla y tomo su mano— cualquiera menos yo, que estoy incompleto, ahora más que nunca — destapa su cuerpo por completo y su pierna artificial luce mucho mejor que su pierna verdadera, que está más delgada y llena de moratones.
— Peeta — deja de mirar sus piernas y me mira — te quiero a ti, no así, pero es a ti a quien quiero.
— Así… — pasa por alto mi maldita declaración de amor, que descaro.
— Malnutrido, débil, jugando el papel de marioneta — señalo la mesa — hace una semana que no dibujas, no aceptaste hacer el pastel para Finn y Annie, ese no es el Peeta del que yo…
— Lo haré — se acomoda en la cama, mirándome fijamente — si lo dices… Dilo Katniss.
— Te amo Peeta.
Se queda mirando mis labios. No sé si es porque va a besarme o si teme que nunca se hayan movido para decir esas tres palabras. Me levanto, he hecho lo que tenía que hacer, he dicho lo que hacía tiempo debía haber dicho. Solo resta esperar que el verdadero Peeta venza el veneno, el secuestro de los torturadores y su propio secuestro, el que se ha impuesto a sí mismo para intentar protegerme. Se queda mudo, viendo algún punto invisible.
Me volteo, dándole la espalda y trato inútilmente de borrar las lágrimas que empiezan a formarse en mis ojos. Camino algunos pasos en dirección a la puerta cuando escucho la silla caer. Me volteo y lo veo en el suelo, hace una mueca y luego me mira. Espero ver dolor, ira, en cambio, sonríe y vuelve a ponerse en pie. Tiembla de pies a cabeza porque lleva una semana en reposo absoluto y sus piernas rechazan el esfuerzo. Sin embargo se acerca hacia mí, que me he quedado petrificada viéndolo de pie.
Está frente a mí, sus brazos rodean mis caderas, buscando soporte quizás, o solo contacto con mi cuerpo. Los ojos azules se funden con los míos, y solo atino a cerrarlos cuando su nariz roza la mía tímidamente y me besa. Un beso que inicia como el de la playa, tranquilo, cargado de sentimientos y esperanza. Espero que continúe, pero se detiene y vuelve a mirarme, su mano áspera roza mi mejilla.
—Comeré… haré el pastel para los enamorados del cuatro… me pondré fuerte si tu prometes venir a verme estos días — parece asustado, acaricio su mano en mi mejilla.
— No será diferente a lo que estuve haciendo estos días — le sonrío, mis mejillas arden ante la estúpida confesión— pero traeré compañía…
Beso una última vez sus labios y salgo, me saluda con la mano antes de que la puerta se cierre, hermética, dejándolo encerrado como si fuese un animal. Sé que lo es, pero uno en recuperación y necesita estar en el entorno. Me sorprende que no haya nadie, supuse que Haymitch mintió pero al final, por primera vez logró cumplir con algo de lo que pedí.
Los días siguientes, come cada comida, incluso más para ponerse fuerte. Dibuja en grises hojas de papel con unos pocos lápices que han podido darle. Camina por su habitación y a los tres días lo dejan salir esposado. Tiene algún que otro percance cuando Finnick aparece en su campo de visión y mira con odio a Gale cada que puede. Tiembla como si hubiera bebido 20 tazas del café que tanto le gusta a Plutarch, pero está con nosotros. Bromea con Johanna, acaricia a Blue y la carga, podemos ver el amor que siente por la pequeña que conoce apenas hace unas semanas y me siento feliz por no haberme dado por vencida con él.
…
Estoy en un aerodeslizador junto con algunos soldados, Annie, Effie, Gale y Boggs. Vamos al Doce, faltando una semana para la boda de Finnick y la pelirroja, hemos caído en la cuenta de que mi armario está repleto de vestidos de novia diseñados por el mejor estilista de Panem y que mejor que Annie para usar alguno de ellos.
Descendemos al final de la Aldea. Caminamos por la calle central y nos detenemos frente a mi segundo hogar. Les pido a todos que entren y que empiecen sin mí, en cuanto puse un pie sobre la hierba me di cuenta de que él podía necesitar algunas cosas y sería yo quien las llevase.
