Capítulo 3: Invierno.
1994. El año del cambio.
¿Recuerdas cómo todos nuestros compañeros empezaron a ver grandes cambios en su cuerpo? Neville dio el estirón, a Pansy le creció el pecho y a Ron empezó a salirle barba… Sí, todos cambiaron, y nosotros no fuimos menos.
Tus facciones habían empezado a tomar forma, parecías mucho más hombre. Tu porte también cambió… Ya no te inclinabas sobre el plato de la mesa a la hora de comer, ahora procurabas sentarte recto y mantener la compostura.
Yo, por mi parte, noté grandes cambios también… Mis dientes se igualaron, mi cabello dejó de ser esa mata de pelo que tanto me caracterizaba, y mi figura se había estilizado notoriamente… Casi no sabía cómo lidiar con aquellas curvas que habían aparecido de repente.
Todos empezaron a fijarse en los demás de una forma diferente… todo era un poco más… sexual.
¿Recuerdas cómo nos miramos aquel veintitantos de Diciembre? Era la primera vez que nuestros ojos volvían a encontrarse, después de tanto tiempo… Quizás intentamos reprimir los sentimientos que nos inundaron en aquel momento, pero no sirvió de mucho.
Nos besamos.
Sí, nos besamos, escondidos detrás de una vieja armadura del tercer piso… ¿En qué estábamos pensando? Las hormonas vencieron y nosotros simplemente nos dejamos llevar por la insensatez del momento, loco, absurdo…
Pero ninguno estaba preparado para admitir que aquel primer beso, así como cada latido de corazón, se quedaron, irremediablemente, grabados a fuego en nuestro interior.
Fue por eso, porque no estaba lista para aceptar todo aquello, por lo que ligué con todos esos chicos después de ti. No era para ponerte celoso, te lo prometo… Yo sólo quería experimentar, probar otras cosas, sentirme deseada.
Podía ver cómo aquello te reconcomía por dentro, y aun así seguí haciéndolo… En el baile de Navidad, el 25 de Diciembre, con Victor Krum… en aquella excursión a Hogsmade, el 18 de Enero, con tu compañero Nott… a principios de Febrero con Ronald…
¿Sabes? Pensé que, después de besar a todos esos chicos, no querrías estar conmigo… Pero me acorralaste aquella última noche de invierno, en aquel pasillo tan oscuro, y me pediste que fuera tu novia, que no soportabas la idea de perderme.
Yo no supe cómo reaccionar… Tal vez por miedo a equivocarme, lo primero que salió de entre mis labios fue un "no"…
De verdad, creí que no volverías a dirigirme la palabra nunca más… que te buscarías a otra, tal vez más alta, más guapa… Sospeché que no me esperarías… Pero no lo hiciste.