Entro en la casa de Peeta, donde el tiempo parece haberse detenido. Creo que saldrá por la puerta de la cocina con bollos de queso sobre una bandeja, inundando la habitación con el exquisito aroma. En cambio el aire está viciado por el polvo y el encierro. Voy directo a la cocina y lleno un bolso pequeño con sus instrumentos favoritos de pastelería, también tomo una foto que está delicadamente protegida por un marco. En ella sus padres, sus hermanos mayores y él sonríen. Subo hasta su cuarto y tomo dos de los trajes blancos de Peeta.
Por último, voy hasta el Cuarto de las Pinturas, aquel lugar donde Peeta desarrollaba su talento. Me impresiona encontrarme con tantas imágenes mías viéndome. Me sonrojo al ver en el caballete la última obra, igual al dibujo en mi bolsillo. Tomo su set de pinturas y pinceles y salgo de esa casa no sin echar una mirada a la sala y a la alfombra que adorna el lugar antes de salir.
Al entrar en mi casa el aire se siente distinto. Oigo la risa de Effie y sé que estar rodeada de telas hermosas seguramente la harán sentir de vuelta en sus zapatos. Dejo el bolso y las ropas sobre la mesa de mi sala y subo de dos en dos los escalones.
— Definitivamente ese es el vestido para ti Annie — los ojos esmeralda me miran, la piel ligeramente bronceada resalta en contraste con el vestido blanco perla que lleva puesto, la tela adquiere un tono tornasol cuando la chica se mueve girando para nosotros.
— ¿Lo crees Katniss? — Sonríe extasiada acariciando la tela— Cinna era un diseñador excelente — me mira asustada ante el comentario en pasado, supimos por Plutarch que lo habían asesinado luego de la golpiza.
— Te ves hermosa.
— A Finnick le encantara quitárselo — el comentario de Gale hace que Annie se ponga roja, hace que lo mire extrañada, Effie simplemente ríe a carcajadas.
— Velo y guantes querida — exclama Effie hurgando en mi armario hasta dar con una caja que contiende un tul delicado y unos guantes blancos que llegan hasta los codos — Serás la mejor vestida de todo el distrito trece — hace una mueca porque en realidad, ese día, Finnick y Annie serán los únicos que vistan diferente al resto, que asistiremos de gris.
— Es hora de marcharnos… no estamos seguros de que el Capitolio haya dado por muerto a todo el distrito, creemos que hay cámaras — Boggs apareció de la nada, pero ya estamos juntándolo todo.
El vestido de Annie, los guantes, el velo, un set de maquillaje que mi equipo de preparación olvido una vez, los trajes de Peeta para que Finnick elija uno y el bolso con las cosas que el panadero necesita para ponerse bien. Todo en manos de unas pocas personas encaminándose al aerodeslizador para ir de vuelta a lo que Johanna llama la madriguera de conejos.
Finnick enseña músculo a través del traje mientras lo preparan, sostengo a Bluebell mientras lo veo temblar de arriba abajo manteniendo esa sonrisa que lo caracteriza. Está tan radiante como en las entrevistas del Quartell Quell, solo que está vez puede ser él mismo y no la marioneta que Snow creó.
—Me acompañarás ¿verdad? — Llevamos discutiéndolo una semana, no entiende que no quiero — Snow se muere por saber de ti, daremos a conocer a Blue también, vamos Katniss… hazlo por el mejor padrino de este planeta o lo que queda de él — ríe acariciando el poco cabello de la pequeña en mis brazos.
— Oh Finnick sabes que las cámaras no son lo mío — acuno a la niña en mis brazos — Johanna podría hacerlo mil veces mejor.
— Jo no está en condiciones… — me mira con tristeza, a la chica ruda del siete apenas está creciéndole el cabello y claramente ha desarrollado una adicción a la morflina que le dan para mitigar su locura.
— Finnick tiene razón Katniss — Plutarch aparece de pronto cargado con un cuaderno, verificando que todo sale como él desea — es hora de mostrarle al mundo que no solo Finnick y Annie podrán profesar libremente el amor que se tienen — Fin y yo rodamos los ojos, a veces el Vigilante puede ser muy poético — también mostraremos a la familia reunida…
Esa simple frase hace un clic en mi cabeza, generando un rubor en mi rostro que es la risa de mis dos acompañantes. Me disculpo y salgo de aquel compartimiento solo para dirigirme al de Annie y ver que ella esta fantástica en mi vestido y que su altura le permite llevarlo magníficamente aun estando descalza. Sonrío y a través del espejo ella me devuelve la mueca. Charla animadamente con Johanna, que está conectada de nuevo a la morflina luego de haber sufrido una regresión en la última prueba para graduarnos como soldados del Trece.
Pienso en Peeta, en sus ojos azules que poco a poco vuelven a ser los cálidos como los de antaño, en el hoyuelo que se le forma en la mejilla cada que sonríe al tomar a Bluebell en sus brazos. Pienso en todos los esfuerzos que ha hecho para comer hasta parecer saludable para las cámaras, aunque necesitará maquillaje para las ojeras. Su rostro asustado luego de darme una bofetada por haber dicho algo acerca de sus padres que no quería oír de mí. Me recuerdo que lo veré fuera de las cuatro paredes de su habitación y me ruborizo de nuevo porque me harán bailar con él y no me negaré, porque realmente quiero hacerlo.
~FIN KATNISS POV~
Solo hay un violín que amenice el evento. Un hombre del Doce que escapó de las garras de la destrucción solo con su instrumento en las manos. Todos los que no tienen deberes importantes están ahí, por lo que el comedor está repleto de perfectos extraños en una situación que jamás habían vivido. Las mesas y sillas se han quitado, en su lugar hay gradas dispuestas para los asistentes. En una de las paredes han armado un arco de flores donde Haymitch espera impaciente la llegada de los novios.
La única otra cosa que da vida al gris, es una alfombra roja que conduce hasta el viejo mentor, lugar por el que caminaran Finnick primero y Annie después. A los costados de la alfombra hay sillas dispuestas para los más allegados a la pareja. Effie, Johanna, Coin y Plutarch ya están en sus asientos. Hay otros dos lugares vacíos, que serán llenados por una castaña impaciente y un rubio que apenas puede con su vida.
Suena el violín y unas voces entonan una canción del cuatro. Finnick entra sonriente y con su pelo revuelto tomando del brazo a Katniss, que no debe fingir la sonrisa y que lleva en brazos a una pequeña criatura que lo ilumina todo con sus ojos azules. Caminan despacio mirando a la cámara que Cressida les indica. El pescador saluda a la cámara antes de detenerse al lado de Haymitch, Katniss ocupa su lugar junto a Johanna, el otro asiento aún está vacío.
~FINNICK POV~
Era el vestido más hermoso que podían haber elegido. Pegado a su cuerpo, de un color blanco puro, como toda ella. El velo cubriendo su rostro, su mano posada en la de Peeta que la acompañaba hacía mí. El chico del Doce tenía una de sus sonrisas, de esas que dedicaba a Katniss cada vez que una cámara lo enfocaba, esta vez le sonreía a Annie, la chica que lo acompaño en la locura que fue su tiempo en el Capitolio. Caminaban despacio, la hacía lucir como lo que es, una mujer hermosa, con una risa burbujeante. Llegaron frente a Haymitch y el rubio tomo la mano de Annie para dejarla en la mía y apretó suavemente mi hombro y me dio las gracias.
Quise decirle que no, que no me debía nada, pero se alejó para sentarse a un lado de Katniss, le dio un suave beso y ambos me dieron una mirada dulce, Peeta debe recuperarse, para darse la vida de un Vencedor, esta guerra debe terminar, para que todos tengamos la vida que merecemos luego de pasar por este infierno. Me concentro en la mano que aprieta con suavidad mis dedos. Observo sus ojos verdes a través del tul y sin soportarlo lo quito para fijar mi vista en las hermosas facciones que componen su rostro. El vencedor del Doce inicia un monologo que recuerdo vagamente de los casamientos del cuatro. Sonrío tontamente mirando solamente a la mujer a mi lado. Realizamos la ceremonia como nuestros padres lo habían hecho a orillas del mar. Somos envueltos en una red de pesca, recitamos nuestros votos, escuchamos las palabras de quien está frente a nosotros, dedicándonos miradas furtivas de cariño absoluto.
La hermana de Katniss entrega un pequeño cojín a Haymitch. Anillos de plata, uno pequeño que me encargo de colocar en su mano temblorosa. Uno de mi tamaño es depositado con suavidad en mi dedo y su sonrisa radiante nubla mis sentidos. El hombre exclama algo sobre toda la vida y que puedo besar a la novia, pero me pierdo en sus ojos y simplemente la abrazo contra mí y rozo sus labios, como tantas otras veces, pero esta ocasión es diferente, porque no solo somos una pareja, es oficial e irrevocable cuanto amo a esta demente pelirroja que robo mi corazón cuando creí que estaba muerto.
~KATNISS POV~
Ahí están, besándose frente a todos, frente a las cámaras que le enseñaran a todo Panem que por fin Finnick no es un peón de Snow y que su amor por Annie es sincero. Veo a Pollux voltear hacia mí, hacia nosotros en realidad y reparo en la mano de Peeta en mi rodilla. Volteo a verlo y lo beso cortamente, su mano pasa a acariciar mi mejilla y sonríe sobre mis labios. Se levanta y camina con seguridad hasta los recién casados, abraza a Annie y le susurra algo al oído, ella ríe sonrojándose. Se queda mirando a Finn, son solo unos segundos, pero es suficiente para que me ponga en pie y temo que mi rostro de preocupación haya sido captado por las cámaras. Lo abraza, Finnick ríe con algún comentario y acaricia el traje que le ha cedido Peeta para la ocasión.
— Katniss! Vamos ven y salúdame mujer — camino hasta ellos, Peeta toma a la beba en sus brazos y me aferro al cuello de Finnick — wow chica en llamas — le toma unos segundos pero responde mi abrazo.
— Snow debe vernos unidos — digo a modo de excusa sin soltarme del agarre — se feliz Finn, muy feliz.
—Katniss… — me suelto en seguida y lo miro, Peeta está algo pálido y sus manos tiemblan ligeramente haciendo que Bluebell gimotee, me mira enfadado y agradezco que este de espaldas a la cámara.
— Bluebell tiene ojos más bonitos que los tuyos Peeta — Johanna acaricia el hombro de Peeta, él la mira como si fuera un muto, pero parece reconocerla y sonríe — préstame a la niña un rato mientras bailas con tu chica.
—Excelente idea— Finn toma el brazo de Annie y me empuja hacia el rubio que me atrapa devolviéndome la vida con una sonrisa — veamos que pareja es mejor en la danza.
— No deberíamos — dice mi acompañante entre risas — perderíamos en seguida dado que Katniss tiene dos pies izquierdos para el baile — me mira y mi rostro ha de ser un poema porque se ríe aún más fuerte, puedo oír a Annie y a Odair reírse también — ¿Real o no Kat ?
— Real Peeta — termino diciendo con una sonrisa en el rostro más que nada por su causa — pero igual bailaremos.
Nos movemos por la pista, al principio solo nosotros cuatro, luego Effie obliga a nuestro mentor a bailar y Prim arrastra a Gale hasta la pista. Acabamos riendo y danzando como idiotas, rodeado de personas del Trece y unos pocos del Doce. Comemos nuestra cena insulsa de siempre antes de que cuatro personas entren cargando un enorme pastel.
Miro a Peeta asombrada. Lo veo observar su creación, orgulloso y mi corazón late a prisa porque es la cosa más hermosa que haya visto. Tiene tres pisos de altura y simula una playa a extremo detalle. Una cobertura de azúcar simula la arena blanquecina, Las olas tienen espuma de crema batida y el agua es de chocolate blanco teñida de diferentes tonos de verde, azules y celestes. Todos admiran el trabajo del panadero, Lo felicitan, él halaga a la pareja y a la inspiración que ha recibido de su historia de amor. Comemos hasta saciarnos del exquisito postre, Peeta espera a que las cámaras nos enfoquen para manchar mi nariz con crema y luego darme un beso allí haciendo que mi rostro se ponga de todos los colores y acabe oculta en su cuello.
— Katniss — me separo de Peeta para encontrarme a una Cressida sonriendo tímidamente — es la hora…
— Peeta, ¿Estás seguro de esto? — lo observo mientras el carga a la pequeña Bluebell en sus brazos y frota su nariz en la diminuta de ella.
— Tenemos que hacerlo…
— Vale — me pongo en pie y tomo a la criatura en brazos, nos alejamos apenas de la gente que sigue bailando y con ellos de fondo Pollux y Castor nos graban, siento el latido de mi corazón en los oídos, de pronto no estoy del todo bien — Hace… unas semanas, el Capitolio bombardeo el distrito Trece y en un último intento por rescatar a nuestros aliados — trago con dificultad intentando fijar la vista en la luz roja — le mentí a todo Panem diciendo que había perdido a la niña que Peeta y yo íbamos a tener.
— Gracias a su mentira… la rebelión se hizo más fuerte y le dieron al distrito trece la posibilidad de rescatar con vida a Johanna Mason, a Annie Cresta y a mí — Peeta observa la cámara, y el recuerdo de las entrevistas inunda mi mente, siempre calmo y sabiendo que decir, apenas me muevo, pero me acerco más a él.
— Fue una medida desesperada y lamento…muchísimo haberlo hecho pero gracias a mi pequeña mentira Peeta está aquí y es capaz de conocer a — doy una bocanada de aire antes de descubrir la cabeza de la pequeña — Bluebell Mellark — la niña hace honor a su apellido y con un sollozo abre los ojos volteando a ver las cámaras frente a nosotros — ella nació el día que bombardearon nuestro bunker, pudo haber muerto, todos pudimos haber muerto de no ser por Peeta y yo… debía salvarlo…
— Porque eso es lo que hacemos ¿Saben? — Peeta deja de ver a Castor y su mirada azul se pierde en la mía — nos protegemos… siempre — besa mis labios, Cressida da el corte y ahora soy yo la que tiemblo porque los recuerdos son demasiados y no soporto la idea de perderlo de nuevo.
Prim miraba de cerca la grabación, le cedo a Bluebell y salgo corriendo. El aire me falta, demasiadas emociones en un día, siento náuseas y solo puedo correr. Escucho una voz que me llama pero no hago caso y sigo. Uno de los privilegios que pedí para ser el Sinsajo era la posibilidad de salir al exterior, en general custodiada y con una tobillera con localizador, pero gracias a la fiesta de Finnick y Annie la salida estaba despejada y pude salir sin ser detenida.
Lleno de aire mis pulmones, aire fresco, atardece, el cielo está teñido de rosas y naranjas suaves. Estoy jadeando y descubro que hay lágrimas en mis ojos cuando algunas de ellas ya están en mis labios. Camino dando tumbos hasta alejarme de la salida. Apenas logro normalizar mi respiración cuando lo escucho. Miro a todas partes, las copas de los arboles parecen vacías pero tienen que estar ahí. Charlajos imitando la voz de Peeta como en el Quartell Quell, grita mi nombre desesperado, estoy en cuclillas cubriendo mis oídos gritando tan fuerte como puedo. Una regresión, oí decir al médico de la cabeza que podía pasar, rememorar recuerdos pasados, jamás creí que fuera tan horriblemente real.
Creo oír el batir de unas alas y aumento el volumen de mis alaridos, estoy meciéndome a la espera de los gritos de Peeta, de mi madre o los de Prim. En su lugar, siento una mano cubrir mi boca repentinamente y otra sobar mi espalda. Logro ver los pantalones grises de unas piernas que han aparecido a cada lado de mi cuerpo, alguien está sentado detrás de mí. La persona, no logro verla, jadea sin control apegando mi espalda a su pecho. Aún grito por sobre su mano.
— Katniss — el susurro en mi oído hace que un estremecimiento me recorra el cuerpo — cálmate estoy aquí si… no es real Kat… no lo es, solo tú y yo — dejo de gritar e inmediatamente su mano desaparece de mi boca para posarse en mi estómago, apegándome más a él.
— Estaban gritando Peeta, tenían tu voz y gritaban mi nombre, están por aquí — observo los árboles, el suelo, de vuelta a los árboles, no hay nada — estaban ahí, me encontraron Peeta, Snow me encontró.
— Era yo Katniss, solo yo, te perdí, no puedo correr con mi pierna, por eso gritaba —deshace mi trenza y acaricia mi cabello tan suavemente que debo obligarme a creer que es real.
— Perdón…
— Fue demasiado por un día — nos mecemos suavemente, me siento echando mi cabeza hacia atrás hasta apoyarla en su hombro.
— Lo fue — alcanzo a decir y fijo mi vista en el cielo — atardece…es la hora de tu color favorito Peeta.
— Mi color… favorito — suena confundido, tomo sus manos en las mías.
— Naranja… no chillón como el vestido de Effie en la segunda cosecha, naranja como el atardecer — recuerdo sus palabras, en el tren, cuando prometimos ser amigos, saber un poco más del otro, me ruboriza la idea de que lejos hemos llegado.
— El tuyo es el verde ¿Real o no? — asiento incapaz de mediar palabra, volteo a verlo y sus ojos me miran como la primera vez que lo besé en la arena.
Rozo mis labios contra los suyos y su respuesta es inmediata. Se aferra a mi cuerpo atrayéndome con firmeza, besa mis labios con hambre, como hacía mucho, mucho tiempo no lo hacía. Me gustaría decir que quería alejarlo, que aún estaba aturdida, pero perdida en la bruma azul, en su contacto cálido, en sus lacios y dorados cabellos me sentía segura, a salvo de todo y de todos. Nos besamos mucho rato antes de permitirnos siquiera levantarnos del césped. El sol se había ocultado y la luna acompañada de estrellas iluminó nuestro camino de vuelta al bunker.
…
— Es inconcebible — Coin me grita, estamos a solas en su despacho — salir de las inmediaciones del bunker sin escolta, sin rastreador…sola con un lunático — me mira severa.
— No es un lunático… Peeta salvo este condenado lugar — debo dejar de escuchar los insultos de Johanna — él…
— Es inestable, eso es y creo que tú también lo eres, has pasado por demasiadas cosas… Everdeen lo siento, pero tu falta de disciplina, tus juegos de niña… no tienen lugar en esta rebelión… la misión de matar a Snow se te es revocada, asistirás directamente a la ceremonia de ejecución junto a los otros Vencedores no participes — es decir que estaré con todos los inservible, solo Finnick irá al Capitolio a luchar luego de tomarse unos días de luna de miel.
Los aerodeslizadores parten en diez horas hacia el Capitolio, mi propo con Peeta acabo por destrozar la poca resistencia que pudiese haber incluso en el mismo Capitolio. La gobernación lo ha previsto todo según los espías de Plutarch. De fuera hacia adentro, todo el Capitolio está siendo evacuado hacia la mansión presidencial.
Gale está en el escuadrón 541. Sé cuál es su nave y tengo un plan, uno que no incluye a Peeta desgraciadamente, pero Snow debe caer por mi mano, y así se hará.
Sé que dije que sería constante, sé que dije que no me demoraría en publicar peeeeeero, el trabajo y el inicio de la facultad no son buenos amigos.
No voy a mentirles, no sé cuándo publicare de nuevo, por eso el capítulo es un poco extenso y dentro de lo posible bonito, con mucho amor jaja.
Duda que puede presentarse: como en el libro Katniss tiene una contusión, la cual sumada a las hormonas del embarazo y ahora reciente maternidad, inciden en su desorientación. Esto solo demuestra que aunque ambos estén rotos, harán lo necesario para seguir juntos.
También hay algunas cosas que he debido cambiar con respecto a los tiempos y ciertos sucesos, simplemente porque un bebé lo cambia todo.
En mi cabeza quedarían dos o tres capítulos en el Capitolio y uno más para el epilogo. En mi cabeza repito jaja.
No sé cuándo voy a volver a actualizar aquí, debo terminar un fic para un reto y actualizar mi otro longfic así que cuando sea será.
Mientras tanto espero reviews, que pasan muuuuchas cosas interesantes aquí como para que las comenten!
Con cariño atentamente, Anna Scheler.
